jueves, 1 de marzo de 2018

AQUÍ

Orlando, Florida, 2013
Fotografía de
Adela Sánchez Santana



Aquí


                Nada y todo ocurre en todas partes

                                          PHILIP LARKIN

Es aquí donde estoy.
Tras las grietas de un yo parapetado
en las profundidades
de mí mismo.

Habito un cuarto exiguo
donde nada hay detrás,
salvo el vacío
de las sombras sin lustre.
Soy un plano que muestra,
maltrecho y solitario,
el retraso gastado de las rutas
que ya se desvanecen.

Mi reclusión carece de secretos.
En las puertas del frío,
necesito encontrar
un domicilio propio,
un cuerpo que sostenga
el temblor de la luz.

             (De Pulsaciones)





miércoles, 28 de febrero de 2018

LA GENERACIÓN DEL 50 EN EL AULA

La Generación del 50
para niños y jóvenes
Edición de Juan Carlos Sierra
Ilustraciones de
Juan Pedro Esteban Nicolás
Ediciones de la Torre
Madrid, 2013


POETAS EN EL AULA

Con mi gratitud,
para los alumnos del IES VILLA DE VALDEMORO


   El afianzamiento de la Generación del 50 como eje de coordenadas de la tradición poética actual ha prodigado todo tipo de aproximaciones críticas, homenajes multitudinarios, tesis doctorales y monografías. Faltaba introducir el legado de aquella promoción irrepetible, que iluminó la segunda mitad del siglo XX,  en los centros educativos de Primaria, Educación Secundaria y Bachillerato. Y este es el propósito del volumen  La Generación del 50 para niños y jóvenes, una compilación antológica realizada por el profesor Juan Carlos Sierra, con ilustraciones de Juan Pedro Esteban Nicolás.
   La nota inicial advierte que la introducción tiene un carácter  técnico y está dirigida a un público con nociones literarias básicas. En el liminar se plantean algunas cuestiones previas como el concepto de generación o grupo, los rasgos caracteriales que dan entidad colectiva a los poetas estudiados y el contexto histórico en el que se van consolidando los itinerarios personales.  
   El coordinador recurre a la aportación colectiva centrada en la Escuela de Barcelona, aquel grupo vitalista que formaron José Agustín Goytisolo, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Alfonso Costafreda y Gabriel Ferrater que fue adosando otras voces, como Ängel González, José Manuel Caballero Bonald y José Ángel Valente, para dar crédito a una hornada abierta y plural. Añade algunas apuestas personales como Gloria Fuertes, acaso la poeta más conocida por el mundo infantil por sus sonoras rimas y sus intervenciones en la televisión; y junto a Gloria Fuertes otras apuestas subjetivas como  Francisca Aguirre, cuya entidad poética ha estado muchos años en la umbría, o el gaditano Fernando Quiñones.
   Se emplea el orden alfabético en la selección de una docena de poetas que, de este modo, se abre con los poemas de Francisca Aguirre y concluye con las composiciones de José Ángel Valente. De cada autor representado se incluye un apunte biográfico y una decena de poemas. El conjunto cuida que las composiciones tengan una dicción coloquial, estén protagonizadas por un yo verosímil que aglutine intimismo y verdad histórica y muestre un venero de preocupaciones solidarias como la reivindicación de los sentimientos, la queja ante el clima de opresión de la dictadura o el latido del tiempo.
   Ya se ha dicho que la pretensión principal del antólogo es introducir los versos de autores fundamentales en el clima diario de las aulas de los primeros niveles educativos. Una iniciativa que se suma a la labor callada de un profesorado desbordado por las brumosas programaciones educativas y por la subordinación de los estudios humanísticos al tsunami tecnológico y es precisamente ese profesorado el mejor receptor de un libro didáctico, manejable y cordial que quiere hacer de la poesía un paisaje magnético.








