lunes, 22 de marzo de 2021

EN LA BOCA DEL TÚNEL

Claridad
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de 
internet


 EN LA BOCA DEL TÚNEL

 

Se  despeña a diario por el precipicio de las palabras.
 
Tiene una tangible sensibilidad de cactus.
 
Imita el absurdo con el talento de un epígono aplicado
 
En los días malos, nunca me niego el saludo.
 
Nos une todavía una raíz en vuelo.
 
En el amanecer se clarifica la escasa reputación del futuro.
 
Todo muy claro, dijo, y se adentró en el túnel.

(Aforismos laborables)


 

domingo, 21 de marzo de 2021

DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA (Epílogo)

Joan Margarit
(Librería Alberti, Madrid, 2018)
Fotografía
de
Javier Caballero Valencia



 AL AMPARO DE LAS PALABRAS

   "A la poesía le ha correspondido ejercer la nostalgia por aquella edad de oro en una infinita tentativa para recuperar el sentido y la fuerza de las palabras. La poesía no trataría pues de la construcción de espacios de la lengua que no hayan existido nunca, sino que en el milagro probabilístico de un poema se encontraría la reproducción de un orden perdido".

Joan Margarit

Epílogo, del libro Edad roja (1995)   

sábado, 20 de marzo de 2021

CON ÁNIMO INESTABLE (ENTREVISTA)

José Luis Morante
(Rivas Vaciamadrid, invierno de 2021)
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia 

 

CON ÁNIMO INESTABLE 

(Entrevista a JOSÉ LUIS MORANTE)

 Por Ana Rojas

 Con un itinerario plural que suma poesía, crítica y aforismos, José Luis Morante (Ávila, 1956) deja en las entradas del blog el ánimo inestable de la creación. El resultado es una propuesta que varía casi a diario.

 Tanta actividad… ¿No se cansa?

 JLM.- Sí, el cansancio adolece de sobrepeso; la literatura es un laberinto sin lindes. En ese afán, me acuesto pronto y esas primeras horas del sueño son esenciales para recuperar fuerzas y ánimos; después me despierto con las primera claridad, madrugo, empiezo la tarea y de nuevo al despedirse el día siento los genes de un hombre cansado que repite hábitos sin variar puntos y comas.

 En el blog “Puentes de papel” casi todos los contenidos se ven desde la poesía…

 Intento ser variado en las entradas, pero la poesía me parece el género esencial; es el que condiciona mi propio recorrido creador  y el que regula las lecturas diarias; dedico muy poco tiempo a la novela y más al ensayo crítico, aunque los libros que dejan más felicidad entre mis manos son los de poesía.

 ¿La poesía mantiene esa identidad de ser palabra en el tiempo?

 La definición de Antonio Machado no ha perdido vigencia; pero hay otros enfoques que no tienen fecha de caducidad y complementan la profundidad del poema: el compromiso, el canto elegíaco, la introspección, el yo solidario, el juego verbal, la imagen, la cata aforística…

 ¿Ser un crítico literario facilita la tarea poética personal?

Tal vez exige ser más riguroso en las entregas y evitar en lo posible la suma de libros innecesarios; es verdad que la crítica es un aula permanente; en cuanto a facilitar la tarea personal, no sabría qué decir. Acaba de salir mi antología Ahora que es tarde (1990-2020) y no he percibido ningún trato especial; es más, nombres que sentía cerca de mi trabajo crítico han recibido el libro con absoluta indiferencia, así que la perplejidad es un grifo mal cerrado, que gotea a diario.

¿Esas circunstancias han cambiado su forma de ser?

Sí, el escepticismo se incrementa y la generosidad se hace más selectiva; si ellos no están, no tiene mucho sentido que yo me detenga con la sonrisa en flor frente a su ventana.

El largo tiempo de confinamiento ¿cómo ha afectado a su tarea de escritor?

