domingo, 1 de enero de 2017

EL YO DE ARCILLA. NUEVA CREACIÓN

Espera


NUEVA CREACIÓN

                   Volver al día

Si me hallaras vacío,
solitario, distante,
con el alma sin lastre
que asegure lo humano,
triste grano de arena
que se bebe la sed,
una  cometa frágil
en las manos del viento,
ámame dulcemente,
sobre todas las cosas,
como si fuese barro
de una estatua olvidada
que requiere tu soplo
para vivir de nuevo

       (Rotonda con estatuas, 1990)


sábado, 31 de diciembre de 2016

CUENTECILLO DE NOCHEVIEJA

Es cielo y es azul


DIAGNÓSTICO

   Su curtida experiencia en la consulta no supo definir las extrañas lesiones. Ni siquiera cuando acercó las recientes radiografías al foco de luz, o leyó en voz baja los prolijos informes del analista. Con la paciente voz del paternalismo, preguntó de nuevo al protagonista. Palabra a palabra, recibió la misma respuesta. El paciente se había caído en un sueño. 

(Del libro en preparación Cuentos diminutos)


viernes, 30 de diciembre de 2016

RESPUESTAS AL CUESTIONARIO CHAMFORT

San Agustín (Florida USA)

CUESTIONARIO  CHAMFORT


¿Recuerda cuándo empezó a escribir a aforismos de una forma
consciente, es decir, comprometido con el género en cuanto autor?

  No recuerdo una fecha exacta, pero los primeros aforismos de mi libro Mejores días (Mérida, 2009) nacieron hacia 2005, ya como textos autónomos para integrarse en un libro futuro. Antes  escuché con frecuencia que muchos de mis poemas tienen un cierre aforístico; así que no fue una decisión brusca en mi escritura.

¿Cuál es su método de creación y composición de aforismos? ¿Los
corrige de forma concienzuda, o prefiere respetar la primera
intuición?

  No existen fórmulas fijas. Por lo general suelen presentarse con un detonante concreto: una vivencia, una lectura, un asunto laboral… Así alcanzan una primera redacción que después modifico varias veces. La intuición  es una brújula perezosa y poco fiable.

 ¿Cuáles son sus aforistas de cabecera?

Mis estaciones de vuelta son dos, Friedrich Nietzsche y Elias Canetti.  Pero no monopolizan mi mesilla, dejan sitio a los moralistas franceses o a clásicos y coetáneos que me dejaron el alborozo intacto de un descubrimiento.

 Dígame su aforismo favorito, aquel que envidia no haber escrito usted.

Los gustos cambian con el discurrir temporal y la estructura del género no invita a la memorización, como un poema rimado; más bien a la reflexión. Los estados de ánimo también regulan las preferencias. El que hoy prefiero no es el de ayer y mañana será sustituido por otra lectura. Este de Ramón J. Sender se escucha muy bien: “El error de haber nacido se corrige siempre”.

 ¿Recuerda el mejor aforismo sobre el aforismo que haya leído?

En la edición que Renacimiento hizo de los aforismos de F. Nietzsche existe un índice temático, y sería fácil elegir una respuesta. Sin embargo la cualidad esencial del aforismo es su diversidad. No me gustan los aforismos que se miran su propio ombligo. Así que callo cualquier aforismo narcisista.  

 ¿Qué lugar ocupa el aforismo en su actividad creadora, respecto a
otros géneros?

Desde que abrí el blog “Puentes de papel”, el 30 de diciembre de 2011, la práctica aforística ha ganado musculación y presencia. Su filosofía concisa y su ajuste léxico  muestra grandes afinidades con el tiempo binario de internet. Además es un género sedentario en mi trabajo que comparte espacio con la crítica y la poesía en buenas relaciones de vecindad.

 ¿Cree que se está produciendo en España cierta burbuja aforística?

   No. Aquí no sirve la especulación. Los falsos materiales no pueden disimularse; por tanto los espejismos apenas salen a la superficie. En las últimas décadas, se han constituido nuevas colecciones que invitan al lector a sumarse al género. Y también hay una mayor solicitud de frutos aforísticos por parte de los editores. Así que parece que hay una cosecha cualitativa.

¿Qué influencia cree que pueden haber ocasionado ciertos fenómenos
sociales (como la publicidad o las redes sociales) en el actual boom
del aforismo?

Ya he comentado en una respuesta anterior que vivimos tiempos de celeridad comunicativa y el aforismo se ajusta bien a este trayecto en ruta. Un cantar de gesta en el blog es ilegible; un haiku o un aforismo invitan a una degustación al paso. Son aperitivos creadores que no sacian el hambre de buena literatura pero diluyen sus efectos.

