lunes, 28 de febrero de 2011

REGISTRO DE ERRATAS



   La errata es inherente al universo de la literatura. Su presencia se puede considerar desde  posiciones extremosas: como si fueran catástrofes naturales cuyos efectos arruinan el texto, o como si fueran asuntos secundarios que no merecen más que un leve suspiro de decepción y un asentimiento resignado.
   Hay erratas reflexivas que exigen una somera indagación de su significado y hay erratas hilarantes que son la mejor terapia para el encogimiento de ánimo. Así que me animo a presentar erratas reales o imaginarias que he ido acumulando en los últimos meses de lectura:

“cristales transparientes”
(Permiten vislumbrar cuando se acercan a casa la familia y  los desconocidos)

“Luis Alberto de cuenca”
( No sé si se refiere a la cuenca del Tajo o a la del Guadiana)

“Poemas de Miguel Dos”
(siempre está bien que la escritura de un poeta valga el doble)


“elegido y antologazo”
(Recibió, supongo, un golpe con alguna antología voluminosa, sin duda editada por SIAL)

“un ramo de rosas y violentas”
( Las rosas emplearon sus espinas en defensa propia)

“tiende al reducionismo”
( La errata predica con el ejemplo y reduce letras)

“ te mando la versión correjida”
(Mensaje de un corrector de ojo estático)


“un adolescente des consolado”
(Suspendió el trimestre y los padres prohibieron el uso de la consola)

“el cilindro, el coño y la esfera”
(Nuevo cuerpo geométrico genital)

“empleados del sector púbico”
( A saber en qué oficio)

 Como cierre, adjunto las variables de mis erratas nominales:

José Luis Morientes
(Sin duda por mi confesa afición al Real Madrid)

José Luis Orantes
(Mi yo en el mundo del tenis)

José Luís
(Con acento autonómico)

José Luis Morente
(Si estoy con la guitarra cerca)

José Luis Morantes
(Siempre hubo un antes y un después)

José Luis Morante de la Puebla
(Mi apellido taurino)

domingo, 27 de febrero de 2011

UNA CANCIÓN PARA SEGUIR

                                                      THE BLACK ALBUM (1991)

   Con el tiempo una canción se convierte en hábitat estable de la memoria, se vuelve patrimonio afectivo, condensa las coordenadas vitales de una época, se llena de vivencias que no pierden la sensibilidad originaria. Así me sucede con la balada “Northing else matters” que la banda Metallica editó en su Lp “The black Album” en 1991 y que a lo largo de todos estos años he escuchado con obstinación y alevosía en distintos formatos: vinilo, cassete, cd, y ahora el video que colgé ayer en la entrada de “Puentes de papel”.
   La vibrante melodía tiene un aire clásico y admite bien el arreglo orquestal, como un tipo heavy puede lucir con aire de domingo una corbata de seda comprada en alguna tienda del barrio de Salamanca. La clave está en la voz del solista, en ese tono ronco que se impone al rasguear de las guitarras y estremece como un grito en espiral, como el vaivén del  mar de Paul Valéry, siempre recomenzando.
   La música completa un diálogo emotivo que tiene su raíz detrás de la palabra. No sé inglés y no conocí la letra hasta mucho más tarde. No fue necesario; cada vez que oigo el tema siento que la canción me pertenece, como un libro dedicado, como una carta manuscrita, como los grabados, las plumas y los cuadernos blancos. Nada más importa.

miércoles, 23 de febrero de 2011

POEMA PARA IRENE

                                      (Irene en Ávila)


Acerca del sueño
                       
              a mi hija Irene

I
     
Qué es el sueño, preguntas,
con la abrumadora ingenuidad
de quien me presupone una respuesta.
Y yo salvo el escollo
modulando una frase convulsa
en la retórica de los desconciertos.
Te digo: el generoso don
que la fatiga obtiene de la noche,
una brizna de luz escalando la sombra,
el envés de una historia
cotidiana y absurda;
tú misma, hija mía,
cada palabra tuya, cada gesto.
No sé si el sueño
es potestad del hombre
o comparten los sueños animales y cosas.
Ignoro de igual modo qué hilo teje
su textura de seda,
qué alzada confabula
su hermética apariencia
o qué brújula guía
la estela de sus viajes.
Sé que hay sueños tristes y gozosos,
oscuros y diáfanos,
ocasionales y obsesivos;
sé también que hay sueños tan hermosos
que el tiempo los indulta y perseveran,
y no envejecen nunca.

