domingo, 11 de enero de 2026

CICLO DEL AGUA

Artesanías
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


 

CICLO DEL AGUA

 

             Geografía íntima

 

    La frágil transparencia de aquel río se confundía con su piel desnuda. Era una cualidad que extremaba las sensibles respuestas a los cambios de temperatura. De madrugada, el agua era sólida; con las primeras briznas de sol se licuaba y a mediodía las altas temperaturas tejían en el cauce redecillas de niebla, en un artesanal proceso íntimo de nubosidad variable.

Cuentos diminutos




 

 

sábado, 10 de enero de 2026

MARINA CASADO. EL MAR QUE NADIE MIRA

Un mar que nadie mira
Marina Casado
46 Premio Literario Kutxa Fundazioa
de Poesía en Castellano
Editorial reino de Cordelia
Colección Los Versos de Cordelia
Madrid, 2025


MAREA ALTA

   La propuesta literaria de Marina Casado (Madrid, 1989), profesora de Lengua Castellana y Literatura en un instituto público madrileño, Licenciada en Periodismo y Doctora en Literatura Española, conforma una inquietud creadora en mutación constante. El taller aglutina, con sosegada convivencia, poesía, narrativa, artículos de prensa, ensayo y crítica. Son puntos de horizonte que establecen un amplio campo de conocimiento al explorar las posibilidades objetivas del lenguaje.
   Su nuevo trabajo, El Mar que Nadie Mira, reconocido con el 46 Premio Literario Kutxa Fundazioa de Poesía en castellano, reproduce en su hermosa cubierta un fragmento de un cuadro de Edvard Munch, de quien son también algunas ilustraciones interiores, y muestra en el título un elemento de amplia fuerza simbólica: el mar, siempre dispuesto a la percepción del hablante lírico por su trascendida dimensión espiritual.
   Organizado en cuatro apartados, la primera parte, titulada con expresiva contundencia “El mar“, compila dieciséis composiciones, precedidas de una dedicatoria con emotivo epitelio sentimental: “A Fran, faro en la tormenta”, y de citas sensitivas de Rafael Alberti, Francisco Brines y María Victoria Atencia, que conectan entre sí porque hacen del vaivén azul de la marea clave argumental.
   Quienes hayan disfrutado de la poesía de Marina Casado, desde su etapa auroral, recordarán que sus textos despliegan una sensibilidad confidencial, una voz elegíaca, que hace del fluir temporal un vértice continuo de reflexión por su condición transitoria. La poeta retorna en Un Mar que Mira a percibir la existencia como una forma de enfrentarse a un tiempo escurridizo y cambiante, donde la escritura es lo que queda cuando desaparecen las vivencias. En esa caligrafía el sujeto percibe la vulnerable identidad y el carácter paródico de la realidad descubierta: “Mi historia es diminuta como un mundo. / En un instante descubrí / la hermosura y la muerte / dormidas sobre aquellas flores blancas.”.
   Los versos tienden al despojamiento para profundizar en la contemplación reflexiva y preservar un espacio interno marcado por el sueño y la idealización. Quien viaja por dentro cuida a resguardo un mundo propio de cristal, un territorio de asombro en el que sobreviven verdad y belleza. El cuerpo aspira a reconocerse en lo ideal, por más que marquen el territorio de lo cotidiano los límites de la memoria, los materiales de una evocación hecha de secuencias discontinuas. La luz encendida del recuerdo reconcentra el pensamiento; pero deja también pétalos de sombra, la inexistencia y la pérdida, como afirman los versos de “Un mar que nadie mira”: “La noche se ha despertado. / Imágenes sin nombre / dentro de la memoria, / mimetizan la luz / de todo cuanto amaba; / a hurtadillas, defienden / la persistencia inútil del recuerdo”.
  En el avance lector se impone la melancolía. Marca lo vivido como un jardín que se fue despojando hasta convertirse en un albergue lejano: “Otros sabrán de mí, porque me pierdo”. Cobra fuerza la figura del padre que impulsa la escritura de composiciones como “Vacas”, donde el asombro infantil es compartido con el lógico escepticismo paterno ante lo mágico. También “la muerte” habla de una ausencia que trasmite dolor y orfandad, esa escarcha invernal de quien no entiende el frío de estar solo. Convulsionado por la ausencia, el registro evocativo se hace meditación y nostalgia.
   La segunda parte del libro, “Escondites” dispone como entrada una cita de Ida Vitale: “Quedar sola, gritando como un árbol”. La cercanía del paisaje suma al periplo biográfico los reflejos de la pupila indagatoria. Los poemas describen con minuciosa insistencia los lugares de paso del pretérito, esos espacios que marcaron senda a la evocación. Las palabras del poema reconocen la fuerza introspectiva de otros días, como si volver los ojos permitiera recuperar el legado de luces y sombras del patrimonio sentimental.
   “Escondites” se cierra con tres poemas que nacen de referentes culturales: “Jim Morrison contempla El jardín de las delicias”, el poema “Edfu”, inspirado en el templo egipcio construido en la ribera del Nilo, y “Thot”, también dictado por la escenografía histórica egipcia.
   En el tercer tramo, “Los que duermen”, el afán del poema siembra certezas sobre nuestra condición temporal y transitoria. Dos sueños nos habitan: la finitud y el lenguaje que explica y da sentido. Los sedimentos vividos conforman los estratos del insomnio. Sus dibujos gastados habitan la sombra, ponen andamios a la melancolía y dejan en el pensamiento una noche enquistada.
  Desde la voz intimista de Pedro Salinas, abre su voz el apartado “Certeza”. El amor despliega su terapia y se hace amanecida. Es mano tendida que sostiene también en el derrumbe. Con un fondo de música, la calidez retorna, se hace fuego y temblor, latido solidario: “Nosotros solo poseemos el amor / y una paciencia demasiado frágil / para multiplicar los pájaros. / y conseguir que un día / este piso tan blanco, tan ajeno, / pueda llamarse hogar”.
   El poema “Génesis doméstico” es una hermosa evocación del comienzo. En la epifanía del amor, ya convertido en presencia fuerte, está todo por hacer. Poco a poco se pulen desniveles y sombras, se va amueblando el salón vacío de la soledad y se hace de las voces del corazón un anclaje que busca la calidez del mito, las mejores historias de amores y de amantes, capaces de dar lumbre al círculo polar.
   Entre la evocación y la elegía, Un Mar que Nadie Mira marca el discurrir de una emotiva biografía sentimental. Evoca las huellas paradójicas del existir, entre la pérdida y el comienzo, entre la fugacidad y esa pulsión de golondrina en vuelo que llamamos amor.

