sábado, 14 de enero de 2023

EN EL DESORDEN

Amanecida
Archivo de internet

 

EN EL DESORDEN

 

Inteligencia: espacio de entrada que ilumina lo que la duda ensombrece.

 Cruce: abrazo de itinerarios que no llevan a ningún sitio.

 Equidad: acción de autonombrarse maquinista del último tren.

 Adolescencia: torbellino hormonal de granos y pajas.

 Sandez: veleta que culmina el edificio fallido de una idea.

 Marx: callejón entre Groucho y Karl

 Reseña: crítica urgente sobre un libro, cuya carencia provoca la ausencia cejijunta del autor.

 Ásperos: receptores de trajes regalados cuya primera tarea es comprobar si los botones están bien cosidos.

 (Aforismos a pie)



viernes, 13 de enero de 2023

JOSÉ ANTONIO SANTANO. EN EL ESPEJO

José Antonio Santano
(Baena, Córdoba, 1957)

 

 IMAGEN DE JOSÉ ANTONIO SANTANO

 

   En la exagerada polarización entre esteticismo y tensión realista con que suelen abordarse las modalidades de escritura en el espacio ´creativo actual, hay circunstancias que no pasan inadvertidas para el crítico: la continuidad en el decurso temporal de una poesía humanista, centrada en la razón existencial, y la propensión de muchos contemporáneos a recuperar contenidos argumentales bajo las arenas de lo real, siguiendo al pie de la letra aquel viejo aserto del clásico Terencio: “nada humano me es ajeno”. De este modo, la actualidad lima su prosaísmo y lo cercano se enaltece al recubrirse de una sensibilidad poética. En esos parámetros puede situarse el largo recorrido poético de José Antonio Santano, compilado en Silencio. Poesía 1994-2021, bien conocido en el mapa literario por títulos refrendados con numerosos premios, por su inclusión en algunas antologías y por un ejemplar trabajo crítico, casi siempre centrado en la poesía del ahora.
   Editado en la colección Palabras Mayores de Editorial Alhulia, Silencio. Poesía 1994-2021 es una obra de balance. Su mismo título conlleva una certeza: nuestra naturaleza temporal suma pasos hacia la última costa, hacia esos acantilados del tiempo que propician la disolución del yo y la inmersión en el sueño definitivo; por eso, el silencio es también un diálogo de fe, y una creencia en la fuerza transformadora de la palabra y su potencial como asidua portadora de un ideal. El yo lírico es un espectador que testifica los vértices de nuestra aldea global, como incansable espacio de representación. Así se pone de manifiesto en sus entregas, donde se contraponen geografías y paisajes, historia cultural y el entrelazado de relaciones humanas que conforman la textura vital. José Antonio Santano no viaja solo ni se enroca en el rincón de la memoria donde únicamente se mira el horizonte de lo autobiográfico; recorre los trayectos del común vivir y cataloga sus claroscuros, como si su materia nutricia tuviera como referente las interrogaciones cotidianas. Indaga también en el papel del intelectual en la sociedad contemporánea porque sabe que mientras no cambien las condiciones de explotación y sea la libertad un espejismo, estamos abocados a la denuncia sistemática y a la defensa de los derechos humanos. Vivimos en un entorno conflictivo, y hay que dejar constancia de estas situaciones con el testimonio de un lenguaje reflexivo que opta por la desnudez y por el abandono de cualquier aditamento retórico Se focaliza el sentido ético, asumiendo los riesgos de narratividad y de una gestación sólo espontánea en apariencia: el cauce poético es en esencia un pensamiento destilado de las singladuras al paso noticiable, una lectura fragmentada de la actualidad que pone voz a una conciencia. Los versos son una reclamación por escrito de quien sabe que la poesía, más allá del lenguaje, es una conquista ética irrenunciable.

