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viernes, 31 de julio de 2026

TEOREMA DE LA CONFIANZA

Con Gloria Díez y Juan José Martin Ramos
Biblioteca Mario Vargas Llosa de Madrid, 
4 de junio de 2026 

 

TEOREMA DE LA CONFIANZA

 

Confío en la existencia diaria, ese azar demediado entre intenciones y resultados.

Confío en la retina de aquellos que perciben un sol a medianoche.

Confío en las esfinges que no guardan secretos.

Confío en el sentido estético de los laberintos, en esa arquitectura que ubica en el sitio justo las entradas de urgencia.

Confío en la presencia incansable de lo que pasa desapercibido.

Confío en la inconsistencia de los ciclos que exploran lo real, ese deambular por los calendarios que lleva desde el almendro en flor a la rugosa cáscara del fruto.

Confío en los que abrazan cuando no estoy y me confunden conmigo.


(Aforismos  de gratitud)




martes, 21 de abril de 2026

GLORIA DÍEZ (Presentación de OFICIO DE CALLAR)

J

presentación del libro de aforismos
OFICIO DE CALLAR
Gloria Díez, José Luis Morante, Juan José Martín Ramos
Biblioteca Pública Mario Vargas Llosa
(Madrid, 16 de abril, 2026
Fotografia
 de
Rosa María Hernández Costa

Presentación y texto de GLORIA DÍEZ

Gloria Díez (El Entrego, Asturias), periodista y gestora cultural, ha hecho de la poesía una manera de mirar la hondura. Comienza travesía lírica con Mujer de aire, mujer de agua (Rialp, 1982). Aquel primer libro se asentaba en el mapa poético del momento y su autora no tardaría en integrarse en la Cuarta antología de Adonais (Rialp, 1983) y en el número doble 169-170 de la revista malagueña Litoral, publicado en 1987. La obra prosigue con Inocente ceniza (2018), un muestrario que se hace metáfora de amanecida y resurrección. Su última entrega es Seda torcida (2025), donde la poesía transforma emociones y pensamientos en resistencia, en rendijas de luz que cobijan lo perecedero.


   Queridos amigos, gracias por acompañarnos en una tarde que es importante para nosotros, como biblioteca, para José Luis Morante, como escritor y para Mahalta, la editorial que hoy acoge su último libro de aforismos: Oficio de callar.

José Luis Morante ha dedicado su vida a la escritura y a la enseñanza. Hoy tendremos que dejar a un lado al ensayista y al poeta, pero conviene citar, aunque solo sea de pasada, que su obra en verso está recogida en tres antologías: Mapa de ruta de 2010, Pulsaciones de 2017 y Ahora que es tarde que se publicó en 2020. No quisiera dejar pasar la oportunidad de resaltar su aportación al haiku en libros como A punto de ver, confieso que es mi favorito, publicado en 2019 o Viajeros sedentarios que apareció en una preciosa edición de La Garúa 2025.

Y ya, hecha la salvedad, quien hoy nos visita es el autor de aforismos. Este género de escritura breve está presente en la obra de Morante desde el ya lejano 2009 con Mejores días. A ese libro le siguieron Motivos personales en 2015 y esta otra delicia editorial que es Migas de voz fechada en 2021. La Isla de Siltolá publicó en 2024 un amplio ensayo sobre el aforismo, que yo recomiendo a quien quiera acercarse al género: se titula Paso ligero. La tradición de la brevedad en castellano (siglos XX y XXI).

Y así llegamos al momento actual y no olvido el libro de aforismos relacionados con el cine titulado Planos cortos, publicado por Trea en 2021, con prólogo de Juan Varo Zafra. Cito ahora el libro y a su prologuista porque habla de la mirada de José Luis Morante, una mirada “melancólica, agridulce”, dos adjetivos que definen con bastante precisión su talante y sabemos que cualquier creación, cualquier manifestación artística parte de la mirada.

En Oficio de callar afloran, quizá pasados por un último tamiz, el de la edad y la experiencia, temas que han estado presentes en la ya amplia obra de José Luis. A Morante le inquietan los disfraces: los disfraces verbales, las capas de cebolla tras las que se esconde la realidad, y todos esos “otros”, tan ajenos, que nos multiplican en los espejos.

Elijo un aforismo: Escrita, con tinta invisible, sobre osamenta y musculatura, el cuerpo disimula su condición de fraude.

Y otro: Aliento de vida, como esas casas vacías por las que transita a diario tanta gente.

Habla Freud de esa especie de cortocircuito mental entre dos palabras que da lugar al humor, que desencadena la risa, cuando completa esa elipse, la metáfora emociona y el aforismo, al concentrar el pensamiento, provoca la sorpresa, el buen aforismo nos hace sentirnos un poco más ligeros, como el champán.

Morante al comienzo de Oficio de callar cita a Chesterton: “La simplificación de una cosa es siempre algo extraordinario”. Y si avanzamos un poco más, el enunciado sintético de una verdad, cuando lo es, nos ahorra larguísimas explicaciones, donde se acumulan los argumentos y las pruebas. Simplificar una cosa es siempre algo extraordinario.

Elijo otro aforismo: Conciencia de la edad; cada vez, en mi diccionario personal, tengo más acepciones sentimentales en desuso.

El tiempo, ahí nos encontramos con otro de los caballos de batalla de Morante. Un tiempo que avanza “a paso ligero” y que es, en sí mismo, el más elusivo de los aforismos.

Morante sospecha de los espejos y adivina fantasmas, pero eso no le impide entrar en terrenos mucho más cotidianos, la mirada melancólica y agridulce se dota entonces de un afilado bisturí psicológico: Aunque parezca nacer de un sustrato lógico, el rencor huele a cuarto de baño de pensión antigua, escribe. Veamos otro: El número impar de su matrimonio acecha el contraluz de la tristeza.

Leer aforismos requiere un desterminado estado de ánimo. Los aforismos son píldoras, así que no conviene tomarse el frasco entero antes de dormir. La lectura del aforismo requiere cierta calma y permitir que nuestro propio pensamiento complete el texto, olvidar el libro sobre la mesa y devanar, nosotros sí, el mundo en miniatura que esconde cada frase.

Bien leído, un libro de aforismos da para más que muchas novelas. Eso os deseo si os animáis a compartir con José Luis Morante y con Mahalta todas las horas que han quedado atrapadas, como colección de insectos, en Oficio de callar.

