sábado, 12 de septiembre de 2026

CONCIENCIA DEL TIEMPO

Testigo
Archivo general 
Depositphotos


Sobre mi piel
las grietas y suturas.
Envejecí.

                         (Haiku del tiempo)





 

viernes, 11 de septiembre de 2026

LA HUMEDAD DEL REGRESO

 

Adán en la ventana


EL REGRESO DE ADÁN
 
   Ante el insistente empuje de la melancolía, una mañana Adán retornó al paraíso. Se adentró en sus espacios con la fuerza feliz de quien busca el lugar propio. No tardó en advertir que recorría un territorio de desposesión. Aquel sitio, húmedo y frío,  solo cobijaba abandono.
   En el centro del lugar se alzaba todavía el árbol del bien y del mal; miró aquella silueta y se hizo efectiva la soledad de un tronco calcinado y rijoso.
   No aguantó más. Bajó los ojos y convocó el olvido, como si el paraíso no hubiese existido nunca. Con andar dubitativo, se precipitó hacia la salida. Sus pasos tropezaron con el ala inerte de algún ángel, el metal chamuscado de una espada herrumbrosa y una oscura camisa de serpiente.

(Del libro Fuera de guion, Lastura, 2024)




miércoles, 9 de septiembre de 2026

VOCACIÓN DE RUINA

Una silla con él

                                         

 VOCACIÓN DE RUINAS

                                (Con mi Ingratitud)

 

  Empeñó su existencia en hacer daño. Vivía con el entusiasmo de quien todo lo convierte en ruinas. En primera persona fue escribiendo las páginas de una maldad innata. En cada evento literario llegaba tarde marcando el paso, se cambiaba de sitio arrastrando la silla, encendía el móvil, ojeaba el periódico, murmuraba con la compañera de asiento, hacía pompas con tabletas de chicle, preguntaba sandeces, con formulaciones interminables en el cierre del acto… Sus actividades varias dejaban constancia de una indeclinable temporada en el infierno. Asumió una biografía insoportable. Nunca escribió una línea, pero su insignificancia siempre estaba presente entre los escritores.

 

                                                                  JOSÉ LUIS MORANTE



  

martes, 8 de septiembre de 2026

LA VOZ DEL AGUA

Los caños
Imagen
de
Internet

 

LA VOZ DEL AGUA


Cuántos manantiales sin agua potable.

 Esas páginas impolutas y frías, sin glóbulos rojos.

 El aspirante a personaje concede al ombligo un interés escénico.

 Discreto, en la mirilla de la mañana pide asilo el esqueleto de un dinosaurio.

 Mientras se aquieta la bruma, el sol es una lámpara minúscula, de segunda mano.

 Los insectos sobre la tierra fría del sendero.  Soledad camuflada de vida.

 La trastienda mental de quien sustituye amigos por animales domésticos.

 Como gesto de autoprotección, espío los versos sueltos de mi vecindario.

 La rutina carboniza el asombro.

 Aquel vegano mantenía un oficio rentable con sus contradicciones; practicaba la ganadería extensiva.

 Guarecidas en la laringe, las fibras del hambre se digieren mal.


(Aforismos de verano)



 


lunes, 7 de septiembre de 2026

EL ARTE DE VIVIR LOS LUNES

Belleza
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia
(Javichu)



  
EL ARTE DE VIVIR LOS LUNES                             
 
El arte de vivir los lunes
requiere cierta práctica y algo de teoría,
saber de estratagemas y confabulaciones
y adjetivar la prosa cotidiana
con una terca voluntad de estilo.
Incontables acechan
los peligros desde el primer café,
crecen cuando un olor
anuncia escuetamente la leche derramada,
se reproducen con duración de días laborables
y en guardia se mantienen,
tal seguros precintos,
entre los pasajeros del tren crepuscular
que nos devuelve a casa,
al reclamo del lecho hospitalario.
El arte de vivir los lunes
sobrevive y se esconde
en vacuas reflexiones como ésta:
nada es eterno, salvo un lunes.
 
                      JOSÉ LUIS MORANTE
                      (De Población activa, 1994) 

sábado, 5 de septiembre de 2026

AHORA QUE ES TARDE. ANTOLOGÍA POÉTICA 1990-2020

AHORA QUE ES TARDE
Antología poética 1990-2020
José Luis Morante
Prólogo de Antonio Jiménez Millán
Editorial La Garúa
Barcelona, 2020

  

EL SUELO MOVEDIZO DEL POEMA

                                    

