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lunes, 11 de agosto de 2025

EFI CUBERO. RIZOMA

Rizoma
Efi Cubero
Introducción de Javier del Prado Biezma
Imagen de portada de Paco Mora
Editorial Mahalta, Colección de Poesía
Ciudad Real, 2023

 

EL TRABAJO GUSTOSO
 
   Efi Cubero reúne en Rizoma una amplia muestra de su trayectoria poética en la editorial Mahalta. Consigna un desvelado quehacer en el tiempo, pleno de pulsión emocional y estética. La poeta y ensayista organiza su mapa creativo en ámbitos temáticos, como si la materia verbal estuviera formada por estratos. Las capas sedimentarias alumbran indagaciones en las posibilidades del lenguaje; responden a claves existenciales, cuajadas de misterio, por las que el yo se encuentra a sí mismo. El interminable fervor de Efi Cubero ha impulsado un balance creativo formado por las entregas Fragmentos de exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004), La mirada en el limo (2005), Estados sucesivos (2008), Ultramar (2009); Condición del extraño (2013), Punto de apoyo (2014) y Solo inclasificable 2021). Un largo proceso que aglutina también las composiciones inéditas, no conocidas en libro todavía.
  Efi Cubero explora la travesía en su desarrollo cronológico para vivir la esencia de las cosas, esos temas centrales que conforman la compleja urdimbre de Rizoma. Los poemas se cobijan sin enunciar de qué libro proceden; conforman apartados que mantienen una sostenida unidad armónica: “Rizoma”, “Ver”, “Hora Prima”, “Travesía”, “Lugares habitados”, “Natura”, “Huellas”, “Creación” y “Amar”. De este modo, percibimos los muros de una casa de tiempo y de silencio, un ámbito trascendente empeñado en la persecución de la belleza. Efectos profundos y sutiles en la sensibilidad de un sujeto verbal con un fuerte sentido de autonomía estética.
   La introducción “Leyendo Rizoma, bajo el enigma del poema”, firmada por la palabra sabia del poeta, ensayista y profesor Javier del Prado Biezma yuxtapone sondeos interpretativos. Esboza un análisis de intensidad y concisión emotiva en el que se desvela esa red transversal de los matices. Insiste el proólogo en la semántica fuerte de “Rizoma” como “tallo subterráneo hinchado de jugo y de gérmenes de vida”; una proyección de la raíz hacia el mundo aéreo que mantiene su oculta esencialidad, su imprevisible dimensión extemporal. La palabra despliega un paisaje conceptual que desvela y muestra la piel abierta de la ontología, la plenitud intacta de lo oracular que se resiste a la brújula analítica del pensamiento y su empeño de exactitud filosófica. La introducción nada deja en barbecho. Recorre, con profunda mirada, cada una de las secciones para determinar sus rasgos distintivos, sabiendo que la estructura es lo que permanece, más allá de la contingencia y lo coyuntural.
   La nota de la escritora responde con didáctica concisión al origen del título y los criterios de selección de esta poesía de la extrañeza que aglutina como material magmático entorno natural, pensamiento filosófico, realidad transcendida, esencia y decurso vital. Todos son lugares del poema, estaciones de llegada de la conciencia, pulsaciones de incertidumbre de las que emerge una poética y una disposición a la palabra: “La incertidumbre / es mirar más adentro / sin encontrarnos”.
    Quien escribe, pone en vigilia su forma de percibir y ver; se crea una disposición a la palabra, un estar a la espera que busca “enlazar lo distinto para unirse en un todo”. Desde la soledad y la extrañeza, el sujeto verbal se hace voz, semilla germinal de una armonía íntima y sin contornos.
  Construir la escritura es dibujar un código de acceso al núcleo del silencio. Los poemas transcriben incertidumbres; se deslizan por una senda de evocaciones, imágenes y enunciados reflexivos. En las composiciones se hacen accesibles los afanes diarios de una perspectiva ecléctica, de una contemplación que se condensa, donde las certezas son un afán continuo de claridad y transparencia, es refugio pautado que protege y salva, que concede sentido a la volátil sombra del discurrir: “La mirada resuelve / la extrañeza de ser… / O el extravío”.
   En cada sección las composiciones exploran sendas argumentales en las que el devenir existencial se define como vértice central. Vivir es un caminar continuo que hace posible la revelación y el encuentro, la fugacidad de un tiempo en continuo deseo de huida. El incansable andar empuja a encuentros y ausencias, a percibir las marcas en el aire del azar que sostiene nuestros pasos. Junto al yo, el sueño de la naturaleza, la materia que aporta cercanía y conocimiento en la compleja urdimbre de su apariencia: “Por el delgado filo / de transparentes márgenes / busco cobijar los códigos brumosos / de la naturaleza que intento comprender.”
   En el variado contexto escritural de  Rizoma la preocupación metaliteraria está presente en “Sílabas”, “De paz”, o en algunos poemas del apartado “Creación” que definen una manera de mirar el mundo llena de lucidez, nunca abstracta o distante. La creación es un proceso, el justo equilibrio entre trabajo, acierto expresivo e inspiración: ”Alumbrar, pulsar en lo acertado / para sentir el alma allí donde se oculta. / Aquí donde la vida se revela, / desnuda, intraducible…”
   El apartado final hace del amor camino propio. Un tantear continuo en la profundidad de la entrega, en el deseo y en el espacio simultáneo del nosotros en la incansable travesía de las estaciones. Después de la partida queda el desvelo del recuerdo, la reivindicación de que, en la ausencia, también se permanece, con los pasos inciertos de la evocación. El rumor elegíaco impulsa composiciones de fuerte calado sentimental; la voz de quien no está se retiene con la convicción de una vivencia permanente en “Fotografías”, “Sol”, “Partida” o “Soledad”.   
    Por la identidad poética de Rizoma asoma, vivo y pleno, el movimiento incesante de la revelación. La voz que aspira a llegar a ser. La esencia dispuesta a resistir la neblina diaria. Las palabras se deshojan de lo transitorio para mostrar una sensibilidad de efectos profundos. Las composiciones contemplan un presente único, en el que se concentra vida y obra. Una caligrafía de luz, que busca desvelar la música callada de silencio, el intacto perfil de la belleza.
 
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 


domingo, 22 de diciembre de 2024

EFI CUBERO. SOLO INCLASIFICABLE

Solo inclasificable
Efi Cubero
Ediciones de la Isla de Siltolá
Colección Poesía
Sevilla, 2021

