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martes, 21 de abril de 2026

GLORIA DÍEZ (Presentación de OFICIO DE CALLAR)

J

presentación del libro de aforismos
OFICIO DE CALLAR
Gloria Díez, José Luis Morante, Juan José Martín Ramos
Biblioteca Pública Mario Vargas Llosa
(Madrid, 16 de abril, 2026
Fotografia
 de
Rosa María Hernández Costa

Presentación y texto de GLORIA DÍEZ

Gloria Díez (El Entrego, Asturias), periodista y gestora cultural, ha hecho de la poesía una manera de mirar la hondura. Comienza travesía lírica con Mujer de aire, mujer de agua (Rialp, 1982). Aquel primer libro se asentaba en el mapa poético del momento y su autora no tardaría en integrarse en la Cuarta antología de Adonais (Rialp, 1983) y en el número doble 169-170 de la revista malagueña Litoral, publicado en 1987. La obra prosigue con Inocente ceniza (2018), un muestrario que se hace metáfora de amanecida y resurrección. Su última entrega es Seda torcida (2025), donde la poesía transforma emociones y pensamientos en resistencia, en rendijas de luz que cobijan lo perecedero.


   Queridos amigos, gracias por acompañarnos en una tarde que es importante para nosotros, como biblioteca, para José Luis Morante, como escritor y para Mahalta, la editorial que hoy acoge su último libro de aforismos: Oficio de callar.

José Luis Morante ha dedicado su vida a la escritura y a la enseñanza. Hoy tendremos que dejar a un lado al ensayista y al poeta, pero conviene citar, aunque solo sea de pasada, que su obra en verso está recogida en tres antologías: Mapa de ruta de 2010, Pulsaciones de 2017 y Ahora que es tarde que se publicó en 2020. No quisiera dejar pasar la oportunidad de resaltar su aportación al haiku en libros como A punto de ver, confieso que es mi favorito, publicado en 2019 o Viajeros sedentarios que apareció en una preciosa edición de La Garúa 2025.

Y ya, hecha la salvedad, quien hoy nos visita es el autor de aforismos. Este género de escritura breve está presente en la obra de Morante desde el ya lejano 2009 con Mejores días. A ese libro le siguieron Motivos personales en 2015 y esta otra delicia editorial que es Migas de voz fechada en 2021. La Isla de Siltolá publicó en 2024 un amplio ensayo sobre el aforismo, que yo recomiendo a quien quiera acercarse al género: se titula Paso ligero. La tradición de la brevedad en castellano (siglos XX y XXI).

Y así llegamos al momento actual y no olvido el libro de aforismos relacionados con el cine titulado Planos cortos, publicado por Trea en 2021, con prólogo de Juan Varo Zafra. Cito ahora el libro y a su prologuista porque habla de la mirada de José Luis Morante, una mirada “melancólica, agridulce”, dos adjetivos que definen con bastante precisión su talante y sabemos que cualquier creación, cualquier manifestación artística parte de la mirada.

En Oficio de callar afloran, quizá pasados por un último tamiz, el de la edad y la experiencia, temas que han estado presentes en la ya amplia obra de José Luis. A Morante le inquietan los disfraces: los disfraces verbales, las capas de cebolla tras las que se esconde la realidad, y todos esos “otros”, tan ajenos, que nos multiplican en los espejos.

Elijo un aforismo: Escrita, con tinta invisible, sobre osamenta y musculatura, el cuerpo disimula su condición de fraude.

Y otro: Aliento de vida, como esas casas vacías por las que transita a diario tanta gente.

Habla Freud de esa especie de cortocircuito mental entre dos palabras que da lugar al humor, que desencadena la risa, cuando completa esa elipse, la metáfora emociona y el aforismo, al concentrar el pensamiento, provoca la sorpresa, el buen aforismo nos hace sentirnos un poco más ligeros, como el champán.

Morante al comienzo de Oficio de callar cita a Chesterton: “La simplificación de una cosa es siempre algo extraordinario”. Y si avanzamos un poco más, el enunciado sintético de una verdad, cuando lo es, nos ahorra larguísimas explicaciones, donde se acumulan los argumentos y las pruebas. Simplificar una cosa es siempre algo extraordinario.

