miércoles, 9 de febrero de 2022

LEJANÍA

Valle de la Sombra de la Muerte
Imagen de internet


 Ya lejanía,
ahora prestan sus labios
voz a la nada.

                             (Inédito)






martes, 8 de febrero de 2022

RODOLFO SERRANO. EL FRÍO DE LOS DÍAS

El frío de los días
Viejos tangos encontrados en una maleta
Rodolfo Serrano
Prólogo de José María Sanz, Loquillo
Ediciones Hoy es siempre
Madrid, 2021  
 

EL FULGOR DEL TIEMPO


   Se me permitirá que retarde un instante la mirada crítica sobre el quehacer poético de Rodolfo Serrano (Villamanta, Madrid, 1947) con un mínimo anecdotario personal. A pesar de los muchos amigos comunes, de mi admiración por su trabajo periodístico en El País, en la etapa más sobresaliente del medio de comunicación, y de la presencia de sus letras en la voz de cantautores que escucho con frecuencia, conocí al poeta en persona hace muy pocos meses. Coincidimos en Madrid, en un encuentro gastronómico organizado por Juan Antonio Mora Ruano que resultó, como suponía, un relato enunciativo, pleno de afecto y complicidad. En él normalizamos, con la incansable generosidad de Juan Antonio, las muchas afinidades que enlazan nuestras maneras de entender las cosas.
  Poco a poco, he ido hilvanando el perfil poético de Rodolfo Serrano. Sumo lecturas hasta llegar a su última ventana al sol, El frío de los días, subtitulado con un explícito aserto de orientación “Viejos tangos encontrados en una maleta”, que arranca con un texto introductorio de José María Sanz (Loquillo).
   El músico firma “El incendio en Lisboa”, un texto introspectivo que tiene el aire de un relato de serie B, esos que integran las ideas con un deje de perdonavidas, con el son canalla de quien habita la esquina del escepticismo, tras haber regresado de todos los viajes, y que siente una nostalgia crepuscular de lo no vivido. Loquillo habla del amigo, de su estar afectivo, de su devoción por una poesía habitable que comparte recuerdos y melancolías y que hace de la rutina una dulce derrota.
   El recorrido poético, con ese trasfondo musical del tango que tanta cadencia melancólica deposita sobre las aceras del presente, comienza con una composición con ecos de Blas de Otero, titulada “Testimonio vital”. Sus versos están ligados a una estética realista, comunicativa y experiencial que amalgama intimidad y reflejos colectivos. La escritura moldea el personaje verbal como una presencia hecha de sueños frustrados, pero capaz siempre de hacer del corazón el último refugio inexpugnable. La evocación del discurrir pretérito por la infancia configura abundantes composiciones que dan al poemario un subrayado autobiográfico. La sobria reflexión sobre el tempus fugit va modulando los pasos en la edad de la inocencia y el despertar de los sentidos, cuando todo era comienzo y senda abierta, junto a nítidas vigas sentimentales: el padre, el abuelo “con su olor a vejez y retama” y esa gente del barrio con la que compartir la callada solidaridad de la pobreza.
  En la generación del poeta tiene una manifiesta connotación histórica la posguerra; ese ambiente sombrío del régimen vencedor y su estela de derrotados. Una sensación de fragilidad y penumbra alienta poemas como “Los comunistas” o “Miedos antiguos”. Persiste en las palabras la gratitud, a los que lucharon para mantener viva la llama de esperanza, o ese terror antiguo a la autoridad oficial, siempre ejercida sobre los más desvalidos. Las composiciones van naciendo en los ángulos muertos de la vida cotidiana que, de pronto, dejan la estela luminosa de persistente evocación en la que regresan el pueblo, los veranos, o los viajes entrañables como el que se cobija, con la figura de Antonio Machado en la retina, en el poema “Soria fría, Soria pura”. No es el único itinerario que recorren los pasos de la escritura, cuya cartografía aloja nombres propios como Lisboa, Ushuaia, Moscú, o ese Madrid con lluvia que deja en primer plano el afecto literario a la poesía de Karmelo C. Iribarren (una de las afinidades expuestas en el inicio de esta crónica lectora).
   El extraño ámbito creado por la pandemia es otro territorio semántico de El frío de los días en el que el poeta profundiza para reflexionar en las conexiones de sus significados con la conciencia. “Ante la fotografía de portada de El mundo“ denuncia con meridiana solvencia el amarillismo y la manipulación política de los efectos del coronavirus. El contexto de ensimismamiento y soledad no se ha borra en otras composiciones, como tampoco se borran los efectos erosivos en el propio cuerpo de la enfermedad y sus grietas. De esa llegada a otro tiempo que obliga a mantener en guardia viejos hábitos y a tomar la senda diaria con más sosiego.
 En El frío de los días, Rodolfo Serrano convierte el poema en territorio de posibilidad y reconocimiento del paisaje sentimental. Retornan instantes del álbum de la memoria, hechos de añoranza y luz dorada, cuyo color guarda de lo vivido un dibujo lejano, y con un vago gesto de extrañeza. Los pasos del yo que se mira a sí mismo, con la piel desnuda de la introspección, en la calle abierta del tiempo.
 
