jueves, 12 de diciembre de 2019

AL PASO

Alguien al paso


AL PASO

Mira el vacío en su plenario rostro

JOSÉ ANGEL VALENTE


Si escribir significa buscar sendas a los pasos que escapan, ¿de quién huyo?

Nunca pensé que aquella identidad fuera tan poco; el tiempo que duró cabe en un monosílabo.

Construimos ramas quebradizas, astilladas antes de que sean árbol.

Cuido la fisiología de la madurez, su continua agitación mental, la dermis entumecida de un tiempo sin alegaciones.

Hoy me desperté con un verso cruzando el paso cebra de mis dedos. Era la avanzadilla de un poema. Con letras de lluvia escribía otro sueño.

(Aforismos en gris)





miércoles, 11 de diciembre de 2019

EFECTOS SECUNDARIOS

Desnudo
(Paseo del Rastro, Ávila)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


EFECTOS SECUNDARIOS

   Tenía la realidad tan unida a sus ramas que hubo que extirpársela mediante una compleja operación de otoño. Se quedó desnudo. En su copa duran todavía los efectos secundarios; dormita un cielo límpido que guarda provisor en su retina el vuelo de los pájaros.

(De Cuentos diminutos) 




martes, 10 de diciembre de 2019

HIRAM BARRIOS (ed.) AFORISTAS MEXICANOS ACTUALES

Aforistas mexicanos actuales
Antología consultada
Hiram Barrios (Ed.)
Libros al Albur
Apeadero de Aforistas
Sevilla, 2019


