lunes, 30 de octubre de 2017

MARÍA VICTORIA REYZÁBAL. PLEGARIAS A UN DIOS INDIFERENTE

Plegarias a un dios indiferente
María Victoria ReyzábalEdiciones Vitruvio
Madrid, 2017

DERECHO DE RÉPLICA


   El caudal expresivo de Mª Victoria Reyzábal (Madrid, 1944) muestra un escaparate diverso. Desde el comienzo, su actividad creadora yuxtapone parcelas indagatorias como el análisis crítico, la narrativa y la poesía, esta última compilada en el volumen Reflejos sobre la corriente (Ediciones Arco Libros, 2014). La escritora comenta este panorama completo como una compilación significativa que muestra en su conjunto una amplia gama de tonos, desde la circunspección filosófica de Ser en paradojas hasta el ludismo coloquial y el tono directo de composiciones recogidas en Ficciones y leyendas, un itinerario remansado de bifurcaciones que ha permitido ensayar estrategias textuales como el poema dialogado y registros léxicos que traspasan el campo semántico de una etiqueta gregaria para singularizar una voluntad poética individual.
  La autora prosigue su andadura en el tiempo con el poemario Plegarias a un dios indiferente, cuyo título parece encuadrar el conjunto en la lírica existencial y meditativa. El pensamiento filosófico individual interioriza casi de amanecida que la senda vital es transitoria y que sus síntomas habituales expresan finitud y conciencia temporal de la erosión; de ahí ese inexorable tono crepuscular que adquieren las palabras. El sustrato cognitivo certifica que muchas ilusiones e ideales son espejismos y la razón se empeña a diario en cuestionar certezas. Las plegarias son puentes hacia el otro, confianza en una voluntad más alta que nos posicione en la esperanza. Pero la realidad es objetiva y palpable y no tarda en descubrir lo baldío de tantas aspiraciones y la necesidad de ser protagonista de un destino transcendido.
 La voz del sujeto verbal descubre sus anhelos como parte esencial de una identidad que tiene voluntad de ser, incluso en los menores gestos de lo cotidiano buscar la inexistencia de ese dios prestigiado por la historia y por la religión es formular un largo monólogo, hecho de fragmentos autónomos en los que se van marcando los pasos en el tiempo; creer es una búsqueda, el empeño en transitar un camino de sombras que solo deja entre las manos soledad y silencio.
  Esa larga queja de la decepción no cambia el tono de voz, ni siquiera cuando recrimina al dios indiferente su sordera; quien habla sabe que la existencia es protagonizar algún destino trágico que marca sus pasos en la incertidumbre. El silencio anula la esperanza y deja en la conciencia un rastro de inseguridad y extrañeza. El dolor se asienta en la percepción del entorno; la realidad adquiere un contorno sombrío. Pero la conciencia no duda en encararse con ese dios autista que muestra la intemperie.
   Los poemas de “Extrañezas” no eluden la dureza al formular un grito tenaz de quien abandona la fe personal y critica la hojarasca de una religión transformada en ritos y liturgias. La línea argumentativa de Plegarias a un dios indiferente muestra la racionalidad enfática de quien pide un derecho de réplica en el laberinto de las convicciones. Sus poemas exploran el espacio interior de la desolación; formulan rezos ante un dios ensimismado que hace del silencio una respuesta. La poesía es el último recurso, la humilde estrategia de un buscador agnóstico que sabe lo difícil que resulta no creer.







viernes, 27 de octubre de 2017

AFORISMOS EN ESPIRAL

Espiral
(Palma de Mallorca, 2017)
Fotografía de
Javier Cabañero

AFORISMOS EN ESPIRAL


A menudo la vida carece de sentido, es abstracta y compleja. La literatura no.

Considera cada libro como un ejercicio de aprendizaje.

Todo escritor soporta el previsible anclaje de la lectura.

La realidad tiene signos secretos.

Bajo la gota fría, el trazado del sendero se diluyó. Rumbo incierto.

Me gustan las noches de doble fondo, en las que caben vigilia y sueño.

Esa manía de la memoria de revisar apuntes atrasados.

Consumo la relación incierta del autista y su temporada en el invierno.









martes, 24 de octubre de 2017

PRETEXTOS PARA UN VIAJE

Futurismo
(Terminal 4, Madrid)
PRETEXTOS PARA UN VIAJE

A quien pronuncia la palabra regreso


Qué poder los que guardan las llaves…

Despiertas y estás ahí, o no.

