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jueves, 17 de abril de 2025

INQUISICIONES

Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936-Lima, 2025)

INQUISICIONES

   Tras el fallecimiento del escritor peruano Mario Vargas Llosa el día 13 de abril de 2025, he asistido a la apresurada fermentación de opiniones polarizadas. Escucho el abrazo entre pensamiento y poesía del aforismo:

. Cuánta bilis en los objetores de la inteligencia.

. ¿Los que cuestionan a quienes han leído a Mario Vargas Llosa, conocen el legado del peruano universal, o son también una mentira de la literatura?

. A distancia los chismorreos del folletín sentimental tienen la limitada consistencia de un argumento ficcional.

. Ajenos al placer lector, quienes no leen remarcan de entrada la ideología discutible, el pensar distinto.

. Tergiversar el periplo biográfico del hombre no minimiza la obra.

. Para la adhesión ideológica al partido, el respeto es un inesperado inconveniente.

. Quienes dictan sentencia creen saber lo que hay en la zona interna del sujeto y lo que no hay.

. Hay egos que suponen que el único patrón métrico son las convicciones propias.

. En los microorganismos cerebrales la pretensión risible de ridiculizar al microscopio.



(Apresuramientos y afectos)





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lunes, 14 de abril de 2025

MARIO VARGAS LLOSA. DESPEDIDA


 

                                          AÑOS DE APRENDIZAJE
 
Los cachorros
Mario Vargas Llosa
Edición de Guadalupe Fernández Ariza
Cátedra. Letras Hispánicas
 
   La abrumadora aportación de la literatura hispanoamericana al reciente legado del español actual alcanza su momento áureo en un puñado de figuras magistrales nacido al otro lado del océano. Máximo ejemplo de integración e identidad, en el idioma no se advierten fracturas.
   Mario Vargas Llosa es uno de esos nombres que marcan senda a nuestra realidad cultural. Nacido en Arequipa (Perú) en 1936, su vocación literaria arranca temprano. Tras los cursos en la Universidad de San Marcos de Lima viaja a Europa, donde publica en 1959 su obra auroral, Los jefes, y tres años más tarde La ciudad y los perros, título que supone su consagración y le concede sitio en la emergente literatura del “Boom”, un movimiento sin definición estética unitaria que aglutina propuestas de ultramar y descubre a escritores como Carlos Fuentes, Julio Cortázar, José Donoso, José Lezama, Gabriel García Márquez o el propio Vargas Llosa, quien alcanza su madurez narrativa en La casa verde, Los cachorros y Conversaciones en la catedral.
  En casi medio siglo de escritura, el autor ha ejercido una notable labor ensayística y ha entregado otras tantas novelas con múltiples reconocimientos y premios tan importantes como el Príncipe de Asturias, el Planeta, el Cervantes y en 2010 el Premio Nobel, concedido por la Academia Sueca “por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes de la resistencia individual, la revuelta y la derrota”. En tan vasta producción Los cachorros, editado por primera vez en 1967, en la colección “Palabra e imagen” de editorial Lumen, se singulariza por la originalidad de un argumento de alta carga simbólica y que, como suele ser norma en la narrativa del peruano, comparte personajes con otras ficciones. La cronología de Los cachorros abarca un periodo temporal de veinticinco años. Comienza cuando los personajes se integran en el colegio Champagnat, un microcosmos representativo del barrio limeño de Miraflores, escenario urbano habitual de la clase media peruana. Este arranque de la educación sentimental en un centro religioso supone un largo aprendizaje en el que Cuéllar es el actor central. El discurso narrativo es una crónica en la que el narrador configura, ordena y  pone distancia al airear una voz colectiva de ritmo fluido. En ella se yuxtaponen diferentes niveles lingüísticos. El código oral de la infancia, tras el aprendizaje de normas y actitudes, muda los registros; quien relata parece una emanación del grupo y participa en cada una de las identidades. El aparato crítico de la edición permite  conocer los valores semánticos de muchos términos del habla coloquial miraflorino. Se logra trasmitir un efecto de verismo contextual incorporando locuciones exclamativas, giros enfáticos y frases de gran condensación expresiva que se suceden alternando las voces sin interrupción, como si el sonido ambiente envolviera. 
  En la historia de Cuéllar y sus amigos se cumple lo que escribía Antonio Muñoz Molina:  “Las grandes novelas de Mario Vargas Llosa funcionan como laberintos constructivos que han de ir siendo descifrados gradualmente por la inteligencia y la imaginación del lector”.