   Para reflexionar sobre el misterioso encuentro con el poema resulta útil una panorámica del trayecto. Una antología personal no es una aleatoria colección de poemas sino un libro unitario, orgánico, con meditada articulación formal, contenidos selectos y un deambular marcado. Alude Ahora que es tarde. Poesía 1990-2020 (La Garúa, 2020) al recorrido de tres décadas de escritura. Diez poemarios que mantiene un orden cronológico, con el añadido de inéditos de la obra en marcha Nadar en seco que se publicaría en 2022. Las composiciones asumen esencialidad y despojamiento: ser claro es ser preciso.
   En mi poesía prevalecen unos cuantos temas que imponen su presencia de manera más o menos continua. La entidad del personaje y las variantes de su dimensión existencial ya están en “Heterónomos”, poema que aporta Rotonda con estatuas, carta de amanecida, editada en 1990; la fisonomía del sujeto inspira también composiciones de entregas posteriores como “El otro” y “Autobiografía”.
  No basta con existir; muchas veces ocupa la atención lo antagónico, aquello que conspira contra las previsibles coordenadas del deambular cotidiano. El enemigo está ahí, forma parte de nuestra soledad; su lucidez pone en duda convencionalismos y contradicciones, descubre el suelo movedizo de los dogmas. Son las pautas de Enemigo leal, donde la ironía también es una forma de aceptar los hechos consumados.
   La lógica utilitaria inspira el título de Población activa cuyo primer poema “El arte de vivir los lunes” objetiva el tedio con un tono frío, acto para confirmar la sospecha de un horizonte limitado: hoy como ayer, mañana como hoy. Las similitudes entre el yo biográfico y el ser literario abundan en Población activa, Causas y efectos y La noche en blanco, con referentes sentimentales que hacen de la convivencia una indagación sostenida. En Causas y efectos el anecdotario biográfico cobre mayor presencia: los días de infancia, la presencia del padre, el aprendizaje sentimental y la fuerza de enlace con la realidad. Si manipulamos la proclama de Rimbaud que convertía al yo en otro, el aserto es igualmente válida: el otro es yo.
   El espíritu romántico de Gustavo Adolfo Bécquer tuvo conciencia de que el sueño es núcleo y actitud poética. No son pocos los momentos donde resulta difícil discernir qué cosas sucedieron o cuáles son fragmentos oníricos. Creo en una sensibilidad sutil y etérea que saca a la realidad de su letargo para explorar interiores.
   Fernando Pessoa añadió una nueva dimensión al viaje; el supuesto enriquecimiento que depara el camino se convierte en copioso inventario de pérdidas; desde este registro escribí los poemas de Largo recorrido que emplea como único metro versal el endecasílabo para subrayar la monotonía.
   En la poesía realista el empleo frecuente de la primera persona, tan apropiado para el tono meditativo, tiende a confundir el ser poemático y el biográfico. Son entidades distintas, aunque emparentadas: el primero se nutre del fondo de experiencias vivido o imaginario de quien escribe. En  La noche en blanco el yo poético se enfrenta a un estado temporal de vigilia. Fármacos y relajación para conciliar el sueño han fracasado y anida en las papilas ese sabor acre en el que los relojes laten con obstinada pereza. En ese lapso el sujeto se aplica en la construcción de otra presencia, crea un ser con el que accede a desiguales estratos emocionales. Asistimos al despliegue hacia un ideal que hace suyo un aserto de Julio Cortázar: “creo que soy porque te invento”. Ese conocimiento se inicia junto al mar, siempre símbolo de plenitud y apertura. Los entornos naturales tienen algo de verdad que existe frente a las mudanzas; en ellos percibimos un ritmo sosegado, vivificador, que se transmite al espíritu. El poema no se atiene a las exigencias de la descripción; busca intersecciones, hay una identificación con el paisaje físico. Es una presencia necesaria que impregna los tejidos; alrededor están los objetos domésticos, el ámbito cercano que nos pertenece. También otras circunstancias que, en apariencia, no nos rozan pero que representan ámbitos amargos de la existencia, donde la mirada incide en la desposesión y el vacío. Cada proyecto personal está condicionado por la creciente jerarquía social que condiciona el libre albedrío. A la tesis de Jean Paul Sastre “estamos condenados a ser libres” hay que añadir que tal destino no habla de condiciones sombrías.
   Mis poemas no están exentos de ironía, acaso por los efectos lectores del verbo nihilista de José María Fonollosa. El pacto de convivencia, casi de modo inadvertido, va perdiendo su capacidad de asombro y, poco a poco, el espejo refleja rasgos de soledad. Cuando la incomunicación se evidencia, el diálogo con el otro enmudece. La creación es una estrategia para superar ese estado de islas.
   Llega la amanecida; vuelve el ahora y el tedio, la rutina de lo laborable: el análisis de la realidad. Hemos buceado en los interiores de un espejismo y corresponde el repliegue en lo individual. El final de la historia tiene el regusto de la melancolía, un sentido agónico, como este delicado haiku de Bashô: “Habiendo enfermado en el camino, / mis sueños / merodean por páramos yermos”.
   En el balance Ahora que es tarde una trama argumental, un hilo invisible que reordena el discurrir de los poemas: el aprendizaje de la decepción. Más que desánimo individual, se habla de un estado vital. Joan Margarit ha definido este andén con precisión demoledora: ”Llega el tiempo de no esperar a nadie”, de saber que ya, cuando parpadea la amanecida, es tarde. Nos queda la palabra, la tos convulsa del poema. Y, sobre los derrumbes, el andamiaje artesanal de la esperanza.
 
José Luis Morante
 
 
 


 

viernes, 4 de septiembre de 2026

DESDOBLAMIENTOS

inventario de mí
(Hombre en el espejo)
Rene Magritte


 

HETERÓNOMOS

Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cual fue la última causa
que les diera la vida.
 
Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita día y noche
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer
y, por lo mismo,
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos”)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.
 
A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde inicia el galope un sentimiento,
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.
 
El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que bajo el brazo trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente:
“hallé la puerta abierta
y me aburría…”
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.

   (Del libro Rotonda con estatuas, 1990)




 

jueves, 3 de septiembre de 2026

ABRIR LAS ALAS

Vuelo libre
Fotografía
de 
Internet

 

ABRIR LAS ALAS
 
(Aforismos)
 
 
Solo habla consigo cuando hay un intérprete disponible.
 
La impaciencia aconseja hornear semillas.
 
El toldo del tragaluz es un oxímoron.
 
Entre los misterios de la inteligencia, el empeño de ocultarse a diario.
 
Quien no sabe dónde ir  mantiene siempre un inquebrantable compromiso con el traspiés.
 
La humildad cumple con mérito la función de ser nota a pie de página.
 
Rareza: una amistad sin ánimo de lucro.
 
Cuando aletea cerca, el optimismo recuerda la mínima vibración de una libélula.
 
Esas voces que visten a diario papel de lija y ganan altura cuando callan.
 
Acabé identificando su belleza con el vacío; en ella, todo es nada.
 
Es acaparador y avaro; cuando respira guarda el oxígeno y el anhídrido carbónico.
 
Qué triste la lectura volátil, la que no tiene huellas dactilares.
 
 
(José Luis Morante)
 
 
 
 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

NADAR EN SECO

Las Cogotas
(Poblado vetton de Ávila)
Fotografía
de
Rubén Sánchez Santana

  

NADAR EN SECO

 

 

El tiempo que no tuve nada en seco.

En él cada brazada recolecta

los acordes secretos de la profundidad.