La escritura es un ejercicio de aislamiento y soledad, así que la mesa de trabajo no ha percibido el tsunami sanitario. Siguen lecturas y creación y espero que el blog continúe su particular maratón de textos: he recibido muy buenos libros y los compromisos personales se han cumplido; en pocas semanas verán la luz dos nuevos trabajos: un homenaje al cine, y una antología de aforismos.

¿Qué echa de menos en estos meses?

El elemento humano de la literatura, esa suma de abrazos, encuentros, tertulias, presentaciones, visitas a librerías y chismorreos veniales... Estar solo exige estar con los demás para no enfermar de endogamia. La razón no duerme en la reformulación ontológica del yo; cada devenir existencial no es sino un cúmulo de energía en préstamo que necesita a los otros.

¿Con ánimo inestable?

 Siempre, la incertidumbre es la verificación melancólica de nuestra caducidad y es, al mismo tiempo, un ejercicio de simetría entre lo que se inicia y lo crepuscular. De esa condición no estamos exentos nunca.

Regresar a la normalidad es...

Aceptar la presencia de un panorama insólito, para buscar después el encanto ideal de lo lejano, la continuidad de un largo viaje hacia la rutina; esa suma de gestos capturados por la costumbre que conforma la experiencia personal.

Ana Rojas

(Marzo de 2021)


viernes, 19 de marzo de 2021

RECUERDO DE MI PADRE

En mi recuerdo

 

RECUERDO DE MI PADRE

Mi padre ponderaba la eficacia
como un tesoro extraño y valiosísimo,
escondido en el vientre de la tierra.
Solía levantarse muy temprano,
con el tictac grabado en la memoria,
y dilataba, oscuro, una jornada
que concluía laso y taciturno.
Era su empeño inmune al frío o la canícula.
Por él estuve interno tantos años
con la sola misión de hacerme un hombre.
(Entendamos, un hombre de provecho,
un atinado buscador de logros).
Mas tanto esfuerzo no valió la pena.
Él no tiene conciencia del fracaso.
Descubrió en la derrota
una patria feliz, compensatoria.

                         Ahora que es tarde (La Garúa, 2020)



jueves, 18 de marzo de 2021

JUAN ANTONIO MORA. NUBES

Nubes
Juan Antonio Mora
Prólogo de Juan Carlos Mestre
Editorial Corona del Sur
Colección Almud Literario
Málaga, 2021

 

