Mostrando entradas con la etiqueta Kalathos Editorial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kalathos Editorial. Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de febrero de 2021

SONIA CHOCRÓN. HERMANA PEQUEÑA

Hermana pequeña
Sonia Chocrón
Prólogo de Zoé Valdés
Editorial Eclepsidra
Colección Vitrales de Alejandría
Caracas, 2020 

ESCALAS

 Escritora multiforme, Sonia Chocrón (Caracas, 1961) protagoniza una propuesta creadora en la que buscan sitio la ficción narrativa, el cuento, los guiones cinematográficos y de televisión y un prolongado cauce poético, iniciado a comienzos de los años noventa. Una labor de convivencia de géneros que tiene voluntad unitaria y ha sido distinguida, en su desarrollo, con diferentes premios y reconocimientos. Tras la reciente reedición en España de Bruxa y Toledana en 2019 por Kalathos Editorial, al cuidado de David Alejandro Malavé y Artemis Nader, el volumen Hermana pequeña prosigue con su exploración lírica sobre la pulida piedra fría del presente. La indispensable colección venezolana Eclepsidra, que dirige la poeta Carmen Verde Arocha, nos ofrece una edición de pulcro formato; cuenta con una introducción de la escritora cubana Zoé Valdés, quien describe el abanico de poemas como “un estado de excepción anímica”; resalta el divagar constante por lo mítico familiar para ser de niebla o no ser sino un puro flujo de la conciencia. Por su parte, la voz enunciativa de Saúl Sosnowski define este anclaje poético de Sonia Chocrón como un entrelazado autobiográfico de “Líneas que conjugan huidas, abandonos y rescates, a través de la memoria, de la amorosa entrega a lo más cercano, del sensual paisaje por su cuerpo”.
  La poeta caraqueña ofrece como umbral una obertura que clarifica el título; el epígrafe procede de un fragmento del poema litúrgico para año nuevo “Ajot Ketaná” “Hermana pequeña”, del Rabi Abraham Hazan de Gerona, quien vivió en la baja edad media del siglo XIII. Junto a ese apunte de la tradición cultural judía, otros dos nombres fuertes preceden al deambular inquieto del poema: Idea Vilariño y Alejandra Pizarnik, dos territorios poéticos del canon, ya convertidos en paradigmas de la incertidumbre existencial. Con ellos sale a la amanecida un poemario cuyo tema esencial es la focalización de un ámbito preciso en un tiempo de soledad desapacible que empuja al exilio interior. En esta geografía perturbadora de la memoria se intensifican las conexiones entre el sujeto poético y una realidad agresiva en sus contornos. Los poemas enfocan lo doméstico, hacen de la observación del testigo un sustrato de conocimiento y búsqueda. La escritura nace desde la negación de un ahora proclive al derrumbe que invita a la huida. La esperanza no encuentra sitio y es necesario buscar un pasadizo a otra realidad más habitable: “Entiende que todos nos vamos aunque el cuerpo se / quede / de la misma forma que nos abandona / un suspiro y su estela impalpable / O como un desmayo negro sobre la / alfombra “. (P. 27).
  En el ideario de Sonia Chocrón la evocación va sumando las escalas del tránsito vital. Son sitios marcados por ese afán de comprender la incontinente sucesión de causas y efectos que genera el discurrir; los recuerdos nacen desde otro tiempo donde las figuras familiares conforman todavía un equipaje afectivo. Los poemas propagan un luminoso legado sentimental, contrapuesto a las manos vacías del ahora, que alimentan el desconsuelo de una vejez prematura. Ese itinerario del estar es una senda repleta de espacios personales ubicados en la experiencia directa: la urbanización Altamira en el municipio Chacao, el Cementerio del Este  o de la Güairita, la Plaza el Venezolano, en una de las zonas más antiguas de Caracas… Son estaciones de paso donde se guardan secuencias vitales que perduran intactas. En “Cementerio del este” se acentúa la presencia de la muerte. La gravedad de la ausencia no es un concepto frío y objetivo sino una realidad que afecta a los padres, identidades concretas que ponen en la mirada un velo de orfandad estremecida. Poco a poco, la estela de instantes, vivida en común, crea la condición del superviviente, la obligación asumida de protagonizar una vida pequeña en lo diario, proclive a la añoranza y a las pesadillas. Esas historias nocturnas de la vigilia buscan su propia forma expresiva como mínimos relatos que no se disuelven en la amanecida, como si fuera necesario invocar en los meandros del poema todo aquello que ahora parece arqueología sentimental: “cementerios vivos, casas muertas, calles estancadas”.
   Se hacen puntos de luz en esta cartografía afectiva otros enclaves que alternan contrastes: el complejo recreativo del Club Puerto Azul, que tantas emociones depositó en la infancia, el corazón urbano de Caracas, donde se alborotaba la vida social o la propia casa familiar son supurantes heridas que han perdido el epitelio de la felicidad para convertirse en apagados destellos que confinan una tediosa incertidumbre. Ni siquiera el amor y el deseo siguen en pie, son espejismos del cuerpo que ya no pertenecen sino a las calladas turbulencias del cuerpo.
  Hermana pequeña es un libro de estela autobiográfica, de recuerdos que manan hacia adentro con voz intensa y estremecida. Su lenguaje condensa despojamiento, desnudez y la complicidad estremecida del lector. En el recorrido personal del protagonista, que marca las inflexiones de este largo poema fragmentado, se impone la necesidad de compartir grietas y huidas. El peso sombrío de la memoria siembra sensibilidad para preservar los resquicios. Ese periplo de inquietudes que despliega un presente agónico, por el que caminan, perdidas como extraños transeúntes, las divagaciones y dudas. Más que nunca, se hace necesaria una conciencia en vela para descubrir una realidad herida de contradicciones y engaños, solo habitada por la ausencia. Las palabras enuncian que existir es esa mezcla de pesimismo y esperanza que empuja a seguir en pie, que hace del poema una roca, un tronco firme que lucha a solas contra la tormenta.
 