JOSÉ LUIS MORANTE



jueves, 12 de enero de 2023

IRENE GRACIA. LAS AMANTES BOREALES

Las amantes boreales
Irene Gracia
Ediciones Siruela
Colección Nuevos Tiempos
Madrid, 2018

 

MAREAS INTERIORES

 
   La producción creativa de Irene Gracia (Madrid, 1956), quien cursó su formación artística de pintura y escultura en la Facultad de Bellas Artes de Barcelona, es un diálogo continuo entre obra pictórica y narrativa. No son territorios insulares, sino facetas o exploraciones de un mismo mundo singular. En él se condensan algunas variantes características: la presencia de lo fantástico y el onirismo, la indagación en un romanticismo intimista, la diversidad formal, los estratos líricos y un fuerte sentido de la extrañeza adherido a lo cotidiano.
  El sólido conjunto ficcional agrupa las entregas Fiebre para siempre (Premio Ojo Crítico, 1994), Hijas de la noche en llamas (1999), Mordake o la condición infame (2001), El coleccionista de almas perdidas (finalista Premio de Novela Fundación J. M. Lara 2006), El beso del ángel (2011) y El alma de las cosas (2014). Es también autora de relatos, publicados en prensa y en compilaciones antológicas.
  Su novela Las amantes boreales tiene como venero argumental la íntima amistad entre Roxana y Fedora, dos jóvenes bailarinas de clase alta, en la Rusia zarista de San Petersburgo, casi en el umbral de la revolución bolchevique. Su relación determina la disonante expulsión de la Escuela Imperial de Danza y, por acuerdo familiar, su reclusión en el lejano internado de Palastnovo, ubicado en una remota isla del lago Ladoga.
   Irene Gracia intercala las voces de ambas protagonistas en el trayecto accional y emplea distintas estrategias expresivas. Al tono enunciativo y directo de las memorias de Roxana, que cuentan el rechazo familiar y las circunstancias del azaroso viaje a su nuevo destino, donde  vivirán un tiempo colectivo de aprendizaje social y sentimental, sucede la crónica introspectiva de Fedora y su diario, cuajado de fuerza poética y simbolismo. Desde esa alternancia de voces se va completando un mapa de actitudes y personajes que definen la vida diaria dentro de la Escuela de Danza y Mundología de Valaam. Si la directora, la señora Novgorov es una estricta mujer de severa disciplina, inclinada al adoctrinamiento continuo, todo el centro es una inmersión en lo tétrico por el forzado alojamiento del entorno habitual de las jóvenes y por la soledad ambiental, por más que el entorno sea un lugar de altanera belleza natural.
   Pero ambas jóvenes no están dispuestas a acatar que otros escriban su destino personal, ni que sus movimientos más nimios sean objeto de observación y espionaje. Las largas horas de soledad propician evocaciones y recuerdos. No es difícil alojar en la memoria las imágenes familiares, el nacimiento de su amistad o las vivencias compartidas en la Escuela Imperial de danza. La adaptación al medio es una forma de pulir la singularidad personal. Fedora y Roxana lo saben y, pese a los evidentes progresos en las distintas disciplinas, mantienen  vivo un espíritu soñador, capaz de dar vida a sus aspiraciones y a sueños visionarios y ambiciosos. Esa lucha frente a la vara correctora de la realidad, va gestando una intimidad hermética que escondes secretos personales y mutaciones de ánimo. Los pliegues de aquellos parajes trastornan los sentidos y propician una euforia entusiasta. Funcionan como un organismo vivo y misterioso que, poco a poco, va descubriendo a las jóvenes sus peculiares incógnitas.  
   Para Roxana, vivir en la isla “era como habitar el ojo de un huracán polifónico. Se esfumaba tu identidad, olvidabas tu nombre y te convertías en un odre lleno de ruido y furia”. La existencia de Fedora se trastoca con la misteriosa cercanía nocturna del hombre sombra. El desconocido abre la batalla del deseo en el cuerpo de la joven, con sus apariciones y encuentros, que provocan un insondable fuego interior y un largo recorrido hasta la perversión.
   La conciencia de las muchachas lucha por encontrar un poco de claridad. Presta especial atención a los extraños pobladores del lugar: los personajes del internado, la niña asilvestrada, el alquimista, la vidente y la variopinta gama de presencias que escribe con sus actitudes todas las variantes del desconcierto y la oscuridad interior.
   La peculiar mirada percibe el claro ostracismo que sufren a diario. No forman parte del grupo. Están, pero mantienen un solitario exilio marginal, hasta que la desconcertante ausencia de Fedora rompe el gregarismo rutinario de Palastnovo y convierte la soledad de Roxana en una telaraña envolvente. Ahora Valaam adquiere una sombría apariencia carcelaria. Sus vísceras albergan laberintos, donde se citan todos los miedos. No queda más remedio que sobrevivir a su intemperie y recorrer pasillos y corredores en busca de alguna pista. Así logra contactar de nuevo con Fedora y vincularse a la realidad paralela que habita la isla, un espacio vacío sin fondo, amasado con sombras.
   Los días de amistad han perdido el suelo firme. Se hacen pasos sobre el suelo roto. Si Fedora habita un hueco en el tiempo creado por su encierro y por el sometimiento al sadismo y la droga, Roxana protagoniza otra caída a los infiernos, acusada de un crimen, devuelta a San Petersburgo y arrastrada por los acontecimientos de 1917. La realidad se trastoca. Nada queda de aquellos días de música, belleza y felicidad. Sólo la conciencia de la pérdida, el salto a la nada y la desesperación, la oquedad del  abismo.
   Pero el discurrir recobra caminos de regreso, formas extrañas de sobrevivir. Fedora y Roxana completan la azarosa biografía bajo los ojos tristes del pasado. Es presencia constante e incendia la quietud para recordar que en cada identidad dormita un abismo subterráneo, el abrazo aterido del vacío.

