lunes, 5 de agosto de 2024

WISLAWA SZYMBORSKA. (Homenaje)

Wislawa Szymborska
(Bnin, 1923, Cracovia 2012)
Premio Nobel de Literatura, 1996)


HOMENAJE

 

                              Cuando pronuncio la palabra Futuro
                             la primera sílaba  pertenece ya al pasado
 
                                             WISLAWA SZYMBORSKA
 
 
 
A espaldas del silencio
las palabras despeinan su rocío.
Si digo más,
bajo la piel escucho sementeras
y afán de amanecer
Pronuncio pájaro
y niego las escamas y el latido branquial.
Musito brizna, hormiga, topo,
abeja, grillo y se expande un terrario
inadvertido, vulnerable a la luz, ladera arriba.
Acerco al labio las silabas de plato
y el paladar saliva perejil.
Cuento idas, regresos
y los pasos contienen urgencia y lentitud
en el repliegue.
 
Mis palabras orean
la azarosa secuencia de los signos;
los hábitos insomnes que reiteran
un equilibrio frágil
que alborota en los nombres su verdad.
 
Si pronuncio Wislawa
transfiguro las letras del asombro
y aparece en silencio,
con su hocico de liebre,
el instante  final de este poema.

     
     (Del libro Nadar en seco, 2022)



 

domingo, 4 de agosto de 2024

RUIDO DE FONDO

Pisadas
Fotografía
de
EL ESPAÑOL




 RUIDO DE FONDO

 

   Por alguna compleja lesión cerebral los pensamientos le hacían cosquillas. Ver tal desconcierto de contorsiones, muecas extrañas y risas era un espectáculo de asombro. El ruido de aquel calamitoso comportamiento convulsionaba también al nomadismo urbano. Era capaz de paralizar alguna arteria de la ciudad por la congregación de curiosos. Fue multado reiteradas veces por las incívicas alteraciones de orden público. Incapaz de resolver la patología optó por convertir el pensamiento en un andén sin nadie. Su existencia enfermó entonces de nadería expresiva y fueron muchos los que lamentaron el soplo baldío de aquel acantilado ante la nada. Una tarde satinada de lluvia mis ojos descubrieron su mirar cansado. Fui con él. No advirtió nada, como esas monedas que guardan un oscuro brillo entre la arena. Había anidado en la retina un alfiler frío, un punto ciego que llevaba su nombre.


(Del libro de microrrelatos Fuera de guion, Lastura, 2024)


sábado, 3 de agosto de 2024

MUJER SEDENTE

Mujer sedente
Parque del Retiro de Madrid
Escultor Sntiago Cota Vaqué

 

REPLIEGUE TÁCTICO EN LA NADA
 
Estatuas,
cada una de vosotras acaso
 es copia exacta de un gesto perdurable
que merece ser huésped
del arca de Noé de la memoria;
solo me otorga a mí
carnet de residente en este parque
la aceptación sumisa del olvido.
En el naufragio restos;
el sabor denso de las amanecidas
arrastrando erosiones
hasta el cuarto de baño.
Y allí
-vulnerado reducto-
encadenar los ojos a un espejo
salpicado de herrumbre
que mide el deterioro
hasta ponerme triste,
siendo entonces urgente
la tibia absolución de un puñado de agua.
Bostezaba la urbe.
La calle estaba recién puesta,
resplandeciente y dócil,
huérfana de papeles y hojas mustias.
Me sonaban los pasos a verso en  asonante.
Luego era el ruido
estallando en mi terca soledad,
un paréntesis lleno
de estúpidas acciones sin sentido,
rotas, de cuando en cuando,
por el ring estridente del teléfono…
Al piso regresaba, cabizbajo,
enfundado en un traje de preguntas
cortado a la medida de un jugados de basket.
Una tarde sin fecha
me coroné de ortigas y dispuse
este rincón recóndito.
Mi estancia entre vosotras
es un repliegue táctico en la nada.   
 
           (De Rotonda con estatuas, 1990)







viernes, 2 de agosto de 2024

AFORISMOS DE MADRUGADA

Amanecida
(Londres, 2013)
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

  

AFORISMOS DE MADRUGADA

 

Soy tan raro que para reconocerme mi conciencia me pide el DNI.