Por mi parte es todo, cedo la palabra a otro aforista, editor y amigo: Juan José Martín Ramos. Muchas gracias.

 

 

 

martes, 11 de marzo de 2025

ENCUENTRO CON GLORIA DÍEZ

Biblioteca Mario Vargas Llosa de Madrid
2O de Febrero de 2025


Presentación de los libros PASO LIGERO. LA TRADICIÓN DE LA BREVEDAD EN CASTELLANO (Siglos XX y XXI) (La Isla de Siltolá, 2024) y FUERA DE GUION. CASI CIEN MICRORRELATOS (Lastura Editorial, 2024 ) a cargo de la poeta, periodista y gestora cultural GLORIA DÍEZ 


    Buenas tardes y muchas gracias por estar con nosotros. El invitado de hoy es José Luis Morante, autor al que ya hemos tenido la oportunidad de oír en otras ocasiones. Como seguramente recordáis, es profesor, ensayista y poeta. En prosa, su cercanía al género breve se plasma en aforismos, haikus y microrrelatos. Ha publicado una decena de libros, pero yo no voy a mencionarlos todos, sí, si me permitís, haré una selección personal que está basada en los que más me gustan y mejor conozco, no tiene otro valor: en poesía me quedo con el libro de haikus A punto de ver, en aforismos con una preciosa selección titulada Migas de voz y en cuanto a los ensayos, yo destacaría el titulado Aforismos e ideas líricas de Juan Ramón Jiménez y Los cien mejores poemas de Karmelo C. Iribarren. Para el resto de la bibliografía, que como os digo es amplia, os remito a Internet. Hay que destacar su incansable labor de critica que se recoge en su blog “Puentes de papel”.
   Tenemos hoy sobre la mesa dos libros, un ensayo sobre aforismos, Paso ligero, y un libro de microrrelatos Fuera de guion. Si hiciéramos un recorrido por los títulos de José Luis Morante, seguramente apreciaríamos su sobriedad: una de sus antologías poéticas se titula “Mapa de ruta”, otra “Pulsaciones”, también en los títulos Morante sigue el dictado de la brevedad, como si condensar las ideas fuera en él un imperativo.

 Paso ligero lleva un subtítulo: “La tradición de la brevedad en castellano (siglos XX y XXI)”. Al abrir el libro nos encontramos con un ensayo de casi 200 páginas que desemboca en una antología. El conjunto es muy recomendable si se quiere tener una idea general sobre los antecedentes y el desarrollo del género aforístico y, al mismo tiempo, tener acceso a una selección de la obra de veintisiete autores, con presencias tan relevantes como Machado, Juan Ramón Jiménez, Gómez de la Serna, Carlos Edmundo de Ory, Ramón J. Sender, Max Aub, Rafael Pérez Estrada, Dionisia García y entre los contemporáneos, Manuel Neila y Ramón Eder… por citar algunos, sin menoscabo de ninguno de los demás, hasta llegar a los veintisiete.

Cabría preguntarse por qué el género aforístico que parte, en algún sentido, de la tradición oral y la literatura sapiencial, ha encontrado tan amplio acomodo en los siglos XX y XXI. Al margen de la evolución de las formas de comunicación, que se prestan especialmente a lo breve, debemos reconocer que esas chispas de ingenio, esas luciérnagas del pensamiento que nos iluminan durante segundos, tienen un encanto difícil de superar. El inconveniente de toda síntesis es que se pueden perder algunos matices, pero, a cambio, nos deslumbran. De hecho, dice Morante que el aforismo se ha convertido en una presencia esencial del discurso literario.

   Pongamos un ejemplo, José Bergamín escribe: “El hombre es cruel cuando se apasiona. La mujer no es cruel más que cuando es indiferente” y quizá no sea toda la verdad, pero la parte de verdad que queda iluminada, nos hace pensar.

  No quiero quitar tiempo al protagonista de la tarde, pero sí me gustaría aludir al segundo libro Fuera de guion. Si el ensayo que abre “Paso ligero”, era de casi 200 páginas, Fuera de guion recoge casi cien microrrelatos. Muchos de ellos, como nos indica el autor, han ido apareciendo en “Puentes de papel”, un blog que mantiene y ahora cito: “un apetito omnívoro de poemas, reseñas, cuentos y aforismos”. Como no podía ser de otra forma, los microrrelatos se acercan a algunas de las ideas recurrentes en la obra de José Luis Morante:  me refiero a los laberintos del yo, a todo aquello que el mundo tiene de ambiguo, a la amenaza que albergan algunos espejos o la radical indefensión en la que a veces nos movemos.

Creo que algo de eso se resume en uno de ellos titulado “Jornada laboral”: “Nunca hay excepciones. Cuando habla consigo miente a cada instante. Eso le obliga a un inacabable fingimiento para demostrar que se cree a sí mismo. Su edificio corporal sobrelleva el gravoso cansancio. Desempeña a diario una doble jornada laboral.”

Desde luego una jornada de ocho horas no basta para el enorme trabajo lector y para la ingente producción que devoran sus “Puentes de papel”. Creo que es el momento de cederle la palabra al guardián de esos puentes, que pueden ser frágiles, pero frágiles o no, lo que importa es que nos permiten cruzar a la otra orilla.


GLORIA DÍEZ

 

 

 

 

viernes, 12 de noviembre de 2021

GLORIA DÍEZ. PRESENTACIÓN DE PLANOS CORTOS

Tertulia "El escribidor"
Presentación de Planos cortos
11 de noviembre, 2021
Sala de Cristal, Biblioteca Mario Vargas Llosa



 GLORIA DÍEZ: 

Buenas tardes. Nos reencontramos un once de noviembre, después de un largo periodo de silencio y lo hacemos de la mano de José Luis Morante.

Morante, casi todos le conocéis es un profesor que se dejó tentar por la palabra para ser poeta, aforista y crítico. Es increíble el tiempo y la energía que José Luis emplea en su labor crítica. Eso lo sabemos muy bien los que seguimos sus “Puentes de papel”.

Poeta, aforista, crítico y -desde mi punto de vista- con una trayectoria siempre en progresión ascendente.

¿Por qué dedicar un libro completo al cine? José Luis no es un cinéfilo. ¿Es el homenaje de un espectador agradecido? Y si es así, ¿Por qué? Podemos reservar la pregunta para el coloquio.

