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| Jorge Luis Borges: Mitologías |
Un instante con Jorge Luis Borges
Hoy, los ordenados libros de Borges me miraron con el ceño fruncido. Hace
meses que no los leo. Acepté de inmediato culpa y desidia, aunque argumentando
que mi admiración por el escritor argentino sobrevive con tenacidad. Y diseñé, en pocos minutos,
un plan de relectura.
Antes, reconstruiré antes la personalidad del argentino con libros de Marcos Ricardo Barnatán, Alberto Manguel y con la primera edición en castellano de Un ensayo autobiográfico, texto ilustrado con más de un centenar de fotografías.
En algún cajón de mi escritorio, un cuaderno manuscrito relata una evocación detallada de mi pasión por Borges, expuesta en artículos, reseñas y poemas, y alimentada por la creencia de que no existe en su literatura una sola página que pueda considerarse territorio estéril.
Me espera un largo viaje de retorno, un desandar el tiempo, en el que me conviene recordar que “leer es una actividad posterior a escribir, más resignada, más civil, más intelectual”.
Antes, reconstruiré antes la personalidad del argentino con libros de Marcos Ricardo Barnatán, Alberto Manguel y con la primera edición en castellano de Un ensayo autobiográfico, texto ilustrado con más de un centenar de fotografías.
En algún cajón de mi escritorio, un cuaderno manuscrito relata una evocación detallada de mi pasión por Borges, expuesta en artículos, reseñas y poemas, y alimentada por la creencia de que no existe en su literatura una sola página que pueda considerarse territorio estéril.
Me espera un largo viaje de retorno, un desandar el tiempo, en el que me conviene recordar que “leer es una actividad posterior a escribir, más resignada, más civil, más intelectual”.
(Apuntes del diario)

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