jueves, 7 de septiembre de 2017

CON CATALUÑA. VÍA ÚNICA

estación olvidada
(Canfranc, Huesca)
Archivo general

CON CATALUÑA.VÍA ÚNICA


   Aclaro: no soy un retrógrado nacionalista español –ese estigma de progresía imbécil con el que los nacionalistas de periferia pretenden anular los argumentos de la razón- pero me desasosiega que el máximo mandatario de una comunidad, garante legal de la constitución de 1978, sea el impulsor de su incumplimiento, con un gobierno presionado por el radicalismo y con una presidenta del parlamento que no arbitra sino que saca tarjeta roja a la representación de todos. Por eso anoto aquí estas impresiones. Nací en España, pero me hubiese encantado haber nacido en Canadá, Australia, Estados Unidos, Suecia, Italia, Gran Bretaña o Argentina… Casi en cualquier sitio de ese mundo en progreso que ofrece a sus pobladores unas condiciones existenciales dignas.
 Me causa pánico que España se balcanice y que los muchos siglos de convivencia dependan de los intereses electorales del nacionalismo segregacionista. No quiero que España se quiebre, porque si la consulta independentista se celebra, sea cual sea el resultado, todos los demás territorios peninsulares e insulares también tienen derecho a esa consulta. Ser catalán no es ser más que ser castellano o andaluz o canario o extremeño.
   Hace unos años, en la Feria del libro de Madrid, tuve que soportar en una mesa victimista y quejicosa a un Jordi “algo” que con voz mentirosa rubricaba que no  leíamos la poesía de Cataluña y que se condenaba al ostracismo a sus poetas, por ser catalanes. Escuché perplejo; yo preparaba una edición crítica de Joan Margarit, leía con fervor de neófito a Jaime Gil de Biedma y anotaba datos para un largo artículo sobre Carlos Barral… Además dos de mis libros se habían publicado en una edición catalana y adquiría las novedades de la editorial apenas salían al mercado y, como remate de afinidades, mi poesía completa, recogida en el volumen Mapa de ruta, tiene una introducción firmada por el poeta catalán Josep María Rodríguez. Aquel sujeto, desaforado y pueblerino, negaba mis lecturas, mis vínculos, mis querencias y pretendía apartarme de mis poetas. Esos poetas que nunca fueron ni serán extranjeros para mí porque no son un territorio, una excusa bélica, una estación abandonada al óxido y la herrumbre, un desagüe para ensuciar la convivencia con réditos electoralistas que disimulen corrupción y pésima gestión económica.
  Que los meses de otoño del presente vengan sosegados en el quehacer diario de todos, sin que marquen la convivencia himnos, banderas y esa historia reinventada a la medida de un ego deforme. Que sigamos juntos y en paz. Con Cataluña, claro; somos lo mismo, una vía única.  


miércoles, 6 de septiembre de 2017

AUTOBIOGRAFÍA

A contraluz
(Florida, USA, 2013)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana




AUTOBIOGRAFÍA

                                            Ojos claros, serenos,

                                                GUTIERRE DE CETINA

En mí, dormidos,
caminos laboriosos,
   disfraces, máscaras...



martes, 5 de septiembre de 2017

PAUL AUSTER. INVISIBLE

Invisible
Paula Auster
Traducción de
Benito Gómez Ibáñez
Anagrama, Barcelona, 2009


PAUL AUSTER. ESTRUCTURAS.