Elijo otro aforismo: Conciencia de la edad; cada vez, en mi diccionario personal, tengo más acepciones sentimentales en desuso.

El tiempo, ahí nos encontramos con otro de los caballos de batalla de Morante. Un tiempo que avanza “a paso ligero” y que es, en sí mismo, el más elusivo de los aforismos.

Morante sospecha de los espejos y adivina fantasmas, pero eso no le impide entrar en terrenos mucho más cotidianos, la mirada melancólica y agridulce se dota entonces de un afilado bisturí psicológico: Aunque parezca nacer de un sustrato lógico, el rencor huele a cuarto de baño de pensión antigua, escribe. Veamos otro: El número impar de su matrimonio acecha el contraluz de la tristeza.

Leer aforismos requiere un desterminado estado de ánimo. Los aforismos son píldoras, así que no conviene tomarse el frasco entero antes de dormir. La lectura del aforismo requiere cierta calma y permitir que nuestro propio pensamiento complete el texto, olvidar el libro sobre la mesa y devanar, nosotros sí, el mundo en miniatura que esconde cada frase.

Bien leído, un libro de aforismos da para más que muchas novelas. Eso os deseo si os animáis a compartir con José Luis Morante y con Mahalta todas las horas que han quedado atrapadas, como colección de insectos, en Oficio de callar.

Por mi parte es todo, cedo la palabra a otro aforista, editor y amigo: Juan José Martín Ramos. Muchas gracias.

 

 

 

lunes, 11 de agosto de 2025

EFI CUBERO. RIZOMA

Rizoma
Efi Cubero
Introducción de Javier del Prado Biezma
Imagen de portada de Paco Mora
Editorial Mahalta, Colección de Poesía
Ciudad Real, 2023

 

