viernes, 10 de enero de 2025

AQUÍ

Lugar

AQUÍ
 
 
                Nada y todo ocurre en todas partes
 
                                          PHILIP LARKIN
 
Es aquí donde estoy,
entre grietas de un yo parapetado
en las profundidades
de sí mismo.
 
Habito un cuarto exiguo
donde nada hay detrás,
salvo el triste vacío
de paredes sin lustre.
Soy un plano que muestra,
maltrecho y solitario,
el retraso gastado de caminos
que ya se desvanecen.
 
Mi reclusión carece de secretos.
En las puertas del frío,
necesito encontrar
en cualquier prisa
el sol en casa;
un cuerpo que sostenga
el temblor de la luz.

       (De Nadar en seco, 2022)



  

jueves, 9 de enero de 2025

ARACELI FERNÁNDEZ LEÓN. CANTAR PARA NADIE

Cantar para nadie
Araceli Fernández León
X Premio internacional de poesía José Zorrilla
Ediciones Hiperión Poesía
Madrid, 2024
 

 EVOCACIONES Y HERIDAS


    Casi instalada en la madurez vital de los cuarenta, Araceli Fernández León (Villanueva de Córdoba, Córdoba, 1972) inicia andadura lírica en 2019, cuando aparece su primera obra Cartas a Lara en la editorial La Fuente vieja; en el mismo catálogo vería la luz dos años más tarde La hormiga roja. Ambos libros acogían una voz que adquiere notable resonancia en su tercer andén Cantar para nadie, al ganar la décima convocatoria del Premio internacional de poesía José Zorrilla.
   La aparente penumbra de pesimismo existencial que genera la expresión “Cantar para nadie” se refuerza con las dos acertadas citas que sirven de pórtico al poemario; una, de José Lezama Lima: ¿Oye alguien mi canción?” y otra  desgajada de la tradición popular del romancero, con los conocidos versos del Romance del Conde Arnaldos: “Yo no digo mi canción / sino a quien conmigo va?”.
   En primera persona emerge con fuerza el sentir explícito del protagonista verbal desde la composición “La cantora” con un texto cuajado de onirismo e imágenes elegíacas sorprendentes: “Yo era piedra y eché a volar. / Pero la gravedad sembró su fruto / en mi vientre. / Después de nueve meses / di a luz un desierto. / Caminé sobre él durante cuarenta días / y ni una sola llaga “.
   Pronto sobrevuela en las composiciones una sensación de reencuentro con el pasado. Los recuerdos transcienden los límites marcados por el presente para recuperar un entorno doméstico, poblado de imprescindibles presencias sentimentales, donde el itinerario vital remansa emociones sobre lo cotidiano. El poema se hace razón serena para mostrar su plenitud afectiva con la figura del padre o explora las hendiduras del  dolor cuando la madre se hace pérdida y ausencia.
  Ese diálogo con la naturaleza frágil y vulnerable de la existencia se reitera en otras composiciones como “Prótesis” o “La casa y yo”, donde la estela de la muerte llueve sobre la memoria una nube de frío, un dilatado paréntesis de silencio que se empeña en recordar las raíces y aquellas pequeñas posesiones que definían un territorio propio. La voz poética se siente fuerte para adentrase en el transitar de los relojes y abrir ventanas a un ayer que poco a poco se diluye en otras manos. Sin embargo, la poesía sigue fluyendo hasta componer una segunda biografía, un quehacer ilustrado con las contingencias del existir, al tiempo que recuerda algunos datos básicos. El poema “La enferma” deja en sus versos un muestrario de menudencias personales e íntimas creencias expuestas en poemas como “La tarara”, “Vidas de santos o “El Padre Pedro León”.
   El hilo constructivo de Cantar para nadie entrelaza una saludable sensación de unidad temática. El sentimiento elegíaco siembra enclaustramiento y desolación en lo cotidiano “Porque lo que hace a un poeta ser buen poeta / es matarse a sí mismo / hasta que quede de él un solo hombre”: Son rasgos que la palabra poética de Araceli Fernández León también asume para hacer de la escritura una continua búsqueda de verdad y belleza, un ejercicio de mirada interior, capaz de transformar lo conocido y lo aparente y descubrir humanidad entre sorprendentes caligrafías semánticas: “Esto que veis aquí son mis propias recetas. / Un robot de cocina compré. / Ahora estaba salvada, / podía hacer un poema exprés, / picarle hasta los huesos… “.
   En Cantar para nadie  Araceli Fernández León alcanza la senda firme de su esencia poética; deja traslucir la caligrafía ensimismada de una poesía evocativa, que transciende la vivencia personal para hacerse herida y cicatriz, esencia de lo humano en su perenne lucha contra el tiempo. 