AUTORES DEL DECIR BREVE


   El atomizado caminar del aforismo en la tradición literaria hispana ha encontrado un ancho cauce creador en el despliegue del siglo XXI. Es un hecho, no un lugar común, que su cultivo ha prodigado títulos, cultivadores y muestras colectivas en el espacio peninsular. Pero la geografía del decir breve también aporta semilleros activos en otros ámbitos de Latinoamérica, como México. Así lo constató el profesor, ensayista y antólogo Hiram Barrios (1983) al preparar Lapidario. Antología del aforismo mexicano (1864-2014). El volumen compilaba un amplio florilegio de casi siglo y medio de cultivo. Era un magnífico mirador al pensamiento lapidario que ahora tiene continuidad en la antología consultada Aforistas mexicanos actuales.
   El texto introductorio focaliza, desde el título, el momento áureo del género. Vivimos una etapa “signada por la urgencia, la concisión y la diversidad” en la que el discurso fragmentado impulsa estrategias expresivas como la microficción, el haiku y la parquedad expresiva del aforismo, género que fomenta la mirada híbrida entre filosofía, crítica sociológica y apunte lírico. Este proceso expansivo se debe, según Hiram Barrios, a tres causas potenciadoras: la apertura editorial que acoge y fomenta el cultivo y la difusión de textos breves, tanto en los formatos tradicionales como en el activismo digital; en segundo lugar la consolidación del aforista, no como cultivador circunstancial del laconismo sino como creador que hace del fragmento una estrategia preferente; y, por último, el contexto de investigadores que aborda, desde los medios de comunicación o los estamentos universitarios, la cosecha aforística en condiciones de igualdad con otras estrategias expresivas, sin minimizar su validez literaria.
  La edición de Libros al Albur sitúa en el cierre los periplos bibliográficos de los escritores incluidos. Por ello, cada seleccionado se ordena por fecha de nacimiento y se justifica a sí mismo con los veinticinco textos aportados. La antología se abre con las decantadas espigas de Leonardo da Jandra (1951). y concluye con la amanecida de Víctor  Bahena (1993).
  Si en otros géneros como la poesía, se dan afinidades generacionales en los idearios estéticos, en el cultivo aforístico siempre predomina la sensación adánica, ese viaje en solitario que busca su voz en el entrelazado personal de experiencia biográfica y cultura. En las muestras queda patente la diversidad de enfoques. Entre las mínimas de Leonardo da Jandra la escritura asume la mirada social y el estrecho contacto entre escritor y personaje cívico; no falta tampoco la preocupación metaliteraria y el aporte ético que habla de un tiemplo complejo, con coordenadas cambiantes a la hora de proyectar el futuro. Raúl Acebes aliña su laconismo con una fuerte textura sentimental, pero vela lo autobiográfico con recursos como el humor o la ironía: “Sembró un huerto de árboles genealógicos”.
   En el margen del aforismo al uso, Gabriel Trujillo Muñoz tiende al fragmento; su formulación busca el tono argumental o el enmarque contextual de su particular cuaderno ético. En sus breves se instala una notoria densidad reflexiva. Anna Kullick Lackner recobra el molde tradicional, ese decir despojado que enuncia con mínima expresión: “Es tan corta la vida y son tan grandes las bibliotecas…”; “El placer es el instante en que huye el escepticismo”.Armando González Torres muestra una gavilla de textos intimistas y melancólicos, que confrontan los espacios angostos del yo y su propósito comunicativo con la realidad circundante. También Jorge Fernández Granados busca, con sencillez, la indagación en el arte de vivir e integra sensaciones interiores, marcadas por una nítida soledad afectiva. La inquietud lacónica de Benjamín Barajas, poeta y ensayista, es bien conocida en España como referente central del aforismo mexicano contemporáneo. Sus frutos plantean un decir breve de búsqueda y tanteo, no persigue el tono didáctico de la respuesta sino la zona umbría de las preguntas, expande la voluntad de un escepticismo pesimista que desconfía del moralismo caritativo de los dogmas y del suelo firme del ahora; su paremia no acalla la voz porque sobre ella gravita el discurso de ser.
  En Merlina Acevedo se constata un continuo recurrir a lo paradójico: “Puedo explicarlo todo. No entiendo nada”; “El arte es la forma de nuestros huecos” Sus frases plantean un traslado de intereses que buscan una dicción despojada y natural. Mientras, el corpus textual de Amaranta Caballero Prado se singulariza por dar un título a cada breve; se crea así la sensación de ubicar sus aforismos en un espacio próximo a la microficción, como si esa clave marcase la pauta del desenlace. Por otra parte, hay en esta escritora cierta tendencia a resaltar aspectos lúdicos del lenguaje. También Federico Fabregat emplea el título, aunque su escritura es más despojada y directa y condiciona menos el clima emocional. Los asuntos argumentales insisten en las cualidades del existir y en esa frecuente confrontación entre la ética y lo social, una veta que acerca sus contenidos a la aforística de Erick Nolazco, en quien encuentran sitio los efectos de la temporalidad, los quehaceres introspectivos del yo y lo metaliterario: “El aforismo puede no ser verdadero. Mas su gran mérito no es la verdad sino su seducción”
  En el aforista más joven, Víctor Bahena, el espacio literario se convierte en núcleo argumental básico. El escritor, los quehaceres de su trayectoria, el lugar propio en lo social están presentes en su decir fragmentario: “La escritura no es un acto sedentario, por el contrario, su nomadismo nos conduce a través de las palabras e ideas”, “Me miro a través de los demás. ¿Mi estampa? Un sujeto turbio presto a estrechar la mano o propinar un puñetazo”.    
   El trayecto creador antologado por Hiram Barrios en Aforistas mexicanos actuales abarca una docena de autores nacidos entre 1951 y 1993. Queda expuesta una cartografía que se decanta por la diversidad y recorre surcos argumentales yuxtapuestos. Los elegidos convivan sinceridad, intuición y textura emotiva; dejan en el lacónico cauce del aforismo la subjetividad de un pensamiento a menudo marcado por la decepción existencial y las asimetrías de un tiempo que tantea en manos de la incertidumbre.



lunes, 9 de diciembre de 2019

EL REGRESO DE ADÁN

Restos
Imagen
de
Internet

EL REGRESO DE ADÁN

Siempre hay otro mundo. Está junto a ti.

JORGE FERNÁNDEZ GRANADO

   Ante el insistente empuje de la melancolía, una mañana Adán retornó al paraíso. Se adentró en sus espacios con la fuerza feliz de quien busca el lugar propio. No tardó en advertir que recorría un territorio de desposesión. Aquel sitio solo cobijaba abandono.
   En el centro del páramo se alzaba todavía el árbol del bien y del mal; miró aquella silueta y se hizo efectiva la soledad de un tronco calcinado y rijoso.
   No aguantó más. Bajó los ojos y convocó el olvido, como si el paraíso no hubiese existido nunca. Vencido su asombro, se precipitó hacia la salida. Sus pasos tropezaron con el ala inerte de algún ángel, el metal chamuscado de una espada herrumbrosa y una camisa oscura de serpiente.

