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sábado, 20 de diciembre de 2025

FERNANDO DEL VAL. LA DUERMEVELA ES UNA LEJANÍA

La Duermevela es una Lejanía
Fernando del Val
Editorial Reino de Cordelia
Madrid, 2025

 

ENTRE LA SED Y EL AGUA

 
   El éxito cosechado por las entrevistas de Fernando del Val (Valladolid, 1978), periodista y escritor, aconsejó en 2017 la publicación del volumen Si te acercas más, disparo por la editorial Difácil. Allí se reunían más de una veintena de conversaciones que transpiraban complicidad con los elegidos y dejaban un ajustado retrato humanista del personaje. Pero Fernando del Val, con un voluminoso expediente laboral en medios generalistas y en publicaciones especializadas es, sobre cualquier otra condición, poeta. Autor de las entregas Orfeo en Nueva York (2011), Lenguas de hielo (2012), Regreso al Metropolitan (2013), Los años aurorales (2017), que consiguió el Premio Ojo Crítico, y Ahogados en mercurio (2023). Son títulos que se ajustan a un decir poético ajeno al gregarismo de etiquetas y modas, que explora territorios apenas transitados y que revela originalidad, dicción rica en imágenes y una cadencia versal de honda musicalidad.  
   La nueva entrega La Duermevela es una Lejanía (Reino de Cordelia, 2025) sugiere a Luis Alberto de Cuenca este preciso apunte crítico: “Un sugestivo y sensible paseo por el amor y la muerte a través de una duemevela dotada de gran significación simbólica”. Son pautas que se ajustan bien a un poemario de innegable halo romántico, con cubierta e ilustraciones interiores de Henri Gervex, que incorpora un paratexto de gran densidad reflexiva. Las citas incluyen a Spinoza, León Hebreo, Tomás Guillén y Chantal Maillard.
   El conjunto de apertura “Cadencias del amanecer” dibuja una atmósfera onírica, donde lo metaliterario convierte la palabra en un acorde de sensaciones y en un despertar a la amanecida del amor. La amada es plenitud e indefinición, mientras el yo poético es un desvelo que cobija tristeza, que se hace escenario de lo umbrío, para convertir el deseo en oquedad insatisfecha. El recuerdo pone distancia, abre camino entre el agua y la sed. Guardada en la memoria, la belleza abre una hendidura que impide el olvido e impide cauterizar heridas invisibles. Ese estado anímico del hablante lírico impulsa meditaciones que encuentran en la prosa poética su molde más ajustado. También en el ajuste verbal del aforismo, con poemas de mínimo desarrollo argumental: “La línea recta todo lo pretende. / Su zurrón cargado de amianto / protege o que nadie escucha / de la intemperie de las certezas”.
   Soledad y tristeza definen la presencia del yo. Estar es intemperie. La despierta vocación de hallar sentido a la involuntaria aspereza de la lejanía.
   El segundo apartado “Con tu manera de mirar al viento” recalca el tacto manso de la incertidumbre cuyo epitelio envuelve el transitar diario y su abrazo de contradicciones. Si el amor es amanecida, la ausencia maltrata y contagia al porvenir de sombras. La intangible silueta del cuerpo amado se recorta de continuo. Genera un fértil surco de imágenes, cuajadas de belleza, pero su consumación es una utopía, un sueño que hace nidos en el aire. Un plano interior en el que cuesta regresar a lo real: “El amor es un elemento químico / que afecta a la conciencia. / El amor está hecho / a contramedida del hombre / para explicar mejor su finitud”.
   “De los siglos” reúne dos poemas de cierre. Ambos conjugan una reflexión existencial  en torno al misterio de ser. Respirar concede la callada fragilidad de lo perdurable y la condición transitoria del yo: lo pasado es recuerdo, la respiración de una hendidura en donde se contienen los indicios del sueño.
   Una nota final reflexiona sobre el paratexto de apertura y la ambigüedad de su sentido, mostrando un erudito repaso de autores. La lista apuesta por la diversidad y la indagación especulativa. Al cabo, como escribiera José Manuel Caballero Bonald: “Nunca se ha vivido lo suficiente si no se ha naufragado un poco”.   

