viernes, 27 de noviembre de 2015

CUENTOS DIMINUTOS

Cuentos diminutos
José Luis Morante
Cubierta y dibujos interiores de
Hilario Barrero
Cuadernos de Humo, Nueve
Brooklyn (Nueva York; USA), 2015  
  
PUNTO MEDIO

   En literatura el género no es una enojosa disciplina sino un juego menor cuyas reglas se pueden manipular a voluntad. Esta falta de sumisión permite el diálogo, una conversación de punto medio entre el verso y la prosa en el cuarto de estar del microrrelato. Mientras deambula por el folio blanco, el cuento pone en práctica un pensamiento de Jack Kerouac: “Seamos libres en cualquier momento”.
   Los textos, inéditos en libro, han ido apareciendo, con azarosa cronología, en el blog “Puentes de papel”, un espacio digital que abrí el penúltimo día de 2010 y que todavía mantiene inalterable un apetito omnívoro de poemas, reseñas, cuentos y aforismos. Con hacendosa disciplina buscaron acomodo algunos argumentos entre la realidad y el sueño. Todos fueron excusas para dejar en el folio la incertidumbre de lo cotidiano sin perturbar demasiado, permitiendo que el teclado siga afilando el lápiz con las preguntas de siempre. Cuentos diminutos tiene voz en esta colección gracias al afecto de Hilario Barrero, a quien debo el ofrecimiento y la diligencia para ilustrar, con trazo claro y lentitud paciente, las impresiones lectoras.
  Lejos de todo agobio, mientras escribí estos hilos he vivido en una realidad paralela donde todo era pequeño y cadencioso, como si se escuchara un rumor breve, un mínimo resplandor entre el silencio.


 (Prólogo del cuaderno Cuentos diminutos)



jueves, 26 de noviembre de 2015

EL HOMBRE DEMEDIADO

Rivas Vaciamadrid
Fotografía de Adela Sánchez Santana

EL HOMBRE DEMEDIADO

   Paseo matinal por la superficie otoñecida de noviembre. Rivas después de tantos años es soledad y hojarasca amarilla. En el parque no hay nadie. Llevo conmigo un volumen de Italo Calvino, El hombre demediado, que me acompañará hasta el mediodía. Soy un intruso a pie de página. Cruzo el andén del libro para hacerme real. Siento en mí las líneas de fractura. Esa parte del yo que añora la otra parte.
   La decepción precisa una elaboración narrativa y algunos efectos cómicos.

