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domingo, 26 de abril de 2026

UNA CONVERSACIÓN CON AITOR FRANCOS

Templo de Karnak, Luxor
(Egipto, 2026)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana


 Una conversación con Aitor Francos
(Sobre el aforismo)

Hacer antologías es, la mayor parte de las veces, granjearse enemistades. Seleccionar, decidir...sobre todo entre los autores contemporáneos, es difícil, y Paso ligero es un libro polémico (no sé si adrede), que da que hablar. ¿Dudaste mucho? 

La vida literaria es un capítulo menor que gente ensimismada como yo no escucha demasiado. Es verdad que los afectos y desafectos dejan turbulencias en el ánimo, pero sería insólito escribir un libro pensando en los efectos sociales secundarios y no en los contenidos. Mi experiencia como antólogo mitiga mucho las reacciones afectivas; creo que hasta la fecha las propuestas compilatorias buscan definir un criterio personal, un gusto lector macerado por el hábito crítico: lo hice en Re-Generación (Valparaíso, 2015) y 11 Aforistas a contrapié (Liliputienses, 2020). Y guardo muy hermosos recuerdos de ambos libros. Descarto que una antología sea una siembra de rencores, es el trabajo intenso de un especialista que hace de su tiempo un generoso aprendizaje de la obra ajena. Escribo con la certidumbre de quien busca escribir un libro necesario (lo sea o no) y alejado de exclusiones y menosprecios.

Soy un degustador continuo de las novedades aforísticas del ahora, así que no descarto en absoluto que la próxima entrega como crítico sea yuxtaponer esas reseñas y mostrar una panorámica del presente minimalista.

Dudo mucho, sí, mis libros no tienen nunca un argumento definido, reescriben sobre la marcha y cambian de rumbo para mostrar otros andenes. No creo en los itinerarios cartesianos, que muestran todas las incógnitas resueltas y ya saben el resultado final.

 En una entrevista comentabas que el título hace alusión a Aquiles.

 Así es; creo que los títulos de libros deben ser el primer indicio de lectura; no son gratuitos sino que encajan en el sumario. El aforismo es un chispazo, una cerilla, una miga de voz, un deslumbramiento; en apariencia, pertenece a la mensajería de urgencia con entrega inmediata. Deja su contenido en un tiempo mínimo, tiene los pies ligeros, como Aquiles; la brevedad es un mensajero de palabra escueta que entrelaza filosofía y poesía, que se empeña en escribir una novela de ideas con mínimos elementos.

En el largo proceso de gestación de Paso ligero barajé otros títulos, claro, que perduraron hasta la entrega al editor; aquí también hay que elegir y apartar los rechazos.  

 ¿La levedad del aforismo es solo aparente? ¿Cuál es su principal singularidad?

 El aforismo es singular porque sigue hablando desde el silencio, cuando ha consumido su turno de palabra. De ahí que la sencillez de su humilde ropaje verbal sea solo un reflejo de su verdadera identidad. Bajo la transparencia está la hondura, el sol que sale desde dentro.

 ¿Qué es para José Luis Morante crítico el aforismo y qué es para José Luis Morante poeta el aforismo?

 Un centro orbital; el aforismo desde hace años es una presencia continua que me ayuda a definir el entorno y la propia conciencia. Por mi trabajo crítico, me llegan a casa abundantes novedades editoriales y el decir breve se hace síntesis de estados de ánimo, lecturas o anotaciones sobre la marcha que, a veces, se convierten en poemas, microrrelatos o aforismos, y otras veces se pierden en la incontinente papelera del olvido.

La huella del aforismo habita en mis poemas desde el principio; las primeras críticas, cuando comentaban mis libros iniciales, publicados en el arranque de los años noventa, señalaban a menudo la importancia “aforística” de los cierres poéticos, esos versos que culminan, como una veleta, la casa del poema. Leí muy pronto Ideolojía, la edición de Antonio Sánchez Romeralo sobre los aforismos de Juan Ramón Jiménez y he tenido la fortuna de disfrutar del contacto con aforistas referenciales para mí como Carlos Edmundo de Ory, Ángel Crespo, Dionisia García y tantos otros, como Manuel Neila, Ricardo Virtanen y Javier Sánchez Menéndez que han marcado mi forma de entender la escritura, mi pasión por lo mínimo.

 El aforismo es breve (o debe serlo, según), pero no se lee (y menos se escribe) con prisa. ¿Algún consejo sobre cómo leerlos para quien quiera acercarse a conocer el género?

 Es una literatura de madurez, con una densidad reflexiva palpable, así que el lector de aforismos debe espigar; aquí no se trata de conocer el desenlace final sino de saborear cada texto a sorbos, con su sabor autónomo y su cadencia expresiva. Casi todos los buenos libros de aforismos invitan a la relectura, esa felicidad laboral que pone mediodía en el cansancio. El aforismo es asombro; se lleva mal con el gregarismo de las lecturas de escaparate, es un género propicio al boca a boca: “Hay que leer a Antonio Porchia…, a Sánchez Ferlosio… ¿Por qué?... eso te toca descubrirlo a ti…”

 Abres mucho el abanico de fronteras pero no te decantas (o no se nota) por aupar más que a unas variedades que a otras. ¿Crees en los términos de aforismo poético, aforismo filosófico, etcétera? ¿Cómo ha de ser? ¿Lapidario, evocativo, metafórico, humorístico...? Como autor, donde te colocarías, ¿dónde estás más cómodo?