JOSÉ LUIS MORANTE


 
 


lunes, 7 de febrero de 2022

RITUAL DEL LUNES

Mientras camino
(Madrid, invierno de 2021)
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

RITUAL DEL LUNES
 
 
Las excusas respiran el vitalismo a trasmano del fin de fiesta.
 
Los límites del ego son infinitos; supone que quienes le acompañan en la presentación de sus libros son muñecos de guiñol, que habitan los espacios imaginativos de la infancia.
 
Qué coraje muestran esos libros inexpresivos que alzan andamios a la sandez.
 
 No voy a dejar que la tristeza me registre, sin una orden judicial.
 
Cuando suena el timbre del desánimo, el entusiasmo debe ponerse bufanda y abrigo.
 
 De nuestra amistad, si lo fue alguna vez, solo la caligrafía del humo.
 
Hay teselas de la memoria personal que ya no encajan en ninguna parte.
 
Las observaciones aleatorias tienen predilección por los ascensores compartidos y las colas en el cuarto de baño, al concluir la función teatral.
 
Dentro de mí, todavía, la orfandad del niño.
 
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 

 

sábado, 5 de febrero de 2022

CARLOS MORALES DEL COSO. IN NOMINE AUSCHWIT

In nomine Auschitz
Antología de la poesía del Holocausto
Carlos Morales del Coso
(Edición, selección y estudio introductorio)
Prólogos de Rafael Narbona y Fernando Navarro
Traducción VV.AA
Editorial Última Línea
Coedición de CITMA
(Centro de investigación sobre Totalitarismos y Movimientos Autoritarios)
Málaga, 2022 

MEMORIA DE LA SHOAH

 