De cuando en cuando,

rasgan la superficie huecos húmedos

de cuyo fondo emergen

estelas de luciérnagas.

Mas un sudor salobre

desdice la quietud,

impulsa cercanía

hacia el contorno exacto del trascielo.

 

No dejo que el cansancio me carcoma.

Sacudo el agua ausente.

En los brazos maltrechos

hay jirones de mí.


                          (Del libro Nadar en seco)





martes, 1 de septiembre de 2026

JORNADA LABORAL

Días laborales
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

JORNADA LABORAL

 

  Nunca hay excepciones. Cuando habla consigo miente a cada instante. Eso le obliga a un inacabable fingimiento para demostrar que se cree a sí mismo. Su cuerpo sobrelleva un gravoso cansancio. Envejece en silencio. Desempeña a diario una doble jornada laboral.

 

(De Cuentos diminutos)




lunes, 31 de agosto de 2026

EZEQUÍAS BLANCO. CONSTRUIRTE UN ABISMO.

CONSTRUIRTE UN ABISMO
POESÍA AGRUPADA 1975-2025
Ezequías Blanco
Prólogo de Pascual Izquierdo
Huerga y Fierro Editores
Colección Signos
Madrid, 2026

 

LOS TRABAJOS DEL VERSO

 
  La identidad poética de Ezequías Blanco (Paladinos del Valle, Zamora, 1952), catedrático jubilado de Lengua y Literatura, lector incansable y humanista, ha adquirido en la última década una incontestable solidez por su fuerte presencia cultural y el ritmo de publicaciones. Cuando todavía es reciente la amanecida de Décimas para Sara, lírico homenaje a su nieta, aparecen reunidos sus itinerarios poéticos en el volumen Construirte un abismo. Se trata del legado de cinco décadas de escritura, con pórtico de Pascual Izquierdo, un lienzo crítico limbado de claridad y hondura.
  Antes de recorrer el amplio espacio versal del poeta, una vez más es necesario recordar la irrepetible estela, como director e impulsor durante treinta años de la revista en papel Cuadernos del Matemático, que el zamorano, asentado en la localidad madrileña de Getafe, coordinó en las aulas del Instituto de Enseñanza Media y Bachillerato Matemático Puig Adán. El desbordante sumario de colaboradores y la multiplicidad de enfoques y géneros son persistente historia viva; una valiosa expedición de la literatura contemporánea. En su larga travesía, Cuadernos del Matemático conjugó espacios creativos heterogéneos y se convirtió en memoria e identidad intergeneracional, donde aportaron propuestas escritores maduros y reconocidos, junto a voces aurorales que encontraron comprensión, empuje y puertas abiertas a la voluntad de habitar el lenguaje. Pero las variadas tareas al frente de aquellas páginas no mermaron la fértil cosecha de entregas. Su obra explora poesía, narrativa, edición y relato.
  Este largo viaje de crecimiento literario personal ubica en su apertura el ensayo “Ezequías Blanco, poeta poliédrico”, un sondeo crítico de Pascual Izquierdo, poeta, ensayista y una de las voces más destacadas de la literatura de viajes. El trabajo explora en su entrada los hilos biográficos, con el convencimiento de que la mirada lírica está íntimamente conectada con las contingencias vitales. Vida y lenguaje se enlazan para dibujar los rasgos expresivos de un poeta nunca ajeno al discurrir del tiempo. Desde la aparición de los versos más tempranos, en los ambientes universitarios de Salamanca de los años setenta, el taller escritural multiplica fuentes de inspiración. Como han reiterado algunos críticos, en Ezequías Blanco confluyen riberas de la tradición clásica y rincones de renovación vanguardista. En la línea temporal, el poeta protagoniza un viaje singular que aglutina diversidad, intensa y sutil, gracias a un atinado patrimonio lector y un enfoque verbal que hace de la ironía recurso expresivo irónico habitual, capaz de encender, desde la cercanía, la complicidad del lector. En el quehacer poético se construye una poética desde la genealogía, con pupila irónica y descreída. Los versos de “Poesía de la experiencia” lo recuerdan: “No ejerce sobre ti atracción otra corriente / que no sea la corriente del río. / Ni otra luz te deslumbra que no sea / la luz de la naturaleza. / No te asombra otro rito que no llegue / del tesoro sencillo de la vida”. El entorno convoca con pulsión intensa, ajeno a condimentaciones sospechosas.
  La percepción de quien escribe deambula entre una mirada de esperanza y futuro y un pensamiento crítico, a veces ceñido de escepticismo. Pascual Izquierdo explora con sosiego la cadencia de publicaciones, para abarcar todas las entregas y dejar constancia de sus rasgos comunes. Así se va moldeando la capacidad de búsqueda del paramento expresivo, con sus variaciones formales y su maraña de estratos que aglutinan estrofas cerradas, verso libre y prosa poética.
  La edición Construirte un abismo acerca los trabajos del verso a una tarea cuyo pactado colofón es el salto al vacío. Sin duda, una manera simbólica de definir el fondo negro del futuro. Nadar en la corriente del tiempo supone aceptar que somos material perecedero, trazos inacabados que se empeñan en dejar a su paso evocación, recuerdos de cielos cambiantes y rescates de ausencias. La epifanía del yo es un lejano regreso al origen. La voluntad de ser certeza y polvo, empeñada en sospechar que vivir es renacer, dar vida a un espejismo recobrado.
  La palabra viva de Construirte un abismo invita a una reflexión profunda sobre el escritor y las coordenadas personales que marcan su lugar propio en la sociedad literaria. Ajeno desde su amanecida a grupos y etiquetas modales, aunque abierto a la inserción activa a procesos escriturales y al seguimiento de nuevas perspectivas, la trayectoria de Ezequías Blanco alienta una conjunción de materiales expresivos, recursos, moldes y migraciones argumentales.
  En el propósito comunicativo se percibe el valor de lo heterogéneo. La convivencia entre el nítido realismo, de aire tradicional. con poemas de mitigado culturalismo que aluden a las fluidas aguas de la tradición. Lúcido y vitalista, el hablante poético trata de explicar lo inexplicable, el enigma que late en la poesía.
  Siempre conscientes de la presencia inmarchitable del fluir, las palabras habitan una cotidianidad transcendida, que convierte al poema en grieta del pensamiento. Los recorridos verbales encienden una luz de mediodía,. Completan una cumplida cartografía de vivencias y sensaciones, nubes bajas para que la emoción se haga lluvia y claridad, e impulse el canto.
  Los poemarios de Ezequías Blanco nos dejan la mirada clarividente de la reflexión. Abren sus argumentos a una realidad construida desde la memoria, como si el pasado fuera siempre venero de experiencia. De allí surge un mundo transitorio y mudable, pero que mantiene encendida una lumbre cerca. Esa hoguera donde crepitan sensaciones y recuerdos, que oxigena con su caligrafía el aire del poema.

