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martes, 28 de mayo de 2024

AHORA QUE ES TARDE

ALGA. Revista de Literatura
Nº 91-92
Castelldefels, Barcelona, 2024
Dirección:
Goya Gutiérrez Lanero

        EL SUELO MOVEDIZO DEL POEMA

 
   Para reflexionar sobre el misterioso encuentro con el poema resulta útil una panorámica del trayecto. Una antología personal no es una aleatoria colección de poemas sino un libro unitario, orgánico, con meditada articulación formal, contenidos selectos y un deambular marcado. Alude Ahora que es tarde. Poesía 1990-2020 (La Garúa, 2020) al recorrido de tres décadas de escritura. Diez poemarios que mantiene un orden cronológico, con el añadido de inéditos de la obra en marcha Nadar en seco que se publicaría en 2022. Las composiciones asumen esencialidad y despojamiento: ser claro es ser preciso.
   En mi poesía prevalecen unos cuantos temas que imponen su presencia de manera más o menos continua. La entidad del personaje y las variantes de su dimensión existencial ya están en “Heterónomos”, poema que aporta Rotonda con estatuas, carta de amanecida, editada en 1990; la fisonomía del sujeto inspira también composiciones de entregas posteriores como “El otro” y “Autobiografía”.
  No basta con existir; muchas veces ocupa la atención lo antagónico, aquello que conspira contra las previsibles coordenadas del deambular cotidiano. El enemigo está ahí, forma parte de nuestra soledad; su lucidez pone en duda convencionalismos y contradicciones, descubre el suelo movedizo de los dogmas. Son las pautas de Enemigo leal, donde la ironía también es una forma de aceptar los hechos consumados.
   La lógica utilitaria inspira el título de Población activa cuyo primer poema “El arte de vivir los lunes” objetiva el tedio con un tono frío, acto para confirmar la sospecha de un horizonte limitado: hoy como ayer, mañana como hoy. Las similitudes entre el yo biográfico y el ser literario abundan en Población activa, Causas y efectos y La noche en blanco, con referentes sentimentales que hacen de la convivencia una indagación sostenida. En Causas y efectos el anecdotario biográfico cobre mayor presencia: los días de infancia, la presencia del padre, el aprendizaje sentimental y la fuerza de enlace con la realidad. Si manipulamos la proclama de Rimbaud que convertía al yo en otro, el aserto es igualmente válida: el otro es yo.
   El espíritu romántico de Gustavo Adolfo Bécquer tuvo conciencia de que el sueño es núcleo y actitud poética. No son pocos los momentos donde resulta difícil discernir qué cosas sucedieron o cuáles son fragmentos oníricos. Creo en una sensibilidad sutil y etérea que saca a la realidad de su letargo para explorar interiores.
   Fernando Pessoa añadió una nueva dimensión al viaje; el supuesto enriquecimiento que depara el camino se convierte en copioso inventario de pérdidas; desde este registro escribí los poemas de Largo recorrido que emplea como único metro versal el endecasílabo para subrayar la monotonía.
   En la poesía realista el empleo frecuente de la primera persona, tan apropiado para el tono meditativo, tiende a confundir el ser poemático y el biográfico. Son entidades distintas, aunque emparentadas: el primero se nutre del fondo de experiencias vivido o imaginario de quien escribe. En  La noche en blanco el yo poético se enfrenta a un estado temporal de vigilia. Fármacos y relajación para conciliar el sueño han fracasado y anida en las papilas ese sabor acre en el que los relojes laten con obstinada pereza. En ese lapso el sujeto se aplica en la construcción de otra presencia, crea un ser con el que accede a desiguales estratos emocionales. Asistimos al despliegue hacia un ideal que hace suyo un aserto de Julio Cortázar: “creo que soy porque te invento”. Ese conocimiento se inicia junto al mar, siempre símbolo de plenitud y apertura. Los entornos naturales tienen algo de verdad que existe frente a las mudanzas; en ellos percibimos un ritmo sosegado, vivificador, que se transmite al espíritu. El poema no se atiene a las exigencias de la descripción; busca intersecciones, hay una identificación con el paisaje físico. Es una presencia necesaria que impregna los tejidos; alrededor están los objetos domésticos, el ámbito cercano que nos pertenece. También otras circunstancias que, en apariencia, no nos rozan pero que representan ámbitos amargos de la existencia, donde la mirada incide en la desposesión y el vacío. Cada proyecto personal está condicionado por la creciente jerarquía social que condiciona el libre albedrío. A la tesis de Jean Paul Sastre “estamos condenados a ser libres” hay que añadir que tal destino no habla de condiciones sombrías.
   Mis poemas no están exentos de ironía, acaso por los efectos lectores del verbo nihilista de José María Fonollosa. El pacto de convivencia, casi de modo inadvertido, va perdiendo su capacidad de asombro y, poco a poco, el espejo refleja rasgos de soledad. Cuando la incomunicación se evidencia, el diálogo con el otro enmudece. La creación es una estrategia para superar ese estado de islas.
   Llega la amanecida; vuelve el ahora y el tedio, la rutina de lo laborable: el análisis de la realidad. Hemos buceado en los interiores de un espejismo y corresponde el repliegue en lo individual. El final de la historia tiene el regusto de la melancolía, un sentido agónico, como este delicado haiku de Bashô: “Habiendo enfermado en el camino, / mis sueños / merodean por páramos yermos”.
   En el balance Ahora que es tarde una trama argumental, un hilo invisible que reordena el discurrir de los poemas: el aprendizaje de la decepción. Más que desánimo individual, se habla de un estado vital. Joan Margarit ha definido este andén con precisión demoledora: ”Llega el tiempo de no esperar a nadie”, de saber que ya, cuando parpadea la amanecida, es tarde. Nos queda la palabra, la tos convulsa del poema, y dispuesto a alzarse sobre los derrumbes el andamiaje artesanal de la esperanza.
 