 Si me permite un posicionamiento claro, prefiero el aforismo lírico, ese que tiene un pie en la idea y otro en el lenguaje; aunque ese estar nunca se olvida de otros andenes que dejan sitio a la filosofía, al dietario, al sentido del humor o la mirada crítica que denuncia. Creo que mi condición de poeta es inherente a la forma de escribir aforismos y a la búsqueda de una expresión concisa, ajena a los tópicos y lugares comunes, que desconfía del prosaísmo de las redes sociales y los medios de comunicación.

Aunque mi centro sea el aforismo lírico, viajo continuamente a la periferia de otras etiquetas críticas y en ellas también me siento muy cómodo.

 Es lógico que el estudio se haya centrado en los siglos XX y XXI, partiendo del auge que ha tenido el aforismo en ese marco de tiempo, al menos en España. ¿Sientes, no ya solo como ensayista y crítico, también como escritor de aforismos, muy separadas las líneas entre lo que se está gestando en España y lo que va surgiendo en países de Latinoamérica o de habla hispana?

 En los últimos años, mi amistad con algunos estudiosos del aforismo latinoamericano se ha incrementado, en especial con el estudioso mexicano Hiram Barrios, profesor, editor, gestor cultural, traductor y ensayista. Y las dos orillas tienen muchas afinidades formales y expresivas. En el aforismo hispano están los logros de Nicolás Gómez Dávila, Antonio Porchia y otros escritores que abrieron sendas nuevas a la mirada lacónica. También es muy evidente la influencia en nuestro país de los moralistas franceses. Los puentes digitales permiten viajar a una u otra orilla con celeridad y la tabla de resultados cuantifica que los estratos comunes abundan. Pisamos la misma tierra firme.

  

(La presente entrada es un fragmento de una entrevista del poeta, aforista y antólogo Aitor Francos. La entrevista completa se publicó en 2024 en 142 REVISTA CULTURAL )





lunes, 8 de septiembre de 2025

RAMÓN EDER. EL LIBRO DE LAS FRASES TRANSPARENTES

El libro de las frases transparentes
Ramón Eder
Prólogo de Aitor Francos
Editorial Renacimiento
Colección Los Cuatro Vientos
Sevilla, 2025

 

