viernes, 7 de enero de 2022

ENTREVISTA DE CÉSAR RODÍGUEZ DE SEPÚLVEDA


 

Entrevista con JOSÉ LUIS MORANTE
 
PLANOS CORTOS. Aforismos y cine
 
César Rodríguez de Sepúlveda
 
 
 
José Luis Morante (El Bohodón, Ávila, 1956), poeta, crítico e impulsor del blog “Puentes de papel”, publica casi simultáneamente dos libros enteramente consagrados al aforismo: Migas de voz (México, UNAM, 2021) y Primeros planos (Gijón, Trea, 2021). El primero es una antología de sus dos anteriores entregas aforísticas, Mejores días (2009) y Motivos personales (2014), e incluye también una selección de inéditos. El segundo recopila aforismos relacionados con el mundo del cine
 
-Te interesas por el aforismo cuando ya has publicado varios libros de poesía, en 2005. Desde entonces, tu interés por estos diminutos proyectiles verbales no ha hecho más que crecer. ¿Cuáles son las razones de tu fascinación y cómo llegas a este género?
 
El arranque editorial en esta estrategia expresiva es de 2005, con el cuaderno Sueltos, una mínima publicación que recogía unos cincuenta aforismos; pero llegué al género casi en el comienzo de mi escritura en 1990, a través de lecturas de clásicos españoles como Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna o Carlos Edmundo de Ory. Me parece ejemplar su precisión, su apertura temática y ese diálogo intimista entre pensamiento y poesía.  
 
 
-Las historias de la literatura al uso no suelen prestar demasiada atención al aforismo, a pesar de que ha tenido ilustrísimos cultivadores: Lichtenberg, La Rochefoucauld, Cioran o, entre nosotros, Antonio Machado. Tal vez sea no tanto por su brevedad extrema como por ser textos que no terminan de encajar bien en ningún contenedor genérico.
 
A través de la historia el aforismo ha tenido una presencia ejemplar, Marco Aurelio, Hipócrates, Gracián, Montaigne… Pero la consideración mayoritaria es asociar el aforismo con un género menor; todavía reivindicamos su calidad literaria y su pluralismo formal; el molde conceptual es tan cambiante que necesita un soporte teórico fuerte. Y esa contingencia bibliográfica necesita tiempo. En ella están algunos ensayistas que ponen la cimentación del decir breve: José Ramón González, Juan Varo, Manuel Neila, Demetrio Fernández Muñoz, José Luis Trullo…
 
 
¿Es poesía, es filosofía, es ensayo o es, como tú sugieres, “una novela de ideas”? ¿Cuál es su relación con el microrrelato?
 
El abrazo conceptual unifica ingredientes diversos; como estrategia expresiva aborda pensamiento, lirismo, sustratos temáticos que interpretan la realidad o viajes interiores a los laberintos del yo; el resultado es claro: una novela de ideas con exposición, nudo y desenlace que a veces cabe también en el espacio angosto del relato hiperbreve.
 
-Leyendo Planos cortos se me ocurre que el aforismo es el territorio del yo. Un yo que toma distancia en dos momentos sucesivos, uno centrífugo y otro centrípeto: la perplejidad de la mirada y el sometimiento de la realidad al yo a través del lenguaje.
 
La realidad y el sujeto son los dos espacios indagatorios básicos; los dos alumbran un largo viaje de conocimiento y experiencia; desde esos itinerarios se escriben los aforismos de Planos cortos; son textos conscientes de que ficción y realidad no son entidades firmes, cerradas, autónomas, sino espejismos cercanos que necesitan materializarse a través de las palabras y las imágenes.
 
La escritura alienta una actitud constante de búsqueda. ¿No es, en último término, el propio sujeto el principal objeto de reflexión del aforismo?
 
A esa certeza llegaron voces referenciales como Heráclito: “Conócete a ti mismo”, o Montaigne: “Yo mismo, lector, soy la materia de este libro”; la conciencia en su fluir sirve de brújula hacia ese demorado viaje introspectivo. Esa labor define el empeño tenaz de la existencia; escribir es caminar.
 
En Primeros planos has seleccionado exclusivamente textos acerca del cine, que defines maravillosamente como “oficio de luz”. 
 