martes, 27 de febrero de 2018

ADA SORIANO. DONDEQUIERA QUE VAGUE EL DÍA

Dondequiera que vague el día
Ada Soriano
Editorial Ars Poética
Oviedo, 2018


LUCES Y ENTORNOS



   Siempre asocio el nombre de Ada Soriano (Orihuela, 1963) con la revista literaria Empireuma. Aquella publicación, capitaneada por José Luis Zerón, llenó un largo periodo cultural en los años ochenta y noventa y se demoró hasta 2008, cuando dejó de publicarse con regularidad, aunque después saliera algún número especial. Y es que las revistas en papel, que hoy parecen animales antediluvianos para tanto náufrago digital, cumplieron un notable ejercicio didáctico al cultivar géneros diversos y al impulsar la obra de autores periféricos o recién llegados.
 Ademas soy consciente de que la autora de Orihuela ha protagonizado un largo itinerario personal, publicando las entregas Luna esplendente o sol que no se oculta (1993), Como abrir una puerta que da al mar (2000), Poemas de amor (2011), Principio y fin de la soledad (2011) y Cruzar el cielo (2016), un trayecto creador al que ahora se añade Dondequiera que vague el día, un volumen editado por Ars Poética en su colección Carpe Diem.
   Desde una perspectiva epifánica, de amanecida y alumbramiento, el poema se hace testigo del devenir temporal y su enaltecimiento de lo visible: “El sol vierte su materia / sobre la piel del mar, / despierta a la naturaleza, / realza los contornos de las rocas, / acentúa el pigmento de las algas / y esclarece la arena de la playa / a pesar  de este momento / de total indecisión, / de sometimiento a su propia lumbre”. Nace así una poesía de sensaciones, dispuesta a ser portavoz de los sentidos para clarificar la textura relacional del sujeto con las luces y entornos de lo matérico, dispuesto en identidades fragmentadas que cumplen sus mudables trayectos.  En ese estar relacional el sujeto se hace reflejo de lo que contempla, como si participase de una esencia plural y compartida que se comunica con un lenguaje abrupto, silencioso, hecho de signos propios. La naturaleza se convierte en presencia activa donde todo acontece, pero no anula la introspección del yo, esa mirada interior que da voz al deseo y que da luz al diálogo de los cuerpos, o que busca entre los pliegues de la memoria algún recuerdo de los días de infancia.
   El poema que inspira el título de esta salida de Ada Soriano, “Dondequiera que vague el día”, como aquella canción de Frank Sinatra, “My way”, mencionada en su avance argumental, muestra su fuerza apelativa contra el conformismo; es una defensa del ser individual que rechaza el gregarismo para quedar al margen de cualquier mirada inquisitoria; ser es evitar que nada turbe, que nada fuerce al sometimiento y la opresión. Tras esta interpretación se cobija un canto simbólico a la libertad en cualquier tiempo y lugar en cada fragmento de lo vivido, siempre entendido como perseverancia, aprendizaje y experiencia, como emoción y sereno entusiasmo.
   La escritora añade como cierre del libro la sección “Seis poemas delicados” en los que se percibe una fuerte textura sentimental. Si el núcleo  del poema es la emoción, el intimismo aflora en composiciones dedicadas a la madre, a la pareja o al entorno relacional más próximo, para argumentar sobre un existir lastrado por la incertidumbre o la carencia: “Quiero recomponerme, / retirar el hielo del páramo / y recobrar  el aliento. / Hilo y aguja / para remendar las fisuras / de mi sombra que pasa”.
   José Manuel Ramón acierta al sugerir como rasgo nuclear de este libro el carácter autobiográfico. Así es; el lenguaje poético de Ada Soriano indaga en el entorno y los repliegues íntimos de la existencia con una sensibilidad expresada con acento sincero y natural.  La poesía entonces se hace tránsito, deshabita la sombra y pone sobre la mesa de la realidad cotidiana un impulso de vida, un nuevo paso.


  

lunes, 26 de febrero de 2018

domingo, 25 de febrero de 2018

LA NORIA DE LOS DÍAS (AFORISMOS)

La noria de los días
(San Agustín, Florida, 2010)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana

LA NORIA DE LOS DÍAS

Viajar es un remedio posible para la fe.
la duda no hay que curarla; no es una enfermedad

Juan Ramón Jiménez



Cada náufrago reclama para sí la madera raída.


En los espejos la imagen desvaída del futuro, sin alzar los ojos ni una sola vez


Perseverar apostado frente a la fijeza del paisaje, con la tenacidad zancuda de las grúas.


Frente a la montaña  los argumentos piden cara o cruz: escalar o pasar de largo.


Luz dormida en la mansedumbre del estanque y los ojos infantiles que  nada saben de la refracción.


Acaso, esto y aquello. Marejadas, borrascas, nubes y claros. Meteorología de poeta.


La escritura y yo,  restaurante discreto en el que solo hay sitio para dos comensales.


Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje episódico.


En la lisura del cristal los aspersores del jardín difunden transparencia. Mi casa y el día que declina. Pienso en aquella línea de Jorge Luis Borges: “No pasa un día en el que no estemos, un instante, en el paraíso”. Espejismos.


Que el desconcierto no sea obstáculo interpuesto; camina junto a él.

                                                          (Del libro Motivos personales)




sábado, 24 de febrero de 2018

FRIEDRICH HÖLDERLIN. CANTOS HESPÉRICOS

Cantos hespéricos
Friedrich Hölderlin
Traducción y versiones libres en lienzos y poemas de
Verónica Jaffé
Presentación de Luis Miguel Isava
La Laguna de Campoma, Caracas, 2016