(Anotación del diario)
 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

MANUEL RICO. LOS DÍAS EXTRAÑOS

Los días extraños
Manuel Rico
Valparaíso Ediciones
Granada, 2015


CONCIENCIA DE LO EFÍMERO


   Desde la amanecida de los años ochenta Manuel Rico (Madrid, 1952) protagoniza una biografía literaria que entrelaza varios géneros. Su taller aglutina novelas, ediciones críticas, libros de viajes, colaboraciones en prensa y poesía. El poeta comienza senda en 1997, tras ganar el Premio Juan Ramón Jiménez con el libro La densidad de los espejos. Ese transcurso lírico, ampliamente representado en el volumen Monólogo del entreacto. 100 poemas, se prolonga ahora con la entrega Los días extraños.
   El libro comienza con un poema prólogo que hace del estar transitorio sustrato central. El mutable territorio de la temporalidad marca la existencia y permite desgranar episodios evocativos donde se oye un mantenido contraste dialogal entre el ayer y el ahora. El sujeto verbal es parte activa de un acontecer indagatorio en el que se marca la estela de lo recorrido y el regreso al origen, como si la experiencia de ser fuese un aprendizaje aceptado que somete a un sostenido desplazamiento.
  En ese tiempo se integra el cauce de los días extraños, la contingencia de un proceso complejo que afecta a todas las esferas de la personalidad. Así se va definiendo la imagen de un yo que cultiva el asombro y hace de la naturaleza un cúmulo de elementos cercanos y hospitalarios. También se vuelve la mirada hacia los pliegues de la memoria, ese telar que hilvana recuerdos de un paréntesis epocal y propicia una reconstrucción que recupera sus momentos con extraña plenitud, cuajada de simbología y misterio: “Tardes de luz marchita, tardes ocres como el otoño / y como el fuego, tardes como la niebla y como los bosques, / umbrías tardes de juventud, soñadas / o vividas, qué más da, cuando la claridad hacía / de la vida  un sendero que ocultaba los fríos / y los desistimientos, que nos llevaba en volandas / a cumbres no previstas y mundos improbables “. Los poemas encarnan fotogramas en los que van fluyendo los renglones del tiempo. Todo es recuerdo, un mapa de reflejos que sale a la luz con claridad antigua para que conformen sus contornos aquellos pasos que trazaron un tránsito vital.
   El segundo apartado del libro “Noticia del otoño” introduce una coda explicativa: leyendo a Auden, El explícito magisterio de Auden se concreta en el libro La edad de la ansiedad cuya lectura comparte sitio con una intensa meditación otoñal; el ciclo estacional transforma el valle de la sierra norte madfrileña, hace más perceptible el cambio paisajístico y convierte al hablante lírico en testigo de cargo. La voz se hace cronista de lo temporal, expande dudas e inquietudes, sensaciones y pensamientos que perciben la proximidad de otras identidades que ya buscan sitio en las aguas del tiempo, en esa intemperie empeñada en borrar su identidad y su coherencia.
   La realidad del poema muestra un amplio campo visual. En el conjunto “Retornos” conviven las secuencias de itinerarios que conceden un amplio patrimonio sentimental; los topónimos se unen a experiencias que tienen sobre sí una textura emotiva. También el acontecer de sueños y proyectos es tema evocativo. Como es sabido, el poeta dirige la colección de poesía Bartleby Editores, y aquí celebra los tres lustros de andadura con los versos de “Quince años editando poesía”, un homenaje al largo pasadizo de letras perdurables y conjuras de tinta.
   El camino prosigue por las anotaciones de un diario intimista y lírico que deambula por ciudades imprevistas y lugares de paso. La agenda del poeta deja en anotaciones líricas sus compromisos literarios, sus estancias de paso en las que nunca se borra la condición de forastero o esa reflexión sobre el tiempo que pone frente a frente la faz del poeta y otros rostros que llevan en sus facciones la erosión del tiempo. letraheridos cercanos que iniciaron la estela de la literatura en la cronología lejana de una década que ahora solo anecdotario de melancolías y fragmentos de algún sueño crepuscular.
   Sirve de cierre un conjunto de sonetos en el que de nuevo se escucha, junto al propósito formal, la voz incontinente del reloj. Las estrofas clásicas siembran con fuerza la sensación del autorretrato, el estar presente de una identidad que dirime inquietudes existenciales y hace de lo biográfico punto de partida y conclusión elegíaca: “Vengo de los inviernos y la duda. / De una casa de frío y tos ferina. / Del campo amanecido y de la encina / angustiada de escarcha y luz desnuda…”
  Los días extraños  enlaza en sus tramos el yo biográfico y el sujeto poético; retoma la idea de que la verdadera poesía no es más que un acercamiento a la intimidad para poner sobre lo vivido un destello de luz. La mirada limpia del poema explora afanes del oficio de escritor e intercambia emotivas confidencias antes de que el tiempo acumule olvidos o se haga tardío escenario de las pérdidas.


lunes, 23 de noviembre de 2015

HÁBITOS

Salón principal


HÁBITOS

   Atribuyó la extraña familiaridad con recodos y habitaciones a los muchos años de práctica; al hábito crecido en el perfil laborable. Fue desvalijando armarios, consolas, cajones y la caja fuerte del salón. Consiguió un botín considerable y un estar cansado que lo depositó en el sofá. Solo entonces cayó en la cuenta de que había saqueado su propia casa.
   Tenaz y vanidoso, consideró innecesario reconocer el error. Lo definió como un simple ejercicio práctico. En cambio evaluó con recelo la seguridad del inmueble. Instaló un cerrojo nuevo tras la puerta principal y adquirió una llave maestra de gran envergadura. Además pretende prolongar el sedentarismo doméstico para ahuyentar la competencia.

sábado, 21 de noviembre de 2015

PAISAJE CON LUZ

Montejo de la Sierra (Madrid)
Noviembre, 2015
Fotografía de Javier Cabañero


DESDE MI SOLEDAD

Desde mi soledad
voy a tu encuento,
con la justa impaciencia
de quien regresa a casa.
A cuestas traigo
herrumbres y estiajes,
y algún dolor disuelto,
llenando la mochila.
No rescatéis mis huellas.
Viene conmigo el aire
de un paisaje con luz
y fueron los testigos
incontables insomnios,
menas de albura y sombra,
noches frías, palabras o silencios.

Desde mi soledad
a ti camino
con la certeza incólume
de que tú, mientras tanto,
inventas el andén que ha de acogerme.