CON ALAS EXTENDIDAS

                                                        
   El hábito es una disposición natural a cumplir con las expectativas. El empeño por reiterar un ciclo estacional que se repite, inalterable, en el fluir remansado del tiempo. Puntual, casi cada año, se aviva el festejo para celebrar la incansable convivencia de Ramón Eder (Lumbier, Navarra, 1952) con el aforismo. Constituye una tradición que abarca décadas y conforma un proceso personal que ha convertido al escritor navarro en celebrado magisterio y lectura necesaria. El crédito aforístico de Ramón Eder crece, con sorprendente regularidad y una envidiable coherencia estética, según constatan los mejores estudiosos del solar expresivo del laconismo.
  Más allá de su producción concisa, el aforista sondea con paréntesis reflexivos el clima general que mantiene su sensibilidad frente al decir breve. Ramón Eder subraya su preferencia por la intensidad concentrada, la frase telegráfica y las variables temáticas con sentido del humor, un humor proclive a la sonrisa, que no desdeña influencias de Mark Twain, Groucho Marx o Woody Allen. El atinado prólogo de Aitor Francos, sin digresiones inocuas, alerta sobre las condiciones naturales de una cartografía mudable, curadora y transparente: “Con cada punzada de inteligencia y en apenas una línea, combate la intolerancia, pule dogmatismos, suaviza rigideces mentales, y lo hace valiéndose de autoridad y de una agudísima ironía con clara voluntad pedagógica”.
  Eder recalca con el magnífico aforismo de Karl Kraus que la frase sapiencial carece de datos suficientes; a veces es media verdad y otras verdad y media, pero nunca la verdad única y definitiva. De este modo, la realidad se ubica en una inacabable escala de matices, de planos diferentes, para que tome aire y extienda alas la observación subjetiva. Hay que conocer el contexto y recorrer sin pausa los laberintos interiores para dar sentido a la escritura y ser un yo pensante que recrea el mundo desde una vitalista duda metódica: “El aforista hoy en día es una especie de filósofo presocrático con sentido del humor digital”. De los apuntes enunciativos emana también una autobiografía más o menos convincente: “El escritor para ser respetado tiene que conseguir hacerse en los textos una humilde caricatura de sí mismo como un ser desvalido, lleno de contradicciones y sin embargo querible”. Si en entregas anteriores era palpable el anhelo poético, en El libro de las frases transparentes, como señalaba Aitor Francos en la introducción, hay desnudez y despojamiento lírico. Ser opta por la concisión estilística y la poda; por el recorrido telegráfico que une al mismo tiempo lo inconmensurable y lo breve. Quedan en esa mirada a lo esencial los trazos dispares de la condición humana, desde la ironía y el desenfado, actitudes que hacen del relato una delicada forma de la cortesía, un alejamiento de la solemnidad. Vislumbramos un pensamiento cambiante y en continuas tareas de búsqueda, exento de dogmatismos. Toda verdad, por más que recalquemos el trazo, acaba desdibujándose: “La verdad ya no es lo que era”.
  Con esos reflejos de suavidad y resistencia llega la claridad de El libro de las frases transparentes, una escalera argumental cuyos peldaños dibujan los complejos planos de un observador de momentos. La sensibilidad captura sensaciones y mantiene en su mirada un vaso de luz, capaz de contener el misterio de lo cotidiano, ese tiempo que abre un íntimo diálogo entre lo transitorio y lo permanente.
  Los libros de aforismos suelen ser sumas de intereses aleatorios, incluso distantes. En ellos se mezclan sedimentos lectores, reflexiones sobre la esencia del género conciso, o las notas dispersas que el pensamiento toma en torno al discurrir diario. En suma, una dicción ligera, buscando explicaciones al paso sobre las preguntas de siempre. A veces su sentido se diluye, recuerda el agua turbia de un pozo remansado, en el que no se puede calcular la profundidad y resulta difícil la inmersión.
   Ramón Eder acomoda en sus aforismos su personal concepto de la brevedad. La cosecha minimalista nunca se sube al pulpito de la pedantería; quien escribe se contradice a sí mismo, siembra paradojas, camina en círculo por el pensamiento e intenta conciliar enunciados lógicos e ingenio, en tareas de continua vigilia.
   En las brevedades de El Libro de las frases transparentes se habla de libros y autores, como Nietzsche, Cervantes, Shakespeare, Kafka, Josep Pla o Borges; de la sociología literaria que conforman las relaciones sociales: “Qué sensación de bienestar nos producen ciertas personas cuando se van”; y de esas incertidumbres que deambulan casi inadvertidas por el interior buscando sentido a la sutilidad del transitar diario: “Si a la vida no se le mete algo de épica se convierte en un cuento contado por un idiota”. Sin duda, son motivos recurrentes que retratan estados de ánimo o el incansable fluir de la conciencia.
   Si, como escribe el autor, “La realidad es una mezcla de sueños y de realidad” los buenos aforismos dejan la capacidad de moldearla, escuchan la voz tenue de la imaginación. Fortalecen un legado que nunca desdeña el aporte inteligente de la experiencia cultural. La escritura corrige asimetrías. Desde el sedentarismo de las ideas, reordena lo vivido y descubre un sentido nuevo a lo aparentemente insignificante. Frente a los que buscan en la experiencia biográfica el venero semántico principal, Eder mira con frecuencia los estantes de la biblioteca, buscar claves explicativas en las páginas de una selecta nómina de clásicos, y arropa el laconismo con las enseñanzas y asombros de la gran literatura. Al cabo, “escribir aforismos tiene sus peligros porque es poner el cerebro en los límites del lenguaje”.

JOSÉ LUIS MORANTE




 

jueves, 6 de febrero de 2025

Entrevista a JUAN JOSÉ MARTÍN RAMOS

Juan José Martín Ramos (Madrid, 1961)
Editor de Polibea, narrador y aforista

 

1 - ¿Cómo nace la editorial Polibea? ¿En qué proporción se han cumplido aquellas expectativas iniciales?

POLIBEA nació hace cuarenta años como una editorial dedicada a la información sobre discapacidad a través de publicaciones técnicas periódicas. Nació en un momento de gran concienciación sobre el colectivo de personas con discapacidad, sobre sus derechos, sobre su reivindicación de la diferencia que hoy, desgraciadamente, se ha diluido un poco en favor de otros colectivos más mediáticos. En ese contexto hace 15 años se decidió abrir una línea editorial literaria no comercial, que empezó con la colección de poesía “El levitador”, a la que siguió la de prosa, “La espada en el ágata”; la de traducción, “Orlando Versiones”; la de poesía latinoamericana, “Toda la noche se oyeron…”; la de libros descatalogados, “Fuera de lugar”; la de literatura breve, “Pasión de lo breve” y el Premio Javier Lostalé de Poesía Joven.  

2 -  Qué momentos de esta larga trayectoria del catálogo de Polibea recuerda con más satisfacción. ¿Cuáles, también, han abierto puertas al desánimo y la frustración?

El trabajo de cualquier pequeña editorial independiente hoy es un trabajo, como he leído en una publicación sobre este asunto, que se realiza “a pulmón”. Y, siguiendo con esa metáfora deportiva, que a mí me pareció muy acertada, en esta labor hay muchos momentos de apnea que llegan verdaderamente a la asfixia total. De otro lado, el hecho de que haya muchas editoriales independientes y, por otro, muchos autores, hace que cada libro irrumpa como una gota de agua en un océano, en el que termina diluyéndose. A pesar de todo ello, la labor editorial se realiza con cierto espíritu aventurero y de descubrimiento que te anima a seguir, como cuando te llegan determinadas joyas que te sientes orgulloso de haber contribuido a su conocimiento y divulgación… Aunque, como  decía antes, todo termine diluyéndose en el océano librero. Debo suponer que al lector que haya recibido esas joyas le habrá dejado una marca más indeleble… En  eso confío. 

