miércoles, 5 de septiembre de 2018

OTRA CIUDAD, LA MISMA



A pájaros
Fotografía de
Adela Sánchez Santana


OTRA CIUDAD, LA MISMA

En este mundo, nada está en su sitio,
empezando por el propio mundo.

EMILE CIORAN


. Es septiembre; las aceras congregan un contagio de prisas. Como si yo caminase a trasmano, pongo lentitud en la mirada y en los zapatos.  Estos días tengo la cabeza y el corazón a pájaros.

. En el metro, alguien habla en voz alta. Otro asiente a intervalos. Una multitud aleatoria conectada con oídos atentos en la distancia. Solo yo permanezco fuera de cobertura. Quité el sonido al móvil y, cuando lo enciendo, me he perdido seis llamadas, pero no respondo. Además, una nube gris de mensajes me recuerda los asuntos literarios que hay que programar. Debería ayudarme más a mí mismo; solo, no puedo.

. Pido un café con leche y abro un libro de Emile Cioran, uno de los regalos de mi cumpleaños. Apenas leo unas líneas. Elijo un ventanal que testifica el tránsito incesante. Frente a mí asientos vacíos, recuerdos de identidades que querría abrazar, y esa caligrafía de la ausencia que escribe en lluvia oblicua. Madrid conmigo. Otra ciudad, la misma. Y yo no estoy.

. En el bullicio, los magros tesoros del mendigo. Dos cartones intactos de vino peleón, colillas, el saco de dormir y un desamparo que no ocupa sitio y que mira furtivo, mientras tiende la mano. El periódico dice que el verano turístico en Madrid ha sido excelente; en su intemperie, el mendigo lo ignora…Las cifras turísticas siguen creciendo como termitas fagocitando los barrios antiguos. 
  No debo escribir un diario íntimo; no sé fingir naderías, me mana la tristeza y hay que ser optimista, aunque no sepamos para qué.

(Apuntes de verano)






martes, 4 de septiembre de 2018

GABRIELA ROSAS. AGOSTO INTERMINABLE

Agosto interminable
Gabriela Rosas
Editorial Eclepsidra,
Colección Vitrales de Alejandría
Caracas, Venezuela, 2008

DESDE LA PÉRDIDA



   En el umbral del verano. Cielo limpio, azul, sin nubes y un sol impulsivo que invita a buscar la indolente quietud de las sombrillas frente al mar. Viaja conmigo un nutrido equipaje de libros de poesía, para volver a sus páginas con el tiempo necesario. Entre ellos, Agosto interminable, breve propuesta poética de Gabriela Rosas.
   Desde hace algún tiempo su amistad y su quehacer literario integran la textura de mi trabajo crítico. La escritora personifica una presencia nítida que ha servido de pórtico para un fértil contacto con poetas y editores de Venezuela, un país hermano, maltratado hasta extremos insostenibles por el chavismo y su epigonía ideológica, lo que está provocando una crisis económica muy compleja y un exilio sangrante, que rompe familias y disgrega esperanzas sin futuro.
  El poemario es un diálogo que me acerca a la sensibilidad de Gabriela Rosas. Vuelvo a las páginas de Agosto interminable, cuyo título, sentencioso y explícito, proclama un gesto de rebeldía contra el discurrir y habla de carencia y hartazgo, como si el largo estar en la epidermis roja del verano rompiese las cualidades singulares del respirar diario.
 El personaje definido en los versos de Gabriela Rosas postula en su mirada una realidad insuficiente, alejada del esplendor estival y de la calidez celebratoria de los cuerpos al sol. Quien habla es una estela vulnerable a nostalgias y evocaciones. Nos deja entre las manos un código íntimo donde el decir confesional es tono poético característico. El sujeto verbal ha perdido rutas de plenitud para deambular en los meandros de un manso conformismo que precede al retorno. Es el tiempo de negociar tristeza y de dejar sitio a las sensaciones que testimonian los puentes rotos: “Con o sin heridas de muerte / Necesitas saber que queda tiempo/ Siempre hay un lugar / Una mancha de carmín en el cuello / Un sobrenombre / Una enamorada / Y buenos momentos / la vida es un soplo / Te lo he dicho / Es frágil y recta como las autopistas”.
   Cuando nada perdura, la geografía del pasado se convierte en lugar donde germina lo vivido; nace así la evocación, la necesidad de convertir lo transitorio en permanente, desde la escritura. Así renace la entrega amorosa, esos minutos interminables donde se trenzan brazos, labios y cuerpos, como un material gastado y prescindible que se agarra a sí mismo en la memoria: “Un hombre al final de la calle / Grita que mis ojos son túneles / Para ejercitar la soledad / Agosto se hace interminable “. Las palabras pronuncian lo perdido, se hacen huella y postal, dibujan las certezas de quien estuvo en ese espacio acotado de la felicidad.
   En los poemas finales, integrados en el apartado “Maromas”, el clamor de la soledad crece para dar fe de vida. Con tono imperativo, se busca vencer el aislamiento creando espejismos de cercanía o renaciendo al sueño, como un abrazo maternal, donde fue posible siempre aquel espacio habitable de la infancia; por eso la madre merece la calidez de la elegía o el canto fuerte que no requiere palabras.
   El horizonte temático expande su razón de escritura para integrar el recuerdo de los que se fueron –tan presente en el poema “Cafetal”-, el sencillo homenaje al magisterio de Santos López, o el asentimiento por una identidad marcada por las pérdidas. Cierra el libro el poema en prosa “Declaración”, que disuena en su molde formal pero cuyo hilo argumental sirve como coda afirmativa del sentir, ascua viva, herida de pulsión y belleza.
  Gabriela Rosas hace de Agosto interminable una estela que convierte el amor en principio existencial. En sus poemas conviven la dicción coloquial y la imagen que guarda el misterio de la intensidad y el tanteo imaginativo. Los sentimientos expanden sus nervaduras con sinceridad emotiva, con esa sabia conjunción de elegía y regreso. Volver es encontrarse, aunque no estés.