     ( De Rotonda con estatuas, 1990)

jueves, 19 de noviembre de 2015

DAVID MINAYO. SOPORTAR LA NOCHE

Soportar la noche
David Minayo
Ediciones Vitruvio
Madrid, 2015

CUANDO LOS DÍAS

   El archivo literario de David Minayo (Madrid, 1981) se estrena en 2014 con un título que suena con la voz armónica de una etiqueta generacional, El amor en tiempos de los desguaces de coches. Esa carta epifánica amanecía en el catálogo de Vitrubio, editorial que impulsa de nuevo el segundo paso del madrileño, Soportar la noche. El poeta y narrador Benjamín Prado, una de las afinidades explícitas de este ideario de línea clara, firma el breve proemio en el que se resaltan algunos caracteres ya definidos en el inicio: espontaneidad y descaro en la dicción, empleo frecuente de la ironía, cadencia autobiográfica en los temas y esa sensación de verbo confesional que expanden las composiciones.
   La pautada advertencia al lector de Benjamín Prado sobre el enfoque comunicativo se refuerza con el empleo de otro nombre propio para la cita inicial, Mario Benedetti, otro magisterio del figurativismo y la rehumanización. Con ese afán de normalidad arranca un poemario cuyo eje argumental básico en el acontecer del sujeto que emprende un viaje introspectivo. En ese recorrido se van perfilando las pautas diarias del tejido sentimental: la compacta presencia del otro, el puñado de recuerdos que dormitan entre los pliegues del mapa personal y el empeño temporal que sitúa al sujeto en un doble plano, entre el pretérito y el ahora, aunque el amor permanezca como principio básico. Ese impulso requiere determinar su naturaleza elemental en la consideración del legado poético. Esa cuestión conceptual se aborda en el inicio: todo se reduce a la viva presencia del nosotros, al acto feliz y cotidiano de estar en compañía.
  La expresividad del discurso poético no es lineal. En su latido se mantiene en pie una carga simbólica que requiere lecturas nuevas: el ser tiene como signo inevitable la temporalidad. El hombre deja en la superficie su razón sentimental, su deseo de permanencia, como si esa vivencia propugnara una razón contra el olvido; signos elementales moldean una estación de cercanías. En el poema “Tu barrio es un equipo de fútbol” la contingencia de lo cotidiano se hace hábito, postula una forma de vida que da raíz a lo aparente como si cada gesto del hablante verbal formara parte de un discurso emotivo, de un poema habitado.
  Pero ese empeño tenaz de la palabra por construir una arquitectura perdurable tiene de frente un viento azaroso, capaz de transformar cada sueño en un páramo. Como en estos tiempos de redes sociales y mensajería instantánea, el chat se desactiva y el único mensaje que perdura en la bandeja de entrada es el olvido. Todo se ubica en la línea de sombras y hay que aprender a soportar la noche. El poeta escribe: “ Cuando la sombra esconde / sus propios / miedos / es sencillo / confundirse / apoyarse / pisar en falso / caer / soportar la noche / como la casa vacía intenta / deshabitarse / de sus fantasmas “. La soledad copa entonces el tiempo, se hace materia tangible, deja frente a los sentidos un pasillo oscuro para dar cobijo a los recuerdos.
  La voz ética no olvida echar una mirada en el espejo de los demás para entender la psicología compartida y los mecanismos de comportamiento colectivo en los que se pueden reflejar las causas y efectos de los propios pasos. de este modo, los enfoques del verso fluctúan en el propósito escritural y se aglutinan abundantes resquicios. A veces las palabras suenan con la contundencia lacónica del epitafio, como en el poema “Aprovecha”: “Has aprendido / que solo dos días / tendrán menos / de veinticuatro horas / y te queda uno”;  también la razón del poema se hace ironía y discurso estético, como sucede en “Cuatro discursos para escribir poesía”. Un trazo nuevo en la lírica de David Minayo es el sustrato cultural. Las referencias literarias se entreveran en muchos poemas, como si el atemporalismo clásico hiciese necesario una nueva lectura, una interpretación que anulase el aire de viejas fotografías marcadas por el tiempo; otra vez resuenan magisterios que retornan a la casa del presente.
  Pero es el intimismo quien marca la pauta final de un libro que recurre los ángulos cotidianos del trayecto existencial. Con voz serena el sujeto poético se refugia detrás de las palabras para aguantar a pie firme el sol y el frío, para pulir las asperezas que distancian, como si fuésemos juguetes de un dios frío que obliga, en las aceras de la brega diaria, a soportar la noche.

martes, 17 de noviembre de 2015

ESCONDITE EN EL PARQUE


ESCONDITE EN EL PARQUE


Para Hilario Barrero,
 por dar voz a estos cuentecillos

   Entre mis juegos infantiles de solitario activo estaba el escondite. Tras el tiempo colegial, acudía siempre al mismo parque alejado del ruido y la ciudad. Reclinaba mi cabeza sobre el tronco. Contaba hasta diez. Y después me buscaba entre los arbustos cercanos y columpios, en algún recodo de las verjas o dentro de la caseta del jardinero.
   Cuando me encontraba sentía una gran alegría, esa sorpresa renacida del descubrimiento. Decliné escondites complicados, por si acaso no aparecía.