 José Luis Morante




domingo, 30 de agosto de 2026

EL TIEMPO EN LA PARED

Latidos
Fotografía publicitaria
Archivo general de Internet


                                                                             RELOJES

 

Aquel invierno adquirió un domicilio antiguo; un caserón de piedras frías y cimientos gastados, que se silueteaba sobre el roquedal. Llenó sus habitaciones de relojes artesanales, adquiridos en los mapas abiertos de sus viajes. Todos funcionaban, pero las agujas nunca coincidían en la hora marcada. Deduje que el dueño buscaba una estrategia misteriosa para que pasado, presente y futuro cohabitaran en el mismo espacio. Cada latido atestiguaba la vida de aquel sitio, clausurado y angosto. Allí el tiempo transcurría ajeno a sí mismo, en una trayectoria circular e interminable, sin el riesgo de ninguna huida.


(De Fuera de guion, Ediciones Lastura, 2024)




sábado, 29 de agosto de 2026

PRUDENCIA VERBAL


 

 

 
A SORBOS
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
                                                                                                
Todo es siempre menos
 
JRJ
 
 
Extremó la prudencia verbal; no aventura palabras si no es en presencia de su diccionario.
 
***
 
Afrontar sin amargura, sin gestos de abandono,  que lo que pensamos oculta lo que somos.
 
***
 
Su cerebro contiene dos ideas; son tan opuestas que entre ellas cabe un sistema filosófico.
 
***
 
Al florecer el día  rompe la quietud del reloj un aforismo. Sorbos cortos.
 
***
 
Basta mirar la penumbra de alrededor para saber que no estoy.
 
***
El puño cerrado de quien corta rosas.
 
***
 
Una pobreza de hospitalidad irrefutable, capaz de ofrecer su vieja cama de faquir.
 
***
 
El silencio y su fuerza de convicción. Sabe quién responde cuando nadie llama.
 
***
 
 
El prudente convierte en coma cualquier punto final.



(Aforismos de Oficio de callar, Mahalta, 2026)




viernes, 28 de agosto de 2026

JAIME GIL DE BIEDMA. LAS PERSONAS DEL VERBO

lAS PERSONAS DEL VERBO
Jaime Gil de Biedma
Carme Riera y Féix Pardo (Editores)
Ediciones Cátedra, Colección Letras Hispánicas
Madrid, 2024

 

