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jueves, 24 de diciembre de 2015

TIEMPO NUEVO

Fotografía de Andrés Romarís
(2015)

TIEMPO NUEVO

                                                        La vida es un cuento contado
                                                      por un idiota, lleno de ruido y
             furia
                                                                 W. Shakespeare

Y que no sea
un mar en desvarío
de ruido y furia.



miércoles, 19 de noviembre de 2014

IMPRESCINDIBLES. ELLAS

Ella
Fotografía de Andrés Romarís
HOMENAJE

      Imprescindibles. Ellas.

De Malena recuerdo la sonrisa,
perdida en el trastero de los besos.
De Penélope, claro, las demoras
por esa indesmayable afición al ganchillo.
De Amanda la estadística
que racionalizaba los rechazos
y una balada dulce que compuso
el cantautor chileno Víctor Jara.
De Aldonza el mal aliento,
las caderas, el brazo campesino
y el suceso banal, siempre azaroso,
que empujó al buen Quijano
a convertirla un día en Dulcinea.
De Marta la metódica exigencia
de cobrar al contado cada noche
con la eficacia gris del prestamista.
La sórdida apariencia, las ojeras
y una aguja hipodérmica en el brazo
son dolorosos restos de una muerte
de cuyo nombre no quiero acordarme.
De María Kodama el laconismo,
y una dedicatoria insobornable
de aquel ciego inmortal, Jorge Luis Borges.
De Adela el aleph cómplice
que guarda a cada nombre el sitio justo.

       Causas y efectos, Sevilla, 1997

miércoles, 5 de noviembre de 2014

EL DESAMPARO DEL AMANECER

Fotografía de Andrés Romarís

INSOMNIO

             Para Ada Salas

Aprendo a recorrer la noche en vela,
tras el neutro latido
de un reloj digital.
Arañazos de luz fijan la sombra
al desamparo del amanecer.
Al principio eras tú
víctima vulnerable;
ahora somos acuerdo solidario
porque el cansancio enfría nuestro lecho
y agreste se cobija
espalda contra espalda.

Deshabitar insomnios
es difícil tarea;
cada intento provoca deserción.
Angustia el lexatín, no puede el valium,
fracasa la terapia del respirar profundo;
la saliva retiene
un dulzor sosegado
de melisas y espinos,
y el desvelo perdura.

A veces el silencio
agranda sus certezas
e impone a cada cosa su sentido.
A veces algún ruido se convierte
en un grito discorde
y aleja las bandadas de tenaces recuerdos.

Se dilata la noche;
la claridad agosta su piel negra.
Entra en mi nada el sueño
no como distensión apaciguada
sino como reflejo de inquietud.
Parpadea un relumbre. Se define un color.
En él comienzas.
Porque no sé, mis labios te pronuncian.

        (La noche en blanco,  Barcelona, 2005)