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martes, 3 de septiembre de 2024

JOSÉ ÁNGEL VALENTE. MEMORIA DE POETA

JOSÉ ÁNGEL vALENTE
Ourense, 1929-Ginebra, 2000

                  

       
LECTURAS DE JOSÉ ÁNGEL VALENTE
 
 
El guardián del fin de los desiertos.
Perspectivas sobre Valente
Edición de José Andújar Almansa y Antonio Lafarque
Pre-Textos, Valencia, 2011
 
   El corpus de José Ángel Valente (1929-2000), fallecido en Ginebra a los 71 años,  preserva su vigencia y se ha convertido en línea medular de buena parte de la nómina poética española del cierre de siglo, acogida bajo el epígrafe “poética del silencio”, un aserto esquemático y ambiguo. El escritor sedimenta una estética de la transcendencia que incide en la sumisión de la palabra al pensamiento; el verso se convierte en territorio de búsqueda e incertidumbre, en un descenso hacia la soledad en el que se hace tema substancial la exploración del lenguaje como medio de conocimiento. Su obra diversificada en lírica, páginas autobiográficas, aforismos y ensayos aglutina desnudez, despojamiento e indagación en el sentido último de la finitud a través de elementos simbólicos recurrentes como la luz, la noche, el desierto y la ceniza.
    Valente fue un poeta escindido por voluntad propia de la rama generacional del medio siglo, aunque participara en la puesta en escena que se convirtió en la imagen más nítida de la promoción: la visita a Colliure el 22 de febrero de 1959 y el homenaje a Antonio Machado. Sobre el encaje colectivo de aquellas voces, que tanto debe a Carlos Barral y a las maniobras promocionales de la Escuela de Barcelona, Ángel González ironizó: “Podría decirse de nosotros que teníamos una forma parecida de vivir y de beber, cosas ambas que unen mucho”. Reacio a cualquier retrato de grupo, José Ángel Valente hizo de la independencia un parapeto, disolvió afinidades y analogías de contexto, tachó estereotipos y desoyó compromisos sociales para vivir al margen los últimos quince años de su existencia. Tras una breve estancia en Málaga, buscó casa en Almería, un lugar de la periferia, a trasmano del mercadeo editorial, que lo acogió con hospitalidad. Al cumplirse el décimo aniversario de su muerte, la ciudad mediterránea fue sede de un encuentro de estudiosos y especialistas para abordar la singularidad creadora y el legado intelectual.
   El conjunto de enfoques se compila en El guardián del fin de los desiertos, una aproximación diversa coordinada por José Andújar Almansa y Antonio Lafarque, con disposición de tríptico. El apartado inicial, “La memoria”, explora el anclaje biográfico a través de testimonios que integraron el círculo más íntimo. El introvertido carácter del poeta se disipa pronto, con los bocetos afectivos de Fernando Lara, Ramón de Torres y José Guirao, quien subraya la pasión por la plástica y el profundo calado de los ensayos sobre arte. Son textos que rehumanizan la figura existencial, muchas veces proclive a la aspereza y al juicio espinoso. Para los creadores de asimetrías entre vida y obra, la conclusión general de “La memoria” incide en la idea de que son conceptos complementarios. En esta cronología vivencial figura Antonio Gamoneda con una reflexión que une el pensamiento poético con los hitos biográficos esenciales: vida y muerte, y cierra este núcleo temático el análisis de Andrés Sánchez Robayna sobre el diario inédito. La miscelánea, custodiada tras la muerte del poeta por la compañera sentimental, Coral Gutiérrez, arranca en los años cincuenta y se mantiene hasta sus últimos días. Conviene descartar de inmediato la autoconfesión analítica; la discontinua redacción aglutina apuntes biográficos, esbozos críticos sobre lecturas, citas, disquisiciones aforísticas y bocetos en verso o en prosa. Como es sabido, en septiembre de 2011 el Diario anónimo fue publicado por Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, en edición de Andrés Sánchez Robayna.
    Cuatro aportaciones forman la segunda sección, “Los signos”, centrada en el recorrido creativo. El apartado desvela la segregación natural: poesía, traducción y ensayo. En él sondean José Andújar Almansa, Lorenzo Oliván, Miguel Gallego Roca y Jordi Doce. Exploran la diversidad  genérica y su común aspiración a la unidad a través del carácter cognitivo del lenguaje. La palabra poética trasciende la realidad, multiplica símbolos y oculta a la razón el significado común porque las referencias se disuelven; la escritura no se deja llevar por la inercia de lo establecido. El aporte de José Andújar incide en la visión lírica de Valente, defiende que la poesía nace de la crisis de identidad del sujeto poético y de la necesidad de recobrar el sentido originario de las palabras de la tribu. Lo subjetivo debe disolverse, hacerse barro magmático en el que se cobije la existencia y sus fragmentos. Lorenzo Oliván  establece una cata de las conexiones existentes entre la prosa de creación y el discurso lírico. Toma como punto de partida el aforismo, un género de confluencia que enlaza discurso reflexivo y poesía. Gallego Roca analiza el concepto de traducción del escritor, cuya labor se compiló en 2002 en  su Cuaderno de versiones, prologado por Claudio Rodríguez Fer. El rastreo de obras de otra lengua permite profundizar en legados foráneos y, al mismo tiempo, ayuda a clarificar el sentido de su propia tradición.
   El pensamiento crítico de Valente promueve el ensayo de Jordi Doce; el poeta y traductor perfila un contexto personal a partir de la precaria situación ensayística de los noventa en nuestro país y recupera el supuesto enfrentamiento teórico entre dos magisterios de ese tiempo en los que no percibe suturas: Jaime Gil de Biedma y José Ángel Valente. Jordi Doce emplea como punto de arranque de su aportación los escritos de naturaleza política, o sociohistórica, nacidos en el devenir de la Transición; en ellos, los conceptos de poder y libertad son sustratos reflexivos de primer orden. El análisis del ensayo crítico de Valente resalta la congruencia del mismo con la vertiente lírica.
   El muestrario de cierre acumula enfoques abiertos. Abre la sección María Payeras, investigadora que ha firmado valiosas aproximaciones a la promoción del 50 y a la colección Colliure; de ahí que se detenga en el tramo inicial del discurso lírico, cuando Valente se aproxima a una estética compartida, su discurso teórico se inserta en una realidad simbólica y se proyecta la imagen del autor en la obra. En el primer tramo escritural no pueden difuminarse los enlaces con los fugaces compañeros de viaje. Es una etapa en la que el contexto resulta integrador; la expeditiva presencia de la dictadura reafirma una poética declarativa y testimonial, de fuerte entramado anecdótico, realista y crítica.
   Sobre la convergencia entre estética y filosofía profundiza Carlos Peinado Elliot sobre Tres lecciones de tinieblas, tal vez la entrega más hermética. Conviene recordar que, ya en 1973, Valente emplea la prosa poética en su libro El fin de la edad de plata. En él se extrema la decantación y concisión de la palabra, su misteriosa opacidad para emitir un sentido alegórico, que conecta con la creencia de la poesía como forma de visión.
   La presencia literaria de José Ángel Valente no ha hecho sino acrecentarse. El valor y la actualidad de su testimonio intelectual fomentan aproximaciones y contribuyen a profundizar en un intenso proceso de escritura que ya puede analizarse con perspectiva histórica; una estética de rigor y despojamiento que lleva al lenguaje hasta el punto cero, “en el que el signo vuelve a hacerse pura expectativa”, ámbito de quietud y sosiego donde se manifiesta lo que ha estado oculto.
 