Esa paradoja de la sala a oscuras y los sentidos pendientes de una pantalla llena de luz me capturó de inmediato; en los años de Ávila, el cine era el mejor premio que los colegiales internos del bachillerato teníamos para el fin de semana; la proyección abría las puertas de la imaginación. Su lluvia de imágenes germinaba el páramo estéril de los inviernos mesetarios. Así que rebobino gratitud a través de Planos cortos, cuyos materiales Juan Varo explica en el prólogo con luminosa palabra.
 
Es un lugar común afirmar que ha dejado hacerse cine como el de la época dorada de Hollywood. ¿Crees que el gran cine pertenece irremediablemente al pasado, al territorio de la nostalgia, o te interesa también el cine actual?
 
Todas las artes nacen en un momento histórico concreto y en él se definen y se adaptan; la celeridad digital ha propiciado una fuerza tecnológica insólita y ha generado otros enfoques en la forma de realizar las películas; por tanto, el buen cine no es arqueología de la memoria; es la raíz de un tronco fuerte y ramificado que sigue generando excelentes frutos. El cine es un estrato de mi identidad;  mimo su buena salud llenando mis noches con nuevas películas; cada vez que voy al cine, alguien dentro susurra: esta es mi casa.
 
César Rodríguez de Sepúlveda
Profesor de Lengua y Literatura, poeta
EL CUADERNO DIGITAL 
(Madrid, mayo de 2021)
 
 
 
 
 
 


jueves, 6 de enero de 2022

DÍA DE REYES. INSISTENCIA

Día de Reyes
(Rivas, 6 enero de 2022)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana 

INSISTENCIA

       Para Irene y Ana
 
 El seco desconcierto del poeta
se hizo hueco en el aire
y quedó mudo.
Incapaz de hablar solo,
arrastra a cuestas
las quejas quebradizas
de la desilusión
y alega que las manos
agotan su apatía
en torpes maniobras caligráficas.
 
No hay señales del hilo
que concede equilibrio a las palabras.
Asépticas buscaron un punto de caída,
una hendidura,
igual que voces muertas,
o inertes garabatos expandidos
en la nada marmórea.
 
Pero busca un después
la insistencia del otro que yo soy.
El afán se empecina en el rescoldo
con el improvisado crepitar
de un fósforo.
y renace en el cóncavo regazo
el asomo de luz.
Aquello que nos queda por decir
cuando resbala
en la escarcha del tiempo
la pisada insondable del poema. 

                    (Del libro Nadar en seco)




miércoles, 5 de enero de 2022

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. MUNDO INTERMEDIO

Mundo intermedio
Javier Sánchez Menéndez
Ediciones Trea, Aforismo
Somonte-Cenero, Gijón, Asturias, 2021

 

