La víspera del viaje dormí con ganas, lo que no es una felicidad habitual en mis noches. Así que llegó la amanecida del viernes y salí al día con el ánimo reconfortado y la mirada en forma. Dentro de unas horas estaríamos en Miami, en la otra orilla del Atlántico. Podremos abrazar a nuestra hija que acumula en las aulas americanas su segundo año como profesora de español.
La duración del vuelo -casi diez horas- concede un copioso tiempo de lectura y viajan conmigo dos título de confianza: la novela En la carretera, de Jack Kerouac, y los Poemas escogidos de W. Wordsworth. Es la novela quien consume el tiempo lector entre nubes y dejo al poeta para otras horas de calmado silencio, sin tren de aterrizaje.
Acaban de anunciar que el recorrido concluye en unos minutos y me apresuro a recoger mis libros. Casi percibo ya el reencuentro familiar y esos días comunes de viajes e itinerarios cumplidos:
Los viajes crean
cercanos sueños breves
por escribir.