EL TRABAJO GUSTOSO
 
   Efi Cubero reúne en Rizoma una amplia muestra de su trayectoria poética en la editorial Mahalta. Consigna un desvelado quehacer en el tiempo, pleno de pulsión emocional y estética. La poeta y ensayista organiza su mapa creativo en ámbitos temáticos, como si la materia verbal estuviera formada por estratos. Las capas sedimentarias alumbran indagaciones en las posibilidades del lenguaje; responden a claves existenciales, cuajadas de misterio, por las que el yo se encuentra a sí mismo. El interminable fervor de Efi Cubero ha impulsado un balance creativo formado por las entregas Fragmentos de exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004), La mirada en el limo (2005), Estados sucesivos (2008), Ultramar (2009); Condición del extraño (2013), Punto de apoyo (2014) y Solo inclasificable 2021). Un largo proceso que aglutina también las composiciones inéditas, no conocidas en libro todavía.
  Efi Cubero explora la travesía en su desarrollo cronológico para vivir la esencia de las cosas, esos temas centrales que conforman la compleja urdimbre de Rizoma. Los poemas se cobijan sin enunciar de qué libro proceden; conforman apartados que mantienen una sostenida unidad armónica: “Rizoma”, “Ver”, “Hora Prima”, “Travesía”, “Lugares habitados”, “Natura”, “Huellas”, “Creación” y “Amar”. De este modo, percibimos los muros de una casa de tiempo y de silencio, un ámbito trascendente empeñado en la persecución de la belleza. Efectos profundos y sutiles en la sensibilidad de un sujeto verbal con un fuerte sentido de autonomía estética.
   La introducción “Leyendo Rizoma, bajo el enigma del poema”, firmada por la palabra sabia del poeta, ensayista y profesor Javier del Prado Biezma yuxtapone sondeos interpretativos. Esboza un análisis de intensidad y concisión emotiva en el que se desvela esa red transversal de los matices. Insiste el proólogo en la semántica fuerte de “Rizoma” como “tallo subterráneo hinchado de jugo y de gérmenes de vida”; una proyección de la raíz hacia el mundo aéreo que mantiene su oculta esencialidad, su imprevisible dimensión extemporal. La palabra despliega un paisaje conceptual que desvela y muestra la piel abierta de la ontología, la plenitud intacta de lo oracular que se resiste a la brújula analítica del pensamiento y su empeño de exactitud filosófica. La introducción nada deja en barbecho. Recorre, con profunda mirada, cada una de las secciones para determinar sus rasgos distintivos, sabiendo que la estructura es lo que permanece, más allá de la contingencia y lo coyuntural.
   La nota de la escritora responde con didáctica concisión al origen del título y los criterios de selección de esta poesía de la extrañeza que aglutina como material magmático entorno natural, pensamiento filosófico, realidad transcendida, esencia y decurso vital. Todos son lugares del poema, estaciones de llegada de la conciencia, pulsaciones de incertidumbre de las que emerge una poética y una disposición a la palabra: “La incertidumbre / es mirar más adentro / sin encontrarnos”.
    Quien escribe, pone en vigilia su forma de percibir y ver; se crea una disposición a la palabra, un estar a la espera que busca “enlazar lo distinto para unirse en un todo”. Desde la soledad y la extrañeza, el sujeto verbal se hace voz, semilla germinal de una armonía íntima y sin contornos.
  Construir la escritura es dibujar un código de acceso al núcleo del silencio. Los poemas transcriben incertidumbres; se deslizan por una senda de evocaciones, imágenes y enunciados reflexivos. En las composiciones se hacen accesibles los afanes diarios de una perspectiva ecléctica, de una contemplación que se condensa, donde las certezas son un afán continuo de claridad y transparencia, es refugio pautado que protege y salva, que concede sentido a la volátil sombra del discurrir: “La mirada resuelve / la extrañeza de ser… / O el extravío”.
   En cada sección las composiciones exploran sendas argumentales en las que el devenir existencial se define como vértice central. Vivir es un caminar continuo que hace posible la revelación y el encuentro, la fugacidad de un tiempo en continuo deseo de huida. El incansable andar empuja a encuentros y ausencias, a percibir las marcas en el aire del azar que sostiene nuestros pasos. Junto al yo, el sueño de la naturaleza, la materia que aporta cercanía y conocimiento en la compleja urdimbre de su apariencia: “Por el delgado filo / de transparentes márgenes / busco cobijar los códigos brumosos / de la naturaleza que intento comprender.”
   En el variado contexto escritural de  Rizoma la preocupación metaliteraria está presente en “Sílabas”, “De paz”, o en algunos poemas del apartado “Creación” que definen una manera de mirar el mundo llena de lucidez, nunca abstracta o distante. La creación es un proceso, el justo equilibrio entre trabajo, acierto expresivo e inspiración: ”Alumbrar, pulsar en lo acertado / para sentir el alma allí donde se oculta. / Aquí donde la vida se revela, / desnuda, intraducible…”
   El apartado final hace del amor camino propio. Un tantear continuo en la profundidad de la entrega, en el deseo y en el espacio simultáneo del nosotros en la incansable travesía de las estaciones. Después de la partida queda el desvelo del recuerdo, la reivindicación de que, en la ausencia, también se permanece, con los pasos inciertos de la evocación. El rumor elegíaco impulsa composiciones de fuerte calado sentimental; la voz de quien no está se retiene con la convicción de una vivencia permanente en “Fotografías”, “Sol”, “Partida” o “Soledad”.   
    Por la identidad poética de Rizoma asoma, vivo y pleno, el movimiento incesante de la revelación. La voz que aspira a llegar a ser. La esencia dispuesta a resistir la neblina diaria. Las palabras se deshojan de lo transitorio para mostrar una sensibilidad de efectos profundos. Las composiciones contemplan un presente único, en el que se concentra vida y obra. Una caligrafía de luz, que busca desvelar la música callada de silencio, el intacto perfil de la belleza.
 