El entorno demuestra que ser normal es un atrevimiento.

Lo sórdido desde la poesía se convierte en una etiqueta: realismo sucio.

Soy un escritor realista. Sueño mucho.

La puerta entre realismo y realidad es el lenguaje, un conserje imprevisible.

No hay frontera más infranqueable que la estupidez.

También en el afecto mantiene su vocación de austeridad.

Sensibilidad en carne viva

La ignorancia asfixia la libertad de ser.

                                                           (Aforismos laborables) 





lunes, 23 de octubre de 2017

TACTO DE FRÍO

Cobijo
(Arquitecturas rurales, Sierra de Gredos)

TACTO DE FRÍO

Un sol opaco
-muda voz en el muro-
resguarda frío.



sábado, 21 de octubre de 2017

IDA GRAMCKO. SOL Y SOLEDADES

Sol y soledades
Ida Gramcko
Selección y prólogo de
María Antonieta Flores
Kalathos Ediciones
Madrid, 2017

ITINERARIOS

   El cierre del itinerario biográfico de Ida Gramcko el 2 de mayo de 1994, tras un largo internamiento hospitalario que anunciaba el derrumbe cuando todavía no había cumplido los setenta años, sumía al devenir histórico de la poesía venezolana en una severa orfandad. Su ausencia asentaba en la conciencia del lector las coordenadas creadoras de un legado aglutinador, hecho con facetas como la poesía, el relato, la crónica en prensa, la dramaturgia y el ensayo. Pero el lugar principal que Ida Gramcko ocupa en el ámbito literario latinoamericano tiene su plaza principal en la obra poética. Una muestra de su amplia producción se recoge en la antología Sol y soledades, con selección y prólogo de María Antonieta Flores.
   El prólogo descubre un avance significativo de las circunstancias personales de la escritora: la vocación temprana, su formación filosófica –tan perceptible en el enfoque de los poemas- y su dependencia afectiva del periodista  José B. Benavides, compañero de viaje hasta su muerte en 1985. La actitud de Ida Gramcko personifica la asunción de un destino literario; concibe el camino vital enhebrado al poema, como un designio impuesto a la urgencia de ser; no puede entenderse de otro modo el recuerdo que fecha el primer poema a los tres años. Y que prosigue en el tiempo dando vida a los principales libros de la autora que obtuvieron numerosos reconocimientos, algunos tan destacados como el Premio Nacional de Literatura, en 1977,  por su obra completa. El análisis e interpretación de esta escritura a cargo de María Antonieta Flores traza una senda central con este aserto: “Toda obra responde a un destino  y una alquimia”; es un enunciado que adquiere la fuerza de un aforismo. Supone que la energía creadora emana de la propia identidad como principio genesíaco y se transforma en una resonancia profunda que pone cauce a la sensibilidad.
  Frente al rupturismo vanguardista, siempre sometido a una fecha de caducidad temporalista de otras propuestas literarias, Ida Gramcko prefiere caminar sobre huellas asentadas. Como otros compañeros de la generación del 42 –aunque ella optó por la singularidad y el discurrir en solitario- recupera una estela tradicional hispanista que enlaza sobre todo con la mística y las sombras tutelares del Barroco.
  El meditado acercamiento crítico de María Antonieta Flores no reduce el papel activo de cada lector al sondear el sedimento expresivo de esta obra que tiene su punto inicial en las composiciones de Umbral (1942), un cántico tejido a partir de la emoción que guarda afinidades estéticas con los libros siguientes, Cámara de cristal y Contra el desnudo corazón del cielo. pertenecientes a un mismo ciclo escritural, las composiciones de esta etapa dan voz a un discurso verbal intimista y reflexivo, con escuetas referencias culturales. Pero toda obra literaria es una senda cognitiva que va yuxtaponiendo espacios reflexivos; en las composiciones de Poemas (1952) la escritora nos deja una ontología de la percepción. Supone una transición entre el espacio subjetivo del yo y la presencia fuerte de lo exterior: “Metáfora increíble: / el silencio / a través de la cual tanto nos dicen / los objetos. / Ninguna cosa es un cerrado límite / todo puede ser nuestro, / descubrirse, / revelar su secreto”. La crítica ha resaltado con frecuencia esa dimensión filosófica que busca en la semántica una forma de responder a las continuas formulaciones de la incertidumbre. Pero esta indagación en el poema nunca es abstracta, mantiene siempre una lucidez precisa y un evidente desarrollo formal. En las composiciones de Ida el verbo mantiene un pulido formal que ensaya la rima y que hace de la métrica versal un elemento más de identidad literaria. El poema es orden, espacio limitado, construcción, simetría.
