domingo, 8 de diciembre de 2019

HOMMAGE À RAFAEL ALBERTI (1902-1999)

Hommage à Rafael Alberti
(1902-1999)
Poésie, théâtre,Peinture
Gilles del Vecchio, Nuria Rodríguez Lázaro
Edición en francés y castellano de Orbis Tertius
Binges, Francia, 2019

IMAGEN DE RAFAEL ALBERTI


   El volumen Hommage à Rafael Alberti es una edición que aglutina enfoques críticos en castellano y francés en torno al celebrado escritor andaluz. Ha sido coordinado por los profesores universitarios y ensayistas Gilles del Vecchio y Nuria Rodríguez Lázaro y cuenta con el soporte institucional del CELEC (Centro de Estudios sobre literaturas Extranjeras y Comparadas) y de varias entidades docentes de España y Francia; por tanto tiene un claro despliegue universitario, aunque sus investigaciones abren en el espacio público del lector líneas de cercanía y estudio sobre una personalidad universal.
  La introducción repasa el itinerario biográfico de Rafael Alberti, nacido el 16 de diciembre de 1902 en Puerto de Santa María (Cádiz), a partir de los testimonios directos de La arboleda perdida (1942). Aquel memorial autobiográfico recupera recuerdos infantiles y juveniles en el seno de una familia burguesa, los estudios temporales en los jesuitas del puerto de Santa María y su vocación inicial por la pintura, primero, y la poesía, después, a partir de su larga convalecencia en la Sierra de Guadarrama para superar una enfermedad pulmonar. La infancia perdura como un territorio epifánico; será fuente de inspiración de los primeros libros, tan cuajados de nostalgias marineras.
  La voluntad creativa, siempre expansiva y plural, facilita secciones críticas muy bifurcadas. Aparece el poeta vanguardista que se afana en dar más recorrido a las sendas estéticas del lenguaje y está el poeta cívico, comprometido, que se integra en el devenir histórico de una etapa convulsa, con activismo incansable. Por eso, para comprender la obra en su exacta dimensión es necesario aglutinar miradas en torno a la poesía, el teatro y la pintura, pero también repasar el trayecto biográfico en los distintos segmentos vitales. De ese repaso vivencial se ocupa Luis García Montero en “Las huellas de Alberti”. El contacto personal con el poeta y su sólido magisterio en la poesía de la experiencia permiten volver los ojos a las raíces de su propia concepción estética; así perfila una lectura de tradiciones y tejidos, de razones de aprendizaje que pusieron el suelo firme de su propia voz. Queda intacto en este recuerdar la realidad vital tras el exilio y la meditación histórica de su compromiso ideológico.
   En el abanico de propuestas indagatorias, Pedro Ruiz Pérez se ocupa de contextualizar la pertenencia generacional al grupo del 27. El investigador cordobés evoca el homenaje a Góngora en el Ateneo de Sevilla y la influencia del poeta clásico en la obra albertiana en un doble momento: el neopopularismo tradicional y la búsqueda vanguardista que impulsa una incisión exploratoria en el lenguaje poético.
   Otras cuestiones apuntan más al rincón del especialista. Así sucede con Federico Bravo, cuando indaga en “los nombres de Alberti” la corporeidad de su poesía y su carácter material frente a lo transcendente. El poema emplea el nombre propio como función generativa, con lo que se convierte en una ampliación onomástica. Por su parte, Elvezio Canonica sondea el naufragio de la infancia como umbral a la amanecida del verbo, con lo cual la poesía encarna una irrupción enajenadora que suplanta el pretérito y lo dota de una dimensión atemporal.
  Un aspecto singular, la poesía bélica de Rafael Alberti es tratado con acierto por Nuria Rodríguez Lázaro. La ensayista extremeña entronca el contexto histórico y la noción de compromiso cívico. Tal postura ante la escritura exige una voz implicada y directa que potencia el mensaje, con riesgo de convertir el texto en panfleto propagandístico. Así sucedió en escritores de uno y otro bando en la guerra civil que difundieron estridencias agotadas por el consumo inmediato en la trinchera. No sucedió lo mismo con composiciones de Pablo Neruda, César Vallejo y Miguel Hernández, que han permanecido intactas en el tiempo, o con los poemas albertianos reunidos en Capital de la gloria que perduran como ejemplos de composiciones bélicas logradas desde el punto de vista estético.
  El sondeo al cauce lírico se completa con el trabajo de Gilles del Vecchio, quien explora en francés la lírica popular de Alberti, ejemplificada en “Mi corza”. No se trata de un mero ejercicio de mimetismo sino de reactivar la lírica tradicional como expresión del sentir colectivo y acoger sus situaciones vitales de manera sencilla y aparentemente espontánea. Los libros iniciales de Alberti entroncan con el legado de los cancioneros y el romance medieval castellano, aunque con voz más estilizada y culta, cuidando que no se pierda la vibración emocional y su calidad narrativa. Como señala el profesor Gilles del Vecchio la canción de Alberti, aunque inspirada en el cancionero, introduce notable variantes y cambia radicalmente el ambiente del poema, acrecentando su misterio y enigma, creando un punto de convergencia entre vanguardia y poesía tradicional.
   El propósito del volumen es integrar facetas complementarias del escritor para moldear un legado estético plural, con afinidades internas, que comparte contexto personal y obsesiones temáticas. Así sucede con el teatro, estudiado en el volumen por Enmanuel Le Vagueresse, quien centra el enfoque en las obras de urgencia emitidas por radio o representadas por los milicianos durante el tiempo de guerra. Mientras que la perspectiva de Dominique Bretón recupera las claves esenciales de “El hombre deshabitado” una pieza escrita en 1930 que muestra la influencia directa de Sobre los ángeles en una reencarnación alegórica. Como comenta en una entrevista el mismo Alberti, se trata de “sacudir un poco la escena. Crear sensualmente un mundo de sentidos, instintos y pasiones, procurando darle realidad más profunda, sin caer en el realismo habitual de nuestro teatro”.
   Casi paradigmática, la bulimia cultural de Rafael Alberti aporta teselas estéticas a la pintura, la iconografía y la música y hace de su amistad con creadores y artistas una forma de conocimiento. Así sucede con su complicidad con Pablo Picasso, cuyo recorrido es trazado por Juan Carlos Baeza Soto, mientras que  Benédicte Mathios traza su perspectiva crítica en la conexión entre imagen y texto y Philippe Merlo-Morat recorre los cuadromusicopoemas de Alberti como aportes de intertextualidad.
   Clausuran el cruce crítico dos acercamientos relacionados con el amanecer lírico de Alberti. Rafael Morales Barba recorre el simbolismo semántico de la luna en los libros iniciales y Marie-Claire Zimmermann hace su trabajo indagatorio en los poemas de Marinero en tierra (1925), carta de presentación que muchos siguen considerando el hito clave de la trayectoria.
   Los análisis integrados en Hommage à Rafael Alberti  redactan un manual de conocimiento sobre la peripecia biográfica y creadora del poeta andaluz. Proyectan las comunicaciones internas que entrelazan sus sendas en la poesía, el teatro y la pintura. Nos recuerdan, veinte años después de su muerte, que Alberti personifica, más allá del emotivo territorio de lo elegíaco, una insólita contribución polifónica al espacio coral del siglo XX.

José Luis Morante






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