 ¿Qué virtud y qué peligro puede tener el aforismo respecto a otros
géneros literarios?

Consignaría como virtudes la precisión, el fondo argumental incansable, la facilidad de lectura y el afán comunicativo. Los peligros también son explícitos: el tono solemne de púlpito y dogma, la obviedad, el razonamiento sin matices…

 Para terminar, obséquieme con un aforismo inédito, nunca antes
publicado en ningún otro sitio.

Debo ser generoso con su paciencia. Dejo dos:

“Antes del alud, elogiaba la belleza impasible de aquella roca”

“Cuando el lunes se despista deja en los espejos una sonrisa dominical”

                                                          
                                             Cuestionario Chamfort de José Luis Trullo 
para la revista digital EL AFORISTA 
www.elaforista.com

                                               

jueves, 29 de diciembre de 2016

ÁNGEL PETISME. EL DINERO ES UN PERRO QUE NO PIDE CARICIAS

El dinero es un perro que no pide caricias
Ángel Petisme
Premio Miguel Labordeta 2015
D. de Educación, Cultura y Deporte
Gobierno de Aragón, Zaragoza, 2016
DENUNCIA Y COMPROMISO

   Cuando recorro las calles literarias de Ángel Petisme lo hago siempre con la imagen del poeta junto a una guitarra, como si no fuera posible entender la textura de su obra sin el tacto firme de la música. Y recuerdo de paso aquella  reflexión de Juan Ramón Jiménez recogida en Ideolojía, título global de sus aforismos: “El paisaje del músico está todo hecho de vagas ondas líricas que van y vienen; el del poeta tiene la imprecisión del ensueño de las palabras”. Así que el aragonés unifica una realidad creadora implicada en esa doble condición.
   No sorprenderá al interlocutor habitual de Ángel Petisme el uso de un rótulo tan explícito para esta entrega, El dinero es un perro que no pide caricias. En su médula está la aseveración de un modo de vida que hace de lo material el centro giratorio de la existencia. Así funcionan los engranajes aceitosos de la sociedad capitalista que basa su fulgor en la desigualdad social y en la concentración de la riqueza en unas pocas manos, unos protagonistas jerárquicos que, además, tienen el control político, social e informativo de toda la estructura colectiva. Esta situación mantiene un equilibrio moroso que solo despierta con la denuncia y el compromiso activo. Y a ello se aplica en palabras y poemas Ángel Petisme, para quien el lenguaje no es un florecer de enunciados gratuitos sino una toma de posición, el suelo de cultivo donde cavar trincheras reivindicativas.
  Así lo constata, sin aderezos retóricos pero con un amplio bagaje culturalista, esta salida reconocida con el Premio Miguel Labordeta. El libro aglutina cuatro composiciones largas que sugieren ciclos estacionales narrativos. El de amanecida “Un minuto caliente” –título de una canción de Red Hor Chili Peppers- es un largo recorrido personal en torno a la música como gesto activo y a sus principales protagonistas, según mantiene el cristal transparente de la memoria del poeta: los versos miran el gastado traje de la historia para hallar el principio de esos desajustes que generan, desde su amanecida, sábanas de sombra y oscuridad sostenida. El paso argumental traza una senda, deja al descubierto las voces de los que iniciaron desde la música un largo lamento acusatorio, un mantra plural que suena en el tiempo entonado por gargantas que forman parte de un único coro. Nadie se queda solo porque suena una voz de multitudes, un reguero de música que llena el camarote de la soledad, mientras enseña que los trovadores perviven, aunque no estén, como si fueran impasibles compañeros generacionales, las mejores mentes, las que abren senda para que otros prosigan en la búsqueda de sensaciones para ser felices, al menos por un día. Un discurrir del tiempo hecho canción que asiente a pronunciar las sílabas culpables de una verdad furiosa, que parece sin más un largo aullido contenido en la letra de una canción lejana: Tu sueño del futuro es un proyecto comercial.
