martes, 29 de mayo de 2012

EL REINO DE LOS SOLOS


Llega el día, una amanecida igual a todas que merece un poema distinto.

Comienzo a trabajar entre vigilia y sueño, en horas donde tienen mis renglones posturas de garza.

Sensación de alivio. Soy torpe. Carezco del aura neurótica del perfeccionista.

Disimulo carencias con una voluntad incontestable y con la efusión de las lecturas.

Voces. Sentimientos reivindicativos de los que escriben mal y exaltan sus deméritos.

Calcio esquelético en un verso que guarda todavía el olor de la tinta.

Erudición practicable para elaborar un árbol genealógico de influencias.

Incongruencias. Dicen lo que no hacen. Saben que lo sé.

El cansancio corrige trayectorias. Sobre el cristal la imagen de la luna. Llega el sueño con la confiada seguridad de quien sabe que empezaré de nuevo al día siguiente.

En el sueño recuerdo un cuento de Juan José Arreola: " La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones"

domingo, 27 de mayo de 2012

ALEJANDRO TOMASINI BASSOLS. INVITACIÓN A LA FILOSOFÍA.

 Filosofía moral y visiones del hombre
Alejandro Tomasini Bassols
Devenir, El Otro, Madrid, 2012

   Con Filosofía moral y visiones del hombre el profesor Alejandro Tomasini Bassols (Tapachula, Chiapas, México) consiguió el XII Premio de Ensayo Miguel de Unamuno. Para el ensayista la conducta humana es esencialmente significativa y, por tanto, evaluable porque impulsa actitudes intencionadas y refrenda una ética. Cada sujeto selecciona sus reglas morales, lo que explica el plural abanico  de actuaciones.
   La ética como acercamiento a la norma moral no tiene otra fuente que el ser humano a través de la historia, en cada civilización, en cada sociedad concreta;  a su análisis se han dedicado los grandes nombres de la filosofía para elaborar visiones abstractas y teorías divergentes en muchos casos. Al análisis de estos selectivos puntos de vista de reconocidos pensadores se dedica este ensayo que aglutina el pensamiento de Aristóteles, Hume, Kant, Mill, Moore, Nietzsche y Wittgenstein.
   El recorrido se inicia explorando la perspectiva aristotélica sobre el alma y la ética como disciplinas sociales prácticas. El filósofo griego se posiciona con los pies puestos en la tierra; para él la ética está integrada en la ciencia política que regula la existencia comunitaria y fortalece principios de racionalidad práctica que contribuye a establecer puentes entre el hombre y su entorno. Se recupera su doctrina del justo medio, casi el núcleo de la ética aristotélica, estudiando la descripción de sus aplicaciones, las nociones morales que aglutina y su aplicación en el propio contexto.
   La doctrina del griego deja paso a las concepciones de David Hume. Esta transición ideológica aporta un nuevo molde conceptual: “el representacionismo”; las ideas derivan de impresiones y entre ambas categorías hay una relación de semejanza; el conocimiento parte de la experiencia del yo individual. Para Hume es muy importante la moralidad, que conecta con las pasiones y con la voluntad individual como motor de acciones.
   Ejemplo de pensamiento sistemático, la aportación de Kant incorpora mapas conceptuales como la libertad del ser o la idea del conocimiento empírico de la realidad en sus coordenadas de espacio y tiempo; para Kant la ética engloba propósitos intencionales, normas o principios y obligaciones.
   Las aportaciones de J. S. Mill, politólogo y economista, tienen como base el concepto de utilidad. Positivistas y con un evidente enfoque social, los argumentos de Mill unifican ética y política y relacionan utilidad y justicia, aunque no tengan la entidad de un verdadero sistema de ética.
   Perdura la actualidad de Nietzsche por su retórica de impacto y su radical contundencia aseverativa. Su visión del ser humano y su lugar en un mundo natural, regido por leyes inexorables, llevan a la caracterización del superhombre.
   Con G. E. Moore comienza la filosofía moral contemporánea. Al sintetizar las facetas de su sistema normativo resalta la idea de que la ética investiga lo que es bueno, o tiene en sí mismo un valor intrínseco, y el lenguaje de acción que impulsa a realizarse desde una implicación práctica.
   Cierra el elenco Wittgenstein, cuya labor filosófica estudia la función lógica del lenguaje y su dimensión referencial :“ los límites de mi lenguaje denotan los límites de mi mundo” 
   Filosofía y visiones del hombre no es un manual, tampoco un recordatorio superficial de aportaciones relevantes; es un contrastado análisis de respuestas a los interrogantes éticos del hombre como ser individual y como parte activa de un ámbito público. Su autor, Alejandro Tomasini Bassols, examina aspectos, formula objecciones y hace más asequible la relevancia de la ética en el discurrir de un tiempo tecnológico y utilitario que, con demasiada frecuencia, considera la filosofía como un asunto menor. 

viernes, 25 de mayo de 2012

POSICIONES ABSURDAS.


