martes, 28 de abril de 2026

RODOLFO SERRANO: HOTEL EN LAS AFUERAS

Rodolfo Serrano (Villamanta, Madrid, 1947)

  

DESDE EL PONIENTE

  
   Una luz amarilla y gastada alumbra la distancia entre la madurez y el camino de vuelta de la senectud. Es un recorrido vital que enseña a bajar la voz y moldea, en la esfera de todos los relojes, el instante gastado de un presente continuo. Ya no resulta necesaria la prisa. El ahora convierte su cronología en un lugar doméstico, una sala de estar con ventanas a la memoria y con tertulia sensitiva con el pasado. Lo vivido muda en constante página en reconstrucción, donde todo tiene la textura de lo contingente. Solo las cuestiones esenciales de cada ecuación diaria preservan las incógnitas sin resolver.
   La palabra poética se convierte en crónica vital. Mira, con los ojos casi cerrados, un futuro que se diluye lentamente, mientras sus pasos rezagados conducen a ninguna parte. Mañana es un horizonte especulativo, un tranquilo páramo mesetario ajeno al maquillaje ampuloso y grandilocuente de la celebración. El pensamiento secuencia su fluir apoyado en la lógica de lo real, en la percepción sensible que depara el juego de impresiones de lo cercano. Así que la poética se convierte en una invitación a la confidencia sobre los procesos vitales que conducen al escepticismo y la decepción, al umbral del olvido.
   Siempre que regreso al quehacer literario de Rodolfo Serrano (Villamanta, Madrid, 1947) el yo poemático muestra un cálido carácter confesional. El poema se convierte en un espejo privado que necesita ahondar en lo que permanece y en la validez de la experiencia. Los versos alumbran un espacio compartido, una senda llena de sensaciones que recorre los paisajes interiores de la naturaleza humana. La voz explora los rasgos del sujeto marcados en el tiempo e indaga en la identidad de quien sale a descubierta desde la meditación para acercarse a sí mismo.
   Abunda en el poemario Hotel en las afueras la soledad desnuda de quien hace recuento de algunos paraísos perdidos: el amor, la belleza, la pasión, el deseo o aquellas arquitecturas sentimentales que cobijaban sueños, ilusiones y esperanzas.  La voz de quien recapitula sobre la existencia como estela de adversidad y pérdida. Casi todo lo que tuvimos está detrás. El acontecer dibuja los relieves de un áspero mundo que muestra las cicatrices del trascurrir, mientras sobrevuela un aire denso, de melancolía y nostalgia. La felicidad parece una vivencia ajena, un reflejo fósil encerrado en resina. Como sugiere el título, se busca un refugio compartido, una trinchera a resguardo para suturar las heridas abiertas y proseguir ruta en el tablero de lo cotidiano, con la esperanza puesta en la evocación, aun cuando la memoria haya convertido en hábito la tristeza como ensimismada compañía. Toca vivir rebobinando fragmentos, siendo fiel en lo posible a los restos del naufragio.

(Fragmento del prólogo "Desde el poniente", perteneciente al libro 
Hotel en las afueras. Registro de viajeros de Rodolfo Serrano,
ediciones Lastura, 2026) 



lunes, 27 de abril de 2026

EL BIÓGRAFO DE BORGES

Poesía completa
Jorge Luis Borges
Editorial Alfaguara
Madrid, 2026

 

El biógrafo de Borges

 

   Con monolítico afán, labró durante una década una biografía de Jorge Luis Borges. Se encerró en la buhardilla, ahuyentó compromisos, propició un divorcio, y consultó la incontinencia escrita sobre el autor: ensayos, cuentos, poemarios, reseñas, tesis, reescrituras y panegíricos circunstanciales. Tras la enésima corrección de pruebas, se editó la obra. En las librerías aquella novedad tuvo una presencia discreta y su autor nunca más hurgó entre las trabajosas páginas de aquel libro. Nadie percibió la única errata, una azarosa paradoja. En el paréntesis vital confundió fechas. Anticipó la muerte en Ginebra ochenta y siete años antes del nacimiento en Buenos Aires. Un lapsus ligero que hubiera entusiasmado al mismo Borges.

