jueves, 8 de enero de 2026

JUAN ANTONIO MORA RUANO. DIOSES EFÍMEROS


 
Dioses efímeros
Juan Antonio Mora Ruano
Prólogo de Guillermo Fernández Rojano
Editorial Corona del Sur
Málaga, 2025

 

UN ÁRBOL DE VOCES 


   Guillermo Fernández Rojano (Jaén, 1957), Doctor en Filología por la Universidad de Jaén, profesor universitario, profundo estudioso del legado poético de José Viñals e impulsor de una travesía creadora que tiene su primera entrega en 1981, tras el viaje crepuscular del ideario novísimo, hace de la materia verbal una cala meditativa sobre la ontología del sujeto, desde un enfoque crítico, nihilista, y ajeno a cualquier conformismo burgués. El reconocido poeta andaluz es el encargado de escribir la introducción del poemario Dioses efímeros de Juan Antonio Mora (Andújar, Jaén, 1950), que cuenta en su presentación formal con la ilustración de cubierta e interiores de Rafael Toribio.
   La apertura de Guillermo Fernández Rojano advierte, de inmediato, de las mareas interiores que alientan la pulsión literaria de Juan Antonio Mora: la denuncia constante de un sistema económico y político desapacible, que solo genera riqueza y prosperidad en unos pocos a partir de la explotación de la mayoría y de la esquilmación sistemática del entorno natural y el patrimonio de sus recursos, y la necesidad de no ceder al derrumbe ético y hacer de la poesía resistencia, una forma de ser y de salir al día. Son dos motivos básicos que, con los habituales matices expansivos, han fortalecido una suma de entregas profundamente emocional y cercana. El poeta de Andújar singulariza una manera de habitar el poema que el poeta, ensayista y crítico Alberto García Teresa ha denominado, con precisa argumentación: “Poética de la claridad”. En este poner sobre la mesa las cosas claras colabora un suelo argumental que reitera componentes: la ciudad, las relaciones personales, el amor, las hendiduras de la memoria, la denuncia crítica ante los desajustes sociales y el desasosiego existencial.  Frente a esos dioses efímeros que se ofrecen como tablas de salvación en el naufragio, y siembran falsas esperanzas, desde la religión, la riqueza, o el consumo, la poética de Juan Antonio Mora se hace lumbre revolucionaria; los poemas convierten al sujeto verbal en un árbol de voces contra la injusticia que no se resigna al silencio; que participa en esa senda del nosotros. Vivir es trasiego diario en vigilia y búsqueda de un horizonte de esperanza.
  Como en libros anteriores, y de modo especial en las entregas El corazón del mundo (2023), Los sitios del dolor (2024), La ciudad y yo (2024) y El delirio de la palabra (2025)el poeta concede una gran importancia al pensamiento de los demás. Y emplea como estelas pensativas citas de abundantes autores del canon: Pascal, Pasolini, Tomás de Aquino, Agustín de Hipona, Francisco Umbral o de escritores cercanos a su entorno afectivo como Jorge Riechmann, Juan Carlos Mestre y Ricardo Virtanen, quien aporta un buen puñado de aforismos.
   Desde la necesaria orilla de lo emocional, tan evidente en la dedicatoria: “A Charo siempre y a mi hijo adorado”, con la estrategia expresiva del poema conciso, y con clara tendencia al decir lacónico del aforismo, la voz de Juan Antonio Mora escribe como composición de entrada “primer esbozo” (Canto inútil)”, el personal homenaje del poeta a las víctimas de la dana; los versos iluminan los claroscuros de tragedia  y muestran el dolor que intensifica la impotencia. Solo ante esa estela de delirio que busca esperanzas en la nada, las palabras muestran las obsesiones de la escritura para desplegar interpretaciones sobre la existencia, porque para el autor, los verdaderos poetas son aquellos que no les incomoda la verdad, cuando sufren la inestabilidad frágil de la vida; las dimensiones de un entorno que rebosa incertidumbre y arrincona a los pobres con una bochornosa especulación incesante.
   Queda el amor como un sueño revolucionario que da fuerza y compañía. Que da sentido a la  actitud indagatoria del sujeto que recorre un sendero de reflexión y utopía. El enamorado, convertido en observador y testigo del discurrir existencial, hace de la amada una fuente de luz, un símbolo de justicia, libertad y sueños en vuelo. El conjunto de poemas de Dioses efímeros, en su desnudez, comparte una sencilla cimentación formal. Afronta desde la soledad un nítido esfuerzo personal por hacer de la confidencia subjetiva una superación de carencias y una reflexión humanista. Quedan las incisiones de un horizonte verbal, ajeno a cualquier molde marcado por un ideario estético de rehumanización y compromiso.
   Juan Antonio Mora en la fertilidad incansable de su madurez literaria, redobla en los poemas de Dioses efímeros su confianza en la palabra como refugio del superviviente. Nunca se doblega a la triste respuesta del silencio. Cruza de nuevo el puente entre escritura y vida para fortalecer la cercanía del sujeto literario y su cálida fraternidad.. Nos queda el todavía, ese camino donde busca regreso la esperanza.