 
 
                                                                JOSÉ LUIS MORANTE



miércoles, 31 de enero de 2024

UN PARPADEO

Convalecencia
Días de enero
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

Un poema no existe si no se oye, antes de su palabra, su silencio

JOSÉ ÁNGEL VALENTE 

 
Un parpadeo.
La claridad, suave,
toca mis gafas.

                  (Inédito)
 

domingo, 12 de febrero de 2023

JOSÉ ÁNGEL VALENTE: DESDE LA ISLA

José Ángel Valente
(1929-2000)
         

 

       

LECTURAS DE JOSÉ ÁNGEL VALENTE

 
El guardián del fin de los desiertos.
Perspectivas sobre Valente
Edición de José Andújar Almansa y Antonio Lafarque
Pre-Textos, Valencia, 2011
 
   El corpus de José Ángel Valente (1929-2000), fallecido en Ginebra a los 71 años,  preserva su vigencia y se ha convertido en línea medular de buena parte de la nómina poética española del cierre de siglo, acogida bajo el epígrafe “poética del silencio”, un aserto esquemático y ambiguo. El escritor sedimenta una estética de la transcendencia que incide en la sumisión de la palabra al pensamiento; el verso se convierte en territorio de búsqueda e incertidumbre, en un descenso hacia la soledad en el que se hace tema substancial la exploración del lenguaje como medio de conocimiento. Su obra diversificada en lírica, páginas autobiográficas, aforismos y ensayos aglutina desnudez, despojamiento e indagación en el sentido último de la finitud a través de elementos simbólicos recurrentes como la luz, la noche, el desierto y la ceniza.
    Valente fue un poeta escindido por voluntad propia de la rama generacional del medio siglo, aunque participara en la puesta en escena que se convirtió en la imagen más nítida de la promoción: la visita a Colliure el 22 de febrero de 1959 y el homenaje a Antonio Machado. Sobre el encaje colectivo de aquellas voces, que tanto debe a Carlos Barral y a las maniobras promocionales de la Escuela de Barcelona, Ángel González ironizó: “Podría decirse de nosotros que teníamos una forma parecida de vivir y de beber, cosas ambas que unen mucho”. Reacio a cualquier retrato de grupo, José Ángel Valente hizo de la independencia un parapeto, disolvió afinidades y analogías de contexto, tachó estereotipos y desoyó compromisos sociales para vivir al margen los últimos quince años de su existencia. Tras una breve estancia en Málaga, buscó casa en Almería, un lugar de la periferia, a trasmano del mercadeo editorial, que lo acogió con hospitalidad. Al cumplirse el décimo aniversario de su muerte, la ciudad mediterránea fue sede de un encuentro de estudiosos y especialistas para abordar la singularidad creadora y el legado intelectual.
   El conjunto de enfoques se compila en El guardián del fin de los desiertos, una aproximación diversa coordinada por José Andújar Almansa y Antonio Lafarque, con disposición de tríptico. El apartado inicial, “La memoria”, explora el anclaje biográfico a través de testimonios que integraron el círculo más íntimo. El introvertido carácter del poeta se disipa pronto, con los bocetos afectivos de Fernando Lara, Ramón de Torres y José Guirao, quien subraya la pasión por la plástica y el profundo calado de los ensayos sobre arte. Son textos que rehumanizan la figura existencial, muchas veces proclive a la aspereza y al juicio espinoso. Para los creadores de asimetrías entre vida y obra, la conclusión general de “La memoria” incide en la idea de que son conceptos complementarios. En esta cronología vivencial figura Antonio Gamoneda con una reflexión que une el pensamiento poético con los hitos biográficos esenciales: vida y muerte, y cierra este núcleo temático el análisis de Andrés Sánchez Robayna sobre el diario inédito. La miscelánea, custodiada tras la muerte del poeta por la compañera sentimental, Coral Gutiérrez, arranca en los años cincuenta y se mantiene hasta sus últimos días. Conviene descartar de inmediato la autoconfesión analítica; la discontinua redacción aglutina apuntes biográficos, esbozos críticos sobre lecturas, citas, disquisiciones aforísticas y bocetos en verso o en prosa. Como es sabido, en septiembre de 2011 el Diario anónimo fue publicado por Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, en edición de Andrés Sánchez Robayna.
