miércoles, 27 de noviembre de 2024

SER MAESTRO

Escuela rural de Cabranes (Asturias)



SER MAESTRO

Nunca brilló mi oficio. Ser maestro
es escarbar a mano decepciones
de cimientos profundos
y persistir después en el relleno.
En los años crecieron
inútiles trajines,
grietas, desgarraduras,
avispas de cansancio
y la debilidad hecha sordina
de quien baja la voz cuando pregunta
por qué ya no le hostigan obsesiones.

Hoy testifico solo el abordaje
de mis patologías;
esas negaciones minuciosas
con el borde de mí,
cuando la sombra adquiere un perfil turbador.

No habré de competir con la verdad.
Lo notifica el brillo
de los ojos cansados.
La azarosa deriva reconoce los hechos.
Soy culpable. Seguro.
Olvidé confinar, 
con perímetro exacto,
un porvenir que encoge
a cada instante,
por detrás de la noche.

A cambio, tuve mucho.
Como un vaivén de pluma
que transita la brisa inadvertida,
reiteré un solo estado:
recostado en el tiempo, fui feliz.

   (Del libro Nadar en seco, 2022)



martes, 26 de noviembre de 2024

CHUS PATO. SONORA

Sonora
POESÍA REUNIDA  VOLUMEN VII
Chus Pato
Traducción del gallego de Gonzalo Hermo
Prólogo de Alba Cid
Ultramarinos Ediciones
Barcelona, 2024

 