II

Hay sueños que una noche
consumen su existencia
y otros que se prolongan con los días.
Simulan los primeros
una especie común de lepidópteros
y acaban siendo pasto
del trastero y del polvo,
como un experimento vanguardista.
Levísimos planetas alumbran los segundos,
como estrellas fugaces que convocan
múltiples y azarosas travesías.
Ante nuestra mirada sus figuras componen
un paisaje celeste,
intangible materia en sereno reposo,
donde habita la luna del deseo.

                 (Mapa de ruta, pág. 52)
                                  

martes, 22 de febrero de 2011

EL DESTINATARIO IDEAL


En los años sesenta-setenta del pasado siglo, cuando la dictadura consumía su última etapa, la educación en los internados religiosos y en las familias de clase media tendía al formalismo clásico. Era un rito de obligado cumplimiento.  Por encima de otros afanes, se valoraba la disposición generosa hacia el otro. Había que levantarse del pupitre cuando el profesor entraba en el aula y dar los buenos días o las buenas tardes;  si se recibía algo (no importaba qué) era preciso formular con una sonrisa nuestro agradecimiento; en los transportes se cedía el sitio siempre a mayores, embarazadas o adultos; y era de cajón que toda pregunta gestual debía tener una respuesta efectiva.
Conservo todavía muchos rasgos de aquel manual urbano adolescente y procuro aplicarlos a cada uno de mis comportamientos cotidianos. También a mis envíos de libros que siempre buscan un destinatario ideal.
De los envíos a amigos espero el acuse de recibo o la pertinente llamada telefónica para comentar circunstancias e impresiones de alguna página o coleccionar asentimientos y reparos.
De los envíos a críticos espero el acuse de recibo y esa generosidad profesional que supone dedicar un poco de tiempo a una obra literaria en la que el autor ha puesto horas de intensa actividad intelectual. También que alguno escriba una reseña en un suplemento literario, en una revista, en un blog, en una carta manuscrita o en un simple e-mail; que aborde los poemas desde la emoción y no desde la indiferencia.
De los conocidos espero un acuse de recibo y la deferencia de actuar del mismo modo que yo, poniendo en mi buzón sus novedades.
Cada vez que sale uno de mis libros elaboro con mimo una lista de destinatarios ideales. De ellos espero (no sé si lo he dicho ya) un acuse de recibo que no coleccione excusas de una sospechosa equivalencia (estuve de viaje, tengo que corregir, soy prejurado, me divorcié, estuve en el hospital, llegó la abuela, caí en la depresión, pasé una temporada en el invierno, me salió un forúnculo cerebral, estrené paternidad responsable y tardía, me hice del Opus, participo en la campaña electoral, sufro una crisis menopáusica…).
Yo seguiré visitando la oficina de Correos para remitir los libros pendientes, aunque no lleguen nunca a los destinatarios ideales ni al sujeto educado que acusa recibo. 

lunes, 21 de febrero de 2011

EL TÚNEL



El túnel

El túnel me parece un portalón
inquisitivo que agiganta el miedo.
En su vientre se esconde la inquietud
de los niños, de aquellos que no saben
qué monstruos velan su profundidad.
Pero la sombra está deshabitada.
Si tensamos la luz sobre las vías
la oscuridad comprime su tamaño
y muestra el esplendor de la materia,
el cóncavo sosiego de las grietas.
No es necesario que vacile el tránsito;
la longitud carece de sorpresa.
Alborea el camino al otro lado.

         (Mapa de ruta, pág. 84)

domingo, 20 de febrero de 2011

POÉTICA DE LA CERVEZA

                                                                              (Malcolm Lowry)

INVITO A UNA CERVEZA…

A Miguel de Cervantes,
por su mala memoria topográfica.

A Max Brod,
que salvó de la quema los manuscritos de Kafka.


A Robert Musil
que convirtió en protagonista
el bloqueo vital de un hombre sin atributos.

A Malcolm Lowry,
íntimo contertulio de los habitantes de la taberna
y del  contradictorio deambular de sus sombras
entre el paraíso y el infierno.

A Louis Ferdinand Celine,
porque toda su literatura parece cortada de perfil,
resentida y bronca,
y fuera preciso golpear su hombro con una palmada
de asentimiento y otra de afecto.

A Jorge Luis Borges,
por concebir la literatura
como una gran despensa donde se aprovisiona
el gusto sumergido en el paladar más exigente.