domingo, 29 de octubre de 2023

OXIGENACIONES (Notas del diario)

Hablar a solas y sin voz
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

OXIGENACIONES
 
Con quien no esté un poco cansado de todo
no vale la pena dialogar
 
NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA
 
Imagen interior que no se desvanece: las pupilas de mi padre guardaban dentro un sol apagado, una noche en continuo titubeo.
 
Hace unos años escribí este aforismo: “No están fuera ni dentro. No están”. Y estos días lo recordé por su precisa manera de definir esas presencias que guardan detrás de su sonrisa una extraña distancia. Nunca sé si son cercanía o lugar lejano, periferia o centro.
 
La revista ha crecido mucho y extrema ahora, según su director, el criterio selectivo de los colaboradores: solo Premios Cervantes o Premio Nobel. Las campoamorianas lo tienen duro. Yo, también.
 
Hay fotografías que no concuerdan con la realidad; ocultan seres deshabitados.
 
Escenarios visuales de Madrid donde pueblan aceras los zapatos gastados de mi soledad:: la cuesta de Claudio Moyano, el palacio de cristal del Retiro, la calle Toledo, el patio interior del Reina Sofía, El templo de Debod y el parque del Oeste… Son marcos urbanos que comparten la melancolía del paseante. Son sitios que hay que merecer; y son muchos los pasos transitorios que carecen de entidad para perdurar; aunque yo sea un optimista y vea espejismos en los encuentros.
 
No se requiere una especial clarividencia para saber que la madurez reblandece cualquier tipo de avidez sexual, pero concede máxima solidez a la ternura.
 
Esa disparidad en la percepción del otro es una escuela abierta. Hoy aprendí que hay gente que percibe en una pregunta inocua un golpe que deja en coma. Insólito y clarificador para mañana: no hay más preguntas.
 
Empleó muchos años en ser un manuscrito antiguo de la estupidez. Ahora personifica un dato empírico: no todos tenemos el cerebro en la cabeza.
 
Fauna doméstica; esa gente que entiende la amistad como echar  migas de pan a las carpas y barbos del Retiro.

(Apuntes del diario)



miércoles, 25 de octubre de 2023

JUAN JOSÉ MARTÍN RAMOS. SI NO VEO MI ROSTRO.

Si no veo mi rostro
Juan José Martín Ramos
Prólogo de José Ángel Cilleruelo
Editorial Polibea
Colección El Levitador
Madrid, 2023 

 

EN LA CALLE DEL TIEMPO

 

   El volumen Si no veo mi rostro añade al entorno literario de Juan José Martín Ramos (Madrid, 1961) los relieves de una nueva panorámica expresiva: el aforismo. Filólogo, profesor de talleres, editor y persistente gestor cultural, ha publicado el poemario Negar la luz (2007) y las ficciones La curiosidad del espía (2006), reconocida con el Premio Sur de Novela Corta, La noche calma mi ansiedad (2008) y Légamo del amor y de los libros (2016). Es impulsor y responsable de las seis colecciones que tiene Editorial Polibea: «El Levitador» -poesía-, «La espada en el ágata» –prosa-, «Orlando Versiones» –traducción– «Toda la noche se oyeron…» -voces nuevas de la poesía latinoamericana más reciente, «Pasión de lo breve» -haikus, aforismos y escritura fragmentaria «Fuera de lugar», un intento de buscar sitio a publicaciones heterodoxas y misceláneas.
  Si no veo mi rostro presenta un escogido muestrario de aforismos en un momento en el que las teselas verbales sentenciosas se han convertido en sólida plenitud expresiva. El prólogo de José Ángel Cilleruelo comienza con un emotivo recorrido biográfico y concluye con una lúcido análisis del minimalismo verbal de Juan José Martín Ramos, a juicio del prologuista, integrado y coherente con “esta poética de lo huidizo en la que se percibe “un claro sentido de lo gnómico” que apunta hacia el anonimato del yo y la despersonalización expuesta en el propio título.
    Poco a poco, como sucede en casi todos los libros de aforismos, los escuetos motivos van hilvanando un caótico perfil argumental, desde la actitud introspectiva del pensamiento. Las citas iniciales eligen una tradición plural y canónica de voces fuertes: Miguel de Cervantes, Francis Scott Fitzgerald, Josep Conrad y Francisco Brines. Puntos cardinales clásicos, como si fuera necesario refrendar que la propia literatura nace como raíz crecida bajo el suelo de un tronco centenario.
  El escritor elige una dicción directa, sin hojarasca, que integra las ideas con un deje de fatalismo aceptado: “La vida transcurre sin mí”; y que transforma en paradoja la nostalgia crepuscular de lo no vivido: “A mí me ha tocado ser yo”. El aforismo es una propuesta de reflexión y autoconocimiento, una forma de sentir, un estar afectivo que comparte recuerdos y melancolías y que hace de la rutina un aula abierta: “Bien mirado, entre las fechas de nacimiento y muerte de una persona, el pequeño guión que las separa es toda una vida”.
   El recorrido argumental muestra un trasfondo crítico con nuestro tiempo porque la convivencia diaria es siempre propicia a la decepción y al caminar sobre las arenas movedizas de certezas transitorias. El balance experiencial amalgama la intimidad del yo concreto y las huellas y reflejos de la voz colectiva: “La desesperación y la soledad y la conciencia del fin son las condiciones de lo verdaderamente humano. La salvación eterna: una mera añagaza de quienes no se atreven a saltar sin red”.   La escritura moldea el personaje verbal también desde la literatura. Las refutaciones a pensamientos de escritores célebres son frecuentes: Freud, Virginia Woolf, Joseph Conrad, Kafka… aportan reflexiones que sirven a Juan José Martín Ramos para la reformulación verbal, como si los espacios de la palabra necesitaran siempre componer muros nuevos, subrayados subjetivos y autobiográfico. La sobria reflexión sobre el perfil del hablante lo ratifica: “Condición de poeta: al papel no le interesa tu historia personal, solo la profundidad del surco de la escritura y algún giro inesperado del trazo”, “Depositamos en la escritura nuestra vana ilusión de supervivencia”, “Literatura, edificio de la palabra para el silencio”, “Nada es un destino”.
  En la aforística de Juan José Martín Ramos la materia física tiene una manifiesta connotación de fragilidad: “Vivimos como si fuéramos a acabar con un inútil fardo por cuerpo”, “No queremos un cuerpo, apreciamos su dibujo”, “De lo superfluo en el cuerpo: Sólo somos desgraciados de garganta hacia arriba”, “Al final nuestro cuerpo decide por nosotros”, “El que se queda quieto ya ha llegado”.
  Como escribe el autor “Ordenar los aforismos para un libro es querer ordenar el pensamiento. Imposible “. Las frases concisas van naciendo en los ángulos muertos de la vida cotidiana. Dejan la estela luminosa del chispazo, su potencia verbal y los significados abiertos en la conciencia, ese lugar apelativo donde se reflejan los trazos diluidos de alguien que no es: “Si no veo mi rostro, ¿cómo sé que soy yo?".
 