lunes, 3 de septiembre de 2018

HORARIO DE VERANO (AFORISMOS)

Halconera sureña
Imagen de
Pinterest



HORARIO DE VERANO

(Aforismos)


En mi casa, el toldo del tragaluz es un oxímoron.

Entre los misterios de la inteligencia, ese empeño en ocultarse a diario.

Un ejemplo de fidelidad  extrema; mantuvo siempre un inquebrantable compromiso con la estupidez.

Cuando aletea, el optimismo recuerda la mínima vibración de una libélula.

Esas voces que ganan altura cuando callan.

Acabó identificando su belleza con el vacío; en ella, todo es nada.

Tan avaro que, cuando respira, guarda el oxígeno y el anhídrido carbónico.

(Aforismos inéditos)



domingo, 2 de septiembre de 2018

REFUGIOS, FORTALEZAS

Ábside de la catedral
(Ávila)




FORTALEZA

         (En Ávila)

He perdido el anhelo difuso de ser otro.
Mi soledad encarna
la vulnerable piel de alguna fruta.
Llego al umbral
y en la roqueda erijo
-con temores y dudas, con heridas-
seguridad precaria.
Alzo una fortaleza
para que no me alcancen
reiterados presagios.
En la torre central guardo vigilias.

Espero tu llegada;
en mí tendrás cobijo.

     (De Mapa de ruta, Granada, 2010)