    Cuatro aportaciones forman la segunda sección, “Los signos”, centrada en el recorrido creativo. El apartado desvela la segregación natural: poesía, traducción y ensayo. En él sondean José Andújar Almansa, Lorenzo Oliván, Miguel Gallego Roca y Jordi Doce. Exploran la diversidad  genérica y su común aspiración a la unidad a través del carácter cognitivo del lenguaje. La palabra poética trasciende la realidad, multiplica símbolos y oculta a la razón el significado común porque las referencias se disuelven; la escritura no se deja llevar por la inercia de lo establecido. El aporte de José Andújar incide en la visión lírica de Valente, defiende que la poesía nace de la crisis de identidad del sujeto poético y de la necesidad de recobrar el sentido originario de las palabras de la tribu. Lo subjetivo debe disolverse, hacerse barro magmático en el que se cobije la existencia y sus fragmentos. Lorenzo Oliván  establece una cata de las conexiones existentes entre la prosa de creación y el discurso lírico. Toma como punto de partida el aforismo, un género de confluencia que enlaza discurso reflexivo y poesía. Gallego Roca analiza el concepto de traducción del escritor, cuya labor se compiló en 2002 en  su Cuaderno de versiones, prologado por Claudio Rodríguez Fer. El rastreo de obras de otra lengua permite profundizar en legados foráneos y, al mismo tiempo, ayuda a clarificar el sentido de su propia tradición.
   El pensamiento crítico de Valente promueve el ensayo de Jordi Doce; el poeta y traductor perfila un contexto personal a partir de la precaria situación ensayística de los noventa en nuestro país y recupera el supuesto enfrentamiento teórico entre dos magisterios de ese tiempo en los que no percibe suturas: Jaime Gil de Biedma y José Ángel Valente. Jordi Doce emplea como punto de arranque de su aportación los escritos de naturaleza política, o sociohistórica, nacidos en el devenir de la Transición; en ellos, los conceptos de poder y libertad son sustratos reflexivos de primer orden. El análisis del ensayo crítico de Valente resalta la congruencia del mismo con la vertiente lírica.
   El muestrario de cierre acumula enfoques abiertos. Abre la sección María Payeras, investigadora que ha firmado valiosas aproximaciones a la promoción del 50 y a la colección Colliure; de ahí que se detenga en el tramo inicial del discurso lírico, cuando Valente se aproxima a una estética compartida, su discurso teórico se inserta en una realidad simbólica y se proyecta la imagen del autor en la obra. En el primer tramo escritural no pueden difuminarse los enlaces con los fugaces compañeros de viaje. Es una etapa en la que el contexto resulta integrador; la expeditiva presencia de la dictadura reafirma una poética declarativa y testimonial, de fuerte entramado anecdótico, realista y crítica.
   Sobre la convergencia entre estética y filosofía profundiza Carlos Peinado Elliot sobre Tres lecciones de tinieblas, tal vez la entrega más hermética. Conviene recordar que, ya en 1973, Valente emplea la prosa poética en su libro El fin de la edad de plata. En él se extrema la decantación y concisión de la palabra, su misteriosa opacidad para emitir un sentido alegórico, que conecta con la creencia de la poesía como forma de visión.
   La presencia literaria de José Ángel Valente no ha hecho sino acrecentarse. El valor y la actualidad de su testimonio intelectual fomentan aproximaciones y contribuyen a profundizar en un intenso proceso de escritura que ya puede analizarse con perspectiva histórica; una estética de rigor y despojamiento que lleva al lenguaje hasta el punto cero, “en el que el signo vuelve a hacerse pura expectativa”, ámbito de quietud y sosiego donde se manifiesta lo que ha estado oculto.
 