LAS HERIDAS DEL TIEMPO


   Los poemas compilados en La alegría del aire (2019), un balance intenso del trayecto lírico de Juan Antonio Mora (Andújar, 1950), prologado por la complicidad lectora del poeta y ensayista Alberto García-Teresa, mostraban una manera de entender el hecho literario desde la hondura existencial. La palabra escenifica la geografía dolorosa de un espacio interior y postula un lugar en el presente en el que conviven los aguafuertes de la evocación y la percepción crítica de una realidad desapacible. Al cabo, un diálogo tonal entre lenguaje y existencia que muestra el testimonio personal del sujeto biográfico y su vigilante actitud en lo transitorio.
  La estela creadora de Juan Antonio Mora continúa senda con Nubes, un poemario abierto con la palabra sabia del poeta y artista multidisciplinar Juan Carlos Mestre. El prólogo alza vuelo subrayando el humanismo derramado del poeta, su compromiso cívico y su adscripción permanente a la utopía de la libertad, base fuerte de la reconstrucción de un mañana habitable. Mestre vincula la mirada poética del escritor a ese estar que entrelaza subjetividad y ser colectivo: “La poética de Juan Antonio Mora nos habla de la condición amorosa, también del dolor y del sentimiento de pérdida. Su palabra ejerce su conjuro, como una letanía laica, contra la enfermedad que cerca lo más querido, la irradiante figura simbólica del hijo, el espacio clausurado a la felicidad, lo paradójico de cuanto se aúna en el fervor sagrado, la consolación y los estragos de toda duración hacia el horizonte de la pérdida”.
   El sustrato cultural suma citas de poesía y pensamiento, los latidos luminosos de Hegel, Cioran, Emilio Lledó, Jorge Riechmann y Juan Carlos Mestre. Abre ventanas a la pulsión directa de un decir despojado, exento de ornamentación metafórica, que contrasta el estar desaliñado de una realidad paradójica, en la que se dan la mano vida y muerte. La soledad del protagonista lírico busca su verdad, esa larga búsqueda del sentido vital donde el dolor transpira fuerte. El marcado deambular del desasosiego muestra la zona umbría de la enfermedad y cómo su peso lastra la felicidad y el tacto remansado del amor; es difícil entender lo que no tiene pautas racionales y es muy complejo librarse de la angustia en las amanecidas rutinarias de los días. Aún así, la poesía de Juan Antonio Mora mantiene la llama encendida del amor y la ternura: “Tu felicidad  me eleva / me hace parecer feliz / en un mundo de infelices. / Y yo, a veces, lo soy.” Desde esa alegría, perecedera y subversiva se abren las ventanas a la calle. No se ignoran las grietas, ese aspecto erosivo de una sociedad desatinada que aletarga la conciencia y pierde la brújula de las emociones.  Esta presencia firme de lo real desvela el pensamiento e invita a la reflexión: “La ventana por donde miro / este cielo azul y único / me conduce a la luz tardía / del sueño y del pensamiento” (P. 36).
  Cauce existencial y senda literaria se sientan en la misma mesa para compartir sensaciones y confidencias. Y en ese puente de palabras y vida, el ser para la muerte cobra aliento, perdura, camina a contraluz. Pero no es un yo solitario y ensimismado, sino un sujeto cívico que hace suyas las reivindicaciones necesarias de la dignidad y la ética: “He hecho de mi vida un poema / y de este dolor una canción. / Y no me arrepiento de nada. / Todo está escrito en el aire /y en la cabeza de un pájaro loco / que vuela en mi corazón”. Así crece el poema desde el pacto con la coherencia y la renuncia de la decepción, desde una escritura emotiva, llena de sentimientos que hace de los poemas de Juan Antonio Mora un reducto de sueños, un lugar sencillo y natural, no exento de materiales emotivos donde la amada y el hijo se definen como presencias centrales. Nubes de paso que llenan el cielo y hacen de la levedad etérea de las palabras una casa encendida.
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
 


miércoles, 17 de marzo de 2021

ÍNSULA, nº 889-890 (75 ANIVERSARIO)

Ínsula 889-890
(Revista de Letras y Ciencias Humanas)
Enero-Febrero, 2021
Editora: Arantxa Gómez Sancho
ESPASA, con el apoyo de Fundación José Manuel Lara

 

 Un camino en el tiempo:

 75 aniversario (1946-2021)

 

