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En vuelo
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CHARCOS
Llovía. Mientras caminaba despacio bajo el paraguas se hizo niña. Recordó que entonces buscaba
charcos para alborotar su transparencia. Dibujó una sonrisa.
Sumó pasos hasta vislumbrar un círculo de agua en medio de la calle. No dudó.
Plegó el paraguas, lo dejó dormir unos minutos sobre la acera y ensayó un
primer salto, y otro y otro, antes de que faltara el aliento. Entre las
punzadas de humedad su cuerpo se sintió renacido.
Recogió el paraguas y ya no lo abrió en la tarea del regreso. Pensaba
en el personal del geriátrico y en cómo justificaría el desorden de ropa y zapatos mojados. Daba
igual la excusa. De niña, también creía en el final feliz.
(De Cuentos diminutos)