JOSÉ LUIS MORANTE




martes, 12 de julio de 2016

MARIO VARGAS LLOSA. LOS JEFES Y LOS CACHORROS

Los jefes. Los cachorros
Mario Vargas Llosa
Alfaguara   Serie Roja
Madrid, 2016
 
NARRATIVA BREVE
 
 Ahora que el peruano Mario Vargas Llosa ocupa a diario las cinco esquinas de la página rosa, es necesario resaltar, ante tanta acusación de oveja descarriada, una circunstancia que no requiere mucha filosofía: el sujeto biográfico y el escritor son facetas identitarias diferenciadas. Más allá del empeño conyugal de acaparar exclusivas y titulares revisteriles, el enamorado crepuscular tiene pleno derecho a hacer de su existencia un sayo o dos y a nosotros nos corresponde asomarnos al cristal diáfano de sus obras literarias, que son un canto a la obra bien hecha, aportan una visión plural de las preguntas esenciales del existir e invitan a la relectura.
Aprovecho el inicio estival bajo la sombrilla cervecera para regresar a su narrativa breve, Los jefes, editado por primera vez en 1959, y Los cachorros, que amaneció en 1967.Los integrados en Los jefes son cuentos que comparten en su espacio de representación un localismo violento y justiciero, repleto de sangre, y con una enfermiza obstinación por hacer de la violencia una razón de vida. Los cachorros aporta un relato de aprendizaje en el que se dibujan los claroscuros del laberinto juvenil de Miraflores, un barrio que tiene notables componentes autobiográficos y que sirve de brújula para vislumbrar las aspiraciones sentimentales de la juventud limeña.
El regreso a estas páginas no me deja el gusto conforme. Como si el tiempo hubiese desdibujado contornos, los perfiles de los personajes difunden rasgos carentes de complicidad. Y hay poco asentimiento en ese empeño tenaz por buscar en la noche un cuerpo donde hundir una navaja, o por contemplar con los ojos absortos del lector como el rencor hace diana en el cuerpo inocente de algún indio. Lo que sucede está ahí, como un cauce rumoroso y cercano cuyas aguas arrastran materiales narrativos, pero no sacuden el ánimo con la fuerza de lo necesario. Lo mismo me sucede con el léxico localista de Miraflores, que anega con su pintoresquismo léxico el avance accional y deja en un segundo plano el desgraciado accidente que marcará la relación con las chicas.Cierro el libro. Los relatos disuenan en la plácida cadencia del verano. Pero ya busco nuevas relecturas. Mario Vargas Llosa continúa siendo un escritor de altura. Sin prensa rosa, con la caligrafía firme del talento. 
 
 
 

martes, 16 de junio de 2015

MARIO VARGAS LLOSA. AÑOS DE APRENDIZAJE

Los cachorros
Mario Vargas Llosa
Edición de Guadalupe Fernández Ariza
Cátedra, Letras Hispánicas
Madrid, 2010