AUSENCIA

  
   El jurado propuesto por el Ministerio de Cultura ha concedido el Premio Nacional de Poesía en la convocatoria de 2024 a la poeta gallega Chus Pato (Ourense, 1955). La obra reconocida, Sonora, es una entrega escrita en gallego, y traducida al castellano por Gonzalo Hermo, con una introducción de Alba Cid.  Chus Pato ha ido tejiendo en la lengua originaria un fuerte tapiz, con denso asentamiento cultural en su entorno geográfico y afectivo, un espacio conceptual inspirado en la tierra madre, convertido en semilla germinal de la sensibilidad creadora. Las composiciones de Sonora hacen de la pérdida materna el eje orbital del libro. La ausencia final es un impacto dimensional de amplios efectos. Abre grietas en la lógica cotidiana, por las que emanan convulsiones anímicas como la disolución, la soledad, los repliegues de la memoria íntima o el fluir incontinente del dolor. Son estratos de la condición de ser que se perciben a través de la voz emergente del sujeto poético. El lenguaje configura un discurso reivindicativo fuerte, del que emerge la memoria subterránea, la reafirmación de un heterogéneo legado de personajes, recuerdos, sensaciones y esquejes emotivos. Asuntos interiores que condicionan la personal manera de percibir el latido del tiempo y conectar la intrahistoria del hablante lírico con el transitar colectivo.
   La entrega poética Sonora establece sus claves escriturales lejos de una poesía intimista y confidencial. No es la autobiografía sentimental de un yo pensante, cuyo quehacer anota emociones y sentimientos. La voz asume de inmediato una visión vanguardista y experimental, un persistente abrazo de “lo que carece de formas y límites” para romper lo previsible. Esta visión estética se definió con fuerza en su discurso como Académica de número de la Real Academia Gallega, pronunciado el 23 de septiembre de 2017, donde hacía una profunda reflexión sobre la creación poética, sondeando las relaciones entre poesía, lenguaje y filosofía, tan presentes en toda su obra.
  La entrada de Alba Cid “Este fémur de voz, imantado“ empieza vislumbrando el contenido semántico del sustantivo “Sonora”; el nombre  alude a la formación desértica mexicana, un territorio geológico cuya biología está cuajada de diversidad. Un lugar icónico para el deambular transitorio de la conciencia; un territorio de frontera del que emerge un silencio denso que dispara la capacidad cognitiva.
  La escritura de Chus Pato adviene desde la bruma; recuerda una travesía iniciática, fragmentada en signos que adquieren, al ser interiorizados, una densidad de sombras. La presencia cercana de la muerte contamina las palabras con un epitelio de gravedad y desasosiego: ”El idioma construye en mí un huerto para los difuntos / ellos/ellas son la memoria un corazón y el lenguaje / todos mis órganos les ceden el lugar”. Las palabras aprenden a construir un no lugar, un andén evanescente que desanda el tiempo
   La sección “Salvoconducto” convoca al mismo tiempo una fauna doméstica y la presencia escritural de César Vallejo. Se amalgaman en el poema elementos, aparentemente dispares, que dan al hilo argumental del pensamiento un recorrido caótico, en el que se integran variados referentes culturales que convocan tiempos diversos. De igual modo, las composiciones de “Ethos” sirven de búsqueda de esos rasgos personales y colectivos que conforman la identidad y nos ubican. “Ethos”, para la poeta, también “puede ser leído como temperamento cromático, es la posibilidad de una aparición, la posibilidad de que broten los colores”.
   Otros apartados, como “Stalker” (Acosador)” guarecen un formato expresivo que rompe la lectura lógica y entrelaza signos gráficos y enumeraciones caóticas que bifurcan las interpretaciones. Su título, tomado de la película de Andréi Tarkovsky, director de cine, y actor ruso. Es un claro homenaje a la exigencia creativa y a libertad expresiva sobre lo comercial.
   En “cartografía para un relato” el poema enuncia una historia de la que Ludgaard se hace topónimo central de los acontecimientos; de este modo se compone una sinfonía fantástica, que se desliza entre el relato y la evocación y contrapone personajes del pasado alojados en la distancia. Los versos recuerdan las visiones de un sueño.
  Chus Pato no se ajusta a la línea continua de la evocación. Yuxtapone piezas de un pensamiento libre que orbita recuerdos y espacios oníricos, que busca intersecciones con las interrogaciones del lenguaje. Los poemas abren tramas argumentales con estratos heterogéneos. Esta convergencia de miradas expande sentidos mientras las palabras nombran y exploran ángulos entre el orden simbólico y el orden imaginativo. En las composiciones, las estampas familiares del álbum conviven con las anotaciones conceptuales, los interrogantes metaliterarios o las variaciones interpretativas de legados pictóricos como el de Rodríguez Méndez.
   Quien sale a escena en los poemas de Sonora no pretende apuntalar la memoria del yo biográfico. Sabe que el protagonista esencial es el lenguaje, un yo desdoblado de naturaleza conceptual que multiplica la fuerza expresiva y emocional de la interpretación, que baja al fondo para encontrar la paradoja auroral que convoca la muerte, la claridad de las tinieblas.
 

                                               JOSÉ LUIS MORANTE

lunes, 25 de noviembre de 2024

ESPEJOS DEL YO (Anotaciones del Diario)

El amor a sí mismo
Imagen publicitaria
de internet


 ESPEJOS DEL YO

No necesita interlocutores en la conversación; sólo espejos donde admirar el alto grado elocutivo de su pensamiento.

Si el día deja un legado de sombras, consumo las últimas horas leyendo brotes lapidarios de los moralistas franceses. Y el sueño se demora. Acude tarde, tímido y vergonzoso, pidiendo permiso para intentar concederme un descanso reparador.

No puedo corregir la impuntualidad ajena; tampoco puedo soportarla.

Con los opacos, tener luz no es suficiente porque siguen caminando entre las sombras. 

domingo, 24 de noviembre de 2024

AFECTOS

Estorninos
Fotografía
de
El Confidencial

 
AFECTOS
 
Son el simurg,
aquella criatura voladora
que, entre mitologías,
encarnaba la unión de cielo y tierra.
 
De su misterio aprenden los afectos
cuando respiran juntos
en cualquier dirección.
Van y vienen.
Se refugian.
               Descansan.
cierran los ojos,
                    callan,
                             se hacen ausencia y mueren.
 
Nunca sabes,
cuando te dan la mano,
si miran hacia atrás o hacia delante.
Tampoco tiene sombra su razón
cuando se aleja con pasos trasnochados.
 
No intentes comprender.
Solo camina y sigue.