Calderón dijo que el mundo es un gran teatro y que la vida es un sueño. El cine bebe de ambos manantiales: es representación y posee una profunda raíz onírica. Recuerdo que cuando era niña y le pedíamos a mi abuelo que nos llevara al cine, nos contestaba con sorna: “Sí, al de las sábanas blancas”. Y eso quería decir que tendríamos que conformarnos con la película que cada cual quisiera montarse esa noche en su cabeza a base de recuerdos, deseos y temores. El cine de las sábanas blancas: el sueño. Hoy me parece una metáfora estupenda.

Por su imitación de la vida y por su complicidad con lo onírico, a mí no me cabe duda de que el cine es un buen espécimen para enfocar la lupa del pensamiento. Hecho de luces y sombras, con una naturaleza casi mazdeista, el cine tiene otro ilustre antecedente, la caverna de Platón, con sus espectadores que ven como pasan las sombras, de espaldas a la realidad.

Se ha hablado mucho de la fascinación que el aforismo ejerce sobre los lectores y escritores en este mundo donde impera el “deprisa, deprisa”. El aforismo es una chispita de pensamiento, un brillo de purpurina que nos atrapa y que queda flotando en el recuerdo con luz intermitente, como de luciérnaga.

También me gustaría preguntarle a José Luis, cómo ha sido su historia de amor con el aforismo. Pero haya sido como haya sido el comienzo, parece que la relación se ha consolidado, porque este es su tercer libro, después de “Mejores días” y “Motivos personales”. A eso hay que añadir una preciosa antología “Migas de voz”, publicada en la colección “Esquirlas” de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde hay también un grupo de aforismos inéditos que se cobijan bajo el epígrafe “A sorbos”.

Juan Varo Zafra, el prologuista de “Planos cortos” distingue en el libro hasta cuatro clases de aforismos. Pero clasificar estos fragmentos inquietos y sutiles es complicado, se escurren, se escapan, desbordan los continentes, porque, al fin y al cabo, ellos son ¡el contenido!

 José Luis presume de no tener sentido del humor, pero, tengo para mí que miente… A no ser que crea que la ironía se puede separar del humor. Vean:

“La tacañería de Woody Allen toca el clarinete por no pagar los portes del piano.”

“El cine de acción alterna las hormigas que salvan elefantes con los elefantes que salvan hormigas.”

 

Y claro, hay correlaciones entre cine y vida:

“Sí, la existencia no pasa de ser algo puntual: un corto.”

“Hizo de su matrimonio un largometraje prematuro, hecho de un solo plano de intensa oscuridad.”

 

También presume José Luis de torpeza, pero yo creo que esa es una de sus armas de seducción. Escribe:

“Improvisó en el casting para interpretarse a sí mismo. Fue rechazado por falta de convicción y autenticidad dudosa en el papel”

“Charlie Chaplin recuerda al profesor jubilado que espera que la vida se repita.”

 

Y termino con una confesión: “El aforismo parte desde la conciencia. Es testigo implicado; la visión de un director que dispersa planos cortos”

Planos cortos son los que dispersa José Luis Morante con sus aforismos …siempre desde la conciencia.

 

Gloria Díez

   Nace en Asturias, en la cuenca minera. Es periodista y escritora. Ha trabajado durante más de veinte años en prensa, donde ha sido reportera y columnista y en televisión donde fue guionista. En el ámbito literario ha entrevistado a personajes como Jorge Luis Borges, Doris Lessing o Antonio Ferres. Y en el de la música a Mik Jagger o Leonard Cohen. En televisión colaboró, entre otros con Adolfo Marsillach.
   Su primer libro de poesía: Mujer de aire, mujer de agua se publicó en la colección “Adonáis”.  Su segundo poemario: Dominio de la Noche apareció en 2012 y el tercero, Inocente Ceniza, en 2018. En este momento prepara el cuarto. Su poesía ha sido recogida en antologías como Litoral Femenino. (Literatura escrita por mujeres en la España Contemporánea), Poesía Española. 1982-1983 de Libros Hiperión y en la Cuarta Antología de la colección Adonáis. Poemas suyos se pueden encontrar en revistas como Sibila o La revista Áurea. Es también autora de la biografía Serafín Madrid, Hortelano de Sueños.
   Desde hace tres años coordina la tertulia literaria “El escribidor” que se reúne en la Biblioteca Mario Vargas Llosa de Madrid y que ha acogido a algunas de las voces más interesantes voces de la poesía española contemporánea.



lunes, 17 de mayo de 2021

UNA CONVERSACIÓN CON GLORIA DÍEZ. MIGAS DE VOZ

Gloría Díez

 

JOSÉ LUIS MORANTE Y SUS MIGAS DE VOZ

 

Gloria Díez

(Periodista y poeta) 

Más allá del discurso, del pan trabado y denso, están las migas. Más allá de la declamación grandilocuente, la voz esconde vericuetos íntimos. José Luis Morante, poeta, aforista y crítico literario nos deja en Migas de voz el testimonio de Mejores días y la confidencia de Motivos Personales. Junto a los aforismos seleccionados de esos dos libros publicados en 2009 y 2014, aparecen los inéditos recogidos bajo el epígrafe de A sorbos. Migas de voz ha sido editado en la colección Esquirlas, coordinada por Hiram Barriosde la Universidad Nacional Autónoma de México, Delegación de Coyoacán.

(La entrevista se realiza mientas el cielo de Madrid se deshace en agua, como una gigantesca tubería horadada, pero, ¡oh milagro!, de pronto, el arco iris)  

- Cuando se habla de aforismos se buscan el cobijo de palabras que remiten al fragmento: esquirlas, migas… ¿Puede aspirar la parte a remitirnos al todo?

Las partes son verdades parciales, alumbran rincones, claros en el bosque y se convierten en moldes de una realidad cambiante y transitoria; no se trata de percibir un horizonte abierto, solemne, pleno, sino de asentarse en un mirador propio para otear los lugares de paso, esos sitios que encuentran en nuestro pensamiento interpretación y sosiego.  

- Sus “Migas de voz” ¿son migas de filosofía personal?

El yo es por naturaleza subjetivo y concreto, pero no es tan original como para elaborar una filosofía propia, distinta. En cada sujeto conviven aportes culturales y experiencias biográficas y de este abrazo nacen los breves textos de Migas de voz, cuya pretensión es tender puentes a otras formas de ser y de pensar.

- ¿Se siente cómodo en el discurso fugaz que no requiere una justificación previa y no aspira a demostrar nada?