3 - ¿En qué modo son compatibles los papeles de editor y escritor?

 Desde el punto de vista práctico y logístico son completamente compatibles. Desde otro punto de vista, tu visión de lo editorial termina contaminando tu escritura en la medida en que si ves que ciertas joyas que has editado han pasado sin  pena ni gloria, empiezas a pensar que lo que escribes correrá inevitablemente la misma suerte y el esfuerzo termina resultándote baldío. 

4.-La lectura de poesía sigue siendo minoritaria y el número de ventas es muy reducido. Cómo responde a estos efectos secundarios que alimentan estados de ánimo crepusculares. ¿El editor está abocado al diván del psiquiatra?

El editor, por supuesto, está abocado al diván del psiquiatra. Pero decía Scott Fitzgerald que “uno debe saber ver que las cosas son absolutamente imposibles y, sin embargo, estar dispuesto a intentarlas”. 

4 – Editar concede al lector un paisaje de totalidad. Cómo definiría el momento creador presente en las distintas estrategias expresivas: poesía, novela, ensayo, aforismos…

De estos géneros que mencionas, el de aforismos parece que está viviendo un momento dulce, a pesar de que, como en todo, la proliferación conlleve a la confusión, al abuso de la fórmula, a cierta adulteración del género. La poesía, la novela, el ensayo, y también el teatro, a los niveles en que se mueven las editoriales independientes, están atravesados por el impulso poético, literario, el amor a la palabra y el pensamiento, independientemente de que luego el resultado de cada obra sea mejor o peor, eso es otra cosa. Quiero decir que debo suponer que no es lo mismo escribir sabiendo que tu libro lo van a leer dos millones de lectores que apenas unos trescientos (que muchas veces ni a eso llegan). En ese sentido digo con verdadero convencimiento que la verdadera literatura se encuentra en las editoriales independientes y, al decir eso, pienso en la distinción que hacía Juan Goytisolo entre literatura y producto editorial. 

5.- Lectura, Maquetación, Publicación, Distribución, Presentaciones… constituyen las aceras cotidianas del trabajo editorial. ¿En cuál se siente más cómodo?

Sin duda alguna, en la lectura y maquetación, porque son trabajos solitarios. 

6.- Todo proyecto cultural exige un diálogo de colaboración y cercanía, un quehacer hombro con otros en el que resultan imprescindibles las tareas de unos cuantos nombres. ¿Quiénes están en su mesa de trabajo?

Efectivamente, uno no está verdaderamente solo en esta labor, y se realiza con el concurso de amigos, como en  mi caso, los directores de algunas colecciones de nuestro catálogo, como Verónica Aranda, José Tono Martínez, Aitor Francos y Manuel Neila, o el grupo de amigos escritores que forman parte del jurado del Premio Javier Lostalé, o los amigos escritores que forman parte del catálogo con algunos de los cuales se  pueden, y de hecho así ocurre, establecer dinámicas de colaboración, intercambio de ideas, diálogo… 

7.- El plan de trabajo es siempre un recorrido pactado. Qué novedades esperan al lector de Polibea?

Más allá de los nombres, que no querría citar porque la lista es larga y no querría dejar de nombrar a nadie o que alguien se me olvidara, lo importante es que en lo que tenemos por delante, como lo que hemos hecho en estos 15 años, hay poesía y pensamiento, que son los pilares de la creación literaria sea cual sea el género de que se trate, y esperemos que cada uno de los libros que publiquemos encuentre a su lector… aunque sea uno…

8 -  Parece que papel y red digital son el Yin y el Yang, cejijuntos espacios confrontados. ¿Hasta qué punto es deseable la colaboración entre ellos?

Hoy en día las redes son más necesarias que nunca como instrumento de divulgación de la edición independiente, toda vez que los suplementos literarios de los grandes diarios han abandonado la literatura y sólo se centran en el producto editorial. Pero tampoco nos engañemos, dado el nivel masificado de publicación, una reseña tampoco hace que el libro que publicas tenga el impacto que te gustaría que tuviera… Soy muy escéptico en este asunto, de ahí que con el tiempo yo haya elegido una dinámica editorial más “doméstica”.  

9 - ¿Favorece al momento histórico de la escritura actual la gran variedad de temáticas y la facilidad para publicar o para la práctica de la autoedición?

Aunque cada libro sea una gota en el océano, el conjunto de cada una de esas gotas crea o es el propio océano. Y ese océano es el resultado de una gran variedad de miradas, sensibilidades, propuestas, que conforman la literatura. Evidentemente, y por citar a Benjamin, estamos más que nunca en la época de la gran reproductibilidad técnica, de lo que se han beneficiado las editoriales independientes y el mercado de la autoedición, que le hace cierta competencia desleal a las verdaderas editoriales, en la medida en que las obras de autoedición no pasan muchas veces un escrutinio y se publican sencillamente porque el autor paga para que se publique. Está claro que la facilidad de la reproductibilidad técnica facilita la edición masiva y la escritura se ve, de alguna manera, condicionada por esa facilidad. Hay una “edición fácil” que inevitable y desgraciadamente genera una “escritura fácil”. El tiempo pondrá a cada uno en su sitio… o no. 

