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miércoles, 24 de noviembre de 2021

CÉSAR RODRÍGUEZ DE SEPÚLVEDA. NOTICIA DEL ASEDIO

Noticia del asedio
César Rodríguez de Sepúlveda
Editorial Ommpress Poetas
Madrid, 2021

 

ESTAR DENTRO
 
 
 
   La pandemia, más que un elemento perturbador de la existencia diaria que ha modificado los hábitos del entorno, subrayando la endémica fragilidad de cada sujeto, es un arquetipo de soledad, una construcción conceptual propensa al simbolismo. Ha hecho del horizonte imaginativo de Kafka un ángulo de entrada tangible y colectivo. A su estela sugeridora recurre César Rodríguez de Sepúlveda (Madrid, 1968) para abrir los poemas de su segunda entrega Noticias del asedio: “Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”.
   La inolvidable cita evoca de inmediato el argumento esencial del poemario, la propuesta de ruta de aquella primavera de 2020, cuando las alarmas del contagio teclearon razones para el confinamiento domiciliario. La densa penumbra de la calle dejaba sitio libre a las moiras, esas presencias mitológicas que hilan nuestra vida y marcan el destino personal, cercando nuestro ánimo de temor y finitud ante la cercana presencia de la muerte. Sobre la dermis interior del ser se cernían las sombra de ángeles oscuros: “Son tres y son hermanas: / a la niebla del sueño / traen la misma advertencia silenciosa / que no quiero atender, / que quiero conjurar en el poema”. Llegaba a cada casa un intruso invisible que habitaba cerca, crecía y se multiplicaba para mudar el sosiego en intemperie.
  La mirada indagatoria del apunte diario mide la curvatura de la pandemia. Cataliza datos de la experiencia, observa desde las ventanas el transitar perplejo de la senda cotidiana. La palabra poética y su mapa de correspondencias clarifican de inmediato el esfuerzo del yo para desmigajar lo cotidiano en un contexto histórico marcado por la sombra y la extrañeza, para inventar en su mundo reflexivo el pétalo feliz de un carpe diem. La calle se convierte en un angustioso marco de representación. Se oye emotiva y densa la voz de la memoria, el lirismo ensimismado de quien nombra los pasos del asedio: el desconcierto, el avituallamiento, las precauciones insólitas, la visión de abatimiento crepuscular y despedida alentada por los medios de comunicación, recordando en cada telediario las cifras de nuestra programada obsolescencia.
  César Rodríguez de Sepúlveda, frente al escueto esqueje descriptivo, opta por la mirada temporalista y convierte las instantáneas del ahora en secuencias mitológicas y crónica autobiográfica. De nuevo, la épica del superviviente, los suplicantes, o  los personajes del cine transformados en identidades cercanas, que soportan el sedentario estar del encierro y su fuerte latido emocional. El poema “Wuhan”, topónimo convertido por el cauce informativo en epicentro de la pandemia, se empeña en construir ejes de simetría entre el acervo cultural y el inestable suelo del presente. El paso minucioso de Marco Polo se ha transformado en un virus expandido que contagia y hastía, que convierte el respirar en un riesgo evidente. Mientras la naturaleza sigue su curso y su cadencia, sin advertir lo que sucede en cada casa.
   La retina traspasa la piel de las cosas cercanas con mirada nueva; objetos cercanos e inadvertidos recuperan la telaraña afectiva de lo vivido. La biblioteca se ofrece generosa para llenar el tiempo de clausura y el balcón es el mirador privilegiado del aplauso y de la exploración de secuencias vitales en las calles ensombrecidas, ahora poniendo distancia y soledad a un paisaje sin figuras. Como si aceptara la inminente hora del adiós y la derrota, el recuerdo de Antonio Machado se hace norte y ejemplo en el poema “Si estuvieras aquí”. Es un hermoso homenaje que recuerda el transitar biográfico del poeta y aquel tiempo de dolor y tristeza del conflicto fratricida, que da pleno sentido a la voz elegíaca: “Tú, que tanto supiste de amargura, / si estuvieras aquí, viendo tu pobre España / tan herida y cercada por la muerte”.
  En el matiz otoñal de Noticias del asedio, de César Rodríguez de Sepúlveda, transitan los latidos más desacordes del coronavirus; ese estar asentado en las huellas del dolor y la pérdida, como lo manifiesta con su intensa percepción el poema “Paisaje sin figuras” en su tramo final: “Ved aquí la ciudad deshabitada, / sus inútiles moles de hormigón y de ausencia. /      Ved aquí tan perfecta / labor de artesanía, / el trabajo impecable de la muerte”.
  La crudeza de ese tiempo provoca un ensanchamiento de la realidad; deja incisiones imborrables en su sucesión de planos entre lo interior y lo exterior. Pero no anula un rincón de expectativas; en la palabra iluminadora del después de la batalla resuenan las voces ausentes, una corriente de aire que abre los ventanales del presente. Todo se hizo oscuridad y silencio en la interpretación de lo real y es preciso el regreso, el rumor renacido de “esta tibia mañana/ de abril, / para intentar fundar una esperanza”.
 