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
 
 

 

martes, 24 de octubre de 2023

NADAR EN SECO

Otoño
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

NADAR EN SECO

El tiempo que no tuve nada en seco.
En él cada brazada recolecta
los acordes secretos de la profundidad.
De cuando en cuando
rasgan la superficie huecos húmedos
de cuyo fondo emergen
estelas de luciérnagas.
Mas un sudor salobre
desdice la quietud,
impulsa cercanía
hacia el contorno exacto del trascielo.

No dejo que el cansancio me carcoma.
Sacudo el agua ausente.
En los brazos maltrechos
hay jirones de mí..

       (Del libro Nadar en seco, 2023)




lunes, 23 de octubre de 2023

DEMETRIO FERNÁNDEZ MUÑOZ. PUNTALES DE LA BREVEDAD

Puntales de la brevedad
Aforistas en construcción
Demetrio Fernández Muñoz
Ediciones Cypress Cultura
Colección Délfica
Sevilla, 2023

BALANCE

 

   Los paisajes interiores de la microliteratura peninsular serían más sombríos y difusos sin la constancia del investigador alicantino Demetrio Fernández Muñoz (Villajoyosa, 1987), doctor en Filología Hispánica, profesor de instituto, ensayista, poeta y vértice impulsor del portal digital del Instituto Cervantes del Ministerio de Cultura y Deportes, dedicado íntegramente al minimalismo verbal. Su estudio, ya referencial, La lógica del fósforo: claves de la aforística española, práctica literaria elaborada como tesis doctoral, fue publicado en común entre Apeadero de Aforistas  y Cypress Cultura en 2021 y constataba la entidad creciente del decir breve y su presencia vertical. Con similar textura, aunque con un empaque teórico más liviano, Puntales de la brevedad hace balance de un momento áureo del legado lacónico, seleccionando pasos hiperbreves de veintiún practicantes del género en el tiempo digital.
  La cronología  del aforismo aporta en el momento presente un cultivo casi desaforado, que le concede una importante entidad. Ya no se trata de una estrategia expresiva secundaria sino de una poblada red de tramos cognitivos que ha propiciado colecciones, entregas, premios y eventos públicos. Este resurgir no solo sucede en España, ahí están los estudios de Hiram Barrios sobre la aforística mexicana y de Hispanoamérica, los de Víctor Guédez en Venezuela o las antologías sobre la fortaleza del aforismo contemporáneo en Italia.
   El texto de introducción aglutina cuatro apartados indagatorios que sustituyen la solemnidad del dogmatismo argumental por una saludable textura confidencial. Demetrio Fernández Muñoz se adentra en la diacronía del aforismo en el intervalo temporal del siglo XXI, una etapa de bonanza que ha consolidado la autonomía del género. El laconismo ya no es una viruta de taller. Despliega carácter y sensibilidad. Explora y propone pinceladas meditativas. Los textos mínimos son paseantes nómadas que retornan hacia dentro; germinan en la mirada interior; son cosecha que guarda las reflexiones, vivencias y emociones  al moldear la sensibilidad del hablante conciso.
   El estudioso considera “pistoletazo de salida” el año 2013, cuando aparece el Premio Internacional José Bergamín de Aforismos, impulsado por la editorial Cuadernos del Vigía, un monográfico de la revista Ínsula sobre el activismo lacónico coordinado por la profesora y poeta Erika Martínez y sobre todo la edición del estudio antología de José Ramón González Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos (1980-2012). Aquel análisis dibujaba una detallada cartografía de la brevedad y ponía lindes a la dimensión colectiva del periodo. Sin embargo, el estudioso advierte que, más allá de los cantos de sirena y el conformismo celebratorio, la solidez de esta estrategia expresiva y su sentido perdurable solo  se conseguirán “con una voluntad constructiva y rigurosa”.
   La sensibilidad humanista del formato breve acoge un espacio de conocimiento y búsqueda. Se manifiesta en la actualidad en una notable cantidad de colecciones y proyectos en los que participa un copioso inventario de editoriales con nítido impacto en la pantalla cultural del presente. Los singulares aportes fragmentarios, implicados en un nomadismo continuo, deambulan entre la intimidad y la experiencia; convierten las nuevas entregas en un poblado panorama de asombro que ilumina con su onda expansiva el cansado discurrir de lo diario.
   En medio de tanto mediodía no faltan los cirros y así lo subraya el prologuista recordando algunas de las máculas expuestas en su día por José Luis Trullo: la falta de crítica, la autocomplacencia y reiteración epigonal, la pésima distribución de novedades y la anorexia de un mercado con mínimas ventas. Pero la realidad está ahí, sin ningún epitelio apocalíptico, como constata la amplia selección de nombres que cierra esta entrega. Los aforistas en construcción aportan un selecto muestrario capaz de refrendar el renacimiento y garantizar un futuro con caminos francos y mensurables.
 También una biografía puede ser retórica. El ensayista reconstruye cada periplo biográfico esencializando con escueta precisión. Añade además algunas notas que particularizan cada ideario estético y suma unas decenas de aforismos de cada elegido. Se incluye a Miguel Ángel Arcas, Carmen Camacho, Carmen Canet, Jesús Cotta, Eliana Dukelsky, Ramón Eder, Aitor Francos, Gabriel Insausti, Emilio López Medina, Lorenzo Oliván, Carlos Marzal, José Mateos, Fernando Menéndez, José Luis Morante, Manuel Neila, Mario Pérez Antolín, Javier Sánchez Menéndez, Felix Trull, Juan Manuel Uría, Juan Varo Zafra y Ricardo Virtanen. Sin duda, una selección muy relevante, donde también se puede especular con algunas ausencias como Dionisia García, Ramón Andrés, Luis Felipe Comendador o León Molina.
   Demetrio Fernández Muñoz concluye su estado de cosas con una certeza diáfana: el esqueje verbal se ha hecho adulto y ratifica esta convicción con tres razones de peso: “el reconocimiento literario, la búsqueda de pertenencia a una tradición y la conformación de poéticas y trayectorias propiamente aforísticas por parte de los autores”. Son raíces de arraigo que dejan constancia de la dimensión creciente del formato, de ese temblor de verdad que convierte el aforismo en lengua natural capaz de ampliar la conciencia y reivindicar el valor absoluto de lo humilde. 
 
