viernes, 8 de junio de 2018

RAMÓN EDER. PALMERAS SOLITARIAS

Palmeras solitarias
Ramón EderPrólogo de Juan Bonilla
Renacimiento, Los Cuatro Vientos
Sevilla, 2018


MIRADAS

  El universo aforístico de Ramón Eder (Lumbier, Navarra, 1952) es núcleo central del decir fragmentario actual. Ocupa este lugar por dos circunstancias básicas: su quehacer desdeña el papel de hombre-orquesta para configurarse como solista, de modo que su itinerario, salvo en el tramo inicial que publicó los poemarios Axaxaxa mlö (19859 y Lágrimas de cocodrilo (1988) y el libro de relatos La mitad es más que el todo (1988), se basa en el esquema conciso y lapidario del aforismo. El segundo rasgo es el descubrimiento de un decir singular sobre la existencia cotidiana, que zarandea y perturba, a partir de ingredientes expresivos como el humor, la ironía y la paradoja. Así conforma un recorrido compuesto por títulos como La vida ondulante (2012), Aire de comedia (2015) e Ironías (2016), todos ellos articulados con similares componentes y con afín sensibilidad, como si encajaran en una estructura cerrada y orgánica.
   Palmeras solitarias añade a la edición el prólogo de Juan Bonilla y algunos dibujos en negro, que aportan un trazo de viñeta. De todos es sabido que Juan Bonilla tiene un alto concepto del ingenio, ese chispazo de la inteligencia que nunca concede sitio a lo previsible. Cada perfil tiene otro lado oscuro, una brújula de asombro. El poeta y novelista escribe: “Definir un aforismo no es cosa sencilla, no está a mi alcance. A veces, con los mejores, tengo la impresión de que un aforismo es como uno de esos castellets en los que hacen falta cuarenta cuerpos para sostener a veinte que sostengan a diez y así hasta llegar al niño que lo encumbra”.
   Firme, pero también frágil, simulando esas torres humanas, el aforismo levanta arquitecturas con piezas inadvertidas y necesarias, donde cada fragmento es autónomo y, a la vez, suma su voluntad inquieta al quehacer colectivo.
  Quien nos habla muestra ante el entorno una atención perpleja, como si cada una de las contingencias de lo diario se integrara de inmediato en el balance existencial. Las exigencias estéticas de Ramón Eder se evidencian pronto. El escritor sintetiza en los textos un aforismo reflexivo, convertido en convincente bosquejo, sin pompa retórica ni oscuridad, cuyo enunciado es compartido de inmediato: “Entre dos eternidades vivimos unos años y lo llamamos vida”.
   Su anhelo es conseguir un código comunicativo, que se esfuerza por explicar las inclinaciones de la mirada y busca descubrir esas pequeñas brasas encendidas en las que se cobija la claridad de lo sentimental: “Las muchachas en flor convierten a los  adultos en jardineros melancólicos”.
   La tarea del aforista añade al estilo redondo y accesible del destello, sin la controversia del ´pulpito moral, la búsqueda de un punto de vista con validez colectiva entre las perplejas observaciones del cronista: “En la amistad es mezquino llevar una contabilidad minuciosa”; “Ciertos problemas personales es bueno que se compliquen aún más para poder resolverlos”; “Solo sabe mirar el que ha contemplado mucho”. De este modo, las notas privadas del aforismo parecen pasos de una conciencia escrita, entregada a la intimidad del pensamiento.
   El libro de aforismos contiene también una mirada introspectiva que explora la semántica del género, esa afinación perfecta para que en los acordes no quepan disonancias y alberguen una metafísica de bolsillo.
   Por primera vez, se integra en la compilación aforística los dibujos del escritor. Las imágenes añaden a la razón textual una interpretación plástica. Son realizaciones de trazo pulcro y lineal, que muestran la inquietud volátil de lo transitorio, como el ojo hubiese realizado una abstracción de los detalles para siluetear en la realidad un instante de vida destilada. Las unidades mínimas de estas viñetas abiertas dejan junto a la estela verbal un dibujo suspendido en el vacío.
   Escribe Ramón Eder que “El buen aforismo es el que dice más de lo que parece, no el que parece que dice más de lo que dice” y hay que tomar ese metaforismo en sentido literal. Estas palmeras solitarias en el libro de arena de lo laborable nunca son espejismos.   