JOSÉ LUIS MORANTE





miércoles, 8 de enero de 2025

LOUISE GLÜCK. QUEBRAR LO FRÁGIL

Louise Glück
22 de abril, 1943, Nueva York- 13 de octubre 2023, Cambridge
PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2020

ROMPER LO FRÁGIL


   La concesión del Premio Nobel de Literatura de la Academia Sueca genera en cada convocatoria una incontenible tormenta verbal que suele ser más riñas de gatos y preferencias personales no fundamentadas que opiniones y vislumbres inteligentes. En 2020 eran candidatos transeúntes Adonis, Margaret Atwood, António Lobo Antunes, Anne Carson, Haruki Murakami o Javier Marías. Pero la ganadora anunciada el día 8 de octubre fue Louise Glück, poeta y ensayista norteamericana de reconocido palmarés cuyos libros están en el catálogo de Pre-textos desde hace casi dos décadas. Gracias al traductor de Ararat, el poeta Abraham Gragera conocí la poesía de Louise Glück (Nueva York, 1943) a finales de 2008. En una grata tertulia madrileña, donde intercambiamos libros, Gragera recalcó el ideario figurativo y el aire frágil de aquellos poemas donde lo autobiográfico se convertía en vigoroso argumento.
   Así que para introducirse en el faro de Louise Glück, formado por una decena de poemarios entre los que sobresalen Praderas, AraratAverno y El iris salvaje, es recomendable sondear elementos biográficos que tienen una simbiosis misteriosa con el material poético. Nacida en la metrópolis, pasó una ensimismada primera infancia en Long Island de contornos sombríos, trazados por el fallecimiento de una hermana antes de que ella naciera, que disolvió la armonía familiar. Tejió silenciosamente una fuerte voluntad lectora, que creció en la adolescencia cuando se diagnosticó una anorexia incontrolada. La enfermedad exigiría un prolongado tratamiento de psicoanálisis y la interrupción de su formación académica en Columbia. En este tiempo es cuando aflora su poesía,. cuyo despertar poético supone una imitación de los modos poéticos de William Blake, T.S. Eliot y W. B. Yeats. La prolongada soledad y la terapia le permiten una indagación profunda en las secuencias vitales y un cuestionamiento del clima relacional. Esas dolorosa incisiones no se oculta tras nubes metafóricas, sino que la palabra se convierte en terapia objetiva, como escribe en la indagación crítica Educación del poeta o en el rescate evocativo de Ararat, cuya configuración explana las relaciones familiares, la extrañeza, la sensación de estar fuera de sitio, el proceso erosivo de lo cotidiano y el precipicio final. Son aspectos descritos, como subrayaba la comunicación de Anders Olsson, presidente del comité del premio Nobel, con austeridad minimalista, que enuncian enfoques de grisura desde una ética muy exigente que busca trascender el intimismo emocional.
   Por tanto, la clave argumental de Ararat es la familia, grupo de cohesión donde los vínculos afectivos exigen una intensa relación, como parte del crecimiento personal. Pero la perspectiva de Louise Glück en estos poemas es el desasosiego, una relevante vigilia que revisa grietas y necesidades nunca cubiertas. El yo poético muestra una potente capacidad observadora que asimila y rechaza secuencias vitales. Así amanece un método reflexivo que cuestiona la realidad interna del núcleo familiar. Cada miembro ha sido expulsado del paraíso para afrontar sufrimientos y absorber sentimientos contradictorios. Así se gesta una identidad separada, un esqueje no exento de frustración que busca clarificar su experiencia emocional.