 
JOSÉ LUIS MORANTE





 
 
  
 
 

miércoles, 11 de enero de 2023

DESCONFIANZAS

Confinamiento
(Archivo general de internet)

 

DESCONFIANZAS

Largo es el arte; la vida en cambio corta
como un cuchillo

Ángel González

Las manos sarmentosas de la desconfianza construyen paredes sin puerta. Por si las moscas.

La realidad aconseja el avance por tanteo.

El pensamiento cerrado convierte la argumentación en pirotecnia.

Quien encuentra la plenitud de su identidad en el silencio, no es un sabio; es un mudo. 

El fanatismo impone el desarraigo; convierte la casa en tierra extraña.
 
Lleva un bulto inerte en la cabeza. Lo llama inteligencia.
 
Suele arropar sus mensajes con la vaga bruma de la sinceridad.
 
Al caminar, ser libres también en el extravío.
 
Solo es poeta cuando calla.

(Aforismos del confinamiento)


 

 


martes, 10 de enero de 2023

JUAN JAVIER ORTIGOSA. CON VOLUNTAD DE AMANECER

Con voluntad de amanecer
Juan Javier Ortigosa
Sonámbulos ediciones
Granada, 2022

 

INTEMPERIE



  

   En esa renovación permanente de la poesía contemporánea, Juan Javier Ortigosa Cano (Olula del Río, Almería, 1997), Graduado en Filología Hispánica y estudiante en el Grado de Literaturas Comparadas, se singulariza por escribir, en palabras de Luis García Montero, “una épica íntima y púdica” en la que encuentra sitio “la dignidad de la resistencia”. De este modo, la escritura propone un diálogo sin tregua con el contexto externo y su carga ligera de extrañeza. Al cabo, como refrendara aquel maravilloso verso de Javier Egea, integrado como cita inicial, junto a un enunciado luminoso de Jean de la Bruyère, sobre la mesa duermen muy pocas certezas; y en todas ellas se pronuncia la conciencia del tiempo: “Hoy sólo sé que existo y amanece”.
   Con voluntad de amanecer condensa su material poético en tramos que comparten el fluir de la temporalidad y la indagación reflexiva. En los estratos líricos del poeta percibimos una clara cercanía con algunas voces de la generación del 50, como Jaime Gil de Biedma, tan próximo al decir del poema “Las carencias del verbo”. El transitar laborable va en serio y, más allá de esa arquitectura habitable y cercana de lo diario que pregonan los libros, existe una realidad proclive al desajuste y las ausencias. También alienta el magisterio de Javier Egea, de quien Juan Javier Ortigosa prologó el cuadernillo Aunque sea por escrito en 2019, y a quien dedica la hermosa elegía “Para escribirte una carta”; o los de Luis García Montero, tan presente en la composición “Vista cansada” y Ángeles Mora, recordada en “Ficciones para una autobiografía”.
  El conjunto “Primera persona” tiene como venero argumental una aproximación al yo poético siempre refrendando el ideario escritural; la reflexión sobre la poesía, como pequeño pueblo en armas contra la soledad, pone en el mismo umbral acordes confidenciales y mirada colectiva: “… de mostrar también que la poesía / es intimidad y compromiso, / que sale a la calle / y vuelve con barro en los zapatos”. No hay reclusión en los mármoles fríos de la belleza, sino latido y pulsaciones del nosotros, el ritmo de una ciudad abierta al nomadismo del tiempo  y el peso de la historia.
