miércoles, 8 de mayo de 2019

EN EL BOTÁNICO

En el Jardín botánico
(Puerto de la Cruz)


Cercanía

         Para Ezequías  Blanco

Busco cobijo
si las horas me llaman
en este banco.





domingo, 5 de mayo de 2019

HABLAR DE POESÍA



UNA CONVERSACIÓN CON ROSARIO TRONCOSO 



Rosario Troncoso: ¿Quién es J. L. Morante? ¿Qué le pide a la vida?

La identidad es uno de los temas centrales de mi poesía. Mi primer libro, Rotonda con estatuas, incluía como cierre el poema “Heterónomos”, un diálogo entre el  yo que está en la calle y el yo interior;  un extraño  habita en mí y en él  descubro rasgos comunes. Soy un conformista  y suelo pedir poco en lo personal; también mis peticiones colectivas también suelen silenciarse bajo el rumor del tiempo. 

¿Para qué la Poesía? ¿De qué te sirve, de qué te salva? ¿Qué puede cambiar la Poesía?

Para sembrar preguntas, para hacer de cada libro un laberinto que se recorre contra el discurrir. No salva de nada: todos vivimos bajo la intemperie, pero da resguardo y cobijo y pone ante los ojos pensamientos y afectos, así que es posible que un buen poema nos cambie el brillo de la mirada y dibuje en el rostro una sonrisa.

Proceso creativo. Rutina.

La rutina forma parte de lo cotidiano;  es ese péndulo que lleva desde las estanterías de la biblioteca hasta el teclado del ordenador. Hay días que ese trayecto es muy largo y otros que anulan distancias,  como el traqueteo de un tren de cercanías.  

Los clásicos... Autores y libros que son imprescindibles.

Soy un lector de trayecto continuo;  y para no cansar con una cronología extensa me ciño a la generación del 50 y a ese sendero que lleva desde Antonio Machado a la poesía social, el medio siglo y con bifurcaciones y estancias vacacionales en  la poesía hispanoamericana…  

Un consejo a los que empiezan.

Afrontar cada libro como el primer paso; aquí no hay sendas trilladas, cada recorrido es una búsqueda.

¿Qué le sobra hoy a la literatura? ¿Qué le falta?

A la literatura siempre le sobra vida literaria y le falta lectura. Creo que lo ideal es la soledad en compañía de un libro. Las demás contingencias no pasan de ser  meteorología de nubosidad variable que suele desplegar paraguas con varillas dañadas. 

¿En qué instante te miras?

 La madurez es una etapa propicia a la elegía y  menos dada a lo celebratorio.  Es un tiempo de canas y miopía, de sosiego y música crepuscular. 

Un verso definitivo

La pedantería me deja en el tímpano voces clásicas: “Lo demás es silencio” “polvo seré,  mas polvo enamorado” “ la nieve ardía”. Pero apunto uno propio que solo constituye una declaración de fidelidad y firmeza ante lo transitorio: “Pienso en ti casi siempre. Las otras veces pienso en ti”.

(Entrevista de Rosario Troncoso)


miércoles, 1 de mayo de 2019

MUTACIÓN

Erizo europeo común
Enciclopedia de
Ciencias Naturales


MUTACIÓN

   Sin motivos conocidos, cobijó su afecto bajo una severa dermis espinosa. Su estar diario se hizo silencio. Después se fue fortaleciendo en su callar un odio que rompió su cáscara y salió al día. Ahora, furtivos los sentidos, espera que yo encuentre la caligrafía del dolor. Su voluntad aguarda. 
   No puede perdonarme todo lo que me debe.

(De Cuentos diminutos)






martes, 30 de abril de 2019

MARINA CASADO. DE LAS HORAS SIN SOL

De las horas sin sol
Marina Casado
Prólogo de Andrés París
Huerga & Fierro editores / Poesía
Madrid, 2019