POR LA MIRILLA

 
   El deslumbrante ascenso del aforismo al primer plano de los géneros literarios, en el tramo inicial del siglo XXI, tiene en Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964) un responsable principal y directo por su triple activismo como editor de La Isla de Siltolá, estudioso del género y cultivador del decir breve, con cuatro entregas hasta la fecha, Artilugios (2017), La alegría de lo imperfecto (2017), Concepto (2019) y Ética para mediocres (2020). Esta continua fluencia concede a su itinerario creador una solidez perdurable que añade al esquema constructivo del aforismo la nueva entrega Mundo intermedio.
  El laconismo breve y concentrado de esta compilación elige para su pórtico paratextual las citas de tres autores de marcado contexto: el narrador Jesús Ferrero, Lichtenberg, vértice fuerte del canon fragmentario, y W. H. Auden, poeta y ensayista empeñado en capturar la esencia del pensamiento poético con la brújula firme de la razón, siempre lejos del concepto romántico de arrebato fulgurante e inspiración.
   También la lógica es elemento esencial en las codificaciones lacónicas de Javier Sánchez Menéndez, que organiza su entrega en cajones abiertos que denomina cuadernos. El primero toma la palabra desde la distancia irónica de Ambrose Bierce, quien diluyó la voz confidencial entre estratos de sarcasmo e ironía. Nace así un conjunto textual que asienta su eficacia exploratoria en la indagación profunda del fluir del pensamiento. El dinamismo expresa la convicción de que nada de lo percibido es dogma sino requisitoria temporal. Al cabo: “Todas las verdades nos resultan elocuentes en el inicio de su necesidad. Después pierden eficacia”. Los textos constituyen una amalgama heterogénea de asuntos que despliega una fuerte mirada crítica ante el yo colectivo. El afán expansivo del yo para colonizar el entorno social con su vanidad, el incansable despliegue de sombras de la política en las aceras de lo cotidiano, o la pérdida de referentes culturales y educativos provocan una percepción crepuscular de nuestro tiempo.
  El avance de Mundo intermedio muestra un sólido espacio de intereses. Como aportes complementarios, los cuadernos comparten la misma sensibilidad creadora. No hay quiebros ni rupturas. Solo asentamiento de una postura crítica que propicia el cuestionamiento de lo subjetivo y la fragilidad de construcciones semánticas colectivas (lo que se ha dado en llamar “lo políticamente correcto”): “El honorable gobernante, el honorable empresario, el honorable familiar. Acatamos las normas como las moscas sobre un plato vacío”. También un escepticismo pujante, que bordea los acantilados del nihilismo: “El suicidio es un regalo para la muerte. Es una muerte dulce”, “Censurar es la asquerosidad de eliminar la existencia de los otros imponiendo la propia debilidad.”, “Extrañas situaciones que resultan insoportables. Vivir y amar”.
   La pujanza de lo paradójico condensa una situación de conflicto que convierte el devenir existencial en un tanteo de decisiones al paso, donde las certezas callan, hablan al oído y solo permiten percibir los destellos escuetos de la luz por la mirilla: “La vida es un pasaje sin retorno donde el futuro es el presente y el pasado también es el presente”, “La aurora despierta cada día para volver a dormir”, “Todos los estúpidos siguen pensando que algún día serán inteligentes”.
   La conciencia reconoce desde la extrañeza: “Todas las definiciones son limitadas”, “Responder con una pregunta, dudar con otra, vivir con cientos de dudas”. Busca entender la caligrafía ilegible de lo cotidiano y postula las posibles interpretaciones. Sabe que, con frecuencia, se engaña a sí misma y soporta los espejismos del entendimiento, esas desconcertantes situaciones en las que somos protagonistas secundarios.
   Javier Sánchez Menéndez clausura la entrega con dos apartados muy breves, “Mundo intermedio” y “Estado principal del orden”. Ambos muestran un fuerte epitelio reflexivo en torno al vacío y la aniquilación, como leyes de la naturaleza de indeclinable cumplimiento: “Dominar nuestros sentidos, sin dejar que aparezca el vacío es secar el río y apagar la luz”. Desde esa clarividencia, pactada con el sosiego, el poeta y ensayista hace de la dicción lacónica una estrategia de filosofía vital, un manual de silencios en el que la contemplación abre los ojos con la ilusión de creer, con la esperanza de que “Todo aquello que no puede contemplarse puede soñarse”.
 
JOSÉ LUIS MORANTE

 

      


martes, 4 de enero de 2022

VOLVER A CASA

A solas
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

En el camino
la huella de mis pasos.
Terca quietud

                             (inédito)


lunes, 3 de enero de 2022

EFECTOS SECUNDARIOS

Espejismos
Imagen fotográfica
de
National Geographic

 

EFECTOS SECUNDARIOS

 
   Tenía con la realidad vínculos secretos que diluían los sueños en un vacío tranquilizador. Hubo que extirpárselos mediante una compleja operación que dejó sus noches deshabitadas, como un claro del bosque. El proceso quirúrgico evidenció algún fallo y todavía se prolonga la incontinencia de efectos secundarios.
    Ahora su cuerpo es portavoz con un único rumbo, en el que solo los espejismos toman la palabra.
 
(De Cuentos diminutos)
 

 

domingo, 2 de enero de 2022

RAFAEL SOLER. LAS RAZONES DEL HOMBRE DELGADO

Las razones del hombre delgado
Rafael Soler
Editorial Nueva York Poetry Press
Colección Pared Contigua
Nueva York, USA, 2021

 