 
ACORDES

   Fue Jorge Luis Borges, aquel argentino universal que concebía el paraíso como una biblioteca, quien popularizó, en uno de sus ensayos, una clave interpretativa de Walter Pater (1839-1894), profesor universitario, ensayista y crítico de arte. Con lúcida capacidad intuitiva, Pater consignaba que todas las artes aspiran a reunir los valores esenciales de la música, estrategia expresiva que podemos interiorizar y comprender por su intenso efecto emotivo y por la sonora materialidad, únicamente plegada a la forma. La cita, cuya traducción literal, si se me permite la reiteración, es “Todo arte aspira constantemente a llegar a la condición de la música” sirve de entrada a Solo inclasificable, poemario con el que Efi Cubero retorna a la palabra poética, tras su celebrado ensayo sobre arte Esencia (2019).
 La escritora de Granja de Torrehermosa entiende la poesía como singularidad y búsqueda; es ascua que alumbra itinerarios reflexivos y ahonda en la sensibilidad, marcando sendas interpretativas. Así ha ido dejando en las espaldas del tiempo un mapa creativo que dispersa las entregas Fragmentos de exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004), La mirada en el limo (2005), Estados sucesivos (2008), Ultramar (2009); Condición del extraño (2013) y Punto de apoyo (2014). En resumidas cuentas, un caminar sin fracturas que ahora enriquece la intensa madurez de Solo inclasificable.
  Efi Cubero acentúa la cercanía de ambas estéticas, música y poesía, organizando los espacios interiores del libro con términos de la teoría musical. Los poemas se cobijan, tras una única composición prologal, en cinco apartados que mantienen una sostenida unidad armónica: “Acordes”, “Contrapunto”, “Allegro”, “Andante” y “Adagio”. De este modo, percibimos el hilo secreto de un único poema fragmentado que alienta variaciones exentas de artificio retórico sobre los escenarios de la palabra. Cada fragmento aglutina las mutaciones del espíritu; los estratos de lo vivido y de lo no vivido.
   El arranque “Solo” esboza un mensaje de intensidad y concisión emotiva. Postula una espera en vigilia: “Un solo se interpreta en el vacío / su ejecución te impedirá el reposo. / Aristas acusadas / en una dimensión extemporal, / abismo de absoluto / ascensión de fracaso. /    Solo inclasificable”. Las palabras despliegan un paisaje interior que desvela y muestra la piel abierta de lo paradójico; la plenitud intacta del vacío, resistiendo a la brújula analítica del pensamiento.
  Las sensaciones conforman una amplia superficie en la conciencia. Son “Acordes” que impulsan el discurrir existencial. Su percibir establece un orden de estímulos que es necesario expresar. Se crea una disposición a la palabra, un estar a la espera que busca instrumentos para dejar fuera emociones y respuestas, desde la soledad y la extrañeza del sujeto verbal. Los versos se hacen voz apelativa, traspasan la piel, crecen como semilla germinal para incidir en lo transcendido: “Lo que no aspira a nombre ni frontera / enlaza lo distinto para unirse en un todo. / El solo indivisible que solo el alma entiende”.
  Si la técnica del contrapunto pretende construir apacible armonía entre voces, el apartado homónimo de Solo inclasificable recorre incertidumbres que entrelazan evocaciones, imágenes y mínimos enunciados reflexivos. En las composiciones se hacen accesibles las notas de una contemplación ensimismada donde la luz. Ese afán continuo de claridad y transparencia, es refugio pautado que protege y salva, que concede sentido a la volátil sombra del tiempo.
  El tramo central del libro emplea el aserto “Allegro” para hilvanar poemas que exploran sendas argumentales, como la preocupación metaliteraria, presente en “Sílabas”, “Suma” y “Escritura”, y los sedimentos de la contingencia del entorno que es, siempre, un aula abierta a la lectura simbólica, como en los poemas “Vuelos”,“Limón”, ”Cal”, “Chimenea” o “Pentagrama” ; son espacios verbales que definen una manera de mirar el mundo, llena de iluminada lucidez y pleno acierto expresivo.
   Andante” comienza con el despojamiento de la brevedad aforística y el esquema versal del haiku: “La incertidumbre / es mirar más adentro / sin encontrarnos”. Ese tono se mantiene, argumentando una fragmentada meditación sobre el discurrir. El sujeto lírico hace de la soledad un camino propio, un tantear continuo en la profundidad, con una entrega ajena a otras inclinaciones. Lo que importa está dentro, lejos del discurso jerárquico y el caminar gregario de lo impuesto. El poema “Erosión” nos deja una maravillosa poética existencial: “Con limpios manantiales / se consigue la esencia. / Hay que obrar como el agua, / también por erosión, / sedimentando”. Resaltan también otras composiciones cuya atmósfera argumental recrea itinerarios cumplidos como “Desenfocado”, donde la trama urbana de Londres se convierte en arquetipo, abstracción y espacio simultáneo de convivencia entre pasado y presente.
   La quinta y última sección “Adagio” mantiene la misma fuerza expresiva, plena de evocación. La realidad diaria se muestra hecha de contraluces, siempre frágil por lo inesperado. Existir es sumar pasos inciertos y preservar dentro los mejores recuerdos. Aquellos que no se pueden compartir con nadie porque son caligrafía a solas de la felicidad, llama en la ausencia, rescate y senda de un regreso: ”Es lo confesional que inclina a la pureza / de un algo inextinguible que elige sus principios / esta noche de lluvia donde convoco al sol”. El rumor elegíaco impulsa composiciones de fuerte calado sentimental; la voz de quien no está se retiene con la convicción de una vivencia permanente en “Fotografías”, “Sol”, “Partida” o “Soledad”: “Hallar el corazón / del acontecimiento, / descorrer las cortinas, / reivindicar el hecho / de que sigues aquí. / Para eludir la muerte / atestiguar la vida”.   
  En el fluir lírico de Solo inclasificable asoma, viva y plena, la filiación reflexiva de la madurez. La voz se hace puente sólido entre fugacidad y permanencia, resiste la neblina diaria. Las palabras se deshojan en lecciones de vida y elegía. Construyen el escindido horizonte que busca desvelar la música callada del silencio, el intacto perfil de la belleza.
 
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 



martes, 6 de agosto de 2024

EFI CUBERO. RIZOMA (RELECTURA)

Rizoma
Efi Cubero
Introducción de Javier Prado Biedma
Imagen de portada de Paco Mora
Editorial Mahalta, Colección Poesía
Ciudad Real, 2023



EL TRABAJO GUSTOSO


 
   Efi Cubero reúne en Rizoma una amplia muestra de su trayectoria poética, en la luz auroral de la jovencísima editorial Mahalta, que dirige con retira sabia el poeta Francisco Caro. Consigna un desvelado quehacer en el tiempo, pleno de pulsión emocional y estética. La poeta y ensayista de Granja de Torrehermosa organiza su mapa creativo en ámbitos temáticos, como si la materia verbal estuviera formada por estratos. Las capas sedimentarias alumbran indagaciones en las posibilidades del lenguaje y responden a claves existenciales, cuajadas de misterio, por las que el yo se encuentra a sí mismo. El interminable fervor de Efi Cubero ha impulsado un balance creativo formado por las entregas Fragmentos de exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004), La mirada en el limo (2005), Estados sucesivos (2008), Ultramar (2009); Condición del extraño (2013), Punto de apoyo (2014) y Solo inclasificable 2021). Un largo proceso que aglutina también las composiciones inéditas, no conocidas en libro todavía.
  Efi Cubero acentúa el proceso para vivir la esencia de las cosas, esos temas centrales que conforman la compleja urdimbre de Rizoma. Los poemas se cobijan sin enunciar de qué libro proceden; conforman apartados que mantienen una sostenida unidad armónica: “Rizoma”, “Ver”, “Hora Prima”, “Travesía”, “Lugares habitados”, “Natura”, “Huellas”, “Creación” y “Amar”. De este modo, percibimos los muros de una casa alzada desde el tiempo y el silencio, un ámbito transcendente empeñado, sin tregua,  en la persecución de la belleza. Alojan los efectos profundos y sutiles que percibe la sensibilidad de un sujeto verbal con fuerte sentido de su autonomía estética.
   La introducción “Leyendo Rizoma, bajo el enigma del poema”, firmada por la palabra sabia del poeta, ensayista y profesor Javier del Prado Biedma, yuxtapone sondeos interpretativos. Esboza un análisis de intensidad y concisión emotiva en el que se desvela esa red transversal de los matices. Insiste el profesor en la semántica fuerte de “Rizoma” como “tallo subterráneo hinchado de jugo y de gérmenes de vida”; una proyección de la raíz hacia el mundo aéreo que mantiene su oculta esencialidad, su imprevisible dimensión extemporal. La palabra despliega un paisaje conceptual que desvela y muestra la piel abierta de la ontología, la plenitud intacta de lo oracular que se resiste a la brújula analítica del pensamiento y a su empeño de exactitud filosófica. La introducción nada deja en barbecho. Recorre con profunda mirada cada una de las secciones para determinar sus rasgos distintivos, sabiendo que la estructura es lo que permanece, más allá de la contingencia y lo coyuntural.
   La nota de la escritora responde con didáctica concisión al origen del título y a los criterios de selección de esta poesía de la extrañeza que aglutina como material magmático entorno natural, pensamiento filosófico, realidad transcendida, esencia y decurso vital. Todos son lugares del poema, estaciones de llegada de la conciencia, pulsaciones de incertidumbre de las que emerge una poética y una disposición a la palabra: “La incertidumbre / es mirar más adentro / sin encontrarnos”.
    Quien escribe, pone en vigilia su forma de percibir y ver; se crea una disposición a la palabra, un estar a la espera que busca “enlazar lo distinto para unirse en un todo”. Desde la soledad y la extrañeza el sujeto verbal se hace voz, semilla germinal de una armonía íntima y sin contornos.
  Construir la escritura es dibujar un código de acceso al núcleo del silencio. Los poemas transcriben incertidumbres; se deslizan por una senda de evocaciones, imágenes y enunciados reflexivos. En las composiciones se hacen accesibles los afanes diarios de una perspectiva ecléctica, de una contemplación que se condensa, donde las certezas son un afán continuo de claridad y transparencia, es refugio pautado que protege y salva, que concede sentido a la volátil sombra del tiempo: “La mirada resuelve / la extrañeza de ser… / O el extravío”.
   En cada sección las composiciones exploran sendas argumentales en las que el devenir existencial se define como vértice central. Vivir es un caminar continuo que hace posible la revelación y el cruce, la fugacidad de un tiempo en continuo deseo de huida. El incansable andar empuja a encuentros y ausencias, a percibir las marcas en el aire del azar que sostiene nuestros pasos. Junto al yo, el sueño de la naturaleza, la materia que aporta cercanía y conocimiento en la compleja urdimbre de su apariencia: “Por el delgado filo / de transparentes márgenes / busco cobijar los códigos brumosos / de la naturaleza que intento comprender.”
   En el variado contexto escritural de  Rizoma la preocupación metaliteraria está presente en “Sílabas”, “De paz”, o en algunos poemas del apartado “Creación” que definen una manera de mirar el mundo llena de lucidez, nunca abstracta o distante. La creación es un proceso, el justo equilibrio entre trabajo, acierto expresivo e inspiración: ”Alumbrar, pulsar en lo acertado / para sentir el alma allí donde se oculta. / Aquí donde la vida se revela, / desnuda, intraducible…”
   El apartado final hace del amor camino propio. Un tantear continuo en la profundidad de la entrega, en el deseo y en el espacio simultáneo del nosotros en la incansable travesía de las estaciones. Después de la partida queda el desvelo del recuerdo, la reivindicación de que en la ausencia también se permanece con los pasos inciertos de la evocación. El rumor elegíaco impulsa composiciones de fuerte calado sentimental; la voz de quien no está se retiene con la convicción de una vivencia permanente en “Fotografías”, “Sol”, “Partida” o “Soledad”.   
    Por la identidad poética de Rizoma asoma, vivo y pleno, el movimiento incesante de la belleza. La voz que aspira a llegar a ser. La esencia que resiste la neblina diaria. Las palabras se deshojan de lo transitorio para mostrar una sensibilidad de efectos profundos. Las composiciones contemplan un presente único en el que se concentran vida y obra,. Así nace el abrazo del poema, ese gesto que busca desvelar la música callada de silencio, el intacto perfil solar de la belleza.
 
