jueves, 31 de agosto de 2023

TEORÍA DEL SUEÑO

Miradas a la luz
Menorca, 2023
Fotografías
de
Adela Sánchez Santana

 

TEORÍA DEL SUEÑO


Todo sueño cumplido es prematuro.
Su tácita presencia pone en duda
que hasta ayer mismo fuera
objeto de un afán cuyo rescoldo
no se apagara nunca.
La posesión no acalla 
esa voz inquietante
que aspirara a lograrlo,
ni da paso a la tregua que permite el sosiego.
Intangible y fugaz
como el surco del ángel
los perfiles del sueño no conocen
la hondura hospitalaria del espejo
ni el peso de la luz.

    (De Un país lejano, 1998)





miércoles, 30 de agosto de 2023

APUNTES DE VUELTA

Elogio de la relectura
El último apaga la luz
Obra selecta
Nicanor Parra
Selección y edición
de Matías Rivas
Editorial Lumen
Barcelona, 2017


APUNTES DE VUELTA

   Bajo las palmeras, frente al mar, busco sombras de plata para disfrutar de la obra selecta de Nicanor Parra El último apaga la luz (Numen, 2017), con selección y edición de Matías Rivas. Del poeta chileno de la antipoesía sorprende siempre su originalidad temática desbordante, su defensa del prosaísmo extremo, ajeno a la ornamentación literaria, su ironía y su espíritu crítico hecho de humor, benevolencia y umbral paradójico.  

   Final de agosto y sensación de estar fuera de sitio, en ese ahora de las sombrillas sin reloj donde los quehaceres pendientes, esos inevitables trabajos y días, me parecen un banco de medusas.

  Cada madrugada, los estragos del botellón. El cutrerío y la desvergüenza de los alborotadores nocturnos asolan el reposo. Añoro, como eterno ingenuo social, la complicidad y el respeto de la convivencia. Ya se sabe que cuando cabalga el idealismo pone herraduras de terciopelo.

   Me despegué de inmediato de la trituradora social y de la caza de un sujeto zafio e impresentable. Me ha parecido una desmesura de sensacionalismo atroz. Mientras silencio y discreción extrema en lo que de verdad importa: la situación política, la gestión de los fondos europeos, la dependencia absoluta del turismo de nuestro PIB y la brecha social cada vez más acentuada y profunda.

(Agosto, 2023, notas para el diario) 






martes, 29 de agosto de 2023

VENGANZA

Simetrías y hábitos
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana
(Menorca, 2023)



 VENGANZA

   En la casa, dormir es un acto fallido, un hábito que dobló la esquina. Todas las noches le acompaña el insomnio hasta el amanecer. Al instante siguiente de quedarse dormido el estruendo sonoro de una voz que llega puntual desde la nada asola sin remedio su reposo nocturno. No sabe que ese grito nace en él. Tampoco sabe que es una venganza de las palabras por todo lo que habla de más cuando está despierto.

(De Cuentos diminutos)

 

lunes, 28 de agosto de 2023

PIEDRA CALIZA (EPITAFIOS)

Enterramientos megalíticos
Menorca, 2023
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


 

 

PIEDRA CALIZA

     (Epitafios)

 

   

“He soñado con la realidad. Con qué alivio me he despertado.”
                                                                                              STANISLAW  J.  LEC
 
 
La muerte no  es nada,
cuando existimos ella no existe
y cuando aparece, nosotros desaparecemos.
                                                                                       EPICURO
 
 
                                   I
 
En su artesana construcción del silencio,
la muerte no reconoce
ninguna otra verdad.
 
                                   II
 
Otra noche.
Sobre mí  prosigue su labor
la luna quieta.
Carezco de otra luz.
 
                                   III
 
Queda mi nombre
y la serenidad de este paisaje
que no sabe quien fui.
 
                                   IV
 
Agudizo mi vocación fantasma.
Miro sin comprender
y reclamo razones para estar en la nada.
No hay respuestas;
la pureza del aire
habita el desamparo.
 
                        V
 
Un manto de raíces y una brizna de sol,
pero las formas se han desvanecido
en el escaso jugo de una tierra estéril.
Estoy con otras sombras y nos une
la mansa convivencia,
el aire de familia
de los que nada piden al futuro.
 
                        VI
 
Vuelven los ecos y dibujan mapas,
un recorrido de memoria y sueño
que convierte al que fui
en terco pasajero de otra ruta
que ya no identifico.
El pasado se puebla
de restos arqueológicos.
 
VII
 
Ahora vivo debajo de las cosas,
con vocación de sima.
A tientas me desplazo
sin que se marquen huellas
ni dejen una imagen
los lugares de paso.
Nada sucede aquí;
nada sucede.
 
                        VIII
 
Callé.
Después de todo,
cobijo la pereza.
En el silencio, nadie;
un estar sin contornos que tantea
 y mide con desgana
el transcurrir del tiempo.
 
 
IX
 
Camino dentro
de un dédalo de calles
y paisajes extraños
tras un rastro invisible.
Prosigue la deriva;
es terca voluntad
que empuja hacia otra parte.
En un tiempo sin tiempo,
ensordecido,
busco un lugar
para empezar de nuevo.
 
 
 X
 
Epitafios;
un triste empeño en seguir hablando
cuando  se consumió
mi turno de palabra.


     (Del libro Ninguna parte, 2013)
 
 
                                   JOSÉ LUIS MORANTE
 
                                  

domingo, 27 de agosto de 2023

JULIA BELLIDO. DESOBEDIENTE

Desobediente
Julia Bellido
Editorial Garum
Huelva, 2023


 

  ITINERARIOS DEL YO  

                        