 
                                                                                       JOSÉ LUIS MORANTE


sábado, 9 de noviembre de 2019

SONIA CHOCRÓN. TOLEDANA / BRUXA


Toledana / Bruxa
Sonia Chocrón
Cubierta e ilustraciones interiores
de
Juan Vicente Gómez Landaeta
Kalathos Editorial
Madrid, España, 2019
 MUTACIONES DEL YO


  La voluntad creadora de Sonia Chocrón (Caracas, Venezuela, 1961) expande una sostenida convivencia de géneros. Aglutina novelas, relatos, guiones de televisión y cinematográficos, y completa quehacer con una amplia dedicación poética. Tan extenso trabajo está refrendado por un largo inventario de premios. Su legado poético suma ahora, en el catálogo de la editorial Kalathos, dos salidas, Toledana y Bruxa, ambas integradas en un único volumen.
   Precede a los poemas de Toledana una mínima nota que alude a una leyenda medieval castellana, que serviría como fuente inspiradora de las composiciones. Raquel, una hermosa judía de Toledo, capital por entonces de las tres culturas peninsulares, inspira en el rey castellano Alfonso VIII una fuerte pulsión amorosa. esa relación trastoca el buen hacer del rey e impulsa la reacción del pueblo. Para eliminar el influjo que consume la voluntad del monarca, los vasallos deciden dar muerte a la hermosa muchacha.
   De tan romántico argumento se nutren los poemas del libro. Sonia Chocrón renuncia a la crónica sentimental para hilvanar la historia en primera persona, a través de una dicción, de corte sefardí antiguo, que retorna al ambiente de época. El monólogo dramático permite recuperar la identidad de la amada. En ella fermenta una intensa reflexión cuando el amor convulsiona, como si la intimidad moldeara una nueva naturaleza. Toledo, ese entorno urbano sobre el Tajo que aglutina  sinagogas,  mezquitas y templos cristianos, se hace escenario cómplice; parece que las piedras tuviesen alma y comprendieran que el cauce sentimental vivifica y llena los sentidos de transparencia. De ese estar toma conciencia la voz del poema: “Soy Raquel de las cumbres de Toledo / la amamantada con leche y miel / casa fértil ya bendicha por las madres / ancestrales de mi fe….”. Los versos describen un ánimo en revuelo, que deja alas a la pasión. Ese estado contradictorio aliña tristeza y alegría, agua cautiva y manantial remansado.
   La escritora divide el avance argumental en tres tramos; si en el primero la voz de Raquel relata con emotivo afán el despertar de la semilla del deseo, el segundo apartado, con cita prologal de El Cantar de los cantares,  mitiga el tono sentimental para clarificar el pensamiento y los efectos de la temporalidad en el muro sentimental. Es hora del encuentro para que el abrazo encuentre suelo fértil, aunque deba ser motivo de escándalo. De esa contradicción entre la fuerza pasional del cuerpo y la voz de la razón, que avisa preventiva, afloran sensaciones de soledad y angustia que rompen el sosiego: “Yo te inquiero alma mía / huésped de mi cuerpo caprichoso / ¿No sabes que no puedes? / ¿No sabes que no debes?”.
  La sección de cierre se abre con dos versos de Gabriel Bocángel. Como si el destino quisiera cumplimiento y razón en el estar, la desazón anida en las palabras. Sin la plenitud confirmatoria del amor, Raquel se siente un cuerpo a la intemperie, una voz dubitativa que explora rumbo entre la sombra, que firma pactos con la finitud como si la muerte se adelantara y solo fuera posible la conmoción del amor en la oscuridad. No hay consumación sino celda de reclusión, camino hacia el largo destierro del final. El amor renacido y fresco es solo evocación y deseo, un comienzo imposible.