AÑOS DE APRENDIZAJE
 
   La abrumadora aportación de la literatura hispanoamericana al reciente legado del español actual alcanza su momento áureo en un puñado de figuras magistrales nacido al otro lado del océano. Máximo ejemplo de integración e identidad, en el idioma no se advierten fracturas.  Mario Vargas Llosa es uno de esos nombres que marcan senda en nuestra realidad cultural. Nacido en Arequipa (Perú) en 1936, su vocación literaria arranca temprano. Tras los cursos en la Universidad de San Marcos de Lima viaja a Europa, donde publica en 1959 su obra auroral, Los jefes, y tres años más tarde La ciudad y los perros, título que supone su consagración y le concede sitio en la emergente literatura del “Boom”, un movimiento sin definición estética unitaria que aglutina propuestas de ultramar y descubre a escritores como Carlos Fuentes, Julio Cortázar, José Donoso, José Lezama, Gabriel García Márquez o el propio Vargas Llosa, quien alcanza su madurez narrativa en La casa verde, Los cachorros y Conversaciones en la catedral.
  En casi medio siglo de escritura, el autor ha ejercido una notable labor ensayística y ha entregado otras tantas novelas con múltiples reconocimientos y premios tan importantes como el Príncipe de Asturias, el Planeta, el Cervantes y, en 2010, el Premio Nobel, concedido por la Academia Sueca “por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes de la resistencia individual, la revuelta y la derrota”. En tan vasta producción Los cachorros, editado por primera vez en 1967, en la colección “Palabra e imagen” de editorial Lumen, se singulariza por la originalidad de un argumento de alta carga simbólica que, como suele ser norma en la narrativa del peruano, comparte personajes con otras ficciones. La cronología de Los cachorros abarca un periodo temporal de veinticinco años. Comienza cuando los sujetos narrativos se integran en el colegio Champagnat, un microcosmos del barrio limeño de Miraflores, escenario urbano habitual de la clase media peruana. Este arranque de la educación sentimental en un centro religioso supone un largo aprendizaje en el que Cuéllar es el actor central. El discurso es una crónica en la que el narrador configura, ordena y  pone distancia al airear una voz colectiva de ritmo fluido. En ella se yuxtaponen diferentes niveles lingüísticos. El código oral de la infancia, tras el aprendizaje de normas y actitudes, muda los registros; quien relata parece una emanación del grupo y participa en cada una de las identidades. El aparato crítico de la edición permite  conocer los valores semánticos de muchos términos del habla coloquial miraflorino. Se logra trasmitir un efecto de verismo contextual incorporando locuciones exclamativas, giros enfáticos y frases de gran condensación expresiva que se suceden alternando las voces sin interrupción, como si el sonido ambiente envolviera. 
  En la historia de Cuéllar y sus amigos se cumple lo que escribía Antonio Muñoz Molina: “Las grandes novelas de Mario Vargas Llosa funcionan como laberintos constructivos que han de ir siendo descifrados gradualmente por la inteligencia y la imaginación del lector”.
 
                                                                 

jueves, 3 de enero de 2013

MARIO VARGAS LLOSA. INCERTIDUMBRES.


La civilización del espectáculo
Mario Vargas Llosa
Alfaguara, Madrid, 2012 

La incuestionable novelística del peruano Mario Vargas Llosa (Arequipa,1936), Premio Nobel de Literatura 2010, se completa con una ensayística sobresaliente que aglutina miradas sobre las señas de identidad del ahora. Son intereses diversos que vuelven a estar presentes en La civilización del espectáculo un volumen que integra media docena de subtemas complementarios entre sí.
Entender la cultura del fin de siglo requiere una mente abierta, que contemple la pluralidad de factores que ha modificado la semántica tradicional de conceptos que apenas tienen puntos de conexión con ideas preconcebidas del pasado. Algunas de estas mutaciones merecen un amplio diálogo al que Mario Vargas Llosa suma sus opiniones. Por ejemplo, sobre la cultura como conjunto de valores éticos y estéticos. Si a lo largo de los siglos la cultura se transmitía en el núcleo familiar, se puede deducir que el deterioro actual se deriva de los desajustes sufridos en el seno del primer núcleo de socialización del individuo. Por otro lado, las instituciones educativas eran vías complementarias para la trasmisión de valores porque la cultura no es un inventario de conocimientos sino una forma de vida.
Otro rasgo diferencial de nuestra época es el deporte convertido en un fenómeno de masas y, por tanto, aprovechable para la manipulación política e ideológica, la germinación del fanatismo y el desahogo de una violencia irracional. El temperamento intelectual se volatiza, oculto por los efectos especiales de la propaganda. El discurso crítico se pierde y la impunidad da cauce libre a los intereses de los poderosos.
Capítulo aparte merece la libertad sexual como síntoma de nuestro tiempo. Escribe Vargas Llosa que “se ha sacado el sexo de las alcobas para exhibirlo en la plaza pública”. Es cierto que se han superado prejuicios, se han fomentado roles de igualdad y se ha desechado la rigidez de muchos cánones morales; pero también es cierto que muchos sentimientos se han transformado en fisiología en pro de una supuesta autonomía sexual.
El escritor aborda sin complejos la naturaleza dogmática e intransigente de algunas religiones que hacen de sus creencias un soporte regulador de la vida social y un instrumento de poder temporal que condiciona leyes y derechos públicos. La sociedad democrática debe asegurar la libertad de culto, sobre principios de tolerancia y pluralidad, y recluir la religión en ámbitos privados.
La civilización del espectáculo, el nuevo libro de Mario Vargas Llosa tras la concesión del Nobel, es una indagación crítica y pesimista, que deja la sensación en el lector de que la arquitectura que alzamos ante el nuevo milenio no tiene una cimentación firme y asoman grietas en sus muros. Es una idea que flota en el ambiente y que cada conciencia la percibe con un escepticismo crepuscular: formamos parte de un tiempo en crisis, que genera incertidumbre y parece confrontado con la razón.