JOSÉ LUIS MORANTE






domingo, 22 de octubre de 2023

PUDOR

Eros a solas
Archivo de internet

 

PUDOR

Por su lisura repta,
como un rastro de voz enmohecida,
el hábito tedioso de la resignación.

Opaco y protector
transita por los bordes.
En su tenue deslumbre
declina el pensamiento,
cruje la endeble rama
con el ir y venir de mi avidez;
se hace fuerte el veneno de esperar.
Mansas estrías borran vuelo y canto,
pero el pudor no sabe
que en su exacto trazado
alumbra cada sueño una hendidura
y se cobija en ella
el intacto verano del deseo.

En su abierto costado
hila espejos la noche.

       (Del libro Nadar en seco, 2022)




 
 

sábado, 21 de octubre de 2023

JESÚS CÁRDENAS. DESVESTIR EL CUERPO.

Desvestir el cuerpo
Jesús Cárdenas
Prólogo de José Antonio Olmedo López-Amor
Epílogo de Luis Ramos
Editorial Lastura
Colección Alcalima de Poesía
Madrid, 2023

 

DESNUDEZ

 

   Sin líneas divisorias, con evidente fortaleza creadora, Jesús Cárdenas (Alcalá de Guadaira, 1973), Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y profesor de Lengua Castellana y Literatura, impulsa un recinto de luz que aglutina poesía, investigación literaria y reseñas críticas, siendo además en la actualidad redactor jefe de la revista Culturamas. Destila en el tiempo un cumplido itinerario poético que ve su amanecida con la entrega La luz de entre los cipreses (2012). Tras el paso inicial, su dinamismo ha ido forjando una estética figurativa que profundiza en el mensaje comunicativo, la propuesta dialogal del lenguaje y la concentración de significados. Jesús Cárdenas, además, se siente próximo al acontecer de la tradición y descubre su brújula en la conformación de moldes expresivos. La didáctica del poema temporaliza desarrollos y explora afinidades con voces fuertes, sondeando autores del canon como Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre o Ramón Gómez de la Serna.
  El verso “Brazos intangibles como abismos”, de excelente textura metafórica, sirve a José Antonio Olmedo López-Amor como pórtico de interpretación y núcleo reflexivo de Desvestir el cuerpo. El fluir de la escritura resalta la estela emotiva, la amanecida auroral de sinceridad que abre un tiempo donde se sustentan esperanza y memoria: “Así, desvisto muy despacio el cuerpo / hasta dejarlo en el acorde / donde acaba la tarde y el abismo comienza”. La progresión del fluir lírico, que entrelaza sensaciones, vivencias e inestables certezas, se vuelve hacia sí mismo para reflexionar sobre la razón del poema. Lo metaliterario aparece atestiguando la voluntad de las palabras, esos “hilos de incertidumbre entre los sueños y la verdad”. Pero la piedra angular de esta exploración crítica es el amor “como razón de ser y de escribir”, como introspección profunda en el camino de la contingencia.
   El amanecer del poemario aporta destellos de Raymond Carver, César Vallejo y Alfonsina Storni, cuyas citas contienen una tenue encrucijada de incógnitas sobre la que sedimenta el discurrir ficcional. Jesús Cárdenas distribuye el conjunto en tres secciones: “Todos los espejos”, “Cristal ahumado” y “Callada ceniza”. En el poema inicial la voz apelativa pone distancia, se hace distorsión y sombra, muestra las huellas de un viaje interior, un recorrido ya transitado en el que la memoria asienta su conciencia. Y, con esa inquietud de seguir, la fuerza de quien busca moldear nuevos sueños y hacer que las palabras construyan un refugio a la esperanza. La dicción pensativa se expande como espacio germinal, abre las manos del poeta para convertir el páramo del espejo en campo de siembra y sementera. Pero apenas es posible reencontrar lo perdido, “la liviana escritura de la carne” cuyo tránsito jamás podrá librarse del vacío.
   En los poemas centrales de “Cristal ahumado” persiste una atmósfera de desolación y formas imprecisas.  El yo verbal busca una voz que parece sólo un oscuro soplo de sombras. El amor es cicatriz; pavesas volátiles que conforman un sedimento de olvido. Queda así en la mirada de quien recorre el itinerario existencial una sensación de penumbra y carencia, una aletargada sucesión de interrogantes dormidos en el mapa del tiempo. Nacen así un conjunto de poemas crepusculares que no tiene otro afán que buscar al otro, que intentar unir de nuevo las dos mitades que se disgregan entre la ceniza.
   Todo parece la estela erosionada de un mal sueño. En el estar de paso persiste la “Callada ceniza”, como subraya el título de la sección final. Lo vivido ha dejado en la mirada interior un largo aprendizaje de soledad e invierno. Una imagen congelada en el espejo, una sucesión sin voz de historias apagadas y versos mudos, sobre los que se agosta la esperanza. En el sombrío espacio de la casa, la soledad toma cuerpo, mientras los recuerdos envejecen y sus bordes amarillean asumiendo el estar transitorio de los sentimientos, su carácter efímero y mudable que contagia también a la tinta emotiva del poema: “A pesar de todo, nos reafirmamos / en la luz de nuestro refugio, / el  silencio de la casa. Encendimos / el fuego con las manos; amor erguido en llamas. / Con esta firmeza combatiremos / esta y todas las noches invernales”.
   El poeta y cantautor Luis Ramos de la Torre incorpora el texto epilogal “Huesos que quieren ser poemas” donde reflexiona sobre la naturaleza ontológica del espejo y su paciencia contemplativa. Cuerpo y tiempo aspiran a crear un itinerario de belleza y conocimiento, una indagación en los muros firmes del lenguaje para que habiten juntos el olvido y la luz, el paso emocional de la belleza.
   Desvestir el cuerpo ilumina la conciencia de una voz a solas. Fusiona intimidad y desamparo en las expectativas de la costumbre. Los poemas taponan las grietas de un paisaje afectivo que percibe la aurora del amor como consoladora evidencia. La realidad emerge y nos desnuda, mientras la mirada se posa en los espejos para ratificar que en su lisura acecha siempre el fondo sin contornos del vacío. Lejos del abandono y la carencia, sólo el amor nos salva.
 
JOSÉ LUIS MORANTE






 
 

viernes, 20 de octubre de 2023

AFORISMOS AL PASO

La ciudad conmigo
Archivo de internet 

 

 

AFORISMOS AL PASO

 
Si escribir significa una escapatoria, ¿de quién huyo?
 
Dejó el domingo una sola línea de prosa.
 
Ramas quebradizas, astilladas antes de que fueran árbol.
 
Cuido la fisiología maltrecha de la vejez, su continua agitación mental, las palabras entumecidas de un tiempo sin alegaciones
 
Hoy me desperté con un verso entre los dedos. Era la avanzadilla de un poema.
 