 
JOSÉ LUIS MORANTE



  

martes, 10 de octubre de 2023

EFI CUBERO. RIZOMA

Rizoma
Efi Cubero
Introducción de Javier del Prado Biezma
Ediciones Mahalta
Colección Poesía
Ciudad Real, 2023

 

EL HONDO RESPLANDOR


   Efi Cubero reúne en Rizoma una amplia muestra de su trayectoria poética en la jovencísima editorial Mahalta. Consigna un desvelado quehacer en el tiempo, pleno de pulsión emocional y estética. La poeta y ensayista de Granja de Torrehermosa organiza su mapa creativo en ámbitos temáticos, como si la materia verbal estuviera formada por estratos conectados entre sí. Las capas sedimentarias alumbran indagaciones en las posibilidades del lenguaje y responden a claves existenciales, cuajadas de misterio, por las que el yo se encuentra a sí mismo. El hondo resplandor impulsa un balance creativo formado por las entregas Fragmentos de exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004), La mirada en el limo (2005), Estados sucesivos (2008), Ultramar (2009); Condición del extraño (2013), Punto de apoyo (2014) y Solo inclasificable 2021). Un largo proceso presente en el desvelo insomne de Rizoma que aglutina también las composiciones inéditas, no conocidas en libro todavía.
  Efi Cubero impulsa un proceso de singularidad y extrañeza para vivir la esencia de las cosas, esos temas centrales que conforman la compleja urdimbre de Rizoma. Los poemas se cobijan sin enunciar de qué libro proceden; conforman apartados que mantienen una sostenida unidad armónica: “Rizoma”, “Ver”, “Hora Prima”, “Travesía”, “Lugares habitados”, “Natura”, “Huellas”, “Creación” y “Amar”. De este modo, percibimos los muros de una casa encendida, un ámbito transcendente empeñado en cobijar belleza en el epitelio del silencio. Es un legado de efectos profundos y sutiles; la sensibilidad en vuelo de un sujeto verbal con un fuerte sentido de su autonomía estética.
   La introducción “Leyendo Rizoma, bajo el enigma del poema”, firmada por la palabra sabia del poeta, ensayista y profesor Javier del Prado Biezma, yuxtapone sondeos interpretativos. Esboza un análisis de intensidad y concisión emotiva en el que se desvela esa red transversal de los matices. Insiste el liminar en la semántica fuerte de “Rizoma” como “tallo subterráneo hinchado de jugo y de gérmenes de vida”; una proyección de la raíz hacia el mundo aéreo que mantiene su oculta esencialidad, su imprevisible dimensión extemporal. La palabra despliega un paisaje conceptual que desvela y muestra la piel abierta de la ontología, la plenitud intacta de lo oracular que se resiste a la brújula analítica del pensamiento y a su empeño de exactitud filosófica. La introducción nada deja en barbecho. Recorre con profunda mirada cada una de las secciones para determinar sus rasgos distintivos, sabiendo que la estructura es lo que permanece, más allá de la contingencia y lo coyuntural.
   La nota de la escritora responde con didáctica concisión al origen del título y a los criterios de selección de esta poesía de la extrañeza que aglutina como material magmático entorno natural, pensamiento filosófico, realidad transcendida, esencia y decurso vital. Todos son lugares del poema. Estaciones de llegada de la conciencia, pulsaciones de incertidumbre de las que emerge una poética y una disposición a la palabra: “La incertidumbre / es mirar más adentro / sin encontrarnos”.
   Quien escribe, pone en vigilia su forma de percibir y ver; se crea una disposición a la palabra, un estar a la espera que busca “enlazar lo distinto para unirse en un todo”. Desde la soledad y la extrañeza el sujeto verbal se hace voz, semilla germinal de una armonía íntima y sin contornos.
  Construir la escritura es dibujar un código de acceso al núcleo del silencio. Los poemas transcriben coordenadas indefinidas; se deslizan por una senda de evocaciones, imágenes y enunciados reflexivos. En las composiciones se hacen accesibles los afanes diarios de una perspectiva ecléctica, de una contemplación que se condensa, donde las certezas son un afán continuo de claridad y transparencia. El verso es refugio pautado que protege y salva, que concede sentido a la volátil sombra del tiempo: “La mirada resuelve / la extrañeza de ser… / O el extravío”.
   En cada sección las composiciones exploran sendas argumentales en las que el devenir existencial se define como vértice central. Vivir es un caminar continuo que hace posible la revelación y el encuentro, la fugacidad de un tiempo en continuo deseo de huida. El incansable andar empuja a encuentros y ausencias, a percibir las marcas en el aire del azar que sostiene nuestros pasos. Junto al yo, el sueño de la naturaleza, la materia que aporta cercanía y conocimiento en la compleja urdimbre de su apariencia: “Por el delgado filo / de transparentes márgenes / busco cobijar los códigos brumosos / de la naturaleza que intento comprender.”
   En el variado contexto escritural de  Rizoma la preocupación metaliteraria está presente en “Sílabas”, “De paz”, o en algunos poemas del apartado “Creación” que definen una manera de mirar el mundo llena de lucidez, nunca abstracta o distante. La creación es un proceso, el justo equilibrio entre trabajo, acierto expresivo e inspiración: ”Alumbrar, pulsar en lo acertado / para sentir el alma allí donde se oculta. / Aquí donde la vida se revela, / desnuda, intraducible…”
   El apartado final hace del amor camino propio. Un tantear continuo en la profundidad de la entrega, en el deseo y en el espacio simultáneo del nosotros sobre la incansable travesía de las estaciones. Después de la partida queda el desvelo del recuerdo, la reivindicación de que en la ausencia también se permanece, aunque se acallen los pasos inciertos. El rumor elegíaco impulsa composiciones de fuerte calado sentimental; la voz de quien no está se retiene con la convicción de una vivencia permanente en “Fotografías”, “Sol”, “Partida” o “Soledad”.   
    Por la identidad poética de Rizoma asoma, vivo y pleno, el movimiento incesante de la luz. La voz que aspira a llegar a ser. La pulsión que resiste la neblina diaria. Las palabras se deshojan de lo transitorio para mostrar una sensibilidad de efectos profundos. Las composiciones contemplan un despertar en el que se concentra la naturaleza del yo y su empeño de transcendencia. Un nacimiento germinal  que busca pronunciar el mudable destino del silencio.


JOSÉ LUIS MORANTE




jueves, 17 de agosto de 2023

UNA CONVERSACIÓN CON EFI CUBERO


Efi Cubero
Fotografía
 de
Alfonso Quiñones Huedo
Archivo personal de la escritora 


 LA SOLEDAD GOZOSA

(Entrevista con Efi Cubero)


Nacida en Granja de Torrehermosa (Badajoz), Efi Cubero hace de su quehacer literario un trayecto singular que fortalece la voluntad de aislamiento y el despegue de modas, etiquetas reductivas y grupos. Los libros crecen como árboles en la llanura, en soledad gozosa 

Reconocida como poeta, ensayista y narradora, ha realizado estudios de Historia del Arte, Lengua y Literatura en Barcelona donde residió desde niña hasta hace poco tiempo. 

Autora de los libros, entre otros, Fragmentos de exilio (1992), Altano (1995), Borrando márgenes (2004), La mirada en el limo (2005), Estados sucesivos (2008), Ultramar (2009), Condición del extraño (2013), Punto de apoyo (2014) Esencia (2019) y Solo inclasificable (2021)

Ha colaborado en varios libros de ensayos, por ejemplo, en los volúmenes de la Colección Arquitectura y Humanidades, dirigidos por María Elena Hernández Álvarez, de la UNAM, México, 2015- 2021. Numerosos poemas, ensayos, narraciones y entrevistas a personajes del mundo del arte, la ciencia y la literatura le han sido publicadas en diferentes antologías y en revistas académicas de pensamiento o literarias de España, Europa y América.

