sábado, 3 de agosto de 2019

RARO

El yo fragmentario
Fotografía
de
Internet

RARO

El hombre ama la compañía,
 aunque sea la de una vela encendida

G. C. LICHTENBERG

   Cuando niño, mis días solían agarrarme a las ramas del ensimismamiento. Era un ser silencioso y ausente, como quien levita en el espejo. El maestro insistía en llamar mi atención con aspavientos teatrales, hasta que reconocía lo inútil de su empeño y proclamaba en voz alta su decepción: yo era un raro, una extraña  cabeza pensante, empeñada en plantar rosales árticos.
   Indeciso y sin brújulas, siempre con la perenne compañía de mi escueta sombra, yo regresaba a casa. Solo mi madre mostraba desacuerdos con el juicio afanoso del maestro. Me abrazaba fuerte y alborotaba alegre mi flequillo. Después se perdía en el mediodía incierto de lo diario o pasaba las horas en el patio buscando pétalos, esos trozos callados de mi yo fragmentario que buscaban una identidad.

(De Cuentos diminutos)






jueves, 1 de agosto de 2019

HILOS DE ESPUMA

Alboroto
fotografía
 de
Adela Sánchez Santana


AFORISMOS CON HILOS DE ESPUMA

Para María del Pilar Gorricho, 
afecto siempre que no borra el mar

Cuando conciliaba el sueño, permanecía insomne su inteligencia práctica.

El fulgor del adjetivo ciega el poema.

Activos habitantes de la ciénaga, los ajetreos del odio nunca cierran jornada laboral.

Refrenda la última resistencia de un castillo de arena frente al mar: persevera en la nada.

El verano y esos desnudos que eligen mis ojos para decirse.

En el aforismo grava suelta, que presiona los pies de quien camina.

Todos admiraban la solidez y el peso de sus opiniones. Él asentía, mientras ocultaba su petrificado cerebro.

Hay inteligencias livianas, casi invisibles. Buscan su imagen en el espejo de la prepotencia para no desaparecer entre la neblina.

 Sus racionamientos cumplen milenios. Usan el lenguaje de las piedras, un abecedario tectónico.

Quien quema el bosque sugiere ahora plantar arbustos sobre el tizne.

Soy el mismo, aunque la edad  borra senderos al deseo. Seca las sábanas.

(Aforismos publicados en la revista FÁBULA, n 1, Logroño, 2018)




miércoles, 31 de julio de 2019

LUIS GARCÍA MONTERO. ROPA DE CALLE

LUIS GARCÍA MONTERO
Ropa de calle
(Antología poética 1980-2017)
Edición de
José Luis Morante
Cátedra, Colección Letras Hispánicas
Madrid, 2018, tercera edición

NUEVA EDICIÓN DE  ROPA DE CALLE


 El incansable activismo creador de Luis García Montero reclamaba una urgente puesta al día de Ropa de calle, edición crítica de su travesía poética, aparecida en el catálogo de Letras Hispánicas en 2011. La muestra recogía una amplia mirada al trayecto biográfico del escritor de Granada y una selección de poemas escritos en un intervalo temporal que abarca casi tres décadas, entre 1980 y 2008. Desde esa fecha hasta 2016 el poeta ha protagonizado una etapa muy fecunda en la que ven la luz los poemarios Vista cansada, Un invierno propio y Balada en la muerte de la poesía. De las tres entregas se recoge ahora, en esta nueva edición de Ropa de calle  una amplia aportación poemática que da consistencia y continuidad a un trabajo intelectual de primer nivel, con amplia repercusión en la lírica más joven y en voces contemporáneas que han hecho de la poesía de Luis García Montero un norte que marca coordenadas para su propio taller.
   En este periodo también resalta la apertura de un filón narrativo integrado por tres novelas.  Estas ficciones definen el pulso narrativo del autor que presenta notables afinidades con su ámbito poético. Como es sabido, una cualidad persistente en esta obra lírica es la textura narrativa de las composiciones. Sin divagaciones, los estratos del poema se articulan con el pautado acontecer de una senda clásica que muestra exposición, nudo y desenlace. Esta aseveración prolonga sin suturas la dimensión narrativa que abre Luis García Montero en su producción literaria. El nervio germinal de su primera novela, Mañana no será lo que Dios quiera, es Ángel González, presencia fija de su familia poética, junto a Federico García Lorca, Antonio Machado,  Rafael Alberti, Luis Rosales y Jaime Gil de Biedma.
   La variedad polifónica del escritor se completa con el ensayo, la edición crítica y la columna de prensa, facetas donde amplía las posibilidades expresivas de nuestra lengua. La literatura de Luis García Montero prosigue sin desvíos, en una línea firme de continuidad y crecimiento, lo que determina la convicción profunda e que era necesario este nuevo encuentro del lector con Ropa de calle  para presentar un colmado balance de etapa, una detallada fotografía del ser poético en el fluir del tiempo.