El agua del tiempo fluye con naturalidad. Va dejando en su cauce estelas de sed y transparencia; es una buena imagen para definir el decurso del pensamiento, su nomadismo, que hace de lo fugaz un instante de plenitud reflexiva.

- La técnica del aforismo, ¿exige lanzar todo el lastre verbal por la borda?

Las claves aforísticas son conocidas: precisión, síntesis, autonomía semántica y afán comunicativo; así que no hay mucho sitio para los aderezos suplementarios; la esencia requiere máxima condensación expresiva. 

- ¿Cómo se sabe cuando se ha llegado al núcleo de la idea?   ¿Es sencillo el trabajo de la poda?

Cada texto es una propuesta, un quehacer tanteante que deja entre las manos incertidumbre; las dudas son energía, nutren la búsqueda que define cada taller literario. Casi nunca la realidad textual coincide con el ideal, muchas veces es una aproximación, otras solo sombra porque el destinatario final que asiente y conecta con el logro es ajeno a su autor.

 - ¿Sus aforismos se escoran hacia la poesía o hacia la filosofía?

Los ingredientes de epitelio lírico e indagación reflexiva son complementarios; en mis lecturas conviven los clásicos moralistas y la plenitud lírica de Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado; debemos desconfiar de aquellos aforismos nacidos en serie bajo una única etiqueta, el reduccionismo anula la posibilidad literaria, es bueno afrontar distintas perspectivas creadoras.

- Dice usted: “Los aforismos marcan la piel del agua, como la huella frágil de una verdad”. Pero huellas en el agua duran poco. El aforismo, ¿busca más sorprender que convencer?

Convencer es tarea del púlpito. A los aforismos les viene bien una toma de tierra, el contacto con el tiempo histórico en el que se pronuncian. Nunca se escribe un libro con afán de eternidad; tantos lunes al sol deben ser insufribles, sino con un sentido limpio del instante.

 - Toda su obra se encuentra traspasada por el problema de la identidad, “yo y el otro”; los múltiples “yo” que me habitan. ¿Quién le da más sorpresas, los otros o usted mismo?

Los huéspedes que habitan nuestros espejos asumen la contradicción como parte del ser, el alboroto de identidades es asombro y estrategia contra el conformismo; cada amanecida es una y distinta y ese espíritu auroral está sumido en la tarea diaria del asombro; en la paradoja diaria, todo es igual, pero distinto. 

- “Derrumbar es ocupación de dinamiteros; reconstruir, oficio de arquitectos; preservar, labor para artesanos.” Dígame, ¿usted a qué gremio pertenece?

La existencia nos concede oficios laborables a tiempo parcial; en el tránsito vital desempeñamos labores contradictorias, derribamos propósitos e ideales, se rompen afectos, evocamos para que el olvido no convierta en un páramo lo que fuimos un día y buscamos itinerarios por las calles del sentimiento. Somos una empresa de multiservicios que, de cuando en cuando, perpetras algunas chapuzas…

- Déjeme citar otro aforismo: “Entre la ceniza, un brote agónico de lumbre recupera el fuego.” ¿Usted nunca ha tenido una crisis de creatividad? ¿Siempre es capaz de escribir?

Desde fuera el trabajo literario parece continuo, pero es un espejismo; hay muchos periodos de esterilidad creativa, de soledad y frustración; el sustantivo crisis se emplea mucho, es casi un argumento justificativo de la pereza; para mí la crisis es la exigencia de buscar nuevas puertas al laberinto, calzar zapatos a la voluntad para que siga caminando. 

- Ejerce usted la crítica literaria, pero no es partidario de expedir certificados de “buenas prácticas literarias”.  ¿El crítico debe separar el grano de la paja para orientar al lector?

Dentro de la crítica hay una variopinta diversidad de actitudes; hay policías literarios dispuestos a multar a los que contradicen su ideario estético, y hay también aplaudidores entusiastas, que jalean una propuesta creadora y su contraria; mi forma de entender la crítica es muy sencilla, dejo las impresiones de un lector informado, si esas líneas sirven de brújula a otros es un buen premio, pero cada lector debe descubrir su tramos de felicidad a solas. 

- Me ha llamado la atención uno de sus aforismos: “En el cajón oscuro de mi mesa los inéditos miran de reojo la papelera de reciclaje.” Dígame la verdad, ¿cuesta mucho devorar a los propios hijos?

El invierno es el tiempo de la poda, una labor que rastrilla, corta ramas, siembra estiércol y difunde insecticidas… Parecen trabajos destructivos, ajenos al ritmo de los espacios naturales; pero son tareas básicas para que encuentre sitio la pulsión germinal de la primavera. Con esa filosofía, corregir es una tarea de perseverancia y futuro.

 - Practica usted el relato breve y la poesía, cuando aparece una idea, ¿el poeta, el aforista y el narrador se pelean por la pieza?

Las estrategias expresivas son formas de caminar de un mismo paseante; el desplazamiento por uno u otro itinerario comparte latidos y esa red de músculos verbales que sostiene el cuerpo textual. No hay pelea sino un pautado diálogo de náufragos sentados en la arena, esperando que el mar deje en sus manos una botella con mensaje.

- El tiempo, los relojes, el calendario, el trabajo constante, la ingente tarea de leer a los otros, ¿practica usted la religión del esfuerzo?

Sé que mi respuesta no sorprenderá a algunos amigos porque ha estado con frecuencia en mis palabras: soy un torpe que trabaja muchísimo para que no se note mi torpeza; sí, creo en el esfuerzo, en esa sed intacta de la lectura que desconfía de vuelos inspiratorios.

Pues le dejo con su tarea. Muchas gracias por sus respuestas.

Gracias a ti por este hermoso diálogo que trasmite un sedentario conocimiento de mi trabajo, la amistad es también una práctica esencial del estar entre libros.

Gloria Díez

(Mayo de 2021)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 9 de agosto de 2020

MIRADAS

Trazos
Imagen
de
NIKONISTAS.COM


MIRADAS

Con lenta mano,
seca hilos al sol
la telaraña.

                  ( Inédito)

MIRADAS (2)

Con lenta mano
y sutiles cerrojos
las telarañas.

