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| estación olvidada (Canfranc, Huesca) Archivo general |
CON CATALUÑA.VÍA ÚNICA
Aclaro: no soy un retrógrado nacionalista
español –ese estigma de progresía imbécil con el que los nacionalistas de periferia
pretenden anular los argumentos de la razón- pero me desasosiega que el máximo
mandatario de una comunidad, garante legal de la constitución de 1978, sea el impulsor de su incumplimiento, con un gobierno presionado por el radicalismo y con una presidenta del parlamento que no arbitra sino que saca tarjeta roja a la representación de todos. Por eso anoto aquí estas
impresiones. Nací en
España, pero me hubiese encantado haber nacido en Canadá, Australia, Estados
Unidos, Suecia, Italia, Gran Bretaña o Argentina… Casi en cualquier sitio de ese
mundo en progreso que ofrece a sus pobladores unas condiciones existenciales
dignas.
Me causa pánico que España se
balcanice y que los muchos siglos de convivencia dependan de los intereses
electorales del nacionalismo segregacionista. No quiero que España se quiebre,
porque si la consulta independentista se celebra, sea cual sea el resultado,
todos los demás territorios peninsulares e insulares también tienen derecho a
esa consulta. Ser catalán no es ser más que ser castellano o andaluz o canario
o extremeño.
Hace unos años, en la Feria del
libro de Madrid, tuve que soportar en una mesa victimista y quejicosa a un
Jordi “algo” que con voz mentirosa rubricaba que no leíamos la poesía de Cataluña y que se
condenaba al ostracismo a sus poetas, por ser catalanes. Escuché perplejo; yo
preparaba una edición crítica de Joan Margarit, leía con fervor de neófito a
Jaime Gil de Biedma y anotaba datos para un largo artículo sobre Carlos Barral… Además dos de mis libros se habían publicado en una edición catalana y adquiría
las novedades de la editorial apenas salían al mercado y, como remate de afinidades, mi poesía completa, recogida en el volumen Mapa de ruta, tiene una introducción firmada por el poeta catalán Josep María Rodríguez. Aquel sujeto,
desaforado y pueblerino, negaba mis lecturas, mis vínculos, mis querencias y
pretendía apartarme de mis poetas. Esos poetas que nunca fueron ni serán
extranjeros para mí porque no son un territorio, una excusa bélica, una estación abandonada al óxido y la herrumbre, un desagüe
para ensuciar la convivencia con réditos electoralistas que disimulen corrupción
y pésima gestión económica.
Que los meses de otoño del presente vengan sosegados en el
quehacer diario de todos, sin que marquen la convivencia himnos, banderas y esa
historia reinventada a la medida de un ego deforme. Que sigamos juntos y en paz.
Con Cataluña, claro; somos lo mismo, una vía única.