   Ararat propicia una imagen autobiográfica en la que el hablante lírico intenta romper su fragilidad. Su voz revisa estereotipos sin estridencias, con un lenguaje lacónico, sin la tela cálida de los adjetivos. Como ha manifestado, al comentar su estética despojada, Louise Glück hace poesía en el páramo verbal: “Me atraen las elipsis, lo no dicho, la sugerencia, el silencio elocuente y deliberado. Lo que no se dice, para mí, ejerce un gran poder: a menudo desearía poder hacer un poema completo con este vocabulario. Es análogo a lo invisible, por ejemplo, al poder de las ruinas o las obras de arte dañadas o incompletas”.
  Poesía que hace de la humildad una aspiración mística y una cicatrización, para que las palabras encuentren su lugar y su afán de conocer. Latido humano y sangre tibia que surgen de la vida y la experiencia de un yo casi siempre ubicado en el caos, que se sabe fuera de lugar y se amarra al poema y la esperanza.
   El día 13 de octubre de 2023 fallecía lLouise Glück con ochenta años de edad y dejo en mi despedida particular la lectura de Marigold y Rose. Una ficción, un libro en prosa poética publicado por Visor este año en su colección de poesía  en edición bilingüe y con versión al castellano de Andrés Catalán.
  El planteamiento argumental del libro sorprenderá de inmediato, como sorprendió a su editor habitual en USA. Dos mellizas, todavía bebés, con un expansivo mundo interior desgranan pensamientos y acciones, como si hubiesen superado las tradicionales etapas del aprendizaje y ya estuvieran respirando en la vida adulta. Marigold, aunque no sabe leer, es una lectora brillante, y está escribiendo un libro en su pensamiento aunque no conozca todavía las palabras. Vendrán después. Mientras Rose es un ser social que disfruta participando en actividades sociales como el baño y que goza de una hermosa presencia física. Son dos identidades muy diferenciadas y, por tanto, complementarias al asomarse al mundo.
   Cada niña percibe un entorno insólito que acentúa su soledad y su asombro, que les hace mirar al mundo adulto con ese punto de recelo de quien apenas entiende lo que sucede alrededor y de lo que, antes o después, pasará a formar parte, cuando empiece la vida oficial. Mientas constatan a cada instante la dependencia de “Madre”, el continuo refugio para estar a salvo, mientras “padre” está lejos sumando o resolviendo enigmas cotidianos. A veces las dos añoran la vida adulta por su enorme cargamento de palabras.
   De las reflexiones interiores de las dos mellizas nace la casa familiar y sus pobladores con una sensibilidad irónica en ocasiones y en otras repleta de ternura al poner silueta propia a los comportamientos de Madre y Padre o al discurrir de un tiempo que camina hacia el primer año de vida.
   En algunas entrevistas de prensa Louise Glück ha definido el libro como una novela poética dividida en breves capítulos. También ha señalado que la ficción nació a partir de los vídeos de sus nietas, grabados por el padre de las mellizas en California, y a quienes no podía visitar en 2020 por la pandemia. De las visualizaciones nacieron observaciones en torno a las bebes y su capacidad de relacionarse entre sí o con los adultos.
   El mundo interior en formación concede a la escritura de Marigold y Rose una perspectiva inédita frente al misterio del tiempo, una forma de expresión sencilla y delicada que se anticipa a las palabras y ayuda a vivir. Por eso resulta paradójico que la ausencia de Louise Glück coincida con el retorno a la infancia de su escritura, con la vuelta a ese tiempo que abre puertas y teje amanecidas, como si confirmara la presencia continua de quien ya no está. Descansa en paz, querida poeta; tu poesía intacta, conmigo, rompiendo lo frágil.