(Variante sugerida por la poeta Gloria Díez) 

sábado, 4 de julio de 2020

CONVERSACIÓN CON GLORIA DÍEZ SOBRE "AHORA QUE ES TARDE"

Gloria Díez y José Luis Morante
Biblioteca Mario Vargas Llosa (Madrid)

Gloria Díez, poeta, periodista y gestora cultural, conversa con José Luis Morante sobre la antología Ahora que es tarde (La Garúa, 2020), una selección de poemas que integra treinta años de creación, desde 1990 hasta 2020. 


- Al leer los títulos de tus libros, Rotonda con estatuas, Población activa, Largo recorrido, llama la atención lo cotidiano del lenguaje. Definitivamente ¿tu reino es de este mundo?

Sí, suelo vivir en la periferia de la solemnidad, en ese barrio de gente que busca en el lenguaje sustratos comunicativos y zonas de intersección; sé que a veces esa media voz puede confundirse con la pobreza expresiva o con el vuelo bajo; pero asumo el riesgo; me gustan los poetas que se visten con ropa de calle.

- ¿Cómo Karmelo C. Iribarren?

Claro, como Iribarren, Comendador, Antonio Jiménez Millán, Luis García Montero, Joan Margarit, Juan Gelman, Parra, Carver, Ángel González o Wislawa Szymborska…

- Pero también admiras a Juan Ramón…

La casa de la poesía es hospitalaria por naturaleza y hace de cada itinerario lector un espacio transitable, un magisterio, una claridad por descubrir… Sí, me encanta la poesía de Juan Ramón, y de Antonio Machado, Cernuda, Borges u Octavio Paz; creo que la lectura debe ser plural y continua y esas condiciones han gestado en mí un cofre de deudas que ya querría para sí la mismísima Pandora…

- Dices: “Al piso regresaba cabizbajo, enfundado en un traje de preguntas”. ¿Esa es la función del poeta, preguntarse, preguntar?

Toda tarea creadora es indagatoria, por naturaleza; recorre líneas de sombra y rincones que suelen cobijar más sombras; y en esos sitios el poeta siempre inventa cruces, reiteraciones y retornos al punto de partida; la escritura es desandar.

- ¿Qué te llama la atención de las estatuas? Hay “sonrisas cinceladas en mármol”. Y están tan quietas….

Son la certeza firme del pasado, me gusta su simbología y su afán por hacer perdurable la finitud; es tiempo inquisitorial y muchas estatuas han bajado de sus pedestales; yo sigo conversando con ellas; son encomiables interlocutores.

- ¿Te gustaría que te hicieran una…? Una estatua. ¿Y cómo sería? Danos una pista.

No me había planteado esa celebración matérica de la identidad; hace muchos años un amigo me sorprendió en una lectura recordando que yo había definido una papelera como un cielo para despojos... Así que parques, estatuas y papeleras suelen crear espacios apacibles de soledad y melancolía, de lecturas al sol.

-Tu imagen en el espejo, los heterónimos… ¿Te inquieta la dualidad? ¿O son las contradicciones?

Vivo con ellas desde siempre: hablo mucho porque soy muy tímido; me gusta la soledad porque estoy lleno de extraños, soy frágil porque creo en la fortaleza de la voluntad, y estoy conmigo cuando estoy solo... Los heterónimos son posibilidades del yo; es saludable ser cobijo de tantas mutaciones.

- En tus criticas hablas del “protagonista lírico” que construyen los poetas. ¿Y cuál construyes tú?

Creo que en mis poemas se perciben claras afinidades entre el trayecto autobiográfico y las contingencias del sujeto verbal; así que entre los dos hay un razonable aire de familia que se va haciendo con el tiempo más intimista y reflexivo.

-  Dices “todos cabemos dentro de la especie enemigo”.  ¿La vida te ha puesto frente a grandes enemigos?

Como a todos, la vida me ha dejado abrazos inolvidables y decepciones al paso; de los abrazos queda el calor intacto en la piel; de las decepciones, las cicatrices... No sé si mis enemigos eran grandes, tengo la sospecha de que su talla era liliputiense y mezquina porque se han ido diluyendo en la memoria...

- ¿Y para qué sirve un enemigo? ¿Se le puede encontrar alguna utilidad? Aunque sea residual.

Sirve para recordar que él tiene de nosotros la misma teoría; para saber que la dificultad está inserta en cualquier relación humana y, desde luego, para cobijar nuestras sensaciones en poemas, libros o en mínimos aforismos que callan su destinatario, pero que hablan con voz firme... Aquella teoría de la otra mejilla contradice la sensación de justicia que requieren algunas actitudes.

- Escribes: “me sonaban los pasos a verso en asonante” ¿En qué métrica te sientes más cómodo?

Todos mis poemas, salvo una minoría, usan el verso libre; y dentro de ese verso libre creo que hay un predominio de dos medidas versales, el endecasílabo y el heptasílabo... Sé que son precisiones un poco insulsas, pero ese ritmo es el más frecuente en mi cabeza en el tiempo de composición que suele ser muy asimétrico; tardo mucho en escribir un poema, días, meses; o el poema llega casi completo y solo lo modifico en la segunda o tercera lectura.

- Y la música del verso… ¿de dónde viene? Porque tus versos son musicales: (…) este presente es sórdido y conviene/ descerrajar el tiro a quemarropa”.

La cadencia musical es columna vertebradora; en casa hay una fuerte inclinación a la música y al ritmo; además está la lectura; me gustan los poetas que hacen de su poesía una canción que puede leerse en voz alta.

- Una de tus tareas literarias es la crítica. ¿Qué aporta? ¿Qué exige?

Aporta un dominio expresivo mucho mayor, una exigencia de sencillez y una continua voluntad de seguir aprendiendo. Tengo una incansable voluntad lectora, una huida de los juicios de valor y un compromiso de escribir la reseña con estilo, lejos del aire desmadejado que suele tener un artículo de prensa.

- ¿Algunos de tus enemigos se han fraguado ahí? La tarea de desechar es ingrata.

No me gustaría dejar la impresión de que mis enemigos son multitud, ejerzo en lo posible de buena gente, y lamento que ese título “Enemigo leal” pueda dar esa imagen; como dije en su día; mis enemigos leales son conceptos, no son presencias sigilosas en un callejón... Es verdad que dos o tres críticos me dieron un buen palo en algún libro; pero solo uno me hizo daño de verdad, porque su crítica contradecía sus propios consejos anteriores; así que reitero que mi porcentaje de enemigos está a años luz de los amigos.

- Háblame de tus antologías. ¿El antólogo disfruta, sufre, acaba impregnado del perfume del autor?