jueves, 7 de junio de 2018

RE-GENERACIÓN. POETAS PARA EL SIGLO XXI

Re-generación
(Antología de poesía española 200-2015)
Selección de José Luis Morante
Valparaíso Ediciones, Granada


PAPEL DE ANTÓLOGO

   Ejercer como antólogo es asumir, de entrada, limitaciones evidentes. Pensar, por ejemplo, que se ha leído todo es un desvarío fantasmal, así que seleccionar una lista de nombres propios es reconocer de inmediato la mirada subjetiva y parcial y ese algo de incertidumbre en los desplazamientos entre espacios creativos.
  Cada antología atestigua un proceso de conocimientos  previos, una acotación pactada y un criterio selectivo que unifica lo que por naturaleza está desperdigado. El resultado da cuenta de la pertinencia de un deseo integrador y de la determinación de mirar un paisaje, una colección enumerativa de voces que halla, en la percepción de antólogo, reposado despliegue.
  La antología aparece como una experiencia comunicable protagonizada por un sujeto plural que pugna por resaltar el rostro versátil de los escritores incluidos. El proyecto Re-generación comenzó a gestarse en 2013, cuando el poeta Xosé Bolado, director de la revista Lliteratura, me pidió un artículo sobre la poesía más joven: Nunca cumplí el encargo, pero la indagación en aquel venero fue creciendo.  Dediqué una larga etapa de dos años a leer las entregas editadas en la primera quincena del siglo XXI. Así se acotó esta lista de veinticuatro poetas nacidos entre 1980 y 1995 que han ido formando el nítido perfil de un momento creativo. La introducción repasa los signos caracteriales de esta primera generación, a saber las relaciones básicas entre lírica y tecnología, el afán de continuidad, la pluralidad de idearios estéticos, la expansión del trabajo creador en la red y otras nociones como el contexto histórico. También el itinerario creador de cada poeta, con breves pinceladas definitorias de su identidad. Pero es el muestrario de poemas editados o inéditos  el que dan cuenta, con suficiencia, del arte verbal.
  Es evidente la voluntad de diálogo entre los incluidos. Varios compartieron aprendizaje juvenil como elegidos por fundaciones, figuran en muestras tempranas, comparten páginas en similares revistas y han asistido a mesas de debate o ciclos literarios para presentar sus creaciones. También percibo una sensibilidad de apertura hacia espacios lingüísticos fuera del idioma natal, con una rotunda negación del localismo.
  En la antología Re-generación, impulsada por Valparaíso Ediciones, está el avance de una promoción activa, la primera del siglo XXI, un elenco de autores  que alienta una obra en ciernes, que hace de la palabra poética revelación y conocimiento, que mira hacia el futuro con el deseo de ensanchar los límites del lenguaje, las costuras del mundo.



miércoles, 6 de junio de 2018

MIEDOS

Regresos
Archivo general de
Internet


MIEDOS


                                                      nadie está en algún jardín

                                                                  ALEJANDRA PIZARNIK

Están ahí.
Hurgan en mi vacío.
Me pertenecen.



martes, 5 de junio de 2018

ÁNGEL GONZÁLEZ. DONDE LA VIDA SE DOBLEGA, NUNCA

Donde la vida se doblega, nunca
Antología poética  de ÁNGEL GONZÁLEZ
Selección y prólogo de
Susana Rivera
Valparaíso Ediciones
Granada, 2017