José Luis Morante



domingo, 14 de diciembre de 2025

ÁNGELES CARBAJAL. NOSTALGIA DEL CIELO

Nostalgia del cielo
Ángeles Carbajal
Editorial Difácil
Colección Prúa
Valladolid, 2025

 


LA VOZ DEL TIEMPO

 
  Ángeles Carbajal (Argüelles, Asturias, 1959), licenciada en Historia del Arte, es una voz lírica que impulsa un quehacer bilingüe en castellano y asturiano. Con amplia presencia en las principales revistas del norte, comenzó trayecto literario a principios de los años noventa, cuando el realismo figurativo se definía como la etiqueta crítica más consolidada. Su innegable impulso al ámbito lingüístico local, reconocido con varios premios, ha convertido a sus libros de poesía en asturiano en referentes para la reivindicación y consolidación del patrimonio cultural autóctono. De este modo, se suma a la poblada nómina de poetas en lengua asturiana que José Luis Argüelles compiló en su antología Toma de tierra (Trea, 2010).
   La bellísima edición de Nostalgia del cielo elige como texto inaugural un apunte lírico de Luis Rosales: “Donde puso el temblor la primera hoja”, tras un título de innegable sensibilidad estética. Son matices que anuncian un espacio de calidez y armonía, ajeno a la voz exaltada de la estridencia. La elaboración del poemario se define por el intimismo y la mirada reflexiva sobre las hendiduras de lo real. El pensar del yo poético focaliza el sentido del tiempo cuando llega el momento de los interrogantes capitales, esas preguntas que se instalan en cada amanecida y empapan lo cotidiano de melancolía. Procede vivir, caminar con el techo de una casa encendida, por donde siembran pasos los sentimientos.
   Un cálido recuerdo a Francisco Umbral impregna el epitelio de la composición de apertura, en la que encuentra sitio un emotivo aserto: ternura sin sentido. Más allá de la lógica está la lluvia de las emociones, el inadvertido patrimonio que humaniza y concede a la escritura su experiencia vital. Advertimos también en “Ternura sin sentido” la labor de poda de la poeta, su empeño en dibujar el temblor emotivo con un claro despojamiento formal. Los textos emplean para su indagación en los rincones de la memoria una parca cantidad de palabras. Queda así en la voz confidencial un lenguaje directo, intimista, cercano, pero capaz de convertirse en testigo de lo vivido. El poema traslada afinidades con una peculiar cámara fotográfica que retrata el pasado. El excelente poema “La casa del padre” explica bien el discurso elegíaco de las palabras y su capacidad de unir los trazos de la historia personal de la protagonista, ese rosario de anécdotas con ”Inviernos, pájaros, gestos que se alejan / como estelas de un planeta / que da igual que haya o no existido.”.
  Las composiciones de esta primera parte comparten el ambiente auroral del asombro; eran días de infancia y la mirada infantil guardaba dentro un reino misterioso de cosas que vivían fuera del tiempo, en un ambiente de plenitud, donde nada estaba contaminado todavía por la intemperie.
  El segundo apartado rescata la voz del poeta y aforista Carlos Edmundo de Ory: “Una mujer me lava las manos. ¡Ojalá no se sequen nunca ¡”. La cita da pie a una interpretación abierta, pero en ella cabe la necesidad de protección y el sentimiento de fragilidad que la conciencia siente en cada instante. Así se refuerza en la infancia la presencia materna, o se asume en la juventud asideros invulnerables como el amor. Son sensaciones que el tiempo contamina y poco a poco transforma en una larga cadena de incertidumbres. Los lugares de siempre se convierten en calles desnudas de recuerdos. Solo queda un leve anecdotario, el nombre de alguna librería, las horas en el aula, el eco de unos pasos y la piel indemne que esconde en algún pliegue la dulzura.
   La existencia está en manos del tiempo. Los ideales, esas aspiraciones de ser Ícaro, envejecen y convierten el vuelo en “íntima indigencia”, en un fresco caudal de melancolía, que abre los ojos a un futuro inconcreto y lejano. Todo va quedando atrás. Como esos lugares de paso de la autopista, como días sin historia, cobijando una extraña sed de aventuras, alumbrando las luces de una casa encendida que espera todavía, en el último reflejo del atardecer, la llegada de nuevos invitados. 
   En la poesía transparente y emotiva de Nostalgia del cielo de Ángeles Carbajal, el poema busca razones de vida. Se hace evocación y melancolía. Siente que sus pasos son volutas de humo que el aire dispersa, como inalcanzables espejismos, en el páramo blanco de la memoria. Las palabras se empeñan en entender si la ceniza guarda todavía esa pequeña luz que un día fuera lumbre.