   En 2006 Paul Auster se sumaba a la lista de galardonados con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. El importante reconocimiento avalaba el quehacer creador de uno de los iconos de la narrativa americana actual. Nacido en Nueva Jersey, en 1947 y protagonista de un periplo biográfico muy conocido, ha publicado un notable conjunto de obras, en el que sobresale el ciclo de Trilogía de Nueva York,  aunque el poblado catálogo permite reseñar también entregas como La invención de la soledad, La música del azar o El libro de las ilusiones, porque cada uno de sus lectores citaría, con igual propiedad, títulos de una imaginación prolífica y diversificada en poemas,  ensayos, novelas e incursiones en otras artes como el cine.
   Lo que resalta en Invisible, aunque la trama no deja de ser desasosegante, es la estructura narrativa. Auster tiende a huir del argumento contado paso a paso para hacer propuestas que exigen una pausada dedicación. Si el comienzo parece una historia autobiográfica rememorada por Adam Walker, se transforma en la segunda parte en un simple manuscrito de un autor atascado en su libro que pide consejo a un escritor profesional y que, tras la respuesta eficiente, opta por cambiar el enfoque narrativo. Ahora conviven dos historias: las impresiones del autor que compartió estudios con  Adam Walker en la universidad de Columbia y los folios autobiográficos de Adam, que opta por desdoblarse y contar su historia ante su propio reflejo, ese tú que asiente al largo soliloquio. El yo narrador se convierte en invisible porque no puede situarse a una distancia justa entre su personalidad y los acontecimientos que protagoniza;  ese modo de contar la historia anula la libertad del sujeto y crea notables limitaciones que se superan si da a conocer los hechos a un destinatario ajeno. La distancia concede libertad.
   La tercera parte sorprende de nuevo. Una circunstancia argumental, la muerte de Walker, justifica la inclusión de un relato esta vez en tiempo presente y en tercera persona. La autobiografía de Walker avanza a ritmo de estación, primavera, verano, otoño… y es “Otoño” el manuscrito que copa la mayor parte de este tramo del libro, narrado en primera persona por el amigo de los tiempos estudiantiles. Pero donde verdaderamente hay un cambio estilístico palpable es en el manuscrito de Walker, la cercana presencia de la muerte propicia una escritura casi telegráfica, sin digresiones, hecha con frases cortas, donde narra su etapa vital en Paris. El relato en su tramo final excluye aspectos del entorno para centrarse sólo en los pensamientos y diálogos.
  La cuarta parte es la más breve. Otra vez, Freeman retoma la historia en primera persona, recreando los días de 1967, cuando Adam retorna de París. Esos recuerdos contrastan con el presente en donde reaparece una de las protagonistas de aquella etapa vital; la hermana de Adam. A través de ella adivinamos que el relato de  Adam altera la realidad, mezcla sucesos reales e imaginarios y concede a lo vivido y a lo soñado el mismo estado de verdad. La historia no es capaz de persuadirnos con su verosimilitud.
  Cualquier análisis crítico que se haga de este libro reparará en su estructura. El escritor fluctúa, cambia el punto de vista, distorsiona la voz y sorprende con soluciones narrativas que acaban pareciendo el modo más adecuado de contar la historia. Los lectores aceptan lo que se les propone, ese cruce de espacios y tiempos, como si fuesen útiles ejercicios corporales para mantenerse en forma.




   

lunes, 4 de septiembre de 2017

EROSIONES Y ESPEJOS

Espejos
(Orlando, USA, 2013)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana
EROSIONES Y ESPEJOS

Cuesta habitar en una intimidad forzada

LUIS GARCÍA MONTERO

   Viajo mucho a ciudades distintas y lejanas, pero casi nunca abandono la habitación del hotel donde me alojo. Es una costumbre arraigada. Nació en Orlando, el día en que encontré en el espejo de mi cuarto de baño el rostro del huésped anterior. Fue él, con gesto tranquilo, quien me desveló su identidad y quien tras una charla cuajada de interés, me facilitó el contacto con huéspedes encerrados en otros espejos.
   Todos resultan interlocutores amenos, que buscan el aire fresco de la confidencia. La soledad en los espejos es una calle que espera transeúntes. Sigo en ruta. 

(De Cuentos diminutos)




viernes, 1 de septiembre de 2017

ICHIEN MUJÙ. ARENAS Y PIEDRAS

Colección de arenas y piedras
Ichien Mujù
Edición de Carlos Rubio
Cátedra, Letras Universales
Madrid, 2015