   Entre el paso helado del invierno, llega In nomine Aschwitz, una propuesta literaria largamente esperada del poeta, traductor y editor Carlos Morales del Coso (Tarancón, Cuenca, 1959). Las vértebras de esta antología poética alzan intacta la memoria del Apocalipsis, auspiciado por el III Reich en la Alemania nazi durante la II Guerra Mundial. Como otras veces, inicio el quehacer crítico evocando al filósofo Theodor W. Adorno, brillante pensador de la Escuela de Fráncfort y ejemplar conciencia moral de la posguerra. Él formuló una pregunta de imposible respuesta sobre la experiencia del Holocausto, máxima degradación del poder totalitario: “¿Se puede escribir poesía después de Auschwitz?”. El desconcertante aserto cuestionaba de forma total la práctica estética y la propia existencia del género poético, tras el exterminio judío en los campos de concentración. La reflexión y su exigencia histórica anunciaban con esa concisa densidad semántica que, desde la subjetividad racional, solo es posible la máxima “Que Auschwitz no se repita”. Era la conclusión explícita con la que el filósofo reflejaba la esencia de la moral en el sujeto libre y su solidaridad con las víctimas. 
  Pero Adorno erró en todos los sentidos y su dictado solo fue una falsa falacia, de la que no tardaría en retractarse. No supo medir el profundo impacto de la  cicatriz. Adentrarse en la herida abierta del dolor da continuidad a la voz de los exterminados y rompe la idea del ser individual, hecho estancia cerrada e incapaz de concebir al otro en su latir autónomo, distinto y singular.
   Y esa es la visión nuclear e integradora de Carlos Morales del Coso al editar In nomine Auschwitz, un amplio estudio con una muestra epilogal de composiciones para que jamás se apague el impactante refrendo poético de  la Shoah. 
  Es sabido que la estructura fragmentaria de las citas niega cualquier ubicación gratuita. Están ahí porque siembran indicios, inician líneas de pensamiento y ofrecen, desde su laconismo, las posibles constantes del contenido. In nomine Auschwitz acoge entradas verbales de Sandro Pertini, Joan Margarit, Carlos de la Rica y San Mateo. con textos anudados en la percepción del dolor existencial y la búsqueda tenaz de equilibrio. El estimulante paratexto precede a una nota de gratitud del autor manchego que ubica en primer plano a Carlos de la Rica, sacerdote, creador, impulsor y surco abierto de la idea. En el lecho de muerte, el 11 de agosto de 1997, sugirió al continuador del empeño editorial El Toro de Barro la realización de esta singladura. El volumen moldea el trabajo de veinticinco años de esfuerzos e incertidumbres. La fuerza de seguir ha superado inconvenientes y cansancios gracias a la entrega de Jaime Vándor, superviviente del abrazo mortal del genocidio, profesor universitario e inagotable flujo de documentación. También a poetas, traductores, ensayistas y críticos, como Pilar Gómez Bedate, Víctor Toledo, Margalit Matiatiahu, Esther Bendahán, Gerardo Lewin, Jonio González o Andrada Tomescu, entre otros.
  La entrada de Fernando Navarro, historiador español del Holocausto, desde su perspectiva moral incide en recordar que en la ominosa distopía nazi la belleza es un grito, una posibilidad de utopía frente a la barbarie, por su efecto liberador y su poder balsámico. Una forma de resistencia ante la extrema deshumanización empeñada en convertir cada identidad en un cadáver viviente. Por su parte, Fernando Navarro García, presidente de CITMA, busca el sentido transcendente del lenguaje para abordar la palabra como un reflejo del alma; un muro firme alzado frente a la muerte, capaz de borrar la sensación de desvalimiento y fragilidad. Por tanto, las palabras, los poemas reunidos en estas hojas de la memoria, son antídoto y vida. Fuerza para seguir preservando a todos los ausentes de aquel tiempo lóbrego de “niebla y noche”. 