JOSÉ LUIS MORANTE



miércoles, 15 de julio de 2020

FERNANDO DEL VAL. SI TE ACERCAS MÁS, DISPARO

Si te acercas más, disparo
Entrevistas Vol. 1
Fernando del Val
Editorial Difácil
Valladolid, 2017


INTERMEDIARIO


   Periodista con amplio recorrido laboral en medios generalistas, como el diario El Mundo, y autor de una excelente trilogía poética, Fernando del Val (1978) ha compilado sus entrevistas en el volumen Si te acercas más, disparo, una publicación editada en 2017 por el sello vallisoletano Difácil. Fue una conversación extraordinaria con Cees Nooteboom en la revista TURIA la que me llevó a adentrarme con urgencia en la cartografía creadora del poeta periodista. Mis disculpas por esta llegada tardía que no hace sino confirmar que los buenos libros soportan meandros singulares para llegar al abrazo lector.
   Más que una suma de preguntas y respuestas trazada por el piloto automático del entrevistador, me gustan aquellas conversaciones en las que el entrevistador se convierte en un intermediario, a través del cual se muestran los rasgos esenciales del protagonista desvelado. Esta inmersión en los estratos profundos del yo casi nunca sucede; por eso en la mayoría de las entrevistas predomina lo contingente, un recrear de sensaciones transitorias que, poco a poco, se disuelven y declinan en la memoria. La mayoría de los encuentros expuestos en Si te acercas más, disparo pugnan por crear espacios de autonomía y conocimiento de una identidad en permanente reconstrucción; la claridad de la respuesta cuestiona lo evidente y lo convierte en un destello indeciso.
  En el inicio del volumen se acogen tres entrevistas muy dispares. Es muy hermosa la realizada al poeta Félix Grande, a propósito del novelista uruguayo Juan Carlos Onetti. Queda patente la admiración discipular y el trayecto afectivo para comprender la complejidad de un caminar biográfico que optó por anular cualquier enlace con lo social. En ese Onetti postrado se acentúa la fragilidad y el intimismo, la asunción de ser también un personaje cercano a sus creaciones ficcionales. El acontecer social convierte al columnista Raúl del Pozo en un ser receptivo, una sensibilidad abierta al estímulo político cuyo tono de voz se hace elegíaco, admirativo o crítico. La cercanía con Francisco Umbral es nítida, pero el aporte propio trasciende cualquier tarea de epigonía para asentarse como un columnista clásico, de la mejor escuela.
  El ego de Fernando Sánchez Dragó no admite equidistancias, su despliegue narcisista sitúa sus logros en una encrucijada transitoria, un paisaje colmado de signos caducos. La escritura y la existencia se hacen más comprensibles si son exploración y aprendizaje, búsqueda y tanteo; en Sánchez Dragó parece que percibir su existencia es  también entender el universo.
   A pesar de los notables intentos de Fernando del Val de buscar la trocha de Miguel Delibes, el maravilloso escritor cerró por dentro su identidad y solo afloraron algunos monosílabos de incertidumbre y compromiso; sus muchos admiradores y sus persistentes lectores, entre los que me encuentro, dejan en silencio su inquietud porque los años erosionan cualquier deseo de seguir caminando: en estas respuestas, más allá de algunas convicciones conocidas, ni está el hombre ni está el escritor; llegamos a Delibes demasiado tarde. Mucho más explícito aparece el perfil intelectual de Eduardo Lago en el que se recuperan cuentos, traducciones, libros de viaje y las incisiones del primer paso ficcional, Llámame Blooklyn, tan ligado al mítico distrito neoyorkino. En la novela el espacio urbano se convierte en personaje en el que se van gestando los ánimos de los pobladores y las pulsaciones históricas.