EN UN VIEJO PAÍS

 
   Ningún colectivo poético del siglo XX ha suscitado más empeño crítico que la generación del 50, o del Medio Siglo. Sobre las trayectorias de sus componentes más destacados, como de La Escuela de Barcelona, estricto círculo relacional que sirvió de núcleo germinal de la promoción,  han versado investigaciones plenas de lucidez y acierto de Carme Riera. La escritora y académica impulsa, en los últimos meses de 2024, esta edición crítica sobre Jaime Gil de Biedma en colaboración con Félix Pardo con el título Las personas del verbo, conocido aserto de la poesía reunida, escrita entre 1965 y 1981, una parca aportación de menos de cien poemas. Completan la obra literaria del autor barcelonés las traducciones de Thomas S. Eliot, Isherwood y Bertolt Brech, esta última en colaboración con Carlos Barral, los ensayos de crítica literaria reunidos en El pie de la letra (Crítica, 1980) y los controvertidos diarios. El autor impulsó un quehacer de ritmo lento, una propuesta unitaria que reflejaba el interior de su propia existencia: “Al fin y al cabo, un libro de poemas no viene a ser otra cosa que la historia del hombre que es su autor, pero elevada a un nivel de significación en que la vida de uno es ya la vida de todos los hombres, o por lo menos –atendidas las inevitables limitaciones objetivas de cada experiencia individual- de unos cuantos entre ellos.” Además abandonó la escritura en su primera madurez, en 1981, cuando apenas contaba cincuenta y dos años de edad.
   Jaime Gil de Biedma nació en Barcelona en 1929 y falleció el día 8 de enero de 1990, tras una grave enfermedad, algunos años después del cierre de su edificio poético, clausurado con el libro Poemas póstumos. Pero el magisterio de su voz no ha hecho sino acrecentarse hasta consagrar al escritor como columna central del canon poético contemporáneo. La breve introducción trata de documentar los años aurorales, sobre todo valiéndose de cartas personales y documentos de archivo. También sondea las claves de su amistad con Carlos Barral, iniciada en los años universitarios de Barcelona y la amanecida de su periplo poético. La poesía se convierte en una persistente obsesión por más que considerara el oficio de poeta como un trabajo inexistente que había que paliar con empleos más lucrativos y prestigiosos, desde el punto de vista social.
   Si obviamos los tanteos de aprendizaje y los anticipos en revistas, la crecida poética empieza en 1953 con el cuaderno Según sentencia del tiempo, una brevísima colección de doce poemas: Ya en 1959, se edita el libro Compañeros de viaje, obra en la que se perciben las características y temas básicos de su ideario: tono conversacional, referencias autobiográficas, marco urbano, continuo enlace entre vida y literatura y un fuerte sentido crítico de la realidad social y política. E poeta advierte además de una significativa transformación en su retina estética: “de una actitud de filiación simbolista, se desemboca en una estética basada en la experiencia y en una determinada situación histórica”. En Moralidades (1966), un libro publicado en México para evitar las mutilaciones de la censura, la influencia de Blas de Otero y Luis Cernuda afianza el vertido intimista del hablante lírico, hasta crear un clima de confidencialidad. La primera persona del singular se muestra en el espejo con la cercanía de quien traspasa la senda evocativa de instantáneas vitales y emociones. En ese libro están composiciones como “En el nombre de hoy” , “Barcelona ya no es bona o mi paseo solitario en primavera” y “Pandémica y celeste”, acaso uno de los poemas más apreciados por el poeta. En estas composiciones aflora con fuerza la conciencia social y el resentimiento de clase. Esta edición incorpora la plaquette Cuatro poemas morales, publicada en 1961. El libro Poemas póstumos se publicó, en su primera edición, en 1969, con una dedicatoria a Gabriel Ferrater. En él se incluye “Contra Jaime Gil de Biedma”, donde la voz poética se desdobla para argumentar contra la propia existencia con un feroz rechazo de la rutina existencial y sus sórdidos ejercicios al dictado. La primera edición sólo consta de doce poemas, pero el número de composiciones aumentaría hasta veintisiete poemas en la segunda edición de la poesía reunida. Sin duda, el ambiguo título está relacionado con el poema “Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma” y con esa filosofía que hace de la escritura permanencia y salvación de nuestra finitud.
  El rótulo Las personas del verbo vería la luz en 1975, publicado por Barral en Barcelona. En 1982 se hace una nueva compilación definitiva de sus poesías completas, con una nota autobiográfica en contraportada, que también se reproduce en la presente edición de Carme Riera y Félix Pardo.
   El completísimo aparato crítico apenas se detiene en la biografía, bien conocida por trabajos de Javier Alfaya, Carme Riera, Pere Rovira y la semblanza, no exenta de sombras, que Miguel Dalmau publicó en 2004. En cambio, partiendo de la segunda edición de Las personas del verbo (Seix Barral, Barcelona, 1982), supervisada por el propio Jaime Gil de Biedma y, por tanto, considerada como definitiva, se hace un enorme calado de las variaciones textuales, la puntuación, la reducción de citas y las mutaciones que suprimen versos e incluso poemas. El análisis afecta a cada una de las entregas y también a los poemas publicados de forma autónoma.
    El poeta reside en el último tramo de su vida en Ultramort (Girona), alejado de los cenáculos más relevantes de la actualidad literaria. “Escribir un puñado de buenos poemas es lo único que de verdad importa en la vida”. No quiere ser poeta sino poema. La escritura concluye aceptando la propia identidad y las cicatrices que ha causado el discurrir: “Envejecer. Morir / es el único argumento de la obra”
  
                                                                                                           JOSÉ LUIS MORANTE


                                                                             

jueves, 27 de agosto de 2026

EL ÚLTIMO EN SALIR APAGA LA LUZ


 

EL ÚLTIMO SIEMPRE APAGA LA LUZ

 

Quienes pasan mucho tiempo solos

terminan teniendo un oído muy fino 

DJUNA BARNES

 

  Con los que oímos mal, (Y cada vez peor, como es mi caso), se pueden mantener dos actitudes: esgrimir con la voz prepotente de la hartura el “que no te enteras”, “ya te lo he dicho”, “a ver…”, “yo no hablo a voces…” y dejar en el rostro la mugre entumecida de la estupidez; o sencillamente repetir de nuevo e improvisar una explicación porque las palabras nunca necesitan agrandar carencias sino conformar rincones afectivos. Ambas actitudes, más que succionar en el ánimo de las cicatrices auditivas, definen a quien las esgrime. Los malos gestos son espejos fangosos de nuestra identidad.

 Los conflictos ideológicos se suceden y esa es una de las cualidades de los regímenes totalitarios. Son cepas víricas de increíble propagación, con dolorosos efectos secundarios. Lo que lleva a la política autonómica y nacional a ser calamitosos muestrarios de improvisadores.

   Desde el cristal limpio de la responsabilidad personal también se puede colaborar al bien común: hay que seguir las recomendaciones de la sensatez al pie de la letra. Son necesarias. Los fanatismos no admiten ninguna libertad individual; el negacionismo como ideología es desnudez mental.

   Se escucha a diario el conocido temblor de la ausencia. Los que faltan son un hueco que no desiste en mantener su sitio.

  Cada vez más insufriles sus digresivos razonamientos, dictados por el impudor de su ego, nace completa la genealogía natural de su masa encefálica: es un aplicado epígono de la estupidez.

     Son los poemas los que van sembrando indicios evidentes en el lector: una lírica despojada, esencial, que confía en su cierre en el enunciado aforístico y que incide en sus temas en el muestreo reflexivo de la peripecia existencial del sujeto verbal. En el evento digital, la propia imagen está falta de luz y la voz casi no se oye. Un desastre que los amigos disimulan con el entusiasmo del apoyo incondicional.

  Las palabras exploran, miran dentro, buscan la improvisada lección de lo diario, reconocen humedades y sombras; miden el trazo firme de las arrugas y constatan que es preferible seguir e intentar, poco a poco, la búsqueda de tierra firme.