José Luis Morante
 
 

 

miércoles, 24 de abril de 2024

ALGA. Revista de Literatura nº91-92, 2024

ALGA
Revista Literaria nº 91-92
Primavera de 2024
Dirección: Goya Gutiérrez
Edición: GRUPO ALGA
AYUNTAMIENTO DE CASTELLDEFELS
(Barcelona)


DESPEDIDA

Cada lunes domingo,
porque lo cotidiano
rompe en ti sus fronteras
y autoriza
ecuaciones resueltas,
con vocación de luz y mediodía.
Contigo se deshojan los eclipses
y me roza la piel
la memoria con sal de los veranos
hecha instante sin horas.

Si abre la puerta un día la intemperie
y arraiga en el cristal
ese desahuicio que llamamos olvido.
Si apuro
manuscritos de soledad, nada y ceniza,
no te despidas nunca;
haz de mi desamparo día festivo,
también cuando te vayas quédate.

                                    (Inédito)

miércoles, 28 de octubre de 2015

GOYA GUTIÉRREZ. GRIETAS DE LUZ

Grietas de luz
Goya Gutiérrez
Vaso Roto Poesía
Madrid, 2015
 INCISIONES

   Tenaz impulsora de la revista Alga, docente en centros de Educación Secundaria durante décadas y gestora cultural, Goya Gutiérrez (Cabolafuente, Zaragoza, 1954) ha compaginado escritura crítica y quehacer poético. Su trabajo lírico abarca De mares y espumas, La mirada y el viaje, El cantar de los amantes, Ánforas y Hacia lo abierto, títulos a los que ahora suma, desde el catálogo de Vaso Roto Ediciones, Grietas de luz, que anticipó las versiones iniciales de algunos poemas en las páginas de Turia, Cuadernos del Matemático y Alga.
  El pórtico de Ana Recio postula algunas reflexiones de interés: las evidentes conexiones en el ideario de Goya Gutiérrez entre literatura y arte, tan perceptibles en la poblada iconografía de los textos, la incisión metafísica como sustrato argumental y los enlaces entre paisajes interiores y espacios físicos. Son ángulos que aportan una mirada integradora en Grietas de luz, libro que busca en las citas de Alejandra Pizarnik y Maria Mercé Marçal los pasos iniciales de este recorrido que arranca con un largo poema, “Desde la oscuridad”. Dividido en fragmentos, acoge palabras donde la introspección es una tarea básica del estar.
  Ese andar por la umbría del hablante verbal analiza lugares interiores, clarifica un espacio habitable que hace del pasado un viaje iniciático, un despliegue de signos cuyo sentido proyecta su fuerza sobre el ahora.
  El título del apartado central, “El arco de la palabra y sus flechas” sugiere una dimensión metapoética; pero el contexto versal es reflexivo y se empeña en buscar las claves de lo temporal. A menudo la silueta existencial del ser se recorta con una claridad crepuscular; es un sueño velado en el tacto invernal que escucha el rumor de la ausencia y el desasosiego de la finitud. La muerte está en los versos de poemas como “Y desperté de súbito”, “huella indeleble” o “Los ya ausentes”, donde los versos se expanden con la solemne voz del epitafio.
   Pero también prolonga otros itinerarios que permiten alejarse de la derrota, dando voz a paisajes no contaminados por la erosión diaria, o busca brillos mínimos en la permanencia de secuencias vitales que aportan al flujo temporal una significación de claridad perdurable. La última sección supone el reencuentro con los afectos y con la fortaleza emergente de un yo desdoblado, la hija, que da nuevo impulso a lo posible, que otra vez permite una amanecida en lo diario para gozar del prodigio inadvertido casi del existir.
   Grietas de luz deambula por las complejas vicisitudes existenciales, cuyas laderas provocan anhelos nunca satisfechos y ausencias, pero también diálogos con el pensamiento, palabras clarificadoras que buscan interpretar la realidad, nunca en el mediodía, siempre finita y transitoria, necesitada a cada paso de unas briznas de luz.