 Si el primer poema era una larga evocación de nombres propios que hicieron de la música una estrategia de resistencia activa, el segundo, “Dinero y poesía” proclama un análisis que contrapone dos realidades antitéticas cuya naturaleza es un vivero de confrontación continua. Dinero y poesía se miran con desprecio y solo se soportan si cada una de ellas cierra los ojos y respira en otra parte. La poesía –la verdadera poesía, no la complaciente palabra lírica de los adaptados- busca un espacio atemporal e intangible, mientras el dinero asienta su fortaleza en lo matérico y en la complicidad de un submundo infectado. Entre las dos quedan al paso sus estrategias de afirmación sobre las que cada conciencia debe definirse, sin interferencias.
   En esta inmersión en el acontecer del dinero que va gestándose en las distintas civilizaciones desde el metal noble hasta el papel, también hay sitio para lo autobiográfico y para la evolución mudable del lugar propio. La revolución en cualquier faceta de la creación o de la existencia pasa por la de uno mismo como afirmaba Wittgestein: “revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo”.
   El poeta forma parte de un entorno crecido en el acontecer. Zaragoza es lugar colectivo que en sus etapas ha ido acogiendo el laboreo de pueblos y civilizaciones hasta construir una gran babel donde el presente es reflejo tedioso de los mismos desajustes que muestran otros sitios. La ciudad requiere hacer sitio a la utopía y poner en sus calles un sitio al sol, renacido y diáfano como un monte perdido antes del diluvio que ha borrado de sus muros cualquier síntoma de decadencia. Conviene reencarnarse en el espíritu de Rimbaud y Baudelaire, modelos del espíritu decadente, y protagonizar esa ruptura con lo viejo y manido y asumir ese afán de contenido social de la escritura que reivindica el compromiso del poeta con su tiempo histórico.
   Esa belleza gastada por el tiempo, como el cabo de una vela, de la ciudad deshabitada  se contrapone con el hermoso plano urbano de Venecia, paradigma de celo arquitectónico. Así la ciudad se convierte en destino final para la huida que permite ausentarse del tiempo y escuchar sus ecos como si fuera una gran ilusión, un espejismo ajeno a lo real en el que es posible no morir de belleza sino de verdad.
   Cierra el libro un título propicio a la estridencia, “Revolución”. La voz verbal no quiere que su sonido llegue mitigado y escueto hasta la página sino que se convierta en pancarta y recorra las calles del siglo XXI. Los versos proclaman su homenaje a los días de acampada en Sol y a aquel espíritu que inundó las aceras de Madrid para proclamar su ilusión por un cambio real y una sociedad distinta en el que las voces proclaman a coro que “sí se puede”, desde una crítica severa y expresada con un lenguaje cotidiano: “Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir,  / decía una pintada junto a la boca / del metro.  Dormimos bien poco aquellas noches: / estábamos soñando el futuro con los ojos abiertos”
  El dinero es un perro que no pide caricias es una cuerda tendida entre el compromiso y la revolución. Sus versos no quieren asentarse en el cuerpo de letra de la página escrita por la caligrafía del sosiego que habla de integración y conformismo. Busca un muro donde dejar su aullido, donde asentar las huellas de un tiempo marcado por la crisis, que excluye, ignora, y desahucia. La de Ángel Petisme es una poesía en voz alta, una riada expandida y fuerte, con una profunda veta de humanidad, que pone de relieve el empuje incansable de una conciencia activa.