            

viernes, 22 de noviembre de 2024

HÁBITOS DE SENECTUD

Palabras en vuelo
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

MEDIANOCHE

Mi cuerpo envejecía indiferente
y adquirió el hábito de la senectud.
Sentaba su cansancio ante la cristalera,
ajeno al paso asiduo de lo cotidiano.
A veces sonreía y aquel gesto
remitía de pronto a un tiempo de cerezas.
Liberaba fructífera nostalgia.
Una atenta pupila 
espiaba feliz el vuelo rezagado,
el rebrote puntual de los arbustos.
Ahora la casa huele
a fósforo sin lumbre
y gotea el reloj lentitud y pereza.
Los objetos domésticos
resaltan su desgaste,
como si presintieran
que en aquella mirada no hay retorno.
Al sol de medianoche
hilvano estas palabras mientras duermo.

         (De la antología Ahora que es tarde)


jueves, 21 de noviembre de 2024

HILOS SUELTOS

Olor a cerrado
Fotografía
de
Internet

AFORISMOS  del  MURO


Si miras con atención el lugar que ocupas, donde estás no hay nadie.

En el apagado discurrir del tiempo, adanes primigenios que aguardan todavía una manzana.

En la madeja de la gratitud se apelmazan los hilos sueltos.

En la poesía bucólica, espontánea colaboración de una coral ecológica: piedras, juncos, pájaros y nubes…

Carne tranquila. Senectud.

En las conversaciones con desconocidos los intermediarios más eficaces son la elusión y el silencio.

 La autonomía imaginativa del sueño requiere folios blancos por su inclinación a lo imposible.

El subconsciente poético confía en el potencial de los precursores. 

Punto de fuga. Nostalgia de un lugar que no existe.

Minucia interna; no encuentro en mi interior nadie en quien confiar.


 


miércoles, 20 de noviembre de 2024

LUIS MIGUEL RABANAL. POSTRIMERÍAS

Postrimerías
Luis Miguel Rabanal
Prólogo de Sergio Fernández Martínez
Epílogos de Rafael Saravia
y
Alberto R. Torices
Eolas Ediciones
Serie Azul de Metileno
León, 2024

 