   Frente al libro, carga potencial de un quehacer único, la revista literaria crece ramificada, es testimonio colectivo de un tiempo. Hace posible la perspectiva global de un momento histórico, donde se entrelazan generaciones coexistentes. En las secciones discurren propuestas plurales, cruces de itinerarios renovados. La revista signa su propio planteamiento, su asiento reservado en los palcos literarios. Y ese lugar ha de ser visible entre unas coordenadas precisas. Naturalmente, no me refiero al dogma cerrado y panfletario, beligerante por principio con otros ideales estéticos.
    La primera página que abre una revista de literatura es la estructura coherente de contenidos y fidelidad de formato. Dicha coherencia crea una tradición, coloniza, cultiva un jardín propio y hace del encuentro una costumbre. Setenta y cinco años cumple la revista Ínsula y la efemérides impulsa el número extraordinario 889- 890. Es un monográfico coordinado por Juan Miguel Sánchez Vigil, María Olivera Zaldúa y Arantxa Gómez Sancho. La editora de Ínsula abre contenidos con palabras de gratitud a todos los que hacen posible  tan abrumadora longevidad. Un demorado caminar, vivido con pasión e intensidad, como recomendaba Horacio, y esa alegría de lo humilde que fue razón de ser en la poesía del gran Joan Margarit.
   Los enfoques críticos recuperan el periplo iconográfico de la literatura española desde la Edad Media hasta el Siglo XX. Del deslumbramiento de las imágenes en el medievo se ocupa Helena Carvajal González, quien subraya la importancia artística y simbólica de libros como Auto de los Reyes Magos y El Cantar de Mío Cid. La fuerza de la ilustración se mantiene y afecta también a los grabados, la literatura jurídica y los manuscritos traducidos, que se personifican con ilustraciones plenas de color y onirismo. 
   José Luis Gonzalo Sánchez-Molero elige como senda exploratoria el retrato literario en el Siglo de Oro. Recuerda que la vuelta del Humanismo al mundo grecorromano facilitó el cultivo del retrato, aunque idealizara rasgos físicos y estuviese repleto de elementos simbólicos. Así cuajaron las prácticas iconográficas del siglo de Oro que añadieron al texto la semblanza visual del autor como tributo a la curiosidad popular. Esta contingencia alentó mucho la imagen singular de los grandes autores de la época. Sería ya en la Ilustración, analizada por Esperanza Guillén, cuando el retrato se pliega a todas las clases sociales, como testifica la obra de Francisco de Goya
   Nace en el siglo XIX un culto fuerte a la personalidad individual, alentado por el peso económico de la burguesía y por la fuerza presencial de estamentos de carácter, como militares, políticos, intelectuales y jerarquía eclesial; posan no solo para exponer rasgos físicos sino la fuerza anímica del carácter o el temple moral. Desde ese enfoque se escribe la aportación de Marta Palenque “Un viaje emotivo por la iconografía de la literatura española decimonónica”. Plantea en sus contenidos una galería de retratos y el marco ambientes en el que se mueven los personajes de ficción. No olvida estudiar la materia visual en periódicos, libros y láminas de folletín, cuyos formatos e iconografías se mantendrán en las revistas satíricas del siglo XX, como recuerda José María de Francisco Olmos.
   La selecta partida visual del siglo XX y los ensayistas que la comentan dan un formato dinámico de las mutaciones intelectuales del periodo y de los personajes de primera línea: Antonio Machado, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, máximas credenciales líricas del siglo, y fotos de grupos, estampas colectivas o eventos literarios que pertenecen al friso expresionista de la memoria común. Del mismo modo, Teodosio Fernández convoca un florilegio de imágenes de las literaturas de Hispanoamérica, que funda un paisaje propio, cuajado de pujante diversidad, donde se fortalece la expansión del idioma, con una heterodoxia empeñada en rebelarse contra lo rutinario.
   Otro acierto pleno es el recorrido por el espacio creativo de las literaturas peninsulares (catalana, gallega, vasca), y la mirada a la pléyade de escritoras que tuvo que lidiar con ese persistente halo de invisibilidad y marginación, sostenido por una organización patriarcal, repleta de asimetrías en la igualdad de géneros. El murmullo de fondo de este número doble de Ínsula recuerda la iconografía literaria de Alfonso, el más persistente hacedor de retratos, cuyo objetivo fotográfico ya forma parte de la mitología bajo aquel sugerente lema práctico: “mirar y ver”.
   Junto al doble número centrado en la aportación visual,  acompaña a esta entrega  un número especial que recupera el formato sábana original. Recuerda una biblioteca ambulante actualizada. Se abre con la palabra evocadora de Arantxa Gómez Sancho, quien en “La resistencia de los materiales” evoca el largo trayecto y el sentido histórico de la publicación, que se complementa con un selecto recorrido por las portadas. Las fotografías adquieren la contundencia de un álbum de la memoria, cuajado de grandes protagonistas literarios de España y Latinoamérica. 
  Tras la atroz debacle de la guerra civil, poco a poco renacen las publicaciones periódicas. Más allá de la dicotomía formalismo o testimonio que representaron Garcilaso y Espadaña en las primeras décadas de la dictadura convivieron  publicaciones como Ínsula, Cuadernos Hispanoamericanos, Dau al Set, o La estafeta literaria. Del tramo histórico de Ínsula entre 1946 y 1970 da cuenta la entrevista por Antonio Núñez con Enrique Canito y José Luis Cano, impulsores de una publicación “orteguiana y liberal” que buscaba superar la quiebra cultural del momento. Sin miedo, rescata voces del exilio y crea puentes entre concepciones estéticas polarizadas o marcadas por una recepción minoritaria, de escasa aportación crítica.
   Del arraigo de la revista en el suelo cultural y del sentido de una cabecera ideológicamente tolerante y comprometida con el legado de la tradición escriben pensadores, filósofos y ensayistas que coinciden en definir la labor de Ínsula como un ámbito intelectual abierto, dispuesto a propiciar conexiones entre escritores españoles y latinoamericanos y recuperar la convivencia creadora silenciada por el franquismo. La selección de poemas publicados en el tiempo, realizada por Marta Agudo, propicia una completa antología en las calles del tiempo, con una coda en prosa de Carmen Laforet, la inolvidable ganadora del Premio Nadal.
   Setenta y cinco años de continuidad certifican un mérito incuestionable. La literatura española del siglo XX no se entendería sin la vitalidad de Ínsula. Sea esta breve síntesis también el homenaje de gratitud de tantos críticos y poetas que han encontrado en el eclecticismo de los materiales publicados un aula de convivencia y conocimiento, un privilegiado mirador al alcance de todos.