Su estancia en Barcelona coincide con un abrumador despliegue de iniciativas culturales que convierte a la ciudad en epicentro literario del país. ¿Qué recuerdos guarda de esa etapa vital?

Un recuerdo gratísimo e inolvidable. Barcelona fue mi lugar de residencia y de formación desde los once años. Una ciudad abierta al mundo y a las vanguardias, de una riqueza cultural asombrosa y muy viva. Mi centro vital de estudios y aprendizaje. Allí fui corresponsal de Frontera y ejercí durante años como crítica de arte para Revistart y otras publicaciones, y tuve amigos extraordinarios y fieles hasta el final como José Agustín Goytisolo y su mujer Asunción Carandell, por ejemplo; o su hija Julia a la que quiero mucho, Carme Riera, José María Valverde y Pilar Gefaell, Arnau Puig, Joan Brossa, Rufino Mesa... Sería interminable citarlos a todos, fueron muchos y muy buenos. Hace muy poco tiempo volví de nuevo a mi tierra de origen, Extremadura, pero en esa ciudad sigue residiendo toda mi familia, y buena parte de mis amistades de siempre. Desde allí conocí gran parte del vasto mundo, tuve dos hijas a las que adoro, junto al amor de mi vida, Alfonso. Un solo amor que lo será por siempre, aunque ya no esté entre nosotros. 

En cada una de sus entregas hay una perspectiva distinta, pero a mi modo de ver todas tienen en común el sustrato meditativo y esa semántica de extrañeza de quien percibe en la existencia un horizonte de puntos de fuga. ¿Hay un magma común en su estela poética?

Concibo mi propia obra como un Todo donde no existen cronologías de tiempos ni de espacios. Y, efectivamente, esa acuñación de poesía de la extrañeza es lo que sin duda la define, o me define. Somos extraños los creadores. Buscamos la esencia pero estamos muy atentos a la realidad del mundo. Ante lo que escribo y creo, siempre estoy desnuda y cuando se establecen los vínculos precisos entre esa conjunción de latido, pensamiento, alma, imagen, palabra, emoción, experiencia, hondura existencial, naturaleza y conocimiento, junto a la tensión expresiva entre el desasosiego y la calma, deviene ese "todo" que puede ser muy bien el punto de fuga que me permite avanzar hacia lo que no tiene fronteras ni las desea. Escribo desde el presente sin obviar el pasado ni ignorar el futuro. Intento hacerlo desde mi propia e irreductible verdad, con hondura y sentido. Lo que persigo siempre es lo inimitable, e inclasificable. Ese SOLO.

El molde formal de su poesía tiene un claro sentido clásico, como si la experiencia vital necesitara el contrapunto del acervo cultural y la lectura. ¿La tradición es siempre una presencia continua?

La tradición es sin duda un sedimento que no hay que perder de vista como base o cimiento de algo profundo y sólido. Para fundar algo nuevo hay que conocer primero muy bien el palimpsesto de la herencia común. El don de la extrañeza, que es decir del poema, te lo conceden. Un poeta verdadero lo sabe, pero ha de merecerlo. Si esa semilla o germen se arroja al pedregal, no vale nada. La tradición hay que asumirla pero para abrir nuevos cauces y sentir tu propia voz sin referentes que lastren, de lo contrario te aplastaría.

Stéphane Lupasco dice en “Las tres materias”: “La elección en el fondo, se hace entre el sueño y la muerte” y, en ese principio de contradicción, aclara que ante la gigantesca acumulación de hechos que la memoria registra, el sueño aparece como la anti memoria donde los acontecimientos no siguen el mismo ritmo o el mismo orden que estos tienen en la vida normal. Son algo así como metamorfosis permanentes de lo vivido. El sueño de la poesía fracciona,  disgrega, trasciende y transforma esa masa de recuerdos sin fin que llamamos la vida despierta. El sueño lo reduce todo a lo esencial, a lo soportable. Frente a la tradición, sin descuidarla, el sueño subversivo del poema no omite la realidad porque, en realidad: ¿qué es la realidad, o a qué llamamos realidad?

Aunque escribe crítica y ensayo y ha realizado excelentes entrevistas, ¿la poesía es estación central de su quehacer literario? En el poema existen una amplia variedad de enfoques, pero yo mantengo una certeza limpia: sin emoción no hay poesía. ¿Comparte esta reflexión?

Efectivamente la poesía es mi mundo. Lo que me habita y donde habito desde que me conozco. Todo lo que hago está atravesado por ella. Mi extrañeza. 

Mi vida gira y ha girado siempre en torno a ese misterio o enigma que no hace concesiones y se sostiene en un despojamiento en el decir que no admite jamás palabrería.  En realidad es casi como un suicidio metafórico, un “desnudar el misterio de lanzarse al vacío. / Darse de bruces con su propio fondo.” Como afirmo en uno de mis poemas. 

Comparto absolutamente su opinión. Sin emoción la poesía es sin duda otra cosa. La poesía ha de latir, vibrar con lo que somos, un yo que no es solamente privativo, sino universal, sin tiempos, ni épocas. Ese nosotros  que es un legado inmaterial y tan hondamente humano.

Todo poeta fortalece un mundo propio, una senda de temas recurrentes; en síntesis, ¿Cuáles son los vértices esenciales de su obra poética?

En primer lugar, como dejé apuntado, la extrañeza de ser y de vivir. Soy nómada y fronteriza a la vez y desde ese filo incierto hallo la autenticidad de esta andadura existencial. El enigma indivisible que sin duda somos. La creación es la vida y la vida es creación e interrogante.

Una vez escribí: ¿Cuándo acontece la poesía? En la soledad. En comunión con lo sagrado que nos enlaza al universo desde lo cotidiano. Es así mismo esta cosmogonía del interior lo que nos obliga a dialogar, con nuestro yo profundo y lo que nos envuelve, desde la intimidad más absoluta. El fuego ceremonial del que se reviste la poesía verdadera, desde los tiempos todos, sucede en ese instante mismo de la celebración que es también elegía. En la infinitud de un misterio donde todo respira sin imposturas. Es la vida y la muerte, la materia, el espíritu. Deambular por la red de las preguntas de este texto - tejido en la alta noche,  y por supuesto en la mañana clara. En un poema con autenticidad puede encontrarse todo: la pureza del barro, lo cotidiano, el manantial subterráneo del conocimiento, la música y el arte, la filosofía y hasta la teología. Talar lo irrelevante y desechar la hojarasca. Un poema existe como la vida, forma parte de ella, es la vida misma que arde consumiendo todo lo que nos sobra y azota lo que hiere. 

La vida en suma. Es acaso la "nada" pero esa "nada" de los místicos que lo contiene todo. Llegar a semejante inmensidad y deshacerse en ella para ser, sería para mí la máxima aspiración.

Como el arte en Esencia, la música adquiere un papel vertebrador en Solo inclasificable. ¿La belleza es un todo global que cobija en su mapa distintas parcelas estéticas? 

Así es. Bien, Verdad, Belleza. Máxima de los griegos y mi propia máxima, que no oculta el reverso de la sombra. Penetrar en una obra, sea presente o pasado, es atravesar los espejos desdoblados del tiempo y situarte al lado del artista mientras la está creando. Es la fascinación de la eternidad. Vibrar con lo que realmente trasciende al autor y al que lo escucha, lee o contempla. Para durar como las piedras, hay que soportar inclemencias, descifrar, encontrar y encontrarse. Para ser tan preciso y sutil como el aire hay que velar muchas armas, entablar batallas interiores, hacerse preguntas que jamás tendrán respuestas, caminar en la intemperie y sangrar tantas veces cumpliendo un destino…Ese fatum. Todas las artes parten de un mismo fondo. Ese desasosiego que nos enlaza, esa llama que siempre alumbra, pese a todo. Un regalo que casi nunca nos está destinado pues pertenece al Mundo, y una vez aventado ya no nos pertenece. Conscientes de esa certeza, caminamos creando.

¿Qué lazos ciñen ese abrazo entre música y poesía? 

Todo es música. La poesía la contiene en las palabras. La música existe desde el principio, desde el agua que cae sobre las hojas, el rumor del viento, la verdad del silencio que se escucha entre líneas. Todo.

La palabra resuena en los espacios dotada de armonía. Ese abrazo siempre será indivisible.

Se anuncia ya un nuevo trabajo poético; mi más cordial enhorabuena. ¿En qué momento editorial se encuentra?

Mil gracias. Sí, RIZOMA está casi a punto casi de ver la luz. El 14 de septiembre, según la Editorial Mahalta, arranca. Lleva un prólogo de excelencia del gran Javier del Prado Biezma. Para mayor comprensión transcribo parte de la nota que publico en el libro. “Rizoma comenzó a gestarse a partir de una conversación en mi casa de Granja de Torrehermosa con el poeta Francisco Caro que, como colaborador de la editorial Mahalta, me sugirió la idea de una amplia antología que yo misma seleccionase y que supusiera una muestra de la evolución de mis preocupaciones poéticas a lo largo del tiempo. Recuerdo que no tardé demasiado en aceptar el reto. Más tiempo me llevó, varios meses, la labor de selección y la incorporación de inéditos que la forman y se ofrecen.