   Con un recorrido poético que ya cumple trece años de escritura y aglutina las entregas La decisión de Penélope (2009), Mujer bajo la lluvia (2014); Las voces del mirlo (2018) y Hojas del Ginkgo (2020), Julia Bellido (Jerez de la Frontera, 1969) ha moldeado una propuesta poética de innegable calidad literaria que aglutina matices en torno a la identidad femenina y conecta intimismo, naturalidad expresiva y trayecto biográfico. En suma, una poética siempre asociada al paso frágil de lo cotidiano.
  El tema central de Desobediente, entrega organizada en cuatro tramos que llevan por título “Un animal independiente”, “Sin una habitación propia”, ”Canción triste de Ariadna” y “Cosmic consciousness” es un sondeo ontológica del yo y su gestación en el tiempo. Cada devenir existencial no es sino un cúmulo de vivencias que aportan una manera de percibir el entorno y sus relaciones con el hablante lírico. El apagamiento de cualquier idealización es la verificación melancólica de la tristeza y es, al mismo tiempo, un ejercicio supervivencia entre lo que se inicia y lo crepuscular. De esa condición no están exentos los objetos cercanos, ni siquiera en la infancia, etapa que, entre sus líneas formales, va mostrando fisuras que, antes o después, acaban siendo morada de la decepción y la melancolía.
  Todo el primer apartado, “Desobediente” incardina esta sensación de aprendizaje y de vaciamiento de cualquier utopía. Con “palabras de familia tibiamente gastadas” Julia Bellido da al transitar del yo y a su aprendizaje vivencial una formulación intimista. Comparte sin concesiones el fluir de la conciencia.
   La fuerza confidencial de quien comparte el soliloquio sentimental impregna los versos del poema homónimo: “Mis padres me prohibieron ser feliz”. El marco doméstico despliega una realidad significativa donde cada rincón deviene experiencia del náufrago que ha perdido la luz y el aire fresco; apenas puede impregnar de aire limpio pulmones y sentidos. Y así nace, como fuerza central, la voluntad del ser por huir hacia sí mismo y hacia sus propias convicciones, sin esperar manos tendidas de nadie y rompiendo ataduras y ritos: ” … Y la niña, tan pequeña y pálida, / -mi yo más inocente-, se aleja de sí misma / hasta desvanecerse”. Poco a poco el mapa de recuerdos fortalece otra identidad más segura y más fuerte, esa mujer que se dilata y expande en su conciencia para reclamar sitio sin prejuicios y sumisiones, dispuesta a vivir con fuerza la historia personal, a “ser desde dónde”, a dejar atrás culpables y a superar también el picotazo de la culpa cuando las evocaciones manipulan y transforman la historia personal.
  El título “Sin una habitación propia”, eco literario de Virginia Woolf, alienta una poética de la escritura y su apuesta por retener lo transitorio y su diversidad, aunque sea con una visión autónoma y fragmentaria. La palabra es posesión, un patrimonio único que va guiando lo contingente hacia la costa abierta del poema. Impulsa una meditación sobre el transcurso y hace habitable un espacio de continuo devenir: “El verbo es un camino / y el principio de todos los caminos”. En él las palabras encauzan o se contradicen, marcan los pasos de una historia en el filo de la realidad y el sueño, que muestra la desnudez de un sujeto que se mira a sí mismo con los ojos cansados de quien adivina su disolución en las palabras de un presente continuo.
   El mito clásico de Ariadna, la hija del rey Minos, enamorada de Teseo, nos dejó en el canon literario un personaje de luminosa belleza e ingenio fuerte. El referente cultural sirve a Julia Bellido como pulsión poética del tercer apartado “Canción triste de Ariadna” donde la soledad y el abandono se convierten en hilos argumentales. Estar solo supone moldear de nuevo el espacio afectivo y salir del repliegue sin heridas ni huellas. Desde esa toma de conciencia nace una indagación profunda, no exenta de melancolía, que exige aceptar las mutaciones de lo real y percibir un lugar propio al margen o a trasmano. La enfermedad y el dolor se hacen compañeros de viaje y se alojan en cuerpos cercanos que ponen el foco en la propia impotencia y en la necesidad de hallar refugio en una manera de estar que dictan las palabras, los libros y el recuerdo.
   El conjunto final “Cosmic consciousness” (Conciencia cósmica) alude a la superación de los límites del sujeto y la transcendencia del ser que despierta a otra forma de conocimiento y percepción. Pero el personaje verbal acepta plenamente sus limitaciones y huye de cualquier búsqueda de lo que no existe; sencillamente se apega al hecho de vivir, a la hermosa cercanía de lo minúsculo y su insignificante apariencia; es en ese entorno donde mejor se encuentra, donde percibe los trazos del perfil más ajustado. Las preguntas existenciales requieren sensatez, buscar las coordenadas naturales que ubican el origen y nos acercan a un paisaje cercano, a ras de tierra.
   Desobediente ahonda en la naturaleza temporal y meditativa del hablante lírico. Explora la forma primigenia de los sentimientos y sus pasos oscilantes, mientras la realidad dispersa instantáneas e interrogantes. Poesía cercana, confidencial, de epitelio transparente, escrita con una impecable cadencia musical. Poesía que convoca entre las sombras la luz en claro.


JOSÉ LUIS MORANTE



sábado, 26 de agosto de 2023

UN PASO MÁS ALLÁ

Un paso más allá
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

 EL LUGAR QUE OCUPAS


Si miras con atención el lugar que ocupas, donde estás no hay nadie.

 En el apagado discurrir del tiempo, adanes primigenios que aguardan todavía una manzana.

 El  verbalismo artificioso encala la escritura, pinta fachadas de víspera de feria.

 En la madeja de la gratitud se apelmazan los hilos sueltos.

 El después asegura un tedio prometedor, hecho de puntos suspensivos.

 En la poesía bucólica, espontánea colaboración de una coral ecológica: piedras, juncos, pájaros y nubes…

 Carne tranquila. Senectud.

 En las conversaciones con desconocidos los intermediarios más eficaces son la elusión, la sensatez y el silencio. 

La poesía es un yo caligráfico, angustiado por su propia identidad.

Aversión a la lógica. Un pensamiento único y en continuas tareas de agitación.

Punto de fuga. Nostalgia de un lugar que no existe.

En la línea de costa inéditas aleaciones de cangrejo y medusa.

El mar y yo; ese ayuno verbal simultáneo

 Todo final es un paso más allá, el punto cero de un comienzo.


(Aforismos de gratitud)




viernes, 25 de agosto de 2023

DÍA DE CUMPLEAÑOS. HABITACIÓN PROPIA

La quietud del corredor de fondo
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia


 
HABITACIÓN PROPIA

                  Día de cumpleaños
 
Yo no tuve en mi casa de la infancia
ninguna habitación que fuera mía.
El temprano internado propició
la ruptura de inercias,
las laderas de tiempo donde se cobijó la soledad,
el soplo de rocío de los libros
y el calzado poroso de corredor de fondo
que me trajo hasta aquí.
 
