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Asombro Rocío Expósito Editorial La Garúa Colección Poesía Barcelona, 2026
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INDICIOS
Rocío Expósito (Barcelona, 1984), Licenciada en Humanidades, Máster en Estudios
Avanzados de Literatura española e Hispanoamericana, y profesora de francés en
un instituto de Secundaria, comienza senda poética con la entrega Asombro,
un despertar impulsado con mimo por el editor y poeta Joan de la Vega en la
Colección Poesía de la Garúa.
Asistimos pues a una epifanía literaria que traza los primeros rasgos
con despojamiento y aparente sencillez.
Una cita de Santiago Alba Rico: “La literatura no es otra cosa que un
delirio bajo control”, que tiene la precisión concisa del aforismo, sirve de
pórtico a los poemas de Asombro, que organiza su contenido textual en
tres secciones, cada una de las cuales se compone de once composiciones. Las
tres partes, “La exacta belleza”, “Corazón central” y “El vuelo inmune”,
emplean el mismo formato: poemas breves, de rápida resolución argumental, que
comunican sensaciones e indicios sensoriales, un inventario de vivencias, más
que enunciados conceptuales. El yo poético abre los ojos para dar identidad a
un entorno en mutación constante, casi en una actitud cercana al zen y al abanico de creencias del pensamiento budista, que convierte el paisaje en latitud interior.
Al cabo, la belleza, no es sino el cumplimiento del ideal, su percepción
tangible. Por lo mismo, recuerda el vuelo leve de una libélula en el aire, o el
descanso en silencio de un verso sobre el papel. Rocío Expósito renuncia a la
poesía enunciativa, que se apoya en un pretexto anecdótico. Abre la pupila de
la introspección para retener, con la escueta convicción del haiku, el instante
que define el ahora: “Descansa sobre el suelo árido / como aquel verso antiguo
/ de Wang Wei”. Resulta clarificador que el primer nombre que aparece en el
libro, como referencia cultural, tras el de Emily Dickinson, sea el del poeta
clásico chino, Wang Wei. El maestro alternó su pulsión escritural con la pintura,
eligiendo como tema central de sus dibujos la naturaleza. Su legado creador ejerció una
intensa influencia en la tradición pictórica china, a pesar de que sus
realizaciones plásticas no han sobrevivido a la erosión del tiempo.
La realidad cercana se vacía para mostrar un espacio sin formas. Quien
mira con atención descubre que en el lugar que ocupa no hay nadie, sino la
ausencia. El espacio habitable es, al mismo tiempo, refugio e intemperie, un apagado
discurrir que convierte al trayecto temporal en meditación y conocimiento, en
viaje interior. Y en ese recorrido en soledad apenas late el pulso del recuerdo, una arritmia fuerte que sirve a la poeta para constatar un explícito homenaje al padre, dibujado con una intensa emotividad.
La naturaleza cobra protagonismo en el poema, pero lejos de esa poesía
bucólica que hace acto de presencia por la acumulación de elementos visuales
yuxtapuestos; las formas se convierten en simples trazos, en una caligrafía de
omisiones. En su quietud, apenas dejan la sensación de vida. Protagonizan ciclos de
amanecida y crepúsculo, como si alentaran un discurrir pactado, casi ajeno a lo
contingente. Solo mantienen la sobriedad de estar bajo el epitelio de la luz.
La contemplación deja al testigo al borde. Como si esperase en su
contemplación una posibilidad, un misterio que anima entre las manos la
fragilidad contenida en el estar. El apartado “Corazón central” no
cambia el paso de Asombro. Persiste esa comunión despojada entre paisaje
y observador. El latido exterior y sus imprecisas dimensiones buscan su
comunión con la mirada para asentarse como una realidad complementaria e
hipnótica, a la que nadie puede ser indiferente. Tampoco lo hace "El vuelo inmune" como apartado de cierre. La escritura nombra y da forma; concede permanencia a la poblada estela de lo que se pierde cuando las horas gimen y se desbordan, rompiendo las costuras de los calendarios, para recordarnos la belleza, el lugar de lo insólito, lo escondido.
Con una tangible economía expresiva, Rocío Expósito deja en Asombro una
escritura impregnada de riqueza espiritual y contemplación. Las composiciones nacen al
hilo de lo vivido para mostrar una sensibilidad cómplice. Para encerrar el
callado estar de la belleza en el cuerpo efímero de las palabras. Poesía limpia,
que salva de la intemperie; que confía en la elusión y el silencio como puntos
de fuga.