La palabra Rizoma, que he elegido como título, recoge perfectamente lo que viene siendo esta Poesía de la Extrañeza, como a mí me gusta definir lo que escribo. Es el trenzado invisible de todo, un concepto filosófico que no admite jerarquías, una raíz que está en nuestro ADN y en el árbol, y también radialmente (en todas direcciones). Rizoma es sustancia poética y reflexiva. Se eleva como una columna salomónica y, a la vez, es la raíz nutricia que escarba en el subsuelo, ara la tierra y la abona. Es por tanto Espíritu y Materia. Rizoma representa muy bien lo que el lector hallará aquí: Naturaleza y Filosofía, Metafísica, Esencia y Existencia. Simboliza muy bien todos los elementos en este libro representados, de una u otra manera. Durante el periodo en que trabajé en él, barajé varios títulos, pero fue el poeta Álvaro Hernando, que conoce bien mi obra editada, aunque no el contenido de este libro, el que sugirió este epígrafe con el que no puedo estar más de acuerdo.

Advierto a los posibles lectores que he querido organizar los poemas alrededor de las líneas de fuerza que los atraviesan antes que atender al criterio cronológico. No importan tanto cuándo surgieron como las razones y las emociones que los hicieron nacer. Los epígrafes que amparan los diversos apartados dan una idea clara de mis motivaciones, de las urgencias que me llevaron, y llevan, a escribir los poemas que representan un itinerario que, como el título de uno de mis libros, será siempre un Solo Inclasificable. En este sentido, he preferido también no diferenciar los poemas inéditos que se contienen de los ya editados. Todos, aquí y ahora, forman una pequeña parte del corpus de mi obra poética, de mi vida, puesto que la creación y la emoción continúan, más vivas que nunca.”

Los medios difunden un sospechoso afán de estar al día a base de catálogos efímeros y de una clara saturación de best sellers, obviando la elección personal. ¿Qué libros conforman sus lecturas de verano?

No hago caso a lo efímero de lo recomendados. Amo lo bueno.

Leo los libros que me mandan los amigos escritores,  son mis lecturas siempre inagotables por su calidad, y de los que disfruto con verdadero interés y admiración.

Entre ellos, un libro esencial y magnífico, absolutamente recomendable: Nadar en seco, de José Luis Morante. Un autor de altura que recomiendo y que no sé yo si conocerá. Es muy profundo y vale la pena.

Por último, se habla mucho de las redes sociales y de su papel controvertido. Usted las utiliza con frecuencia y es una alegría para sus seguidores. ¿Qué opinión tiene de esa acción comunicativa de lo digital?

Las redes sociales  pueden ser algo banal y prescindible o, por el contrario un elemento enriquecedor e importante. Depende del uso de las mismas. A mí me sirven como puente que une. Como vínculo cultural y humano más allá de fronteras. Abrir la mente y degustar lo valioso de la cultura que muchos intercambian es muy gratificante. A través de ellas he conocido a personalidades interesantísimas que jamás me defraudan. Mis amigos internautas comparten conmigo gustos parecidos, y raramente nos metemos en jardines absurdos.

Para mí son un punto de unión imprescindible para el que solo tengo palabras de elogio y gratitud.  


miércoles, 8 de marzo de 2023

JESÚS MARÍA GÓMEZ Y FLORES. A MEDIDA DE MIS CONTRADICCIONES

A medida de mis contradicciones
Poesía esencial 1985-2020
Jesús María Gómez y Flores
Prólogo de Efi Cubero
Editorial Sial Pigmalión
Colección Extremadura
Madrid, 2022

 

MODULACIONES

 

   Resalta en los rasgos biográficos del poeta que es Doctor en Derecho y Magistrado en ejercicio, coordinador desde su fundación del Aula de la Palabra y director de la revista cultural Norbania. Jesús María Gómez y Flores (Cáceres, 1964) protagoniza un fecundo camino acogido en el volumen A medida de mis contradicciones. Poesía esencial 1985-2020 (Sial Pigmalión, 2022). La conjunción de entregas, en palabras de la excelente poeta, ensayista y crítica de arte Efi Cubero, “conforma un conjunto variado, mas nunca disperso, donde cada apartado despliega un gran poder de imantación signado por la inteligencia emocional y reflexión observadora, crítica y autocrítica…”. La indagación reflexiva de Efi Cubero analiza el deambular y da cuenta de su persistente “sentido de transmisión y fluidez, estéticamente abierto y en transformación constante”.
  El quehacer despierta con la entrega Escaparate con muñecas en 1985. Aquella amanecida postula un lenguaje diáfano en el que se conjuga la observación del entorno y los fragmentos del escaparate vivencial, ese polen que dispersa el viento. Con el libro La Dama de Shalott (1989) se recupera el personaje de la balada de Alfred Tennynson y el ambiente legendario y medieval de sensibilidad romántica. Los poemas incorporan estratos expresivos como la temporalidad, la incierta razón de las palabras, los signos encendidos del cuerpo, o la posesión estéril de la muerte que muda el existir en légamo de sombras; un equívoco lastre, como advirtiera la voz fuerte de José Manuel Caballero Bonald. Aguardando la lluvia de octubre (1991) abre la espita de la celebración del tacto al tanteo y aprendizaje de la educación sentimental: “Ansía mi alcoba el diluvio de tu cuerpo, / el tímido abanico de tu piel, dulce pulpa, / neurótico el verano me hiere con su llama roja, / por ti aguardo los ocres, la cenicienta agua de octubre”. Próximo en su textura al cancionero amoroso, como ratifica la dedicatoria del libro, Arquitectura y convivencia (1993) personaliza el amor con una dicción no exenta de hermetismo; el verbo se hace más simbólico enhebrando piel y aderezo conceptual.    
  Tras un intervalo de silencio, llega en 2004 El tacto de lo efímero, que coincide en el tiempo con la plaquette Lunas de Hospital. Este punto cero de regreso al poema se reedita en 2016 en Vitruvio, donde sumará otras entregas, como  Escenarios y Líneas de tiempo.  La salida deja explícito en el acertado epígrafe El tacto de lo efímero el papel esencial del estar transitorio. El discurrir se hace quemadura y testimonio, modulación y regreso; despliega lo mudable. Los poemas airean una sensibilidad proclive al recuerdo, cuya mirada muestra el poso vivencial. Enriquecida por la imaginación, la vuelta al pretérito proyecta la dimensión luminosa del asombro. También las razones del lenguaje constituyen un afán; es preciso resolver el teorema de los vocablos y dialogar con el universo de signos. Las palabras entrelazan hilos de la experiencia e intrahistoria del figurante verbal; desembarcan incertidumbres y miedos. Importa construir un patrimonio interior en el que se define lo esencial, lo que es compañía y perdura en los resortes mudables de la cotidianidad.
  Entre ausencias en los espejos nace El último viaje (2007), libro con emotiva dedicatoria intimista. Es el oscuro transitar de la elegía, frente al natural vencimiento de las cosas. Allí marca pasos la dura realidad de lo que somos: un callado aguardar la intemperie habitando las sombras. Pero la escritura no se ensimisma; abre ventanas a otros espacios de inspiración recogidos en Arcanos mayores (2012). El poemario integra la filosofía interpretativa del tarot; esas veintidós cartas donde se leen las señales que ponen los cimientos de la existencia
  Como si el poeta buscase la pluralidad del entorno cercano, en Escenarios (2014) los versos se llenan con lugares habitables. El protagonista textual es observador en el anfiteatro de lo real. En los tablados de la memoria está París, siempre arquetipo de entidad cultural. Sus enclaves ramifican tramas de sombras chinescas que preservan una representación colectiva. Otro marco argumental es Berlín; allí reaparece el rostro en blanco y negro de la historia completando un paisaje de miedos, cicatrices y gestos nunca sosegados por el olvido. Entre ecos y sombras, Londres presta su callejero para alzar un tercer escenario. Los reclamos cívicos entroncan con un presente multiétnico, un tumultuoso enjambre. Los caminos explorados trazan una cartografía vivencial. Queda el sujeto poético a pie de superficie, buscando mapas de vestigios visibles y estrategias de puntos de fuga.
 La más reciente entrega La complicidad de los amantes (2019),editada por Takara Editorial, evidencia apoyos y cimientos firmes de la tradición literaria. Añade como cierre del libro la nota didáctica “Obligados peajes”, donde se clarifica el aporte bibliográfico. Los apuntes recuerdan protagonistas, argumentos y correspondencias que trascienden lo anecdótico para ensamblar analogías y revitalizar mitos. En esta entrega se abraza una estética neoculturalista sobre la que se asienta el avance orgánico del poemario.
   Completa este despliegue creativo el conjunto Otros poemas, abanico misceláneo que busca entre los anaqueles de la memoria y recupera textos de una lírica sensorial, enunciativa, que presta atención a los gestos del entorno, con dicción selectiva.  A veces el discurso poético se ralentiza, como si la expresión adquiriese un sentido aforístico, una invitación al verso conclusivo que muestra la musculatura del lenguaje.
   El balance A medida de mis contradicciones reivindica la heterodoxia del gesto creativo. Los poemas están bajo sospecha porque quien escribe protagoniza un rito en el que se cobijan especulaciones y signos, calladas vibraciones del pretérito y un desandar de pasos que sitúan en el comienzo de la duda. El devenir de la escritura nunca se aleja de una visión que hilvana evocación y elegía, una emotiva crónica escrita con los trazos atemporales del latido existencial. Vivir duele; es espera y naufragio que enmudece los sueños.
   