A diario sopeso todavía
esos cambios de luz,
el bullicioso enjambre de la dispersión.
Aquella carestía originaria
ahuyentó el desarraigo
y estoy agradecido;
la propiedad es solo un trampantojo.
La vida es movimiento.
Dentro de mí convergen las aventadas formas
de un viaje interminable
que muestran su belleza en otro sitio.

                                        (Inédito) 



 

miércoles, 23 de agosto de 2023

ESTEFANÍA CABELLO. QUIENES LLEGARON

Quienes llegaron
Estefanía Cabello
Editorial Cántico
Colección Doble Orilla / Narrativa
Córdoba, 2023

 

UN LUGAR EN LA NADA

 
   La biografía intelectual de Estefanía Cabello (La Carlota, Córdoba, 1993) se amolda a una doble labor que aglutina escritura y gestión cultural. Su carta de amanecida Trece segundos para escapar aparece en el catálogo de la editorial Torremozas en 2017. Sólo un año después llega a las librerías La teoría de los autómatas y confirma una senda lírica de excelente textura el libro El cielo roto de Shangái, su más reciente título, publicado en 2022 en la colección de poesía de Bartleby que dirige Manuel Rico.
   Con Quienes llegaron aflora la estrategia expresiva del relato en el taller de la cordobesa, que ahora realiza la tesis doctoral internacional en literatura española. Esta propuesta narrativa contó para su realización con una Ayuda Extraordinaria a la Creación 2020, otorgada por la Consejería de Cultura y Patrimonio de la Junta de Andalucía. La nota de contraportada clarifica que Quienes llegaron, escueto aserto que sugiere un tono elegíaco y la indefinición del encuentro en el transcurrir temporal, mantiene un enfoque que “ahonda en lo ancestral y en el territorio, planteando como eje articulador los múltiples sentidos de la mujer”. Una breve nota prologal recuerda una contingencia histórica que afecta al plan de colonización demográfica de Andalucía  en  Sierra Morena durante el reinado de Carlos III, de modo que el pasado marca también su lugar propio en la formación de una genealogía colectiva que despliega su cadena de causas y efectos hasta el presente.
   Abre la compilación el relato “Hermana”, una ficción con la claridad del campo abierto y la pupila luminosa de lo autobiográfico. Habitar el primer tramo de la infancia da por sentado que en el hecho de vivir aguarda gozo y alegría. Pero el patrimonio afectivo está marcado por lo transitorio; presenta grietas como la soledad, la extrañeza y el desamparo frente a los otros. La travesía del sujeto aporta conocimiento y tejido sentimental, siembra esperanzas y sueños y deja en cada cruce de sendas el encendido abrazo de la inocencia. Son colores de mediodía que no tardan en diluirse en el inevitable transcurrir de la decepción.
   El espacio doméstico se convierte en marco de representación del relato “Aquí nunca pasa nada”. La rutina define el estar donde el hablante verbal Marita convive con presencias femeninas que ejercen papeles secundarios y aceptan un destino impuesto realizando labores de la casa. Todas las voces perciben una segunda dimensión del yo en la que caben la tragedia, la inquietud y el desamparo. Los miedos de siluetas en sombra que provienen de un mundo lejano y distante, solo entrevisto por los ojos de la memoria. La convivencia de la niña con la abuela cobija intimidad y alumbra una evocación solidaria y compartida que rememora recuerdos o ve crecer, desde los pliegues de la memoria, lejanos acontecimientos que se recuperan bajo los latidos de la nostalgia.
   La fuerza narrativa de la pieza “Los Blanchot” sobrecoge. El argumento plasma el oscuro poblamiento de un territorio inhabitable hecho aridez, enfermedad y vacío. Entre la crónica epocal que convive con la percepción subjetiva y la intimidad confidencial se hace palpable la inútil esperanza de aguardar un futuro mejor. “Los Blanchot” muestra el hondo discurrir de lo humano. Se realiza un mínimo inventario de esperanza y ese atemperado latir que muda la percepción consumidoa por el espejismo de un mediodía vital imposible.
   También en el cuento “La venta” la desolación y la pérdida están conectadas con el fatum que erosiona cualquier acceso a la felicidad; la luz de la existencia en medio de la nada se hace muy pronto penumbra clarificadora y certeza plausible de un final doloroso. La soledad se impone como un epitelio frío que oculta una geografía de demoliciones. Queda la sombra ausente de una joven que lo perdió todo y que vive el presente como una estela incierta que no lleva a ninguna parte. Sirven de coda a Quienes llegaron los cuentos “Un desvío inesperado”, “Suerte Rosales” y “La línea que termina en mi nombre”. En el primero, una voz omnisciente hace de la mudanza de una pareja a un entorno rural una estela reflexiva sobre los meandros de la convivencia: la comunidad de vecinos se convierte en una cárcel de iniciativas y frustraciones. Es necesario la huida, esa disposición del yo para “alejarse de aquel sitio, de aquella gente, del rumor constante, alejarse de la soledad en la soledad” para que cobre formas un paisaje con los trazos de un porvenir renacido.
 También la soledad y el dolor son rasgos caracteriales del entorno en el contenido de “Suerte Rosales”. En el fluir del cuento retorna el drama familiar de los últimos pobladores de un cortijo aislado en la aridez de la llanura y de los dramáticos sucesos que se clavan, como punzantes cristales, en el imaginario del lugar convertidos en leyendas. La experiencia de una realidad trastocada cobra una dimensión extrema que clausura cualquier salida a la esperanza.
   La tesela final “La línea que termina en mi nombre” cobra un peso ancestral. Escala el árbol genealógico para perfilar en la historia familiar la presencia de algunos personajes significativos, como el bisabuelo, cuya identidad busca asentimiento y mitificación, traspasando tabiques del pasado.
  La compilación narrativa de Estefanía Cabello explora la paradójica intensidad de un territorio que es al mismo tiempo geografía y estado anímico, desarraigo y apertura auroral. Y en esta dialéctica contradictoria se dan la mano las contingencias del hábitat, en el que se descubre una relación de pertenencia, y las indagaciones de la intimidad. El resultado es un gratísimo viaje lector que deja la tersura luminosa de una escritura que revisa emociones y sentimientos, con la conciencia de quien busca enlaces entre pretérito y ahora, mientras hace balance de su estar en la orilla. Ascuas vigorosas que guardan en su pupila el calor de la mudable geografía del tiempo.     
 