(De Cuentos diminutos)




domingo, 8 de diciembre de 2019

HOMMAGE À RAFAEL ALBERTI (1902-1999)

Hommage à Rafael Alberti
(1902-1999)
Poésie, théâtre,Peinture
Gilles del Vecchio, Nuria Rodríguez Lázaro
Edición en francés y castellano de Orbis Tertius
Binges, Francia, 2019

IMAGEN DE RAFAEL ALBERTI


   El volumen Hommage à Rafael Alberti es una edición que aglutina enfoques críticos en castellano y francés en torno al celebrado escritor andaluz. Ha sido coordinado por los profesores universitarios y ensayistas Gilles del Vecchio y Nuria Rodríguez Lázaro y cuenta con el soporte institucional del CELEC (Centro de Estudios sobre literaturas Extranjeras y Comparadas) y de varias entidades docentes de España y Francia; por tanto tiene un claro despliegue universitario, aunque sus investigaciones abren en el espacio público del lector líneas de cercanía y estudio sobre una personalidad universal.
  La introducción repasa el itinerario biográfico de Rafael Alberti, nacido el 16 de diciembre de 1902 en Puerto de Santa María (Cádiz), a partir de los testimonios directos de La arboleda perdida (1942). Aquel memorial autobiográfico recupera recuerdos infantiles y juveniles en el seno de una familia burguesa, los estudios temporales en los jesuitas del puerto de Santa María y su vocación inicial por la pintura, primero, y la poesía, después, a partir de su larga convalecencia en la Sierra de Guadarrama para superar una enfermedad pulmonar. La infancia perdura como un territorio epifánico; será fuente de inspiración de los primeros libros, tan cuajados de nostalgias marineras.
  La voluntad creativa, siempre expansiva y plural, facilita secciones críticas muy bifurcadas. Aparece el poeta vanguardista que se afana en dar más recorrido a las sendas estéticas del lenguaje y está el poeta cívico, comprometido, que se integra en el devenir histórico de una etapa convulsa, con activismo incansable. Por eso, para comprender la obra en su exacta dimensión es necesario aglutinar miradas en torno a la poesía, el teatro y la pintura, pero también repasar el trayecto biográfico en los distintos segmentos vitales. De ese repaso vivencial se ocupa Luis García Montero en “Las huellas de Alberti”. El contacto personal con el poeta y su sólido magisterio en la poesía de la experiencia permiten volver los ojos a las raíces de su propia concepción estética; así perfila una lectura de tradiciones y tejidos, de razones de aprendizaje que pusieron el suelo firme de su propia voz. Queda intacto en este recuerdar la realidad vital tras el exilio y la meditación histórica de su compromiso ideológico.
   En el abanico de propuestas indagatorias, Pedro Ruiz Pérez se ocupa de contextualizar la pertenencia generacional al grupo del 27. El investigador cordobés evoca el homenaje a Góngora en el Ateneo de Sevilla y la influencia del poeta clásico en la obra albertiana en un doble momento: el neopopularismo tradicional y la búsqueda vanguardista que impulsa una incisión exploratoria en el lenguaje poético.
   Otras cuestiones apuntan más al rincón del especialista. Así sucede con Federico Bravo, cuando indaga en “los nombres de Alberti” la corporeidad de su poesía y su carácter material frente a lo transcendente. El poema emplea el nombre propio como función generativa, con lo que se convierte en una ampliación onomástica. Por su parte, Elvezio Canonica sondea el naufragio de la infancia como umbral a la amanecida del verbo, con lo cual la poesía encarna una irrupción enajenadora que suplanta el pretérito y lo dota de una dimensión atemporal.
  Un aspecto singular, la poesía bélica de Rafael Alberti es tratado con acierto por Nuria Rodríguez Lázaro. La ensayista extremeña entronca el contexto histórico y la noción de compromiso cívico. Tal postura ante la escritura exige una voz implicada y directa que potencia el mensaje, con riesgo de convertir el texto en panfleto propagandístico. Así sucedió en escritores de uno y otro bando en la guerra civil que difundieron estridencias agotadas por el consumo inmediato en la trinchera. No sucedió lo mismo con composiciones de Pablo Neruda, César Vallejo y Miguel Hernández, que han permanecido intactas en el tiempo, o con los poemas albertianos reunidos en Capital de la gloria que perduran como ejemplos de composiciones bélicas logradas desde el punto de vista estético.
  El sondeo al cauce lírico se completa con el trabajo de Gilles del Vecchio, quien explora en francés la lírica popular de Alberti, ejemplificada en “Mi corza”. No se trata de un mero ejercicio de mimetismo sino de reactivar la lírica tradicional como expresión del sentir colectivo y acoger sus situaciones vitales de manera sencilla y aparentemente espontánea. Los libros iniciales de Alberti entroncan con el legado de los cancioneros y el romance medieval castellano, aunque con voz más estilizada y culta, cuidando que no se pierda la vibración emocional y su calidad narrativa. Como señala el profesor Gilles del Vecchio la canción de Alberti, aunque inspirada en el cancionero, introduce notable variantes y cambia radicalmente el ambiente del poema, acrecentando su misterio y enigma, creando un punto de convergencia entre vanguardia y poesía tradicional.
   El propósito del volumen es integrar facetas complementarias del escritor para moldear un legado estético plural, con afinidades internas, que comparte contexto personal y obsesiones temáticas. Así sucede con el teatro, estudiado en el volumen por Enmanuel Le Vagueresse, quien centra el enfoque en las obras de urgencia emitidas por radio o representadas por los milicianos durante el tiempo de guerra. Mientras que la perspectiva de Dominique Bretón recupera las claves esenciales de “El hombre deshabitado” una pieza escrita en 1930 que muestra la influencia directa de Sobre los ángeles en una reencarnación alegórica. Como comenta en una entrevista el mismo Alberti, se trata de “sacudir un poco la escena. Crear sensualmente un mundo de sentidos, instintos y pasiones, procurando darle realidad más profunda, sin caer en el realismo habitual de nuestro teatro”.
   Casi paradigmática, la bulimia cultural de Rafael Alberti aporta teselas estéticas a la pintura, la iconografía y la música y hace de su amistad con creadores y artistas una forma de conocimiento. Así sucede con su complicidad con Pablo Picasso, cuyo recorrido es trazado por Juan Carlos Baeza Soto, mientras que  Benédicte Mathios traza su perspectiva crítica en la conexión entre imagen y texto y Philippe Merlo-Morat recorre los cuadromusicopoemas de Alberti como aportes de intertextualidad.
   Clausuran el cruce crítico dos acercamientos relacionados con el amanecer lírico de Alberti. Rafael Morales Barba recorre el simbolismo semántico de la luna en los libros iniciales y Marie-Claire Zimmermann hace su trabajo indagatorio en los poemas de Marinero en tierra (1925), carta de presentación que muchos siguen considerando el hito clave de la trayectoria.
   Los análisis integrados en Hommage à Rafael Alberti  redactan un manual de conocimiento sobre la peripecia biográfica y creadora del poeta andaluz. Proyectan las comunicaciones internas que entrelazan sus sendas en la poesía, el teatro y la pintura. Nos recuerdan, veinte años después de su muerte, que Alberti personifica, más allá del emotivo territorio de lo elegíaco, una insólita contribución polifónica al espacio coral del siglo XX.