(Del libro Fuera de guion, Lastura, 2024)





 

domingo, 26 de abril de 2026

UNA CONVERSACIÓN CON AITOR FRANCOS

Templo de Karnak, Luxor
(Egipto, 2026)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


 Una conversación con Aitor Francos
(Sobre el aforismo)

Hacer antologías es, la mayor parte de las veces, granjearse enemistades. Seleccionar, decidir...sobre todo entre los autores contemporáneos, es difícil, y Paso ligero es un libro polémico (no sé si adrede), que da que hablar. ¿Dudaste mucho? 

La vida literaria es un capítulo menor que gente ensimismada como yo no escucha demasiado. Es verdad que los afectos y desafectos dejan turbulencias en el ánimo, pero sería insólito escribir un libro pensando en los efectos sociales secundarios y no en los contenidos. Mi experiencia como antólogo mitiga mucho las reacciones afectivas; creo que hasta la fecha las propuestas compilatorias buscan definir un criterio personal, un gusto lector macerado por el hábito crítico: lo hice en Re-Generación (Valparaíso, 2015) y 11 Aforistas a contrapié (Liliputienses, 2020). Y guardo muy hermosos recuerdos de ambos libros. Descarto que una antología sea una siembra de rencores, es el trabajo intenso de un especialista que hace de su tiempo un generoso aprendizaje de la obra ajena. Escribo con la certidumbre de quien busca escribir un libro necesario (lo sea o no) y alejado de exclusiones y menosprecios.

Soy un degustador continuo de las novedades aforísticas del ahora, así que no descarto en absoluto que la próxima entrega como crítico sea yuxtaponer esas reseñas y mostrar una panorámica del presente minimalista.

Dudo mucho, sí, mis libros no tienen nunca un argumento definido, reescriben sobre la marcha y cambian de rumbo para mostrar otros andenes. No creo en los itinerarios cartesianos, que muestran todas las incógnitas resueltas y ya saben el resultado final.

 En una entrevista comentabas que el título hace alusión a Aquiles.

 Así es; creo que los títulos de libros deben ser el primer indicio de lectura; no son gratuitos sino que encajan en el sumario. El aforismo es un chispazo, una cerilla, una miga de voz, un deslumbramiento; en apariencia, pertenece a la mensajería de urgencia con entrega inmediata. Deja su contenido en un tiempo mínimo, tiene los pies ligeros, como Aquiles; la brevedad es un mensajero de palabra escueta que entrelaza filosofía y poesía, que se empeña en escribir una novela de ideas con mínimos elementos.

En el largo proceso de gestación de Paso ligero barajé otros títulos, claro, que perduraron hasta la entrega al editor; aquí también hay que elegir y apartar los rechazos.  

 ¿La levedad del aforismo es solo aparente? ¿Cuál es su principal singularidad?

 El aforismo es singular porque sigue hablando desde el silencio, cuando ha consumido su turno de palabra. De ahí que la sencillez de su humilde ropaje verbal sea solo un reflejo de su verdadera identidad. Bajo la transparencia está la hondura, el sol que sale desde dentro.

 ¿Qué es para José Luis Morante crítico el aforismo y qué es para José Luis Morante poeta el aforismo?

 Un centro orbital; el aforismo desde hace años es una presencia continua que me ayuda a definir el entorno y la propia conciencia. Por mi trabajo crítico, me llegan a casa abundantes novedades editoriales y el decir breve se hace síntesis de estados de ánimo, lecturas o anotaciones sobre la marcha que, a veces, se convierten en poemas, microrrelatos o aforismos, y otras veces se pierden en la incontinente papelera del olvido.

La huella del aforismo habita en mis poemas desde el principio; las primeras críticas, cuando comentaban mis libros iniciales, publicados en el arranque de los años noventa, señalaban a menudo la importancia “aforística” de los cierres poéticos, esos versos que culminan, como una veleta, la casa del poema. Leí muy pronto Ideolojía, la edición de Antonio Sánchez Romeralo sobre los aforismos de Juan Ramón Jiménez y he tenido la fortuna de disfrutar del contacto con aforistas referenciales para mí como Carlos Edmundo de Ory, Ángel Crespo, Dionisia García y tantos otros, como Manuel Neila, Ricardo Virtanen y Javier Sánchez Menéndez que han marcado mi forma de entender la escritura, mi pasión por lo mínimo.

 El aforismo es breve (o debe serlo, según), pero no se lee (y menos se escribe) con prisa. ¿Algún consejo sobre cómo leerlos para quien quiera acercarse a conocer el género?