DONDE LA VIDA SE DOBLEGA NUNCA


   Caminar por el legado poético de Ángel González es recorrer una playa mediterránea y hallar en su calidez huellas firmes. El escritor, nacido en Oviedo en 1925, personaliza uno de los recorridos más perdurables de la generación mediosecular. Pertenece por edad a una nómina creadora cuyos integrantes aguantan con solvencia las acometidas del tiempo; siguen sólidos los magisterios activos de Jaime Gil de Biedma, Claudio Rodríguez, José Ángel Valente, Carlos Barral, José Agustín Goytisolo, Francisco Brines, o José Manuel Caballero Bonald. El balance del conjunto no diluye los valores personales de cada sensibilidad.
  Más allá de la lectura circunstancial, quien se acerque a la actividad creadora de Ángel González refrendará un perfil clásico, capaz de sobrevivir a la persistente dialéctica entre tradición y ruptura. El yo biográfico está marcado por la  dictadura de Franco, los picachos grises del régimen y un orden social repleto de prejuicios, con una severa censura tutelar.
  En 1973, en el último tramo del franquismo, el escritor fija su residencia en Estados Unidos. Tiene contrato temporal como profesor de Literatura española en las universidades de Utah, Maryland y Texas. Desde 1974 reside en Albuquerque y ejerce la docencia en la Universidad de Nuevo México. Allí conoce a Susana Rivera, joven estudiante con quien establece una larga relación personal que perdura hasta su fallecimiento en Madrid, el 12 de enero de 2008.
  Cuando se cumple el primer aniversario de su muerte, en la presentación de la antología La primavera avanza, Susana Rivera reúne una muestra de los poemas más significativos de Ángel González; así emerge una galería de espejos interiores con varias capas de significación, precedida de una lúcida indagación crítica. Aquel texto sirve de base al prólogo de Donde la vida se doblega, nunca. En él, la profesora universitaria recorre los magisterios del poeta, su ideario estético, el contexto histórico que empañó su biografía y las piezas más notables del taller creador.  
  El trayecto despliega al paso una voz propia. La entrega Áspero mundo amanece en 1956. Recrea una atmósfera urbana sentida y vivida como un escenario que concede a los poemas un carácter testimonial. Pero el trasfondo histórico se impone y el rasgo social aparece de inmediato; el poeta participa en un acontecimiento generacional emblemático: el viaje a Colliure de 1959 para el homenaje a Antonio Machado en el vigésimo aniversario de su muerte. Poco después, en 1961, publica Sin esperanza, con convencimiento en cuyos versos late el proceso interior de la conciencia. En su tono sencillo y directo se cobija una intensa reflexión sobre ideas de contornos difusos como la esperanza o el porvenir colectivo.  La escritura es un continuo ejercicio de actualización; junto a los trazos secuenciales del intimismo, el diálogo coloquial y el sesgo amoroso germinan también el didactismo, la ironía y la parodia, formas de resistencia del lenguaje que enaltecen el sentido crítico. Los poemas de Grado elemental reconocen el magisterio de Antonio Machado. El tránsito existencial es una sucesión de contrastes que oscurece la linealidad del discurso: en su contundencia expresiva, las palabras son lecciones de cosas, llanuras y repliegues.
   El aserto de un poemario muy breve, Palabra sobre palabra, que integra cinco composiciones  amorosas, y ve la luz en 1965, servirá en el tiempo para reunir toda la obra. Su primera edición, fechada en 1968, contiene un hito creador, Tratado de urbanismo, editado en el Bardo un año antes; es un trabajo maduro que fusiona con admirable celo recursos personales como la denuncia social, y una ironía casi extremada hasta la plenitud verbal del sarcasmo.  