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 


martes, 6 de agosto de 2024

EFI CUBERO. RIZOMA (RELECTURA)

Rizoma
Efi Cubero
Introducción de Javier Prado Biedma
Imagen de portada de Paco Mora
Editorial Mahalta, Colección Poesía
Ciudad Real, 2023



EL TRABAJO GUSTOSO


 
   Efi Cubero reúne en Rizoma una amplia muestra de su trayectoria poética, en la luz auroral de la jovencísima editorial Mahalta, que dirige con retira sabia el poeta Francisco Caro. Consigna un desvelado quehacer en el tiempo, pleno de pulsión emocional y estética. La poeta y ensayista de Granja de Torrehermosa organiza su mapa creativo en ámbitos temáticos, como si la materia verbal estuviera formada por estratos. Las capas sedimentarias alumbran indagaciones en las posibilidades del lenguaje y responden a claves existenciales, cuajadas de misterio, por las que el yo se encuentra a sí mismo. El interminable fervor de Efi Cubero ha impulsado un balance creativo formado por las entregas Fragmentos de exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004), La mirada en el limo (2005), Estados sucesivos (2008), Ultramar (2009); Condición del extraño (2013), Punto de apoyo (2014) y Solo inclasificable 2021). Un largo proceso que aglutina también las composiciones inéditas, no conocidas en libro todavía.
  Efi Cubero acentúa el proceso para vivir la esencia de las cosas, esos temas centrales que conforman la compleja urdimbre de Rizoma. Los poemas se cobijan sin enunciar de qué libro proceden; conforman apartados que mantienen una sostenida unidad armónica: “Rizoma”, “Ver”, “Hora Prima”, “Travesía”, “Lugares habitados”, “Natura”, “Huellas”, “Creación” y “Amar”. De este modo, percibimos los muros de una casa alzada desde el tiempo y el silencio, un ámbito transcendente empeñado, sin tregua,  en la persecución de la belleza. Alojan los efectos profundos y sutiles que percibe la sensibilidad de un sujeto verbal con fuerte sentido de su autonomía estética.
   La introducción “Leyendo Rizoma, bajo el enigma del poema”, firmada por la palabra sabia del poeta, ensayista y profesor Javier del Prado Biedma, yuxtapone sondeos interpretativos. Esboza un análisis de intensidad y concisión emotiva en el que se desvela esa red transversal de los matices. Insiste el profesor en la semántica fuerte de “Rizoma” como “tallo subterráneo hinchado de jugo y de gérmenes de vida”; una proyección de la raíz hacia el mundo aéreo que mantiene su oculta esencialidad, su imprevisible dimensión extemporal. La palabra despliega un paisaje conceptual que desvela y muestra la piel abierta de la ontología, la plenitud intacta de lo oracular que se resiste a la brújula analítica del pensamiento y a su empeño de exactitud filosófica. La introducción nada deja en barbecho. Recorre con profunda mirada cada una de las secciones para determinar sus rasgos distintivos, sabiendo que la estructura es lo que permanece, más allá de la contingencia y lo coyuntural.
   La nota de la escritora responde con didáctica concisión al origen del título y a los criterios de selección de esta poesía de la extrañeza que aglutina como material magmático entorno natural, pensamiento filosófico, realidad transcendida, esencia y decurso vital. Todos son lugares del poema, estaciones de llegada de la conciencia, pulsaciones de incertidumbre de las que emerge una poética y una disposición a la palabra: “La incertidumbre / es mirar más adentro / sin encontrarnos”.
    Quien escribe, pone en vigilia su forma de percibir y ver; se crea una disposición a la palabra, un estar a la espera que busca “enlazar lo distinto para unirse en un todo”. Desde la soledad y la extrañeza el sujeto verbal se hace voz, semilla germinal de una armonía íntima y sin contornos.
  Construir la escritura es dibujar un código de acceso al núcleo del silencio. Los poemas transcriben incertidumbres; se deslizan por una senda de evocaciones, imágenes y enunciados reflexivos. En las composiciones se hacen accesibles los afanes diarios de una perspectiva ecléctica, de una contemplación que se condensa, donde las certezas son un afán continuo de claridad y transparencia, es refugio pautado que protege y salva, que concede sentido a la volátil sombra del tiempo: “La mirada resuelve / la extrañeza de ser… / O el extravío”.
   En cada sección las composiciones exploran sendas argumentales en las que el devenir existencial se define como vértice central. Vivir es un caminar continuo que hace posible la revelación y el cruce, la fugacidad de un tiempo en continuo deseo de huida. El incansable andar empuja a encuentros y ausencias, a percibir las marcas en el aire del azar que sostiene nuestros pasos. Junto al yo, el sueño de la naturaleza, la materia que aporta cercanía y conocimiento en la compleja urdimbre de su apariencia: “Por el delgado filo / de transparentes márgenes / busco cobijar los códigos brumosos / de la naturaleza que intento comprender.”
   En el variado contexto escritural de  Rizoma la preocupación metaliteraria está presente en “Sílabas”, “De paz”, o en algunos poemas del apartado “Creación” que definen una manera de mirar el mundo llena de lucidez, nunca abstracta o distante. La creación es un proceso, el justo equilibrio entre trabajo, acierto expresivo e inspiración: ”Alumbrar, pulsar en lo acertado / para sentir el alma allí donde se oculta. / Aquí donde la vida se revela, / desnuda, intraducible…”
   El apartado final hace del amor camino propio. Un tantear continuo en la profundidad de la entrega, en el deseo y en el espacio simultáneo del nosotros en la incansable travesía de las estaciones. Después de la partida queda el desvelo del recuerdo, la reivindicación de que en la ausencia también se permanece con los pasos inciertos de la evocación. El rumor elegíaco impulsa composiciones de fuerte calado sentimental; la voz de quien no está se retiene con la convicción de una vivencia permanente en “Fotografías”, “Sol”, “Partida” o “Soledad”.   
    Por la identidad poética de Rizoma asoma, vivo y pleno, el movimiento incesante de la belleza. La voz que aspira a llegar a ser. La esencia que resiste la neblina diaria. Las palabras se deshojan de lo transitorio para mostrar una sensibilidad de efectos profundos. Las composiciones contemplan un presente único en el que se concentran vida y obra,. Así nace el abrazo del poema, ese gesto que busca desvelar la música callada de silencio, el intacto perfil solar de la belleza.
 