miércoles, 28 de diciembre de 2016

INQUIETUD

Simetrías


INQUIETUD

                                         Cuando duerme la luz

Tensan sus hilos
inquietas sombras negras;
esparcen miedos.


martes, 27 de diciembre de 2016

RAQUEL VÁZQUEZ. EL HILO DEL INVIERNO

El hilo del invierno
Raquel Vázquez
Hiperión, Poesía
Premio "Nueva Valencia"
Madrid, 2016

HILOS EN BLANCO Y NEGRO

   El año literario llega a puerto y una de las características más relevantes de su trascurso ha sido la proliferación de antologías para dar voz coral a la primera generación del siglo XXI. Casi todas han mostrado un paisaje plural. Sin embargo, las selecciones son parciales y han dejado fuera de página a itinerarios singulares que antes o después se afianzan como travesías renovadoras. Así sucede con el corpus lírico de Raquel Vázquez (Lugo, 1990), Licenciada en Filología Hispánica por la universidad de Santiago de Compostela y autora de Por el envés del tiempo, Pinacoteca de los sueños rotos, Luna turbia, Lied de lluvia para una piel ausente, Si el neón no basta y la entrega que ahora comentamos, El hilo del invierno, un nutrido equipaje en un lapso temporal que apenas sobrepasa el lustro.
   En su última entrega, la poeta se acoge a un paratexto enjundioso: Cortázar, Bekett, Faulner, que no clarifica demasiado las sombras tutelares, así que corresponde ir desgranando El hilo del invierno, sortear referentes culturales y hallar las líneas cromáticas de su visión estética. El poema de apertura, “Sapere aude” postula una situación de desamparo y soledad en la que la voz poemática está frente a sí misma; busca sentido a ese recorrido por lo transitorio que postula incertidumbre: “Saber que cada roce / de piel, cada palabra es un milagro / insuficiente, azaroso, ya efímero. / Y lo es del mismo modo que nosotros: /esa película, la eternidad. / Y su fundido en negro. / Existe vida – y no / apenas simulacro - / solo en los ojos que no niegan a la muerte”. Existir es caminar sin tregua hacia la última costa y solo aceptando esa premisa alcanza el tiempo su encaje mudable.
   Pero la voz del sujeto nunca se formula a espaldas de un trayecto colectivo, recoge pasos que comparten senda y contingencia, que van apurando los signos de identidad de una época en crisis, donde se han ido asentando en los diccionarios de la angustia sustantivos de complejo significado. De esa llamada social se nutren poemas como “Recortes” con un cierre magnífico: “Recortarán la luz / y diremos que nunca había amanecido.”; o “Sufijos telefónicos” que muestra la cronología sucesiva de la barbarie en Guernica, Nagasaki, Sarajevo, Basora o Alepo, esos topónimos escritos con sangre que tallaron el mármol de la muerte y que imponen su evidencia en la conciencia de todos. Son sitios malditos, inútiles andenes de un cauce paradójico, en el que que sigue manando el mismo miedo y la sombra tenaz del silencio y la noche. Cada lugar es un punto de inflexión y de impotencia en el que se van apagando luces y esperanzas. Con ese mapa de carreteras desplegado en tantos sitios dispersos, es difícil aspirar a que crezcan semillas de esperanza y buscar todavía sueños que aspiren a cumplir su amanecida. El bagaje del apartado inicial está marcado por las coordenadas del dolor.
   En el paisaje interior de “Hilván de cielos”, apartado central del libro, el sentimiento amoroso constituye un andén de llegada; la ausencia del otro vuelve amarga la luz, clausura el estar diáfano del mediodía y deja entre los dedos la sensación desapacible de un tacto de nieve. De ese estar en el desamparo nace un abismo que va creciendo dentro como un páramo en el que las palabras reinician titubeos con perseverancia: “Pero no es nada fácil saber qué permanece, / nombrar lo fugitivo. / Cuando mi mano está / irremediablemente acostumbrada / a la siempre presente caricia de tu ausencia“.
  Unos versos de Roberto Juarroz clarifican el título de la sección de cierre, “Hilván de saltos”: “Hay que dar un salto. Pero todo salto vuelve a apoyarse. / Habría que ser un salto”. Es una manera de dejar sitio a la voluntad que va dejando una caligrafía esperanzada en las palabras. La evidencia está ahí, con su piel de óxido, como están los muros que cortan los sueños de los sin papeles que buscan sitio en las ciudades del progreso, como están en la imaginación del náufrago las costas acogedoras de una isla cercana: “Al menos si el sonido es luz que se levanta, / quedará alguna voz donde permanecer, / hacer de cada sueño / tinta: palabra a la que aferrarse. / Antes de ese final / que ya mismo comienza. / Que poco a poco traza el hilo del invierno”.
  Sin duda, la percepción crítica sobre los trazos que deja la poesía joven necesita distancia cronológica. Su proceso creador debe abordarse con elementos objetivos que confirmen las vibraciones iniciales y el hecho natural del crecimiento. Y así lo refrenda El hilo del invierno por su sentido orgánico, por el acierto en elegir  residuos y connotaciones sombrías de nuestro tiempo y por la intensidad y consistencia que emiten sus símbolos e imágenes. Por tanto, no especulo cuando digo que Raquel Vázquez es uno de los nombres de confianza del espacio poético actual, una de sus realidades más logradas.
   

lunes, 26 de diciembre de 2016

ENTRE CARÁMBANOS

Invierno en la sierra
Fotografía de
Javier Cabañero

ENTRE CARÁMBANOS

 A los que entrecierran los ojos del afecto

La nieve y los carámbanos propician una mirada estrábica.

Alquiló una sonrisa respetable para fingimientos y usos cívicos.

Tarde de café con reproches y una burbuja onírica que respalda el pasado común.

Ese tenso diálogo entre una cobardía expansiva y el remordimiento.

Su optimismo sugiere que la lógica cierra el camino al caos.

Músculos vigorosos, épicos, espartanos, para transportar un paraguas.

Un largo proceso de aprendizaje para masticar chicle.

Tartamudez de ideas.

De su ignorancia aprendí mucho.

Es tarde; el momento justo de hacer casi todo.

¿Vidas? Patéticas imitaciones que súbitamente se desvanecen.

( A sorbos )