miércoles, 11 de julio de 2018

PAULO LEMINSKI. TODO ME FUE DADO

Todo me fue dado
Paulo Leminski
Edición de José Javier Villarreal
Vaso Roto Ediciones
Madrid, 2018


TRANSPARENCIA


   Durante años, la singularidad biográfica y creadora de Paulo Leminski  (Curitiba, Brasil, 1944-1989) ha condicionado su lugar periférico en el canon poético brasileño. Ha sido un autor semiclandestino que aglutina facetas y tradiciones lejos de las habituales etiquetas críticas. Su voz plural da cauce al poema, la traducción, el ensayo, la novela y las colaboraciones en prensa, mientras que su accidentaba biografía se mueve entre la actitud contemplativa y receptora de sus años juveniles, donde ingresó en un monasterio que no tardaría en abandonar, hasta el activismo político frente a los regímenes autoritarios, tan habituales en el entorno colectivo latinoamericano. Fue judoka y alcohólico. Murió joven, víctima de una cirrosis crónica. Dejó una obra poética en el filo del legado literario oriental, de la que hay en Todo me fue dado una selección que aglutina textos de casi todos sus libros, desde Cuarenta clips en Curitiba (1976) hasta el libro póstumo El ex extraño, publicado en 1996.
   La edición en lengua original y castellano ha sido realizada por José Javier Villarreal, quien analiza en el liminar la presencia biográfica del poeta en la economía verbal de sus textos: “Leminski es rico, pero estricto, gusta de dosificar, de ser riguroso en la curva de la imagen”. Son rasgos que enuncian una tendencia natural al cultivo del haiku. Pero la estrofa japonesa, cuyo esquema versal, no usa la rima en los maestros clásicos, tiene un añadido sonoro que hace de las asonancias y rimas consonantes una estrategia expresiva. De ahí, la dificultad añadida en la traducción para preservar los efectos.
  Los poemas adquieren la apariencia de un fragmento. Muestran una severa poda de lo enunciativo. Acogen estelas esenciales en las que se intuye el hueco de un discurso mayor, que sobreviene inadvertido en el silencio, como un cauce drenado.
   Con estas coordenadas previas, arranca una antología de claros enlaces con la expresión aforística. El poema es un fruto sin rama. Pende autónomo, apenas deja sombra sobre la geografía de la página. Marca una calculada tendencia a la omisión. Ese cultivo del esencialismo minimalista, ya se ha dicho, mira a la transparencia luminosa del zen, dibuja paisajes despojados donde los elementos se  excluyen en un severo adelgazamiento retórico. El poema es un clips, una puntada, una luz de luciérnaga que brota levísima entre el magma de sombras. Así llegan los textos seleccionados de su primera salida: “Una vida es corta / para más de un sueño”; la celeridad resolutiva de estos versos confunden su naturaleza con el aforismo; en su entrelazado muestran la precisión del decir fragmentario. Otro ejemplo que evidencia el mismo tono: “Solo un viejo / puede descubrir / detrás de una piedra / toda la primavera”. Se ha hablado también de la fuerte cadencia reiterativa de la rima consonante, lo que añade al poema un aire musical que le acerca a la canción: “Encontrar / la puerta que olvidaron cerrar. / El callejón con salida. / La puerta sin llave. / La vida”.
   Las entregas que aportan textos son, además de la carta epifánica ya reseñada son Caprichos & relajos (1983), Distraídos venceremos (1987), La vie en close (1991) y El ex extraño  (1996), una selección de poemas realizada por su compañera sentimental Alice Ruiz y su hija Áurea. Ya en 2013 se reúne, por primera vez, su producción lírica, a cargo de Alice Ruiz y José Miguel Wisnik, un volumen que servirá de cauce para realizar la muestra de Todo me fue dado. 
   José Javier Villarreal añade como coda una extensa reflexión didáctica en torno al haiku. En ella sigue la ruta cronológica de la estrofa y su aclimatación en la geografía americana de la mano de Juan José Tablada y Octavio Paz, y los ensanches en su empleo de autores como Paulo Leminski que integra en el armazón conceptual de la estrofa un despojamiento extremo que sorprende por su incisión y por los recursos sonoros que expanden los significados.
   Leminski hace de su escritura desnudez. Su verso breve cava una apertura de pensamiento que no desdeña expresiones cromáticas o musicales. Sabe que la poesía es hacer continuo y transitorio, un destello que saca al sol la magia de la palabra.      



domingo, 8 de julio de 2018

EL DON

En el barro
Fotografía de
Walhere.com


EL DON

Qué inseguro se está aquí,
sobre las cumbres del corazón
                                  R.M. RILKE

   Su cercanía requiere la actitud vigilante del insomne. Tras la frágil sensación de su sonrisa, tiene un don. Descubre a cada paso una insólita capacidad de convertir afectos en limo sentimental. Es feliz chapoteando soledad en el barro.