JOSÉ LUIS MORANTE
 
 
 


martes, 16 de marzo de 2021

PASAR EL CEPILLO


 

PASAR EL CEPILL0

 

            El fanatismo es la epilepsia de las ideas

 

MARTÍN CERDA

 
El fanatismo es la epilepsia de las ideas. Lo pienso mientras miro en el telediario la manifestación de antisistemas. Reclama la liberación de los anarquistas encarcelados, tras los graves disturbios vandálicos de Barcelona, sin apenas consecuencias penales. A la luz solar, sin los pasamontañas y las espaldas mochileras, repletas de artilugios destructores, estaban casi guapos. Eran la prole justa para pasar el cepillo y pedirles una colecta voluntaria para reconstruir escaparates, tiendas, sucursales y reponer contenedores. Ya se sabe, la libertad de expresión de esta gente es pura solidaridad y contribuye al Ibex ideológico de la utopía. Sus ideas también cotizan en las bolsas (de basura).
 
Despiertas y está el dinosaurio de la presidenta con elecciones para mayo. Radical y sabia, cuenta con el posible respaldo de la mayoría de votos. Perplejidad; debo operarme el cerebro o buscar algún injerto en Turquía. Sus discursos, por mucho preparador publicitario que tenga, son una continua infracción al lenguaje. Restos de alguna idea de crecimiento tardío acerca de la pobreza de espíritu. 
 
El entorno de intereses que arropa la elección de una cabeza de lista electoral demuestra que no se busca al candidato competitivo sino al colega que merece premio. Desde ese trasfondo vivencial de la política, aunque no lo vean los militantes, no hay posibilidad de regeneración y cambio; solo una cadena de favores que asegura la máxima pensión jubilatoria.
 
Esa vida errante de las promesas electorales: qué pasó con la España vaciada, el cambio de la ley electoral, la disminución de aforamientos, la congelación de sueldos y partidas presupuestarias a instituciones caducas, la separación de poderes… Todo era mentira, pero sigue siendo útil para la próxima campaña electoral. Lo volveremos a oir; son mentiras con mucho pedigrí.

(Apuntes de un ciudadano triste)