  Con Breves acotaciones para una biografía comienza un nuevo ciclo escritural que integra tres títulos; junto al citado, abarca Procedimientos narrativos y Muestra corregida y aumentada de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan. En ellos se configura un renovado personaje poético y se enaltece el uso de fórmulas y rótulos estilísticos. Ángel González escribe con mayor libertad expresiva y se intensifican rasgos antipoéticos como el prosaísmo, la ironía y el humor.
   Las confluencias entre pensamiento y voz crepuscular dan pie al evocador lenguaje de Otoño y otras luces; la experiencia de la realidad invita al pesimismo; se intensifica el tono elegíaco. El discurrir acentúa los matices entre vitalismo y fugacidad. El ensimismamiento del sujeto germina en melancolía y cada vez resulta más audible la voz de la resignación y el escepticismo; el largo viaje se aproxima a la estación final y la proximidad de la ceniza no puede evitar evidenciarse con un rumor severo y trágico. En Nada grave, título póstumo del poeta, el discurso lírico está contaminado por la llegada a la última costa. Quien habla entre los versos tiene el dolor aprendido del tránsito, lleva en la piel la insistente caligrafía de la experiencia. Quedan lejos la ternura del recuerdo, la ironía y el escepticismo y la afirmación elegíaca. El ahora es un espacio lastrado por el pesimismo. En el fondo de la noche el vacío revela sus contornos. No se niega la contundencia de la vejez, la pérdida del impulso vital o la carencia de razones para afrontar la amanecida, cuando todo es caminar por las aceras de la senectud.
   Susana Rivera entiende el libro con un carácter más diáfano. El caos de la vida “cuando se desvanece definitivamente se hace sueño, y lo que queda brillando para siempre en la oscuridad de la nada es el amor, si tú fuiste capaz de darlo. Por eso consideraba que su ingreso en la nada no era grave y aceptaba el trance final con tranquilidad, aunque no exenta de melancolía”  (pág. 30)
   Abordar la permanencia de una obra con claridad cartesiana es una utopía. Cada voz literaria es una síntesis de lecturas y experiencias, que se va gestado en un recorrido muchas veces oculto e inadvertido. Queda por tanto, como método de estudio el rastreo de los rasgos estructurales y vislumbrar esos paréntesis temporales en los que es una presencia fuerte: por tanto, la poesía de Ángel González enlaza con las poéticas de la introspección. Son estratos creadores que recurren al anecdotario biográfico y que focalizan la presencia del yo, un aporte neorromántico que tiene en el ahora status atemporal. En esta poesía se hace norma el lenguaje realista y enunciativo; un verbo coloquial y cotidiano que deja en el receptor una impresión de cercanía. La reiteración de núcleos argumentales subordina la originalidad a la indagación profunda. Se reiteran acercamientos a la identidad subjetiva como portadora de un destino temporal y transitorio; ese sujeto escindido casi siempre del yo biográfico habita en una plaza social que refuerza el papel cívico de la palabra.
  En Ángel González es palpable la ausencia de proclamas programáticas; sus paseos por laberintos metaliterarios son mínimos ya que considera que el centro motriz de la escritura es el poema y en él dormita su justificación teórica. Esto no borra un conocimiento profundo de la geografía consensuada del canon, ni le impide considerar al signo lingüístico como portavoz desvelado de una realidad más honda.
  En el volumen Donde la vida se doblega, nunca, con selección y prólogo de Susana Rivera, se describe con diáfana precisión “un pleno dominio de la alquimia del verbo que posibilita trasmutar las palabras en ritmos y sensaciones para crear varios niveles de realidad“ (pág. 24). Ha transcurrido una década desde la llegada de Ángel González a la oscura cartografía de la inexistencia, pero sus poemas siguen latiendo alrededor, hospitalarios y atemporales, anclados en el río de Heráclito.