 Es una literatura de madurez, con una densidad reflexiva palpable, así que el lector de aforismos debe espigar; aquí no se trata de conocer el desenlace final sino de saborear cada texto a sorbos, con su sabor autónomo y su cadencia expresiva. Casi todos los buenos libros de aforismos invitan a la relectura, esa felicidad laboral que pone mediodía en el cansancio. El aforismo es asombro; se lleva mal con el gregarismo de las lecturas de escaparate, es un género propicio al boca a boca: “Hay que leer a Antonio Porchia…, a Sánchez Ferlosio… ¿Por qué?... eso te toca descubrirlo a ti…”

 Abres mucho el abanico de fronteras pero no te decantas (o no se nota) por aupar más que a unas variedades que a otras. ¿Crees en los términos de aforismo poético, aforismo filosófico, etcétera? ¿Cómo ha de ser? ¿Lapidario, evocativo, metafórico, humorístico...? Como autor, donde te colocarías, ¿dónde estás más cómodo?

 Si me permite un posicionamiento claro, prefiero el aforismo lírico, ese que tiene un pie en la idea y otro en el lenguaje; aunque ese estar nunca se olvida de otros andenes que dejan sitio a la filosofía, al dietario, al sentido del humor o la mirada crítica que denuncia. Creo que mi condición de poeta es inherente a la forma de escribir aforismos y a la búsqueda de una expresión concisa, ajena a los tópicos y lugares comunes, que desconfía del prosaísmo de las redes sociales y los medios de comunicación.

Aunque mi centro sea el aforismo lírico, viajo continuamente a la periferia de otras etiquetas críticas y en ellas también me siento muy cómodo.

 Es lógico que el estudio se haya centrado en los siglos XX y XXI, partiendo del auge que ha tenido el aforismo en ese marco de tiempo, al menos en España. ¿Sientes, no ya solo como ensayista y crítico, también como escritor de aforismos, muy separadas las líneas entre lo que se está gestando en España y lo que va surgiendo en países de Latinoamérica o de habla hispana?

 En los últimos años, mi amistad con algunos estudiosos del aforismo latinoamericano se ha incrementado, en especial con el estudioso mexicano Hiram Barrios, profesor, editor, gestor cultural, traductor y ensayista. Y las dos orillas tienen muchas afinidades formales y expresivas. En el aforismo hispano están los logros de Nicolás Gómez Dávila, Antonio Porchia y otros escritores que abrieron sendas nuevas a la mirada lacónica. También es muy evidente la influencia en nuestro país de los moralistas franceses. Los puentes digitales permiten viajar a una u otra orilla con celeridad y la tabla de resultados cuantifica que los estratos comunes abundan. Pisamos la misma tierra firme.

  

(La presente entrada es un fragmento de una entrevista del poeta, aforista y antólogo Aitor Francos. La entrevista completa se publicó en 2024 en 142 REVISTA CULTURAL )





sábado, 25 de abril de 2026

RODOLFO SERRANO/RAÚL CANCIO: MIRADA Y VERBO

La mirada y el verbo
Rodolfo Serrano / Raúl Cancio
Prólogo de Joaquín Estefanía
Kasbah Editorial
Madrid, 2025

 

INSTANTES SUSPENDIDOS

 