El que reduce la humanidad a dos grupos: yo y yo.

El que piensa que su aldea es el centro neurálgico de toda la galaxia.

El que, sin matices ni restricciones, reclama hacer las cosas a su manera y no aplica este principio a los demás.

El que descifra en una espiral de humo una ecuación matemática.

El que reclama medallas y reconocimientos por protagonizar inconsistencias.

El que prefiere la violencia al pacifismo.

El que hace de sus palabras una certeza tajante.

El que ejerce de moralista activo en los divanes de un club de alterne.

El que se posiciona en la ambigüedad.

El que ofrece como única respuesta la contundencia aseverativa del no.

martes, 22 de mayo de 2012

MENUDENCIAS DEL YO

Mejores días
José Luis Morante
Aforismos, de la luna libros
Mérida, 2009



 Como un mal poema, el artificio de lo cotidiano exige un repertorio de variantes.

 Intenciones, escritas con oscura caligrafía.

 Nunca pienses que lo vivido es un despojo sin valor. En esa parte de ti que no regresa está tu origen.

 El espacio vital padece una saturación de protagonistas.

Repetimos gestos con terquedad, como si fuera necesario el aburrimiento.

Entre el desaliño y la apatía, la vida como arte.

Las telarañas del rumor requieren proximidad y oído.

Gestos que realizan una traducción completa de objeciones.

La madurez deteriora las cosas; ni siquiera funciona la costumbre.

En  el cálculo de distancias, el optimista vislumbra el tramo que dejó atrás; el pesimista, el que queda por recorrer.

A la luz del día el insomnio parece un hábito curable.

Espíritu infantil. Enriquece lo cotidiano con novelerías.

sábado, 19 de mayo de 2012

ROSA HUERTAS. EL BLOG DE CYRANO.


El blog de Cyrano
Rosa Huertas
Ediciones SM, Madrid, 2012

   Antes de exponer las gratas impresiones lectoras que me ha deparado la tercera novela de Rosa Huertas, Doctora en Ciencias de la Información y Licenciada en Filología Hispánica, voy a permitirme una pequeña digresión sobre el acierto de un título que aglutina dos sustantivos. Como el móvil, el cine tridimensional o el libro electrónico, el blog es uno de los elementos que definen el ser tecnológico de lo contemporáneo. Es sabido que el blog o bitácora no es más que el formato actual del diario escrito; un espacio digital actualizado periódicamente. El blog compila textos, imágenes, videos o enlaces que conforman un cuaderno vivencial y sugiere la respuesta inmediata del lector a través de los comentarios. El segundo sustantivo del título es un nombre propio; de inmediato remite a Cyrano de Bergerac, un drama heroico en verso escrito por el poeta y dramaturgo francés Edmon Rostand, estrenado en diciembre de 1897. Recordemos que la identidad fuerte es el poeta y soldado Cyrano, un sujeto sentimental marcado por una penosa apariencia física; el tamaño de su apéndice nasal afea el rostro y acompleja el ánimo, por lo que no se atreve a manifestar su amor por la bella Roxana más que de modo indirecto; escribe un sentido epistolario que jamás remite firmado con su nombre, e ignora que su expresión ha cautivado el corazón de Roxana. Que el legado literario se abra paso en esta tercera entrega de Rosa Huertas es una constante; personifica la forma de entender la trama de la madrileña. En Mala Luna era la sombra del poeta Miguel Hernández la que buscaba asiento entre las páginas; en  Tuerto, maldito y enamorado la voz literaria homenajeada fue la del prolífico  Lope de Vega. Y el avance accional de  El blog de Cyrano, desde el primer capítulo, recupera la historia del malogrado amador para actualizarla y enriquecer su trazado.
   Rosa Huertas elige de nuevo la ciudad de Madrid como tablero de movimiento. En el Retiro, Sofía, una joven estudiante de Ciencias de la Información conoce a una de esas estatuas vivas que pueblan los laterales del lago. El disfrazado de Cyrano gana su interés con los monólogos que relata y esa confianza permite conocer los avatares biográficos del actor que guardan simetría con sus sentimientos personales por un compañero de clase del que, paso a paso, se enamora. El presente abre otra historia de amor no correspondido, donde las palabras se convierten en liberación para ahuyentar la melancolía: “una vez leí que los refugios no valen de mucho, pero no se puede vivir siempre al raso”. Ese es el motivo de la joven aprendiz de periodista para crear el blog, un refugio donde preservar su intimidad y no dejarla a la intemperie, cuando la senda de los días elige una ruta equivocada.
   La sensibilidad lectora de los dos estudiantes define su vocabulario de uso. Sofía ama el teatro y la poesía de autores como Gloria Fuertes y Pablo es un escritor futuro que lee a Luis Cernuda, Luis Alberto de Cuenca y Ángel González y escribe poemas y relatos, a la espera de una mayor madurez para intentar adentrarse en la novela. No son los únicos géneros literarios que se marcan en la escritura. El quiebro narrativo de la segunda parte, a través del recurso cervantino que incluye en el relato general un texto autónomo, aporta abundante información sobre el teatro de los años treinta, que tiene como estrella de las tablas a Margarita Xirgu, primera actriz a las órdenes de Rivas Cherif y amiga y favorita de Federico García Lorca, de quien representó prácticamente todo el teatro escrito por el malogrado  poeta granadino.
   La autora se siente cómoda en este tiempo histórico ya que lo investigó en profundidad para Mala Luna; incluso repite algún dato como el menú navideño de Madrid durante la época del racionamiento: un huevo y una salchicha.   El texto descubierto propicia una extensa investigación que adquiere el carácter de drama y que se define como crónica de la barbarie vivida en la guerra civil y del oscuro paréntesis de la posguerra. El relato, por su dramatismo, deja en un segundo plano a la relación entre Pablo y Sofía.
   El tramo de cierre “Puro teatro” resuelve las claves argumentales con una sorpresa. Cuando la historia sugiere un desenlace incierto y desesperanzado la literatura reescribe porque su ámbito es la imaginación, la posibilidad de hacer verosímil la invención. Realidad y ficción se solapan y comparten límites difusos. Como se apunta en la novela: “Quizás sólo seamos personajes de ficción de una novela que alguien escribe”.
   Distintas coincidencias biográficas entre el devenir vital de la autora y el personaje de Sofía inciden en la idea de que  El blog de Cyrano  no descarta los elementos autobiográficos. Pero la novela no es un diario oculto sino una muestra más de la imaginación y del acierto narrativo de Rosa Huertas, cuyo quehacer creador merece ser seguido con el máximo interés.