10.- He vuelto e leer tus aforismos y tienen una evidente carga existencial, no exenta de ironía y escepticismo.  ¿Vivir  y escribir son la misma tarea?

Escribir es una de las muchas tareas que se pueden realizar en esta vida. No creo en el “destino literario”, como tampoco creo en la “llamada de la literatura” ni en que un escritor esté más tocado por los dioses por escribir que otro ser mortal por hacer otra cosa. Mis aforismos intentan, en ese sentido, ser una refutación del valor trascendente de las cosas y la vida, aunque sea en su manifestación pagana. Dice uno de ellos: “Nada es un  destino”. Y todo terminará cayendo en el olvido… aunque sea dentro de cinco mil millones de años cuando parece que el sol se apagará y aquí no quede nadie para dar testimonio de que un día hubo algo que llamábamos poesía. Qué le vamos a hacer…


JOSÉ LUIS MORANTE

(Madrid, febrero de 2025)


 

 

 

 

jueves, 19 de diciembre de 2019

AITOR FRANCOS (Edición) MARCAS EN LA PIEDRA

Marcas en la piedra
Doce aforistas vascos
Aitor Francos (Edición)
Editorial Renacimiento
Sevilla, 2019


CANTOS RODADOS

A Patxi Andión, por su voz cálida


  Al indagar el legado del aforismo contemporáneo se percibe un venero disperso, múltiple en propuestas y protagonistas. Así lo percibe Aitor Francos, poeta, aforista y antólogo al reunir en Marcas en la piedra una decena de nombres del País Vasco, ya con coordenadas fiables y nítida repercusión nacional.
  En esta antología se despliega un sondeo por los pasillos interiores de un género cuya labor es “resumir, cristalizar y condensar”. En su decir paremiológico, el aforismo requiere la terquedad del laconismo, un marco autosuficiente que edifique la frase feliz con el mínimo roce de elementos verbales en un ejercicio de depuración y síntesis. Al sondear en el tiempo el legado cultural vasco, aflora una sociología con textura convivencial que sirve de pauta a una sensibilidad colectiva. De ella participa, según el antólogo, un aforismo diverso, abierto e implicado en el fluir. Sin embargo, su cultivo muestra también los rasgos subjetivos que propician la renovación constante del pensamiento. De ese trasfondo compartido, cuyo mérito esencial es ser capaz de extraer del magma común algunas constantes individuales, da cuenta esta selección cuyos vértices principales aglutinan cuatro tendencias: “el aforismo de corte clásico, el humorismo puro, el aforismo discursivo y filosófico (o político o reivindicativo) y el aforismo poético”. Se comenta también que la nómina elegida no pretende establecer un canon sino trazar una panorámica parcial que, naturalmente, deja fuera algunas propuestas de interés, bien por su carácter inédito o por circunstancias de distinto calado, como la inminente salida editorial, o el origen geográfico del autor que condiciona su integración en este escaparate aforístico.
   Al abordar el periplo singular de cada aforista, Aitor francos añade unas breves notas en las que se comentan los pormenores que estuvieron en el germen de algunas composiciones. Así explora el activo lacónico de Patxi Andión, siempre marcado por su biografía musical que puso un marco sonoro generacional. Pero son los textos quienes trazan el definitivo sustrato, ese pensamiento mínimo sobre los contornos más significativos de lo evidente que aglutina filosofía y crítica existencial de modo fragmentario. Los textos del profesor cantautor tienen un fuerte refrendo reflexivo: “Nada deja de ser lo que es mientras pueda verse en otros ojos”, “El pensamiento es un trazo del vuelo que no se adivina”.
   El sujeto político y humanista de Ángel Gabilondo condensa un fuerte sentido del humor que aporta a la cartografía social una mirada sostenida. La solemnidad merece tacón bajo para que el sentido común pueda mirar de frente. Así es palpable en este decir breve un aire crítico, próximo al escepticismo, que mira los decorados para desmontar tramoyas. Al cabo “Por más que aprendamos, también crece lo que desconocemos”.  La selección fortalece un aforismo convencido y convincente, vestido por un cálido sentido del humor y, en ocasiones, con una ironía con voluntad de saber y decir.
   Nombre propio esencial en la codificación de la estrategia expresiva, Ramón Eder ha convertido la práctica aforística en camino de dirección única. Así secuencia entregas que fortalecen una voz ética y despliega destellos indagatorios sobre el estar cotidiano. Su caligrafía entrelaza prudente movilidad argumental, humor a media voz, inteligencia ligera y sentido común. Son ingredientes que ponen su producción en primera línea y a la cabeza del género.
  Juan Kruz Igerabide es un escritor prolífico que aborda una senda creadora plural, desde la literatura infantil al decir breve. Su paremia cimenta sociología y ética, y aporta una mirada paradójica que hace de la escueta geografía de lo real un espacio de intolerancia pacífica, donde conviven “salvados, condenados y atónitos”.