El gesto teatral de tantos ideales de solidez gaseosa.
 
Es tonto. (Siempre que puedo evito los superlativos).
 
(AFORISMOS AL PASO)
 
 

jueves, 19 de octubre de 2023

HIRAM BARRIOS. UN NAUFRAGIO PERMANENTE

Un naufragio permanente
Aforismos 2013-2023
Hiram Barrios
Collage de cubierta de Carmen Canet
Editorial Libros del Aire
Colección Alto Aire
Boo de Piélago, Cantabria, 2023

 

LA DUDA EN PIE

  

   El lector persistente suele plantearse esas dudas inquietas que empujan al libro. Advierte que entre las páginas buscan sitio dos posturas confrontadas en torno al quehacer creador: la aceptación o el cuestionamiento. De la primera nace una literatura enunciativa y sedentaria, satisfecha con los trazos que guarda la cortesía del espejo; que hace de la realidad llanura propicia para que todo emprenda un itinerario natural, un inventario de hábitos sin variaciones, los previsibles acordes de un pentagrama amarillento. Nace de la segunda postura –el cuestionamiento- una búsqueda continua, un viaje sobre el pavimento mojado de las palabras, un sitio donde todo en la página es fragmentario y mudable. Y aquí, como un zapador en la trinchera, deja su rastro el aforismo, la concisión introspectiva que no teme el salto al vacío ni el fondo sombrío de la hendidura.
   Hiram Barrios (Ciudad de México, 1983) hace mucho tiempo que forma parte de la eclosión aforística peninsular. Su escritura refleja un perfil plural que integra la edición creativa, la práctica de la traducción al italiano y el ejercicio de la docencia como catedrático universitario. Completó su formación en Letras y se especializó en Literatura Mexicana por la UAM. Comenzó pronto a difundir  creaciones y su fértil producción se expande en publicaciones de Hispanoamérica y Europa mediterránea. Desde el italiano, ha volcado al español a Edoardo Sanguineti, R. Roversi, Donato di Poce y Fabrizio Caramagna. Preparó Voces paranoicas, antología bilingüe de Eros Alesi (2013) y trabajos como El monstruo y otras mariposas (Ensayo, 2013) y Apócrifo, entrega de aforismos de 2014. Un año después editó Lapidario, balance de aforistas mexicanos que tuvo en España una extraordinaria repercusión, y en 2019 editó Aforistas mexicanos actuales. En Disparos al aire. Antología del aforismo en Hispanoamérica (Trea, 2022), otro hito del ensayista, reúne las voces esenciales de la escritura abreviada en América Central y América del Sur. Tantos aciertos le otorgan un lugar de relevancia entre los especialistas de la microliteratura.
   Como aclara de inmediato la mínima nota de autor, Un naufragio permanente. Aforismos (2013-2023) compila una selección concisa de una década, revisando y ampliando el material publicado en las entregas Apócrifo (2014, 2018), Artimañas (2021), junto a una representación textual de la antología Silenzi scritti. Aforismi. Antología Bilingüe Italiano-Spagnolo (2020) y un conjunto de inéditos “de corte experimental”, según el sugerente etiquetado del escritor.
   Antes de vadear por los ejes temáticos del decir breve, quiero resaltar la atractiva cubierta de Carmen Canet, otro de los nombres centrales del aforismo actual y directora de la colección Alto Aire. La escritora de Granada nos deja un collage cuajado de color, afín a la sensibilidad impresionista. También sorprende, como sucede en algunos libros del aforista Ramón Eder, la mínima ilustración monocromática de “Autorretrato”y el punto de ironía visual de la caricatura.
   Hiram Barrios ha definido el habla lacónica como una suerte de épica postmoderna. Una perseverante tarea para descubrir lo esencial, las formas ideales en un transitar proclive al desaliño de la banalidad, a los espejismos del presente y su particular geografía de saldos. De este modo, en el caminar de la creación, “el aforismo es atajo”. En él conviven el epitelio humanista y la reflexión donde respira el fluir de la conciencia: “El fracaso, cuando es contundente y sin aspavientos, tiene mucha dignidad”, “El aforismo no busca educar. Por eso es tan aleccionador”, “El aforismo sabotea la moraleja”. Este parco análisis de la naturaleza indagatoria del aforismo sirve de entrada a una compilación de textos mínimos donde la dispersión temática funciona como punto de encuentro. La curiosidad intelectual testimonia la diversidad; de este modo en los diferentes capítulos de Un naufragio permanente se escucha el rumor inquieto de una percepción en vigilia. Quien escribe mira, sondea las respuestas del silencio. El sujeto verbal personifica el lugar de la escucha. Camina a solas con su pensamiento. Dialoga consigo sin buscar respuestas. Deja que los enunciados sentenciosos dibujen el paisaje estacional de la interpretación. Al cabo: “Intrincar los enigmas tiene más sentido que tratar de resolverlos”.
   De cuando en cuando el habla lacónica sugiere un relato con personajes y argumento que se resuelve con la inmediatez de una microhistoria: “Niñería. Quería a toda costa ser un hombre”, “El choque. Caminé varios días para perderme; ¡ingrato destino!: terminé encontrándome”. Otras veces fecunda una grieta mental sobre la escritura, como sucede en el apartado “Tachaduras”. Allí lo metaliterario muestra una realidad cercana y transparente, que se mira en las aguas de la tradición y desmiente las propias certezas convocando al “Arte de borrar”: “Escribir y pensar son operaciones distintas. Pensar y borrar son la misma cosa”, “Borra las huellas para que las puedan seguir”.
  Un naufragio permanente recurre a rótulos orientadores para dar a su contenido la apariencia de un viaje reflexivo por andenes desperdigados. “Epitafios” ahonda en esa escritura que busca permanencia más allá de la finitud. Si el nihilista, como asevera un aforismo, es víctima propicia de su propio vacío, personifica también lo paradójico, el hecho de confrontar una realidad y su reflejo, de ubicar al escritor frente a su obra: “El librepensador. Luchaba por la verdad. Su obra lo desmintió”.
  Para quien esto escribe la sección “Manuscrito hallado en una botella” contiene una buena compilación de aforismos excelentes. Dejo una muestra: “La evolución es un fraude. Fracasamos como animales”, “No hay filosofía que pueda salvarte de ti”, “La inteligencia explica; la memoria implica”, o el esqueje verbal que inspira el título del conjunto: “La vida es un naufragio permanente; nunca dejas de hundirte”.
  Hiram Barrios sondea modelos expresivos formales para evitar la pulsión reiterativa de la frase aforística. En “El caminante y su sombra”, dedicado a Manuel Neila, otro gran impulsor del aforismo, ensaya la forma dialogal y el desdoblamiento entre enunciado y respuesta para que los aforismos personifiquen silencios escritos. En “Artimañas” y “Los hechizos de la noche” el destello conciso mantiene densidad reflexiva en su naturaleza filosófica, recordando el didáctico consejo de Nicolás Gómez Dávila: “Escribir corto, para concluir antes de hastiar”. Y en “Autoservicio” se extrema la apariencia gráfica, como si el escritor convocara la perplejidad del lector para completar los mínimos enigmas expresivos. También acentúa su apariencia de caligrama la secuencia verbal “Cuatro claves y un distractor” con disposiciones visuales aleatorias para cada uno de los textos que parecen conceder al mensaje un segundo plano.
  Cada antología es un muestrario de fragmentos que trata de convertirse, desde la brújula del azar, en un todo unitario. Un naufragio permanente aspira a ser una caja de resonancia en el tiempo, la bitácora de un itinerario que ha hecho del decir breve una estrategia expresiva testimonial y directa, en continuo peregrinaje interior, donde todo está en discusión. Sólo la duda sigue en pie.
 