JOSÉ LUIS MORANTE



    

martes, 7 de enero de 2025

ELÍAS MORO. HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE

Hasta que la muerte nos separe
Elías Moro
Eolas Ediciones
Colección  Caldera del Dagda
León, 2021

 

ESCARMIENTOS

  
   Elías Moro (Madrid, 1959) mantiene desde hace años un incansable vitalismo creador que nos traslada, con solvencia ejemplar, de un género a otro; acumula entregas de poesía, relatos, dietarios, aforismos, antologías y páginas autobiográficas. Un material expresivo heterogéneo que comparte criterios estéticos y un planteamiento intelectual acorde con una memoria selectiva de evocaciones y recuerdos, de imaginación y realidad. En el taller de autor priman la limpieza expresiva, el epitelio emocional y el equilibrio justo entre los afanes del protagonista subjetivo y el paseante común de las aceras colectivas.
   Hasta que la muerte nos separe es un mosaico de minicrímenes que debe su existencia germinal a la admiración lectora hacia Max Aub y su libro Crímenes ejemplares, obra publicada en 1957. El notable aforista de posguerra y cuentista excepcional consideraba sus cuentos como un irónico tributo a la caridad y al amor fraterno. Tras un escepticismo vital pleno de ironía y bajo la consideración teórica de que “Matar, acabar con lo que molesta para que sea otra cosa, para que pase más rápido el tiempo. Servicio a prestar hasta que me maten, a lo que tienen perfecto derecho” el autor escribió durante un considerable intervalo temporal, ajeno a consideraciones éticas o dogmatismos doctrinales, enlazando textos con un estridente humor negro y una escritura irreverente, contrapuesta a los moldes establecidos. La variedad de argumentos enfoca en primer plano al criminal, no para que muestre su arrepentimiento por la irracionalidad del acto violento, llevado al extremo con la aniquilación del otro, sino como escarmiento; para que la víctima asuma su condición merecida de ceniza y escarcha.  Por tanto, hasta el absurdo tiene su razón de ser cuando el humor deconstruye y cierra los ojos a los prejuicios de confesionario; los argumentos dan cuenta de la razonable posición de quien esgrime un sentido personal de la justicia con el mimo silencioso de la paciencia, esperando el momento oportuno.
   En las microhistorias de Elías Moro perdura una atmósfera de oralidad que parece adecuarse al punto de vista verosímil; la voz que enuncia habla con la sensibilidad cercana del interlocutor que no tiene nada que ocultar porque lo que acontece en cada historia adquiere una cimentación imprescindible en la lógica del sujeto. El asesinato conmueve, ocupa su lugar necesario en lo cotidiano, y va dejando sitio a un largo inventario de situaciones y víctimas. Las vivencias trenzadas dibujan una variopinta crónica de época donde respiran el amor, las alergias, el robo, las malas condiciones de aparcamiento, el hartazgo vecinal o las subidas y bajadas de un ascensor de vecinos que reiteran las abstrusas conversaciones de quienes no tienen nada que decirse. Sea en los diferentes puntos urbanos de la ciudad o en el gozoso contacto con la naturaleza, todos son cálidos escenarios de aprendizaje para apagar el interruptor del corazón.
    El sujeto verbal pertenezco a la misma estela generacional que los narradores clásicos: Lo que guía cada palabra es la fuerza de la historia, sin digresiones ni filosofías, solo el fluir de un desenlace argumental rápido que deje dormir a la cariacontecida expresión de la víctima en los colchones de lana del humor y el asombro.  El humor es el primer mandamiento en estos microrrelatos de Elías Moro; un humorismo sombrío, que bebe de la inteligencia poética cejijunta de Francisco de Quevedo, de los juegos lúdicos de Ramón Gómez de la Serna o de la sabiduría popular del refranero: “quien la hace, la paga”. Cambian tablas de representación y actores implicados para que alcance vuelo una variedad de tramas que ratifica las líneas estéticas, trazadas con escuadra y cartabón. Las sintetiza en contraportada Pilar Galán: “Con un sentido del humor inteligente, con una ironía teñida de romanticismo y con un elegante dominio del ritmo y la brevedad, el autor nos presenta un catálogo de crímenes que se abandona con una sonrisa, cierta complicidad no exenta de remordimientos y una identificación que va más allá de la literatura.
   En Hasta que la muerte nos separe queda vivo el peso de la historia, el dibujo visual del hecho delictivo como un legado sobrio y cercano. Frente al lector se expande un páramo de acontecimientos cuyo tacto contagia al mismo tiempo la constante obsesión del ser humano por la violencia y sus enigmáticas razones para autojustificarse a la hora de exponer sus actos más oscuros, la sostenida vocación de verdugo. Que no vengan con cuentos;  a la hora de morir y matar, cómplice necesario, solo el humor nos salva.
 
 JOSÉ LUIS MORANTE
 
 
 
 
 
   
 

lunes, 6 de enero de 2025

NOCHE DE REYES MAGOS

Noche de Reyes Magos
(Rivas Vaciamadrid, 2025)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


 6 DE ENERO

Algo me dice que en los gestos de un niño,
poniendo entre las sombras sus zapatos
y unos vasos de agua
para apagar la sed de esperados viajeros,
está toda mi vida.

Han pasado los años 
y no sé de renuncias ni de claudicaciones;
jamás me fue posible vivir en otra casa
que no fuera tu sueño.