   En el curso dinámico de estas prolongadas tertulias confluyen varios poetas. Son tres las tareas indagatorias con Antonio Colinas. La brevedad de las dos primeras apenas aporta algunas mínimas iluminaciones; se habla más de libros que de actitudes y convicciones; en cambio, la tercera reunión es un acierto divagatorio donde caben evocaciones, apuntes de taller, recuerdos de viajes y lúcidas incursiones en el ideario personal. También magnífica resulta la segunda charla con Antonio Gamoneda, en la que el poeta recupera su discurso más conocido. En él se hace raíz la guerra civil, la posguerra y ese moldear del compromiso en el tiempo, junto a una forma de entender la poesía cuajada de hermetismo y lejanía. El poeta defiende que el ideario estético es un estado de subjetividad, una inmersión interior de las posibilidades sensibles del individuo.
   El primer buceo del poeta, novelista y ensayista José Manuel Caballero Bonald versa sobre Ángel Crespo. Desde su rescate emerge ese tiempo de guerras perdidas de la posguerra, la oposición al franquismo en la clandestinidad, el intimismo gris de un país sin amanecidas y los trayectos del exilio, junto a un magnífico trabajo como traductor y como creador. La segunda conversación tiene como núcleo semántico la propia labor, las contingencias biográficas y su forma de entender la escritura en los distintos géneros, en los que siempre es evidente el afán indagatorio del lenguaje y su fortaleza expresiva.
   Con similar compromiso frente a la escritura como impulso perdurable afloran las palabras de Luis Mateo Díez. El leonés es un ejemplo de rigor, activismo lector y caminar pautado, lejos de la estridencia de los medios y consciente de protagonizar una tarea en el tiempo que ha conseguido el refrendo de muchos lectores.  Son rasgos comunes a otro novelista, José María Merino, en quien se hace evidente la idea de que la ficción mantiene puentes abiertos con el tiempo histórico; en el escritor, tan activo y plural, la ecología es una senda exploratoria, y la actualidad política un referente siempre proclive a la valoración ética.
   Como si emergieran de una asombrosa trastienda, el desfile de magisterios prosigue con Luis Landero, Juan Eduardo Zúñiga, Soledad Puértolas,  Javier Cercas, Clara Janés o Enrique Vila-Matas –el lector sabrá disculpar que no comente cada una de las entrevistas para que esta reseña mantenga las dimensiones habituales- y queda la sensación de que cada encuentro aporta nuevas claves interpretativas sobre el trayecto creador o sobre su manera de entender el hecho literario.
   Fernando del Val es un practicante experimentado de la entrevista. Se empapa de cimientos previos para facilitar al máximo el trasvase de confidencias. Se convierte en un intermediario trasparente que sabe apartarse para que emerja plena la identidad del autor. Ejerce de hacendoso imán para aglutinar ideas y sensibilidad; para que en el encuentro perdure la esencia, ese cruce que fusiona recapitulación existencial y libertad creativa, fragmentos vitales y experiencia estética. Un vaivén de palabras en vuelo donde la vida fluye.