      

JOSÉ LUIS MORANTE




viernes, 15 de julio de 2022

EDUARDO GREGORI. CUADERNO DE LUCÍA

Cuaderno de Lucía
Eduardo Gregori
Nota de contracubierta de Efi Cubero
Ediciones de la Isla de Siltolá, Poesía
Sevilla, 2022

 AMARTE AÚN


   La voz poética de Eduardo Gregori (Valencia, 1977) concilia la escritura con un sentido del tiempo sosegado y confidencial, y con una percepción reflexiva del poema. Tras su amanecida Origami (2017) retorna al fluir lírico, casi un lustro después. Como si la palabra de este Licenciado en Filología Inglesa y Doctor en Estudios Hispánicos por la Pennsylvania State University necesitase un recorrido de afirmación vital, el espacio verbal de Cuaderno de Lucía se organiza en tres apartados que comparten su tendencia al poema breve y la palabra limpia y comunicativa, con mínimos aditamentos retóricos, dispuesta a compartir apuntes sensoriales o el movimiento del decurso existencial.
   La poeta Efi Cubero, sólido magisterio del presente poético contemporáneo, crítica de arte y ensayista, firma el intenso texto de contracubierta; me permito reproducir aquí por su atinado enfoque algunos de sus párrafos: “Sobre El cuaderno de Lucía, a fuga abierta, Eduardo Gregori se atiene a lo real, lo transciende, y reconstruye entre fragmentos un devenir de vidas y venidas fundido con credenciales de memoria, huella que habita el interior pero sabemos que es siempre irrealizable”. El presente gotea instantes, fugacidad, vuelo etéreo y son las palabras quienes exploran el intangible rastro de su paso.
  El escritor y traductor comienza justificando el título con una dedicatoria confidencial en la que alumbra la plena devoción paterna: “Para Lucía, que ya no tiene cuatro años, pero aún me ama”. Entre la luz balbuceante del tránsito, solo el amor se asienta como un legado estático, ajeno a incógnitas conceptuales empeñadas en la búsqueda de sentido, solo resguardado por un cálido tejido sentimental. La compañía del otro como una invitación a la vida.
   La sección inicial, “Los signos desvelados”, incorpora una cita de César Simón: “Nada se ha resuelto, pero todo es sagrado”, en la que germina el sentido transcendente de la realidad. Por encima de un entorno cambiante que postula diversidad y apariencia está el papel del yo como reafirmación de la propia identidad. El logos reflexivo pierde el paso cuando es zarandeado por los afectos y cuando la cercanía del otro convulsiona y cambia el contexto. Las horas en calma postulan una condición de ser testigo que exige demora y quietud, pero también la conciencia de ser tiempo en espera, un último mohicano contra el desapacible renquear del discurrir que transforma la épica diaria en predecible derrota. Ese aparente refugio inabordable que compone el amor, también está marcado por la caducidad, como refleja con hermosa cadencia el poema “Cuando ya te hayas ido”. El amor en su ejercicio cotidiano envejece, llena sus horas de repeticiones y gestos de cansancio, se hace “lento ir pudriéndose”, hasta la parquedad oscura de quien se pregunta hasta cuándo.
 Sirve de cierre a este apartado inicial “Breviario”, una compilación de haikus. Gregori emplea la estrofa sin el kigo, esa palabra que concede a la estrofa un carácter estacional; como si de este modo reactualizara el esquema versal para que integrara al tradicional papel del espectador del instante, otras funciones como la mirada social, el apunte existencial o los recuerdos asociados a la infancia.
   El apartado central “Maneras de estar solo” hace de la poesía, según la conocida consideración de Fernando Pessoa una actitud que enlaza el ser y el estar, la presencia mudable del entorno y el espacio relacional que abre con el sujeto verbal. El transitar acumula secuencias, acciona los sentidos, hace de la percepción una apertura al conocimiento sobre la deriva del presente y el rumor acallado de las cosas que suceden alrededor. El lenguaje busca dar sentido al acontecer, a su gastada suma de ocasos y desapariciones y a su propensión en teñir la mirada con el color crepuscular de la tristeza, como si el pasar fuera un persistente coleccionar más sombras.
   El recorrido poético concluye con el apartado “Rituales de luz”, cuyo trazado comienza con unos versos de Philip Larkin. La evocación convierte el pretérito en un latido sensorial del ahora; pasado y presente conviven entre las palabras y comparten circunvoluciones y tanteos. Los recuerdos habitan composiciones como “Lo que quise decir” o “Álbum de fotos”, en los que la memoria deja sus retazos o esa estela de imágenes furtivas en las que se define la intrahistoria del sujeto verbal. La autoconciencia focaliza el lugar propio como un espacio de límites confusos que no despeja nunca las preguntas, la ausencia cada vez es más honda, se hace oquedad y vacío. Lucía, ese nombre que concitaba el núcleo central de los sentimientos se aleja y su ausencia subvierte lo diario como si fuera parte de una larga cadena de causas y efectos en el río del tiempo: “Contra el olvido, / el peso de tu cuerpo / sobre mis manos”. Conviene no olvidar que lo que somos es aquello que habitamos un día, que buscó sitio en el cuaderno azul de lo vivido, que fue evocación y elegía, pero también el afán de seguir, la alegría pactada del regreso.
 
 
 JOSÉ LUIS MORANTE



viernes, 3 de junio de 2022

ANA MARÍA REVIRIEGO. POETAS EN LOS PUEBLOS DE ESPAÑA

Poetas en los pueblos de España
Ana María Reviriego
Área de Cultura del Ayto de Plasencia
Plasencia, Cáceres, 2022

  

EN BUENA COMPAÑÍA

 
   Recibo la edición de Poetas en los pueblos de España, un cuaderno de campo escrito y diseñado por Ana María Reviriego, Licenciada en Filología Hispánica, docente, y poeta de trayecto, con amplia presencia en revistas y antologías. La publicación, impulsada por el área de Cultura del ayuntamiento de Plasencia, recoge anotaciones derivadas  de las jornadas poéticas realizadas el 2 y 3 de octubre de 2021 en las localidades de Hervás, Aldeanueva del Camino y Plasencia, en el hermoso valle del Ambroz. En ellas participaron los escritores Efi Cubero, Antonio Gómez, José María Jurado, José Luis Morante y la ya mencionada Ana María Reviriego, quien actuó como moderadora en las mesas de trabajo y como indeclinable voluntad organizadora en todos los momentos literarios de la convocatoria.
  El conjunto de textos resume las intervenciones de la primera mesa redonda en torno al aserto “Paisaje y paisanaje” que se desarrolló en el Jardín del Convento; el lugar es un entorno idílico de la casa rural del mismo nombre, ubicada en Hervás. El tema de raíz unamuniana está muy vinculado a la generación del 98 –Unamuno, Antonio Machado, Azorín…-, pero goza de un intenso trazado en la tradición, ya que desde el romanticismo cuajó la idea de que el paisaje transcribe estados de ánimo del sujeto; por tanto las interpretaciones basculan entre dos conceptos, geografía interior y horizonte geográfico. A esas interpretaciones se vincularon las disertaciones de Efi Cubero, más cercana a la realidad transcendida y la mirada hacia dentro; Antonio Gómez, indagador de presencias y ausencias en las que el paisaje cobra un nuevo enfoque en cuanto espacio vivencial, o José María Jurado, que constata las afinidades entre subjetividad y contexto a la hora de percibir la geografía como verdad humana proclive a la interpretación; por mi parte, entiendo  el paisaje como marco de existencia diaria, pero también como expresión sensorial de verdad y belleza. Con buen pulso, para acotar las intervenciones al reloj, Ana María Reviriego se encarga de la síntesis de cierre y de la necesaria gratitud a quienes han hecho posible la convocatoria con su apoyo material y su voluntad participativa.
   Cada obra poética está vinculada a un ideario. Así lo constató el recital celebrado  en el Jardín Masides de Aldeanueva del Camino en el que se leyeron los poemas de todos los participantes. La organización contaba con enriquecer el evento con pautas musicales a cargo del cantautor Luis Pastor, quien declinó su participación a última hora por cuestiones de presupuesto, lo que desconcertó no poco a los asistentes y a la comisión organizadora.
  El quehacer final del encuentro se desarrolló en el Centro Cultural “las Claras” de Plasencia, abriendo turno la presentación del libro Solo inclasificable de Efi Cubero, un hito en el trayecto de la poeta, que se ha convertido en un éxito editorial por su magna calidad lírica. La recepción crítica del poemario ha sido enorme y la lectura de Efi Cubero añade claves existenciales al libro y a sus etapas de creación.
    A la segunda mesa redonda, cuyo núcleo reflexivo era “Mujer poeta” se sumaron por vía digital José Luis Piquero y Bárbara Grande, jalonando el tramo final las conclusiones recogidas por Ana María Reviriego: la poesía carece de género, es un espacio de creación humanística y es necesario reestablecer un equilibrio en el canon que dé un primer plano a la voz femenina en condiciones de total igualdad.
    Sería injusto cerrar esta mirada al evento Poetas en los pueblos de España sin constatar el apoyo de dos editoriales de la región, Ediciones Liliputienses y Tau Editores, que colaboraron con su catálogo de novedades, y la asistencia de investigadores literarios como Rocío Fernández Berrocal, ensayista y estudiosa del universo creativo de Juan Ramón Jiménez.
  El encuentro literario, con la publicación de este cuaderno de campo, preserva los destellos de la convocatoria y salva aquellos días en el valle del Ambroz del aparente estiaje del olvido. Solo falta que la voluntad de los organizadores no decline y que tan hermosa propuesta tenga continuidad en el discurrir del tiempo.