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martes, 30 de julio de 2019

DORMIR BAJO TECHADO

Habitación con vistas
Fotografía de
Internet



DORMIR BAJO TECHADO

Perdonen la tristeza

CÉSAR VALLEJO

   Esa bronca manía del presente de no sentar cabeza  nos impide dormir bajo techado. Su devenir es un golpe de dados. En la ajada piel  del ahora se escribe un enjambre de titulares. Son contingencias
que llenan de aspereza los días.
   Autista, el porvenir tiene miedo y espera. Ha leído a Kavafis; busca otra tierra y otro mar donde el amanecer no nazca herido.

(Apunte del diario)





domingo, 28 de julio de 2019

MENSAJES EN UNA BOTELLA

Espera
fotografía
de
Internet



AFORISMOS CON TRAJE DE DOMINGO


Cada náufrago reclama para sí la madera raída.


Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.


Estoy aquí, creo, aunque desconozco la ubicación exacta del aquí.


Los aforismos marcan la piel del agua, como la huella frágil de una verdad.


Para la confidencia íntima, personal, directa, un tono de voz sobrio alejado del aspaviento.


Percibo los contornos con la precisión ambigua del miope.


Cada día el desconcierto, la indagación sobre una realidad cambiante y fragmentaria.


Con los años el escepticismo muda en benevolencia.


Sucede que regresas cada vez que te nombro.


No sé apaciguar mi obsesión por relojes y calendarios.


En la íntima discordia entre el yo y la nada, tomo partido.


Un nombre propio que acumula letras en minúscula. Nadie, en suma.


Mientras busco, dejo abierta la puerta para el regreso.


      (Del libro Motivos personales, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015)






viernes, 26 de julio de 2019

ROSARIO TRONCOSO. RELÁMPAGOS

Relámpagos
Rosario Troncoso
Prólogo de Itziar Mínguez Arnáiz,
Epílogo de Javier Gallego
Portada e ilustraciones de Deli Cornejo
Editorial Norbanova
Cáceres, 2019