 
JOSÉ LUIS MORANTE



 

martes, 22 de agosto de 2023

EL DÍA QUE VOLVÍ A VER FÚTBOL

Miradas
Oropesa del Mar
2023
 

EL DÍA QUE VOLVÍ A VER FÚTBOL


Porque me gustan las jugadoras que hacen de las ascuas del verano un sol especular para la historia.

Porque las futbolistas dejan en la distancia una tarde de luz celebratoria, con rasgos de ejercicios de ballet.
 
Porque mañana aspiraremos el humo de los titulares como si fuera bálsamo y olor a dama de noche que expande los valores éticos del deporte más allá del resultado.
 
Porque el partido de la final convierten las gradas en un escenario de aspiraciones comunes. 
 
Porque olvidaremos por un día las tertulias vociferantes de la inestabilidad política  que transforman los acuerdos de la convivencia común en noche oscura que despierta mi vocación de eremita.
 
Porque ese gol con la zurda deja en el taller literario argumentos donde la delantero centro se compadecía del portero y fallaba  un penalti, o las reservas tenían dos camisetas y querían jugar  medio tiempo con cada equipo, o la chica que pitaba el partido después del final llevaba flores a una muchacha de la grada cero.

Porque nadie vio a un presidente calvo, zafio y baboso besar con estridencia a una jugadora y el gesto pasó inadvertido y sucio, para que no empañara una tarde de gloria. 
 
Por eso –y porque la selección femenina de fútbol ha ganado el Mundial- un día encendí el televisor, dejé solo al socorrista en su azotea frente al mar, y volví a ver fútbol. Después salí a la calle, vi en las manos de muchas niñas aquellos cromos de  la infancia que pusieron color a un día único y a un equipo completo. Y entonces sonreí. (O casi)

(Homenaje)



lunes, 21 de agosto de 2023

APARICIONES

Teoría de lo invisible
Menorca, 2023

APARICIONES

 

   Como si necesitase propagar las nociones del miedo, su desastrada imagen regresa de improviso. Recuerda un destello diluido que va perdiendo intensidad. Hay en su gesto un estar apocado que ubica en el paisaje la silueta invisible. Conjetura que respira ese tiempo donde los fantasmas no son pesadilla sino compañía.

Del libro Cuentos diminutos




    

domingo, 20 de agosto de 2023

LABERINTOS

Laberintos
(Ciudadela, Menorca, 2023)

  

A SORBOS 

JOSÉ LUIS MORANTE 

                                                                                               

Todo es siempre menos
 
JRJ
 
 
Extremó la prudencia verbal; no aventura palabras si no es en presencia de su diccionario.
 
***
 
Afrontar sin amargura, sin gestos de abandono,  que lo que pensamos oculta lo que somos.
 
***
 
Su cerebro contiene dos ideas; son tan opuestas que entre ellas cabe un sistema filosófico.
 
***
 
Al florecer el día  rompe la quietud del reloj un aforismo. Sorbos cortos.
 
***
 
Basta mirar la penumbra de alrededor para saber que no estoy.
 
***
El puño cerrado de quien corta rosas.
 
***
 
Una pobreza de hospitalidad irrefutable, capaz de ofrecer su vieja cama de faquir.
 
***
 
El silencio y su fuerza de convicción. Sabe quién responde cuando nadie llama.
 
***
  
El prudente convierte en coma cualquier punto final.

(MÍNIMA ANTOLOGÍA PERSONAL)




sábado, 19 de agosto de 2023

INVITACIÓN AL SILENCIO

El otro y yo
Librería la Central
Centro de Arte Reina Sofía, Madrid



 INVITACIÓN AL SILENCIO


En estos días
de resplandor cansado,
a punto de cerrar cualquier grafía,
callo y delego en ti,
mon semblabe, mon frère.

Se deshizo mi rosa;
pertenezco a ese tiempo
que ha colgado su inercia en la pared,
terca mancha de musgo.

Ya no me queda nada por decir;
incluso cuando clave las desgastadas uñas
en la obviedad y la contradicción, seré silencio.

Pasan nubes sin ruido. Yo, también.

     (De Nadar en seco, 2022)



jueves, 17 de agosto de 2023

UNA CONVERSACIÓN CON EFI CUBERO


Efi Cubero
Fotografía
 de
Alfonso Quiñones Huedo
Archivo personal de la escritora 


 LA SOLEDAD GOZOSA

(Entrevista con Efi Cubero)


Nacida en Granja de Torrehermosa (Badajoz), Efi Cubero hace de su quehacer literario un trayecto singular que fortalece la voluntad de aislamiento y el despegue de modas, etiquetas reductivas y grupos. Los libros crecen como árboles en la llanura, en soledad gozosa 

Reconocida como poeta, ensayista y narradora, ha realizado estudios de Historia del Arte, Lengua y Literatura en Barcelona donde residió desde niña hasta hace poco tiempo. 

Autora de los libros, entre otros, Fragmentos de exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004), La mirada en el limo (2005), Estados sucesivos (2008), Ultramar (2009), Condición del extraño (2013), Punto de apoyo (2014) Esencia (2019) y Solo inclasificable (2021)

Ha colaborado en varios libros de ensayos, por ejemplo, en los volúmenes de la Colección Arquitectura y Humanidades, dirigidos por María Elena Hernández Álvarez, de la UNAM, México, 2015- 2021. Numerosos poemas, ensayos, narraciones y entrevistas a personajes del mundo del arte, la ciencia y la literatura le han sido publicadas en diferentes antologías y en revistas académicas de pensamiento o literarias de España, Europa y América.

Su estancia en Barcelona coincide con un abrumador despliegue de iniciativas culturales que convierte a la ciudad en epicentro literario del país. ¿Qué recuerdos guarda de esa etapa vital?