Sí, es una posición de espectador privilegiado; se disfruta mucho de esa sensación de ir completando un paisaje que solo al final adquiere forma completa; la antología más gratificante fue una de poesía joven, “Re-Generación” (Valparaíso ediciones, 2016). Y sigo manteniendo aquella sensación de proximidad con los elegidos.

- ¿Hay muchos “demonios sueltos entre los papeles”? ¿Entre tus papeles también?

Sí, en ellos forman algarabías permanentes las dudas, las prisas, las ideas en blanco, los materiales inútiles, los proyectos que se quedaron a medias...

 - ¿Como crítico, ¿qué evolución adviertes en tu poesía?

Creo que un caminar pautado, sin giros ni estridencias que desemboca en el presente de forma natural; como un trayecto reglado; nunca he creído en el poeta acróbata, que hace malabarismos sin red.

- ¿Se mantiene tu “terca voluntad de estilo”? ¿Y qué estilo sería ese?

Una de las cualidades más definitorias en mi manera de entender el hecho literario es la voluntad; procuro mantener un tono de voz natural y creíble, sin imposturas, que deje la imagen de un protagonista implicado y fiable.

- Cultivas el haiku y el aforismo. ¿Qué te ofrecen esas formas breves?

Concisión, brevedad e ingenio, la certeza feliz de Juan Ramón de que “menos es más”.

- Ahora que es tarde, ¿es el momento de mirar atrás?

Sí, es un balance de treinta años que requiere abordar el sendero cumplido para saber qué queda lejos y qué se mantiene a la vista todavía; el título de esta antología, que ha prologado con tanto acierto el poeta y profesor Antonio Jiménez Millán, niega la separación entre pasado y presente; o mejor: los unifica en un mismo instante como si sus latitudes fuesen espacios complementarios. Creo que el profesor, poeta y crítico acierta plenamente; la escritura es una toma de conciencia del discurrir ; es palabra en el tiempo, como escribió Antonio Machado. 

- ¿Esta es una antología provisional? ¿Queda mucha obra en el tintero?

No lo sé, sigo trabajando el poemario Nadar en seco, pero no tengo la sensación de estar en el final de ninguna ruta; soy un náufrago que sigue buscando costa. Sigo dispersando pasos en los géneros habituales; no sé separarme de la escritura; es piel y abrigo.

 Después de caminar 30 años es un buen momento para que el viajero se detenga y eche la vista atrás. Eso ha hecho José Luis Morante, poeta, crítico y aforista, en esta antología titulada “Ahora que es tarde”, que hace el número 86 de la colección de poesía de La Garúa. Nueve libros de poemas vierten en estas páginas lo mejor de un autor que habita en la periferia de la solemnidad, viste ropa de calle y es capaz de nadar en seco. La entrevista ha sido realizada guardando todas las medidas de seguridad. 

Julio de 2020






jueves, 17 de enero de 2019

GLORIA DÍEZ. FE DE VIDA

Gloria Díez
Fotografía de
Manu Ridocci


Entrevista con GLORIA DÍEZ

Hace unas semanas asistí a una lectura poética de Gloria Díez (Asturias, 1949). Percibí en ese evento en la Biblioteca Mario Vargas Llosa una sensibilidad aguda y el escribir a trasmano de quien sabe que el tiempo rescata la palabra exacta, que hay que moverse con lucidez y pasión, sin más brújula que ser coherente con la propia obra. Me acerco de nuevo a la poeta y periodista para abordar su itinerario lírico, un dominio abierto que sigue caminando.


   Su andadura comienza a principios de los años ochenta con Mujer de aire, mujer de agua (Rialp, 1982). ¿Qué supuso publicar en una colección tan emblemática?

Fue un regalo del destino. Y vino de la mano de Luis Jiménez Martos. Yo escribo desde los catorce años. Cuando Jiménez Martos me “descubrió”, tenía ya cinco libros “en el cajón”. Lo que ocurre es que estaba en un momento de pujanza profesional. Y el periodismo activo puede ser arrollador.


El silencio posterior convirtió la escritura en espera. ¿Fueron incompatibles quehacer laboral y taller literario?

Mi silencio solo fue hacia el exterior. No tenía tiempo para frecuentar los ambientes literarios, para unirme a lo que entonces se llamaba irónicamente “una cuadra”, en alusión a los hipódromos, pero la poesía es mi forma de entender el mundo, literalmente, y a eso no se le puede poner freno. Seguí escribiendo. ¿Cómo podría no hacerlo?


Sin embargo, la poesía sigue fluyendo hasta componer una segunda estación, Dominio de la noche, trabajo ilustrado con los inquietantes grabados de Piranesi (1720-1778) cuya fantasía constructiva deja una sensación de enclaustramiento y desolación. ¿Son rasgos que la palabra poética de Dominio de la noche también asume?

Es una buena apreciación. Creo que eres una de las personas que mejor han entendido ese libro. Refleja mi particular “noche oscura”. Y en contra de lo que podría pensarse, creo que no es una etapa agradable, pero si la atraviesas…el grano que no cae en la tierra no puede florecer. Así están hechas las cosas. 


En el prólogo de Dominio de la noche Victoria Lafora habla de su poesía como una puerta abierta a la incertidumbre, como crónica de un tiempo de batallas perdidas…

Victoria Lafora es una extraordinaria compañera de profesión, una entrañable amiga, otro regalo de la vida…juntas vivimos momentos convulsos de este país, cuando cada día parecía que iba a ser el último, que todo podía venirse abajo. Se pueden perder batallas, y ganar otras “a los puntos”, pero yo nunca me entregué. Y ese fue mi triunfo.


A pesar de que el libro contiene las estrías del dolor también es evidente el esfuerzo regenerativo de una voluntad que intenta remontar vuelo. Qué hermosa definición del quehacer creador contienen estos versos: “Poesía, un farol diminuto / para cruzar abismos”

Eso es exacto. La poesía es luz en lo más profundo de la tempestad. Luz diminuta, reflejo de una intuición que no sirve para “entender” el paisaje completo, pero que te susurra “sigue”, “vive”.

  
 La eficacia estética de sus libros procede de una dicción cuidada e intimista. Son texturas también presenten en Inocente ceniza, tercera entrega, donde la elaboración lingüística es sobresaliente: musicalidad, dicción precisa…¿No cree que en la actualidad hay un desmesurado prosaísmo que se hace pasar como poesía?