ECLIPSES Y AMANECIDAS


   Marina Casado (Madrid, 1989), docente en activo, Licenciada en Periodismo y Doctora en Literatura Española, combina en su taller  la poesía y el quehacer crítico, con dos ensayos editados en torno a los referentes literarias del pop-rock y a la intimidad creadora de Rafael Alberti. Fue en 2014 cuando firma la carta de amanecida, Los despertares, que pronto tuvo continuidad con Mi nombre de agua y el trabajo que ahora presenta Huerga y Fierro De las horas sin sol, lo que hace de la poesía senda principa, aunque la escritora sume bifurcaciones con la práctica del relato y la coordinación de algunas antologías.
   En el prólogo, el joven poeta Andrés París se aleja del mero cumplimiento epistolar de los afectos para vislumbrar coordenadas, un ideario que busca sitio a “una fisiología del alma y el tiempo en que la mejor opción es dejarse bogar inerte como un tronco por los ríos y cataratas que despliega la poeta”. El pautado análisis yuxtapone un proceso que integra la pérdida, la evocación desde el recuerdo y el destello esperanzado de la aurora.
  La sensación de ensimismamiento y orfandad de “Los condenados a la realidad” también emana de los versos de Manuel Altolaguirre que preceden a los apartados del libro: “Hubiera preferido / ser huérfano en la muerte, que me faltaras tu / allá, en lo misterioso, / no aquí en lo conocido”. Y se prolonga en la semántica nocturnal de Rafael Alberti. De este modo el sujeto verbal muestra los mimbres de una voz entumecida y solitaria que hace recuento de un estar a la intemperie. La mirada de la infancia se aleja, como estratos que muestran sus límites difusos ante un presente miope, que va borrando las formas de otro tiempo. En su lucha tenaz contra el olvido, el ahora se llena de indicios de otros días: una canción en las manos del compromiso, un olor conocido, un simple pilot. Testifican un espacio compartido y la plenitud de un pretérito que sale al día con la nitidez dolorosa de lo cumplido.
   En este primer apartado sobresale por su textura reflexiva “Partida de ajedrez” un texto en prosa estructurado en tres movimientos enunciativos. En él se vislumbra la existencia como un terco movimiento de piezas en las que siempre el sujeto verbal se asigna el callado papel del perdedor; aún así merece la pena volcar en cada instante sentimientos y percepciones para recuperar aquello que definía un estar feliz. Acaso ser es caminar hacia el otro, aceptar que la luz es una puerta que alguien abre.
   Los poemas de “Temerás a los vivos” suponen la aceptación del desasosiego como estado natural del existir. Son esquejes de un árbol que perdió la raíz y ahora se alza como una veleta sin norte: “Tengo miedo del fuego que no he visto / y de la nada blanca que flota en los resquicios del presente”. El reloj se demora en una larga noche donde la amanecida refuerza la sensación de intangible espejismo. Habitar el ahora requiere el dogmático catálogo de la supervivencia, esas “Trece verdades con las que construir un puente al otro mundo”.
   Pero un hilo de luz es siempre una posibilidad de renacer. Así lo atestiguaba el cantautor Jaume Sisa en los laberintos opacos de la dictadura: “Cualquier día puede salir el sol”. Y así lo enuncia también Marina Casado, con la palabra limpia del regreso, en el poema “Un faro con el nombre de esperanza”, enunciado que también recuerda a otro cantautor: Manu Chao. La voz se hace más sosegada y dispuesta a la celebración, encarece el instante para preservar en él aquellos frutos que impulsan una nueva latitud: “Ahora que he despertado, / no me cierres tus ojos, / sigue siendo aquel faro / en la noche con niebla de la pena, / aquel faro que el mundo / conoce con el nombre de esperanza”.
   El epílogo se apropia de un conocido tópico del legado clásico para agrupar las huellas finales. El apartado “Ubi sunt” rastrea el ser fugaz del tiempo, la cadena de instantes vivenciales como tránsito hacia un horizonte crepuscular. Lo cotidiano tiene la imaginería gastada de un pase de cine: “Tengo los ojos llorosos de pretéritos. / Tengo todos los sueños conspirados / para perder la fe en la realidad. / La vida se disfraza de domingo con las alas cerradas”. En esa elegía de la memoria hay una exaltación de lo singular como lucha continua contra lo gregario. La poesía se convierte en oficio de náufragos, en locos desclasados que reclaman una causa perdida. También perdura la estela en el agua de los sentimientos, ese amor más allá de la muerte que merece un estar a resguardo en la evocación; o la calidez del homenaje a la identidad materna que brilla con emotiva luz entre la niebla del ahora. Y sobre todo esa dermis que deja en la ciudad las pisadas de un tiempo compartido de paraguas abiertos y arcoíris.
   De las horas sin sol propone una conversación con la voz íntima de la memoria en la que guardan turno de palabra la mirada sombría de la pérdida, el poso de amargura de lo transitorio y la claridad dormida del estanque en cuyo fondo reposan los reflejos de la felicidad. En él encuentran sitio los remolinos aleatorios de lo cotidiano y el terciopelo de la amanecida, ese empeño que pide, con palabras de familia gastadas por el tiempo, el instante callado de quien busca todavía la luz tras el eclipse; ser feliz.        
 


