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viernes, 21 de noviembre de 2025

JOSÉ ANTONIO OLMEDO LÓPEZ-AMOR. SAKURA

Sakura
Los Principios del haiku para todos
José Antonio Olmedo López-Amor
Editorial Celya
Colección Lunaria
Toledo, 2023

 

ESTADOS DEL ALMA
 
  
   Hace unos meses, al comentar el volumen (Ex)centricidad, una aproximación a la heterodoxia poética contemporánea en castellano, firmada por José Antonio Olmedo López-Amor (Valencia, 1977), me preguntaba, también, por la personalidad del escritor. Su poderosa identidad multiplica rasgos, en poco más de una década. Con voluntad polisémica, nítida intuición y capacidad indagatoria para largos recorridos, aglutina docencia, poesía, investigación crítica, narrativa, aforismos, crítica de cine y columnas de prensa que se diversifican entre la entrevista, la reseña y el comentario cultural. Tal solvencia creadora ha dejado un prolijo sendero de publicaciones y, sobre todo, permite contemplar una panorámica de gran angular de la cartografía lírica contemporánea. Ese centro de interés genera los ensayos Polifonía de lo inmanente. Apuntes sobre poesía española contemporánea 2010-2017, coeditado con el poeta y narrador Gregorio Muelas, y El pájaro en la rama. Conciencia del tiempo y tiempo de la consciencia en la poesía de Ricardo Bellveser (1977-2020).
  A la poesía del haiku y los espacios normativos de la estrofa japonesa dedica el volumen Sakura, que impulsa con bellísima edición la editorial castellano manchega Celya. Una nota de autor cobija las razones de escritura: partiendo de la inexistencia de definiciones cerradas y buscando fuentes originales a través de analistas de prestigio como Fernando Rodríguez Izquierdo y Vicente Haya, descubrió una dimensión espiritual y transcendente de la estrofa. No solo se trata de conocer su historia y su tradición sino de percibir como el haiku contiene estados del alma y requiere meditación, silencio y humildad. El autor añade en su liminar contingencias personales en torno al proceso de asimilación de la estrofa y opiniones sobre los estragos que un mal poeta puede ocasionar en el cultivo de esta terna versal. El poeta asume en su sedimentación teórica “una estrategia cristalina y didáctica que convierta el proceso de enseñanza-aprendizaje en algo vivo, atractivo y enriquecedor”.
   Los apartados temáticos disgregan exploraciones concretas. La primera parte analiza los espacios normativos del haiku clásico y afronta el contraste entre lo perecedero y lo perdurable que otorga al sujeto que percibe una fuerte conciencia de finitud. La contingencia es una manera de ser en el tiempo. Así lo muestra la sakura o flor del cerezo como símbolo de renovación y esperanza, de florecimiento, plenitud y atardecida. Ser consciente de lo que nos rodea es estar receptivo, aprestarse a la vigilia de la contemplación, mantener vivo el sentimiento de asombro. Saber que, más allá de un molde de expresión literaria, el haiku es un camino de apertura espiritual ante el mundo; conlleva desprendimiento y comunión con el entorno natural. La mínima estrofa abre una vía iluminativa que acerca su filosofía compositiva a la poesía mística, naturalmente salvando las distancias de formato y contenidos semánticos. El haiku mantiene unos principios básicos de espiritualidad y despojamiento que propician una ontología, una postura para ser y de percibir, desde la humildad y la sencillez.
   José Antonio Olmedo recuerda que el haiku ha de escribirse con lenguaje sencillo, despojado de retórica y ornamentación gratuita, aunque preservando el halo de misterio que hace que en el poema no todo quede explícito sino sugerido y dispuesto a la propia interpretación del lector. El traslado cultural entre la literatura nipona tradicional y la civilización occidental es severo; por tanto conviene recordar qué elementos deben mantenerse y cuáles soportan cambios y matices. El estudioso salva de modo imprescindible el suceso como manantial compositivo y prefiere también el mantenimiento del triple esquema versal, dada la disparidad silábica entre ambos sistemas lingüísticos. Pero la misma sociedad ha cambiado en el tiempo y el mundo contemporáneo se define por su globalismo y carácter urbano, con un alejamiento claro de la naturaleza como escenario. Se requiere explorar otros territorios acordes con la sensibilidad de un contexto distinto. De este modo, cobra sentido como línea de investigación el haiku urbano, aunque sin desacralizar la esencia y combinando, a ser posible, el sentimiento hacia la naturaleza con las características de la ciudad moderna.
  La propia cultura japonesa se ha sometido en el tiempo a un proceso de transculturación que ha modificado su identidad. La sociedad se ha occidentalizado y las nuevas formas de vidas optan posicionamientos encontrados entre el carácter inefable del haiku tradicional en el que la poesía es temblor, captura en tránsito, vuelo y raíz, e idearios estéticos de la modernidad que abren percepciones a otros estratos de realidad.
  El ensayista recuerda indagaciones personales sobre la terminología del haiku, desde el conocido aserto de Basho “Haiku es lo que sucede en este lugar y en este momento” hasta las definiciones de expertos como Blyth, Roland Barthes o Vicente Haya.  Asomado al fluir de la conciencia y la condición transitoria del yo, el escritor de haikus. percibe un escenario, se apresura a recibir en los sentidos una revelación abierta que se reproduce a través del lenguaje. La vigencia del género se asienta sobre voces maestras como Matsuo Basho, Yosa Buson, Kobayashi Issa y Masaoka Shiki, aunque hay una larga estela de autores destacados con estimables aportaciones al cultivo del haiku. También recuerda el ensayista la contribución femenina, pese al habitual ostracismo y la vigencia de prejuicios históricos que mantuvieron la contribución literaria femenina en un segundo plano. Las voces femeninas incorporan heterodoxia y carnalidad, una escritura hecha de sensaciones que busca también la expresión de lo subjetivo.
  El manual teórico incorpora un inventario de nombres propios que han destacado por su labor divulgativa en torno a la estrofa y un glosario de términos habituales en el continuo proceso introspectivo de la escritura y su realidad interior. Buen conocedor de la práctica poética del haiku por su presencia como docente en los talleres desde hace siete años y estudioso de la dimensión religiosa y transformadora de la estrofa, José Antonio Olmedo deja en Sakura una clarificadora aproximación a la cultura japonesa; plasma ideas y pensamientos construidos con materiales de la tradición y con las percepciones de estudiosos que prestan perspectivas y enfoques argumentales. Por tanto, Sakura es un ejercicio de cercanía, una prospección con fines didácticos que animará la práctica versal, más allá de lo epidérmico, con claridad y respeto.
 