  En su intenso análisis “Negra leche del alba, te bebemos al atardecer”, Carlos Morales del Coso advierte de la niebla espesa que genera evocar en toda su magnitud la barbarie del genocidio. La descarnada envergadura sobrecoge y anula cualquier olvido. Aunque con una floración tardía, el impacto de la llamada “Solución final” ha multiplicado aproximaciones en la filmografía, la novela, el teatro, la autobiografía y otros planteamientos estéticos. La voz de la tragedia deja también señas de identidad en el espacio poético. Muchos poetas no pudieron sobrevivir a la catástrofe y consumieron su existencia en la ignominia de los campos de concentración. Otros no fueron capaces de superar  los estragos del encierro y sus voces se acallaron para siempre. Y otros  han dejado constancia de lo que sucedió y son parada obligatoria para restaurar la historia, exenta de correcciones interesadas y escamosos olvidos.
  El despliegue de nombres propios en cada parcela artística es abrumador. Ratifica el persistente quehacer investigador y las muchas jornadas de documentación, análisis y anotaciones complementarias. La antología de poemas permite proseguir la ruta de un eje argumental convertido en cuerpo y sereno escrutinio de enfoques. Para el antólogo, la gran erupción poética culmina en los años noventa, décadas después de que rompieran diques de silencio Nelly Sachs y Paul Celan. Son muchos los trayectos creativos compilados, lo que permite sugerir que, más que una única poesía del Holocausto con características comunes y uniformes, hallamos individualidades que ofrece el interior abierto del exterminio. Sobre estos pasos, el antólogo organiza tres apartados. En el primero integra a los poetas que no pudieron sobrevivir a la Catástrofe, bien porque no supieron interpretar el peligro real que el nazismo expandía sobre los judíos, o porque las contingencias biográficas propiciaron lecturas mínimas de la debacle. En este grupo se citan los nombres de Ilse Weber, Geltrud Kolmar, Miklós Radnóti, Jiri Olsen, David Vogel o Benjamin Fondane. Junto a ellos ha sobrevivido el precoz legado de poetas muy jóvenes, casi niños, que mostraron una sensibilidad adulta y una determinación única para forjar un premonitorio testimonio del drama de los campos de exterminio.
   El segundo grupo estaría formado por quienes lograron sobrevivir a la catástrofe. Tras la incredulidad terrible de seguir respirando y el lapidario silencio de la culpa, se fueron abriendo las heridas con espantosa violencia para reelaborar actitudes individuales y colectivas. En este registro nacen las obras de Leopold Henryk Staff, Anna Swirszczyuska, Geo Bogda, Charlotte Delbo, Joaquin Amat-Piniella o Chava Rasenfarb.
   La transcendencia del tenebrario nazi tuvo un fuerte impacto multigeneracional, de dimensiones espaciales incontroladas. Los juicios y procesos colectivos, la edición de experiencias autobiográficas y las confrontaciones ideológicas de la guerra fría generaron una incontenible gama de planteamientos poéticos. En ellos se integran creadores de distintos contextos idiomáticos, en los que sobresalen, a modo de síntesis, voces como Tonino Guerra, Salvatore Quasimodo, León Felipe Silvia Plath, Anne Sexton, Félix Grande, Jacqueline Goldberg, Antonella Anedda, Mauro Dobri, Meir Wieseltier, Juan Carlos Mestre, Isla Correyero, Víctor Gómez Valentinos o José Luis Torrego. Mis disculpas por resumir tanto el inventario de colaboradores. 
   Por tanto, como escribe con iluminada precisión Carlos Morales del Coso, negando para siempre el dictum de Adorno “No sólo no era inmoral perpetuar la creación poética después de Auschwitz. Para los supervivientes, era una necesidad ineludible de supervivencia como seres humanos”. Desde el magma poético de emoción y pensamiento se reconstruye el mapa de desapariciones y se ataja cualquier disolución entre la bruma. La ominosa cicatriz del horror, la locura nazi y el frío tenebroso de su tarea exterminadora tienen en los poemas de In nomine Auschwitz un paradigma de permanencia, un afán interpretativo, pleno de análisis histórico y biográfico que emite luz y dota de significado.
   Quedan en la magna tarea de Carlos Morales del Coso la voz y la palabra de una conciencia en pie. El vuelo estremecido de un resonar de gritos en el aire. Poesía que abriga,  deshilando el epitelio frágil del lenguaje para ser vértigo encendido, llama en medio de la gran oscuridad.
 