TAPETE JAPONÉS 


   La lejanía geográfica y el habitual aislamiento de Oriente frente al devenir histórico medieval hicieron posible un desconocimiento casi completo de la civilización nipona y sus estructuras sociales hasta la edad contemporánea. Obras como Colección de arenas y piedras contribuyen a difundir el legado cultural de una época y a reactualizar el cauce vivo del semblante cultural nipón.
   Escrita por un monje budista, Ichien Mujù, y con un evidente enfoque religioso, esta obra clásica está fechada en el tramo final del siglo XIII. Se compone de más de ciento setenta relatos cortos. Su amplia temática conforma un vistoso tapete sobre todas las clases sociales, desde las habituales jerarquías privilegiadas del emperador y el estamento militar dominado por la oligarquía samurai hasta los estratos religiosos y la clase productiva urbana, formada por artesanos, y rurales, que aglutinaba a un campesinado agrícola.
   La documentada introducción de Carlos Rubio analiza los parámetros históricos del Medievo japonés. El siglo XIII fue un periodo de azarosas mutaciones políticas. Los estamentos privilegiados, bajo el poder omnímodo imperial y sus consejeros, se posicionan para monopolizar el control directo a través de estructuras de gobierno que requerían una fuerte dependencia del estamento militar. También la vida religiosa concedía al clero un rol relevante  e intocable que permitía intervenir en la jerarquía social. Como mar de fondo, los años de prosperidad comercial con China emprenden una deriva imprevisible ante la toma de poder de los mongoles que buscarán siempre la invasión insular para obtener el pleno control del comercio marítimo. En ese marco de representación, Carlos Rubio reconstruye el trayecto biográfico del monje, desde su nacimiento en el seno de una familia militar de complejas relaciones personales hasta la fecha de salida de Colección de arenas y piedras. Los primeros años de aprendizaje y su temprano estudio del pensamiento budista, junto a viajes y peregrinaciones posteriores constituyen la fuente argumental de estos relatos en los que siempre se percibe una proximidad comprensiva que contemporiza con rasgos y conductas, recreados de forma amena y humorística.
   Los relatos de esta obra acogen a protagonistas de todo el mapa social y su sentido del humor muestra los usos y costumbres de un tiempo bajo los parámetros espirituales del budismo: todas las cosas tienen un estar condicionado y transitorio, todo lo visible carece de sustancia , lo que fomenta la necesidad de su extinción a través del nirvana y, por último, la creencia del sujeto ha de superar el dolor y ha de hacer de la ausencia de necesidades un elemento vivificador. Todos estos principios conductivos impregnan el espíritu literario y son claros manantiales del canon estético japonés, en el que prevalece la conciencia de hallarse ante un mundo efímero y plagado de turbulencias.
   El libro Colección de arenas y piedras tiene mucho de espacio reservado a la memoria histórica. En sus relatos conviven los valores y actitudes más habituales de la sensibilidad japonesa medieval, contados con un tono de optimismo y un abundante eclecticismo doctrinal. Un sistema de pensamiento articulado en todas las clases sociales que hace del budismo una forma de acercarse a los elementos de la naturaleza y un paraguas de protección de las actividades humanas. Contornos de un país por fin visible.








jueves, 31 de agosto de 2017

BAJO CANDADO

Clausura
Fotografía de
Rosa María Hernández
(Polonia, 2017)

AQUÍ

                Nada y todo ocurre en todas partes
                                          PHILIP LARKIN

Es aquí donde estoy.
Tras las grietas de un yo parapetado
en las profundidades
de sí mismo.

Habito un cuarto exiguo
donde nada hay detrás
salvo el vacío
de las sombras sin lustre;
soy un plano que muestra,
maltrecho y solitario,
el retraso gastado de las rutas
que ya se desvanecen.

Mi reclusión carece de secretos.
En las puertas del frío,
necesito encontrar
en cualquier parte
un domicilio propio,
un cuerpo que sostenga
el temblor de la luz.


               ( De Pulsaciones, Sevilla, 2017)



miércoles, 30 de agosto de 2017

EREMITAS DIGITALES

La buena compañía
Feria del Libro Antiguo, Orense

EREMITAS DIGITALES

   Acostumbrados al paso lento de la edición tradicional que llevaba el manuscrito hasta la imprenta, el blog sorprende por su disposición e inmediatez para acoger cada uno de los escritos seleccionados, sean estos asuntos personales o impresiones lectoras. Las entradas se suceden con apremio y  la escritura no conoce descanso; nada queda del latido acompasado que, con morosidad, analizaba las pautas de un momento histórico o los estados de ánimo de una identidad concreta. Hay que aceptar un axioma de partida: lo que se publica no se somete al mutismo de la distancia para que acreciente sabores y cualidades. El blog exige una caligrafía de la urgencia que no se extravíe en digresiones; marca un itinerario sin rotondas con la promesa de una receptividad colectiva, tangible y medida con exactitud por el contador de visitas que además nos deja una cartografía diferenciada de lectores habituales y esporádicos.
   Como en cualquier manifestación escrita, la función última del blog es caminar juntos sobre la geografía del lenguaje, superar ese nuevo formato de aquella vieja torre de marfil, de aquel exilio en lo individual, meditando la quiebra de ilusiones vitales y el aplazado viaje a tantos paraísos perdidos. La pantalla encendida del ordenador nos convierte ahora en tercos eremitas digitales.