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martes, 24 de marzo de 2015

AMELIA ROSELLI. LA LIBÉLULA


La libélula
Amelia Roselli
Traducción de Esperanza Ortega
Editorial Sexto Piso, Madrid, 2015




INCERTIDUMBRE

  En ese debate inacabable que relaciona el ser biográfico y la identidad escrita, la de Amelia Roselli (París, 1930- Roma, 1996) es una de esas biografías heroicas que no puede obviarse en el analisis del contexto histórico escritural. En ella abundan las circunstancias épicas. Sus progenitores alentaron una continua reivindicación social; su progenitora inglesa fue una incansable activista  y el padre, Carlos Roselli, un intelectual comprometido con la defensa de las libertades en Italia que tuvo que buscar refugio en Paris. Allí nacería Amelia. Pocos años después Carlos Roselli y su hijo serían asesinados por los servicios secretos de Mussolini. Arranca una etapa de exilios y huidas. La familia se instala en Inglaterra y, más tarde, en Estados Unidos, donde comienza su formación en literatura y en música. Ya en Italia, en los años sesenta, salen a la luz sus primeros poemas refrendados por dos mentores de excepción, Pier Paolo Pasolini y Dino Campana. Es una voraz lectora que acumula lecturas de Eliot y Ezra Pound, dos estéticas singulares que conviven con legados diversos como la tradición cristiana, los metafísicos ingleses y el movimiento hermético italiano. Estos idearios cimentan su propia voz, una escritura singular que no admite ninguna etiqueta grupal. 
  La libélula es un soliloquio de cauce libre, un poema río dictado por el flujo continuo del pensamiento que busca curso libre a su discurrir, sin ataduras rítimicas preconcebidas y sin moldes estróficos que pongan coto a la crecida verbal. Ese estar a campo abierto justifica el título. La identidad del hablante propicia las palabras en vuelo, versos que se mueven en el aire como las alas de una libélula.
  Ese movimiento versal arranca claro y firme, como una confidencia compartida que una y otra vez descubre bifurcaciones o vuelve a enunciar lo escrito en el interior de la conciencia. En ocasiones suena con el tono oracular del mantra, o con el subrayado anímico de una plegaria que afrontase un balance vivencial y explorase aristas y  pliegues.
   La senda conforma un itinerario de meandros sin un previsible sitio de llegada. El hilo del discurso divaga, duda, prosigue, como si la razón iniciase un viaje por lo heterogéneo en el que fuesen aflorando puntos alternativos. El hablante lírico habita en un estado de incertidumbre. El poema se ha acostumbrado a hablar entre líneas, sin tener en cuenta al destinatario. Éste podría ser el propio yo desdoblado que se alecciona o podría ser otro confidente cercano que asimila una voz en la penumbra a la que es preciso dotar de rasgos propios. 
  Pero el verbo no busca un sitio franco en la plaza pública. Prefiere la introspección en el discurrir de un tiempo que va acumulando hábitos y decepciones y que deposita sus ojos en el brumoso espejo de las carencias, esa lluvia en el río que se desvanece.
   La poesía de Amelia Roselli cultiva el arte de ser ella misma. Extraña y desbocada en su discurso, concede a los versos una función catártica. Sus palabras rasgan el aire en cualquier dirección sin que ningún asunto alcance preeminencia sobre otro. Reclama un vuelo abierto de alas desplegadas, lleno de oxígeno y claridad.



lunes, 19 de enero de 2015

CLARISSE NICOÏDSKI. VOCES DE SEFARAD

El color del tiempo. Poemas completos



VOCES DE SEFARAD


El color del tiempo
Clarisse Nicoïdski
Traducción de Ernesto Kavi
Editorial Sexto Piso, Madrid, 2014

  Durante el Medievo, el paso de las comunidades judías establecidas en la península ibérica dejó su impronta. Aportaciones artísticas e históricas definieron un variado patrimonio cultural. Fueron siglos de convivencia quebrados con el forzoso exilio, tras la unificación religiosa impulsada por el centralismo de los Reyes Católicos. La expulsión disgregó círculos congregados en Toledo, Zaragoza, Valencia, Córdoba y Granada. Los judíos abandonan Sefarad para instalarsen en el norte de África y el este de Europa. Declinaba una etapa histórica. Solo en el idioma pervivió la conciencia de pertenecer a un pueblo cuyo esplendor efímero vivió etapas de fecundo intercambio con las otras confesiones religiosas y paréntesis de conflicto que alentaron destrucciones de aljamas y persecuciones indiscriminadas.
   La obra El Color del tiempo compila la voz en sefardí de Clarisse Nicoïdski (Lyon, 1938, París, 1996), traducida al castellano por Ernesto Kavi. Los poemas reconstruyen la íntima expresión de un pueblo en los rincones de la historia, y dan asiento textual a un sistema lingüístico con mínimas manifestaciones escritas. La reconocida escritora francesa practicó la autobiografía, hizo crítica de arte y firmó algunas novelas. Su obra lírica se ha traducido a varios idiomas, figura en antologías y ejerció un claro magisterio en poetas hispanoamericanos como Juan Gelman.
   La muerte de su madre provocó en Clarisse Nicoïdski una encendida toma de conciencia. Con el fallecimiento se quebraba el hilo de la infancia y todo el cauce infantil de los recuerdos. Fue el detonante para que amaneciesen palabras que ya nadie pronunciaría más. Este libro se constituye como testigo único y principal del sefardí, tras una diáspora repleta de vestigios orales que fomentaron la idealización de Sefarad y una ciencia conciencia mítica. Estos poemas completos están formado por dos títulos, Los ojos las manos la boca, fechado en 1978, y Caminos de palabras, editado en 1980. Ambos conjuntos mantienen señas compartidas, preferencias por el tono coloquial y el empeño narrativo, la reiteración de construcciones que parecen recordar canciones infantiles en su desarrollo y el cobijo de un amplio clima emotivo, como si las palabras tuviesen una semántica hospitalaria con los sentimientos.
   El primer libro se cierra con una elegía a Federico García Lorca, identidad perdida en los albores de la guerra civil. Es un canto hecho desde el dolor y la gratitud por las palabras que encendieron la lumbre de la poesía y que compartieron el ser hospitalario del poema. En la voz de Clarisse Nicoïdski, el pasado es un espacio luminoso; su visión genera de inmediato un canto elegíaco. Los versos pulsan el ayer y hacen de su epidermis una invitación al regreso, un itinerario onírico que no desaparece en la amanecida. Los breves cantos de Caminos de palabras se pronuncian desde la celebración y tienen un sustrato emotivo y evocador.
  Escribe Ernesto Kavi, responsable de la versión al castellano, “la poesía es una forma de restaurar el tiempo”. Este libro alza una arquitectura idiomática que tras su poda del árbol histórico del castellano siguió una evolución con latidos y esquemas de armonía confiados a la memoria; por tanto, se gesta así otro español, un idioma que dibuja el color del tiempo. Clarisse Nicoïdski, en el breve liminar, anota su razón escritural, a partir del periplo biográfico familiar; su poesía es el preciado testimonio de una lengua secreta.