JOSÉ LUIS MORANTE



viernes, 9 de enero de 2026

DESAPARICIONES Y OCASOS

La luz sin nadie
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

DESAPARICIONES Y OCASOS

 

   Desde hace semanas, no estoy. Ignoro si mi ausencia es un ocaso transitorio, o una voluntariosa huida hacia los pedregales de ninguna parte. Así que ando aplicado, con los sentidos afanes que tengo todavía, en la tarea de encontrarme. No sé vivir a solas, sin esa voluntad que me despierta en medio de la noche recordando a media voz el inventario de asuntos pendientes.
   Durante algunos años pensé que daba cuerpo a un sujeto centrípeto e indivisible, destinado a vivir en el monolito de mi identidad. Nunca imaginé esa atracción interna por la vida nómada. Me doy prisa en la búsqueda, antes de que empiece a olvidar el campo ralo de mi ausencia. 

Cuentos diminutos







jueves, 8 de enero de 2026

JUAN ANTONIO MORA RUANO. DIOSES EFÍMEROS


 
Dioses efímeros
Juan Antonio Mora Ruano
Prólogo de Guillermo Fernández Rojano
Editorial Corona del Sur
Málaga, 2025

 

UN ÁRBOL DE VOCES 


   Guillermo Fernández Rojano (Jaén, 1957), Doctor en Filología por la Universidad de Jaén, profesor universitario, profundo estudioso del legado poético de José Viñals e impulsor de una travesía creadora que tiene su primera entrega en 1981, tras el viaje crepuscular del ideario novísimo, hace de la materia verbal una cala meditativa sobre la ontología del sujeto, desde un enfoque crítico, nihilista, y ajeno a cualquier conformismo burgués. El reconocido poeta andaluz es el encargado de escribir la introducción del poemario Dioses efímeros de Juan Antonio Mora (Andújar, Jaén, 1950), que cuenta en su presentación formal con la ilustración de cubierta e interiores de Rafael Toribio.
   La apertura de Guillermo Fernández Rojano advierte, de inmediato, de las mareas interiores que alientan la pulsión literaria de Juan Antonio Mora: la denuncia constante de un sistema económico y político desapacible, que solo genera riqueza y prosperidad en unos pocos a partir de la explotación de la mayoría y de la esquilmación sistemática del entorno natural y el patrimonio de sus recursos, y la necesidad de no ceder al derrumbe ético y hacer de la poesía resistencia, una forma de ser y de salir al día. Son dos motivos básicos que, con los habituales matices expansivos, han fortalecido una suma de entregas profundamente emocional y cercana. El poeta de Andújar singulariza una manera de habitar el poema que el poeta, ensayista y crítico Alberto García Teresa ha denominado, con precisa argumentación: “Poética de la claridad”. En este poner sobre la mesa las cosas claras colabora un suelo argumental que reitera componentes: la ciudad, las relaciones personales, el amor, las hendiduras de la memoria, la denuncia crítica ante los desajustes sociales y el desasosiego existencial.  Frente a esos dioses efímeros que se ofrecen como tablas de salvación en el naufragio, y siembran falsas esperanzas, desde la religión, la riqueza, o el consumo, la poética de Juan Antonio Mora se hace lumbre revolucionaria; los poemas convierten al sujeto verbal en un árbol de voces contra la injusticia que no se resigna al silencio; que participa en esa senda del nosotros. Vivir es trasiego diario en vigilia y búsqueda de un horizonte de esperanza.
  Como en libros anteriores, y de modo especial en las entregas El corazón del mundo (2023), Los sitios del dolor (2024), La ciudad y yo (2024) y El delirio de la palabra (2025)el poeta concede una gran importancia al pensamiento de los demás. Y emplea como estelas pensativas citas de abundantes autores del canon: Pascal, Pasolini, Tomás de Aquino, Agustín de Hipona, Francisco Umbral o de escritores cercanos a su entorno afectivo como Jorge Riechmann, Juan Carlos Mestre y Ricardo Virtanen, quien aporta un buen puñado de aforismos.