Un recuerdo gratísimo e inolvidable. Barcelona fue mi lugar de residencia y de formación desde los once años. Una ciudad abierta al mundo y a las vanguardias, de una riqueza cultural asombrosa y muy viva. Mi centro vital de estudios y aprendizaje. Allí fui corresponsal de Frontera y ejercí durante años como crítica de arte para Revistart y otras publicaciones, y tuve amigos extraordinarios y fieles hasta el final como José Agustín Goytisolo y su mujer Asunción Carandell, por ejemplo; o su hija Julia a la que quiero mucho, Carme Riera, José María Valverde y Pilar Gefaell, Arnau Puig, Joan Brossa, Rufino Mesa... Sería interminable citarlos a todos, fueron muchos y muy buenos. Hace muy poco tiempo volví de nuevo a mi tierra de origen, Extremadura, pero en esa ciudad sigue residiendo toda mi familia, y buena parte de mis amistades de siempre. Desde allí conocí gran parte del vasto mundo, tuve dos hijas a las que adoro, junto al amor de mi vida, Alfonso. Un solo amor que lo será por siempre, aunque ya no esté entre nosotros. 

En cada una de sus entregas hay una perspectiva distinta, pero a mi modo de ver todas tienen en común el sustrato meditativo y esa semántica de extrañeza de quien percibe en la existencia un horizonte de puntos de fuga. ¿Hay un magma común en su estela poética?

Concibo mi propia obra como un Todo donde no existen cronologías de tiempos ni de espacios. Y, efectivamente, esa acuñación de poesía de la extrañeza es lo que sin duda la define, o me define. Somos extraños los creadores. Buscamos la esencia pero estamos muy atentos a la realidad del mundo. Ante lo que escribo y creo, siempre estoy desnuda y cuando se establecen los vínculos precisos entre esa conjunción de latido, pensamiento, alma, imagen, palabra, emoción, experiencia, hondura existencial, naturaleza y conocimiento, junto a la tensión expresiva entre el desasosiego y la calma, deviene ese "todo" que puede ser muy bien el punto de fuga que me permite avanzar hacia lo que no tiene fronteras ni las desea. Escribo desde el presente sin obviar el pasado ni ignorar el futuro. Intento hacerlo desde mi propia e irreductible verdad, con hondura y sentido. Lo que persigo siempre es lo inimitable, e inclasificable. Ese SOLO.

El molde formal de su poesía tiene un claro sentido clásico, como si la experiencia vital necesitara el contrapunto del acervo cultural y la lectura. ¿La tradición es siempre una presencia continua?

La tradición es sin duda un sedimento que no hay que perder de vista como base o cimiento de algo profundo y sólido. Para fundar algo nuevo hay que conocer primero muy bien el palimpsesto de la herencia común. El don de la extrañeza, que es decir del poema, te lo conceden. Un poeta verdadero lo sabe, pero ha de merecerlo. Si esa semilla o germen se arroja al pedregal, no vale nada. La tradición hay que asumirla pero para abrir nuevos cauces y sentir tu propia voz sin referentes que lastren, de lo contrario te aplastaría.

Stéphane Lupasco dice en “Las tres materias”: “La elección en el fondo, se hace entre el sueño y la muerte” y, en ese principio de contradicción, aclara que ante la gigantesca acumulación de hechos que la memoria registra, el sueño aparece como la anti memoria donde los acontecimientos no siguen el mismo ritmo o el mismo orden que estos tienen en la vida normal. Son algo así como metamorfosis permanentes de lo vivido. El sueño de la poesía fracciona,  disgrega, trasciende y transforma esa masa de recuerdos sin fin que llamamos la vida despierta. El sueño lo reduce todo a lo esencial, a lo soportable. Frente a la tradición, sin descuidarla, el sueño subversivo del poema no omite la realidad porque, en realidad: ¿qué es la realidad, o a qué llamamos realidad?

Aunque escribe crítica y ensayo y ha realizado excelentes entrevistas, ¿la poesía es estación central de su quehacer literario? En el poema existen una amplia variedad de enfoques, pero yo mantengo una certeza limpia: sin emoción no hay poesía. ¿Comparte esta reflexión?

Efectivamente la poesía es mi mundo. Lo que me habita y donde habito desde que me conozco. Todo lo que hago está atravesado por ella. Mi extrañeza. 

Mi vida gira y ha girado siempre en torno a ese misterio o enigma que no hace concesiones y se sostiene en un despojamiento en el decir que no admite jamás palabrería.  En realidad es casi como un suicidio metafórico, un “desnudar el misterio de lanzarse al vacío. / Darse de bruces con su propio fondo.” Como afirmo en uno de mis poemas. 

Comparto absolutamente su opinión. Sin emoción la poesía es sin duda otra cosa. La poesía ha de latir, vibrar con lo que somos, un yo que no es solamente privativo, sino universal, sin tiempos, ni épocas. Ese nosotros  que es un legado inmaterial y tan hondamente humano.

Todo poeta fortalece un mundo propio, una senda de temas recurrentes; en síntesis, ¿Cuáles son los vértices esenciales de su obra poética?

En primer lugar, como dejé apuntado, la extrañeza de ser y de vivir. Soy nómada y fronteriza a la vez y desde ese filo incierto hallo la autenticidad de esta andadura existencial. El enigma indivisible que sin duda somos. La creación es la vida y la vida es creación e interrogante.

Una vez escribí: ¿Cuándo acontece la poesía? En la soledad. En comunión con lo sagrado que nos enlaza al universo desde lo cotidiano. Es así mismo esta cosmogonía del interior lo que nos obliga a dialogar, con nuestro yo profundo y lo que nos envuelve, desde la intimidad más absoluta. El fuego ceremonial del que se reviste la poesía verdadera, desde los tiempos todos, sucede en ese instante mismo de la celebración que es también elegía. En la infinitud de un misterio donde todo respira sin imposturas. Es la vida y la muerte, la materia, el espíritu. Deambular por la red de las preguntas de este texto - tejido en la alta noche,  y por supuesto en la mañana clara. En un poema con autenticidad puede encontrarse todo: la pureza del barro, lo cotidiano, el manantial subterráneo del conocimiento, la música y el arte, la filosofía y hasta la teología. Talar lo irrelevante y desechar la hojarasca. Un poema existe como la vida, forma parte de ella, es la vida misma que arde consumiendo todo lo que nos sobra y azota lo que hiere. 

La vida en suma. Es acaso la "nada" pero esa "nada" de los místicos que lo contiene todo. Llegar a semejante inmensidad y deshacerse en ella para ser, sería para mí la máxima aspiración.

Como el arte en Esencia, la música adquiere un papel vertebrador en Solo inclasificable. ¿La belleza es un todo global que cobija en su mapa distintas parcelas estéticas? 