                  (De Población activa, 1994)





domingo, 5 de enero de 2025

MANUEL FERIA. AFORISMOS

Manuel Feria
(San Cristóbal de la Laguna, 1949)

 

Los aforismos de Manuel Feria

 

  Después de largos periodos con perfil casi desvanecido, en el tiempo digital el aforismo multiplica círculos de resonancia. Deja la imagen de un género sedimentado que ocupa una geografía expandida y traza itinerarios impredecibles de la mano de una pluralidad de voces. De esta crecida participa el taller literario de Manuel Feria (San Cristóbal de La Laguna, 1949), Catedrático de Farmacología con desempeño laboral de casi cuatro décadas en la Facultad de Medicina de la Universidad de la Laguna. Autor de publicación tardía, Manuel Feria comenzó a publicar tras su jubilación, “transitando los setenta” y fuera de los habituales circuitos editoriales. Nutre sus libros con una literatura breve escrita al margen de promociones y solo impulsada por su gravitación, lo que tal vez ha ocasionado una leve marginación en antologías y propuestas indagatorias que intentan poner lindes al espacio aforístico actual.
   Su amanecida en el molde breve es Verlas venir, entrega editada en 2015, aunque no tarda en publicarse de nuevo dos años después. Con portada y viñetas interiores del pintor Antonio Mauro García González, más conocido por Fanega como nombre artístico, el volumen cuenta con una hermosa nota prologal del poeta, narrador y profesor de talleres literarios Bruno Mesa, quien alentó a Feria a perder su condición de escritor secreto. En ella se resaltan algunas claves esenciales del pensamiento microformal: el desorden compositivo, el impulso de omisión y despojamiento de la caligrafía concisa y el propósito unitario de hacer del trabajo reflexivo una terapia, una medicina capaz de fortalecer la resistencia del material humano entre certezas difusas.
   Los invitados al proceso creativo de Manuel Feria percibirán un tono moralizante en torno al trayecto biográfico y un empeño, más o menos jocoso, por “caricaturizar la existencia, ya que “verlas venir no es suficiente, también hay que saber apartarse a tiempo”. El caminar por lo cotidiano de cualquier presencia se hace aula abierta, cercanía con interrogantes y claroscuros y convivencia con un yo social, diverso y contradictorio.   En el suelo argumental de Verlas venir se ramifican las propuestas. El tiempo, la vida al paso, las relaciones con los otros, el tejido sentimental son interrogaciones verbales que van dibujando el latido tenaz del interior: “No hay peor vida que vivir en los suburbios de uno mismo”, “Profundiza y discreparás”, “Nadie lo sabe todo sobre sí mismo”.
 Tantos registros mantienen una estela unitaria, que salvaguarda paradojas e ironías: “Sobre una misma verdad se puede mentir de mil maneras”, “Para esconderse de uno mismo no hay que ir muy lejos”, “¡Cuánto caos se necesita para conseguir el más perfecto orden!”, “Solo el silencio puede explicar el infinito”. Preguntas y respuestas giran alrededor y mantienen en guardia una mirada subjetiva, cuyos descubrimientos a veces no están exentos de caminar por las ramas de la incertidumbre.
   Los textos de Verlas venir muestran sensibilidad ética. Quien percibe la práctica social sabe que la realidad requiere una configuración desde dentro, la retina tonal de un moralista. El pensamiento sabe que en sí mismo el lenguaje es estéril y necesita un despliegue filosófico, una mirada a la luz de la razón que tenga el equilibrio de la prudencia y la voluntad fuerte del ideal: “Si te exhibes muestras tus sombras, si te ocultas apagas tu luz”.
   La Real Academia de la Lengua define la expresión “Estar en ascuas” como la acción de permanecer en un estado de inquietud e incertidumbre”; un estar implicado con un grado de atención extremo hasta conocer el desenlace final sobre acontecimientos que despiertan en el observador el máximo interés. El aserto sirve a Manuel Feria para titular los breves reunidos en su segunda entrega, publicada en 2017 con similares características formales de su libro de arranque. Otra vez las viñetas de Fanega aportan el saludable cromatismo visual y en esta ocasión la firma invitada para escribir el umbral es la de Javier Recas, filósofo, aforista y uno de los perfiles más clarificadores en la teórica  sentenciosa. El investigador recuerda las frecuentes vicisitudes del género al consolidar un molde propio; reafirma los recodos esenciales de una tradición en la que el aforismo se va consolidando como luminosa reflexión sintética que da cuenta de percepciones subjetivas.
