domingo, 1 de octubre de 2017

MURALLAS Y ERIZOS

Paseo del Rastro
(Ävila, 2012)
Archivo personal 

MURALLAS Y ERIZOS

                   Con C. Cavafis y Joan Margarit

   Retorno con frecuencia la poesía de C. Cavafis. Leo en voz alta versos que sobrepasan su condición de textos literarios para convertirse en principios  vivenciales, listos para aplicarse a la travesía diaria del mañana que empieza. Así me sucede con “Murallas”, una composición breve que suelo emparentar con otro poema imprescindible en mis hábitos lectores, “El erizo”, un acierto de Joan Margarit.
   En los dos se habla de un yo encerrado fuera del mundo, seguro, inaccesible, protegido en Cavafis por sólidas murallas y en Joan Margarit por la punzante piel del erizo.
  Ambos poemas dan voz a un figurante solitario, a resguardo; alguien que descubre que el mundo está fuera, y allí empieza la vida.






sábado, 30 de septiembre de 2017

EN LA VIGILIA

Soledad
Archivo personal



PÉRDIDA


Hunde tela y colchón una vigilia
de periódico abierto
que no te nombra ni te reconoce.
Una selva de imágenes tabaco
se desnuda de tallos, enralece
con una concisión minimalista.
La desmemoria empaña los vitrales.
En silencio, cuando duermen los otros,
exploro sus vestigios.
Nada guardo de ti. Sólo cenizas.
Inútiles descartes.

    (De La noche en blanco, Barcelona, 2006)



viernes, 29 de septiembre de 2017

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO. QUIÉN LO DIRÍA

Quién lo diría
Eloy Sánchez Rosillo
Tusquets Editores, Nuevos textos sagrados
Barcelona, 2015

INSISTENCIAS


   En el recorrido creador de Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) se perciben dos tramos escriturales, un primer segmento, inaugurado por Maneras de estar solo, ganador del Premio Adonais en 1978, en el que prevalece el sentir elegíaco, y una segunda fase, que arranca con el poemario La certeza, ganador en 2005 del Premio Nacional de la Crítica, en el que adquiere solidez la voz celebratoria y el estar conforme. Ambas actitudes se asumen con naturalidad, sin quiebros ni virajes, y refuerzan la idea de una evolución pautada y de un trayecto cohesionado. Las dimensiones internas de ambos periodos se analizaron con profundidad en la antología Hilo de oro, editada por Cátedra en 2014, y a ella remito a los lectores que quieran recorrer el ejemplar itinerario del poeta, dentro de un contexto histórico y biográfico. 
   Quién lo diría reúne composiciones fechadas entre 2012 y 2014 y pertenece de lleno a la segunda época, como se percibe de inmediato. Al cabo, la lírica de Eloy Sánchez Rosillo es agua clara, cumplida transparencia que insiste en el trasiego imparable de lo existencial. El poeta ha profundizado en un modo de decir donde resaltan la dicción precisa, un ritmo musical característico y una tendencia al poema breve, para depositar en sus lindes instantes vivenciales. El hablante verbal percibe el entorno y convierte su mirada en enlace relacional; las sensaciones sensoriales son detonantes de una reflexión interior en la que la experiencia se transciende y adquiere nuevo sentido. Con lenguaje exacto la anécdota pierde su carácter contingente para habitar en una dimensión atemporal. Veamos lo expuesto en el poema “Un vaso de agua”. El argumento sorprende por su sencillez; no hay juegos de manos: el protagonista se acerca a la ventana a media tarde para calmar la sed con un vaso de agua. Y ese gesto mínimo es el detonante de un suceso increíble: la transparencia, el juego de luz en el poniente se hace ley física para alborotar la memoria y dejar en el instante una sensación de plenitud y cumplimiento que justifica el tembloroso acontecer diario. La rutina más nimia se hace voz del poema, como si una realidad brumosa y desvaída cobrara nuevo aliento para dar testimonio de su existir. La ensimismada opacidad de los contornos aleja su melancolía si una pupila los contempla y los llena de luz, como si fueran formas oníricas que dejan cada día un patrimonio de asombro a compartir. Las señales de lo vivido  se convierten en honda certidumbre: la belleza sucede porque la crean los ojos de quien mira; porque la conciencia asume un voluntario papel de testigo que acoge esos instantes que se desvanecen como partes de un todo cambiante. Así perdura su temblor primigenio, ese secreto que convierte la caprichosa luz de cada instante en un momento único.La voz personal se hace remanso. En ella cobra fuerza un propósito firme que convierte la realidad en signo y sentido, en el cántico sereno de quien contempla con los ojos abiertos: “Existir, comprender, es esto sólo: / estar ante el misterio bien atento, / mirar todas las cosas y oír qué nos dicen, / saber que en ti se cumple cuanto ves, cuanto escuchas”.


jueves, 28 de septiembre de 2017

CANGILONES Y BÚSQUEDAS (AFORISMOS)

Agua
(San Agustín, Florida, USA)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana

CANGILONES


A los que se empeñan en buscar a diario un poco de agua


Un poeta crepuscular, que olvida a diario el cansancio de ayer.