Tengo un profundo respeto por la prosa poética y por la poesía llamada “prosaica”. Lo que me importa es que sea una escritura honesta, dispuesta a crecer. No es muy inteligente creer que has llegado a la meta cuando has recorrido los primeros cincuenta metros. Eso no te ayudará a seguir. 


Pese al título, los poemas de Inocente ceniza concluyen con un mensaje de esperanza; la ceniza no será ceniza sino vuelo, renacer, abono, sementera. ¿La poesía es también una manera de percibir rendijas de luz?

Para mí, la única manera de percibir esas rendijas, y la única manera de acercarse a ellas. Los “grandes” incluso se bañan en luz.



lunes, 16 de octubre de 2017

GLORIA DÍEZ. DOMINIO DE LA NOCHE

Dominio de la noche
Gloria Díez
Prólogo de Victoria Lafora
Grabados de Giovanni Battista Piranesi
Editorial Doce Calles, Madrid, 2012

DESOLACIONES

 Casi a trasmano del laboreo poético actual que encuadra en tendencias y grupos, Gloria Díez, periodista y poeta, ha protagonizado una escueta andadura lírica que comienza a principios de los años ochenta con Mujer de aire, mujer de agua  (Rialp, 1982). El libro acogía una voz replegada en sí misma que compartía un discurso intimista. En ese discurso del protagonista verbal y su tentativa de definición sobrevuela una sensación de desvalimiento. Cuesta transcender los límites marcados por un entorno carencial: “La noche está plagada / de acechanzas. / El miedo y el amor / tienden sus redes, / para que tiemble, / solo, / con su fugaz presencia”. Dar cauce al itinerario vital es ir remansando sobre lo cotidiano una razón serena.
  Tras esa entrega, que focaliza su presencia en la Cuarta antología de Adonais (ediciones Riap, 1983), junto a voces emergentes como María del Carmen Pallarés, Julia Castillo, José María Parreño y Blanca Andreu, y en el número doble 169-170 de la revista malagueña Litoral, publicado en 1987 y dedicado de forma monográfica al yo femenino, sobreviene un dilatado paréntesis de silencio. La autora se aleja del foco de las publicaciones periódicas y son contados los nuevos versos editados, a pesar del abundante material inédito. Sin embargo, la poesía sigue fluyendo hasta componer una segunda estación, Dominio de la noche, un trabajo ilustrado con los inquietantes grabados de Piranesi (1720-1778), de quien resulta útil por su significado en el poemario recordar algunos datos. Grabador, arquitecto, arqueólogo e inventor, en sus trabajos habita el gusto por la arquitectura clásica, pero sus concepciones artísticas no siguen los parámetros racionales del Siglo de las Luces. Su fantasía constructiva deja en quien la percibe una fuerte sensación de enclaustramiento y desolación. Son rasgos que la palabra poética de Gloria Díez también asume.
   El análisis del prólogo corre a cargo de Victoria Lafora, cuyo perfil profesional como comentarista en medios audiovisuales y cronista parlamentaria es bien conocido. En “Batallas perdidas, batallas ganadas” define el libro como una caligrafía del dolor en la que está presente el esfuerzo regenerativo de un voluntad que intenta remontar vuelo, a veces con la impotencia de Sísifo, y otras con el sosiego de quien arrinconó en un sitio lejano los pasos de la adversidad. 
   El ahondamiento reflexivo en el dolor no busca la estridencia declamatoria. Los versos optan por una voz natural sencilla, estremecida. Elige esa opción desde el primer poema, al que pertenece este fragmento: “Caligrafía pálida / un álamo desnudo / alza sus blancos huesos / contra el último azul:/ su aleteo de plata / se sumerge en la sombra / como el ángel más tenue / se transforma en ausencia” .
  El poema se convierte en exploración indagatoria. Transitar la sombra es descubrir un mundo en suspenso, un cristal oscuro que oculta las respuestas y que contagia esa expresión umbría al entorno cercano. Todo se hace dominio de la noche, gelidez, tristeza. Sobre la piel arenosa de lo cotidiano sobrevuelan oscuros pensamientos que niegan la inocencia, aunque preserve en esa noche opaca la esperanza de una brizna de luz: “Heme de nuevo aquí / ya toda yerma.  / Haz en mí tu milagro / del pan y de los peces “.
  La eficacia estética de Dominio de la noche procede de una dicción cuidada e intimista que hace del heptasílabo blanco su cadencia habitual. En sus imágenes se preserva un clasicismo mitigado que muestra la valía de referentes culturales nunca resecos: Hipnos, Ulises, las Musas, Alicia, Pierrot, Colombina o Caronte…Son mimbres de una voz propia que acierta a dibujar ese ambiente baldío de una soledad enamorada, que hace de la poesía un pequeño farol, un destello en la sombra.




  


jueves, 5 de octubre de 2017

AUTOLECTURA DE "PULSACIONES"

cartel de lectura
Autora
Gloria Díez


                                       Autolectura de Pulsaciones[i]