 

(Apuntes del diario)

 

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

ISABEL MARINA. MUJER FRENTE AL ESPEJO

Mujer frente al espejo
Isabel Marina
El Sastre de Apollinaire, Colección Poesía
Madrid, 2026

  

OFICIO DE SOLEDAD

 
   No deja de llamar la atención la precisa cadencia con la que van apareciendo los frutos poéticos de Isabel Marina (Avilés, 1968), periodista, firma habitual de publicaciones culturales como Anáfora, Cuadernos de Humo y Areté y columna firme que sostiene la travesía en el tiempo de la revista Ítaca. Desde su amanecida, Acero en los labios, que llegó a las librerías en 2016, ha construido un valioso retablo lírico, recorrido por un paseante que hace signos propios la introspección, la estrategia expresiva coloquial y el epitelio sentimental de las composiciones. Así se percibe, con notable madurez, en las salidas más recientes, Un árbol que tiembla (2022), poemario de claridad deslumbradora en torno al transitar del tiempo, y en Donde siempre es de día, una propuesta con más de cien textos, cuyo discurso expresivo asocia, de inmediato, el acto de escribir con una estrategia cotidiana de sanación terapéutica. El taller creador fortalece un sosegado viaje interior. Llena de brisa los rincones umbríos de la existencia. Atestigua que hay que seguir, aunque se vayan acumulando en las estanterías cotidianas decepciones y pérdidas; esas inevitables erosiones del deambular vital. La contemplación vislumbra un entorno receptivo donde el quehacer escritural se muestra como una ventana indiscreta que muestra las riquezas interiores de las casas y del propio yo. La mirada poética es “una forma de ordenar el caos que a todos nos acosa, como una forma de explicarse las maravillas y miserias del mundo, y explicarse también a sí misma”.
  Resalta en el paratexto la fuerza dialogal de las citas, que convierten al yo en destinatario del fluir pensativo. Los ecos de Marián Suárez, Ángeles Mora y Angelina Gatell ubican al protagonista verbal frente al espejo de la propia conciencia; es un observador de gestos, actitudes y sentimientos, un verificador de estados de ánimo.  El enfoque introspectivo cobra fuerza desde el primer poema. Quien trata de descubrir los propios contornos es consciente del transitar temporal y de ese largo recorrido en el que se van forjando ilusiones y sueños, decepciones y olvidos; las incertidumbres del vivir: “Un sol que se desvanece / y mira a través de mis ojos, / cuando está languideciendo / este oficio de soledad”.
  Sobrevuela en la escritura el rastro sensorial de lo perdido. Es un espacio íntimo, atravesado de silencio. Un entrelazado de recuerdos hecho elegía y evocación de espacios. Días ingrávidos que parecen abandonadas arquitecturas que se alzan en manos del aire. El poema se convierte en senda cognitiva; vuelve los ojos hacia adentro. Aglutina signos de divagaciones reflexivas en torno a la existencia. La realidad se muestra como un escenario incierto y movedizo en el que hace fuerte el compromiso de existir.
   La segunda sección, que aporta citas de Sara Teasdale y Julia de Burgos, tantea en su expresivo aserto el compromiso ontológico: “Ser”. La soledad es un territorio de búsqueda donde el yo propicia su propio lugar de encuentro. En las composiciones, el pasado enlaza con el ahora a través de esas incertidumbres para las que no hay respuestas. Los recuerdos se hacen materia borrosa y espacios de lindes imprevistas. La escritura vela por la coherencia de la identidad; se convierte entonces, en trinchera y resguardo de la materia sentimental que, poco a poco, amarillea y adquiere el color del otoño. Toca preservar la soledad, escuchar su armonía. Dar espacio a una nueva quietud donde cada instante conjuga un presente de aceptación y tránsito, de empeño por continuar ese viaje de única dirección. Toca “Centrarnos en el ahora / mirarnos frente a frente, / aceptar quienes somos. / Atrevernos a ser”. Las composiciones labran un camina hacia dentro, como si el destino personal exigiera coherencia y gratitud.
  En Mujer frente al espejo se hace fuerte una forma de estar en lo diario, una filosofía de asunción del destino que emparenta, en algunos momentos, con la aceptación que emerge en algunos poemarios de Eloy Sánchez Rosillo. Precisamente con citas de Joan Vinyoli y Eloy Sánchez Rosillo se abre el tercer tramo del libro, “Visiones”. Se va gestando así un dietario sentimental, sin el rigor de la anotación fechada, donde el temblor emotivo es elemento constante del transitar. El recuerdo sostiene. Se convierte en símbolo y estela imborrable. Es cartografía onírica, que guarda una entrañable fidelidad a lo que fue. La memoria despliega evanescencia, visiones fragmentarias. Se hace conjunción de nuestra condición transitoria, en la que se adivina a lo lejos el color crepuscular que encarna el adiós definitivo.
  Lo metaliterario se agudiza en el apartado “Santuario”.  El hecho de escribir encarna un sueño, una casa encendida, un santuario en el que se vive en continuo aprendizaje en el que se recorren escenarios culturales y paisaje interiores. Con ellos se construye un yo cambiante, que se hace encarnación de una cumplida experiencia vital desde las palabras: “Con las palabras vamos formando/ la escultura de los días. / Con ese material dúctil, maleable, / le vamos dado forma, como si fuera plastilina”.
    El conjunto de poemas “Epifanía” cierra el libro; la evocación renace, deja en sus dedos la claridad de la amanecida. El hablante verbal percibe el ahora y ese instante que exige su condición de ser, a pesar de esa certeza de apurar un tiempo transitorio. Pasado y futuro son ahora; corresponde caminar hacia un horizonte en fuga, un no lugar donde vamos cumpliendo anotaciones vitales
   Isabel Marina deja en Mujer frente al espejo una cálida muestra de intimismo meditativo. Las composiciones se asoman a la condición aérea del tiempo. Reflejan la percepción efímera que postula nuestra conciencia. Ese caminar especular hacia la desnudez, donde pliegan sus alas ilusiones y sueños.
 
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
 




 

martes, 25 de agosto de 2026

EN CLAVE AUTOBIOGRÁFICA: CUMPLEAÑOS


 
EN CLAVE AUTOBIOGRÁFICA
 
 
Yo nací (perdonadme) en el 56,
con la televisión en blanco y negro.
La plana realidad,
cobró lustre ficticio entre las vísceras
del dichoso artilugio.
Retraído el asombro,
poco tiempo después holló la luna
el ballet pintoresco del primer astronauta.
La guerra de Vietnam sembró de rojo
el miedo del monzón;
la tristeza alargó su cinta métrica
con inborrables signos,
y el niño que yo fui cruzó la calle
para desvanecerse
en lejanos andenes donde nunca hubo tren.
 