   Publicado por primera vez en 1992, y finalista del premio Internacional de Poesía Juan Antonio Pérez Bonalde, Toledana es una celebración de la inocencia, un canto al amor que recupera el verbo dormido de la lengua sefardí para dar al sentimiento, más allá de las normas jerárquicas, de la diferencia de fe, o de la posición social, un protagonismo en primer plano.
   La incomprensión social de la experiencia amorosa –aunque apenas se manifiesta en el poemario, más allá de algunas reflexiones del yo poético- el fracaso emocional y la aridez del estar solo generan una fuerte mutación en el relato lírico. La inocencia se transforma en sombra. Ese cambio vislumbra, veintisiete años después, un nuevo poemario, Bruxa, en el que se refugian las aristas más desapacibles de la conciencia, como si asistiéramos al advenimiento de alguna plaga bíblica. La hermosa muchacha es ahora la bruja, la hacedora de ritos que siembran dolor y miedo. Así lo corrobora en el espejo la voz conforme  de quien se muestra ante sí misma: “Pertenezco a un ejército de infames / metódicos / Vivimos agazapados observando / en nuestros resquicios / para que los buenos / no huelan nuestros nervios.”
  La perspectiva ética de Bruxa traslada los poemas a la dicción del presente, lo que enriquece los niveles de lectura. Ya no es solo el fluir de un relato emotivo individual que muestra su orfandad sino la atmósfera de grisura de un presente desapacible que  llena sus resquicios de derrotas e inconformismo: “Esta es mi ciudad / Una villa fantasma / Un valle impuntual / perra callejera / Tus basureros / Tu estiércol…”   La existencia se convierte en un fallido intento de entender el brumoso fluir del tiempo: “Penetro la oscuridad para entender / lo oscuro / Y rasgo el mal / para entender el mal”
   Así se va haciendo evidente en lo cotidiano un estado de desafección. Cada gesto evidencia los pliegues de la sombra, las voces callejeras del dolor, la ilusión del amor hecha jirones, como si padeciera un hechizo, o habitara un infierno doméstico que no dejará sitio a la claridad de otro futuro.
   Uno de los poemas esenciales de Bruxa es “Sorcellerie”; da voz a una emotiva poética sobre la utilidad de las palabras y su función esencial: “No escribo poesía / solo voy al estanque de las palabras y escojo / nuevas, o viejas y olvidadas / y las junto como si ensartara un abalorio / de muchas cuentas / y ambiciones / Mundo, hombre , amanecer / Cielo, hambre fin / porque todas mis fórmulas mágicas / y líquidos, hilados y envueltos / están en mi lenguaje” Otra vez el lenguaje se plantea como elemento esencial del sujeto. Es el catalizador adecuado para trazar los límites de  pensamientos y percepciones en la suma vital.
   En ese estar en la sombra, la memoria mitiga la sed y recupera los hilos de luz de un tiempo áureo, cuando el amor era la clave básica de la identidad. En el poema “Mutaciones” leemos: “No siempre fui yo / la infiel / Una vez fui otra / en un tiempo lejano…” Siempre la condición básica del existir es la finitud, todos estamos abocados a un caminar transitorio que también sobrevuela sobre sentimientos y emociones.
  En los poemas de Toledana y Bruxa Sonia Chocrón convierte el sentir amoroso en un Jano bifronte. En su poesía, la calidez del sustrato intimista se hace rumor de nieve. Constata que lo más hondo del yo confidencial también es materia expuesta a la intemperie; amanecida que en el instante del comienzo ya contiene la opacidad fría de la noche.

JOSÉ LUIS MORANTE
         

jueves, 5 de abril de 2018

MIGUEL MARCOTRIGLIANO L. (Compilación) NUESTROS MÁS CERCANOS PARIENTES

Nuestros más cercanos parientes
Breve antología del cuento venezolano de los últimos 25 años
Miguel Marcotrigliano L. (Compilación)
Kalathos Ediciones, Madrid, 2017