Así es. Bien, Verdad, Belleza. Máxima de los griegos y mi propia máxima, que no oculta el reverso de la sombra. Penetrar en una obra, sea presente o pasado, es atravesar los espejos desdoblados del tiempo y situarte al lado del artista mientras la está creando. Es la fascinación de la eternidad. Vibrar con lo que realmente trasciende al autor y al que lo escucha, lee o contempla. Para durar como las piedras, hay que soportar inclemencias, descifrar, encontrar y encontrarse. Para ser tan preciso y sutil como el aire hay que velar muchas armas, entablar batallas interiores, hacerse preguntas que jamás tendrán respuestas, caminar en la intemperie y sangrar tantas veces cumpliendo un destino…Ese fatum. Todas las artes parten de un mismo fondo. Ese desasosiego que nos enlaza, esa llama que siempre alumbra, pese a todo. Un regalo que casi nunca nos está destinado pues pertenece al Mundo, y una vez aventado ya no nos pertenece. Conscientes de esa certeza, caminamos creando.

¿Qué lazos ciñen ese abrazo entre música y poesía? 

Todo es música. La poesía la contiene en las palabras. La música existe desde el principio, desde el agua que cae sobre las hojas, el rumor del viento, la verdad del silencio que se escucha entre líneas. Todo.

La palabra resuena en los espacios dotada de armonía. Ese abrazo siempre será indivisible.

Se anuncia ya un nuevo trabajo poético; mi más cordial enhorabuena. ¿En qué momento editorial se encuentra?

Mil gracias. Sí, RIZOMA está casi a punto casi de ver la luz. El 14 de septiembre, según la Editorial Mahalta, arranca. Lleva un prólogo de excelencia del gran Javier del Prado Biezma. Para mayor comprensión transcribo parte de la nota que publico en el libro. “Rizoma comenzó a gestarse a partir de una conversación en mi casa de Granja de Torrehermosa con el poeta Francisco Caro que, como colaborador de la editorial Mahalta, me sugirió la idea de una amplia antología que yo misma seleccionase y que supusiera una muestra de la evolución de mis preocupaciones poéticas a lo largo del tiempo. Recuerdo que no tardé demasiado en aceptar el reto. Más tiempo me llevó, varios meses, la labor de selección y la incorporación de inéditos que la forman y se ofrecen.

La palabra Rizoma, que he elegido como título, recoge perfectamente lo que viene siendo esta Poesía de la Extrañeza, como a mí me gusta definir lo que escribo. Es el trenzado invisible de todo, un concepto filosófico que no admite jerarquías, una raíz que está en nuestro ADN y en el árbol, y también radialmente (en todas direcciones). Rizoma es sustancia poética y reflexiva. Se eleva como una columna salomónica y, a la vez, es la raíz nutricia que escarba en el subsuelo, ara la tierra y la abona. Es por tanto Espíritu y Materia. Rizoma representa muy bien lo que el lector hallará aquí: Naturaleza y Filosofía, Metafísica, Esencia y Existencia. Simboliza muy bien todos los elementos en este libro representados, de una u otra manera. Durante el periodo en que trabajé en él, barajé varios títulos, pero fue el poeta Álvaro Hernando, que conoce bien mi obra editada, aunque no el contenido de este libro, el que sugirió este epígrafe con el que no puedo estar más de acuerdo.

Advierto a los posibles lectores que he querido organizar los poemas alrededor de las líneas de fuerza que los atraviesan antes que atender al criterio cronológico. No importan tanto cuándo surgieron como las razones y las emociones que los hicieron nacer. Los epígrafes que amparan los diversos apartados dan una idea clara de mis motivaciones, de las urgencias que me llevaron, y llevan, a escribir los poemas que representan un itinerario que, como el título de uno de mis libros, será siempre un Solo Inclasificable. En este sentido, he preferido también no diferenciar los poemas inéditos que se contienen de los ya editados. Todos, aquí y ahora, forman una pequeña parte del corpus de mi obra poética, de mi vida, puesto que la creación y la emoción continúan, más vivas que nunca.”

Los medios difunden un sospechoso afán de estar al día a base de catálogos efímeros y de una clara saturación de best sellers, obviando la elección personal. ¿Qué libros conforman sus lecturas de verano?

No hago caso a lo efímero de lo recomendados. Amo lo bueno.

Leo los libros que me mandan los amigos escritores,  son mis lecturas siempre inagotables por su calidad, y de los que disfruto con verdadero interés y admiración.

Entre ellos, un libro esencial y magnífico, absolutamente recomendable: Nadar en seco, de José Luis Morante. Un autor de altura que recomiendo y que no sé yo si conocerá. Es muy profundo y vale la pena.

Por último, se habla mucho de las redes sociales y de su papel controvertido. Usted las utiliza con frecuencia y es una alegría para sus seguidores. ¿Qué opinión tiene de esa acción comunicativa de lo digital?

Las redes sociales  pueden ser algo banal y prescindible o, por el contrario un elemento enriquecedor e importante. Depende del uso de las mismas. A mí me sirven como puente que une. Como vínculo cultural y humano más allá de fronteras. Abrir la mente y degustar lo valioso de la cultura que muchos intercambian es muy gratificante. A través de ellas he conocido a personalidades interesantísimas que jamás me defraudan. Mis amigos internautas comparten conmigo gustos parecidos, y raramente nos metemos en jardines absurdos.

Para mí son un punto de unión imprescindible para el que solo tengo palabras de elogio y gratitud.  


lunes, 14 de agosto de 2023

DISTANCIAS

Distancias
(Menorca, 2013)

 

 
ALLÍ
 
Allí, donde no estoy;
un yo parapetado
en el azul oscuro
de sí mismo
que habita un mar revuelto,
fatigado por olas y mareas.
Nada quedó detrás,
salvo el vacío
contorno de las sombras
que reptan sobre el agua.
 
La distancia carece de secretos.
Es Ulises y es Nadie.
Como todos,
necesita encontrar
la tierra promisoria
donde duermen los sueños.
 
                   (Variación)

 
JOSÉ LUIS MORANTE

sábado, 12 de agosto de 2023

UNA CONVERSACIÓN CON MANUEL RICO

Manuel Rico (Madrid, 1952)
Archivo personal del autor

 

UNA CONVERSACIÓN CON MANUEL RICO

 

Manuel Rico (Madrid, 1952) estudió periodismo y su quehacer laboral se ha desarrollado en Madrid, colaborando en medios como El País, El Independiente o Nueva Tribuna, entre otros. Acaba de ser reelegido presidente de la ACE y prosigue quehacer literario con renovado impulso. Dirige desde 1998 la colección de poesía de Bartleby Editores. Su relevante discurso creativo le concede un lugar central en el mapa literario actual.