JOSÉ LUIS MORANTE




lunes, 4 de junio de 2018

DISPERSAR NUBES ( Anecdotario II. Feria del Libro)

Itinerarios de papel
Fotografía Archivo general
Feria del Libro, 2018



DISPERSAR NUBES

(Anecdotario II)

Como humanos, tropezamos más de una vez
 en la misma piedra; pero siempre hay alguien
cambiándola de sitio.

                Miguel Cobo Rosa
(Tautogramas; Libros al Albur)

   Tras el propósito fallido del sábado, vuelvo con la calma matinal de quien espera un dispersar de nubes. Ayer la lluvia cayó por duplicado. La tormenta tenía el desborde pretencioso de quien busca señales de vida en el fastidio y la inquietud.
   Cae la moneda de la alegría y sale cara: encuentro con Luis Mateo Díez. Acude a firmar El hijo de las cosas (Galaxia Gutenberg, 2018). Es pronto aún y nos da tiempo a pasear bajo los árboles. Es muy afectivo; se detiene a cada paso, como si escuchase mejor el despertar de la memoria. Todavía recuerda los encuentros en Rivas, las tertulias comunes en la Plaza Mayor, o esa larga entrevista sobre su obra que publicamos en la revista Prima Littera. Me sigue agradeciendo la calle que tiene en Rivas, en el barrio de los escritores. Me emociono mucho, habla de un paréntesis existencial que ya pertenece al pasado. Prometo recogerle en Madrid y dar un paseo por ella, con el sosiego de sentir el homenaje de aquella etapa. Ya en la caseta, me firma la novela. Su registro ficcional parece inagotable.

   Antes de pasar por La Isla de Siltolá, acudo a Valparaíso Ediciones, pero no está Javier Bozalongo, y solo concreto la firma del jueves. Después me tomo un respiro y ejerzo de transeúnte curioso. Por allí, Alex de la Iglesia, con su textura habitual, como si tuviese que seguir rodando El día de la bestia. Me cruzo también con Ángel Gabilondo; lleva prisa y no puedo entregarle un libro; pocos saben que el político y profesor es un aforista y que formará parte de una antología de autores vascos que saldrá en los próximos meses.

   El mostrador de Renacimiento está repleto de novedades. Y paso a saludar a Christina Linares. Es entrañable. Como la afluencia del momento es pequeña, podemos hablar de esos géneros que sobreviven de espaldas al mercado como la poesía o el aforismo. Pero no hay pesimismo en sus palabras, sino afán de seguir fortaleciendo un catálogo poblado que muestra los muchos registros de la literatura contemporánea.

   Desde el interior de la caseta la feria se ve como un incesante deambular por una geografía fragmentaria. Se está cómodo entre libros y esa silla de tijera provisional, que amenaza plegarse en cualquier momento… El reloj camina con armonía: un poeta joven, Aitor Francos, que acaba de enviarme sus novedades y que siempre está lleno de afecto desde que hicimos aquella antología, Re-generación, que poblaba con veintitrés nombres propios la poesía contemporánea…Casi todos siguen publicando con fuerza, aunque también hubo errores, esperanzas que apenas se han concretado.

  Un amable paseante quiere algo de Góngora. No está. Otra afirma que es de Sevilla, que sabe dónde está la librería de Javier Sánchez Menéndez, que también es escritor; corrige mi callejero evocador de la ciudad andaluza y acaba sugiriendo que los libros carecen de ilustraciones. Son de poesía, aventuro. Sí, pero ahí está Mafalda y lo bien que quedan las viñetas…Si no, quién va a leer tanta letra. Eso sí, replico, rendido de inmediato a su lucidez brumosa. Si se cansan pueden leer aforismos…Que son cortos, Yo no sé, me dice, creo que son cuentos largos o así… Asiento, sí, la verdad en los aforismos hay mucho cuento…Se va tranquila. Nosotros nos quedamos también tranquilos.

Y llega Rosa Huertas y con ella la alegría de la evocación, el trabajo de estos años, el aula, la amistad…Vértices que demuestran que el todo siempre es mayor que la suma de las partes. Gracias Rosa. Muy feliz con tu presencia.