                                                                  

miércoles, 16 de mayo de 2012

IMAGEN DE JOSÉ ÁNGEL VALENTE.

 El guardián del fin de los desiertos.
Perspectivas sobre Valente
Edición de José Andújar Almansa
y Antonio Lafarque
Pre-Textos, Valencia, 2011

   El cauce creador de José Ángel Valente (1929-2000)  se ha convertido en senda y magisterio de buena parte de la nómina poética española del cierre de siglo, acogida bajo la denominación “poética del silencio”. El escritor desaparecido define una estética de la transcendencia, diversificada en lírica y ensayo, que aglutina desnudez, despojamiento e indagación en el sentido último de la finitud, a través de elementos simbólicos como la luz y el desierto.
    Valente fue un poeta escindido de la rama generacional del medio siglo que eligió Almería  para vivir los últimos quince años de su existencia, un lugar en la periferia, a trasmano, que lo acogió con hospitalidad. Al cumplirse el décimo aniversario de su muerte, fue sede de un encuentro de estudiosos y especialistas para abordar la figura y la obra desde una perspectiva plural.
   El conjunto de las intervenciones se integra en El guardián del fin de los desiertos, una aproximación coordinada por José Andújar Almansa y Antonio Lafarque, con disposición de tríptico. El apartado inicial, “La memoria”, explora el discurrir biográfico a través de testimonios que integraron el círculo más íntimo. El introvertido carácter de solitario se disipa en bocetos afectivos que rehumanizan la figura existencial, muchas veces, proclive a la aspereza y al juicio espinoso sobre contemporáneos. Para los que pretenden diferenciar entre vida y obra, la conclusión general de los ensayos incide en la idea de que son conceptos complementarios. En esta cronología vivencial, en la participa Antonio Gamoneda para enlazar el pensamiento poético con hitos biográficos como la vida y la muerte, tiene especial significado el análisis de Andrés Sánchez Robayna sobre el diario inédito, una miscelánea que arranca en los años cincuenta y se mantiene hasta sus últimos días. Esta redacción discontinua aglutina apuntes biográficos, esbozos críticos sobre lecturas, citas, disquisiciones aforísticas y bocetos de textos en verso o en prosa. En septiembre de 2011 el Diario anónimo fue publicado por Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, en edición de Andrés Sánchez Robayna.
    Cuatro aportaciones compila la segunda sección, “Los signos”, centrada en el recorrido creativo. El apartado desvela la segregación natural: poesía, traducción y ensayo. En él sondean José Andújar Almansa, Lorenzo Oliván, Miguel Gallego Roca y Jordi Doce. Exploran la diversidad  genérica y su común aspiración a la unidad a través del carácter cognitivo del lenguaje. La palabra poética trasciende la realidad, multiplica símbolos y oculta a la razón el significado común porque las referencias se disuelven y la escritura no se deja llevar por la inercia de lo establecido. La poesía nace de la crisis de identidad del sujeto poético y de la necesidad de recobrar el sentido originario de las palabras de la tribu. Por otra parte, Valente prodiga una abundante reflexión metapoética que conexiona con la tradición mística y con la filosofía. Gallego Roca analiza el concepto de traducción del escritor, cuya labor se compiló en 2002 en  su Cuaderno de versiones. El rastreo de obras de otra lengua le permite profundizar en legados foráneos y, al mismo tiempo, le ayuda a clarificar el sentido de su propia tradición.
   El pensamiento crítico de Valente promueve el ensayo de Jordi Doce; el poeta y traductor perfila un contexto personal a partir de la precaria situación ensayística de los noventa en nuestro país y recupera el supuesto enfrentamiento teórico entre dos magisterios de ese tiempo: Jaime Gil de Biedma y José Ängel Valente. Para Jordi Doce el ensayo crítico de Valente no es sino una paráfrasis de su discurso lírico.
   El muestrario de cierre acumula enfoques abiertos. Abre la sección María Payeras, investigadora que ha firmado valiosas aproximaciones a la promoción del 50 y a la colección Colliure; de ahí que se detenga en el tramo inicial del discurso lírico, cuando Valente se aproxima a una estética compartida, su discurso teórico se inserta en una realidad simbólica y se proyecta la imagen del autor en la obra. Sobre esa realidad simbólica y sobre la convergencia entre estética y filosofía profundiza Carlos Peinado Elliot sobre Tres lecciones de tinieblas, tal vez la entrega más hermética.
   Ha transcurrido más de una década desde el fallecimiento del escritor y su presencia literaria no ha hecho sino acrecentarse. El valor y la actualidad de su testimonio intelectual fomentan aproximaciones y contribuyen a profundizar en una senda creadora que puede analizarse con perspectiva histórica; una estética de rigor y despojamiento que lleva al lenguaje hasta el punto cero.