Minucia interna; no encuentro en mi interior nadie en quien confiar.


 Si miras con atención el lugar que ocupas, donde estás no hay nadie.


 En el apagado discurrir del tiempo, adanes primigenios que aguardan todavía una manzana.


El  verbalismo artificioso encala la escritura, pinta fachadas de víspera de feria.


En la madeja de la gratitud se apelmazan los hilos sueltos.


Los jueves aseguran un tedio prometedor, hecho de puntos suspensivos.


En la poesía bucólica, espontánea colaboración de una coral ecológica: piedras, juncos, pájaros y nubes…


En las conversaciones con desconocidos los intermediarios más eficaces son la elusión, la sensatez y el silencio. 


La poesía es un yo caligráfico, angustiado por su propia identidad.


Aversión a la lógica. Un pensamiento único y en continuas tareas de agitación.


Nostalgia de un lugar que no existe.


Estreno propósitos: subir a la llanura de un mar en calma las viejas traviesas del tren.


Los espejismos cuidan la apariencia; se revisten con cierta dignidad.


Cambio de piel. Una identidad nueva, proclive a la torsión, que se mira de espaldas.


Hay máscaras que expresan la identidad de quien las utiliza mejor que las propias facciones.

  
El absurdo en clave de física: una hormiga arrastrando una hoja que centuplica su tamaño.





miércoles, 27 de septiembre de 2017

LUIS GARCÍA MONTERO. ROPA DE CALLE

Luis García Montero
ROPA DE CALLE
(Antología poética 1980-2008)
Edición de
José Luis Morante
Cubierta de José Javier González
Letras Hispánicas, Cátedra, 2011

RAZONES PARA UNA EDICIÓN


   Hay literaturas que no permiten la indiferencia. Por eso, aunque  la idea de esta edición tomó forma como un sueño antiguo que fue madurando con las sucesivas entregas del poeta. La generación novísima ya estaba casi al completo en el canon de Letras Hispánicas y había pocas dudas de que Luis García Montero era el nombre fuerte destinado a abrir senda a la nueva promoción. Su popularidad lo demanda; nunca ha sido un poeta misterioso y recóndito sino un reconocido personaje público en el que se manifiestan con sosegada convencía el escritor y el ciudadano, la estética y una evidente actitud de integrar el ser individual en lo colectivo.
  He escrito con trazo firme que mi propuesta crítica es una invitación cordial a la lectura de Luis García Montero. Uso un adjetivo machadiano; cordial significa que la voz poemática comparte un itinerario vital que aglutina pensamientos, sensaciones y sueños; que habla desde la cercanía y que el hablante lírico se muestra como una entidad asequible que reivindica “la dignidad humana, la conciencia encendida y el diálogo con los otros “.
  Ropa de calle confía en el alcance futuro; frente a marbetes coyunturales y escrituras efímeras, Luis García Montero está llamado a ser figura tutelar de la poesía del siglo XXI. Comienza su viaje literario en 1980 con el libro Y ahora ya eres dueño del Puente de Brooklyn, una entrega vanguardista con poemas en prosa y referentes de la novela negra en su ambientación.de la ciudad como espacio de desolación y soledad. En 1982 firma Tristia, en colaboración con Álvaro Salvador. Es un poemario a dos voces bajo el pseudónimo Álvaro Montero.Estas dos obras pertenecen a un periodo de probaturas. Son obras de tanteo en la búsqueda de una voz personal.
   El jardín extranjero logra el Premio Adonais en 1982 y su publicación sitúa a Luis García Montero en el primer plano de la actualidad literaria. El poemario asume la herencia de Pasolini y llama la atención sobre una fotografía de grupo: “La otra sentimentalidad”, una nómina poética formada por Álvaro Salvador, Javier Egea y Luis García Montero que defienden una teórica inspirada en Juan de Mairena, el heterónimo de Antonio Machado. Los sentimientos cambian y evolucionan con el tiempo, son construcciones vinculadas a la historia.
   La activa presencia del granadino entrega en los años ochenta  Égloga de los dos rascacielos, un divertido ejercicio de mímesis garcilasiana que muda la piel de la poesía bucólica en lírica urbana. Es una pieza que demuestra una notable pericia técnica. En 1987 aparece un título central, Diario cómplice, visión especular sobre la relación amorosa; es una propuesta dialogal en clave de intimidad. Son años creadores donde otra etiqueta empieza a sonar con fuerza  y se convertirá en tendencia dominante en la década del 90: la poesía de la experiencia. La terminología proviene de un libro de Robert Lamgbaum sobre el monólogo dramático y se caracteriza por entender el poema como una puesta en escena con un yo poemático ficcional.
   En los noventa aparece Las flores del frío, un volumen cuyo título se inspira en el célebre libro de Baudelaire, Las flores del mal. Es un conjunto de crónicas que denuncian la usura del tiempo y el expolio de los sentimientos. El estar a la intemperie enmarca la semántica de buena parte de sus composiciones. El libro más premiado del poeta, Habitaciones separadas, amanece en 1993 y consigue el Premio Loewe y el Premio Nacional de Poesía, con composiciones de “un optimismo  reflexivo”, según palabras de Octavio Paz que tratan el desengaño con acento elegíaco.
   Acaso el título más celebratorio del poeta sea Completamente viernes, una propuesta que reivindica la felicidad individual, que hace suya la idea de Madame de Chatelet, la culta amante de Voltaire, que buscó en el hedonismo y en la sensibilidad del goce una filosofía vital. De forma literal la expresión “completamente viernes” no es sino el paréntesis temporal en el que el encuentro amoroso culmina; el deseo se hace real y deja frente a frente a los amantes. Los cuerpos se buscan y la cronología laboral cuelga en sus ventanas un sol de mediodía.
  Ya en la primera recta del nuevo siglo el percibir diáfano se hace meditación introspectiva en La intimidad de la serpiente (2003), un poemario heterogéneo que aglutina intimismo y herencia cultural. Cierran esta edición crítica las composiciones de Vista cansada, libro de 2008 que postula una poesía de madurez; se recupera lo biográfico y la experiencia vital del devenir. Llega el tiempo de la meditación y los viajes interiores.
  Desde el inicio,  Luis García Montero ha practicado una escritura plural que compagina poesía, prosa ensayística y la inmediatez de la escritura en prensa, ha preparado ediciones y publicado novela y por tanto sería muy largo enumerar de forma detalla su fecunda producción literaria, su obra en marcha plena de vitalismo todavía. Por eso concluyo  aquí, de la mejor manera posible, abriendo paso a la poesía de Luis García Montero. Ahí están los poemas cordiales de Ropa de calle.