   La mirada y el verbo (Kasbah, 2023) marca un hermoso diálogo entre la cosmovisión poética de Rodolfo Serrano (Villamanta, Madrid, 1947), quien realizó los estudios de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, y Raúl Cancio (Madrid, 1943), fotógrafo y uno de los mejores fotoperiodistas de la prensa gráfica de nuestro tiempo. Los dos coincidieron durante muchos años en el periódico El País y allí nació una excelente amistad que se ha prolongado en el transitar de los relojes, más allá del desempeño laboral y de los diferentes quehaceres personales de investigación, docencia y escritura.
   La introducción de Joaquín Estefanía “El tiempo en el que fueron inmortales” arranca de esa complicidad de cercanía que dejan los pasos entrelazados en la redacción. Han pasado los años y el ahora va adquiriendo un matiz crepuscular. Pero persisten las voces emotivas de la evocación, ese anecdotario que traza el perfil del recuerdo compartido y los rasgos singulares de su presencia creadora, más allá de la experiencia solidaria.
   El preámbulo insiste en que imágenes y textos están perfectamente imbricados con la realidad. La palabra y el verbo se dan la mano para recobrar las dispersas teselas del pasado y concretar los vuelos del instante suspendido, de esas vivencias irrepetibles que el tiempo deja entre las manos. Resalta el carácter unitario entre textura visual y el meditado orden poético. Ambos suman pasos para la búsqueda de un sentido orgánico a través de ese lenguaje dual. El emotivo prólogo es un buen umbral. Anticipa la senda verbal de Rodolfo Serrano y la densidad conceptual que guardan las imágenes de Raúl Cancio.
   La palabra poética de Rodolfo Serrano alumbra una voz figurativa, dispuesta a ser testigo de lo que sucede. Pone de relieve un recorrido exploratorio que convierte el entorno en material literario, en territorio de inmersión y búsqueda, de rescate y retorno a la claridad. Ese ámbito, no pocas veces penumbroso y sombrío, ofrece una visión subjetiva y sentimental. Llegan como involuntarias protagonistas del poema la soledad, la desolación y los recuerdos, acaso embellecidos por la memoria para certificar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Se cobijan entre los versos mínimas historias que se solapan entre sí y suceden como si la existencia negase la posibilidad de un mundo en calma, ni siquiera en los sueños, aunque el yo poético se empeñe en rescatar una amanecida de luz. El sujeto verbal afronta el respirar como un empeño en recordar las ciudades que amó, ahora vistas como siluetas inmóviles que recorta una puesta de sol.  Llega la oscuridad y un estar triste que rememora un amplio listado de cosas pendientes. Cada vez más, la existencia asume un aleatorio descenso hacia sombra. Abre las manos para dejar en ellas el ébano tenaz de la tiniebla, la oscuridad y el desconcierto. El tedio de la tarde, descrito con versos concisos y lacónicos que dejan la conciencia de ser una presencia frágil, ya instalada en el derrumbe físico y en la vencida arqueología de la soledad. El ser ahora es un tantear pausado, con las asimetrías del fatigoso transitar que permite volver a casa, aunque no haya nadie.
   Todos los poemas de Rodolfo Serrano argumentan una clara disposición enunciativa y emplean una dicción cercana y limpia, en la que cabe una realidad cercana, que deja grietas y hendiduras para el onirismo y la fantasía. Los textos mantienen una serena continuidad visual con las fotografías de Raúl Cancio. En ellas predominan los grises y negros, una estela de secuencias, repletas de emoción, que deja sus picotazos en la retina. La existencia cotidiana es luz y sombra, el despertar sentimental de la esperanza y las débiles señales del camino que lleva hacia el crepúsculo. Las imágenes recuerdan las páginas sueltas de un cuaderno de luz que habla en silencio. Se abren al testigo con un grueso epitelio sentimental. En ellas, persiste en la conciencia la sensación de finitud y soledad, como se plasma, con el intimismo confidencial de su escritura, las composiciones de Rodolfo Serrano.
   La mirada y el verbo dibuja rincones de una realidad signada por un tono existencial. Los poemas nacen desde el fluir de una conciencia que retorna al pasado y pierde el rumbo, que capta secuencias vitales marcadas por la soledad y el desamparo, por un largo recorrido que se demora hasta el fin de la noche, en el que se van sumando indicios de oscuridad y contingencia: “Vivir en paz es fácil. Sobre todo / a estas altas edades en que uno / tiene más añoranza que deseos. / Y el recuerdo es solo niebla del pasado”. La conciencia de ser se va despojando de pretensiones; las manías y rarezas se van borrando y solo se presta atención a un cielo limpio que invita a vivir el ahora sin brújulas ni mapas. Real o simbólica, la noche está ahí, con su laberinto de imágenes, con su tacto oscuro, como un espejo que acogiera en el frío de su superficie las sombras interiores, la desnudez de un corazón a solas que quiere estar en paz con todos.
 

JOSÉ LUIS MORANTE






viernes, 24 de abril de 2026

DESDE RIVAS

Senda y memoria
(Rivas Vaciamadrid, 2026)
Fotografía
 de
Adela Sánchez Santana
 

 

DESDE RIVAS


Aquí pierdo la voz, contemplo Rivas,
un nombre propio escrito en el asfalto,
un árbol que resguarda la memoria,
pulcra ciudad de espacios habitables,
igual y diferente a cualquier sitio.
Cada jornada intento sin demora
la gesta cotidiana de aventar
el cansancio de los días comunes,
mientras, bruñida y frágil, a lo lejos
una luna de plata abre la noche,
dibuja su contorno en el regazo
del cielo envejecido de Madrid.
Crece la sed aquí, varado en Rivas;
busco en vano la esencia de las cosas,
acumulo renuncias e inquietudes
y despide mi mano el tren vacío
de la vida que parte, no sé dónde.