                                                                 

domingo, 13 de mayo de 2012

RICARDO RUIZ. DERROTAS.

Los vencidos
Ricardo Ruiz
Devenir, poesía, Madrid, 2012

   Una enumeración caótica sirve de pórtico al libro Los vencidos, quinto poemario de Ricardo Ruiz (Burgos, 1963). El poema, de tono desasosegado y crepuscular, concluye con este verso : ”Los vencidos conservan la dignidad de la derrota”. Así pues el único trofeo de quien lo ha perdido todo es la coherencia personal, el hecho de contemplarse en el azogue de los espejo sin tener que cerrar los párpados. Queda la coherencia, el mantenimiento intacto de una identidad que ha sobrevivido a lo contingente, en ese largo recorrido que se extiende entre la aurora y el crepúsculo.
   El yo poemático se sitúa en el último tramo del camino y con el sosiego manso del que no aguarda nada hace recuento de las pérdidas. El mapa de tiempo se despliega para exhibir las coordenadas donde se hacen más evidentes los estragos.
    Las metáforas se acumulan para reforzar la semántica del deterioro en una escritura, seca y austera, cercana al patetismo, que prefiere el paso reflexivo de la prosa al son reiterativo de cualquier cadencia métrica.   Toda la serie inicial de “los vencidos” comparte un aparente matiz autobiográfico; el dolor se hace verosímil porque es el dolor propio, el que nos acompaña bajo el paraguas negro del fracaso, sin que el devenir existencial alcance metas justificatorias.
   La segunda parte “Estoy ayer” hace suya la tinta de la memoria, amalgama recuerdos recuperando un baúl vivencial retrospectivo, escrito con la tinta desvaída de la memoria. El poema se adelgaza, busca la fuerza comunicativa de un pensamiento cerrado, casi en clave aforística, como si este fuera el método más idóneo para describir la decepción. Una y otra vez se expanden términos cuya semántica tiene un claro matiz invernal. Sólo la infancia representa el lugar de la esperanza, mientras que el ahora se ha convertido en un enclave de melancolía, como si el sujeto verbal consumiera un plazo vital con fecha de caducidad: “Todo llega para irse. / El sudor de los cristales. / La semilla de la nieve. / El claxon del amanecer. / Las bragas de la noche. / La seda de los muslos. / La piel de las olas. / Los pulmones del mar. / Todo llega para irse ". 
   Ricardo Ruiz, en su poemario Los vencidos excluye el espejismo complaciente del futuro que deja ante los ojos un estático paisaje habitable. El desenlace poemático no invita al optimismo sino a comprobar que una caricia en una piel de invierno tiene un tacto rugoso, como helada tristeza. Queda el pasado y queda entre los dedos la aceptación de un destino personal que concluye en un andén vacío, donde toman el tren aquellos pasajeros que se marchan hacia ninguna parte.