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jueves, 23 de junio de 2016

ANTONIO CABRERA. CORTEZA DE ABEDUL

Corteza de abedul
Antonio Cabrera
Tusquets Editores
Barcelona, 2016

CORTEZA DE ABEDUL

   Antonio Cabrera (Medina Sidonia, 1958) ha recorrido en el tiempo un largo itinerario docente como profesor de filosofía y este quehacer tiene una presencia continua y transversal en la definición de su poesía. El gaditano afincado en Castellón tiene en el curso de su escritura una inclinación natural a lo reflexivo, donde los versos nacen del aprecio a lo cercano y de una sensibilidad dispuesta y vigilante.
Tras la publicación en 2014 de su antología Montaña al sudeste, con prólogo de Josep Maria Rodríguez, agrupa sus inéditos en el poemario Corteza de abedul, cuyo título ya especifica de forma evidente que la naturaleza y sus elementos adquieren en el ideario de Antonio Cabrera un protagonismo central. Lo exterior vela las contingencias del intimismo ensimismado  y propicia un diálogo incansable que fuerza a la conciencia del sujeto a ampliar límites. Lo ajeno se hace costumbre y desplaza hacia las galerías de quien percibe su respiración. Allí mantiene sus señales de vida, que mudan en abstracción y pensamiento.
  La naturaleza nunca es un envoltorio frío sino un organismo proteico que camufla colores y líneas. El paisaje ofrece sus propios puntos de vista, como un espacio de afirmación frente al yo: “Tú aún no lo eres / pero el paisaje sí, él ya le es fiel / y da un paso de luz retrocediendo en torno. / Pon distancia también para estar dentro. / Contémplala, respira.” Las sensaciones conforman una amplia superficie en la conciencia, en su percibir establecen un orden natural de quietud y permanencia que se hace presente desde la evocación; se crea un estar cercano, un sitio interior: “Están en torno a mí / pero como a resguardo, / en existencia que no toca / ningún otro existir. / Que sean contiguas / carece de valor,  porque la luz las marca / y las preserva incólumes “.
  Pero el sujeto verbal no solo incide en el patrimonio sensorial del discurrir. Los versos se hacen voz apelativa para glosar razones, para incidir en la plenitud de la convivencia con los fugaces invitados del asombro: pájaros, flores diminutas que muestran su apacible armonía en la intemperie del tiempo, y mínimas criaturas que se hacen accesibles un instante para hacer posible su contemplación ensimismada.
  En Corteza de abedul asoma vivo y pleno un mundo respirable que es al mismo tiempo fugacidad y permanencia, que muestra su desorden, ese azar pautado que deshoja la vida al paso convertida en lección y en elegía. Entre la naturaleza y el yo se establece siempre una distancia corta y en ella el pensamiento busca el pulso elemental de la belleza.


miércoles, 28 de enero de 2015

A MEDIA VOZ...

Casa de Cristal (Madrid, 2015). Fotografía de Javier Cabañero


 
A MEDIA VOZ

   Casi toda mi poemas se compilan en Mapa de ruta, una antología editada por Maillot Amarillo, en 2010, con prólogo del poeta y crítico Josep María Rodríguez. En su cartografía se definen motivos recurrentes: la construcción del yo verbal -un personaje dubitativo-, el paso del tiempo, los claroscuros de lo cotidiano y esa pupila social que guarda sitio, desde la ética,  a disonancias y afinidades.
   Creo que los géneros literarios son habitaciones que se comunican. Los rasgos identitarios de mis poemas tienen un aire de familia con mis relatos breves y con los aforismos de Mejores días y Motivos personales. Todos son textos con vocación dividida entre el pensamiento lírico y la reflexión social. 
   Sé cuál es la naturaleza esencial de la escritura: hablarnos con luz peculiar de un personaje y sus alrededores. Intimismo biográfico, dicho a media voz.