 Hay relaciones personales que tienen la duración de un aforismo y menos contenido.

 En la madurez los sentimientos exigen estructuras elaboradas, escenarios con luz natural y narradores distanciados.  

Se quedó solo. Ahora recupera minerales en la galería de los desafectos.

 El pudor convierte a la confidencia en un movimiento de ajedrez.

 Presencias como reglas ortográficas; compañeros de viaje que son comas, puntos finales y puntos suspensivos.

 Carpe diem. Quemó todas las naves. Mientras duró el incendio percibió su calor.

 Un presente incierto. Piensa en la belleza, en zapatillas y sin afeitar; sólo mis gafas mantienen una pose aceptable.

 La voluntad del cínico prefiere ideologías de alquiler.

 Futuro; esa aspirina diluida en el agua fresca del fracaso.

 Para hablar de ti, empleo un silencio en cursiva.

 La semana no empieza bien; mañana es lunes.

 Andar extraviado tanto tiempo me deja ante tu puerta. Llamo al timbre. Espero.


(Aforismos de madrugada)




miércoles, 31 de julio de 2024

VIVIR AL MARGEN (Diario)

Al margen
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

 VIVIR AL MARGEN

    
  Aunque desempeñe su labor comunicativa habitual o sea un asunto privado, la escritura  necesita un contexto previo, un encuadre correcto que no desfigure sus bordes. Sin él la ternura se convierte en erotismo y el erotismo simula ser pornografía. Su comprensión requiere, por tanto, una mentalidad expandida para aceptar que los mensajes contienen otras percepciones de la realidad; las palabras  viven, están, emergieron desde el limo en un espacio y tiempo concretos.
 
   Valoro mucho la confianza, esa luz que oculta la niebla, esas gotas frescas que alejan la sed.
 
  El optimista es proclive a la grandilocuencia; cree que la amistad es fuerte, como la raíz de una secuoya. Así que sufre un terrible efecto erosivo en su ánimo cuando descubre que la reptante raíz que imaginaba es solo un hilo suelto, el expandido temblor de una telaraña.
 
   El tiempo desvela una paciente labor de sondeo para alumbrar identidades, tramas y personajes que reconstruyen con fidelidad nuestras relaciones sociales. En ellas, la soledad camina una propuesta introspectiva, elegíaca e intimista.
 
   El ahora se convierte en tiempo narrativo de una identidad incierta. Soy una estela que pregunta con insistencia, en primera persona, al despertar de su memoria por sus indicios sentimentales.
 
    Los otros, esas islas cambiantes, con aproximaciones esporádicas.

(Al margen. Diario de verano)



martes, 30 de julio de 2024

ALICE MUNRO. LA HUMILDAD DEL RELATO

Alice Munro
Premio Nobel de Literatura 2013
Fotografía
de
Derek Shapton

 

ALICE MUNRO. LA HUMILDAD  DEL RELATO.