  En la personalidad de Karmelo C. Iribarren prevalece el poeta. Sus versos multiplican ediciones y reconocimientos. En ellos encontramos una clara afinidad entre el sujeto poético, la fuerza verbal de sus codas y los pensamientos breves de Diario de K. La intimidad del yo personaje promueve un afán de búsqueda que ajusta cuentas con imposturas propias y ajenas: “A los que carecemos de imaginación, sólo nos queda la vida diaria pasando; es decir: un filón inagotable”. De ese sustrato los aforismos son muestra y espejo, un escaparate de experiencias verbales que compendia humor y sabiduría.
   Clave esencial en la arquitectura cultural vasca, donde ha logrado extenso reconocimiento crítico, Tere Irastortza explora con su obra géneros como la poesía, la traducción, el ensayo y el aforismo. Su escritura concisa aborda con frecuencia lo metaliterario y se define por su enfoque cercano al hábitat desde una conciencia de aceptación del devenir y de evocación y recuerdo de los valores primarios. En su quehacer, escribir es adentrarse en las percepciones de un sujeto plural, que descubre confluencias entre lecturas y experiencia: “La escritura nos muestra, lo que nos ilumina, no es más que un borrador.
   También Karlos Linazasoro personifica un abrumador legado creativo que ha trazado sendas en todos los géneros. Su aforística se agrupa en los libros Lo que no está escrito y Nunca mejor dicho. Sus breves recuperan la paradoja y tachan lo solemne para construir un lenguaje de lúcida expresión, que radiografía el discurrir de la conciencia con una estela de ironía cómplice. Esta antología presenta una estupenda selección, cuajada de aciertos.
  La biografía aforística de Ana Urkiza cuenta con dos títulos, Lo que queda de ayer y No hay vuelta para adelante publicados en euskera y presentados en castellano por Trea con el título Un hermoso lugar la felicidad. Componen una parcela significativa en una obra muy extensa que acoge distintos lectores, desde el público infantil y juvenil, hasta géneros de madurez como el relato y la poesía. Se percibe en su paremia un guión reflexivo, una introspección marcada por el tiempo que incide con frecuencia en lo social y no desdeña el humor en sus análisis.
   Del trabajo incansable de Gabriel Insausti da fe una obra que integra narrativa, poesía, literatura de viajes, aforismos, traducciones y ensayos junto a ediciones de clásicos. Los rasgos que definen su aforística son la precisión semántica, el sustrato cultural, la reflexión sociológica y esa mirada a la ética como norte del fluir de la conciencia.
   Más que aforismos al uso, abundantes textos mínimos de Beñaz Arginzoniz son fragmentos metapoéticos que buscan clarificar la razón del poema. Sus breves formulan ideas de amplia profundidad lírica, lejos de la sorpresa conclusiva o del desenlace ingenioso del aforismo habitual. No obstante, la muestra del autor integra frutos más convencionales, como los extraídos de Un mundo para Marina o los integrados en Extrañas flores y otros fragmentos de un diario póstumo.
   La fertilidad creadora de Juan Manuel Uría ha dejado en un corto espacio temporal entregas poéticas, realizaciones plásticas y aforismos. Sus voces breves persiguen conexiones insólitas (“Donde muere lo obvio, nace el poema”) que abordan la ruptura de lo previsible y dan voz al sentido común mediante un discurso paremiológico que pisa firme el sustrato ligero del humor: “La realidad es como el chuletón: poco hecha y con un buen puñado de sal”. También resalta en su escritura la voluntad dispuesta de un observador implicado que no duda en comentar las marcas desaliñadas de la realidad.
  La cercana presencia literaria de Ander Mayora corrobora la excelente amanecida de La clemencia del tiempo, con prólogo de Enrique García Máiquez. Su continuidad, El páramo presenta el merodeo del decir breve por la introspección y por las perspectivas de un devenir existencial al albur de los días. Limpios y directos, los aforismos de Ander Mayora formulan una ascesis de creencias personales que no renuncia al sentido crítico con una sociedad banalizada, que viaja hacia un pensamiento uniforme y de consumo inmediato.
   Gran acierto el de Aitor Francos: no incluirse a sí mismo en la antología, aunque su minimalismo singular lo merece. Y muy atinada esta imagen global del aforismo vasco contemporáneo que se libra de cualquier localismo y postula en la estrategia discursiva del género un grupo de autores estable y fuerte, que personifica un compromiso personal con el aforismo repleto de fuerza literaria, siempre propicio al sol de mediodía.



lunes, 4 de junio de 2018

DISPERSAR NUBES ( Anecdotario II. Feria del Libro)

Itinerarios de papel
Fotografía Archivo general
Feria del Libro, 2018



DISPERSAR NUBES

(Anecdotario II)

Como humanos, tropezamos más de una vez
 en la misma piedra; pero siempre hay alguien
cambiándola de sitio.