Como soplo de aire
que aventara las ramas,
tras una floración de duermevelas,
devanaron los años
una quietud insomne,
repleta de tareas.
Nada sobra al olvido.
 
Envejeció conmigo
la dudosa verdad de vuelo corto
 de todas mis certezas
y allí, frente al espejo, fui feliz
y me dejé caer sobre la hierba
del amor en sus brazos.
Ahora lo vivido es una polvareda
que se oculta detrás.
La nada vuelve.
 
Sigo al borde de mí;
se desgrana el racimo
y he cumplido setenta
Soy un mapa menguante
enclavado en la espera.
Ya no quedan preguntas perentorias.
El futuro es de otros.


      (Variación del poema "En clave autobiográfica" de Nadar en seco)




lunes, 24 de agosto de 2026

EL BIÓGRAFO DE JORGE LUIS BORGES.

JORGE LUIS BORGES
(Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986)
Retrato de Louis Monier, 1979 

  

El biógrafo de Borges

 

   Con monolítico afán, labró durante una década una biografía de Jorge Luis Borges. Se encerró en la buhardilla, ahuyentó compromisos, propició un divorcio, y consultó la incontinencia escrita sobre el autor: ensayos, cuentos, poemarios, reseñas, tesis, reescrituras y panegíricos circunstanciales. Tras la enésima corrección de pruebas, se editó la obra. En las librerías aquella novedad tuvo una presencia discreta y su autor nunca más hurgó entre las trabajosas páginas de aquel libro. Nadie percibió la única errata, una azarosa paradoja. En el paréntesis vital confundió fechas. Anticipó la muerte en Ginebra ochenta y siete años antes del nacimiento en Buenos Aires. Un lapsus ligero que hubiera entusiasmado al mismo Borges.

 (Del libro Fuera de guion, Lastura, 2024)





sábado, 22 de agosto de 2026

PAN CON MIGAS

Comiendo pan
Archivo de imágenes
Depositphotos

 

PAN CON MIGA
 
(Apuntes sobre el aforismo)
 
El yo plural
 
Cada sujeto personifica una identidad mudable, una vida ondulante, por decirlo con un aserto de Ramón Eder. La escritura aforística no pasa de ser la larga sombra de una fisonomía nómada que traslada la unicidad de lo diverso. Un estar en los extremos buscando el centro. 
 
Con Lemuel Gulliver
 
Cuando duermo, las miniaturas cognitivas de la biblioteca trasladan mis aforismos a Liliput, esa nación insular ficticia de ubicación aleatoria. Allí, sus claves interpretativas ganan altura.
 
Intimismo
 
El tono confidencial habla de todos. Recrea el intimismo de un hombre concreto que habita callejones entre luces. Su estar en primer plano difunde rasgos de otros hombres concretos. Cada gota de agua imita formas, texturas y humedades de otras gotas.
 
 
En la diana
 
La conciencia reflexiva  coteja el entorno desde la síntesis. Constata un compromiso con las palabras. Da forma una meditación fragmentada. Lo mínimo es un dardo.
 
Vocación
No recuerdo una fecha exacta, pero los primeros aforismos de mi libro Mejores días (Mérida, 2009) nacieron hacia 2005, ya como textos autónomos para integrarse en un libro futuro. Antes escuché con frecuencia que muchos de mis poemas tienen un cierre aforístico; así que no fue una decisión brusca en la escritura personal sino un ejercicio de libertad y obediencia; de confianza en lo fragmentario para desobedecer la monotonía del todo desde las partes.
Elogio de la soledad
 
 En la soledad llama al timbre el decir breve. Suele presentarse con un detonante concreto: una vivencia, una lectura, un asunto laboral… Así alcanzan una primera redacción que después modifico varias veces. La intuición es una brújula perezosa y poco fiable, aunque siempre llena de matices. Con algo que decir.
 
Sobre el hermetismo
 
El enfoque de la frase corta requiere concentración, saber acotar el sentido. El aforismo no es un topo que busca sombras en medio de la noche.
Elementos de riesgo
 
La columna verbal del aforismo soporta dos elementos de riesgo: el sobrepeso y el esqueleto invertebrado.
 
Tradiciones
 
Las pautas arbitrarias del gusto propio se contrarrestan con la tradición. Mis estaciones de vuelta son mapas con una cartografía urbanizada. Friedrich Nietzsche, Elias Canetti, Wilde, o Chesterton no monopolizan mi trayecto; dejan sitio a los moralistas franceses, a clásicos y coetáneos que acercan al afán renacido de mis pasos el alborozo intacto de un descubrimiento. Ellos propician la voz cómplice, el verbo inconformista o la estricta reflexión.
 
Una novela de ideas
 
 Con tantas definiciones válidas, me gusta pensar que en esas convergencias y divergencias cabe la propuesta de entender el aforismo como una novela de ideas, una ficción cuyo narrador omnisciente es la conciencia del sujeto que deja hablar a sus convicciones éticas y estéticas y cuyo argumento entrelaza interioridad y exterioridad y soporta un continuo amotinamiento de los elementos textuales. El carácter autónomo de cada texto concede al hilo argumental un rumbo imprevisible.
 
Sin derroche retórico
 
En el centro indagatorio del aforismo la búsqueda de la transparencia, la voluntad de orden de los cantos rodados y la apelación a la empatía lectora sin derroches retóricos. Ascetismo verbal.
 
Procesos
 
Extendidos en el tiempo de la digresión, hay procesos tediosos y aburridos. El aforismo es el racimo, no la fermentación.
 
La vida es sueño
 
Calderón confinó en un aserto metafísico las vicisitudes del despertar: la vida es sueño. Y el axioma prosigue senda en el devenir. Se impone así la idea de la representación. La escritura necesita una máscara, un escenario que siembre pasos en situaciones ideales.
El aforismo testifica esas situaciones y es preciso elegir el disfraz del personaje. Toca ponerse el vestido pintoresco del payaso, el velo etéreo de la evocación o la chaqueta gris del moralista. Abro el ropero.
 