JOSÉ LUIS MORANTE





miércoles, 7 de enero de 2026

MOTIVOS PERSONALES (SELECCIÓN)

Yacimiento arqueológico de las Cogotas
Fotografía
de
Rubén Sánchez Santana

 

MOTIVOS PERSONALES

(Aforismos 2010-2013)

 

Perseverar apostado frente a la fijeza del paisaje, con la tenacidad zancuda de las grúas.

Luz dormida en la mansedumbre del estanque y los ojos infantiles que  nada saben de la refracción.

Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.

Estoy aquí, creo. Aunque desconozco la localización exacta del aquí.

Colecciona fósiles. Quiere entender el tiempo sin la atribulada nebulosa de lo inmediato.

Los aforismos  marcan la piel del agua, como la huella frágil de una verdad. 

Tomo el té a diario con mis limitaciones, para recordar quién soy.

Escueto relato de una biografía matrimonial. Décadas de convivencia. Posterior silencio. Sin residuos químicos.

Para la confidencia íntima, personal, directa, un tono de voz sobrio alejado del aspaviento.

Aprendizaje. Esa larga senda entre la biología y el ser cultural.

(Motivos personales, La Isla de Siltolá, 2015)



martes, 6 de enero de 2026

NOCHE DE REYES

En espera
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

6 DE ENERO

Algo me dice que en los gestos de un niño,
poniendo entre las sombras sus zapatos
y unos vasos de agua
para apagar la sed de esperados viajeros,
está toda mi vida.

Han pasado los años 
y no sé de renuncias ni de claudicaciones:
jamás me fue posible vivir en otra casa
que no fuera tu sueño.

                   (De Población activa, 1994)

viernes, 2 de enero de 2026

LAS MANOS DEL DÍA

tareas
Archivo general de internet

 LAS MANOS DEL DÍA

   Consumió el discurrir de la mañana entregado a la tarea de ordenar propósitos. Ya en la languidez silenciosa del atardecer terminó de recoger escombros. Durmió después un largo sueño, en sábanas oscuras que hospedaban cansancio y alegría.
   En su existencia nunca germinó la decepción. 

(Cuentos diminutos)



jueves, 1 de enero de 2026

AURORA

Lejanías
(Japón interior, mayo-junio de 2025)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


 

AÑO NUEVO: 2026

 
   Ahora sé que la salud es un enigma y pido suerte al despertar el año. Toca asumir erosiones y celebrar pálpitos de esperanza, pero sin agobios. Al paso. Somos frágiles.

   Sin aspavientos. En mí, cada vez más evidente la tendencia a ser fósil.. 
 
   A media mañana, el apaciguamiento silencioso de Rivas refuerza el ánimo. Mínimo sol, cielo limpio y escasos transeúntes. Una grata manera de saludar al año nuevo y de contribuir a la fermentación de las emociones.
 
  Pensaba en el distanciamiento de gente que ha estado a mi lado muchos años. Nunca serán indiferencia, aunque no sepan que el crecimiento literario -si lo hubiera- nunca vale la pérdida de una amistad.

   En Japón, el tejido acuoso del paisaje. La música de los sentidos.

(Apuntes del diario)


  
 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

CIERRE DEL AÑO ATADO A UN MÁSTIL

Casa cerrada
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

CLAUSURA

La trastienda mental de quien sustituye amigos por animales domésticos.

Como gesto de autoprotección, espía los versos sueltos del año que acaba.

La rutina carboniza el asombro.

Mantenía un oficio rentable con sus contradicciones; practicaba la monotonía extensiva.

Guarecidas en la intemperie las fibras del futuro se digieren mal.

Ajustó tanto la economía del yo que camina solo con media sombra.

El agua del balance anual sabe a ficción narrativa.

La prudencia de quien escribe con los sentimientos atados a un mástil.


Variaciones concisas




 

martes, 30 de diciembre de 2025

NATURALEZAS MUERTAS

Ausencia
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

CON TACTO DE GRANITO

En la madurez la mirada se hace filosofía. Ya no se trata de entender la gélida composición del granito diario, sino de de averiguar quién somos.

Hizo de mi, desde el comienzo de nuestra relación, una presencia social intempestiva. Lo fui aceptando poco a poco, aunque nunca dejó de alborotar el enjambre de interrogantes que desvelara aquella tensión o la robustecida aspereza de trato. Ahora reinvento nuestra cercanía; sé que tiene derecho a odiar mejor.

Sus miedos se parecen a ti.

En un entusiasta de las paradojas; escribe de continuo menudencias domésticas en la red social, mientras se queja de los que vierten por sistema gastronomía sobrante en las páginas digitales. 

Temporero de la autosuficiencia, tribu de un solo miembro universal, nómada invisible.

La verdad del poema nunca es la verdad biográfica; es un reflejo especular. 

(Apuntes del diario)