                Miguel Cobo Rosa
(Tautogramas; Libros al Albur)

   Tras el propósito fallido del sábado, vuelvo con la calma matinal de quien espera un dispersar de nubes. Ayer la lluvia cayó por duplicado. La tormenta tenía el desborde pretencioso de quien busca señales de vida en el fastidio y la inquietud.
   Cae la moneda de la alegría y sale cara: encuentro con Luis Mateo Díez. Acude a firmar El hijo de las cosas (Galaxia Gutenberg, 2018). Es pronto aún y nos da tiempo a pasear bajo los árboles. Es muy afectivo; se detiene a cada paso, como si escuchase mejor el despertar de la memoria. Todavía recuerda los encuentros en Rivas, las tertulias comunes en la Plaza Mayor, o esa larga entrevista sobre su obra que publicamos en la revista Prima Littera. Me sigue agradeciendo la calle que tiene en Rivas, en el barrio de los escritores. Me emociono mucho, habla de un paréntesis existencial que ya pertenece al pasado. Prometo recogerle en Madrid y dar un paseo por ella, con el sosiego de sentir el homenaje de aquella etapa. Ya en la caseta, me firma la novela. Su registro ficcional parece inagotable.

   Antes de pasar por La Isla de Siltolá, acudo a Valparaíso Ediciones, pero no está Javier Bozalongo, y solo concreto la firma del jueves. Después me tomo un respiro y ejerzo de transeúnte curioso. Por allí, Alex de la Iglesia, con su textura habitual, como si tuviese que seguir rodando El día de la bestia. Me cruzo también con Ángel Gabilondo; lleva prisa y no puedo entregarle un libro; pocos saben que el político y profesor es un aforista y que formará parte de una antología de autores vascos que saldrá en los próximos meses.

   El mostrador de Renacimiento está repleto de novedades. Y paso a saludar a Christina Linares. Es entrañable. Como la afluencia del momento es pequeña, podemos hablar de esos géneros que sobreviven de espaldas al mercado como la poesía o el aforismo. Pero no hay pesimismo en sus palabras, sino afán de seguir fortaleciendo un catálogo poblado que muestra los muchos registros de la literatura contemporánea.

   Desde el interior de la caseta la feria se ve como un incesante deambular por una geografía fragmentaria. Se está cómodo entre libros y esa silla de tijera provisional, que amenaza plegarse en cualquier momento… El reloj camina con armonía: un poeta joven, Aitor Francos, que acaba de enviarme sus novedades y que siempre está lleno de afecto desde que hicimos aquella antología, Re-generación, que poblaba con veintitrés nombres propios la poesía contemporánea…Casi todos siguen publicando con fuerza, aunque también hubo errores, esperanzas que apenas se han concretado.

  Un amable paseante quiere algo de Góngora. No está. Otra afirma que es de Sevilla, que sabe dónde está la librería de Javier Sánchez Menéndez, que también es escritor; corrige mi callejero evocador de la ciudad andaluza y acaba sugiriendo que los libros carecen de ilustraciones. Son de poesía, aventuro. Sí, pero ahí está Mafalda y lo bien que quedan las viñetas…Si no, quién va a leer tanta letra. Eso sí, replico, rendido de inmediato a su lucidez brumosa. Si se cansan pueden leer aforismos…Que son cortos, Yo no sé, me dice, creo que son cuentos largos o así… Asiento, sí, la verdad en los aforismos hay mucho cuento…Se va tranquila. Nosotros nos quedamos también tranquilos.

Y llega Rosa Huertas y con ella la alegría de la evocación, el trabajo de estos años, el aula, la amistad…Vértices que demuestran que el todo siempre es mayor que la suma de las partes. Gracias Rosa. Muy feliz con tu presencia.

Un matrimonio quiere saber si para ser poeta hay que estar jubilado. Ella cree que es bueno hacer algo, aunque sean tonterías para los amigos. Él dice que solo aspira a pasar el día sin hacer nada. Los dos visten el pintoresco tejido reversible de la majadería. Por alguna grieta invisible se ha exiliado el cerebro. se van con el bufido de quien no acaba de estar cómodo entre tanto papel. Entiendo su cabreo: no hacer nada cansa muchísimo. 

Al salir coincido en el pasillo de autores con David de María. Nada sé de su música. En casa, mis hijas me sacan de dudas; su música ligera gusta e invita al meneíto bailón y tiene un recorrido de exitosos temas. Qué torpe soy; a ver si enciendo la pletina y lo escucho… Que no todo va a ser el Canon de Pachelbel.





