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| Brindis en compañía |
INVITO AL BRINDIS…
A Miguel de Cervantes,
por su mala memoria topográfica.
En sus pasos perdidos nunca tuvieron sitio los detalles.
A Max Brod,
que salvó de la quema los manuscritos de Kafka,
aquel funcionario obsesionado con la mutación de los insectos.
A Robert Musil,
que convirtió en protagonista
el bloqueo vital de un hombre sin atributos.
A Malcolm Lowry,
quien compartió con la larga estela de náufragos de la taberna
confidencia y silencio;
y su contradictorio deambular entre el paraíso y el
infierno.
A Louis Ferdinand Céline
porque toda su literatura parece cortada de perfil,
resentida y bronca,
y fuera preciso golpear su hombro con una palmada
de apresuramiento
para que aliente una hoguera interminable
con todas sus ideas.
A Oscar Wilde
porque adivinó que en el arte no existe la verdad universal.
Una verdad es solo un reflejo de la verdad contraria, que también es verdad.
A Jorge Luis Borges,
por concebir la literatura
como una gran despensa donde se aprovisiona lo inesperado,
la conciencia inconformista,
aquella que jamás explorará una rosa bajo el microscopio.
(Brindis a solas)