José Luis Morante






sábado, 7 de diciembre de 2019

EL MAR A SOLAS

Encuentro
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia



 HAIKUS A PIE DE MAR


Brillan hogueras
en el aire nocturno.
Fulgor rojizo.
  
Puesta de sol.
Impacientes suburbios
y despedidas.

 Manso rompiente.
El sonido del agua
vela silencios.

Negra planicie,
tan igual a sí misma
como el desierto. 

Ellos ignoran
la dirección del agua.
El viento, brújula. 

                                               En lo recóndito
                                               la claridad vacía
que nos espera.

           (Del libro A punto de ver, 2019)








viernes, 6 de diciembre de 2019

LUIS GARCÍA MONTERO. ROPA DE CALLE

Ropa de calle
Antología poética
(1980-2017)
Luis García Montero
Edición de  José Luis Morante
Cátedra, Letras Hispánicas
Madrid, 2018


POETA CON ROPA DE CALLE


   Existe en la perspectiva creadora de Luis García Montero (Granada, 1958) una clara propensión a hacer de la normalidad un distintivo. El sujeto del poema viste con ropa de calle; rechaza por igual la túnica del místico y la indigencia que disimula harapos detrás de un sermón de buenas intenciones. En su voluntad de desacralización rechaza la imagen del vidente, proclamada por Arthur Rimbaud,  y el mono de trabajo del realismo sucio.
   Este sosegado respirar no debe interpretarse como actitud acomodaticia sino como pertenencia a un vecindario; las palabras suenan en boca del portavoz de una ciudadanía con la que comparte rasgos cívicos. La premisa toma cuerpo en el repertorio teórico[1] y en las sucesivas artes poéticas:

                                   Ya sé que otros poetas
                                    se visten de poeta,
van a las oficinas del silencio,
administran los bancos del fulgor,
calculan con esencias
los saldos de sus fondos interiores,
son antorchas de reyes y de dioses
o son lengua de infierno.

Será que tienen alma.
Yo me conformo con tenerte a ti
y con tener conciencia.

       (“Poética”, Completamente viernes)