(De Cuentos diminutos)






sábado, 7 de julio de 2018

DORMIR BAJO TECHO

Parque natural de Cabanes
(Castellón)
 

DORMIR BAJO TECHO

Perdonen la tristeza
CÉSAR VALLEJO

   Esa manía del presente de no sentar cabeza, impide dormir bajo techo. Su transcurso es un golpe de dados. En su ajada piel se escribe un enjambre de titulares; contingencias apocalípticas e integradas que forman la superficie rugosa de lo real. Autista, el porvenir tiene miedo y espera. Ha leído a Kavafis, busca otra tierra y otro mar donde el amanecer no nazca herido.
(Apunte del diario)

 

 

jueves, 5 de julio de 2018

ALGO QUE DECIR

Calle mayor
(Alcalá de Henares, viaje a la Casa de Miguel de Cervantes) 



ALGO QUE DECIR

De entre los infinitos poetas, yo prefiero
a aquellos que construyen con emoción su obra 
y hacen del arte vida. De los demás descreo

CARLOS MARZAL

  A diario dejaba que su escritura caminase sola, sin roces con la biografía. Para que tuviese en el regreso un abanico de palabras nuevas, sensaciones y vida. Algo que decir.

(De Cuentos diminutos)



miércoles, 4 de julio de 2018

VOZ DEL REGRESO

Vuelos
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia



VOZ DEL REGRESO


Cielos abiertos.
El silencio del aire,
su voz, su música.




lunes, 2 de julio de 2018

POÉTICA ESENCIAL

en el espejo del poema
Fotografía de
Adela Sánchez Santana
(Segovia, 2016)

     

E-mail

El mensaje conciso,
sin tallo emocional,
sin hojarasca;
sólo el misterio
de la transparencia
y el hilo concesivo
del discurso coherente.
Que el teclado perciba
desnudez, eficacia,
y la respuesta fiel
del mensajero.

           JOSÉ LUIS MORANTE




sábado, 30 de junio de 2018

JOSÉ LUIS TRULLO (Ed.) LAS COSAS QUE NO SON

Las cosas que no son
Los aforistas y Dios
José Luis Trullo (Edi.)
Libros al Albur
Sevilla, 2018