 JOSÉ LUIS MORANTE





miércoles, 18 de octubre de 2023

LOS RUIDOS DE LA NOCHE

Vigilia
Fotografía
del archivo general de Internet


 LOS RUIDOS DE LA NOCHE

 

   Soporto mal la lentitud de la noche. Demasiados ruidos. El radiador respira asmático, el grifo percute, la persiana sube o baja en un trampolín exento de reposo, la cortina baila y se agita como si perdiera pie y una luna crecida intenta persuadirme de que las farolas son innecesarias. Con tantos intrusos en el umbral de mi vigilia es difícil adivinar quién escondió un amanecer desprevenido, que no llega nunca.


(De Cuentos diminutos)




martes, 17 de octubre de 2023

JAVIER GILABERT. TODAVÍA EL ASOMBRO

Todavía el asombro
Javier Gilabert
XV Premio de Poesía Blas de Otero . Ángela Figuera
Ediciones El Gallo de Oro, Colección Poesía
Bilbao, 2023 

 

AURORA

    No sé si una estética cabe en un poema pero, al comenzar la lectura de Todavía el asombro con el poema “Gramática del asombro”, he percibido con meridiana claridad que en los cuatro fragmentos del texto lírico se condensaban las pulsaciones literarias de Javier Gilabert (Granada, 1973) maestro de primaria del colegio Ave María de la Quinta, incansable gestor cultural y protagonista de una poblada bibliografía de colaboraciones y frutos personales, con amplia representación en revistas y antologías. Pese al mínimo trayecto temporal de su escritura, el autor granadino mantiene una fluida relación con la imprenta desde que amaneciera en 2017 su carta de amanecida PoemArio. Era el primer andén de un viaje que aglutina los libros En los estantes (2019), Sonetos para el fin del mundo conocido (2021), un trabajo en colaboración con el poeta Diego Medina Poveda, Bajo el signo del cazador (2021), en colaboración con Fernando Jaén, y el libro que ahora nos ocupa Todavía el asombro (2023), conjunto de poemas reconocido con el XV Premio de Poesía Blas de Otero . Ángela Figueras.
   La hermosa edición de El Gallo de Oro comienza con una dedicación a Rafael Guillén, uno de los magisterios del poeta, sobre el que coordinó la antología homenaje Para decir amor, sencillamente (2021) y con un liminar de Julen A. Carreño. En la introducción de Julen A. Carreño se define el libro como “un vademécum de la gratitud y la esperanza a partir del ensayo de un mirar distinto que abreva en lo ordinario al renovarlo”.
   He hablado al comienzo de esta reseña del aporte estético cobijado en ”Gramática del asombro”. Se vislumbra con claridad si rescato algunos versos de honda significación semántica: “El poema es el centro del lenguaje” porque cobija la presencia de una realidad transformada en los indicios de pasadizos introspectivos. “El instante es el centro del poema” donde resalta la temporalidad que despliega el cúmulo de experiencias vitales. La palabra por ello se torna evocación y canto, persistencia en el asombro. Resuena en el fluir de la conciencia la sensación de sumergir las manos en lo transitorio, por lo que se hace preciso despertar la indagación y la búsqueda; son luces encendidas para la mirada.
  Continuar en el camino, requiere habitar la claridad. El leve trazo de la amanecida se vuelve conciencia en el percibir. El apartado  “De pronto estoy despierto y es de día” consigna los indicios vitales de entorno. Esa transparencia que otorga el cielo como un don y permite el encuentro con el discurrir existencial. A diario, los destellos impregnan el despliegue del estar, reclamando atención: “Sucumbir al asombro en el detalle, / volver a ser el niño / dispuesto a descubrir / lo bello que se esconde / tras las pequeñas cosas”.
   En las composiciones de  “Todo es nuevo, quizá para nosotros” se ratifica la fuerza del instante, su repentino fulgor que ilumina lo oscuro con los ojos del renacer. La conciencia de ser abre su pupila a un claro de imágenes de seductora sustancia. Vivir no necesita más adornos; solo la conciencia de estar despiertos y hacer de la palabra un principio ordenador para abordar pensamientos y sentimientos.
   El verso de Claudio Rodríguez sirve de título al tercer apartado “Siempre la claridad viene del cielo”. La realidad gregaria obliga a buscar dentro, en los repliegues del tiempo y la memoria, aunque todo sea fugaz como un destello, por más que el pensamiento trace coordenadas hacia el infinito. Lo transitorio exige la balaustrada fuerte de la palabra, el refugio habitable del poema y así en la sección “Hoy necesito el cielo más que nunca”  se hace fuerte la necesidad de transcender.: “Escribir es arar, / trazar en el papel / surcos con versos. / Escasa la cosecha, / si acaso se recoge, / pero es hermoso el campo en esta hora: / tiempo recién arado en dicha plena”.
   Javier Gilabert cierra Todavía el asombro con una coda que integra un único poema titulado “La vida ahora”. Su hilo argumental ratifica la razón de vivir. El movimiento continuo hacia el atardecer que exige dar valor a lo que nos acompaña en cada instante, al sedimento fuerte de los días que inevitablemente llevarán al cielo oscurecido del final. Humana y reflexiva, la poesía de Javier Gilabert tiende al despojamiento y la humildad metafórica. Abraza lo sencillo para que allí construya el fluir de las palabras sus pasadizos secretos, los caminos que ayudan a encontrar a aquel niño que buscaba el paso humano de la escucha, la finitud intacta del comienzo.

JOSÉ LUIS MORANTE



 
 
    

lunes, 16 de octubre de 2023

ABRIR LAS ALAS

En vuelo
Fotografía
de
Internet

 

ABRIR LAS ALAS

 

(Aforismos)

 
 
Solo habla consigo cuando hay un intérprete disponible.
 