  El dominio lingüístico del granadino recorre distintas fases matizadas por la crítica con un amplio etiquetado: La otra sentimentalidad, la poesía de la experiencia, el realismo singular o el romántico ilustrado. La veta teórica de “la otra sentimentalidad” surge en Granada en 1983; integran el núcleo originario Álvaro Salvador, Javier Egea y Luis García Montero; los tres impulsan el manifiesto La otra sentimentalidad donde se pregona “la radical historicidad del discurso ideológico”, idea defendida en su ensayística por el profesor Juan Carlos Rodríguez. Recuperan el concepto de sentimentalidad expuesto por Antonio Machado a través del heterónimo Juan de Mairena: “Los sentimientos cambian en el curso de la historia y aun durante la vida individual del hombre. En cuanto resonancias cordiales de los valores en boga, los sentimientos varían cuando estos valores se desdoran, enmohecen y son sustituidos por otros”. Otro supuesto remite a Jaime Gil de Biedma: “el poema es  también una puesta en escena, un pequeño teatro para un solo espectador que necesita de sus propias reglas, de sus propios trucos en las representaciones”. Es decir, el arte de hacer versos es un simulacro, una mentira que deja en evidencia  a los que entienden “la poesía de la experiencia” como una página confesional.
   Deletérea en los contornos generacionales pero contundente en su definición práctica, y tendencia dominante en el cierre de siglo, “la poesía de la experiencia” fue una opción estética cuyo nombre deriva del ensayo de Robert Langbaum The Poetry of Experience, una indagación sobre el monólogo dramático en la herencia literaria moderna. Al repasar su quehacer lírico en “Dedicación a la poesía”, García Montero escribe: “La llamada poesía de la experiencia no surgió de un deseo biográfico, anecdótico, sino de la toma de conciencia de que la poesía es un género de ficción, en el que el personaje literario servía para adjetivar las meditaciones y los sentimientos particulares más íntimos, protagonizando así un proceso de conocimiento”.
  El rótulo “El realismo singular” se emplea por Luis García Montero al reflexionar sobre la individualidad y la historia, sobre la imbricación del yo cuando forma su educación sentimental en el espacio social. Para Darío Villanueva “el realismo constituye una constante básica de toda literatura, cuya primera formulación se encuentra en el principio de mímesis establecido por la Poética de Aristóteles”. La recreación de la realidad permite enfoques diferenciados, abre campo a la respuesta personal y a la perspectiva insólita que subrayan el carácter de construcción verbal; la voluntad del yo impulsa un principio activo que trasciende la mera observación. Comparto la aseveración de Jorge Riechman de que el realismo es una actitud frente a lo real y no un catálogo de procedimientos de representación; la escritura realista se define por su apertura hacia lo contingente.  
   El epígrafe “el romántico ilustrado” conexiona sentimiento y razón y los convierte en postulados complementarios. La herencia becqueriana se asocia con la lógica interior de una sensibilidad prisionera de su propio solipsismo; el individualismo se focaliza como paisaje irreductible; es Antonio Machado el primero en hablar del tú esencial, de esa otredad complementaria. Para un adecuado desarrollo moral el sujeto hace suyo el espíritu ilustrado, la melancolía de Jovellanos. El dominio de la razón plantea la pertenencia al mundo, el contrato social, la necesidad de la norma,