martes, 26 de septiembre de 2017

UN CRISTAL ROTO

Frío
Imagen de
Wordpress.com



IMAGEN


La araña cubre,
para dormir reflejos,
un cristal roto.



lunes, 25 de septiembre de 2017

JOSÉ ANTONIO SANTANO. LA VOZ AUSENTE

La voz ausente
José Antonio Santano
Prólogo de
José María Muñoz Quirós
Editorial Alhulia, Granada, 2017

CARTA AL PADRE


   La poesía de José Antonio Santano (Baena, Córdoba, 1957) está hecha con el lenguaje sobrio de la madurez, como si su pupila abarcadora sobre los repliegues interiores del ser y sus destellos en lo cotidiano buscase un voluntario despojamiento. Así lo constata el poeta abulense José María Muñoz Quirós al escribir el introito de La voz ausente: “El libro se abisma en una curvatura de luz y de extraña claridad, y se nos arranca la emoción en un desbocado vuelo hacia la intensidad de lo expresado. La voz ausente es un regalo de inmensa eclosión lírica. “
  Nos hallamos ante la solidez poética de un itinerario macerando en el tiempo que ha ido dejando pasos como Profecía en otoño, Exilio en Caridemo, Íntima heredad, Suerte de alquimia, Razón de ser y otros trabajos que ahora suman las composiciones de La voz ausente. El título convoca de inmediato una semántica crepuscular de finitud y vacío, refrendada por las citas prologales de Juan Ramón Jiménez y Antonio Enrique.
  José Antonio Santano opta por la prosa lírica como formato de comienzo; es sabido que solo escasos poetas –como Juan Ramón Jiménez o Luis Cernuda, y en nuestros días Luis García Montero- dan a su cauce versal el discurso reflexivo de la prosa, acaso porque se emparenta de entrada con el ensayo y alude, por tanto, a una mayor carga pensativa en detrimento del sustrato emocional de las palabras. Pero constatamos de inmediato que José Antonio Santano en esta evocadora carta al padre cuida al máximo el mensaje comunicativo para crear una telaraña afectiva que captura al lector: “…sólo el silencio, lento y armonioso, avanza camino del ciprés sobre las alas del tiempo, confinado en la extensa umbría de la tarde que va muriendo en las cancelas del sueño”. La fuerza expresiva de las imágenes logra trasmitir esa estela que deja cualquier material perecedero que consume latidos en su continuo andar hacia el vacío. La voz ausente no es otra que la del padre que en el tiempo germinal de la infancia dejó su ausencia para no regresar nunca a la casa blanca de la inocencia. Todo se hizo oscuridad y silencio. Todo languideció en una umbría interior que contagió su melancolía y fue marcando el latido pesaroso del reloj.
  En esta crecida de la sombra que hilvana el devenir el recuerdo va perdiendo contornos. Sus líneas de fuerza se diluyen como si las vivencias prolongadas desde los días infantiles fuesen vagos espejismos que la memoria cobija como sueños rotos: “De regreso a la casa, olivar todo / es la tierra, el abismo dibujado / sobre la piel dorada de la tarde, / una extraña presencia aniquila / los sueños de aquel niño que fue olvido, / misterio primigenio, soledad “
   Con el acento crepuscular de la elegía, la lírica de José Antonio Santano nos sitúa ante el incesante devenir para que percibamos las cenizas que vamos depositando en lo real, esas que nutren un olvido voraz donde se apaga el lenguaje de la vida en continua mutación. Solo queda entonces escribir con trazo firme un epitafio, dar fe de que también en el silencio permanece, desnuda y yerma, la voz de la memoria.