   También el autor de Estar en ascuas se acerca con voz humilde a la esencia interior del decir conciso: “Escribir un libro de aforismos es desnudar el alma y exponerse a la curiosidad ajena. A fin de cuentas, mis aforismos describen cómo soy, en qué creo, qué me sorprende y cómo reacciono ante un mundo confuso y cambiante. Son, a un tiempo, filosofía vital y biografía personal”. Con tan ligero equipaje retórico, Manuel Feria se deja ir por el manso río del tiempo, sintiendo la cercanía de un entorno que genera fragmentación y diversidad, escenas cambiantes, vislumbrando los pasos del yo y su distante cercanía: “Al final del camino, las cosas se desnudan de sí mismas y apenas se percibe el aroma sutil de haberlas vivido”, “Vivir no es mucho más que buscar sentido a la vida”.
   Observar es renacer, buscar en la aparente quietud los matices que despliega ese espacio ambiguo expandido entre la realidad y el sueño, entre lo previsible y el vuelo onírico que mira más allá de lo aparente: “A veces, la memoria parece encontrar un especial deleite en recordarnos aquello que no sucedió”, “El aforismo es una ficción que explica la realidad”.
   La precisión verbal agiganta lo minúsculo; hace de la reflexión un desvelo. En la entrega En Ascuas Manuel Feria reconstruye un rompecabezas de ideas. La sedimentación de la experiencia vital y la llegada a la madurez propician que la aforística adquiera densidad filosófica; ya no se trata de escribir sino de entender, de buscar en nuestros exiguos conocimientos la necesaria sensibilidad que se convierta en espejo de nuestra conciencia.
   En el preámbulo de Fe de vida, tercera salida de Manuel Feria en su recorrido por el aforismo, Benito Romero hace del discurso lapidario y de sus principios de armonía, exactitud y brevedad, un campo abierto a la ironía; a la solemnidad sentenciosa le viene bien la pérdida de cualquier púlpito para no tomarse en serio a sí misma. Desde ese enfoque la voz verbal de Fe de vida coloniza las palabras de un ironista liberal, un paseante del transitar vital, resignado y perplejo, que deja en sus enunciados una fe de vida.
   Con innegable afán de continuidad, Manuel Feria prosigue su tentativa de definición del yo, ya que la existencia es la columna vertebral de esta nueva compilación textual: “Cultiva tu definición y podrás salir fuera”, “Contemplar un amanecer es la mejor fe de vida”, “El silencio no niega la evidencia, la reafirma”, “Abrir una puerta es tentar al destino; cerrarla es resignarse a vivir en él”
   Quien escribe no se engaña sobre la naturaleza ilusoria del contexto social, sabe que la caducidad de dogmas y verdades acecha a cada paso del enfoque indagatorio y que hay que aprender de los errores propios y ajenos para diseminar la hojarasca: “La verborrea diluye el pensamiento”, “La soledad es el último refugio de la libertad”, “El caos subyace al orden natural, la confusión al orden social.”, “Las cuatro edades del hombre: ilusión, lucha, desengaño y resignación”, “Filosofar es remover las aguas del estanque de la perplejidad”.  
   El conjunto de brevedades de Manuel Feria hace de los sondeos en la cambiante superficie del yo el venero central de un largo proceso de autoconocimiento. El aforismo se abre camino para rejuvenecer a las palabras, más allá de la evanescencia temática. La vida es imprevisible pero siempre garantiza una cumplida paleta de colores para celebrar y dudar, para tantear el decurso existencial desde una metafísica introspectiva, discrepante y nunca exenta de contradicciones, acaso porque esa realidad aparente no es más que una ligera construcción mental, un ejemplo de arquitectura porosa.



JOSÉ LUIS MORANTE







sábado, 4 de enero de 2025

JUEGOS DE MESA

Las Vegas, USA, 2024


 JUEGOS DE MESA

Si la existencia es un juego de mesa, resulta ineludible que lleve consigo un manual de instrucciones.

Antes de cualquier comportamiento agresivo y estrepitoso, hay que recordar que los renuncios generan una larga relación de efectos secundarios.

Los agravios tienden a la compensación, ceden a las víctimas el último turno de palabra.

El mercurio invernal es una buena excusa para congelar propósitos.

Los amigos perdidos ratifican que el tiempo pasa por contracción.


El yo pensante nunca debe discrepar con la indiferencia.