DESHABITAR LA PIEL


  
   Como puntos estratégicos de su caligrafía poética, las antologías Leer después de quemar (2019) y Vivir es un asunto personal (2021) desvelaban la escritura proteica y radical de Rafael Soler (Valencia, 1947), poeta y protagonista de un largo trayecto en prosa, compuesto por media docena de ficciones narrativas largas y dos compilaciones de relatos. Ambos libros recogían toda la producción del autor, desde su primer horizonte lírico Los sitios interiores (1980) hasta Las razones del hombre delgado, cuyas composiciones se publicaban como generoso anticipo.
   Solo ahora, en 2021, Las razones del hombre delgado amanece como libro exento, con leve pórtico reflexivo y con sugerente entrelazado de miradas críticas en el epílogo y contraportada, que aglutina esenciales impresiones de relevantes presencias literarias hispanoamericanas. Todos los invitados coinciden en resaltar la capacidad expansiva de un verbo cuya razón trasciende contradicciones y contingencias para mudar en símbolo e invocación, que arropa la caligrafía intimista del poema con el epitelio de un manifiesto vital, autobiográfico.
  El epígrafe Las razones de un hombre delgado parece elegir como mirador del poema la brújula intemporal de la lógica. Si el sino es una senda oscura, si el mundo está ahí, cerca, definido, dispuesto al argumento meticuloso, es necesario buscar la esencia de su verdad. Hay que practicar la rutina de salir al día, aunque estemos de paso y seamos vulnerables pasajeros de un corto deambular.  La sección de apertura “Ensayo general con vestuario” parte de la observación del entorno. Enuncia una suma de elementos aparentemente desconectados que hacen del desconcierto vértice conclusivo de la identidad. La soledad se abre como un pozo negro que consume cualquier esperanza y constata esa condición perecedera que hace de cada instante eternidad. Somos parte de “El Reino de los Leves”, como ratifica con título conciso el segundo apartado del libro. Con un torrente de imágenes de fuerte densidad, Rafael Soler impregna el lance verbal con una exploración indagatoria de la conciencia. Las palabras clarifican y salvan, enuncian esperanzas, fortalecen el escepticismo ante la sombría finitud.
   El sustrato autobiográfico es esencial; para evitar patetismos el escritor distancia los asuntos desde un yo desdoblado para que las composiciones recorran itinerarios por núcleos temáticos sombríos. Desde el cordón umbilical de la experiencia se dibujan la enfermedad, el entorno hospitalario, la marmórea situación de derrota y angustia y el frío callejón de un tiempo sin tiempo que conduce al derrumbe.
  Con fuerte coherencia interna cada apartado añade circunvoluciones reflexivas al encuentro del yo poético con su estar transitorio y sus derivas. En “Para fundar una distancia” se conforma un fragmentado soliloquio, como “una oración que acerca al finado a su cornisa”. Con ese paisaje en el horizonte de la sombra se hace un largo inventario del deterioro existencial de quien vive a solas con la dieta atroz de su despojamiento. Al cabo: “Perder es la manera / de adquirir en soledad una certeza”.
   La voz que habita los poemas cambia de perspectiva; así, el subapartado “de tu balcón al mío” es la voz femenina quien ratifica su dimensión de frío y soledad, como si el internamiento hospitalario hubiera provocado una ruptura de hábitos y confidencias diarias. Mientras que la sección final, “Morir para contarlo”, con verbo paradójico,  concede la palabra al recuerdo admonitorio de una identidad que ya es ceniza y frío, consumación ineludible del polvo. Las palabras toman conciencia plena de la finitud, se hacen balance oscuro, mientras la muerte espera, cumplida, satisfecha, con la mano tendida un paso más allá de donde no hay regreso.   
  En la estela poética de Las razones del hombre delgado hay un continuo moldear de materiales expresivos. Los enunciados se distorsionan. Se hace evidente el sesgo acumulativo de imágenes y símbolos. El fluir versal aleja su propósito comunicativo para dar amanecida a otros sentidos que exigen la decodificación de significantes. Como en la escritura de César Vallejo, por citar un referente próximo del poeta, los poemas se agitan, asoman al vértigo de la incertidumbre, recuerdan que el discurrir del lenguaje es siempre exilio y fuga, como sucede en la misma existencia del sujeto. El resultado es evidente; Rafael Soler firma en Las razones del hombre delgado su definitiva madurez, una plena manifestación de asombros, el más alto vuelo de su escritura.
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
 


sábado, 1 de enero de 2022

OJO SIN FONDO

Amanecida
Fotografía
del archivo general de internet

 

OJO SIN FONDO
 
Todo se precipita en un ojo sin fondo
 
OCTAVIO PAZ
 
   Se desplegó la luz entre la noche inmóvil y me desperté. La inocua claridad mostró un espacio todavía sin nadie. Indeciso, comencé el día buscándome.
 
(De Cuentos diminutos)