 
   La decisión del sanedrín literario sueco de conceder la antorcha del Premio Nobel de Literatura en 2013 a la canadiense Alice Munro prodigó en los medios de comunicación de todo el mundo abundantes informaciones biográficas. Nacida en Wingham, provincia de Ontario, en 1931, pasó su infancia en un ambiente rural del gélido interior canadiense, con severas dificultades económicas familiares. Tras establecerse en Vancouver ejerce distintos oficios y a partir de 1950 va cimentando un sólido trayecto escritural en el que el cuento se convierte en centro creador de su escritura.
   Como enunciara la escritora en entrevistas y tertulias literarias, su existencia sólo cobra sentido en la escritura, donde no pocas veces la letra pequeña de lo autobiográfico actúa como venero temático. Es en el cuento, un género mayor del siglo XX, donde habita lo esencial del sentir literario. En Alice Munro el cuento tiende a describir historias sin épica, con el énfasis apagado de lo cotidiano. Así sucede en su colección de cuentos Demasiada felicidad, cuyos trayectos accionales requieren un desarrollo temporal  de media extensión para precisar las circunvalaciones de actitudes vivenciales siempre de paso. Los cuentos abordan instantáneas de protagonistas y secundarios empeñados en una carrera de fondo de metas difusas. Lo contingente acecha. Siembra estados de angustia capaces de cambiar el rumbo de una voluntad que no se guía por ideas abstractas sino por motivaciones de escasa relevancia. Y lo mismo ocurre en su última entrega Mi vida querida, donde volvemos a percibir la estética singular en el aliento creativo de la escritora canadiense.
   Ni espacio ni tiempo precisan datos exactos. De esa atemporalidad emerge la geografía vivencial de  lo doméstico. Son territorios para supervivientes que reiteran tareas habituales en intervalos cronológicos en los que apenas cabe la sorpresa. Y, sin embargo, ésta reclama un espacio secreto de la intimidad individual como si fuera materia central de un submundo hermético.
   En los cuentos de Alice Munro cobran relieve los perfiles femeninos, siempre llenos de complejos estados emocionales, obstinados en la paciente espera de lo extraordinario. Mujeres atentas y receptivas crecen hacia dentro mientras muestran su cansancio ante una realidad manipuladora y llena de cicatrices, que de cuando en cuando se ilumina con una relación personal, con un deseo cumplido, con la calma resolución de un conflicto sin tregua, o con el espejismo de una felicidad que nunca dura demasiado.
   Cada género literario tiene un selecto grupo de voces mayores que ratifican la mena central de una estrategia expresiva. En el cuento estará siempre la humildad de Alice Munro, la incontestable honestidad de quien siembra el asombro con manos de mujer en la piel del desierto.
  
                                                          

            JOSÉ LUIS MORANTE 

domingo, 28 de julio de 2024

LA MIRADA OCASIONAL

Interiores
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

LA MIRADA OCASIONAL

 

(Naturaleza y poesía)

 

No toda mirada es capaz de engendrar visiones

MARÍA ZAMBRANO

 

   Para establecer un punto de partida conjetural sobre el diálogo entre filosofía y poesía en el que se integra la indagación sobre la naturaleza en el tiempo, podríamos decir que la mirada filosófica es aquella que contempla en el mismo plano el sentir y el pensar. Ambos conforman un espacio de meditación sin rupturas, un recorrido que busca entender y propicia una liberación personal y colectiva, espigando prejuicios y dudas, ataduras y sombras.

   Esta concepción del quehacer poemático requiere un espíritu de fe en las posibilidades del lenguaje como manifestación y reflejo del ser, como razón extrañada entre pensamiento y sentir, capaz de sistematizar y definir, de alentar un espacio de comprensión y estimular la eclosión abierta de los sentidos.

  La poesía filosófica enciende una reflexión plural que diserta sobre las razones de su escritura, repasa el legado de la tradición y deja constancia de una cala en profundidad sobre el sujeto concreto y el contexto social donde se mueve. De este modo, establece un perfil íntegro y total, una concepción ontológica completa que siembra indicios sobre el dinamismo de lo vital.

   Asunto central del acto de escribir es construir una interpretación de lo real, en la que cada elemento adquiera su sentido y se ubique en el laberinto relacional que le corresponde. Este enraizamiento cognitivo alza en el tiempo una arquitectura mudable, donde queda inmersa nuestra experiencia vital.

   El poeta tiene en la infancia un despertar privilegiado, una amanecida en la que el entorno se muestra con sencillez, sinceridad y autenticidad. Estas cualidades aluden a una perspectiva de la naturaleza conocida por intuiciones vitales directas. El paisaje se presenta conectado al asombro, entendiendo el asombro como pujanza energética para preguntarse por el cuerpo ontológico de las cosas. La realidad se interioriza en el sustrato emocional del yo como una topografía viva, resistente, tenaz. En ella se vislumbra lo insólito, un trasfondo que enriquece y muestra sus espasmos más íntimos. Con los años, aquel horizonte moldea una dimensión irrenunciable. Pero es un lugar insular, perdido, que ha de revelarse poco a poco mediante la evocación y la elegía y que se habita desde la memoria, adaptándose a las distintas etapas vivenciales del hombre.

