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domingo, 17 de abril de 2022

JUAN MANUEL URÍA. APUNTES SOBRE PINTURA

Apuntes sobre pintura
Juan Manuel Uría
Prólogo de Eduardo Moga
Editorial Polibea
Colección La espada en el ágata
Madrid, 2022

 

 SOBRE ARTE Y ESTÉTICA

 

    La espiral creadora de Juan Manuel Uría (Errentería, 1976) recorre una línea continua que integra literatura y arte, dos facetas que expanden, al mismo tiempo, conmoción y sosiego. Su implicación literaria es diversa; ha publicado ensayo, ficción narrativa, indagación autobiográfica, laconismo aforístico y poesía, siendo este último género, sin duda, el de mayor proyección con las entregas Puerta de coral (2005), ¿Quién es Werther? (2009, 2015), Transformaciones (2009, 2016), Manzana de vaho (2012), Las huellas del límite (2014), Hablar porque la muerte (2015), Lilith (2015), Harria (2016), más la compilación de haikus K’amékuarhu. Además es referente presencial del fértil semillero aforístico contemporáneo. En suma, una voz fuerte, que sube nuevo peldaño con el volumen Infancia es lugar (2021).
   Como artista plástico, Uría ha ilustrado libros propios, preparado algunas exposiciones y alentado tratados estéticos como el libro que nos ocupa Apuntes sobre pintura. La obra una reflexión sobre arte y estética que tantea respuestas e intenta responder a preguntas esenciales sobre el proceso plástico concebido como epifanía y espera, revelación y aprendizaje. La introducción del poeta, traductor y ensayista Eduardo Moga es excelente. Su punto de vista recuerda que la pintura es un lenguaje vivo, capaz de mirar. “Mirar no solo para deslindar un fragmento de la realidad, sino también, y aun sobre todo, para deslindar un fragmento del ser: ese que se proyecta o quiere proyectarse, desde el magma de la psique, en un objeto o un instante, y constituirse en trazo o verso”.
   A espaldas del realismo –ese realismo entendido como reproducción y traslación fidedigna de lo percibido- y dando continuidad a una sensibilidad vanguardista, Juan Manuel Uría enuncia secuencias reflexivas que buscan entendimiento y viaje cognitivo en la piel del tiempo. El poeta sabe que las obras “son metáfora de sí mismas, interrogantes que surgen en el propio proceso de crear”.
   El apunte conciso se convierte en razón de amanecida y emparenta trazos con la solvente lucidez de un cuaderno de taller. En los párrafos hay aforismos explícitos: “Pintar para acceder a la posibilidad de la pintura”, “El espíritu se hace materia en la obra de arte”, “Pintar es, por supuesto, una función de teatro”, “Lo que ves, a veces, es otra cosa. Lo que no ves siempre estuvo ahí”. La azarosa lógica argumental añade enunciados biográficos que capturan sensaciones, como sucede en la descripción del asombro infantil que causa el cuento con su misterio, junto con la belleza y el amor a la  pintura o los libros. Uría cuestiona la dinámica educativa contemporánea y su empeño por despojar al sujeto de esa pureza germinal de la infancia. Otros incisos meditativos contrastan estéticas y exponen las convicciones personales ante el proceso creativo. Las realizaciones plásticas devienen de lo abstracto y sintético; no ejercen ningún quehacer mimético ni capturan fotogramas de realidad; solo se nutren de la misma incertidumbre, la limitación, la certeza de lo desconocido e imposible de conocer, la presencia luminosa de la duda como misterio por resolver y las deliberaciones en la sombra para formar ángulos insólitos.
   Para el creador “la composición es resultado de una matemática lírica, de un azar objetivo”. Es un horizonte que se despliega, hecho amanecida, para aseverar un conflicto permanente y complejo con la realidad en su conjunto. El entorno es un espacio temporal y cambiante, que despierta la búsqueda de belleza, ese proceso en el que se unen percepción y pensamiento.  
   Como anota, Juan Manuel Uría, en uno de sus breves iniciales, escritura y pintura son actividades que obedecen al mismo impulso poético, dos facetas de una misma voluntad incomprensible, que ha ido practicando con naturalidad, como si fueran andenes yuxtapuestos en el largo viaje de la creación. La obra Apuntes sobre pintura clarifica puntos de partida de un ideario dual, expuesto con dicción transparente, que aglutina confesionalidad y temporalismo. Impulsa esa voz interior que emerge para encauzar el manantial emotivo del sujeto sobre la vulnerable superficie en calma de lo cotidiano. La pintura se hace símbolo del decurso existencial. Es movimiento que tantea los laberintos del pensamiento. Es también alternativa, fuerza que emplea la  posibilidad como energía, para mostrar la verdad y la belleza sin intermediarios, hecha pleno sentido y fuerte abrazo de intuición y deseo.
  