APUNTES DEL CORAZÓN


   Desde aquel lejano despegue,  Huir de los domingos, que apareciera en 2006, Rosario Troncoso (Cádiz, 1978) ha ido tejiendo -laboriosa y ensimismada Penélope- un quehacer literario que abarca geografías creadoras diversas, como el afán poético, la escritura de artículos en prensa, la preparación de antologías y el impulso editorial de Takara. Así ha ido completando un autorretrato a mano alzada del que son señas de identidad el tono confesional, la presencia de la memoria, el rumor del conflicto entre el sujeto y entorno y las erosiones del transitar como agente incansable de grietas.
  Su nueva amanecida Relámpagos tiene un carácter misceláneo, como corresponde a esa bitácora interna que aglutina la caligrafía sentimental. Muestra el ritmo respiratorio de la reflexión “Después de la tormenta”. El epígrafe es empleado por la poeta y periodista Itziar Mínguez Arnáiz para exponer una síntesis implicada sobre la semántica de Relámpagos; es un dicho vivo, pronto, agudo e ingenioso; son cualidades aplicables a los distintos enfoques del decir breve, compartidas por el aforismo, el texto fragmentario y el haiku. Aquí, tras la portada de Deli Cornejo y las hermosas ilustraciones internas, conviven de modo natural, con una vecindad aplicada en fusionar textura emocional y laberintos del pensamiento. El prólogo comenta con acierto el tantear orgánico de este libro sin género que aborda los sustratos argumentales más transitados por la poeta.
  Cada sección plantea una afinidad semántica que arranca con dos citas representativas sobre el discurrir de las páginas. La de Luis Rosales constata la posición vertebradora del amor en la arquitectura existencial: “Lo que has amado es lo que te sostiene”; y la de José Luis Morante recurre al aforismo para recorrer la distancia invisible entre causas y efectos: “Ceguera: onda expansiva del fogonazo”. Son el germen del ideario de Rosario Troncoso que empieza a caminar con el apartado “Rayo que atraviesa”, un fragmento versal que recuerda a Miguel Hernández y que comparte espacio lírico con estos versos de Jesús M. Gómez  y Flores: “Relámpago azul, sobresalto / que sucede al sueño si no te hallan / mis dedos”.
   El aforismo contemporáneo vive un paréntesis de insólita fecundidad, se suceden nombres propios que arrancan senda en el género. Y a ellos se suman los frutos del apartado “Rayo que atraviesa” que responden a las llamadas del género con muy buen paso y con un innegable barniz lírico: “Estoy aprendiendo a vivir sin pensarte. Y he logrado grandes progresos: no estoy pensando en ti”;  “La pasión abre agujeros por donde entra la nieve”.
   Con frecuencia, la crítica ha señalado el impulso motriz que el adentro del sujeto poético adquiere en las composiciones de Rosario Troncoso; de nuevo se convierte en cartografía reflexiva en “De atmósfera  interior”, donde se recuerdan unos versos de Leopoldo María Panero: “Solo es hermoso el pájaro cuando muere / destruido por la poesía”. La existencia propicia un deambular paradójico que multiplica en sus itinerarios los contraluces; en esa contemplación que aglutina esplendor y ceniza, esperanza y pesimismo ante una realidad que no oculta sus socavones: “Con lo negro del futuro me pinto las pestañas”; “La paz. El equilibrio. La serenidad. La virtud de estar completamente muerto”; “Borrar también el olvido es la muerte verdadera”. Las palabras se hacen espejos donde se deposita la piel sin veladuras, aunque quien escribe conoce los riesgos de la sobreexposición: “Abuso de la primera persona: es una grosería desnudar el alma en otros cuerpos”.
   Tal vez para contradecir la presencia del yo excesivo, Rosario Troncoso recurre a la musa para denominar otra suma parcial de aforismos bajo el epígrafe de “Musa fragmentada”; se recordará que la musa es un ayudante a tiempo parcial del taller literario que ofrece asesoramiento gratuito e inspiración al paso y que tuvo en el movimiento romántico un prestigio insólito. Ahora la musa se ha fragmentado, suele llegar tarde y evidencia una voluntad soliviantada por los agobios. Como escribe Andrés Trapiello, enfermó de mudez. Con todo, es una cordial excusa literaria para un puñado de aforismos: “Si las musas dictan desde lejos se nos quedan los dedos fríos”, “En los talleres de poesía no se enseña el pellizco, el calambre ni la sutileza”; “Los cimientos de papel son los más sólidos”.  
   El apartado “Inventario de fragilidades” sustituye el destello aforístico por fragmentos reflexivos que a veces adquieren la densidad evocadora del poema en prosa. Así germinan rastros de vida que iluminan los cuartos de estar de la convivencia, sus ventanas y muros.
   Poeta siempre en guardia, Rosario Troncoso añade en “De cinco y siete y cinco” una coda en la que el esquema del haiku se convierte en único molde expresivo; así completa un libro que amplía con una lectura crítica de Javier Gallego. El poeta y editor literario es un atinado sondeador de la poética de Rosario Troncoso y acierta de pleno al argumentar que la brevedad del decir conciso propaga un destello que guarda el fogonazo del asombro. De esa luz cegadora y precisa que aporta claridad a las palabras se nutre esta compilación aforística que camina entre el poema y la prosa, entre la filosofía y el callar rumoroso del cauce lírico. Textos que revelan una pupila abierta a lo diario, que muestran que el yo emotivo necesita a diario tomar apuntes con el corazón, porque abrir los párpados es hacer huecos para que se cobije el mundo dentro.




miércoles, 24 de julio de 2019

APUNTE SOBRE LO REAL

Conversación
(Playa de Les Amplaries)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana



APUNTE SOBRE LO REAL

  Miro en silencio la obsesiva cadencia del oleaje, esa confirmación de que las formas son espejismos. La realidad miente, es solo un  paisaje interior.

(Disonancias)