Un matrimonio quiere saber si para ser poeta hay que estar jubilado. Ella cree que es bueno hacer algo, aunque sean tonterías para los amigos. Él dice que solo aspira a pasar el día sin hacer nada. Los dos visten el pintoresco tejido reversible de la majadería. Por alguna grieta invisible se ha exiliado el cerebro. se van con el bufido de quien no acaba de estar cómodo entre tanto papel. Entiendo su cabreo: no hacer nada cansa muchísimo. 

Al salir coincido en el pasillo de autores con David de María. Nada sé de su música. En casa, mis hijas me sacan de dudas; su música ligera gusta e invita al meneíto bailón y tiene un recorrido de exitosos temas. Qué torpe soy; a ver si enciendo la pletina y lo escucho… Que no todo va a ser el Canon de Pachelbel.





domingo, 3 de junio de 2018

JUAN ANTONIO TELLO (Ed.) AL SUR DE LA PALABRA

Al sur de la palabra
(Poetas marroquíes contemporáneos)
Juan Antonio Tello (Ed.)
Traducción de
Victoria Khraiche Ruíz-Zorrilla
y Juan Antonio Tello
La Gruta de las Palabras
Prensas de la Universidad de Zaragoza
Zaragoza, 2018 


POÉTICAS DE MARRUECOS

  Aunque la creación poética es una actividad individual y siempre refrendada por la autocrítica, el bagaje lector personal y los idearios estéticos subjetivos, cada etapa histórica comparte un espacio común. Aglutina contexto, mapa relacional entre escritores y percepciones afines del hecho literario condicionadas por las estéticas en boga. Por eso, las antologías constituyen instrumentos cognitivos muy útiles, si son ecuánimes y afianzan criterio editorial, más allá de la mera yuxtaposición de nombres.
 Juan Antonio Tello, Doctor en Teoría de la Literatura, Licenciado en Filología Francesa por la Universidad de Zaragoza, ensayista y poeta, impulsa la edición Al sur de la palabra, un compendio de veintitrés autores marroquíes contemporáneos que pretende reflejar el territorio lírico del país colindante.
 La apertura crítica argumenta la novedad de una poesía cuyo trayecto es fruto de un mínimo recorrido por la Historia. El país formaliza su independencia en 1956, tras una larga ocupación colonial de potencias europeas que buscan controlar su ubicación geográfica, como puerta del Mediterráneo, y como cruce de caminos intercontinentales. Además, la tradición escrita está desdibujada, y la expresión poética es casi una rareza en los diferentes periodos culturales. Solo ahora, en el tramo finisecular, a partir de los años sesenta, comienza un trabajo creador más denso, fruto de un plurilingüismo normalizado que moldea un cuerpo idiomático con evidentes asimetrías.
  La estabilización editorial de las últimas décadas ha facilitado la aparición de libros en el entorno y la creación de organismos impulsores del quehacer lírico como La Unión de Escritores Marroquíes, que diversifica encuentros, festivales, revistas, y que, poco a poco, va concediendo voz a sensibilidades femeninas. Pero los condicionamientos políticos han sido evidentes y la represión ha lastrado con frecuencia los perfiles más críticos de esta poesía.
 La poesía actual dibuja un proceso de evolución que subraya la vitalidad del género en las últimas generaciones. Sus integrantes no difieren mucho de otros entornos gracias a la expansión tecnológica, cuyo uso va uniformando el prisma cultural. En la muestra, se percibe  de inmediato la floración del coloquialismo; los versos abren los ojos a lo real y hacen de la escritura una prolongación del discurrir existencial. De esa búsqueda de la transparencia intimista participan los poemas de Aycha Bassy. Otras propuestas postulan una expresión más elíptica o con un mayor tejido metafórico para incidir en la identidad del hablante poético o en esos vericuetos de la imaginación que aportan perspectivas y enfoques en la piel del tiempo. Sucede con los poemas que representan la voz de Mohamed Ahmed  Bennis. M. Bentalha confía en el tono solemne de los versículos con poemas narrativos, y cuajados, a veces, de referentes culturales. En Jamal Boudouma emerge una intencionalidad social; lo cotidiano teje la extrañeza de una geografía tangencial y discordante, como si nos mostrara una realidad trastocada, y dispuesta a compartir sus destellos simbólicos. Mirada crítica e indagación introspectiva son signos percibidos en los breves poemas de  Mohamed El Annaz, con logradas composiciones como “La brecha”.
