ADVIENE LA TERNURA A LAS ESTATUAS
Los domingos
advienen las estatuas
a sus probas lecciones de de ternura
vistiendo tafetanes
de líquenes y musgos.
Miran los desarmados uniformes,
recolectan pronósticos de tiempo,
posan con provincianos y parejas,
nos sonríen con gestos de gioconda
cuando el flash se dispara,
comen pipas y chicles
y alquilan, sin reparos, las palmas de sus manos
a ua fauna diversa, pero mínima.
Adelantando el índice componen
profusos pentagramas de zureos.
En los ocres repliegues del crepúsculo
son ungidas con lluvia
y ofrendan una lágrima a los cielos
desde las fuentes secas de sus ojos.
(De Rotonda con estatuas, 1990)