 En su corpus hay una fértil confluencia de géneros. Ninguna estrategia expresiva monopoliza o solapa a las demás. ¿Cómo logra tan sosegada convivencia?

 Ha sido un proceso espontáneo, no premeditado. Como casi todos los escritores, comencé, a principio de los ochenta, escribiendo poesía. La narrativa surgió años después como necesidad. Debía dar una dimensión más amplia y distinta a algunas de las obsesiones que asomaban en los poemas, sobre todo a la memoria. El ensayo y la crítica, tanto uno como otro género, han sido consecuencia de una necesidad complementaria: explicarme el proceso creativo, entender sus resortes últimos. A veces, la mejor forma de acercarse a ello es la crítica, la disección de lo que escriben otros. Como espejos extraños. Digamos que todos esos géneros, con un colofón como los diarios, conviven civilizadamente sobre mi mesa de trabajo. La literatura como casa con diversas habitaciones: un hermano de sangre, o de letra, en cada una de ellas. Esa sería la metáfora.

 Su primera entrega poética Poco importa romper con las alondras amanece en 1980; seguiría su senda un buen puñado de títulos escalonados en el tiempo. ¿Siempre la poesía como fuerza motriz?

Una afirmación de Vázquez Montalbán sintetiza lo que dices: la poesía como “proteína” del lenguaje. Creo que es la más depurada y esencial zona de mi vocación literaria. Siempre está ahí. Cada poema es algo parecido a una semilla que queda en el libro, fijada en el tiempo, y que, a veces, incluso muchos años después, da lugar a nuevos desarrollos en la narrativa. La poesía es la compañía permanente, la amiga más íntima. Una libreta, un teléfono móvil, cualquier papel permiten volcar instantes, sensaciones, pulsiones radicalmente personales en cualquier situación… En efecto, la poesía es fuerza motriz. Y la que impregna da altura literaria, de “temblor”, al resto de los géneros. Tiene algo de mágico e inexplicable. Casi diría que en aquel primer libro que has citado, un poemario de tanteo, estaban los vectores de la que sería toda mi poesía posteriormente. La raíz. El origen.

 En los géneros que cultiva –novela, autobiografía, ensayo breve, prosa miscelánea…- hay un nítido sustrato personal. ¿La memoria es columna básica en su taller literario?

 Sí. No concibo la literatura sin un medio que sea, para entendernos, algo así como un cóctel de memoria íntima y memoria colectiva. Es algo que me obsesiona. Creo que empecé a escribir poesía porque de adolescente tomé conciencia de la mortalidad de los seres que me rodeaban (mi padre, mi madre, el mundo de la infancia), algo que contrastaba con los seres que vivían en los libros, que parecían hechos de eternidad… Entendí que la literatura era la mejor medicina. Escribí en mi novela Los días de Eisenhower (2003) algo así como que “la memoria es la ciudad en la que nunca nos sentimos forasteros”. 

 Se escribe para entender lo que sucede fuera y para conocer los espacios interiores del sujeto. Sin embargo, no acaba de irse esa sensación de que habitamos en un tiempo extraño…

 Habitamos en un tiempo que se nos escapa de las manos. En nuestra mente conviven emociones, recuerdos, experiencias gozosas y miedos… El pasado y el presente se hablan. Visitar un barrio en el que vivimos es comprobar las heridas que en tu memoria ha hecho el paso del tiempo. Todo cuanto nos emociona contiene un sustrato de pasado, nos alerta de lo fugitivo de la vida. Esa es mi gran extrañeza: la felicidad huidiza, la sombra de la muerte, la vida y sus límites. Hoy echo una mirada a mi tiempo y veo que los maestros a los que tocamos y con los que soñamos como discípulos (de Claudio Rodríguez a Félix Grande, Pepe Hierro o Paco Brines, Diego Jesús Jiménez, Paca Aguirre, Carmen Martín Gaite…) ya no están, que nos han dejado varados en el tiempo en que descubríamos la poesía, en que gozamos de tertulias, de encuentros y viajes, el tiempo de los descubrimientos y los asombros. Estamos, en parte, varados en ese tiempo, pero algo huérfanos, y tenemos que construir nuestro tiempo sin ellos… En fin, un tiempo extraño. Al que se añade un mundo digital que no deja de sorprendernos y desconcertarnos. Soy de una generación analógica.

En las nuevas generaciones prevalece una clara tendencia al ensimismamiento autorreferencial. ¿Es posible transcender ese yo abstraído en lo particular e integrar la existencia en el pulso de lo colectivo?

Hay dos estratos en esas nuevas generaciones a las que aludes. Uno, el que componen autores sin tradición literaria, que han hecho de lo digital, sobre todo de lo visual, de las redes sociales, de YouTube e Instagram un instrumento básico y que ofrecen algo a lo que llaman poesía pero que yo llamaría, con las adjetivaciones del poeta Rodríguez Gaona, versificación “pop tardo-adolescente”. Es un fenómeno nuevo que convive con lo que yo considero esencial: la poesía que valora los misterios del lenguaje, que conoce la tradición remota y próxima, que se adentra en el yo, pero que no elude la realidad que vivimos, que escribe poesía con mayúsculas. Una parte de esos poetas, nacidos después de 1990, están en tu antología Re-Generación. Todavía no tenemos perspectiva, pero creo que el ecosistema de la nueva poesía es la diversidad de enfoques y tendencias. Se han roto las pulsiones hegemónicas: Constantino Molina, Berta García Faed, Luna Miguel, Ángela Segovia,  Aitor Francos… Hay poetas muy valiosos. Son los que quedarán. No podría decir lo mismo del “fenómeno youtuber”.  

Toda escritura personal funciona como portavoz de un ideario estético. ¿Nos deja un breve apunte del suyo?