     

        (Del libro  Largo recorrido, 2001)
Premio Internacional de Poesía San Juan de la Cruz  



jueves, 23 de abril de 2026

EL LIBRO ES SIEMPRE UN ELEFANTE

La piel del libro

  

LA BIBLIOTECA


En el Día del Libro

 
No es difícil descubrir que la piel de un libro oculta un elefante. Lo aprendí pronto y ese descubrimiento fue esencial en mi trabajo en el aula. Soy de los que creen en una escuela imaginativa y transformadora que asocia inteligencia y actividad intelectual. Sé que el proceso educativo no termina nunca y  necesita la continua presencia del libro.
Si la lectura la lengua hace posible el entrenamiento verbal, el libro ayuda a entender el lenguaje y a expresarlo con precisión y claridad, a relacionarlo con la realidad.
El entorno ha cambiado y uno puede acercarse al libro con nuevos formatos, con claro predomino de lo visual, pero la motivación, la voluntad y el papel del lenguaje permanecen inalterables. Sólo cambian las estrategias. Y no conozco mejor estrategia para galvanizar una lengua activa que la biblioteca.
Para explicar sus múltiples funciones traigo a la memoria aquella fábula del elefante indio, un cuento popular que reflexiona sobre la naturaleza de las cosas y nuestras impresiones: “En un cercano bosque vivía una manada de elefantes. Alguno se acercaba a media tarde hasta las cercanías del poblado y eran muchas las recomendaciones maternas. En ese poblado vivían cinco niños ciegos que empezaban a ir a la escuela. Un día preguntaron al maestro:”¿Qué es un elefante?” El maestro se aproximó con cuidado hacia un elefante que pacía plácidamente y fue dejando que cada uno de los niños ciegos palpase su cuerpo. Uno tocó su costado, otro su cola, otro la trompa, otro su colmillo y el último su oreja…después se reunieron junto al maestro y relataron su experiencia. El que tocó el costado dijo que el elefante era un muro, el que palpó la cola una larga liana, el de la trompa habló de una serpiente enroscada y el del colmillo definió el elefante como una peligrosa lanza. Por último, el ciego que tocó la oreja creyó adivinar que el elefante era una palmera que aliviaba de las horas solares… “ Cada cual había experimentado una parte del elefante, una sensación única y distinta. Pues eso, cada lector encuentra en el libro una sensación única, excepcional, distinta. Ya se sabe que un libro es siempre un elefante.

miércoles, 22 de abril de 2026

ACERCA DEL SUEÑO


 

Principio del formulario

                              
ACERCA DEL SUEÑO

                            a mi hija Irene
 
 
I
      
Qué es el sueño, preguntas,
con la abrumadora ingenuidad
de quien me presupone una respuesta.
Y yo salvo el escollo
modulando una frase convulsa
en la retórica de los desconciertos.
Te digo: el generoso don
que la fatiga obtiene de la noche,
una brizna de luz escalando la sombra,
el envés de una historia
cotidiana y absurda;
tú misma, hija mía,
cada palabra tuya, cada gesto.
No sé si el sueño
es potestad del hombre
o comparten los sueños animales y cosas.
Ignoro de igual modo qué hilo teje
su textura de seda,
qué alzada confabula
su hermética apariencia
o qué brújula guía
la estela de sus viajes.
Sé que hay sueños tristes y gozosos,
oscuros y diáfanos,
ocasionales y obsesivos;
sé también que hay sueños tan hermosos
que el tiempo los indulta y perseveran,
y no envejecen nunca.
 
                         A mi hija Ana

II
 
Hay sueños que una noche
consumen su existencia
y otros que se prolongan con los días.
Simulan los primeros
una especie común de lepidópteros
y acaban siendo pasto
del trastero y del polvo,
como un experimento vanguardista.
Levísimos planetas alumbran los segundos,
como estrellas fugaces que convocan
múltiples y azarosas travesías.
Ante nuestra mirada sus figuras componen
un paisaje celeste,
intangible materia en sereno reposo,
donde habita la luna del deseo.
 
                                           JOSÉ LUIS MORANTE