SER Y ESTAR DE DIOS


   Hace unos meses, el editor y coordinador de la revista digital El Aforista me hizo partícipe de su proyecto de impulsar una selección monográfica de aforismos cuyo asunto cohesionador fuese Dios. Ya entonces, el empeño me pareció complejo por ser un tema atemporal y laberíntico cuyo protagonista principal tiende a desdibujarse en la polarización entre nihilismo y creencia. Suponía yo que el proyecto originaría una disparidad de planteamientos no exenta de polémica, en el ambiente de escepticismo radical que define nuestro tiempo, tan necesitado de dogmas sólidos. El libro requeriría variantes interpretativas y un amplio nivel de tolerancia literaria que no banalizara el cauce argumental y que hiciese de su contenido un espacio de convivencia ideológica.
   El prólogo de José Luis Trullo viene precedido de una cita de José Camón Aznar que pone luz al título: “Una definición de Dios: el que conoce las cosas que no son”. El liminar hace una síntesis concisa de las razones impulsoras de la antología: la necesidad de otorgar en el tiempo histórico un sentido a nuestra existencia a partir de la idea de Dios y de la relación del hombre, como sujeto concreto y como ser colectivo, con la divinidad en todas las culturas. En esa necesidad de la condición humana han vadeado nombres clásicos del aforismo como Pascal, Joubert, Unamuno,  Nicolás Gómez Dávila, Camón Aznar y Andrés Ortiz, quien reúne en su obra Filosofía del aforismo un destacado aporte aforístico sobre Dios. El editor sospecha que el núcleo reflexivo que genera el ser y estar de Dios sigue vivo en la emoción y el pensamiento y para demostrarlo ha completado una nómina de escritores actuales que abordan con solvencia el enigma conceptual de la divinidad.
  El editor logra un representativo plantel de cultivadores del decir fragmentario, que encabeza Gabriel Insausti (San Sebastián, 1969). Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, poeta, novelista, crítico y aforista, Insausti ha conseguido abundantes reconocimientos literarios, entre ellos el Premio Internacional de Aforismos José Bergamín. Los textos acogidos aquí crean un discontinuo conjunto en el que se focaliza tanto la fachada matérica de nuestro presente  y su tendencia a desacralizar y ese papel difuso que la ontología concede a un protagonista invisible: “Dios es siempre otra cosa”, “Lo malo del ateísmo son los sucedáneos de Dios”, “Nos queda de Dios esa comezón que siente el mutilado con el miembro fantasma”.  
   El perfil literario de Gregorio Luri (Azagra, Navarra, 1955) también está marcado por una extensa práctica docente, lo que concede a sus trabajos sobre política, filosofía y pedagogía un continuo epitelio didáctico. El acercamiento de Luri al tema de Dios tiene la objetividad distante de un experimento de laboratorio: “El auténtico hombre religioso tiene más poder que Dios. Si Dios creó el mundo de la nada, él crea dioses a partir del mundo”, “En una vida solo hay espacio para un Dios”, “Decimos que algo está dejado de la mano de Dios cuando va a la deriva”.
   Jesús Cotta (Cártama, Málaga, 1967) cursó Filología Clásica. Reside en Sevilla donde trabaja como docente impartiendo filosofía en un instituto. Practica una escritura abierta que aglutina ensayo, novela poesía y aforismo. Sus textos aglutinan literatura y fe; expresa un sentir implicado que proyecta sus creencias con la naturalidad de quien no concibe las huellas efímeras de la temporalidad sin la presencia de Dios:   “Dios no creó el amor. Es el amor” ,”Cuanto menos Dios hay por las calles, más trabajo me cuesta esquivarlo”, “Dios es un poeta que, con tal de que hubiera arcoíris, consintió la tormenta”.
   Frente al chispazo ingenioso, Felix Trull opta por el pensamiento remansado, en el que adquiere vuelo con precisa pincela una idea completa. El aforista indaga en las cicatrices de un transitar tendente al laicismo y en el dios por omisión del ateísmo. La refutación de la idea de Dios en la conciencia del hombre convulsiona la armonía moral y especula con el funcionamiento de un orden natural sin jerarquía externa, que es uno de los asuntos reflexivos básicos del pensamiento de Nietzsche. Algunos textos relevantes de Trull: “Los ateos son vagabundos por vocación, pero viven en un mundo tan pequeño que se encoge con cada paso que dan”, “Cada vez que, para desembocar en el mar de Dios, tomo la barca de la teología, acabo perdiéndome en los infinitos meandros de un laberinto fluvial”, “La condena del ateo: creer que no cree. Y su imposible enmienda: querer creerlo”.
   Las dos colecciones aforísticas de Ander Mayora, La clemencia del tiempo y El páramo  clarifican el deambular de un escritor que emplea los recursos expresivos de la brevedad con un nítido sustrato emotivo. En la geografía textual de Mayora el pensamiento camina en sintonía con los extravíos del cauce sentimental. Su aporte al tema de Dios es muy brillante: “Los pueblos pueden no tener grandes hazañas, grandes hombres o grandes obras, pero no pueden no tener dioses. Aunque los nieguen, esa misma negación será su dios”, “Uno debe decidir entre sus garabatos mentales y la caligrafía de Dios”, “Vivimos en la certeza del tiempo y en la sospecha de la eternidad”, “Detestar las palabras, por anhelo de la Palabra”, “Cada vez pronuncio más la palabra Dios, para poder decir algo con sentido”.
   El nutrido quehacer literario de Juan Kruz Igerabide difunde un esceptismo que funciona como cordón sanitario del texto frente a lo trascendente: “Tu dios es tan poderoso que no le hace falta que creas en él”, “Dios fue un hermoso juego de niñez que me gustaría seguir practicando con aquella inocencia”. Su empleo en algunos textos de la ironía añade al aforismo una estela de claridad cómplice: “Si Dios no hubiera hecho la vista gorda, Adán y Eva no hubiesen podido hacerse con la manzana”.
   José Manuel Camacho Vázquez (Huelva, 1983) es Licenciado en Filosofía y su senda creadora suma poesía, traducción, artículos filosóficos y la obra Excursos, primera inmersión en el decir lapidario. Su colaboración en esta antología monotemática es muy breve. Opta por el destello: “Una amplitud sin mesuras: eso es Dios o el amor”, “Tan solo amorosamente puede entenderse la nada”; “Soledad es el abrazo de Dios”.
   Cierra la nómina Enrique García-Máiquez, quien hace unos meses editaba un conjunto de aforismos poéticos extraídos del legado literario de Luis Rosales. La amplia experiencia del sevillano le concede una voz firme, no exenta de cierto dogmatismo, que no duda en emplear el humor como estilete de la inteligencia. Siempre sugerente en sus propuestas verbales, el poeta sondea con tino en la propuesta de Dios: “Cuando la poesía habla de Dios, juega en casa. Si habla de la muerte, de visitante”, “Quisiera no hablar tanto de Dios, pero decidme algo mejor”, “El tiempo es la paciencia de Dios”.
   Más allá del pensar teológico que pondere la relevancia del concepto de Dios y la verticalidad indagatoria en lo divino, Las cosas que no son da continuidad reflexiva a un centro de gravedad del pensamiento en el que han dejado huellas clásicos y contemporáneos con enfoques y perspectivas diversos. Dostoiesvski, siempre enfermo de un pesaroso nihilismo existencial, justificaba esta continuidad divagatoria recordando que “el hombre no puede vivir sin arrodillarse”; más clarificadora y diáfana, la idea base que justifica la existencia de Dios es la dimensión espiritual del ser, la aceptación de una naturaleza liberada de lo contingente que expresa su confianza en el sentido último del recorrido vital. Los aforistas aquí reunidos marcan sus aportes sobre el tema; expanden resonancias sugeridoras que explican ese incansable movimiento del lenguaje entre el ser y el no ser. A veces conviene soñar, aunque sea con la idea de Dios.

JOSÉ LUIS MORANTE