 

                                                                  JOSÉ LUIS MORANTE  



viernes, 19 de julio de 2019

CARLOS ROBERTO GÓMEZ BERAS. APOSENTO

Aposento
Carlos Roberto Gómez Beras
Isla Negra Editores
Colección Filo de Juego
San Juan, Puerto Rico, 2019, 2ª edición



VOLVER AL YO


   Catedrático universitario, editor de Isla Negra, uno de los pilares editoriales del Caribe, y poeta de profusa y reconocida travesía, Carlos Roberto Gómez Beras (República Dominicana, 1959) ha dejado en sus páginas de madurez entregas esenciales como Árbol (2017), salida reeditado un año después en serbio y castellano, cuya estética esencial y fragmentaria muestra un afán de búsqueda. Esa indagación en el lenguaje es también aplicable a su obra más reciente Aposento, denso volumen aparecido en la Colección Filo de juego. 
   El poeta sostiene que titular es un arte, un oficio que debe ejercitarse con extrema perfección porque supone el comienzo de ruta. El sustantivo “Aposento” del título alude a un hábitat cercano e intimista en el que se acomodan los rasgos internos,  más frágiles y personales del personaje poético. Ya en el poema “El ave”, compilado en el libro Solo el naufragio, se añade al nombre una semántica expansiva“… que en el sueño de un poeta / también hay aposento / para la ola que despierta / para el himno que florece (…)”. Entre las cuatro sílabas se encaja el rostro claro del asombro.
   La entrega inicia senda evocativa con unos versos de José Ángel Valente que subrayan el papel esencial de la memoria, ese itinerario hacia el origen  Cada identidad preserva un yo a resguardo en el trayecto vital, una presencia que es quemadura y testimonio. Con ese reflejo intacto se despliega el hilo argumental del primer poema. Sus versos airean una sensibilidad proclive al recuerdo que abre la mirada a vivencias autobiográficas, enriquecidas por el tacto mágico de la imaginación. La voz introspectiva recupera un pretérito moldeado por la ternura de la niñez. El protagonista poético desanda distancias hacia sí mismo por los caminos de la nostalgia con la esperanza de volver a ser Robertico, frágil presencia de la niñez asomada al misterio de la vida al paso. Recordar es dar cauce también a una línea de sombra que subraya la fugacidad y el espejismo; ser es encarnar una pieza en el tablero en manos del destino. Aquella epifanía, habitada por sentimientos y asombros, se va despojando en el cumplimiento de un sendero individual que convierte el ahora en un espacio de estragos y lejanía. De ese estar dan fe las palabras empeñadas en quebrar la sombra: “Contra ruina y cadáver / La palabra que hoy nos despierta. / Escribir  sobre el agua que fluye / porque somos cuerpo y despedida.”
   En la persistente suma de pasos, poco a poco, se oculta la luz para oír cada vez más nítido el rumor de la ceniza. El paisaje humano se hace árido, como si exigiera establecer un balance de sensaciones y olvidos; la filigrana de una estela vacía. Las palabras aluden con frecuencia a identidades familiares que tenían un claro significado existencial; por ejemplo la abuela Rosa, que abandonaba el balanceo de su mecedora para acoger en su estar “un corazón, una caricia y un cielo”. Entre esos rescates afectivos, propiciados por una fotografía o un simple recuerdo, también se vislumbra el lejano perfil del padre y su ausencia madrugadora: “Ayer soñé con mi padre. / Nunca su mirada fue tan horizonte. / Nunca su sonrisa fue tan río. / Nunca sus manos fueron tan caminos”; o la ensimismada biografía de Pepé, aquel tío que sufrió una realidad desapacible. Así se va completando la inasible trama del existir en el que cada vez adquiere más fuerza la percepción de la muerte; nada queda del niño perdido en la memoria. Ahora el yo es el depositario de una conciencia de finitud y cumplimiento, un constructor de dudas que se mira con la sensación de que pronto llegará la noche, como un denso paraguas crepuscular para borrar máscaras y apariencias, mientras las palabras dejan su saldo de gestos, miradas y retornos.
   En el cuerpo central de Aposento sobresale el poema “El bar de Yoryi”, una larga composición narrativa que despliega una emotiva educación sentimental. Se recrean indicios biográficos que marcan el paso a la autonomía juvenil. La pureza infantil y aquel mundo de claridad sentimental son abandonados en el rincón de la melancolía. La existencia ahora es un espacio de inquietud marcado por la mitología del deseo. Recuerdo que en la compilación Aún (1992-1989), que integra los cuatro primeros libros de Carlos Roberto Gómez Beras, se recogía este juicio del escritor y crítico dominicano José Alcántara Almanzor: “Estamos en presencia de una fuerza avasalladora, un universo sensorial en el que la mujer ocupa el centro indiscutible”. En la voz del deseo el cuerpo es un libro de panes, peces y palabras. Con el impulso de quien canta los signos del yo femenino se describen las circunvoluciones del amor, ese sentir que acorrala y desasosiega, que se hace meta y urgencia.
   Para quien concibe el lenguaje como patria del ser, es casi obligatorio el sustrato metapoético y la mirada a la experiencia literaria. En los poemas finales se cobija una filosofía de la creación que muestra un pensamiento pendular entre poeta y poema o entre la voluntad de la escritura  de dar a lo transitorio un espacio de permanencia.
   En la vasija rota del discurrir el poemario Aposento deja una perspectiva de continuidad. Muestra el perfil de la memoria, como quien explora en la piel los oscuros trazos de una cicatriz para resucitar lo perdido, para que no se apaguen las luces del recuerdo y dejen en el poema rastros de luz. La palabra se hace autobiografía, un territorio poético que enlaza tiempos e identidades como un largo puente, tendido en el vacío de ser.