JOSÉ LUIS MORANTE  


 
 
 

viernes, 4 de febrero de 2022

VIVIR EN RIVAS

Invierno en la laguna del Campillo
(Rivas Vaciamadrid, Madrid)

                   

DESDE RIVAS
 
 
Aquí pierdo la voz, contemplo Rivas,
un nombre propio escrito en el asfalto,
un árbol que resguarda la memoria,
pulcra ciudad de espacios habitables,
igual y diferente a cualquier sitio.
Cada jornada intento sin demora
la gesta cotidiana de aventar
el cansancio de los días comunes,
mientras, bruñida y frágil, a lo lejos
una luna de plata abre la noche,
dibuja su contorno en el regazo
del cielo envejecido de Madrid.
Crece la sed aquí, varado en Rivas;
busco en vano la esencia de las cosas,
acumulo renuncias e inquietudes
y despide mi mano el tren vacío
de la vida que parte, no sé dónde.
 
                   (De Largo recorrido)



 

 

jueves, 3 de febrero de 2022

ANDRÉS GARCÍA CERDÁN. EL ÁRBOL DEL LENGUAJE

El árbol del lenguaje
Sobre la poesía de Julio Cortázar
Andrés García Cerdán
Editorial Visor
Biblioteca Filológica Hispana
Madrid, 2021


AGUJAS DE MAREAR


    Al sondear la suma literaria de Julio Cortázar es un error frecuente ubicar la poesía en un rincón inadvertido, casi oscurecido por completo por la apertura infinita de la narrativa bifurcada en relatos, novelas, ensayos y artículos. Al análisis de su dimensión real dedica Andrés García Cerdán, Doctor en Literatura por la Universidad de Murcia, profesor en la UCLM y voz esencial del mapa poético contemporáneo, el ensayo El árbol del lenguaje. Sobre la poesía de Julio Cortázar para festejar los cincuenta años de vida de Pameos y meopas, título que acoge las composiciones escritas entre 1944 y 1958. El trabajo ensayístico se suma a las exploraciones literarias anteriores, Discurso del método, método del no discurso. Sobre la poesía de Julio Cortázar (2010) y la indagación La muerte del lenguaje. Para una poética de lo desconocido (2018).
   El ensayista traza la línea argumental del volumen yuxtaponiendo reflexiones teóricas, con un pórtico poético. En la de amanecida “las oportunidades de la distracción” advierte que la sensibilidad poética es un inabarcable espacio de contradicciones que hace posible un despliegue del lenguaje introspectivo y expandido hacia las cosas. desde itinerarios proteicos, intuitivos, rupturistas con la racionalidad de una estética cerrada. Así sucede, según el ensayista, en el fluir poético de Julio Cortázar, siempre proclive al juego literario y la inmersión exploratoria en las posibilidades del lenguaje y en las coordenadas menos transitadas de la realidad.
   El árbol del lenguaje permite escalas subterráneas y aéreas. Construye un ámbito rizomático, disgregado. Desde esa perspectiva, Cortázar, según el estudioso, “atiende a las explosiones de una palabra febril, vertiginosa, matinal, palabra que no se consuma, como sucede en el uso instrumental del lenguaje, sino que permanece perpetuamente abierta hacia el interior de sí”. Por tanto, es esencial en el lenguaje el papel de apertura. Velar por la exclusión de un sistema canónico y fosilizado que erosione su dinamismo subversivo y el rol generador de otras dimensiones de lo real. Esto permite una obra poética permeable, en continua mutación que, sometida a una fuerte pulsión dialéctica, recorre una larga distancia formal entre la amanecida de Presencia hasta los frutos últimos de Salvo el crepúsculo.
   García Cerdán emplea una etiqueta crítica de Octavio Paz, la tradición de la ruptura, para integrar en ella la expresión creativa de Cortázar; su poesía repudia cualquier sumisión a cauces académicos, ideológicos o sociales para establecer un orden solar, una poética cuestionadora. Su obra está marcada por la intuición libre y por relaciones simbólicas con los estratos asimétricos de la realidad. No sería, por tanto, la creación artística un producto estético sino una inmersión en lo irracional, una búsqueda de estratos significativos, más allá de lo aparente y una red de planos de la realidad visualizada mediante el pensamiento analógico.  
   La sección “Baudelaire-Mallarmé-Rimbaud” remonta la ascendencia del inconformismo poético de Cortázar. El escritor mantiene una fuerte evolución, impulsado por su insatisfacción progresiva y su abierta fe en las posibilidades del lenguaje. Así lo manifiesta en su escritura: ”La poesía es una aventura hacia el infinito; pero sale del hombre y a él debe volver”. Su poética también se vincula a la llamada poética del delirio y al credo surrealista, como se subraya en el hermoso texto de “Teoría del túnel”.
   Toda creación sugiere una perspectiva que trasciende lo estético y define una posición, un humanismo crítico, una toma de conciencia. El ensayista recuerda que para Cortázar “la poesía es un camino de conocimiento y compromiso”, una respuesta ante la existencia y el devenir histórico que está en continua revisión.
   El ojo crítico de Andrés García Cerdán propone en El árbol del lenguaje una caracterización de la trayectoria poética de Cortázar como obra abierta, despojada de juegos retóricos y del intimismo reflexivo de la oratoria autobiográfica. Es una creación emancipada, hecha desde la voluntad de cambio y transformación. En ella se cobija la excepción como acceso a una realidad oculta, solo asequible bajo la piel porosa del lenguaje.
 
 
 JOSÉ LUIS MORANTE


 
 

miércoles, 2 de febrero de 2022

UNA RAMA QUEBRADA

Cansancio

 

Con viento y lluvia,
se ha quebrado la rama.
Restos de un nido.

                     (Inédito)