 
JOSÉ LUIS MORANTE



  

martes, 10 de octubre de 2023

EFI CUBERO. RIZOMA

Rizoma
Efi Cubero
Introducción de Javier del Prado Biezma
Ediciones Mahalta
Colección Poesía
Ciudad Real, 2023

 

EL HONDO RESPLANDOR


   Efi Cubero reúne en Rizoma una amplia muestra de su trayectoria poética en la jovencísima editorial Mahalta. Consigna un desvelado quehacer en el tiempo, pleno de pulsión emocional y estética. La poeta y ensayista de Granja de Torrehermosa organiza su mapa creativo en ámbitos temáticos, como si la materia verbal estuviera formada por estratos conectados entre sí. Las capas sedimentarias alumbran indagaciones en las posibilidades del lenguaje y responden a claves existenciales, cuajadas de misterio, por las que el yo se encuentra a sí mismo. El hondo resplandor impulsa un balance creativo formado por las entregas Fragmentos de exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004), La mirada en el limo (2005), Estados sucesivos (2008), Ultramar (2009); Condición del extraño (2013), Punto de apoyo (2014) y Solo inclasificable 2021). Un largo proceso presente en el desvelo insomne de Rizoma que aglutina también las composiciones inéditas, no conocidas en libro todavía.
  Efi Cubero impulsa un proceso de singularidad y extrañeza para vivir la esencia de las cosas, esos temas centrales que conforman la compleja urdimbre de Rizoma. Los poemas se cobijan sin enunciar de qué libro proceden; conforman apartados que mantienen una sostenida unidad armónica: “Rizoma”, “Ver”, “Hora Prima”, “Travesía”, “Lugares habitados”, “Natura”, “Huellas”, “Creación” y “Amar”. De este modo, percibimos los muros de una casa encendida, un ámbito transcendente empeñado en cobijar belleza en el epitelio del silencio. Es un legado de efectos profundos y sutiles; la sensibilidad en vuelo de un sujeto verbal con un fuerte sentido de su autonomía estética.
   La introducción “Leyendo Rizoma, bajo el enigma del poema”, firmada por la palabra sabia del poeta, ensayista y profesor Javier del Prado Biezma, yuxtapone sondeos interpretativos. Esboza un análisis de intensidad y concisión emotiva en el que se desvela esa red transversal de los matices. Insiste el liminar en la semántica fuerte de “Rizoma” como “tallo subterráneo hinchado de jugo y de gérmenes de vida”; una proyección de la raíz hacia el mundo aéreo que mantiene su oculta esencialidad, su imprevisible dimensión extemporal. La palabra despliega un paisaje conceptual que desvela y muestra la piel abierta de la ontología, la plenitud intacta de lo oracular que se resiste a la brújula analítica del pensamiento y a su empeño de exactitud filosófica. La introducción nada deja en barbecho. Recorre con profunda mirada cada una de las secciones para determinar sus rasgos distintivos, sabiendo que la estructura es lo que permanece, más allá de la contingencia y lo coyuntural.
   La nota de la escritora responde con didáctica concisión al origen del título y a los criterios de selección de esta poesía de la extrañeza que aglutina como material magmático entorno natural, pensamiento filosófico, realidad transcendida, esencia y decurso vital. Todos son lugares del poema. Estaciones de llegada de la conciencia, pulsaciones de incertidumbre de las que emerge una poética y una disposición a la palabra: “La incertidumbre / es mirar más adentro / sin encontrarnos”.