     





jueves, 1 de noviembre de 2018

EL REGRESO DE ADÁN

Desolación
Fotografía de
Internet

EL REGRESO DE ADÁN

Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre

JOSÉ ÁNGEL VALENTE


   Ante el insistente empuje de la melancolía, una mañana de otoño Adán retornó al paraíso. Se adentró en sus espacios con la fuerza feliz de quien busca el lugar propio. No tardó en advertir que recorría un territorio de desposesión. Aquel sitio solo cobijaba abandono.
   En el centro del páramo se alzaba todavía el árbol del bien y del mal; miró aquella silueta y se hizo efectiva la soledad de un tronco calcinado y rijoso, cuyas ramas dormían en un suelo baldío.
   No aguantó más. Bajó los ojos y convocó el olvido, como si el paraíso no hubiese existido nunca. Después, se precipito hacia la salida. Sus pasos tropezaron con el ala inerte de algún ángel, el metal chamuscado de una espada herrumbrosa y una camisa oscura de serpiente. Ya en el umbral, aquellos restos inservibles le hicieron recordar un verso de Ida Vitale: Todo de pronto es nada.

(De Cuentos diminutos)





jueves, 1 de febrero de 2018

JOSÉ ÁNGEL VALENTE. PALABRAS PARA UN HOMENAJE

José Ángel Valente (Orense, 1929- Ginebra, 2000)
              