La impaciencia aconseja hornear semillas.
 
El toldo del tragaluz es un oxímoron.
 
Entre los misterios de la inteligencia, el empeño de ocultarse a diario.
 
Quien no sabe dónde ir  mantiene siempre un inquebrantable compromiso con el traspiés.
 
La humildad cumple con mérito la función de ser nota a pie de página.
 
Rareza: una amistad sin ánimo de lucro.
 
Cuando aletea cerca, el optimismo recuerda la mínima vibración de una libélula.
 
Esas voces que visten a diario papel de lija y ganan altura cuando callan.
 
Acabé identificando su belleza con el vacío; en ella, todo es nada.
 
Es acaparador y avaro; cuando respira guarda el oxígeno y el anhídrido carbónico.
 
Qué triste la lectura volátil, la que no tiene huellas dactilares.
 
 
(José Luis Morante)
 


 
 
 

miércoles, 11 de octubre de 2023

INVITACIÓN AL OTRO

Reflejos
Fotografía 
publicitaria de internet

 


INVITACIÓN AL OTRO

Si hablo de mí en los versos
muestro la contingencia,
el ropero con saldos.
Alzo el artesonado desmontable
de un poema de época
al que no darán tregua
los lejanos suburbios del futuro.

El lenguaje recela
de esta hojarasca tibia
que toma posesión
de una pequeña casa en la intemperie.

Aprendo a articular los argumentos
en torno a otros motivos.
Contención y pudor.
El yo debe quedar inerme entre la grava;
ser reliquia.
Quien importa es el otro.

     (Del libro Nadar en seco, 2022)





martes, 10 de octubre de 2023

EFI CUBERO. RIZOMA

Rizoma
Efi Cubero
Introducción de Javier del Prado Biezma
Ediciones Mahalta
Colección Poesía
Ciudad Real, 2023

 

EL HONDO RESPLANDOR


   Efi Cubero reúne en Rizoma una amplia muestra de su trayectoria poética en la jovencísima editorial Mahalta. Consigna un desvelado quehacer en el tiempo, pleno de pulsión emocional y estética. La poeta y ensayista de Granja de Torrehermosa organiza su mapa creativo en ámbitos temáticos, como si la materia verbal estuviera formada por estratos conectados entre sí. Las capas sedimentarias alumbran indagaciones en las posibilidades del lenguaje y responden a claves existenciales, cuajadas de misterio, por las que el yo se encuentra a sí mismo. El hondo resplandor impulsa un balance creativo formado por las entregas Fragmentos de exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004), La mirada en el limo (2005), Estados sucesivos (2008), Ultramar (2009); Condición del extraño (2013), Punto de apoyo (2014) y Solo inclasificable 2021). Un largo proceso presente en el desvelo insomne de Rizoma que aglutina también las composiciones inéditas, no conocidas en libro todavía.
  Efi Cubero impulsa un proceso de singularidad y extrañeza para vivir la esencia de las cosas, esos temas centrales que conforman la compleja urdimbre de Rizoma. Los poemas se cobijan sin enunciar de qué libro proceden; conforman apartados que mantienen una sostenida unidad armónica: “Rizoma”, “Ver”, “Hora Prima”, “Travesía”, “Lugares habitados”, “Natura”, “Huellas”, “Creación” y “Amar”. De este modo, percibimos los muros de una casa encendida, un ámbito transcendente empeñado en cobijar belleza en el epitelio del silencio. Es un legado de efectos profundos y sutiles; la sensibilidad en vuelo de un sujeto verbal con un fuerte sentido de su autonomía estética.
   La introducción “Leyendo Rizoma, bajo el enigma del poema”, firmada por la palabra sabia del poeta, ensayista y profesor Javier del Prado Biezma, yuxtapone sondeos interpretativos. Esboza un análisis de intensidad y concisión emotiva en el que se desvela esa red transversal de los matices. Insiste el liminar en la semántica fuerte de “Rizoma” como “tallo subterráneo hinchado de jugo y de gérmenes de vida”; una proyección de la raíz hacia el mundo aéreo que mantiene su oculta esencialidad, su imprevisible dimensión extemporal. La palabra despliega un paisaje conceptual que desvela y muestra la piel abierta de la ontología, la plenitud intacta de lo oracular que se resiste a la brújula analítica del pensamiento y a su empeño de exactitud filosófica. La introducción nada deja en barbecho. Recorre con profunda mirada cada una de las secciones para determinar sus rasgos distintivos, sabiendo que la estructura es lo que permanece, más allá de la contingencia y lo coyuntural.
   La nota de la escritora responde con didáctica concisión al origen del título y a los criterios de selección de esta poesía de la extrañeza que aglutina como material magmático entorno natural, pensamiento filosófico, realidad transcendida, esencia y decurso vital. Todos son lugares del poema. Estaciones de llegada de la conciencia, pulsaciones de incertidumbre de las que emerge una poética y una disposición a la palabra: “La incertidumbre / es mirar más adentro / sin encontrarnos”.
   Quien escribe, pone en vigilia su forma de percibir y ver; se crea una disposición a la palabra, un estar a la espera que busca “enlazar lo distinto para unirse en un todo”. Desde la soledad y la extrañeza el sujeto verbal se hace voz, semilla germinal de una armonía íntima y sin contornos.
  Construir la escritura es dibujar un código de acceso al núcleo del silencio. Los poemas transcriben coordenadas indefinidas; se deslizan por una senda de evocaciones, imágenes y enunciados reflexivos. En las composiciones se hacen accesibles los afanes diarios de una perspectiva ecléctica, de una contemplación que se condensa, donde las certezas son un afán continuo de claridad y transparencia. El verso es refugio pautado que protege y salva, que concede sentido a la volátil sombra del tiempo: “La mirada resuelve / la extrañeza de ser… / O el extravío”.
   En cada sección las composiciones exploran sendas argumentales en las que el devenir existencial se define como vértice central. Vivir es un caminar continuo que hace posible la revelación y el encuentro, la fugacidad de un tiempo en continuo deseo de huida. El incansable andar empuja a encuentros y ausencias, a percibir las marcas en el aire del azar que sostiene nuestros pasos. Junto al yo, el sueño de la naturaleza, la materia que aporta cercanía y conocimiento en la compleja urdimbre de su apariencia: “Por el delgado filo / de transparentes márgenes / busco cobijar los códigos brumosos / de la naturaleza que intento comprender.”
   En el variado contexto escritural de  Rizoma la preocupación metaliteraria está presente en “Sílabas”, “De paz”, o en algunos poemas del apartado “Creación” que definen una manera de mirar el mundo llena de lucidez, nunca abstracta o distante. La creación es un proceso, el justo equilibrio entre trabajo, acierto expresivo e inspiración: ”Alumbrar, pulsar en lo acertado / para sentir el alma allí donde se oculta. / Aquí donde la vida se revela, / desnuda, intraducible…”
   El apartado final hace del amor camino propio. Un tantear continuo en la profundidad de la entrega, en el deseo y en el espacio simultáneo del nosotros sobre la incansable travesía de las estaciones. Después de la partida queda el desvelo del recuerdo, la reivindicación de que en la ausencia también se permanece, aunque se acallen los pasos inciertos. El rumor elegíaco impulsa composiciones de fuerte calado sentimental; la voz de quien no está se retiene con la convicción de una vivencia permanente en “Fotografías”, “Sol”, “Partida” o “Soledad”.   
    Por la identidad poética de Rizoma asoma, vivo y pleno, el movimiento incesante de la luz. La voz que aspira a llegar a ser. La pulsión que resiste la neblina diaria. Las palabras se deshojan de lo transitorio para mostrar una sensibilidad de efectos profundos. Las composiciones contemplan un despertar en el que se concentra la naturaleza del yo y su empeño de transcendencia. Un nacimiento germinal  que busca pronunciar el mudable destino del silencio.