   Juan Javier Ortigosa intercala las voces del otro en el apartado “Segunda persona”. Ese protagonista cómplice en el trayecto vital se convierte en salida de urgencia del fluir sentimental. Al tono enunciativo y directo de la memoria, con su estela de evocaciones y trayectos perdidos, se une la textura de un tiempo digital que ha convertido las redes en otra forma de convivencia que casi nunca pierde la sensación de náufragos. Desde esa alternancia de voces, entre el tú y el yo se va completando un mapa de actitudes y personajes que definen la rutina diaria, ese tiempo que conoce de antemano el final del poema.
  Sin duda, uno de los habituales lugares de llegada es la ausencia. El retorno a la soledad del sujeto y a su introspección forma el núcleo expresivo de “La ausencia y otras geografías”. La realidad acata un paisaje en blanco y negro, sometido a los movimientos más nimios. Las largas horas sin compañía, cuando los calendarios se adormecen, propician evocaciones y recuerdos. La memoria aloja imágenes familiares, o las vivencias compartidas de la lectura, que mantienen vivas la identidad de sombras culturales.
    Esa lucha de la imaginación frente a la vara correctora de la realidad, va gestando la intimidad de la sección “Entre dos ciudades”, que también deja sitio al sentir autobiográfico de la experiencia personal. Cada identidad se va fundiendo con el entorno, donde encuentra a la vez sensaciones opuestas de refugio y soledad. Las calles trastocan los sentidos, se deshumanizan y crean laberintos sin luz, como el que muestra la composición “Las colas del hambre”.
   La conciencia descubre en el ahora un naufragio de sueños; la sospecha de que estar vivos es caminar por un itinerario de decepciones. Los poemas de Con voluntad de amanecer muestran variantes del desconcierto y oscuridad interior. Perciben las horas bajo el flexo cansado de un porvenir que no llega nunca. No queda más remedio que sobrevivir a la intemperie y buscar, por si acaso, alguna puerta abierta.
 
JOSÉ LUIS MORANTE


 
 


lunes, 9 de enero de 2023

EQUIDISTANCIAS

Al paso
Fotografía
de
 Adela Sánchez Santana



 EQUIDISTANCIAS

   En él, las bromas nunca encuentran espacio físico. Y menos si provienen de objetos inanimados, como escaparates y espejos. Pronto decidió cerrar los ojos ante cualquier lisura que lo transformara en otro. Él y su reflejo nunca fueron figuras equidistantes.


(De Cuentos diminutos)



domingo, 8 de enero de 2023

INVITACIÓN AL SILENCIO

Territorio
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia


INVITACIÓN AL SILENCIO

En estos días
de resplandor cansado,
a punto de cerrar cualquier grafía,
callo y delego en ti,
mom semblable, mon frère.

Se deshizo mi rosa;
pertenezco a ese tiempo
que ha colgado su inercia en la pared,
terca mancha de musgo.

Ya no me queda nada por decir;
incluso cuando clave las desgastadas uñas
en la obviedad y la contradicción,
seré silencio.

Pasan nubes sin ruido. Yo, también.

        (Del libro Nadar en seco, 2022)