  También resulta válida la denominación “poesía urbana”; la ciudad funciona como un paisaje escénico del sujeto verbal, el sitio -Granada, Madrid, Nueva York- pertenece al imaginario callejero de la palabra; constituye un ámbito afectivo y relacional que hace memoria de lo cotidiano. No es la nocturna ciudad de Baudelaire, símbolo de soledad y desarraigo, ni el callejero inhóspito que Rafael Alberti cuestiona porque muda la identidad del sujeto hasta convertirlo en un hombre deshabitado. Al recorrer sus calles el yo poético advierte las dudas e incertidumbres del presente, la defensa de unas convicciones, las huellas de otros paseantes con itinerarios que marcan con sus dudas la conciencia de un tiempo. Como enuncia en el ensayo Los dueños del vacío: “La ciudad se configura como territorio de la modernidad poética porque es el lugar en el que se descubre la velocidad, la aceleración de la historia, pero en un movimiento sin sentido, que separa a la conciencia y sus verdades del trayecto determinante de los dogmas”[2]
   El epígrafe “poesía figurativa” destacan el rechazo a la vanguardia y la falsa novedad, y el empleo de un léxico coloquial y comunicativo. El fluir argumental abunda en temas reconocibles, elabora lo autobiográfico y crea de un protagonista verbal que encarna a una contrafigura del propio autor que se mueve en el espacio autónomo de la ficción.
   Las etiquetas enlazan su semántica con evidentes signos de continuidad y explican la gestación de un recorrido pautado y de una sensibilidad sin disidencias ni quiebras internas. De ahí que el protagonista del poema conserve su condición y “se considere marxista y pensativo, tiene el carácter fácil, está muy atado a la vida y cuando le preguntan por su trabajo suele responder que es profesor de literatura medieval”[3].
   Aunque hay similitudes entre el yo biográfico y el sujeto verbal existe una continua objetivación de la intimidad. El lector sabe que existe una convención principal por la que el escritor atribuye su enunciación a un sujeto imaginado. Esa es la lógica del mundo posible que erige el poema.
   Con un profundo sentido orgánico, esta voz personal se integra en una genealogía que enlaza el discurso ilustrado, el romanticismo, Antonio Machado, el espíritu vanguardista del 27, el realismo testimonial e impuro de Blas de Otero y Gabriel Celaya y la nómina casi completa de la generación mediosecular. Como ha escrito Laura Scarano “funda una palabra con vocación de novedad y conciencia de familia”. Según Luis García Montero: “las palabras están en movimiento, como la tradición y las obras de arte, según las conocidas ideas que Eliot expuso en “la tradición y el talento individual”. El escritor no sólo hereda una tradición, sino que rehace la tradición con una obra nueva, porque reordena el pasado con un cambio de perspectiva”.
    Esta tercera edición de Ropa de calle reúne una amplia muestra poética, desde el temprano Y ahora ya eres dueño del puente de Brooklyn (1980) hasta el libro A puerta cerrada (2018). En Ropa de calle se puede apreciar la fuerte trabazón entre intimidad, cultura y pensamiento y el avance al paso de una obra que hace de la poesía un ejercicio de conocimiento; la escritura propone una indagación en la identidad que quiebra los márgenes del yo ensimismado, supera la meditación del espacio privado y reafirma el nosotros porque es consciente de la crisis de valores y de la necesidad de resistir aportando su palabra al vocabulario social. Luis García Montero deja en su recorrido poético voluntad, búsqueda y poesía, el empeño por construir un porvenir habitable.


[1]  El texto “¿Por qué no sirve para nada la poesía? (Observaciones en defensa de una poesía para los seres normales)”  argumenta: “Es importante que los protagonistas del poema no sean héroes, profetas expresivos, sino personas  normales que representen la capacidad de sentir de las personas normales.”
En Luis García Montero y Antonio Muñoz Molina, ¿Por qué no es útil la literatura?,  Madrid, Hiperión,  2003.
[2] Luis García Montero, Los dueños del vacío, Barcelona, Tusquets, 2006, pág. 103.
[3] Poética en Postnovísimos, edición y antología de Luis Antonio de Villena, Visor, Madrid, 1986, págs.. 74-76.