   La lírica de Poemas  muestra una alta coherencia  en su arquitectura, recuerda un universo cerrado que contiene una alta plasticidad sonora, abierta a la sugerencia. De ella recupero esta poética inadvertida: “Recuérdate palabra, / como eres, como estás, pulcra y redonda, / no el agua más el agua y tras el agua / y con el agua sin más pie ni alfombra”.
   El verso luminoso de Poemas impulsa a buscar en los siguientes libros otros recursos expresivos como el fragmento en prosa, empleado en Poemas de una psicótica; o el poema dramático La hoguera se hizo luz. El poema en prosa permite verbalizar intuiciones y retornar a un espacio interior donde duerme una potencia oscura que requiere un autoanálisis iluminativo. La expresión del dolor psíquico expande la conciencia hacia una superación trascendente; las palabras dan voz a un misticismo que enlaza con la vía iluminativa de la mística, o la poesía catártica de W. Blake. En esta dimensión poética de las tormentas del espíritu se abren pasadizos entre el mundo visible de la enfermedad y entidades etéreas y oníricas como el diablo o el ángel, en cuya configuración parece próximo el magisterio de R. M. Rilke, el autor de  Elegías de Duino.
  Los prosemas convierten la realidad en pulpa incolora; impregnada de angustia la propia sensibilidad femenina adquiere una condición nebulosa. El yo asomado al espejo es un rostro de bruma.
   Con el poema homónimo de la antología Sol y soledades retorna la voz más clásica y tradicional. Una composición garcilasista recrea el canto celebratorio de la luz solar y sus cuajadas cualidades. La limpia claridad concede al ser un azul impoluto y una presencia pura y protectora que aleja de las sombras. Ese sol esplendente es también símbolo del fulgor amoroso que mana desde el interior para prodigarse como lumbre soñadora.           
   Elemento central de la poesía del Siglo de Oro, el poema dramático ha tenido escasa fortuna entre las sucesivas promociones del siglo xx. Es un rasgo más que define el quehacer solitario de Ida Gramcko, quien en La hoguera se hizo luz abre la voz a un coro lírico en torno a Juana de Arco. La heroína de Orleans se dibuja como personaje central, cuya individualidad se engrandece  por su rechazo a cualquier aspiración terrenal. Su sentido espiritual de la existencia siembra piedad ante el vencido y hace de la fe una razón de vida. El poema revela un excelente dominio formal y supone la recuperación de una voz múltiple, frente al subjetivismo que hace del monólogo fuente central del discurso.
   Desde Sol y soledades (1966) hasta el último paso, Treno (1993) la poeta prosigue itinerario con incansable afán; quiere que florezca la poesía como un árbol luminoso capaz de transfigurar lo humano.
   Sirve de coda a esta antología, con nota conclusiva de María Antonieta Flores, algunos fragmentos, integrados en el volumen de ensayo El jinete de la brisa, que recogen enunciados básicos del ideario. El epílogo instaura a la poesía en lo inefable, un destino asumido que construye otra realidad de palabras que instaura nuevas relaciones entre seres y cosas. El poema es construcción y refugio.
  En este universo lírico la tradición se convierte en un sistema de correspondencias. Despliega en sus entregas itinerarios canónicos como el legado renacentista y barroco, y hace del afán de perfección de los modelos neoclásicos un espejo de belleza formal; pero también reaviva el modernismo y su carácter simbólico en convivencia con la tradición órfica. De este modo, su ideario estético constituye un vínculo con el pasado, que apenas exulta la novedad y la sorpresa, más allá de las nuevas combinaciones que adquiere la geometría del poema. En su búsqueda constante, Ida Gramcko nos recuerda que cada voz es un comienzo, un centro de gravedad que desaloja lo perecedero.

   
   




viernes, 20 de octubre de 2017

APARICIONES

Luz débil
Fotografía de Archivo

APARICIONES


   Como si necesitase propagar las nociones del miedo, su desastrada imagen regresa de improviso. Recuerda un destello diluido que va perdiendo intensidad. Hay en su gesto un estar apocado. Conjetura que estoy en ese tiempo en el que los fantasmas no son pesadillas sino compañía. 