UMBRAL


  El friso creador de Luis Miguel Rabanal (Riello, León, 1957) aglutina recorridos como la novela, el relato y la poesía. Un trayecto de notable fertilidad que conforma la plena dedicación al quehacer escritural, sobre todo cimentado en su obra poética. La mirada lírica ha sumado entregas agrupadas en el volumen Este cuento se ha acabado. Poesía reunida 2014-1977, editado por la editorial sevillana Renacimiento, en 2015. Aquella compilación no cerraba el taller; posteriormente, han ido apareciendo tres nuevas entregas, Los poemas de Horacio E. Cluck (2017), Matar el tiempo (2018) y Que llueva siempre (2020), ahora secuenciadas en Postrimerías, obra enriquecida con una introducción de Sergio Fernández Martínez y los epílogos de Rafael Saravia y Alberto R. Torices.
   El poeta revisa la cronología de sus poemas y enuncia un discurso, fragmentado en el tiempo, en el que la mirada sombría del presente enfila el paso hacia lo existencial, como si el umbral de una etapa crepuscular convocara, en los momentos postreros del discurso poético, pensamiento y filosofía. A la hora de percibir lo cotidiano se impone una poética del desconsuelo, un nítido pesimismo que arropa los días con el epitelio del dolor. El prólogo de Sergio Fernández Martínez recuerda las sombrías coordenadas del escritor: ”Es un libro atravesado por un profundo pesimismo existencial, un pesimismo que se integra dentro del orden poético y que condiciona los sentidos de los libros. En realidad, esta es una constante en la poética de Rabanal, donde el malestar, el cansancio, la rendición y la inmovilidad se erigen como constituyentes del sujeto.”
  Los poemas evocativos de Que llueva siempre dan rumbo al viaje con citas de MJ. Romero y Javier Esteban. Los dos textos se ajustan al pensamiento umbrío de la finitud; las sombras calladas de la intemperie guardan los despojos de la vida alegre. El yo poético se dispone a completar un recorrido en dirección contraria al mediodía, desde el ser a la nada. Intuye que hay que cumplir ese encuentro pactado, a solas con la muerte, y va dejando sus huellas más firmes en los repliegues peraltados del yo interior, hasta componer una autobiografía ficcional.
  De cuando en cuando, el imaginario asume la ironía como recurso distanciador, capaz de  abordar temas nocturnales y trastocar la comprensión interpretativa. Los sueños traen al primer plano personajes oníricos que comparten los pasos perdidos de la memoria erótica.  A su albedrío, conforman un contrapeso del patetismo y la melancolía como si,  junto al yo biográfico, existiera un yo aparente y distinto. El pasado cobra un espacio central, donde el tiempo de niñez evoca que, en ese imprevisible relato de lejanías, todavía no estaban encendidas las luces de la soledad y no se había emborronado la inocencia: “Éramos pequeños y se nos mostraba / la envoltura, la azul apariencia de las cosas. / Ningún misterio más  / que el de no haberlo comprendido”.
  En el recorrido de Que llueva siempre conviven las fluctuaciones argumentales, aunque entre los detonantes poéticos no existan itinerarios antagónicos. Juntos conviven los recuerdos, los días de infancia, la invitación al deseo y las despedidas. Los textos muestran las inclinaciones subjetivas de un pensamiento en vela en el que se agolpan las cicatrices más profundas, esos campos de análisis que requieren contemplar en silencio el horizonte desenfocado.
   Luis Miguel Rabanal ubica el libro Los poemas de Horacio E. Cluck en el espacio central de Postrimerías. La entrega recupera un viejo personaje narrativo del poeta y alumbra un pensamiento especulativo sobre la escritura: “La poesía te rodea las manos, es la amiga que sangra”. Entre las palabras se desvanecen las brumas de lo etéreo; la experiencia vital muestra su fragilidad y añoranza, exige un trazado de sensaciones, que delimite el paso del tiempo. En el prólogo del libro exento, que se publicara en 2017, Andrés González escribió una síntesis del volumen muy afortunada. El trabajo poético es “una cronología de la infamia y de la mística del amor”.
   El apartado “Desnudos” aloja en sus poemas el formato de la prosa poética, de este modo se acentúa la reflexión sobre lo transitorio y ocasional de las palabras, su luminosidad cerrada y tan llena de brumas para comprender la realidad. Se abre la intrahistoria de un sujeto verbal con los inacabables conflictos del deseo, la soledad y el transitar por los grumos de lo cotidiano. Secuelas de vida que esconden el desamparo y la incertidumbre.
   Editado en la editorial Trea en 2018, Matar el tiempo comienza con una composición que hace del tú apelativo un interlocutor de las indagaciones reflexivas del hablante lírico. Se hacen fuerte las incógnitas del tiempo, esas quebraduras hechas de memoria, alquitrán y bruma, en las que se liberan las palabras pero no su sentido, como si el verdadero cauce argumental fuera un territorio de frontera entre la realidad y la imaginación. Todo parece abocar en un entorno de sueños, que se recorre al frío de la noche y nunca pierde el olor a cerrado.
   Desde el dolor y la impotencia de la enfermedad, desde la quietud insomne de quien hace de la medicación un intervalo para no apagar el deseo o la ternura, las palabras emergen para dar cuenta de la desolación y el espanto, en el vivo desorden del silencio. 
   La epístola afectiva final de Rafael Saravia alude a la existencia como fracaso permanente. Vivir nos coloca al borde. Casi pronuncia el adiós en las postrimerías, cuando advierte que la angustia es una presencia fuerte que pide silencio a la esperanza “con la verdad ingrata del poema sublimado”. Por su parte, Alberto R. Torices establece el espacio poético como un territorio ficcional, una geografía telúrica que recorren “vientos de simbolismo y abstracción", la memoria y fantasía de un hombre en el laberinto de su identidad sentimental.

JOSÉ LUIS MORANTE