JOSÉ LUIS MORANTE




lunes, 9 de octubre de 2023

CUBITOS DE HIELO

certezas
Fotografía
de
internet


 NADERÍAS

 
Estoy aquí, creo. Aunque desconozco la localización exacta del aquí.
  
Colecciona fósiles. Quiere entender el tiempo sin la atribulada nebulosa de lo inmediato.
  
Como Narciso, hice del espejo un solitario lugar de introspección.
 
Ejemplos del vacío, las estatuas carecen de secretos.
 
Los aforismos  marcan la piel del agua, como la huella frágil de una verdad.
  
Tomo el té a diario con mis limitaciones, para recordar quién soy.
 
Cualquier soledad está repleta de encuentros.
 
Para la confidencia íntima, personal, directa, un tono de voz sobrio alejado del aspaviento.

(Colores de otoño)


 

domingo, 8 de octubre de 2023

CLARA SÁNCHEZ EN LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA

Clara Sánchez (Guadalajara, 1955)
Fotografía
de
Luca Brunetti

 

CLARA SÁNCHEZ EN LA REAL ACADEMIA

  
  El jueves 23 de marzo la candidatura de Clara Sánchez, propuesta por Soledad Puértolas, Carme Riera y Paloma Díaz-Mas, fue elegida en el Pleno de la Real Academia de la Lengua para ocupar el sillón X, vacante desde el fallecimiento del poeta Francisco Brines. Comienza el curso académico y el acto de ingreso de la académica electa será el domingo 8 de octubre en el Salón de Actos de la institución con el discurso de Clara Sánchez y la respuesta de bienvenida de Soledad Puértolas.    
 
 
  La tarea creadora de Clara Sánchez (Guadalajara, 1955), Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, filóloga y docente durante muchos años en la UNED, es cuajada y coherente. Despliega su recorrido en géneros simultáneos como la novela, el relato y el artículo literario. Completan un gran mosaico donde los espacios reflexivos mantienen la sensibilidad del yo y los matices de fondo de una mirada indagatoria sobre los ángulos de la experiencia existencial y el entrelazado de relaciones con el entorno.
  La escritura de Clara Sánchez comienza con Piedras preciosas, en 1989, en un momento en el que la narrativa en castellano se liberaba definitivamente del casticismo anecdótico y los marcados rasgos del realismo, empeñados en la reproducción literal, para acrecentar su dimensión verbal e imaginativa con la influencia de otros ámbitos como la literatura norteamericana, anglosajona o centroeuropea. En ese ambiente de libertad de tendencias la voz de Clara Sánchez emergía con un registro singular que se abre camino con las entregas No es distinta la noche (1990), El palacio varado (1993), Desde el mirador (1996) y El misterio de todos los días (1999). En ellas, la expresividad de lo cotidiano, los trazos de personajes cercanos y el sustrato emotivo son constantes recursos, como si los protagonistas nos tendieran la mano en el dominio expresionista del presente para compartir sus soliloquios biográficos; para que estados de ánimo como la evocación, la soledad o la convivencia diaria se transformen en espacios de conocimiento. La propuesta ficcional de la escritora obtenía en 1999 el Premio ILCH en Wesminster, California.
   Entre la diversidad de sus argumentos, la eficacia constructiva de Clara Sánchez recrear el discurrir de la intimidad y las formas de convivencia en los espacios y atmósferas que definen nuestro tiempo. Así sucede con las urbanizaciones de la periferia de la capital, donde se ubica el nudo accional de Últimas noticias del paraíso. El libro obtuvo el Premio Alfaguara de Novela en el 2000. En sus páginas, la intrahistoria personal convive con las asimetrías colectivas en un tiempo marcado por una realidad paradójica donde se renuevan las formas de convivencia.
   En el despertar del siglo XXI Clara Sánchez  integraba su tarea narrativa en el núcleo central de la novela contemporánea desde las infinitas posibilidades de la normalidad. La naturalidad expresiva conforma escenarios cercanos con la habilidad del espectador que comparte una constante vigilia para reflexionar sobre lo cotidiano y su lumbre sentimental.
   El utillaje formal de Un millón de luces (2004)  busca la claridad expresiva, desde ropajes como la ironía y la ternura. En sus enclaves argumentales conviven evocaciones y pensamientos en torno a la presencia continua de una temporalidad que condiciona la voluntad personal, como se observa también en Presentimientos (2008).
  El ideario ficcional se renueva con un tema de calado en Lo que esconde tu nombre (2010), que obtuvo el Premio Nadal, donde se intensifica en la pupila observadora el peso incontestable de la historia. La escritora recuerda que tras la segunda guerra mundial muchos nazis encontraron refugio lejos de Alemania para vivir una segunda existencia como asépticos ciudadanos sin pasado. Esas presencias inspiran los personajes ficticios de un absorbente relato en el que el terror constituye un estrato contundente en torno a la memoria, la culpa y la indulgencia.
   El tramo de madurez añade nuevos títulos, premios y reconocimientos. Tras la publicación de Entra en mi vida (2012), una inmersión en los contraluces de las relaciones personales, consigue el Premio Planeta en 2013 con El cielo ha vuelto, salida que hace de su trama una inmersión en los estimulantes efectos del triunfo social en la escala jerárquica de protagonistas y secundarios del entorno cercano.
  Los trabajos y días prosiguen hasta el presente con títulos como El amante silencioso (2018) y El infierno en el paraíso (2021), salida con trama de suspense psicológico, que añade a lo real dimensiones mentales y perspectivas. 
   La identidad narrativa de Clara Sánchez es trasversal. Se desdobla en enfoques que van desde el intimismo autobiográfico y confidencial, en el que adquiere fuerza el discurrir de la conciencia, hasta el acento testimonial que muestra las grietas fragmentarias del presente. La escritura imagina las formas de vida de nuestro tiempo y el espacio habitable donde siempre es posible vadear las aceras de la extrañeza y los estímulos que la configuran.
   En el carácter de su prosa seduce el conocimiento de una tradición que asimila nombres como T. Bernhard, Mishima, Tobias Wolff o la cercanía generacional de Soledad Puértolas. La escritora entrelaza en sus historias el tejido emotivo y la temporalidad del presente; en sus parámetros interiores habitan contornos y vivencias que parecen estar en silencio, inadvertidos y fuera de plano, y que conforman el epitelio paradójico de la condición humana.
   Clara Sánchez obtiene carta de ciudadanía en la Real Academia y sus lectores lo celebramos con emoción y alegría, con el convencimiento de que su escritura tiene voluntad de futuro y está hecha para perdurar en la memoria.