   Una antología no es una aleatoria colección de piezas sino un libro unitario con una meditada articulación formal, unos contenidos elegidos y un tono marcado desde el título. Alude Pulsaciones al latido común entre literatura y vida de casi tres décadas de escritura, desglosado en ocho poemarios que mantienen aquí una disposición cronológica, con el añadido de inéditos que hablan de esencialidad y despojamiento; ser claro, ser preciso.
   En mi escritura prevalecen unos cuantos temas que imponen su presencia de manera más o menos continua. La entidad del personaje y las sucesivas variantes de su dimensión existencial ya está en “Heterónomos”, el único poema que aporta Rotonda con estatuas, amanecer poético editado en 1990; la fisonomía del sujeto inspira también composiciones de entregas posteriores como “El otro” y “Autobiografía”.
   No basta con existir; muchas veces ocupa la atención lo antagónico, aquello que conspira contra las previsibles coordenadas del deambular cotidiano. El enemigo está ahí, forma parte de nuestra soledad; su lucidez pone en duda convencionalismos y contradicciones, descubre la fragilidad de los dogmas. Son las pautas de Enemigo leal, donde la ironía también es una forma de aceptar los hechos consumados.
   La lógica utilitaria inspira el título de Población activa cuyo primer poema “El arte de vivir los lunes” objetiviza el tedio con un tono frío, acto para confirmar la sospecha de un horizonte limitado: hoy como ayer, mañana como hoy. Las similitudes entre el yo biográfico y el ser literario abundan en Población activa, Causas y efectos y la noche en blanco con referentes sentimentales que hacen de la convivencia una indagación sostenida, aunque sea en Causas y efectos donde el anecdotario biográfico cobre mayor presencia: los días de infancia, la presencia del padre, el aprendizaje sentimental y la fuerza de enlace con la realidad. Si manipulamos la proclama de Rimbaud que convertía al yo en otro, la nueva declaración es igualmente válida: el otro es yo.
   El espíritu romántico de Gustavo Adolfo Bécquer tuvo conciencia de que el sueño como principio de aclaración es núcleo una actitud poética. No son pocos los momentos en  que me resulta difícil imaginar qué cosas sucedieron o cuáles son fragmentos oníricos. Escribí “Acerca del sueño” en Causas y efectos describiendo esa sensibilidad sutil y etérea, cuando la realidad sale de su letargo para explorar interiores.
   Fernando Pessoa añadió una nueva dimensión al viaje; el supuesto enriquecimiento que depara el camino se convierte en un copioso inventario de pérdidas; desde este registro escribí los poemas de Largo recorrido que emplea como único metro versal el endecasílabo para subrayar la monotonía.  En la poesía realista el empleo frecuente de la primera persona, tan apropiado para el tono meditativo, tiende a confundir el ser poemático y el biográfico. Son entidades distintas, aunque emparentadas por evidentes conexiones: el primero se nutre del fondo de experiencias, vivido o imaginario, de quien escribe.
   En  La noche en blanco el yo poético se enfrenta a un estado temporal de vigilia. Fármacos y técnicas de relajación para conciliar el sueño han fracasado y anida en las papilas ese sabor acre de la noche desplegada donde los relojes laten con obstinada pereza. En ese lapso el sujeto se aplica en la construcción de otra presencia, crea un ser con el que accede a estratos emocionales: asistimos al despliegue de los sentimientos hacia un ideal que hace suyo un aserto de Julio Cortázar: “creo que soy porque te invento”.
   Ese conocimiento se inicia junto al mar, siempre símbolo de plenitud y apertura.  Los entornos naturales tienen algo de verdad inmutable que existe frente a las formas cambiantes; en ellos percibimos un ritmo sosegado, vivificador, que se transmite al espíritu. La plenitud que amplía los contornos del sujeto también aparece en ámbitos  como los esteros de Doñana, la sierra de Gredos o el hayedo de Tejera Negra, que sin nombrarse está en el poema “Hayedo”. La palabra no se atiene a las exigencias de la descripción; busca intersecciones porque hay una identificación entre el paisaje físico y la receptora del deseo; sobre esta idea versa el poema “Hipérbole” Ella se convierte en centro y toma el paso calmo de las horas. Es una presencia necesaria que impregna los tejidos del yo; alrededor están los objetos domésticos, el ámbito cercano que nos pertenece. También otras circunstancias que, en apariencia, no nos rozan pero que representan la cara más amarga de la ciudad. Están en poemas como “Autopista” o “Chabolas”, donde la mirada social incide en la desposesión y el vacío. Cada proyecto personal está condicionado por la creciente jerarquía social que condiciona el libre albedrío. A la tesis de Jean Paul Sastre “estamos condenados a ser libres” hay que añadir que tal destino no habla de condiciones sombrías.
   Una ironía próxima al sarcasmo está presente en “Resaca”, una pieza influida por el verbo nihilista de Fonollosa. El pacto de convivencia, casi de modo inadvertido, va perdiendo su capacidad de asombro y poco a poco el espejo refleja renovados rasgos de la soledad. Cuando la incomunicación se evidencia, el diálogo con el otro enmudece. Se descubre que la creación es una simple estrategia para superar ese estado de islas.
   Llega la amanecida; vuelve el ahora y el tedio, la rutina de lo laborable: el análisis superficial de la realidad. Hemos buceado en los interiores de un espejismo y corresponde el repliegue en lo individual. El final de la historia tiene el regusto de la melancolía por el sentido agónico del poema epílogo que se inspira en este haiku de Bashoo: “Habiendo enfermado en el camino,/ mis sueños/ merodean por páramos yermos”.
   Como en anteriores poemarios, hay una trama argumental y un motivo central reordenando el discurrir de los poemas. En este caso, el argumento es el aprendizaje de la decepción. Más que un desánimo amoroso individual, se habla de un estado vital; Joan Margarit ha definido este estado con una precisión demoledora: ”Llega el tiempo de no esperar a nadie”.  
   Las citas introductorias pertenecen a tres poetas por los que siento especial devoción: Raymond Carver alienta una escritura que es siempre consciente de la fragilidad de cualquier asidero; los versos de Joan Margarit proponen que estamos abocados a una situación carente de épica, en la que sin embargo es posible descubrir grietas que permiten respirar otra atmósfera; la cita de Gonzalo Rojas es una propuesta de acercamiento que sugiere la soledad superable. Otro préstamo de Gerardo Diego recuerda lo intangible, aquello que desafía el sentido de la memoria. Es escaso el sustrato cultural explícito; sólo una leve mención a La Odisea en el poema “Penélope” que rescata la conocida espera de los pretendientes. Más que la conducta grandilocuente de los héroes homéricos de La Iliada, me fascina la actitud de esa mujer que es modelo de fidelidad y firmeza; la serena espera de Penélope rebosa dignidad; obtiene la justa recompensa del regreso porque no aceptó nunca la separación y alzó con los recuerdos el andamiaje de la esperanza.
   Añado unas mínimas consideraciones sobre el enfoque formal. Si en Largo recorrido el verso normativo era el endecasílabo, ahora es el heptasílabo la medida versal más frecuente. El arte menor acelera la cadencia lectora y da levedad al poema, una circunstancia que también potencia el despojamiento de adjetivos en los títulos. Recurro al poema breve, que busca la intensidad en un mínimo desarrollo narrativo e incrementa el ritmo conversacional, fluido y comunicativo. Nunca he gastado energías en convertir una composición en un acertijo o en un enigma inútil.
   Esta visión no anula otras. Pertenezco a los que piensan que un poema no es una respuesta sino una pregunta.

                                                          
                                            



[i] José Luis Morante, Pulsaciones (Antología poética 1990-2017), Colección Wasabi, Takara Editorial, Sevilla, 2017. Prólogo de Rosario Troncoso.