JOSÉ LUIS MORANTE





domingo, 9 de junio de 2024

MAI VAN PHAN. ESTO DIJO UNA CABRA

Esto dijo una cabra
Mai Van Phan
Traducción de Pham Long Quan
Edición y prólogo de Víctor Rodríguez Nuñez
Editorial La Garúa
Colección Poesía / Haiku
Barcelona, 2024

 
OTRAS VOCES, OTROS ÁMBITOS
 
 
 
   Pertenezco a una generación que hizo del haiku una senda natural hacia el hábito lector, una estrategia expresiva arraigada en los géneros literarios de la brevedad y con amplio cultivo intergeneracional. Pero las voces y ámbitos idiomáticos que cultivan la estrofa se multiplican y resulta necesaria la apuesta editorial que acerque logros y amanecidas.
   La nueva colección de la Garúaa dedicada al haiku, que dirigen Jaesús Aguado y Joan de la Vega, incorpora Esto dijo una cabra, una compilación de textos mínimos del poeta Mai Van Phan (Ninh Binh, Vietnam, 1955) traducida al castellano por Pham Long Quan. El autor ha recorrido un largo trayecto creativo y explorado distintos géneros, con amplia aceptación y con un largo itinerario de premios, reconocimientos y traducciones a otros idiomas. Sin embargo, en nuestro idioma es un gran desconocido por lo que el prólogo de Víctor Rodríguez Núñez es una introducción necesaria para conocer el periplo biográfico y los rasgos más destacados de su escritura: el equilibrio entre religiosidad y compromiso, la mirada crítica y la continua atención a panorámicas yuxtapuestas como la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, ya que el mundo es un continuo entramado de relaciones en renovación constante.
   El conjunto de poemas líricos de Mai Van Phan, tiene en su primer apartado un enfoque sorprendente: cede la palabra a una cabra para que ratifique su aspiración de volver al monte y asumir su identidad natural. El personalísimo hablante verbal muda de inmediato y en la labor creativa de Mai Van Phan se unen observadores de la naturaleza, peregrinos, solitarios y seres anónimos que capturan sensaciones e instantes en las diminutas coordenadas del poema.
   En todo el apartado llama la atención la libertad formal: el molde del poema es una ruptura continua del esquema clásico japonés, basado en el ritmo versal 5/7/5. El enunciado textual se diversifica para dar acogida a las mínimas anotaciones. El poema se simplifica, juega el papel de una expresiva viñeta verbal que aglutina tres versos de medida variable.
   También sorprende en todo el apartado inicial la presencia del ti
tulo en cada poema; son avisos sobre la trama argumental, las coordenadas geográficas o temporales del poema o sobre los elementos que copan el primer plano. Pongo algunos ejemplos del apartado para que se entienda mejor la dinámica del poema: “Era industrial” Posada en lo alto de la grúa / En diez minutos / La libélula logra levantar tres contenedores”; “Confundiéndome con un grano de maíz” El viento / Me roza / Infinitas veces”; “Al leer un libro De repente el pánico / Abre ante mis ojos / Un camino en la oscuridad”. Son instantes nacidos en la contemplación que salvan su levedad en el poema y que, sin duda, comulgan plenamente con la filosofía estética del haiku y su frescura.
   Cada compilación de haikus abre un abanico de preocupaciones e incertidumbres. Y en este apartado cobran especial relevancia el sentimiento religioso, la naturaleza y 
las variaciones contingentes del discurrir temporal. Son asuntos de carnalidad existencial, que conceden a la estrofa el pálpito impaciente del asombro.
   El tramo final del libro “Ojos segados” es mucho menos voluminoso y presenta algunas novedades formales como la supresión del título en cada texto. También la contemplación aparece con más frecuencia, como si el estar transitorio necesitara captar lo que se fuga para dar sentido al trasiego cotidiano: “En una esquina del jardín / Agua sobre piedra / El crepúsculo se desliza veloz”; “Las flores de Osaka tomaron la ribera / El viento no se atreve a acercarse / El árbol arroja las hojas al abismo”. La mirada desenreda en silencio el ovillo de la naturaleza y esa perfección sensorial que asciende hasta los sentidos y el pensamiento para brotar con la pujanza de la epifanía. Como escribe Víctor Rodríguez Nuñez en el prólogo, en el apartado hay más continuidad que ruptura, una conexión fuerte entre el sujeto poético que percibe alrededor un entorno autónomo que se adhiere al fluir de la conciencia para mostrar asimetrías y contradicciones, el curso natural de la vida al paso. 
   Mai Van Phan estrena presencia en nuestro país y lo hace desde la humildad del haiku con un libro que muestra los nuevos brotes de la estrofa japonesa con un amplio despliegue formal, con la libertad suelta de quien oye el viento suave de lo minúsculo, con la frescura intacta de una taza de agua que duerme en los labios resecos del viajero.

JOSÉ LUIS MORANTE