JOSÉ LUIS MORANTE
Poeta y crítico literario. Su último libro es Nadar en seco (Crátera / Isla Negra, 2022)
 

                                Cultura infolibre.es

sábado, 7 de octubre de 2023

ANA GARRIDO PADILLA. EL RUIDO TRANSPARENTE



 
El ruido transparente
Ana Garrido Padilla
XXXIII Premio Poesía Barcarola
Edición revista Barcarola
Concejalía de Cultura
 Ayuntamiento de Albacete, 2023

 SILUETAS DEL FRÍO

 

   Desde que iniciara itinerario en 2011 con la entrega Calendarios dispares, Ana Garrido Padilla (Madrid, 1966) ha llevado al lector los poemarios Traigo en vilo los ojos y las ganas (2013), Noticias del asombro (2013), Calendarios dispares y otros poemas, publicado por Lastura en 2014 y escrito en colaboración con Juan José Alcolea y El ruido transparente, que añade a la senda de distinciones de la escritora el certamen Internacional de Poesía Barcarola, impulsado por el Ayuntamiento de Albacete. Esta senda constata una evolución en la temporalidad que avanza desde el fluir remansado del intimismo hacia los espacios reflexivos y existenciales, con amplio entrelazado metafórico y una dicción formal de aliento clásico.
   En El ruido transparente, título de intensa carga sensorial que añade como pórtico citas de José Ángel Valente y Basilio Sánchez, se recorre un paisaje hacia dentro, una estela narrativa de desolación que obliga a retornar al punto cero del yo interior: “Delante de nosotros, donde el agua se inclina / bajo los pebeteros / la eternidad es sólo este cielo rasgado / el ruido transparente, / el peso, antes del aire, / de todas las miradas del eclipse”. Se sugiere así un principio germinal y una situación de partida que marca la configuración del libro y sus estratos de fluencia irracional, con afinidades surrealistas. La sección “Detrás de la promesa” construye un yo poético en primera persona empeñado en la búsqueda y el misterio, frente al baldío territorio de la intemperie. Ha caído la noche. La soledad se hace visible y la sombra aparece como punto de fuga.
   El poema propone una continua inmersión en la transparencia, como si el manso fluir de la conciencia encontrara cobijo y equilibrio en las palabras. En el desarrollo argumental no se busca soporte en lo anecdótico; el trayecto existencial se narra entre fragmentos reflexivos, en poemas breves, en los que también caben rememoraciones y pérdidas con una significativa acumulación de imágenes de gran fuerza expresiva.
   El segundo conjunto poemático “La ciudad sumergida” persiste en construir una atmósfera de soledad y espera. El protagonista verbal percibe el entorno, recupera materia entre los apuntes de lo cotidiano, respira un presente de agua estancada donde todo dormita detrás de la apariencia: “El musgo roza el frío de las inmediaciones / de una piedra futura / Junto al agua estancada, donde todo se agita / debajo del poema / una culpa pequeña permanece en nosotros / en la germinación de lo probable”. Quien percibe recuerda un tiempo anterior que desemboca en la realidad oscura del presente, aunque nunca se cierren las puertas abiertas de la poesía o los datos frágiles de la memoria donde duerme el ayer remoto de las cosas. La existencia tantea para ser aliento y resurrección, para fortalecer el impulso vital que permite vivir el simulacro de una vida más honda, capaz de interpretar la raíz de las palabras: “Y aquí estamos nosotros, como entonces / eternamente nómadas, cobijados al juicio / de una única lumbre / para implorar acaso, en medio de esta noche anterior a su noche / la primera mirada / la urdida por el aire entre los restos / de la desolación”.
   El conjunto final “Al tercer día” funciona como un epílogo; clarifica una semántica asociada a la resurrección y al retorno. Sus versos no abandonan el clima onírico que postula la cercanía de una realidad transmutada, en la que no faltan paralelismos con un acontecer oscuro en el que todo está por hacer: “No queda nada más. Tan solo el trazo de una lluvia cualquiera, / el dorso de la sed, / la lenta eternidad de la vigilia. / Y esta luna sin pliegues. / La herida que nos salva”.
  Acaso salva la belleza de una última luz, esa claridad desvanecida que guarda su misterio detrás de la realidad diaria. El ruido transparente postula una mirada compleja, densa y simbólica. Los poemas de Ana Garrido Padilla, con un gran poso cultural que en ocasiones recuerda a los novísimos Pere Gimferrer y Antonio Colinas, tratan de indagar entre los pliegues de la conciencia, sin recurrir al discurso especulativo y lógico. Afronta un recorrido más allá de la duda y en el extravío. Un pacto de coexistencia entre el presente que huye y se desvanece y un ayer que parece todavía el portador cansado de una antigua inocencia.

JOSÉ LUIS MORANTE



viernes, 6 de octubre de 2023

DE AMICITIA

En compañía
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

DE AMICITIA

Este cansancio que precede al sueño
habla de ti.
Te imagino a diario
en la oscura calleja de la historia,
en un país que asoma su futuro
a los acantilados
y guarda la poesía
en sórdidos refugios,
donde, con luz dudosa,
anulan por decreto cualquier felicidad.

Es marzo y primavera
y sé que la palabra
rechaza el pesimismo destemplado
que salpica mi voz.
Prefiero un despertar de manchas rojas
inundando el rosal
y el rocío brillante de los primeros brotes.

Yo también. A diario
intuyo un cielo azul ante los ojos
y el incendio del sol
mientras suena de nuevo
la música apacible
que llena los sentidos de esperanza
y estrena amanecida.
Y así busco respuestas cada noche
mientras arde en las manos
la palabra amistad,
para amainar diluvios
con un arca debajo de los brazos.

      ( Del libro Nadar en seco, 2022)