 
 

viernes, 21 de agosto de 2026

JAVIER MATEO HIDALGO. SINFONÍA PARA UN SOLO MÚSICO

Sinfonía para un solo músico
Javier Mateo Hidalgo
Prólogo de Daniel Huerta Goya 
Editorial El Sastre de Apollinaire
Colección Poesía
Madrid, 2025

 

QUEDA LA MÚSICA

 
    La poesía de Javier Mateo Hidalgo (Madrid, 1988) mantiene una nítida solución de continuidad, como si los cimientos del yo encontraran en el taller abierto una manera de recorrer lo cotidiano; una búsqueda de sentido de la condición existencial. La voluntad creadora fija lo efímero, trasciende la inmediatez perecedera. Profesor de Bellas Artes en un instituto público madrileño, crítico, dramaturgo y artista visual, la estela lírica de Javier Mateo Hidalgo alienta un discurso reflexivo que fortalece músculos con la experiencia vital.
   El paso armonioso de sus entregas conforma una travesía formada por dos tramos claramente definidos. Un tramo de formación y epifanía integrado por El mar vertical (2019), Ataraxia (2022) y algunos momentos de La imagen sonora (2023), aunque esta entrega puede considerarse una bisagra hacia el afianzamiento. Y una etapa de madurez que deja registros en Arquitectura del sueño (2024) y se fortalece en los conjuntos Novela (2024), y Exposición permanente (2025). A este intervalo creador se suma el libro que alienta esta reseña, Sinfonía para un solo músico, una compilación unitaria de poemas con un pórtico conciso de Daniel Huerta Goya.
   El texto alerta de la afinidad ética y estética con el autor y la existencia en su propuesta de dos núcleos temáticos esenciales: aditamento biográfico y soporte cultural. Son anclajes significativos que, en su condición semántica, muestran afinidades con el juicio crítico de José María Parreño, escrito para Exposicion permanente: “El poema enuncia tejidos de memoria y pensamiento y constituye nuestra única forma de fijar, transmitir y descifrar poesía”. Por tanto, nos hallamos ante una autobiografía ficcional repleta de vislumbres del ser. Un retrato íntimo del yo recreado con un tono meditativo, con pulsión vitalista y sensibilidad elegíaca. Javier Mateo Hidalgo recobra la entidad del pasado, vuelve los ojos hacia los repliegues de la confidencia para encontrarse consigo mismo.
   La introducción examina también el sesgo regulador de la música y su mano inspiradora para dotar a la escritura de un sosegado epitelio sonoro. Sobrevuela los sentidos la séptima sinfonía de Beethoven. Sus movimientos sirven para estructurar un poemario en el que la atmósfera sonora constituye una pulsión orgánica. Para el poeta la música es un paisaje vivo, cambiante, pleno de empatía sensorial, en el que se acumulan sensaciones empeñadas en perdurar. En él se ensamblan vivencias dormidas y sensaciones. Sus armoniosos pasos acogen secuencias del tránsito vivencial. Llenan de significado el tiempo oscurecido, mientras el poeta contiene el aliento para oír la voz de Whitman, Juan Jamón Jiménez y María Zambrano.
   Toca interpretar las partituras. Hay que improvisar escalas y arpegios desde la memoria. En el trasiego de lo cotidiano, repleto de mudanzas y cambios, el poema traza un camino interior. Es una forma de evitar la niebla del tiempo y su capacidad para borrar los pasos de la identidad. El recuerdo llena vacíos, descubre en la pared las huellas de un niño que se desplaza hacia el ahora.
  Cada movimiento abre el misterio. Despierta una respiración que se acompasa entre la obligación y el sueño. Pensamiento e imaginación moldean la belleza del mundo. La música pone voz y sensaciones. El yo poético se siente “un simple trasmisor de la voz de la música”.
   En una poesía enunciativa de aliento realista, donde el ideario versal niega sombras y hermetismos, sorprenderá al lector el perfil caligramático del poema “Diálogo entre el músico y sus instrumentos (Caligrama)”. Se trata de una composición que conjuga fuerza visual y enunciado narrativo.
   Tras la obertura, el libro deshoja destellos que conforman espacios simbólicos. En la segunda sección “Allegretto” resalta el tono emocional de lo biográfico y la captación de atmósferas: las amistades perdidas o recuperadas en el tiempo, la soledad del diferente en las gregarias aulas del instituto, y ese lento proceso de maduración personal, con recuerdos desperdigados en la brisa de los días.
   Poco a poco, el escritor expone con sinceridad las líneas maestras del libro. Así sucede en el poema “Pastoral impresionista”, donde escribe: “Aunque la estructura de este poemario / tiende a ser una falsificación / de la séptima beethoveniana, quiero hablar ahora…”. El comentario verbal no solo define los contornos del conjunto sino también concede un papel protagonista al legado cultural, a la hora de diseñar la escenografía interior y a la música, como desvelo emocional permanente.
  El apartado “Descanso” acentúa el registro evocador. En esa apelación a la memoria, cuajada a veces de sensaciones de soledad e incomprensión, se fortalecen el amor a la música, la literatura y los viajes en los que Italia, por su inagotable, friso cultural, se singulariza como escenario de felicidad gozosa.
   El cierre de Sinfonía para un solo músico, titulado “Presto”, corrobora que la caligrafía invisible de la expresión musical es la manera de transcender la abulia cotidiana. Reconforta el desfile de nombres propios de compositores y piezas inolvidables. El entrelazado de piezas y sensibilidades también articula la partitura vital, ”es embalse, lámina de azogue limpia”. Idealiza y convierte el amor en ensoñación.
   El poemario de Javier Mateo Hidalgo, sobre cualquier otra consideración, es un sostenido homenaje a la música. Cada audición se hace armonía y vuelo en el verso. Es una manera de buscar los sentidos ausentes de quien dispersó pasos en el tiempo y encontró un fondo sonoro que perdura intacto.


JOSÉ LUIS MORANTE