jueves, 2 de julio de 2015

AITOR FRANCOS. CONFABULARIO

Las dimensiones del teatro
Aitor Francos
La Isla de Siltolá,
Sevilla, 2015

CONFABULARIO

   Con apenas 26 años, Bioy Casares  escribe su novela la invención de Morel. Allí deja patente su fascinación por construir un gran teatro insular en el que se represente la irrealidad de la existencia y sus recovecos más desconocidos. Aitor Francos (Bilbao, 1986) abre el poemario Las dimensiones del teatro con una recreación argumental de la ficción de Bioy Casares, como si dejara explícita su intención de compartir con el maestro argentino afinidades escriturales.
   El discurso verbal se despoja de tejidos confesionales biográficos. Recurre al monólogo dramático para dar voz a figurantes y situaciones literarias que se reactualizan en la escritura para convencernos, como enunciara L. Wittgestein, de que “Los límites del mundo son los límites del lenguaje”.
  El poeta se acredita como lector perseverante que proporciona nuevas oportunidades al devenir existencial y hace de la palabra poética un ejercicio polivalente y fragmentario. El marco de representación de Las dimensiones del teatro no responde a un hilo argumental continuo; expande una trama de apariencia aleatoria, que rompe la cadencia previsible.
   El sujeto, a partir de un poema de Beñat Sarasola, especula con el sentido del quehacer escritural para formular una poética sobre el devenir temporal de la lírica; y aporta un entrelazado de respuestas que prescinde de cualquier lógica argumentativa para acumular intuiciones e imágenes. Así se aprecia en el siguiente fragmento: “En la plaza Olavide, uno de los poemas de Larrea / se me cayó del libro al suelo y lo firmó  Szimborska. / La poesía del siglo XXI se hará casualmente, / con tablas de un escenario sin uso y un par de clavos; / ése es el modo en que se reconstruye una embarcación / cerca de un faro de vigía, / así, igualmente, se cierra un ataúd en el desierto “.
   También el cuerpo del libro, como material orgánico, propicia el afán indagatorio. Escribe en “Mecano”: “Pienso en cómo se conforma un libro de poemas. / No es fácil / reunir a unos cuantos extraños en una vida / común y hacer que actúen / en familia“. Las piezas, autónomas y singulares, asienten voluntariosas para integrar un todo en el que adquieren nuevas lecturas.
   En la cartografía poética de Aitor Francos no hay itinerarios evidentes, de los que discurren con placidez hacia el destino final, sino circunvoluciones que avanzan, hondas e introspectivas, expandiendo nutrientes literarios, recorriendo distancias hacia el vacío de los significados. Queda así el poema como un espacio hermético y singular, como una búsqueda de otro lenguaje que no admite receptores pasivos mientras en el espejo de los versos una identidad se justifica: “No tengo filosofía de vida: solo hago cambios de sentido. / Ser  incomprendido es mi actividad esencial. Ser / incomprendido es mi lenguaje. / He trazado varios laberintos. No he sabido encerrarme / en uno solo”.     

lunes, 2 de junio de 2014

AITOR FRANCOS. CON BARTLEBY.

Un lugar en el que nunca he escrito
Aitor Francos
Renacimiento, Sevilla, 2013

CON BARTLEBY

  El tramo inicial del siglo XXI, como tiempo de edición, delimita una última hornada de voces en la que encuentra sitio Aitor Francos, (Bilbao, 1986). El poeta es Licenciado en  Medicina por la Universidad del País Vasco, ejerce de crítico ocasional en revistas como Zurgai y la publicación digital Koult, y su primera salida, Igloo, consiguió en 2011 el Premio Surcos; ahora nos deja en la misma editorial, Renacimiento, el poemario Un lugar en el que nunca he escrito. El aserto de esta segunda entrega remite de inmediato al libro de relatos de David Leavitt, Un lugar en el que nunca he estado, publicado en España por Anagrama en 2009.  
  Este conjunto de poemas emplea como obertura un legado plural en el que se amalgaman citas de procedencia dispar. Está Bertolt Brecht, paradigma del compromiso social en poesía, y Antonio Cabrera, ejemplo de indagación meditativa, junto a etiquetados más difusos y abiertos como los que impulsan José Fernández de la Sota, Martín López Vega, o Jesús Aguado. En cualquier caso, la voz escritural encuentra siempre refrendo en los estantes de la biblioteca para su recorrido por un entorno próximo, en el que se percibe un estado de tedio y confusión que apenas cuenta con vías de escape.
  El acontecer no es lineal y diáfano; se construye sobre percepciones fragmentarias que buscan en su expresión escrita un registro intermitente. El sujeto poético se vislumbra en el espejo de la identidad como un Bartleby tedioso, anotando renglones con un pulso irónico, como si el calendario laboral contagiase frío y fuese necesario disipar sus nieblas y ausencias de entusiasmo. Lo mismo que el apocado personaje de H. Melville, es un resistente a la acción; no pide cuentas ni justificaciones. Está ahí, junto a los otros; carece de respuestas y no desea pronunciamientos; acaso formula una experiencia vital conformada por sustratos de alucinación y engaño.
  Una característica formal que llama de inmediato la atención es el empleo continuo del soneto en verso blanco. Si su ilustre paisano Blas de Otero consiguió con la estrofa las más altas cotas de la poesía existencial de posguerra, Aitor Francos repite itinerario por los catorce versos de la estrofa para abordar la percepción de un entorno discontinuo y sombrío.
   El ideario figurativo, sólido y fértil en las últimas décadas, ha acostumbrado a la recepción de poesía bajo un guión lógico y narrativo. La lírica de Aitor Francos no permite ese enfoque; aunque en el libro hay una innegable unidad de tono, cada composición disputa el sitio de su autonomía textual para impulsar desde el conjunto una lectura metafórica del desamparo, una mirada con destellos irracionales. El poema no se retrae a un único sentido, exige la interpretación del lector que comprenda indicios, que nunca deje al margen una perspectiva personal. El escritor, tras cada impulso manuscrito, deja la borrosa identidad de un Bartleby desocupado que, como argumenta el saber antiguo de la tradición, “preferiría no hacerlo”.