A una antología aparecida hace un par de años le di un título que dice mucho sobre mi concepción del poema, Tiempo salvado del tiempo. Creo que el poema es una fragmento de tiempo salvado de la muerte, de la desaparición gracias a un lenguaje especial, que tiene sus códigos y sus secretos, el lenguaje poético. Trabajo mucho los poemas, mis libros nacen tras un largo proceso, de varios años casi siempre, Si algo define mi ideario estético (lo he escrito más de una vez) es una combinación de lenguaje revelador, memoria y conciencia crítica frente a la realidad. El poema como espacio de complicidad entre lector y poeta, como vía de descubrimiento de zonas ocultas de la conciencia, de emociones dormidas… .    

El escritor revive y reactualiza una tradición; rescata afinidades y compañeros de viaje. Qué voces predilectas escucha su obra?

Hay dos poetas que están en el origen de mi vocación poética: Juan Ramón y Antonio Machado. Recuerdo, en mi adolescencia, noches en vela leyendo la Segunda Antología del primero y la Poesía completa del segundo. Después vinieron el García Lorca surrealista, Vicente Aleixandre, Blas de Otero, Ángela Figuera… Algunos poetas hoy olvidados: Vivanco, Labordeta, Prado Nogueira, a los que aconsejo releer.  Y por supuesto el 50, con Claudio Rodríguez, Ángel González, dos hoy casi desconocidos como Cabañero y Sahagún. Y, por supuesto, el Eliot de La tierra baldía y, en la última década, algunos poetas anglosajones que han combinado el fervor por el canto a la intimidad y a lo cotidiano con una mirada hacia lo colectivo: de Sharon Olds a Jane Kenyon o Donald Hall, Mary Jo Bang, Anne Carson… Es esta poesía la que me interesa. Cada vez estoy más distante del alambicamiento lingüístico, más cerca de lo sencillo y a la vez complejo.

 En su producción, la narrativa copa un amplio espacio. Ahí están El lento adiós de los tranvías (1992), Una mirada oblicua (1995), La mujer muerta (2000), Los días de Eisenhower (2002), Trenes en la niebla (2005) y Verano (2008). Una cosecha excelente que atestigua su querencia natural por las posibilidades del realismo más que por el cuestionamiento experimental. ¿la ficción también es un testimonio epocal?

 En cierto modo, sí. Creo que los mismos principios que te he contado en relación con mi ideario estético en poesía, podría trasladarlo, con algunos ajustes, a la narrativa. Creo en la densidad narrativa, en la novela (y el cuento) como instrumento de salvación frente al paso del tiempo, como medio de indagación en nuestros fantasmas, en nuestra memoria y en nuestras emociones. Siempre con una condición sine quanon: el lenguaje, su calidad, su sustrato de respiración poética.

¿Más novelas en pie en su fondo de armario?

 Llevo varios años con una novela. Con su redacción al “ralentí” debido a multitud de razones, la más destacada, mi labor en ACE desde que asumí la presidencia. Quiero que sea un acercamiento al corazón de la transición, de los desconocidos que estuvieron antes, durante y después de ese proceso histórico. A la intrahistoria de tantas vidas. A sus miedos, a sus emociones, a asuntos olvidados pero que todavía alientan, como una rara herencia, en el inconsciente de nuestros hijos y nietos. Espero superar el ralentí y lograr un ritmo regular en su escritura.  

 La Transición como periodo esencial de nuestra historia se ha convertido en un referente generacional. Su continuo cuestionamiento y sus reinvenciones, invitan a la reivindicación. ¿Cómo vivió aquel tiempo?

 Si te digo que no fui consciente de que lo vivía, no lo vas a creer. Desde 1973 ó 1974 hasta bien avanzada la década de los noventa, mi dedicación fundamental, junto con la de Esperanza, mi mujer, y otros amigos y amigas del barrio o del trabajo (fui bancario), fue contribuir a abrir paso a la democracia. En la asociación de vecinos, en CC.OO., en el partido (ya sabes, el PCE era “el partido), en mis clases nocturnas en la universidad. La literatura era algo secundario. Fue un proceso durísimo aunque se quiera pintar hoy como un “apaño”. Con mucha tensión, con grandes huelgas, con intentos de involución, con asesinatos de ETA y de la extrema derecha, con miedo… Hoy sería inimaginable que nuestra democracia se mantuviera con casi cien asesinatos al año (96 en 1986, por ejemplo), con secuestros, con actuaciones violentas de los restos del franquismo y de la policía que venía del franquismo… Lograr una Constitución como la que tenemos, con más de 40 años de vida, fue una conquista, sobre todo, del pueblo. Los pactos entre partidos, incluso con el nuevo rey, fueron consecuencia de la gran movilización popular… Fue convertir en ley lo que era una realidad en la calle. No conviene frivolizar. Había que estar allí y vivir todo aquello para saber que cada paso que se avanzaba era una auténtica conquista frente al franquismo residual…   

No querría terminar esta conversación sin agradecer su implicación en a mejora continua del perfil humanista y social del escritor. ¿Qué nuevos retos esperan a la ACE?

 Creo que el reto fundamental es completar el Estatuto del Artista, consolidar la compatibilidad pensiones-derechos de autor, poner en marcha el acuerdo ACE-CEGAL a favor de la transparencia en el proceso de venta de los libros para sus autores y regular con claridad y con contundencia los derechos de autor en la nueva realidad digital. Y lograr una legislación, europea y española, que establezca claros límites a la llamada IA con respeto y compensación económica a los autores y autoras de los materiales de base que utilizan respetando la propiedad intelectual y sus normas.


JOSÉ LUIS MORANTE

Agosto de 2023


                  

viernes, 11 de agosto de 2023

ENTRE EL AIRE Y EL AGUA

Con otro paso
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia


ENTRE EL AIRE Y EL AGUA

 

Un contraste perturbador: yo soy otro y a la vez soy yo.

El civismo de mi vista cansada practica inmersiones pacifistas, empeñadas en corregir el cuerpo de letra.

 Simplicidad mediocre, incapaz de ordenar números cardinales.

Grumos en el afán unitario de  la convivencia. Yo soy realmente yo, pero ellos son otros.

 Cuando escampan los gritos, hay que dejar en el umbral una decidida voluntad de concordia.

Condescendencia de  mi otitis con respuestas que solo se salvan si no las oímos.

Aspira a ser un yo crecido, encerrado en el cerco del estar a solas, con todos al margen.

 Necesito la duda, el buceo y la búsqueda; todo se ha dicho con palabras de otros, pero no por mí.

(Aforismos entre el aire y el agua)