   Casi ningún enclave argumental pasa desapercibido. Los hilos versales entrelazan búsqueda y conocimiento, pensamiento y celebración del existir. Malika El Assimi explora el goce sensitivo del deseo, desde la crónica visual del entorno estival de Barcelona, como si las presencias anónimas del litoral condensaran el amor y el deseo, la belleza del cuerpo y la entrega al otro.  Sin embargo, hay aspectos como la reflexión metaliteraria que apenas adquieren formulación y aparecen como estelas mínimas. Uno de los pocos que reflexionan sobre el sentido del lenguaje es Mohamed  Hmoudane en el poema  “Las palabras”. Sostiene que el creador dibuja un punto de azar, un camino ciego en el que se refugian los pensamientos, como si lo escrito necesitase un cobijo interior. También Abdelkhaled  Jayed escribe sobre la razón del poema, y su función catártica para aventar las disidencias.
  Resulta complejo unificar en unas líneas la dispersión de voces y el granado semillero de quehaceres poéticos. En general predomina en los poemas la representación de lo real, una expresión escrita que unifica experiencia y memoria y que se va conformando con los movimientos de lo transitorio. Lo escrito es una representación de lo que somos. Permite adentrarse en las espirales reflexivas y sentimentales de quienes se contemplan a sí mismos, o miran las borrosas instantáneas del recuerdo.
   No se me escapa que la influencia en nuestro escaparate cultural de la poesía marroquí es mínima, un asunto paradójico dada la cercanía geográfica y el amplio asentamiento emigratorio que ha elegido nuestras ciudades como estación laboral. Al sur de la palabra concreta posibilidades de acercamiento, es un referente que busca resonancia para la tierra fértil de la poesía marroquí, sin bucles programáticos, incorporando el proceso de maduración de una cosecha plural, convertida en galería de espejos, que sabe nombrar las insistencias del hecho de vivir.
   La dimensión de una propuesta como Al sur de la palabra se mide por la calidad de sus versiones, por el empeño tenaz de que las postales poéticas preserven colores auténticos. Ese acierto se encarna con naturalidad en las traducciones de Victoria Khraiche  Ruiz-Zorrilla, Doctora en estudios Semióticos por la Universidad Complutense de Madrid y Licenciada en Filología Árabe por la Universidad de Salamanca. La investigadora y experta en poesía árabe, en colaboración con Juan Antonio Tello, nos acerca el discurso abierto del legado marroquí contemporáneo. Y corresponde al lector familiarizarse con esta propuesta, dejar en el árbol de la poesía savia pujante.




  


sábado, 2 de junio de 2018

ELLA, FUERA DE HORARIO

Al sur del sueño
Archivo de Internet
Decora



FUERA DE HORARIO

Es allí donde anida ella.
Se para el tiempo

            MOHAMED LOAKIRA

   Suele dormir hasta muy tarde. Mientras duerme tiene una respiración pudorosa y hermética. Vela sin descanso la llegada de esos sueños que parecen salidos de las nubes. Cree que los sueños ajenos quedan fuera de los que madrugan para salir a pie de calle y se incorporan a esa confrontación solar de itinerarios y pasos perdidos.
   Sometida a una terca vibración inmóvil, sigue bajo el amparo de las sábanas. Sin ataduras visibles. Fuera de horario.

(De Cuentos diminutos)