    
LECTURA DE JOSÉ ÁNGEL VALENTE


   El quehacer literario de José Ángel Valente (1929-2000), fallecido en Ginebra a los 71 años,  preserva su vigencia. Se ha convertido en línea medular de buena parte de la nómina poética española del cierre de siglo acogida bajo el epígrafe “poética del silencio”, un aserto esquemático y ambiguo. El escritor sedimenta una estética de la transcendencia que incide en la sumisión de la palabra al pensamiento; el verso se convierte en territorio de búsqueda e incertidumbre, en un descenso hacia la soledad en el que se hace tema substancial la exploración del lenguaje como medio de conocimiento. Su obra diversificada en lírica, páginas autobiográficas, aforismos y ensayos aglutina desnudez, despojamiento e indagación en el sentido último de la finitud a través de elementos simbólicos recurrentes como la luz, la noche, el desierto y la ceniza.
    Valente fue un poeta escindido por voluntad propia de la rama generacional del medio siglo, aunque participara en la puesta en escena que se convirtió en la imagen más nítida de la promoción: la visita a Colliure el 22 de febrero de 1959 y el homenaje a Antonio Machado. Sobre el encaje colectivo de aquellas voces, que tanto debe a Carlos Barral y a las maniobras promocionales de la Escuela de Barcelona, Ángel González ironizó: “Podría decirse de nosotros que teníamos una forma parecida de vivir y de beber, cosas ambas que unen mucho”. Reacio a cualquier retrato de grupo, José Ángel Valente hizo de la independencia un parapeto, disolvió afinidades y analogías de contexto, tachó estereotipos y desoyó compromisos sociales para vivir al margen los últimos quince años de su existencia. Tras una breve estancia en Málaga, buscó casa en Almería, un lugar de la periferia, a trasmano del mercadeo editorial, que lo acogió con hospitalidad. Al cumplirse el décimo aniversario de su muerte, la ciudad mediterránea fue sede de un encuentro de estudiosos y especialistas para abordar la singularidad creadora y el legado intelectual.
   El conjunto de enfoques se compila en El guardián del fin de los desiertos, una aproximación diversa coordinada por José Andújar Almansa y Antonio Lafarque, con disposición de tríptico. El apartado inicial, “La memoria”, explora el anclaje biográfico a través de testimonios que integraron el círculo más íntimo. El introvertido carácter del poeta se disipa pronto, con los bocetos afectivos de Fernando Lara, Ramón de Torres y José Guirao, quien subraya la pasión por la plástica y el profundo calado de los ensayos sobre arte. Son textos que rehumanizan la figura existencial, muchas veces proclive a la aspereza y al juicio espinoso. Para los creadores de asimetrías entre vida y obra, la conclusión general de “La memoria” incide en la idea de que son conceptos complementarios. En esta cronología vivencial figura Antonio Gamoneda con una reflexión que une el pensamiento poético con los hitos biográficos esenciales: vida y muerte, y cierra este núcleo temático el análisis de Andrés Sánchez Robayna sobre el diario inédito. La miscelánea, custodiada tras la muerte del poeta por la compañera sentimental, Coral Gutiérrez, arranca en los años cincuenta y se mantiene hasta sus últimos días. Conviene descartar de inmediato la autoconfesión analítica; la discontinua redacción aglutina apuntes biográficos, esbozos críticos sobre lecturas, citas, disquisiciones aforísticas y bocetos en verso o en prosa. Como es sabido, en septiembre de 2011 el Diario anónimo fue publicado por Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, en edición de Andrés Sánchez Robayna.
    Cuatro aportaciones forman la segunda sección, “Los signos”, centrada en el recorrido creativo. El apartado desvela la segregación natural: poesía, traducción y ensayo. En él sondean José Andújar Almansa, Lorenzo Oliván, Miguel Gallego Roca y Jordi Doce. Exploran la diversidad  genérica y su común aspiración a la unidad a través del carácter cognitivo del lenguaje. La palabra poética trasciende la realidad, multiplica símbolos y oculta a la razón el significado común porque las referencias se disuelven; la escritura no se deja llevar por la inercia de lo establecido. El aporte de José Andújar incide en la visión lírica de Valente, defiende que la poesía nace de la crisis de identidad del sujeto poético y de la necesidad de recobrar el sentido originario de las palabras de la tribu. Lo subjetivo debe disolverse, hacerse barro magmático en el que se cobije la existencia y sus fragmentos. Lorenzo Oliván  establece una cata de las conexiones existentes entre la prosa de creación y el discurso lírico. Toma como punto de partida el aforismo, un género de confluencia que enlaza discurso reflexivo y poesía. Gallego Roca analiza el concepto de traducción del escritor, cuya labor se compiló en 2002 en  su Cuaderno de versiones, prologado por Claudio Rodríguez Fer. El rastreo de obras de otra lengua permite profundizar en legados foráneos y, al mismo tiempo, ayuda a clarificar el sentido de su propia tradición.
   El pensamiento crítico de Valente promueve el ensayo de Jordi Doce; el poeta y traductor perfila un contexto personal a partir de la precaria situación ensayística de los noventa en nuestro país y recupera el supuesto enfrentamiento teórico entre dos magisterios de ese tiempo en los que no percibe suturas: Jaime Gil de Biedma y José Ángel Valente. Jordi Doce emplea como punto de arranque de su aportación los escritos de naturaleza política, o sociohistórica, nacidos en el devenir de la Transición; en ellos, los conceptos de poder y libertad son sustratos reflexivos de primer orden. El análisis del ensayo crítico de Valente resalta la congruencia del mismo con la vertiente lírica.
   El muestrario de cierre acumula enfoques abiertos. Abre la sección María Payeras, investigadora que ha firmado valiosas aproximaciones a la promoción del 50 y a la colección Colliure; de ahí que se detenga en el tramo inicial del discurso lírico, cuando Valente se aproxima a una estética compartida, su discurso teórico se inserta en una realidad simbólica y se proyecta la imagen del autor en la obra. En el primer tramo escritural no pueden difuminarse los enlaces con los fugaces compañeros de viaje. Es una etapa en la que el contexto resulta integrador; la expeditiva presencia de la dictadura reafirma una poética declarativa y testimonial, de fuerte entramado anecdótico, realista y crítica.
   Sobre la convergencia entre estética y filosofía profundiza Carlos Peinado Elliot sobre Tres lecciones de tinieblas, tal vez la entrega más hermética. Conviene recordar que, ya en 1973, Valente emplea la prosa poética en su libro El fin de la edad de plata. En él se extrema la decantación y concisión de la palabra, su misteriosa opacidad para emitir un sentido alegórico, que conecta con la creencia de la poesía como forma de visión.
   La presencia literaria de José Ángel Valente no ha hecho sino acrecentarse. El valor y la actualidad de su testimonio intelectual fomentan aproximaciones y contribuyen a profundizar en un intenso proceso de escritura que ya puede analizarse con perspectiva histórica; una estética de rigor y despojamiento que lleva al lenguaje hasta el punto cero, “en el que el signo vuelve a hacerse pura expectativa”, ámbito de quietud y sosiego donde se manifiesta lo que ha estado oculto.   
      

                                                      JOSÉ LUIS MORANTE   



martes, 26 de diciembre de 2017

JOSÉ ÁNGEL VALENTE

José Angel Valente

ÉTICA DEL LENGUAJE

Ensayos sobre José Ángel Valente
Juan Goytisolo
Edición de Claudio Rodríguez Fer
Universidade de Santiago de Compostela, Serie Punto cero
Santiago de Compostela, 2009