(De Cuentos  diminutos)


jueves, 19 de octubre de 2017

JORGE CASTRO VEGA. EL MISMO RÍO

El mismo río
Jorge Castro Vega
Editorial El Clú de Yaugurú
Montevideo, Uruguay, 2017


INDAGACIONES


   El quehacer literario de Jorge Castro Vega (Montevideo, 1963), poeta, crítico literario y miembro del Poder Judicial con destino en Montevideo, donde ejerce como juez, se fundamenta en la poesía, con una salida temprana, Primera línea. Aquel paso aparece con un fuerte impulso vocacional, cuando no había cumplido veinte años. Iniciaba así un fecundo trayecto jalonado por las salidas, Poesía de sitio, Poesía involuntaria, y Poesía certificada, libros que refrendan desde el título el sustrato lírico de su voluntad creadora y aportaban composiciones al balance Poesía arbitraria. Antología personal, editado en 1989. El autor continua con un impulso sostenido que germina en nuevas propuestas, Con motivo de Ana, Un poco de sol y Cosas que pasan hasta proyectar su voz en el ahora que busca sitio en El mismo río.
   En esa indagación constante de la propia voz que supone el ejercicio poético, en la mirada escritural de Jorge Castro Vega  hay continuidad con el trayecto intelectual del realismo hispano de la Generación del 50, sobre todo a partir de los magisterios de Jaime Gil de Biedma y Ángel González. Son referentes marcados en las citas iniciales, como si impulsaran al lector hacia la hondura confesional e intimista. El tejido existencial requiere el sondeo de la palabra poética.
   Es sabido que la cercanía expresiva con otras voces constituye muchas veces un claro homenaje; así, el primer poema, que sirve de pórtico al conjunto, recupera un conocido verso de Jaime Gil de Biedma, “A la afición en general” para una enumeración que pone al descubierto las mutaciones de la identidad.
  Jorge Castro Vega busca en sus breves composiciones la eficacia expresiva de un lenguaje coloquial, donde pervive casi inadvertido el aporte culturalista. Con escaso aditamento retórico, los versos hilvanan un hilo argumental que se enriquece a menudo con finales abiertos, como sucede en el poema “Secreto a voces”, que concluye: “Y es cierto / que casi se cae. Se habría caído / si la noche no hubiera hecho / lo que hizo “. El soplo misterioso del cierre propicia el papel activo del lector, como un buen microrrelato. Al cabo, la escritura es siempre un ejercicio de alquimista, un laboral con las palabras en las probetas de la incertidumbre.
   La evocación deviene núcleo principal de muchas composiciones de El mismo río. Los versos recorren la distancia del pasado para recuperar vivencias de una sensibilidad que nunca duerme porque sabe que la infancia es la única patria que no requiere aduanas ni pasaportes: “Es tan redonda la infancia / que no cabe en ninguna palabra”.
  Sorprende por su enfoque entre la ironía y el didactismo de las fábulas, el aparado “versos felinos”. El gato como protagonista central del argumento dispara el impulso imaginativo e impulsa a realizar una lectura simbólica de su comportamiento doméstico. No es ingenuo emparentar los hábitos de animales y hombres, al cabo “A falta de ratones- confiesa-, los pájaros / son buenos”. Un tratamiento similar hallamos en los poemas de cierre, donde de nuevo se enlazan actitudes humanas con elementos del entorno. Leemos al inicio del poema “la puerta del cielo”: “El rico mira al camello / y al ojo de la aguja. / El camello observa al ojo de la aguja / y de reojo/ al hombre rico”
   El perfil personal de Mario Benedetti, su obra plural y su compromiso ético han condicionado durante años la recepción de la poesía uruguaya en el ámbito hispanohablante, respaldado por otros autores también celebrados y cercanos como Cristina Peri Rossi y Rafael Courtoisie. Pero el bagaje intelectual contemporáneo de Uruguay es amplio, dispone de una sorprendente nómina de voces femeninas, y anima perdurables propuestas de interés. En ellas se integra Jorge Castro Vega con una estética definida por la factura conversacional, que no elude los elementos prosaicos y se inscribe en un discurso comunicativo y enfocado a lo existencial. La vida pasa, las voces del poema permanecen.