RÍO Y MEMORIA

   En su obra Sobre traducciones. Poemas 2000-2008 Verónica Jaffé (Caracas, 1957) incorpora un epílogo que creo necesario recordar aquí. La poeta, ensayista, traductora y artista plástica se preguntaba en aquel texto las razones por la que se acerca a la traducción con una actitud alejada de cualquier trasposición mimética, como si plantase en el árbol de la escritura original un desplegado injerto personalizador: “Hölderlin me enseñó que la traducción es la política de lo poético porque implica la apertura a lo ajeno en la voz propia y porque con la traducción comienza el ciclo histórico de la imaginación humana”. Del calado semántico de esta aseveración reflexiva emana una tarea sostenida en el tiempo que deja ahora, con relevante propuesta editorial de la Laguna de Campoma, en colaboración con el Goethe-Intitut Caracas, la traducción de Cantos hespéricos. de Friedrich Hölderlin.
  Escritos en la aurora del siglo XIX, los cantos, en palabras de Clara Janés “devuelven la poesía a su primigenia vocación sacra y augural”. Verónica Jaffé toma como fuente de sus traslados textuales e imágenes la edición histórico-crítica de D. E. Sattler. Es la más valorada por la investigación filológica especializada; se singulariza por integrar en su magma textual las versiones y variantes. Sobre las características formales del volumen, resulta clarificadora la mirada crítica del profesor Luis Miguel Isava. El ensayista contextualiza el enfoque de estos cantos que integran, junto al viraje canónico, una versión literal y otra libre, empapada con la sintaxis castellana y con la atmósfera sensitiva de la traductora, quien amplía su papel hasta personificar una autoría versal, abierta a las posibilidades del matiz. El resultado es una conjunción de voces, un proceso de textualidad entrecruzada que transfigura la significación.
  Otro vértice nuevo y singular del decurso que acerca al espacio cognitivo castellano estos himnos es la síntesis plástica. A partir de una reflexión no verbal, los versos se transforman en imágenes y formas visuales en las que elementos conceptuales como el río, arquetipo de fluidez y transcurso, protagonizan plasmaciones imaginativas.
 Verónica Jaffé añade un preliminar en el que clarifica las cualidades de estos doce himnos o cantos, cuya forma métrica se inspira en los himnos de Píndaro. Son grupos estróficos que se construyen con similar esquema argumental: arrancan con un canto de alabanza que despliega a continuación un argumento enunciativo e interpretativo para integrar como coda lecciones y sentencias formativas. La traductora defiende que la textura esencial de esta obra es su transitar entre lo antiguo y lo moderno que además se enriquece con la presencia en su filosofía de un contexto histórico marcado por circunstancias políticas y sociales, capaces de moldear la subjetividad del poeta.
  Ya se ha comentado que no estamos ante el habitual trasvase académico. Verónica Jaffé deja el acceso abierto a su poesía y ofrece una introducción lírica, acompañando a las secuencias visuales. Las reproducciones de carboncillos y collages no restan espacio a las palabras sino que constituyen un episodio más de la traducción. Son expresiones meditativas que sondean analogías en la red del lenguaje y representan nuevas perspectivas semánticas.
   Si “lo que queda lo fundan los poetas”, el conjunto hímnico proyecta un regreso al pasado clásico como espacio mítico y reducto de plenitud y grandeza. Grecia es génesis y cuna y el anhelo del viaje se convierte en un cumplimiento del destino. Ir es hacer posible los deseos del corazón, dar forja a ideales que cobijan la belleza y la pureza. Así retornan epopeyas y tradiciones, historias épicas y geografías míticas que se entrelazan entre sí hasta adquirir la apariencia confusa de una construcción aérea. En Hölderlin la eternidad de los mitos paganos nutre pulsiones genesíacas de la existencia y recupera un panteón ecléctico de divinidades con acento visionario.
   A la luz de la razón, los cantos no  proporcionan historias cerradas ni semas lógicos. Se abren como figuraciones y marcas repletas de imágenes que exigen nuevas sendas, que entrevelan su hilo argumental para solapar sentidos o para hacer de su lectura un campo especulativo repleto de subjetividad.
   La actividad poética comprende también un impulso que lleva a Verónica Jaffé a una cala poética: “Fue el mismo Hölderlin / quien me enseñó a ver / la traducción en la poesía / y la metáfora del propio río / como el fluir de la memoria, / de la lengua en mi país / que no me pertenece, / ya lo sé / ni a mí ni a nadie.” El espíritu de Hölderlin bifurca el camino. Aflora un presente en el que es palpable la preocupación solidaria, el rastro de la pérdida, y la objetivación de un tiempo personal que traza su propio mapa de la memoria, los signos del día que abren a cada instante caminos y preguntas “porque la querencia de vida como riqueza, / para sí y para todos, es común a dioses / y mortales“.
   Lejos de quien asume la traducción como un expediente laboral, Verónica Jaffé promueve vínculos con el legado y la personalidad espiritual de Friedrich Hölderlin y crea en esa hilada conversación con el poeta su propio género literario, un quehacer singular para que siga hablando con voz inalterable esa tensión que encierra lucidez y locura. 


viernes, 23 de febrero de 2018

CALLE EN OBRAS

Hervás
Fotografía de
Adela Sánchez Santana


CALLE EN OBRAS


Acordamos huir sin dejar rastros,
pero aflora el deseo y difumina
la nube  de las buenas intenciones.
Aparezco como mármol labrado,
emulando su pulida quietud.
Impaciente recorro los andenes
donde un polvo salobre fosiliza
pasos intercambiables, de ida y vuelta..
Aletean pavesas incendiarias,
las híspidas certezas del pasado.
Apuro mi forzada resistencia.
Estoy solo. Completamente solo.
No tengo voluntad para el olvido.
Mi vida es calle abierta, siempre en obras.

   (De Pulsaciones, 2017)