   Claudio Rodríguez Fer, responsable de la Cátedra José Ángel Valente de la Universidad de Santiago de Compostela, preparó en 2009 un conjunto de análisis críticos de Juan Goytisolo focalizados en la personalidad y en la obra de José Ángel Valente. El libro destinado al circuito universitario tuvo una circulación invisible y creo necesario recuperar su enfoque por la permanente actualidad valentiana. Juan Goytisolo aporta al esquema crítico enfoques de interés y además aprovecha el trayecto para hablar de sí mismo con perspectiva similar a sus mejores novelas y ensayos.
  El objeto de estudio es el pensamiento estético de Valente, cada vez más alejado de la promoción generacional del medio siglo que tuvo su foto de grupo en el conocido homenaje a Antonio Machado, celebrado en Colliure en 1959. El escritor es un creador solitario, empeñado en ensuciar su propio nido como protagonista de una particular experiencia de soledad e independencia. Conforma una cima congruente, de legítimo valor y ejemplaridad por la plenitud de su materia verbal.
  El análisis no podría realizarse sin recuperar autores de referencia como María Zambrano, Miguel de Molinos y Fray Luis de León, a los que es obligado añadir la materia esplendente de la mística. De ello se ocupa el avance “Palmera y mandrágora”, un ensayo donde se reflexiona sobre la dimensión imaginativa de la palabra poética que enlaza lo visible y lo invisible como derivaciones complementarias.
  Un título esencial en el corpus de Valente, Material memoria justifica una aproximación pausada donde se constata la maduración del poeta y su capacidad para asimilar lecturas que se convertirán en elementos indispensables de una expresión radical y renovadora. El hábitat poético retorna a iluminar la experiencia mística y su inmanencia en el apartado homónimo “experiencia mística y experiencia poética.
  Con el verbo sentimental de la despedida, Juan Goytisolo, con motivo de la desaparición del escritor, recrea los lazos amistosos reforzados durante décadas y las convincentes afinidades éticas y literarias. la escala de valores del poeta forja un lenguaje nítido y polisémico.
  Intolerante por convicción y crítico con cualquier componenda que prime el estar frente al ser literario, Juan Goytisolo reivindica la libertad de pensamiento de José Ängel Valente en cada uno de estos apuntes críticos. Perdura el retrato con trazos singulares que hacen de esta obra una baliza de calidad perenne frente al mercadeo de prestigios provisionales y la trivialización de la actualidad literaria. la obra de Valente sigue en pie. y tenía en la palabra crítica de Juan Goytisolo uno de sus mejores valedores.



viernes, 6 de octubre de 2017

JUAN GOYTISOLO. ENSAYOS SOBRE JOSÉ ÁNGEL VALENTE

Ensayos sobre José Ángel Valente
Juan Goytisolo
Edición de Claudio Rodríguez Fer
Universidad de Santiago de Compostela, Serie Puntocero
Santiago de Compostela, 2009


ÉTICA DEL LENGUAJE


   El ensayista y profesor Claudio Rodríguez Fer, responsable de la Cátedra José Ángel Valente de la Universidad de Santiago de Compostela, preparó en 2009 un conjunto de análisis críticos de Juan Goytisolo focalizados en la personalidad y la obra de José Ángel Valente. El libro destinado al circuito universitario tuvo una circulación invisible y creo necesario recuperar su enfoque por la permanente actualidad valentiana. Juan Goytisolo aporta al esquema crítico enfoques de interés y aprovecha el trayecto para hablar de sí mismo con perspectiva similar a sus mejores novelas y ensayos.
  El objeto de estudio es el pensamiento estético de Valente, cada vez más alejado de la promoción generacional del medio siglo que tuvo su foto de grupo en el conocido homenaje a Antonio Machado, celebrado en Colliure en 1959. El escritor es un creador solitario, empeñado en ensuciar su propio nido como protagonista de una particular experiencia de soledad e independencia. Conforma una cima congruente, de legítimo valor y ejemplaridad por la plenitud de su materia verbal.
   El análisis no podría realizarse sin recuperar autores de referencia como María Zambrano, Miguel de Molinos y Fray Luis de León, a los que es obligado añadir la materia esplendente de la mística. De ello se ocupa el avance “Palmera y mandrágora”, un ensayo donde se reflexiona sobre la dimensión imaginativa de la palabra poética que enlaza lo visible y lo invisible como derivaciones complementarias.
Un título esencial en el corpus de Valente, Material memoria justifica una aproximación pausada donde se constata la maduración del poeta y su capacidad para asimilar lecturas que se convertirán en elementos indispensables de una expresión radical y renovadora. El hábitat poético retorna a iluminar la experiencia mística y su inmanencia en el apartado homónimo “Experiencia mística y experiencia poética.
  Con el verbo sentimental de la despedida, Juan Goytisolo, tras la desaparición del escritor, recrea los lazos amistosos reforzados durante décadas y las convincentes afinidades éticas y literarias. la escala de valores del poeta forja un lenguaje nítido y polisémico. Intolerante por convicción y crítico con cualquier componenda que prime el estar frente al ser literario, Juan Goytisolo reivindica la libertad de pensamiento de José Ängel Valente en cada uno de estos apuntes críticos. Perdura el retrato con trazos singulares que hacen de esta obra una baliza de calidad perenne frente al mercadeo de prestigios provisionales y la trivialización de la actualidad literaria. La ética del lenguaje de José Ángel Valente sigue en pie. Y tuvo en el inconformismo crítico de Juan Goytisolo un valedor incansable.




martes, 17 de enero de 2017

JOSÉ ÁNGEL VALENTE. MIRADA INTERIOR

José Ángel Valente (1929-2000)

