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viernes, 24 de septiembre de 2021

GOTAS DE LLUVIA PARA UN HOMENAJE

Homenaje a Joan Margarit
Poéticas de la Modernidad
(Filología, Universidad Complutense de Madrid)
Feria del Libro de Madrid, 22 de septiembre, 2021 

 

GOTAS DE LLUVIA PARA UN HOMENAJE 

 

   Madrugo para el viaje a Madrid. Se celebra en el Retiro un homenaje a Joan Margarit, organizado por “Poéticas de la Modernidad” de la Universidad Complutense de Madrid  y coordinado por la poeta y profesora Marta López Vilar. Prefiero la calma para afrontar los transportes públicos y coger la línea adecuada y la parada exacta. Casi nunca lo consigo y la estación de llegada suele ser algún lugar insólito de la periferia. 

   Ya cerca del Retiro, en una cafería de la calle Ibiza, me encuentro con el poeta y periodista Javier Lostalé. Sigue activo, aunque está a punto de cumplir ochenta años. Pertenece a la generación novísima, pero es un humanista capaz de reseñar ahora novelas y de seguir manteniendo un ritmo envidiable de creación. Su amistad a lo largo sigue generosa e intacta.   

   En la entrada del Pabellón de Caixabank nos esperan alumnos, profesores y los responsables de la organización. El acto comienza a las once, llueve copiosamente y siento cerca el fugaz parpadeo de la decepción. El aforo está muy despoblado, por más que nos acompañen amigos como Paco Huelva o Fernando Daniel Granado. Pese a todo, el acto es ameno y camina con solvente eficacia, tras las intervenciones iniciales de Marta López Vilar y del profesor titular de Filología catalana Juan Miguel Ribera Llopis. Don de lenguas de Alba Diz Villanueva, Gergo Toth y Joanna Vollmeyer que leen la poesía de Joan Margarit en rumano, húngaro y alemán, y un grupo de alumnos que han seleccionado varios poemas en su doble versión, recitados con prisa emotiva. Toca cerrar el acto desde la complicidad poética con José Cereijo, Javier Lostalé y mi recuerdo de encuentros, complicidades y de mi edición crítica Arquitecturas de la memoria.

  La nota final de la lluvia muestra una feria semivacía, así que hoy no me animo a recorrer las casetas, sino a pasear por Atocha con la compañía de Cereijo, que me regala su último libro publicado en Pre-textos, y Fernando Daniel Granado con el que me espera una animada tertulia.

  Refrendando a Cavafis, Ítaca es siempre el camino y casi nunca la estación final. El despliegue de vivencias apacigua cualquier pincelada de sombra. También retorna la pincelada meditativa y los últimos encuentros con el poeta. Otra vez en la memoria la mano abierta de la poesía. Recordar es asumir la invitación del silencio.

 

Apuntes del diario



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 27 de marzo de 2020

EL REGRESO DE ADÁN

Paraíso
Archivo fotográfico
de
Imaqui


EL REGRESO DE ADÁN

Frente al invierno
tu pura permanencia
árbol desnudo

JOSÉ CEREIJO


   Ante el insistente empuje de la melancolía, Adán retornó una mañana al paraíso. Se adentró en sus espacios con la fuerza feliz de quien busca el lugar propio. No tardó en advertir que recorría un territorio de desposesión. Aquel sitio solo cobijaba abandono.
   En el centro del páramo se alzaba todavía el árbol del bien y del mal; miró aquella silueta y se hizo efectiva la soledad de un tronco calcinado y rijoso. No aguantó más. Bajó los ojos y convocó el olvido, como si el paraíso no hubiese existido nunca. Se precipito hacia la salida. Allí sus pasos tropezaron con el ala inerte de algún ángel, el metal chamuscado de una espada herrumbrosa y una camisa oscura de serpiente.

(De Cuentos diminutos)



domingo, 24 de abril de 2016

AGUSTÍN PORRAS. UNA ETERNA DESPEDIDA

Una eterna despedida
Agustín Porras Estrada
Prólogos de
José Cereijo y Luis Valdesueiro
Editorial Verbum
Madrid, 2016

CON VOZ DE TODOS

  Poeta, ensayista –con notables aproximaciones al discurrir biográfico y al legado literario de Gustavo Adolfo Bécquer- y editor de revistas literarias, Agustín Porras emplea como frontal de su libro de poemas más reciente un esqueje versal de Ángel Guinda: “Una eterna despedida”. Es una expresión enunciativa, sin ningún recodo semántico, que hace principio básico la aceptación de que el devenir no es sino un sino anunciado que va sembrando huellas hasta la última costa; caminamos para llegar a un refugio postrero donde nada perdura sino indicios de ceniza y vacío. 
  Esta propuesta reflexiva sobre nuestra conciencia integra como umbral dos prólogos. Los firman el aforista Luis Valdesueiro y el poeta José Cereijo. Los párrafos de Cereijo insisten en el carácter natural del lenguaje, de tal modo que la experiencia individual se comunica a través de un propósito intimista y coloquial, que pretende compartir un núcleo de sensaciones dictadas por la cercanía; el sujeto verbal habla con la voz de todos. Luis Valdesueiro se remonta al discurrir histórico de la literatura para recordar el origen oral de la poesía y su halo popular y anónimo. De ese manantial siempre propicio a la recitación y la memoria surge la copla, formato poético  que tiene como rasgo ideal el efecto emotivo, junto al carácter paradójico y el sentido irónico y vitalista.
  Con esos juncos, Agustín Porras entrelaza un poemario que bascula entre dos vértices temáticos: existencia y finitud. Dos veneros que amanecen con la línea recta de lo intuitivo, sin meandros herméticos, con una expresividad directa que amasa frutos con la experiencia saludable del realismo: “Aquel que vive con miedo / no hace falta que le expliquen / en qué consiste el infierno”; de ese afán didáctico de la copla que busca difundir una actitud están cimentados los versos de muchas composiciones;  también de la incertidumbre que genera el azar que guía el deambular por trochas azarosas: “Desde niño siempre supe / lo que debía de hacer. / Hasta hoy nunca lo hice. / ¿Me atreveré alguna vez?
 Las coplas de Una eterna despedida  se caracterizan por u efectismo expresivo. Niegan cualquier idealización conceptual para captar las palpitaciones del pensar, ese fulgor emotivo que crea en el ánimo efectos de luz y sombra, que enmarca las palabras del poema en la tarea de dar fe de vida, aunque seamos un destino pactado, un camino abierto al espejismo de la permanencia que asume en la última estación una certeza única.
  En este itinerario del yo hasta sí mismo no hay regreso.