domingo, 4 de diciembre de 2016

QUEJAS

Calderilla

QUEJAS


Están ahí, evidentes, tangibles, dispuestas a gritar con sus voces antiguas, manchadas con el polvo saturado de los malos recuerdos. Recorren ateridas nuestra voz para que las propague como un cauce azaroso entre los juncos.  Y tienden un sombrero en las aceras de los días al paso, para que los que escuchan se detengan, callados un instante, y pongan en su seno unas monedas, la calderilla triste de la compasión. 


sábado, 3 de diciembre de 2016

MARK STRAND. LOS VERSOS NECESARIOS

 Mark Strand (1934-2014)


                POESÍA NECESARIA


   Dos compilaciones de Mark Strand (Summerside, Prince Edward Island, Canadá, 1934, New York, 2014) me han acompañado estos años con la eficacia cálida de la buena poesía. La primera, Aliento es una muestra con traducción y prólogo de Julián Jiménez Effernan, editada con gusto de coleccionista en el sello Cuatro estaciones, al cuidado de Manuel Lara Cantizani y Juan Carlos Reche; la segunda, Sólo una canción  fue preparada por Eduardo Chirinos, responsable de la selección, traducción y prólogo, y se integró en el catálogo de Pre-Textos. Las dos son arcos representativos y se adentran con acierto en las complejidades del quehacer lírico de Mark Strand, poeta laureado, docente universitario, viajero continuo, lector de Alberti y Borges, traductor de Carlos Drummond de Andrade y amigo de poetas como Octavio Paz,
  La poesía de Mark Strand se reconoce de inmediato y sumerge al lector en un estado de ánimo indeciso, entre la angustia y el desconcierto, no tanto por su carga autobiográfica –al cabo, el transcurso existencial  es un incansable venero temático para cualquier creador- sino por el extravío que suscitan en el lector esas mínimas crónicas de soledad que narran sus poemas. Lo cotidiano esconde un lado fantasmal, una sombra nebulosa que incide en mostrar itinerarios nuevos en el espectador, a pesar de reiterar de modo obsesivo conocidas preocupaciones: la identidad del yo, el discurrir temporal, la fragilidad de la existencia, los retratos de seres cercanos, o la extraña correspondencia entre sujeto y entorno.
  Como en la literatura de Kafka, en los poemas de Mark Strand la realidad es siempre imprevisible; no cuestiona sus hábitos rutinarios pero en cualquier momento una estela vacía se llenará: “El tiempo me dice lo que soy. Cambio y soy el mismo. / Me vacío de mi vida y mi vida permanece”. De esa aparente contradicción manan los argumentos: quien mira desde la casa a un hombre parado en el jardín, es el mismo hombre que se siente espiado desde algún sitio; el paseante a la luz del mediodía es invisible; solo en la sombra se revela precisa la silueta del yo desdoblado.


                                         

viernes, 2 de diciembre de 2016

LECHO DE NIEVE

Navadijos, 2016
Fotografía de
Adela Sánchez


LECHO DE NIEVE


Duermen las formas
y aprendo su silencio.
Lecho de nieve.


jueves, 1 de diciembre de 2016

IDENTIDAD

Ella


IDENTIDAD


No sé nada de ti, pero me absorbe
ese juego inocente de modelar tu ser.
Transmigro cualidades y actitudes,
deposito palabras
que te definen cuando las pronuncias,
condesciendo con algunas manías;
respeto los precintos
que deciden el paso a tus zonas ocultas,
te dejo los sentidos en alerta;
hago y deshago en ti.
Me siento un dios menor
que en cada creación cobra sentido.
Es urgente que tú pongas el soplo.