 
JOSÉ LUIS MORANTE

   
 
 

 

miércoles, 17 de junio de 2020

ELOGIO DEL HAIKU (MEMORIA PERSONAL)

A punto de ver
José Luis Morante
Polibea Editorial /Haikus
Madrid, 2019


ELOGIO DEL HAIKU

(Memoria personal)


   Debo mis primeras lecturas de haikus al desaparecido poeta lucentino Manuel Lara Cantizani, cuya labor de difusión ha sido extraordinaria en campos complementarios como la creación, el aula y la gestión editorial. Con su cercanía aprendí a caminar por esta forma poética de aparente sencillez y severa pauta métrica, cuyo origen se remonta hacia el siglo XVI, aunque es previsible que existieran precedentes en el cauce oral de la literatura japonesa. Con Fernando Rodríguez Izquierdo, el estudioso más perseverante, fue sondeando la contingencia temporal de la estrofa y su evolución en las voces mayores del haiku, Matsuo Bashô, Yosa Busson e Issa Kobayhashi. Otro poeta que admiro Josep M. Rodríguez me escribió una afectuosa misiva para pedirme algunos haikus de mi autoría para una antología de contemporáneos; no puede corresponder a su empeño por falta de material de calidad en aquel momento y la antología Alfileres (Cuatro Estaciones, 2004) dejó en las estanterías un amplio listado de nombres que cultivaban la estrofa y emprendían proyectos literarios bajo su horizonte verbal. Aquella petición del profesor, poeta y ensayista Josep M. Rodríguez soliviantó mi taller de escritura y un par de años después, el editor Francisco Peralto en su imprenta malagueña, me dejó en las manos Nubes, una completa compilación de haikus que integraba como epílogo esta reflexión personal: “Un título tan escueto, Nubes, es prueba evidente de la voluntad de comunicación. El propósito parece contradecir la naturaleza de la estrofa japonesa en la que “lo no dicho tiene tanta importancia como lo dicho”. Espero, sin embargo, que el destinatario de este conjunto de poemas justifique mi elección en la existencia de una realidad convulsa; el poeta toma la palabra para tirar de un hilo argumental que reclama una sensibilidad despierta y la solidaridad de los sentimientos. El estudioso Vicente Haya ha escrito que “el haiku es el entrenamiento de la percepción”; Mario Benedetti reconoce que somos portavoces de sensaciones, nostalgias, reflejos y estados de ánimo que no son exclusivamente nuestros; ambas opiniones me parecen asumibles por su lucidez. La elección vital de los que se convierten en pasajeros hacia un destino ineludible requiere varias perspectivas, varios modos de situarse. Seamos compañeros de viaje que soportan el frío, la angustia y el miedo; los que creen en los sueños; el testigo de paso de una experiencia ajena con la que no tiene más afinidades que el estar. Percibamos la tensión interna entre el desarraigo y la contemplación. Y que esta conciencia de la poesía, oscuridad y olvido, quede retenida en tres versos… El fondo del haiku reivindica una bibliografía copiosa que inicié, como es prescriptivo, con un libro canónico sobre el género en nuestro país, el tan citado El haiku japonés, de Fernando Rodríguez Izquierdo; después, una parada obligatoria en Mashuo Bashô, cuyos poemas amanecen en cada traducción. Los textos de Issa conciben el mundo como un transitar epifánico en el que cada paso nos aporta el descubrimiento de lo nimio. El poemario Nubes es fruto de un lustro de escritura. Años en los que la estrofa convivió conmigo y condicionó mi percepción del entorno, que cada vez se hizo más despojada y esencial. En su economía narrativa está la sombra de una experiencia, el rastro de una emoción. El cuaderno Pateras, escrito con intención seriada sobre quienes perciben al otro lado del mar una esperanza, anticipó más de una veintena de haikus. Se imprimió el 29 de septiembre de 2005, con una ilustración de cubierta del pintor Emilio González Sáinz, en los pliegos de Ultramar. Ahora se integra en Nubes gracias a la invitación editorial de Francisco Peralto, a quien traslado mi gratitud y mi afecto.
   Hace unos años, mi amigo el poeta Antonio del Camino tituló, con acierto elegíaco y sensibilidad temporal, su libro Paso a paso, la vida y esa es la escueta definición que precisa el desplegado transitar de mis aforismos de Nubes representados en esta breve selección personal, que lleva como pórtico una cita que diluye las líneas entre imaginación y realidad: Intento despertar, pero no duermo.