RELATOS DESDE VENEZUELA

  Miguel Marcotrigiano L. compila la madurez expresiva y formal del relato venezolano contemporáneo, escrito en el último cuarto de siglo. Busca definir trazos en la cosecha de treinta y tres autores que conecta con las inquietudes argumentales de un tiempo convulso y sin vertientes estéticas vertebradoras. En el recorrido histórico de Venezuela, el cuento ha sido uno de los géneros más fértiles del siglo XX y su expansión prosigue, desatada, en el universo digital de internet. Sus estrategias propician campos argumentales abiertos, solo configurados por la querencia creadora. Desde ese principio básico de todo cuento, se recuerda en el prólogo de esta selección que: “Si la literatura es búsqueda de sí mismo, la produzcamos o no, el cuento debe ser una historia que nos refleja, nos espejea y nos interroga. Para un venezolano el cuento de nuestro país debe ser un espacio ideal, propio, donde nos reconocemos”.
  El cierre de siglo abocó en una situación de crisis económica social y política que deja en el exterior la imagen de una nación fragmentada socialmente e inmersa en graves conflictos; pero la literatura no se configura como crónica testimonial del momento histórico en el que se produce sino como interpretación de lo contingente, siempre abocada a la subjetividad del autor. Los textos, por tanto, se defienden solos; se incorporan a este muestrario vivo al amparo de un criterio antológico que vislumbra la culminación de procesos de taller.
   Exenta de aparato crítico y del perfil biográfico de cada antologado, la muestra se configura como un conjunto aluvional, con treinta y tres aportaciones. Ya se ha comentado que no hay una línea estética uniforme; el itinerario se va gestando al paso, sin más coordenadas situacionales que las integradas en la maleable alquimia ficcional.
  Los puntos de anclaje del relato son muy diversos. Así, el cuento de apertura, firmado por Víctor Alarcón (Caracas, 1985) aparece como una crónica amorosa y excesiva, en la que se refleja el ambiente nocturnal de la música en directo. Un ambiente habitado por personajes pintorescos que se definen por una sintaxis hiperrealista, en la que se integran giros y expresiones de lo marginal. Pero el contraste es inmediato y el mínimo cuento de José Tomás Angola Heredia, “La cometa del mundo” aloja una historia intimista en la que asoman dos actitudes contrapuestas, la inocente perplejidad de la infancia y el sesgo violento y desatado del sicario, abordando con eficacia, sin conciencia, el trabajo sucio.
  Hay temáticas como la violencia o el sexo cuyo tratamiento explícito suele causar una notable convulsión en el lector. Recuerdan en sus lindes verbales a los itinerarios del realismo sucio y a otras etiquetas estéticas que añaden claves complementarias como el sentido crítico, la ironía o el sarcasmo. En ese registro se sitúa la aportación ficcional de Mardon Arismendi (El Tesoro, Barinas, 1986), ejemplo de desbocamiento imaginativo y de bifurcación argumental. El cuento encuentra en Krina Ver (Polonia, 1948) casi un negativo, por su clasicismo intimista que acerca la pieza a la narración neorromántica.
   El mínimo fruto de Laura Gracco (Barquisimeto, 1960)  traza una perspectiva tenebrista de un país cuyo nombre no se verbaliza, pero que remite de inmediato a una geografía concreta y a ese paréntesis cronológico en el que los sueños se desvanecen porque no es posible el regreso. "Esto", como nombre simbólico, evoca en su totalidad el espacio de incertidumbre en el que tanta gente ha perdido la luz de amanecida o se ha visto avocada a un exilio interminable. Otra dimensión abre “Taxidermia”, el cuento de Fedosy Santaella, uno de los cultivadores más relevantes del género en Venezuela por los títulos publicados y las distinciones conseguidas. El texto seleccionado entremezcla erudición cinéfila y vuelo imaginativo para ampliar la realidad cotidiana con contingencias insólitas que van creando meandros en el trazado del relato, como si realidad e imaginación dialogaran de manera incansable en las percepciones individuales. Emotivo y pleno de fuerza resulta el cuento sobre la identidad y el sabotaje amoroso de Fernando Vanegas (San Cristóbal, 1939). El desamor y la soledad logran una expresión pautada con gran acierto en el dibujo del personaje principal y su caminar en el deseo de ser otro.
  No procede resumir aquí los puntos cardinales de todos los componentes de este inventario, pero sí explorar el aire que profesan las voces creadoras; desemboca en un rico catálogo de recovecos expresivos y originales. Cada material extiende una voz nítida y personal que comparte sueños e inquietudes, afronta  temas básicos de lo cotidiano, y da hilo a la conciencia de ser y sentir.
  Las ficciones contienen la experiencia de la vida al paso. Van moldeando autobiografías imaginarias y conmovedoras vivencias en un marco que casi nunca es localista y preciso. Sus sendas entrelazan sensaciones dispares: desde el lirismo de los sentimientos hasta la llaga profunda del desencanto, incapaz de superar las erosiones. De este modo, la muestra marca las pulsaciones del relato. Dibuja un país que nunca se ofrece como escenario exótico sino como ventana donde la realidad también cierra los ojos, u olvida las connotaciones mágicas de la idealización.
   Desde el cuento como ejercicio expositivo, la vida tiende a lo difuso y a lo inexistente. Se muestra como un mero ejercicio de supervivencia en el que es necesario encontrar respuestas, despertar en la amanecida una razón de ser.