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La ora azul Miguel Veyrat Ediciones de la Isla de Siltolá Colección Poesía Sevilla, 2023 |
PUNTOS DE FUGA
Constantemente repito que la escritura rompe cualquier lugar
establecido, para asentarse, sólida y emotiva, en el taller de autor, sin más
requerimiento que despertar un lenguaje propio, un punto de fuga. Miguel Veyrat
(Valencia, 1938) periodista en prensa, radio y televisión y autor polivalente,
escribe poesía desde la adolescencia y ha dejado en el camino medio centenar de
entregas. Explora fórmulas como el ensayo metaliterario y filosófico, la poesía
y la narración ficcional, con un concepto abierto de los géneros literarios
como estrategias transversales y de fusión. Como advirtiera Ezra Pound, con
habilidad y convicción, “cada escritor repite, diluye y modifica” ya que la
mejor aspiración de la página escrita es dar vuelo a significados aurorales del
idioma, ampliar posibilidades, ir más allá, constatar que la realidad es solo
un enigma en sombras.
Con La
ora azul –publicado en Ediciones de la Isla de Siltolá, el sello sevillano
donde han aparecido varias entregas del autor: El hacha de plata (2016), Diluvio
(2018), Furor & Fulgor (2020)
y Fuga desnuda (2021) –Miguel Veyrat
suelta hilo de nuevo a su sensibilidad lírica. La dedicatoria reivindica la memoria
de una presencia casi desvanecida, Leopoldo de Luis, y se amplía a los llamados
poetas mayores, imprescindibles, cuyo trayecto es magisterio y armonía
expresiva, como se manifiesta también en la amplia nómina de autores que sirven
de pórtico a cada apartado.
La compilación La ora
azul opta por reagrupar el material lírico en diez tramos definidos por
sustantivos conceptuales: aire, palabra, niebla, tiempo, lengua, piedra,
herida, ora, materia. En su desnudez, cada palabra apunta rincones de la inteligencia
cuyo recorrido conmueve y ayuda a comprender. Tiende el poeta a lo esencial y
emplea el poema breve, con versos cortos que practican el fraccionamiento de la
oración y el encabalgamiento. De este modo, el texto deja la sensación de un
cálido acorde musical, aunque su semántica sea muy densa en ocasiones, como si
abocara a un cierto hermetismo simbólico y la marea verbal se apoyara en los
márgenes del surrealismo. La palabra poética convierte al sujeto hablante en un
observador que mira el entorno y se mira a sí mismo, como campos del
pensamientos que esquivan un único sentido existencial y velan enunciados
biográficos o sombras contingentes de la temporalidad.
La poesía es un estar en la palabra, y de esa
percepción metaliteraria se nutre el segundo apartado, dedicado a la poeta Mery
Sananes. La facultad pensante, necesita el vivo don del idioma, la fuerza
aclaradora de las palabras. En ellas debe moverse el mensaje y su fuerza
sensitiva y musical. Es la poética y su energía emotiva una búsqueda y un
intento de adquirir un movimiento armónico, una definición entre la niebla gris
de la sintaxis.
Se trata de ahuyentar lo oscuro y poner claridad en el fluir del
pensamiento, siempre sometido a la precaria naturaleza del tiempo, como si la
escritura, con sus manos de tinta, fuese capaz de modelar otro espacio real en
el que sea posible la convivencia entre materia y espíritu, la tarea de ser en
otro tiempo: “Ahora que navega y / Vuela mi envoltura vacía / Por su cósmico
tapiz yo seré yo / La tinta que late en / Todo
texto y creeré ser mi / Propio tiempo individuo inmortal”.
El apartado “Herida”, dedicado al poeta y aforista Javier Sánchez
Menéndez manifiesta un fuerte sentido crítico. La voz poética zarandea ese
culto a los ídolos que exige el desmantelamiento de la inocencia y la sumisión
al dogmatismo; nada queda de la prístina mirada de la infancia, tras la herida.
Es tarea entonces del poema cicatrizar la herida y mantener en el aire la hora
azul, el vuelo del libre pensamiento que expande en el aire claridad y belleza.
El poeta cierra La ora azul con
un nutrido cuaderno de notas deudas. Con
una intensa crecida cultural se desvela la razón del título, que proviene de Ora marítima, obra de un poeta clásico
del siglo IV Rufo Festo Avieno, protagonista de un mágico periplo por la costa
mediterránea, y se hace una intensa cosecha de referentes personales que
integra, entre otros, los nombres de Sem Tob de Carrión, Leopoldo de Luis,
Jorge Urrutia, Mery Sananes, Efi Cubero y Ali Portinari, un apócrifo del propio
autor.
Como recuerda la breve nota final de Óscar González, Miguel Veyrat es un
poeta insular, una voluntad literaria a contracorriente que vive la poesía como
un don misterioso e inexplicable, como un ejercicio de revelación; una mirada
diagonal capaz de avanzar hacia dentro desde las palabras. Así nace su peculiar
poética del lenguaje, su propensión al hallazgo entre las sombras y su
capacidad para abarcar campos semánticos de distintos legados culturales. Así
nace también la ora azul, un libro
que establece vínculos entre materia y palabras, que deja la herencia indeleble
de muchas lecturas y oye, en el confín del aire, “el latir luminoso de los
astros”.
José Luis Morante