lunes, 29 de abril de 2019

MIGUEL ÁNGEL ARCAS. LOS TRES PIES DEL GATO

Los tres pies del gato
Miguel Ángel Arcas
Prólogo de Carlos Marzal
Ediciones Trea, Aforismo
Somonte Cenedo, Gijón, Asturias, 2019



VIVIR AL PASO



  En el afianzamiento y divulgación del aforismo como género de plena vigencia, es de justicia reconocer la geografía participativa de Miguel Ángel Arcas (Granada, 1956) como impulsor de la editorial  Los Cuadernos del Vigía y creador del Premio internacional de aforismos inéditos José Bergamín. Este relato se completa con un notable trayecto creador que aglutina las entregas Los sueños del realista, reconocida con el Premio Nacional de poesía Miguel Hernández en 1998, El Baile (2002), Llueve horizontal, ganador del XXII Premio de Poesía Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina” en 2016 y Alevosía, conjunto aparecido en 2016. Tan apreciable floración  poética convive, sin criterios de oposición, con una sostenida dedicación aforística que integra tres salidas, Aforemas (2004), Más realidad (2012) y la entrega aparecida en 2019, Los tres pies del gato. Son exploraciones del decir breve donde,  sin altisonancias ni moralinas, el escritor da voz al aforema, una cata reflexiva que hace de sujeto y entorno un marco natural de circunvoluciones para el pensamiento.
  Este rótulo conceptual, “aforema”, esboza el sustrato del aforismo como un material híbrido que aglutina poesía, pensamiento y filosofía en la concisa fugacidad de su percepción. La voz formula su deambular discursivo con la veracidad de tono de lo confesional; quien habla lo hace desde la dicción transparente  de un idioma comunicativo, dispuesto a la confidencia. Es un interlocutor que ocupa la distancia corta del diálogo, un espectador del ahora que entrelaza la historia subjetiva del personaje y un contexto social, como telón de fondo dispuesto a la representación.
  De estos rasgos da cuenta en el prólogo Carlos Marzal. Es una introducción tendida entre las pinzas amistosas del confesionalismo biográfico y la experiencia de una literatura que ha hecho de lo fragmentario una manera de mirar las cosas; Marzal descree del dogma para poner el paso en las construcciones imaginativas de lo real. De este modo su umbral nos deja en el cauce estético de Arcas que anticipa una cita de Elizabeth Bishop: “Es como imaginamos el conocimiento: oscuro, salado, claro, móvil, plenamente libre…”. Desde esta diversidad ensancha límites la retórica minimalista del texto, siempre con una visión crítica despojada, que abre una larga vigilia reflexiva: “No es pensar en silencio, sino pensar desde el silencio”; “La verdad: una luz partida en dos oscuridades”; “La boca del silencio no siempre está cerrada”; “El olvido es una geografía de la que no existen mapas”.
   El aforismo no obedece a una cartografía previsible. Deambula. Tantea. Busca formulaciones de la incertidumbre; se hace camino y regreso y guarda en los espejos esa imagen mudable del sujeto que bracea en lo existencial. Así van escribiéndose los destellos reflexivos de un tiempo de nubes y claros, de melancolía y extrañeza. Así se va confeccionando el autorretrato de un sujeto vuelto sobre si mismo, en cuyos rasgos siempre encuentra sitio la extrañeza, esa pausada conversación sobre el silencio que bracea a contracorriente, que pugna por hacer sitio en el sillón de lo diario a la elocuencia del silencio, al rumor que dejan en el discurrir los tres pies del gato.




domingo, 28 de abril de 2019

POÉTICA ESENCIAL

Equilibrios y simetrías
Fotografía de
Javier Cabañero Valencia


      

E-MAIL

               Bajo la noche solos,
               usando las palabras
               como inconscientes varas
               para tocar lo otro

                                IDA VITALE

El mensaje conciso,
sin tallo emocional,
sin hojarasca;
sólo el misterio
de la transparencia
y el hilo concesivo
del discurso coherente.
Que el teclado perciba
desnudez, eficacia,
y la respuesta fiel
del mensajero.

           (De la antología Mapa de ruta)


viernes, 26 de abril de 2019

ESTANTES

PertenenciasImagen de
Blog Vintage


ESTANTES

Las cosas guardan
la caricia sutil
de quien las mira.