 

                                                              

viernes, 31 de diciembre de 2010

FIN DE AÑO

Dos nombres propios han marcado el año literario que finaliza hoy: José Saramago, que fallecía el 18 de junio, y Mario Vargas Llosa, que conseguía el Premio Nobel el 7 de octubre. Los dos pertenecen, pese a sus divergencias ideológicas, a la mitología privada de muchos lectores. A la mía también. Por eso despido el año con su rastro en los libros. De Mario Vargas Llosa prefiero sus títulos iniciales, aunque La fiesta del chivo y El sueño del celta   son títulos relevantes. Yo recomiendo encarecidamente Los cachorros.
Letras Hispánicas acaba de reeditar el libro con un excelente trabajo introductorio:

                                          AÑOS DE APRENDIZAJE

Los cachorros
Mario Vargas Llosa
Edición de Guadalupe Fernández Ariza
Cátedra. Letras Hispánicas, 2010.

   La abrumadora aportación de la literatura hispanoamericana al reciente legado del español actual alcanza su momento áureo en un puñado de figuras magistrales nacido al otro lado del océano. Máximo ejemplo de integración e identidad, en el idioma no se advierten fracturas.
   Mario Vargas Llosa es uno de esos nombres que marcan senda a nuestra realidad cultural. Nacido en Arequipa (Perú) en 1936, su vocación literaria arranca temprano. Tras los cursos en la Universidad de San Marcos de Lima viaja a Europa, donde publica en 1959 su obra auroral, Los jefes, y tres años más tarde La ciudad y los perros, título que supone su consagración y le concede sitio en la emergente literatura del “Boom”, un movimiento sin definición estética unitaria que aglutina propuestas de ultramar y descubre a escritores como Carlos Fuentes, Julio Cortázar, José Donoso, José Lezama, Gabriel García Márquez o el propio Vargas Llosa, quien alcanza su madurez narrativa en La casa verde, Los cachorros y Conversaciones en la catedral.
  En casi medio siglo de escritura, el autor ha ejercido una notable labor ensayística y ha entregado otras tantas novelas con múltiples reconocimientos y premios tan importantes como el Príncipe de Asturias, el Planeta, el Cervantes y en 2010 el Premio Nobel, concedido por la Academia Sueca “por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes de la resistencia individual, la revuelta y la derrota”. En tan vasta producción Los cachorros, editado por primera vez en 1967, en la colección “Palabra e imagen” de editorial Lumen, se singulariza por la originalidad de un argumento de alta carga simbólica y que, como suele ser norma en la narrativa del peruano, comparte personajes con otras ficciones. La cronología de Los cachorros abarca un periodo temporal de veinticinco años. Comienza cuando los personajes se integran en el colegio Champagnat, un microcosmos representativo del barrio limeño de Miraflores, escenario urbano habitual de la clase media peruana. Este arranque de la educación sentimental en un centro religioso supone un largo aprendizaje en el que Cuéllar es el actor central. El discurso narrativo es una crónica en la que el narrador configura, ordena y  pone distancia al airear una voz colectiva de ritmo fluido. En ella se yuxtaponen diferentes niveles lingüísticos. El código oral de la infancia, tras el aprendizaje de normas y actitudes, muda los registros; quien relata parece una emanación del grupo y participa en cada una de las identidades. El aparato crítico de la edición permite  conocer los valores semánticos de muchos términos del habla coloquial miraflorino. Se logra trasmitir un efecto de verismo contextual incorporando locuciones exclamativas, giros enfáticos y frases de gran condensación expresiva que se suceden alternando las voces sin interrupción, como si el sonido ambiente envolviera. 
  En la historia de Cuéllar y sus amigos se cumple lo que escribía Antonio Muñoz Molina: “Las grandes novelas de Mario Vargas Llosa funcionan como laberintos constructivos que han de ir siendo descifrados gradualmente por la inteligencia y la imaginación del lector”.