       (De La noche en blanco, 2005)


miércoles, 30 de noviembre de 2016

LA CRÍTICA CON GUANTES DE BOXEO

El ABC del boxeo
Krag Bokser

LA CRÍTICA CON GUANTES DE BOXEO

A J. L. G. M.
con admiración y afecto 


No comprendo la tendencia de algunos lectores a exigir a la crítica que use guantes de boxeo; no entiendo la aversión por el juicio reflexivo y cordial. Parece que la prudencia al eludir descalificaciones es solo un exceso de amiguismo, un muestrario de subordinación, una invitación a la mentira. Según ellos, solo son veraces las reseñas que crean efectos secundarios, aquellas que sacuden con sus golpes precisos la piel formal, las vísceras argumentales o los desaliñados recursos idiomáticos. Hay que ser un crítico de pelea, de los que disparan con el colt del teclado y luego soplan sobre el suplemento calándose el sombrero de la suficiencia.
Así que en las reseñas del futuro, si quiero en casa la admiración gregaria  de los viscerales, debo ser “Menos Morante y más García”.

      

martes, 29 de noviembre de 2016

HÁBITOS NOCTURNOS

Interiores


HÁBITOS NOCTURNOS

  Atribuyó la extraña familiaridad con escaleras y recodos a los muchos años de práctica, al hábito nocturno crecido entre su identidad. Fue desvalijando consolas, baúles, mesillas y la caja fuerte del salón principal. Consiguió un botín pirata y un estar cansado que lo depositó en el sofá. Solo entonces cayó en la cuenta de que había saqueado su propia casa en sombras.
  Su vanidad consideró innecesario reconocer el error. Lo justificó como si fuese un simple ejercicio práctico. En cambio evaluó con recelo la seguridad de su casa. Puso un cerrojo nuevo tras la puerta principal y adquirió una llave maestra de gran envergadura. Pretende además quedarse dentro siempre, para ahuyentar al próximo ladrón.

(De Cuentos diminutos)


domingo, 27 de noviembre de 2016

EPITAFIOS PARA UNA DESPEDIDA

Fuente de la iglesia
(26 de noviembre de 2016, Navadijos, Ávila)
Fotografía de
Javier Cabañero


                    PIEDRA CALIZA

                        (Epitafios)

He soñado con la realidad. Con qué alivio
me he despertado.                                                                                            STANISLAW  J.  LEC


La muerte no  es nada,
cuando existimos ella no existe
y cuando aparece nosotros desaparecemos.

                                                                   EPICURO
             I

En su artesana construcción del silencio,
la muerte no reconoce
ninguna otra verdad.

            II

Otra noche.
Sobre mí  prosigue su labor
la luna quieta.
Carezco de otra luz.

            III

Queda mi nombre
y la serenidad de este paisaje
que no sabe quien fui.

            IV

Agudizo mi vocación fantasma.
Miro sin comprender
y reclamo razones para estar en la nada.
No hay respuestas;
la pureza del aire
habita el desamparo.

            V

Un manto de raíces y una brizna de sol,
pero las formas se han desvanecido
en el escaso jugo de una tierra estéril.
Estoy con otras sombras y nos une
la mansa convivencia,
el aire de familia
de los que nada piden al futuro.

            VI

Vuelven los ecos y dibujan mapas,
un recorrido de memoria y sueño
que convierte al que fui
en terco pasajero accidental
de otra ruta
que ya no identifico.
El pasado se puebla
de restos arqueológicos.

          VII

Ahora vivo debajo,
con vocación de sima.
A tientas me desplazo
sin que se marquen huellas
ni dejen una imagen
los lugares de paso.
Nada sucede aquí;
nada sucede.

         VIII

Callé.
Después de todo,
cobijo la pereza.
En el silencio, nadie;
un estar sin contornos que tantea
 y vela con desgana
el transcurrir del tiempo.
           
       IX

Camino dentro
de un dédalo de calles
tras un rastro invisible.
Prosigue la deriva;
es terca voluntad
que empuja hacia otra parte.

En un reloj sin tiempo,
ensordecido
busco un lugar
para empezar de nuevo.
   

         X

 Epitafios;
 el triste empeño por seguir hablando
cuando  ya consumí
mi turno de palabra.
   
         XI

Nadie fractura aquí
las voces del recuerdo.
Acuden resignadas
a que yo les conceda
senda abierta y sentido.

Inútil confianza.
Soy también espejismo,
el manso dinosaurio
que duerme en otro sueño.

         (De Ninguna parte, Sevilla, 2013)