DIARIO ANÓNIMO


   Tras la muerte de José Ángel Valente en el 2000, la obra del poeta orensano se enriquece con la aparición de un abundante material de apariencia autobiográfica, escrito de modo discontinuo a lo largo de cuatro décadas. Estos inéditos, custodiados por su compañera Coral Gutiérrez, conforman una síntesis de claves intelectuales; su diversidad integra relevantes signos del itinerario creador que amanece en 1955 con A modo de esperanza y finaliza con la entrega póstuma La experiencia abisal, una compilación de prosas críticas editada en 2004.
   En la meditada introducción de Diario anónimo Andrés Sánchez Robayna comenta aspectos formales y el contexto vivencial de las distintas etapas de escritura para concluir que el centro de reflexión de estos cuadernos es el problema de la identidad del sujeto. Esta indagación tiene en José Ángel Valente amplio tratamiento. Por tanto, el título de este diario no es una invitación al desconcierto: ¿Cómo se puede denominar diario anónimo si la autoría figura en el siguiente renglón de cubierta? Una anotación del propio Valente resulta clarificadora: “Diario anónimo: papeles inéditos de personajes que probablemente no existen, pero que de algún modo debieron haber existido”. Los escritos dibujan un sujeto textual diferenciado del protagonista biográfico, cuya experiencia se diluye y se inserta en un cauce expresivo universal.
   En su diversidad el cuaderno incorpora también anotaciones íntimas que ayudan a conocer con más profundidad de campo la visión particular sobre lo doméstico; pero las que prevalecen son los esquejes del taller de autor que en muchas ocasiones se configuran en su formato definitivo como poemas, ensayos breves, comentarios y consideraciones bibliográficas. Son indicios de un amplio campo de intereses en los que se reiteran, de forma intermitente, núcleos temáticos discontinuos en los que se formulan dos cuestiones significativas: el acontecer diario en cuanto sujeto de enseñanza moral y el sentido final de la escritura. Son dos horizontes que dan al diario un carácter reflexivo; más que el anecdotario los fragmentos acogen referencias bibliográficas, paráfrasis de citas y simples notas que formulan lecturas en ciernes. Por otra parte, la razón del texto constituye una obsesiva pregunta sin respuesta.
  Hay un consenso unánime en considerar a José Ángel Valente una de las voces más significativas de la lírica hispánica de la segunda mitad del siglo XX, se integre en la llamada Generación del 50 o se destaque su reivindicada condición de pájaro solitario. La publicación de este diario anónimo, que agotó su primera edición en unos meses, da la oportunidad de entender mejor a un intelectual controvertido cuya literatura ofrece siempre luz y abrigo.


martes, 13 de marzo de 2012

JOSÉ ÁNGEL VALENTE. DIARIO ANÓNIMO.


Diario anónimo (1959-2000)
José Ángel Valente
Edición de Andrés Sánchez Robayna
Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2011

   Tras la muerte de José Ángel Valente en el 2000, la obra literaria del poeta orensano se enriquece con la aparición de un abundante material de apariencia autobiográfica escrito de modo discontinuo a lo largo de cuatro décadas. Estos inéditos, custodiados por su compañera Coral Gutiérrez, conforman una síntesis de claves intelectuales, y su diversidad integra relevantes signos del itinerario creador que se inicia en 1955 con el poemario A modo de esperanza y que finaliza con la obra póstuma La experiencia abisal, libro que compila prosas críticas, editado en 2004.
   En la meditada introducción, Andrés Sánchez Robayna -editor también del cuerpo lírico completo- comenta los aspectos formales del diario y el contexto vivencial de las distintas etapas de escritura. Concluye que el centro de reflexión de estos cuadernos es el problema de la identidad del sujeto. Esta indagación tiene en José Ángel Valente un amplio tratamiento. Por tanto el título de este diario no es una invitación al desconcierto: ¿Cómo se puede denominar diario anónimo si la autoría figura en el siguiente renglón de cubierta? Una anotación del propio Valente resulta clarificadora: “Diario anónimo: papeles inéditos de personajes que probablemente no existen, pero que de algún modo debieron haber existido”. Los escritos dibujan un sujeto textual diferenciado del protagonista biográfico, cuya experiencia se diluye y se inserta en un cauce expresivo universal.
   El diario incorpora también anotaciones íntimas que ayudan a conocer con más profundidad de campo la visión particular sobre lo doméstico; pero las anotaciones que prevalecen son los esquejes del taller de autor que en muchas ocasiones se configuran en su formato definitivo como poemas, ensayos breves, comentarios y consideraciones bibliográficas. Son indicios de un amplio litoral de intereses donde se reiteran, de forma intermitente, algunos núcleos temáticos de una escritura discontinua en la que se formulan dos cuestiones significativas: el acontecer diario en cuanto sujeto de enseñanza moral y el sentido final de la escritura. Son dos polos que dan al diario un carácter reflexivo; el estar contingente apenas late; ya se ha dicho: más que el anecdotario, los fragmentos acogen referencias bibliográficas, paráfrasis de citas y simples notas que formulan lecturas en ciernes. Por otra parte, el sentido de la escritura constituye en todos los géneros del autor una obsesiva pregunta sin respuesta.
   Hay un consenso unánime en considerar a José Ángel Valente una de las voces más significativas de la lírica hispánica de la segunda mitad del siglo XX, se integre en la llamada Generación del 50 o se destaque su reivindicada condición de pájaro solitario. La publicación de este diario anónimo, que agotó su primera edición en unos meses, da la oportunidad de entender mejor a un intelectual controvertido cuya literatura ofrece siempre luz y abrigo.