José Luis Morante



  

domingo, 1 de mayo de 2022

UNA CONVERSACIÓN CON ÁLVARO HERNANDO

Álvaro Hernando
Fotografía
de
Javier Jimeno Maté


Una conversación con Álvaro Hernando

Sobre el I Festival internacional de Poesía (Im)PRESCINDIBLES
 
Los días 23 y 24 de abril se celebró en Madrid el I Festival internacional de Poesía (Im)PRESCINDIBLES, con sede central en Moralzarzal, un municipio de la sierra norte madrileña. El evento, con más de cincuenta escritores, ha sido dirigido y coordinado por Álvaro Hernando (Madrid, 1971), licenciado en Antropología social y cultural, especializado en Lingüística evolutiva, periodista en diferentes medios, docente y gestor cultural. Es autor de Mantras para bailar (2016), ExClavo (2018), Chicago Express (2019) y Mar de Varna (2021), así como de ensayos, artículos y cuentos, publicados tanto en España como en Estados Unidos.
  
 ¿Cómo surge el Festival Internacional de poesía (Im)PRESCINDIBLES?
 
La idea del festival surge hace tres años, unos meses antes de la fatídica pandemia. Esto lo ralentizó todo. Al poco de llegar a Madrid, desde Estados Unidos, me ofrecieron participar en un festival internacional de Poesía en Madrid, previo pago por mi parte. Esto no me gustó y decidí poner al servicio de un festival de poesía digno para Madrid todo mi conocimiento y esfuerzo. Así, en 2019 nace la idea de un festival, hermanado con el Festival internacional de Poesía de Chicago, Poesía en abril. Pero, tras la jubilación de algunos de sus organizadores, tuvimos que ir por libre.
Desde entonces hasta ahora, hemos estado construyendo la lógica interna de un evento que queríamos fuera sostenible, de calidad, consistente y perdurable.
 
 ¿Qué matices vertebran la programación y desarrollo de actividades?
 
La lógica interna del festival pasaba por dar espacio a las diferentes tendencias poéticas, y a algunas de sus voces más significativas.
Lo primero era darle cierto sentido práctico: consistencia social y función constructiva dentro de la comunidad. De ahí salió el lema de esta edición, Migrantes, con el objeto de visibilizar las voces de autores y autoras nacidos fuera de España, pero residentes entre nosotros, de una enorme calidad. Por otro lado, queríamos contar con otro perfil, local, que sirviera para representar, con la máxima calidad posible, las diferentes corrientes poéticas contemporáneas en nuestro país.
A esto le añadimos el toque, en paralelo, de las artes plásticas y escénicas, con exposiciones, actuaciones performativas y conciertos. 
 
¿Cómo ha conseguido tal dimensión de autores de tan diversa procedencia y de tantos estratos generacionales?
 
Los primeros borradores de las listas de invitados al festival sufrieron muchísimas transformaciones. Los únicos criterios que transmití a los encargados de realizar las propuestas para el festival fueron genéricos, no relacionados con nombres o logros, sino con el perfil del autor o autora que queríamos tener aquí. Por decirlo de manera metafórica, sabíamos qué categorías de poetas queríamos tener, más que poetas de categoría. El resultado, cuando uno es coherente y comprometido, no podía ser de otra manera.
Teníamos que contar con una representatividad cualitativamente legítima para poder llamar a este encuentro como lo llamamos: (im)Prescindibles.
Tres personas han sido las que más tiempo han dedicado a construir estas listas. Una vez realizadas, de manera independiente, los nombres de todos los listados se cruzaron, con el objeto de ver qué elementos comunes encontrábamos en todas las listas. Es a esos autores y autoras a quienes se hizo llegar la invitación.
Hemos tenido la enorme suerte de encontrarnos con un momento muy favorable, en el que todos deseábamos hacer algo de manera presencial, libres de las restricciones propias de los tiempos de reclusión. Esto, sin duda, ha ayudado a poder aunar en una misma programación tantas figuras notables.
 
¿Satisfecho con el respaldo institucional?
 
Muy satisfecho. El Ayuntamiento de Moralzarzal decidió apostar fuerte por la realización de este evento cultural. La poesía, habitualmente, puede considerarse como algo minoritario. Era arriesgado. Hemos tenido todo su apoyo y respaldo. Por supuesto, hay cosas mejorables, pero lo que ha sido inmejorable es su disposición de apoyo y compromiso. Era necesario abrir el espacio y generar lo oportuno para que la poesía llegue a sectores de la ciudadanía que no siempre tienen acceso sencillo a estos contenidos.
Además, las 20 sedes colaboradoras, han respondido maravillosamente, responsabilizándose de sus propias programaciones, y llevando a cabo actos y eventos de una calidad enorme.
 
Suele aceptarse como un inevitable lugar común la inutilidad de la poesía, su condición elitista y minoritaria, incapaz de conectar con los intereses del público. ¿Es así? ¿Cómo ha sido la respuesta social?
 
Es evidente que aquello que escribió Juan Ramón Jiménez es una máxima que hoy sigue cumpliéndose cuando hablamos de poesía: a la inmensa minoría. Hay mucho camino por recorrer y, seguramente, sea un camino poco transitado.
Esto no quiere decir que haya que renunciar a abrir espacios accesibles, asequibles y de calidad para los ciudadanos.
Para que te hagas una idea, los eventos han ido teniendo más público presencial, según avanzaba la programación.
En la sede del teatro, el público no ha sido demasiado numeroso, pero el cierre del festival, en el local escénico de SORCAS, fue espectacular. No cabía un alfiler.
Espero que en años venideros esta sea la tónica.
Además de esto, he de expresar mi admiración por las personas que han llevado las actividades en los hogares de mayores y en los centros educativos, logrando la implicación del público, mucha participación y mucha expectación (recuerdo aquí a Tirso Priscilo Vallecillos y a Javier Lorenzo Candel).
Ante la belleza, la respuesta del colectivo siempre será positiva. 
 
¿Las redes sociales y los medios de comunicación han contribuido a dinamizar el regreso de la cultura, tras el tiempo de pandemia y el paréntesis de estos dos años?
 
Las redes sociales han permitido que no hayamos caído en una parálisis aterradora.
Han sido una respuesta emocional normalmente eficaz ante la desubicación.
Aunque, con contradicciones, pues no siempre han construido o han contribuido desde la serenidad, sino desde el ruido y desde la confusión.
Por otro lado, no nos podemos quejar.
Creo que es de justicia agradecerles a algunas cadenas nacionales de televisión que se hayan hecho eco del festival en sus noticiarios, incluso en los canales internacionales y de 24 horas.
 
 El tronco central del evento ha sido el homenaje a tres poetas de amplia trayectoria creadora: Miguel Veyrat, Efi Cubero y Rafael Soler. ¿Por qué estos nombres?
 