JOSÉ LUIS MORANTE

 

miércoles, 12 de agosto de 2020

CÉSAR RODRÍGUEZ DE SEPÚLVEDA. LUZ DEL INSTANTE

Luz del instante
César Rodríguez de Sepúlveda
Ommpress Poetas
Madrid, 2020


DESTELLOS


   Con una exhaustiva voluntad de renovación, el discurrir poético incorpora a su cauce, de continuo, un prolijo catálogo de nombres propios. Algunos, empujados por la urgencia de publicar, solo muestran un desambular tanteante que apenas adquiere entidad y solo lleva hacia una callejuela sin salida. Otros, en cambio, consienten fundadas esperanzas de una fértil senda creadora. A este grupo pertenece César Rodríguez de Sepúlveda (Madrid, 1968), profesor de lengua y Literatura en un instituto madrileño que, tras publicar algunas composiciones en una antología colectiva de jóvenes creadores abulenses y en revistas literarias, entrega su primera amanecida Luz del instante.
   Con un guiño a la tradición más entrañable de nuestra lengua, el poeta, alumbra su libro con el apartado “La del alba sería”, expresión cervantina que adhiere la senda poética a un temprano viaje, cuyo trazado confunde itinerarios oníricos y realidad. La voz del sujeto verbal mira por los resquicios de la cotidianidad de Alonso Quijano para abordar en un intenso monólogo dramático esa frágil materia de los sueños que aposa entre las manos la lectura; nace así una nueva identidad que adquiere el brillo de lo insólito que contradice el gregarismo y la costumbre e invita a celebrar en lo diario unos hilos de luz y de belleza.
  Ese mundo de héroes e ideales está presente también en el alboroto gráfico de los tebeos de infancia. De aquel inventario de buenos y malos que abren trinchera, aflora el vigor justiciero de El guerrero del antifaz, la musculatura selvática de Tarzán o los fragmentos existenciales anudados en la memoria que viajan al pretérito para buscar recuerdos y rincones de un perido que hoy surge renovado y maltrecho, calado en su textura por la lluvia del tiempo y la ironía.
  El poema “Desahuciados del alba” postula un recorrido iniciático por la intrahistoria personal. Era un mundo de hábitos marcados por el estar de un niño que iba perdiendo su mirada limpia de infancia, con héroes y sueños, para buscar las huelas de un futuro habitable en el silencio gris de los años ochenta.
   Si el apartado inicial entronca las vivencias del hablante lírico con un entorno idealizado, que preservaba la inocencia, en “Bella dama  sans merci”, expresión derivada del conocido poema de John Keats escrito en 1819, llega un tiempo nuevo en el que se cobija la nostalgia, como en los pulcros versos musicales del poema “Nocturno”, y emerge la conciencia de finitud; cada instancia de mediodía y plenitud es una estela en el agua que no tarda en borrarse, el sedimento de unas ruinas históricas que muestra en sus formas erosionadas el paso diluido del pasado. O la emotiva voz de la elegía, tan presente en el poema “Cascada de la Araña”, como homenaje y despedida al amigo ausente.
   No pasan inadvertidos los referentes literarios: el mundo de Virginia Woolf  en “piedras en los bolsillos”, la levedad desdichada y nihilista de Alejandra Pizarnik, o la coda conclusiva de Cesare Pavese ante el rostro preclaro de la muerte. También el arte, como forma cercana del lenguaje, pasa a primer plano en el apartado “La luz y la palabra”. El quehacer del artista se gesta como una forma de explorar la belleza plástica, o como una estrategia expresiva, capaz de hacer de la obra de arte una trinchera contra el extravío y el silencio.
   Toda expresión literaria es una búsqueda de la verdad en la mentira, un poder regenerador que enmienda máculas. Desde ese propósito nacen los hermosos versos de “verdad de la mentira” cuyo cierre sugiere una poética que justifica el empeño de tinta del escritor a solas, esa sed de verdad que enmienda el páramo estéril de lo diario.
   Con un amplio pertrecho de experiencia lectora, César Rodríguez de Sepúlveda firma Luz del instante, un primer libro que sorprende por su pulido formal, la dicción de aliento clásico y un discurso poético que entremezcla sincretismo lector y biografía para dejarnos una realidad ficcional, verosímil. Un mundo moldeado por el quehacer versal que refleja en sus horas el latido silente del pasado y las incertidumbres de un ahora escurridizo y turbio. Luz del instante es hoguera encendida, el logrado inicio de una travesía que habremos de seguir con interés.