| Sierra de Gredos Fotografía de Adela Sánchez Santana |
PAISAJES DEL HAIKU
Debo mis primeros estudios del haiku al poeta lucentino Manuel Lara Cantizani. Con él aprendí a mirar los paisajes de esta forma poética de aparente sencillez y severa pauta métrica, cuyo origen se
remonta hacia el siglo XVI, aunque es previsible que existieran precedentes en
el cauce oral de la literatura japonesa. Con Fernando Rodríguez Izquierdo, el investigador más perseverante, fui sondeando la contingencia temporal de la
estrofa y su evolución en las voces mayores, Matsuo Bashoo, Yosa Busson
e Issa Kobayhashi. Otro poeta, Josep Maria Rodríguez me escribió una afectuosa
misiva para pedirme algunos haikus de mi autoría para una antología de
contemporáneos; no puede corresponder a su empeño por falta de material de
calidad en aquel momento, pero su petición soliviantó mi taller de escritura y un par de años después el editor Francisco Peralto en su imprenta malagueña,
me dejó en las manos Nubes, una compilación de cincuenta haikus.
Este blog, “Puentes de papel”,
activo desde el treinta de diciembre de 2010, ha reanimado mi práctica del
esquema versal, a la vez que ido acumulando lecturas clásicas y de
contemporáneos, estudios ensayísticos y antologías de la fértil cosecha de haikus producida por las últimas hornadas.
Mi inclinación afectiva hacia
esta forma lírica se debe a varias razones que resumo de inmediato: la brevedad que asegura una intensidad gozosa, una pupila abierta para cobijar argumentos, mucho más allá de la supuesta
condición de lírica estacional; la discreta carencia de artificio retórico y, por último, la
condición de cruce entre intuición y pensamiento.
Así que es previsible que estas
líneas que elogian el haiku no sean más que un síntoma temprano de otro libro. Esperemos.