Brillan hogueras
en el aire nocturno.
Fulgor de plata.


Atardecer.
Impacientes suburbios,
y despedidas.


Manso rompiente.
Las palabras del agua
velan silencio.


Noche. Planicie.
Tan igual a sí misma
como el desierto.


El miedo ignora
los caminos del agua.
El viento, brújula

  
Pájaros negros
al borde de la ruta.
Espectadores.


El cielo frío
en la mejilla deja
soplos de mar.


Guarda desvelo
para la travesía;
estamos solos.


Entreabría,
con dedos ateridos,
dunas deformes.


Una tras otra;
cada gota un instante.
Reloj exacto.


   El blog “Puentes de papel”, activo desde diciembre de 2010, ha reanimado mi práctica del esquema versal, a la vez que ido acumulando lecturas clásicas y de contemporáneos, estudios ensayísticos y antologías, pues de todos es conocida la copiosa colección de haikus que han producido las últimas hornadas.  Mi inclinación afectiva hacia esta forma lírica se cimenta en su brevedad que asegura una intensidad gozosa, en su pupila abierta para cobijar argumentos, mucho más allá de la supuesta condición de lírica estacional, por su carencia de artificio retórico y por la condición de chispazo inmediato.   Así que es previsible que estas líneas para la revista digital Proverso que elogian la estrofa no sean más que un síntoma temprano de la floración del haiku. Esperemos.

José Luis Morante

Revista Proverso
Marzo de 2020



jueves, 23 de mayo de 2019

LA CIUDAD EN VÍSPERAS


Librería Nakama
(Calle Pelayo, 22, Madrid)


LA CIUDAD EN VÍSPERAS

  En medio de la campaña electoral prosigue el estridentismo ideológico en la periferia nacionalista. En una localidad vasca, algunos ciudadanos con disfraz, tras un mitin de otro partido, “gasean las aceras”. Qué manifiesta afinidad con los nazis. Otros en Cataluña revientan un concierto musical arrojando huevos. Aquí la afinidad es clarividente y apunta al gallinero. Ambos son gestos lóbregos que refrendan la necesidad del voto con serena tenacidad, para que nuestra democracia no sea escisión y desarraigo, frágil torre de cristal.
  Tampoco la constitución del Congreso y la jura de los diputados invitan a la esperanza: el espacio de diálogo y consenso está repleto de placas de hielo ideológicas que exigen al futuro una conducción temeraria.

   Recojo en Madrid los ejemplares de autor de A punto de ver (Polibea, 2019). La cubierta es una hermosa fotografía de Javier Cabañero, que tantas imágenes ha cedido para mi blog “Puentes de papel”. Juntos, mejor.

   Cuando saludo, hay abrazos árticos, donde el cuerpo aloja las formas de un iceberg.

  Desde la Edad Antigua existe el mecenazgo privado, perfectamente compatible con el cuerpo legislativo de Hacienda. Completamente a favor de las donaciones a Sanidad de Amancio Ortega, diga lo que diga la incontinencia verbal populista.

  Demasiados libros en el buzón. Exigen un esfuerzo crítico tan severo que apenas puedo leer ensayos esenciales. Debo trabajar más allá del día a día de la perspectiva crítica. No sé si la clarividencia de D. Miguel de Cervantes pensaba en mí cuando escribió en El Quijote: "Ël se enfrascó tanto en su lectura que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro y los días de turbio en turbio; y así del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro de manera que vino a perder el juicio..."

(Apuntes para un diario)