   Quien escribe, pone en vigilia su forma de percibir y ver; se crea una disposición a la palabra, un estar a la espera que busca “enlazar lo distinto para unirse en un todo”. Desde la soledad y la extrañeza el sujeto verbal se hace voz, semilla germinal de una armonía íntima y sin contornos.
  Construir la escritura es dibujar un código de acceso al núcleo del silencio. Los poemas transcriben coordenadas indefinidas; se deslizan por una senda de evocaciones, imágenes y enunciados reflexivos. En las composiciones se hacen accesibles los afanes diarios de una perspectiva ecléctica, de una contemplación que se condensa, donde las certezas son un afán continuo de claridad y transparencia. El verso es refugio pautado que protege y salva, que concede sentido a la volátil sombra del tiempo: “La mirada resuelve / la extrañeza de ser… / O el extravío”.
   En cada sección las composiciones exploran sendas argumentales en las que el devenir existencial se define como vértice central. Vivir es un caminar continuo que hace posible la revelación y el encuentro, la fugacidad de un tiempo en continuo deseo de huida. El incansable andar empuja a encuentros y ausencias, a percibir las marcas en el aire del azar que sostiene nuestros pasos. Junto al yo, el sueño de la naturaleza, la materia que aporta cercanía y conocimiento en la compleja urdimbre de su apariencia: “Por el delgado filo / de transparentes márgenes / busco cobijar los códigos brumosos / de la naturaleza que intento comprender.”
   En el variado contexto escritural de  Rizoma la preocupación metaliteraria está presente en “Sílabas”, “De paz”, o en algunos poemas del apartado “Creación” que definen una manera de mirar el mundo llena de lucidez, nunca abstracta o distante. La creación es un proceso, el justo equilibrio entre trabajo, acierto expresivo e inspiración: ”Alumbrar, pulsar en lo acertado / para sentir el alma allí donde se oculta. / Aquí donde la vida se revela, / desnuda, intraducible…”
   El apartado final hace del amor camino propio. Un tantear continuo en la profundidad de la entrega, en el deseo y en el espacio simultáneo del nosotros sobre la incansable travesía de las estaciones. Después de la partida queda el desvelo del recuerdo, la reivindicación de que en la ausencia también se permanece, aunque se acallen los pasos inciertos. El rumor elegíaco impulsa composiciones de fuerte calado sentimental; la voz de quien no está se retiene con la convicción de una vivencia permanente en “Fotografías”, “Sol”, “Partida” o “Soledad”.   
    Por la identidad poética de Rizoma asoma, vivo y pleno, el movimiento incesante de la luz. La voz que aspira a llegar a ser. La pulsión que resiste la neblina diaria. Las palabras se deshojan de lo transitorio para mostrar una sensibilidad de efectos profundos. Las composiciones contemplan un despertar en el que se concentra la naturaleza del yo y su empeño de transcendencia. Un nacimiento germinal  que busca pronunciar el mudable destino del silencio.


JOSÉ LUIS MORANTE