Podrían, efectivamente, haber sido otros nombres, por supuesto. Pero, desde la convicción más profunda, decidimos homenajear a estos tres autores. Son tres voces extrañas, en el mejor sentido de la palabra, que han resistido modas, presiones, mareas y dificultades, conservando una autonomía, identidad y una calidad, a lo largo de las décadas, que no puede por menos que ser reconocida en cada una de sus voces. Son testimonio vivo de la poesía española contemporánea. Calidad, trabajo y continuidad. Aprovecho para comentar que otra de las personas que iban a haber sido homenajeadas en este espacio falleció durante la preparación inicial del evento, siendo imposible llegar a realizar la invitación como era debido. Se trata de García Marquina. Para él mi homenaje aquí, hoy, y mi recuerdo.
 
Otro de los grandes aciertos del festival, a mi modo de ver, en un tiempo global ha sido la convivencia de autores de distintos ámbitos geográficos y lingüísticos… Qué corta se hizo la mesa redonda coordinada por Margarita Todorova  ¿Qué conclusiones resalta del debate en torno a la convivencia lingüística?  
 
Efectivamente, este asunto da para un festival o congreso de una semana. Aquí volvemos a otra de esas contradicciones maravillosas que nos plantea la poesía. Los traductores son tan necesarios como inútiles; tan leales y necesarios como traidores al lenguaje original. Y, lo fundamental, tan transmisores de la creación literaria como creadores de literatura. Como ocurre en otros campos de expresión y conocimiento, como pueden ser la filosofía, la antropología, o incluso la sociología, los traductores se convierten en piezas fundamentales para la transmisión cultural y el intercambio de valores. Por otro lado, debido a cómo se conforman los sistemas lingüísticos, simbólicos, y de construcción del pensamiento grupal, a veces es una tarea imposible lograr la traducción adecuada de un texto, especialmente en poesía. Así pues, como ocurre en otros ámbitos de las lenguas en contacto, los terrenos comunes no son de batalla, de defensa y de ataque, sino de transmisión, casi de ósmosis, o como tú lo has llamado, de convivencia lingüística entre unas formas y otras del lenguaje que están separadas por una frontera líquida. Evidentemente, era un tema que daba mucho más que el tiempo que le asignamos, pero hemos de tener en cuenta que es un evento con hora de inicio y final, y que, lamentablemente, había que ponerle límites temporales. 
 
También me gustaría resaltar el diálogo continuo entre poetas, rompiendo ese cerco de soledad y aislamiento del creador a solas. ¿La convivencia entre escritores ha sido fácil?
 
Es de lo que más orgullosos estamos.
El formato de organización del festival ha exigido que los poetas compartieran algunos momentos previos, más extensos de los propios de un festival, con el objeto de que conocieran la obra, la poética y los compromisos y experiencias de los compañeros con quienes iban a compartir escenario y micrófonos.
De aquí, esperamos que surjan nuevas cosechas, al margen de nuestra organización y del festival. Sí, ha sido una convivencia sencilla. Los autores y autoras han demostrado una falta de miedo total a la hora de conocer nuevos planteamientos. Estamos muy contentos con esto. Lo más complejo es contribuir a generar o fortalecer tejido social y cultural. Esperamos haber favorecido esto o, al menos, haber posibilitado la creación de las condiciones idóneas para que esta convivencia se diera de manera relajada y auténtica.
También es cierto que se han retirado dos invitaciones a sendos poetas que no estaban por la labor de convivir, si no era desde un enfrentamiento inexplicablemente irrespetuoso y casi desde la cúpula de una casta. Esto ha sido lo más difícil de llevar a cabo, comentar con alguien a quien en principio admiras que, lamentablemente, este espacio no es compatible con la falta de respeto y rigor. 
 
Tu quehacer laboral te ha permitido un conocimiento amplio del ámbito poético norteamericano. ¿Qué contrastes percibe respecto a nuestra propia realidad?   
 
La mayor diferencia es que en el entorno norteamericano, en el que he desarrollado la mayor parte de mi carrera literaria, no he encontrado tribus. También es cierto que forma parte del carácter del ciudadano norteamericano y se puso aventurero, solitario e individualista. Esto de ser individualista tiene cosas malas, por supuesto, y otras maravillosas. Por ejemplo, es difícil ver cómo se conforma una tribu, y más difícil es ver una confrontación entre tribus. Y, sí, justo uso el término tribu, por toda la implicación primitiva y emocional que creo que condensa tensión y rivalidad, a veces irracionales, política, en la historia de la literatura española.
No es algo que comente como un defecto, sino como una característica de este entorno, sin más. Tengo la sensación de que, en nuestro territorio, es más complicado acceder al reconocimiento y al respeto unánime que en Estados unidos.
Quizá sea una percepción muy subjetiva e inexacta, puesto que la realidad me ha demostrado que la colaboración entre distintas corrientes e instituciones ha sido muy sencilla a la hora de conformar este festival (im)Prescindibles.
Pero sí, es un contraste, aunque sea propio de mi subjetiva percepción.
Por otro lado, en cuanto a la gestión cultural, hay mayor apoyo económico por parte de instituciones privadas. Todo es más sencillo en lo referente a la gestión y administración documental.
Este tema da para mucho y en muchos aspectos: en lo relativo a la creación literaria, las editoriales, los movimientos de difusión y promoción, los premios… Hay muchísimas diferencias y contrastes. 
 
El abrazo es el género literario que más me gusta; así que lo practico con alevosía para agradecerte un evento tan afectivo e iluminador. ¿Tendrá continuidad?
 
Por supuesto. Parece que desde el Ayuntamiento de Moralzarzal seguirán apostando por mantener la sede central de este festival internacional, en el que yo seguiré colaborando encantado, y que las otras entidades que han colaborado como sedes satélite han quedado muy satisfechas.
Seguiremos en esta dinámica de abrazo y de creación de espacios por y para la poesía. Solo queda elegir el lema de la segunda edición.




                   JOSÉ LUIS MORANTE


 

martes, 20 de julio de 2021

PALABRAS DE ESPALDAS

Ana
Fotografía
de
Bas Mati

 ( Videoconferencia con María  Eugenia Bustos)

Oropesa del mar, Castellón, julio de 2021

 

Bajo la sombrilla... ¿es el mismo paisaje ante los ojos?

No, las vacaciones cambian las coordenadas situacionales. Nos alejan de esos temas urgentes que copan las pulsaciones de la actualidad. Los hechos llegan como un eco observado en soledad. Parece que las palabras hablan de espaldas.

¿El mar es un bolero?

Cualquiera que se acerque al mar en las primeras horas de la amanecida y recorra el suelo húmedo y arenoso, escucha de inmediato un chorro de voz repleto de emociones y el pentagrama azul de los boleros… Pero es una percepción maleable, capaz de interpretar también otras partituras al gusto del oyente.

¿Es posible la lectura aquí?

Los sentidos están sometidos a una intensa terapia visual; la lectura se disgrega, se ralentiza, se fragmenta y cuando retorna prefiere las formas breves: aforismos, microrrelatos y naturalmente los poemas. El verano exige otra forma de leer.

¿Qué títulos en su mochila de verano?

Traje un par de bolsos porque desconozco todavía cuando regresamos a la rutina, y entre ellos están algunos títulos de Seudología, la obra completa de Miguel Catalán sobre la mentira, editada en Verbum,  que es una esquirla contra la falsedad y contra la ausencia de valores de nuestro tiempo; también Cuaderno de historia de Manuel Rico, editada por Pre-Textos, un par de novelas de Emmanuel Carrére y algunas revistas literarias en papel como Ítaca, Turia y Paraíso… Además, mis hijas vienen a vernos el fin de semana y nos dejan en las manos los libros que dormían en el buzón de casa…    Aquí también hay que comprar nuevas estanterías.

¿Sigue conectado a la actualidad literaria?

Sí, no soy capaz de vivir la literatura a tiempo parcial; para mí la literatura es media vida, la otra media también. Por tanto, dedico algunas horas de la mañana a trabajar en proyectos acordados y con fecha de entrega, respondo el correo y de cuando en cuando escribo algunos aforismos y reseñas…

¿Qué nombres propios de la actualidad  resaltaría?

Los premios literarios convulsionan el tranquilo paisaje de lo establecido. En los inicios del verano, he obviado nombres propios, pero hay entregas relevantes que deben leerse con sosiego como Solo inclasificable de Efi Cubero y Un tigre se aleja de Rubén Martín Díaz.

¿Y de aforismos?

Este año he publicado dos entregas aforísticas, Migas de voz, una antología editada por la Universidad Nacional Autónoma de México, con prólogo de Carmen Canet, y Planos cortos, un particular homenaje al cine desde el decir breve, editado por Trea. Así que he optado por otros géneros como la poesía o el ensayo, aunque la realidad es siempre azarosa y extraña y no descarto retomar títulos cuya lectura me dejó un gratísimo sabor de boca. 

¿Sigue su trabajo crítico a pie de mar?

No tengo más remedio; debo entregar dos ediciones en octubre y aunque su formato final estará listo en septiembre, no descuido los afanes correctores ni las notas. Así que entre los pliegues de las olas, mi voluntad literaria  camina por los senderos habituales… Camina a solas y despacio.