    En los años juveniles, con el comienzo de la formación universitaria, la naturaleza se desvanece en el itinerario biográfico. Personifica un sueño que oculta su tamaño en otra realidad en la que el hablante poético toca fondo y debe hacerse hueco. La ciudad mineraliza su espacio, vinculado a la contingencia temporal y cercanía del yo colectivo. En la urbe se construye un nuevo escenario reflexivo protagonizado por otros figurantes del pensamiento; el yo se transforma en un sujeto pensante, menos intuitivo, empeñado en ordenar y reubicar lo que sucede en la ciudad como silueta poligonal de encuentros.

   El paisaje entonces se deja oír en estilo indirecto, tiene los trazos de una ausencia concreta y mantiene con la situación vivencial del yo una metamorfosis de rasgos que conlleva una clara idealización. Muchas veces el pensamiento se hace grito ensimismado, caligrafía abierta de poemas escritos para cauterizar el dolor, para dejar constancia de que la existencia es sólo un hilo frágil. Cada vez es mayor la conciencia del tiempo. El paisaje queda al margen, se recuerda como un acto de fe, cuya belleza se muestra como una razón persuasiva, una creencia que ensancha el ser del hombre.

   La ciudad moderna contempla la naturaleza desde la carencia, lejos de sus procesos naturales y con un escaso tacto ecológico. La arquitectura habitual desnaturaliza y relega los espacios verdes a la periferia, condicionados por las construcciones y la movilidad. Perece la singularidad de los paisajes y nace un tablero visual de elementos uniformes seriados, que crean la sensación de ser parques temáticos, copias miméticas o extravagantes. La naturaleza urbana se torna insulsa o neutra y con poco peso específico en lo literario.

   A veces, sin embargo, la naturaleza se reafirma de nuevo desde la elegía. Mediante la contención expresiva, la hondura y la vibración anímica, se da una nueva temporalización a lo perdido, se recorre al paso la geografía familiar y el pretérito encuentra expresión emocionada y temblor humano en el material poético. La naturaleza retorna cargada de fuerza, con plena densidad significativa, como un ámbito humanizado en el que la intimidad del poeta germina en su lugar preciso.

   La voz poemática ya no es la de un yo desubicado y desvalido, en la intemperie, sino la de un sujeto activo que abre la claridad a sus recuerdos, a esa estela vital de lo vivido. El gesto de reconstruir puebla el poema de símbolos, renacen los ciclos estacionales y se alzan puentes que unen las riberas del pretérito con el latido indagatorio del ahora. Las palabras se arropan en una sensibilidad meditativa que haya en el pensamiento un refugio protector, un rastro de intimidad y meditación donde se escuchan las señales del tiempo.

  La escritura personal suma en su discurrir anotaciones e incertidumbres, pasos que conforman en cada entrega una manera de andar y de sentir. Los poemas esclarecen una concepción poética en tránsito, que parte del confesionalismo cotidiano y despliega en su madurez un entrelazado espiritual, en el que resulta eje central la esencia del entorno. Su coherencia modula una cosmovisión más racional que expositiva; la poesía concede a la conciencia del ser un carácter trascendente y revelador, pasado por el filtro de la conciencia. Es el abrazo pleno del yo con el velado horizonte de lo esencial; la certeza de que cada hoja caída busca de nuevo rama y reverdece.   

   El material lírico aspira el olor de la tierra, la carga sinestésica de un no lugar que transciende cualquier alabanza de aldea para sumirse en un estado de contemplación ascética que propicia un estar ensimismado. La percepción se consolida. Culmina caligrafías sensoriales; invita a tender las manos del pensamiento para retener lo que ofrece el transcurso del tiempo para incidir en la condición de ser en medio de los ciclos naturales.

  La naturaleza propicia una sensación de estatismo, un devenir que alienta la quietud y el despojamiento y que halla en la imagen de  cualquier elemento natural el reflejo de la propia esencia de vivir; se van agotando los afanes y las pretensiones, los elementos del paisaje muestran una común actitud de calma  que acrecienta la soledad del que contempla o ese desamparo que lleva a buscar el abrazo del otro para librarse del escalofrío.

   La poesía adquiere el tono justo de la confidencia; no levanta una voz que apenas cambia con el tiempo, otea el horizonte y se encoge de hombros, convencido de que la naturaleza tiene un destino marcado, una cadencia que invita a reflexionar sobre los signos de lo  mudable y a guarecerse  a cielo abierto, detrás del pensamiento.

 

JOSÉ LUIS MORANTE