   Desde la necesaria orilla de lo emocional, tan evidente en la dedicatoria: “A Charo siempre y a mi hijo adorado”, con la estrategia expresiva del poema conciso, y con clara tendencia al decir lacónico del aforismo, la voz de Juan Antonio Mora escribe como composición de entrada “primer esbozo” (Canto inútil)”, el personal homenaje del poeta a las víctimas de la dana; los versos iluminan los claroscuros de tragedia  y muestran el dolor que intensifica la impotencia. Solo ante esa estela de delirio que busca esperanzas en la nada, las palabras muestran las obsesiones de la escritura para desplegar interpretaciones sobre la existencia, porque para el autor, los verdaderos poetas son aquellos que no les incomoda la verdad, cuando sufren la inestabilidad frágil de la vida; las dimensiones de un entorno que rebosa incertidumbre y arrincona a los pobres con una bochornosa especulación incesante.
   Queda el amor como un sueño revolucionario que da fuerza y compañía. Que da sentido a la  actitud indagatoria del sujeto que recorre un sendero de reflexión y utopía. El enamorado, convertido en observador y testigo del discurrir existencial, hace de la amada una fuente de luz, un símbolo de justicia, libertad y sueños en vuelo. El conjunto de poemas de Dioses efímeros, en su desnudez, comparte una sencilla cimentación formal. Afronta desde la soledad un nítido esfuerzo personal por hacer de la confidencia subjetiva una superación de carencias y una reflexión humanista. Quedan las incisiones de un horizonte verbal, ajeno a cualquier molde marcado por un ideario estético de rehumanización y compromiso.
   Juan Antonio Mora en la fertilidad incansable de su madurez literaria, redobla en los poemas de Dioses efímeros su confianza en la palabra como refugio del superviviente. Nunca se doblega a la triste respuesta del silencio. Cruza de nuevo el puente entre escritura y vida para fortalecer la cercanía del sujeto literario y su cálida fraternidad.. Nos queda el todavía, ese camino donde busca regreso la esperanza.

JOSÉ LUIS MORANTE





miércoles, 7 de enero de 2026

MOTIVOS PERSONALES (SELECCIÓN)

Yacimiento arqueológico de las Cogotas
Fotografía
de
Rubén Sánchez Santana

 

MOTIVOS PERSONALES

(Aforismos 2010-2013)

 

Perseverar apostado frente a la fijeza del paisaje, con la tenacidad zancuda de las grúas.

Luz dormida en la mansedumbre del estanque y los ojos infantiles que  nada saben de la refracción.

Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.

Estoy aquí, creo. Aunque desconozco la localización exacta del aquí.

Colecciona fósiles. Quiere entender el tiempo sin la atribulada nebulosa de lo inmediato.

Los aforismos  marcan la piel del agua, como la huella frágil de una verdad. 

Tomo el té a diario con mis limitaciones, para recordar quién soy.

Escueto relato de una biografía matrimonial. Décadas de convivencia. Posterior silencio. Sin residuos químicos.

Para la confidencia íntima, personal, directa, un tono de voz sobrio alejado del aspaviento.

Aprendizaje. Esa larga senda entre la biología y el ser cultural.

(Motivos personales, La Isla de Siltolá, 2015)



martes, 6 de enero de 2026

NOCHE DE REYES

En espera
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

6 DE ENERO

Algo me dice que en los gestos de un niño,
poniendo entre las sombras sus zapatos
y unos vasos de agua
para apagar la sed de esperados viajeros,
está toda mi vida.

Han pasado los años 
y no sé de renuncias ni de claudicaciones:
jamás me fue posible vivir en otra casa
que no fuera tu sueño.

                   (De Población activa, 1994)

viernes, 2 de enero de 2026

LAS MANOS DEL DÍA

tareas
Archivo general de internet

 LAS MANOS DEL DÍA

   Consumió el discurrir de la mañana entregado a la tarea de ordenar propósitos. Ya en la languidez silenciosa del atardecer terminó de recoger escombros. Durmió después un largo sueño, en sábanas oscuras que hospedaban cansancio y alegría.
   En su existencia nunca germinó la decepción. 

(Cuentos diminutos)