sábado, 1 de septiembre de 2018

FRANCISCO BRINES. ELEGÍAS, REGRESOS

Francisco Brines (Valencia, 1932)
Fotografía de
El País


                                               ELEGÍAS, REGRESOS                                                 

   Francisco Brines (Valencia, 1932) reunió por primera vez su poesía completa en 1974. Tituló el conjunto Ensayo de una despedida, un aserto que refleja como realidad primaria del ser la temporalidad; estamos hechos de pérdidas sucesivas. El sintagma se ha mantenido en ediciones posteriores que añaden nuevas composiciones y algunos cambios poco relevantes. La última, la  antología Entre dos nadas crea un orden nuevo en el personal trayecto del poeta, ya que sus piezas han sido elegidas por casi trescientos lectores. Por tanto, esta colaboración múltiple y amistosa da fe de un cálido homenaje al que pone prólogo el poeta y crítico Alejandro Duque Amusco, quien se adentra en los registros con precisión de brújula. 
   Hay en toda la poesía de Brines una intensa coherencia, un pensamiento circular que se alimenta de redundancias. Los cimientos de su creación son el fluir temporal y la belleza; el tiempo es tránsito que nos va despojando hasta el vacío final y la oscuridad de la nada; la belleza aparece como un mirador que interrogar el entorno, que pone luz a los reflejos de la infancia y la identificación del hombre con la naturaleza. En ambos temas cobra sentido la palabra poética como revelación y vida. A través de la escritura se aspira lo real, una realidad que la memoria crea y dota de emoción; la palabra poética es también una respuesta vital que nos permite vivir el pasado en el ahora.
   Su primer libro Las brasas (1960) obtuvo el Premio Adonais, el más importante galardón de la posguerra. Las composiciones de esta amanecida ya son elegíacas. Están escritas desde la memoria de un sujeto que reflexiona sobre el paso de los días. Sentimientos y sensaciones se marchitan dejándonos entre las manos una menguada cosecha. En el presente la esperanza no tiene sentido.
  La segunda entrega, El santo inocente cambia de título muy pronto y se denominará Materia narrativa inexacta. Sombras del mundo clásico que hablan en monólogos dramáticos dan cuenta de las meditaciones del hombre, de ese sustrato común de la conciencia que permite que el amor sea en nuestro devenir un recurso liberador. Los poemas expuestos con la escueta narratividad del relato refuerzan la objetividad del discurso.
   El itinerario se enriquece en 1966 cuando se edita Palabras a la oscuridad, poemario que se alzó con el Premio de la Crítica. El título del mismo sugiere que el misterio de la noche es el interlocutor en quien el verbo deposita la emoción del mundo, esas perdurables impresiones del paisaje de Elca, la inquietante presencia de los otros o los signos desvelados de la soledad y la muerte.
   Aún no es un libro renovador. Aparece en 1971 e incorpora una importante veta satírica; predomina en él el conceptismo y el tono sentencioso. Hay abundantes procedimientos expresivos -parónimos, aliteraciones, rimas internas…- y utiliza un léxico novedoso, aunque también están presentes las habituales preocupaciones, como el derrumbe continuo de la carne.
   Insistencias en Luzbel aborda una poesía metafísica, centrada en el largo trayecto que va desde el engaño de la plenitud de la infancia hasta la nada. La vida entonces -como ya expusimos- se convierte en ensayo de una despedida; solo es vivida plenamente en el breve sueño de los sentidos donde hay una ética de lo celebratorio, un estoicismo que indaga en el carpe diem y que conjuga presente y captación de la belleza.
   Sus últimos libros son el patrimonio del poeta en el tiempo y tienen la mirada crepuscular de la elegía. En El otoño de las rosas un viajero en la parte final de su trayecto hace balance y sabe que el itinerario fue lo que vivió. El rescate es ocasión propicia para cantar el entusiasmo de haber sido.
   Un sujeto poético que nos comunica la estéril razón de la existencia es el protagonista de La última costa. Ya el título sugiere la perspectiva desde la que están escritas las composiciones. Se divisa la geografía de la costa cuando el mar nos ofrece su  distancia, como si no fuera posible el retorno y el viajero lleva consigo la memoria que le permite recuperar el territorio de la infancia y recrear las sensaciones que en el pasado la definieron.
  La antología consultada incluye algunos poemas del libro en preparación Donde muere la muerte. Su apertura “Brevedad de la vida” es un largo balance en prosa poética cuyo argumento deja el poso exacto de la aceptación: existir es el principio de la nada. Solo la escritura conjetura una posible salvación del olvido, un plano de permanencia en el recuerdo capaz de trascender la espalda fría del tiempo.
    En Selección propia, una antología editada en Cátedra, hay un estudio introductorio fundamental para entender su poética. Se titula “La certidumbre de la poesía”. El trabajo se hilvana a partir de un conjunto de reflexiones clarificadoras. A pesar del desagrado del poeta por analizar la propia poesía, sugiere que la poética nace de la praxis como los poemas nacen de la necesidad. Sus indagaciones se orientan hacia el proceso de creación. Cuando el tiempo nos destierra del paraíso de la infancia la palabra se convierte en una fortaleza que salvaguarda la dimensión individual del hombre. Los versos son refugio que permiten construir una nueva realidad que emana de nosotros mismos porque es interior y se nos otorga como una revelación. Así va apareciendo el mundo del poeta, sus concretas experiencias vitales expresadas con un lenguaje donde la intuición dirige la evolución expresiva de una obra que ha hecho de la precisión y la claridad norte y rumbo. Como Antonio Machado o Luis Cernuda, Francisco Brines es un poeta del tiempo. Su palabra es recuento del existir desde una conciencia ética, las huellas desgajadas que empiezan a borrarse en un tacto de arena.




jueves, 30 de agosto de 2018

MICROFILOSOFÍAS

Pensamientos al paso




SOBRE EL AFORISMO


  Mantengo en el tiempo una conversación heterodoxa con el aforismo. Me gusta percibir su talante y su microfilosofía, esa impregnación de cualidades en el pensamiento, al adentrarse por los minifundios temáticos de la realidad, sin perder la memoria de sí mismo.
   Al aforismo no le asusta prodigar pasos en el extravío. Caminar es fluir, fecundar una densa corriente desde la contención y el equilibrio. Da voz a un hablante que argumenta con dicción introspectiva e intimista, como si encendiese un foco de expresión en el trazado de una senda emocional y autobiográfica.
   El aforismo es hondura y espejo, donde la razón de ser abre la puerta al ser de la razón; un paradójico retorno al logos, una apertura, un paseo solitario bajo los árboles.



martes, 28 de agosto de 2018

ESCRITURA NÓMADA

Sierra de Gredos



ESCRITURA NÓMADA

Estos días de un agosto crepuscular dejan en la mesa de trabajo esa relación aleatoria entre texto y autor. Los folios se llenan con escrituras nómadas que recuerdan que escritor y quehacer creador viajan hacia ninguna parte. Somos derivas, sin balizas de localización.

Jerarquizo lo pendiente con un mínimo inventario de urgencias. Me quedo más tranquilo. Es un disfraz que oculta la inquietud y da confianza al barniz de las buenas intenciones.

Apenas hay cobertura en la sierra de Gredos, aunque de cuando en cuando se define el efecto coral de internet. Sé que las redes digitales alojan un contradiscurso de la inteligencia. Son círculos abiertos.

(Apuntes sobre lo real)