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jueves, 9 de julio de 2015

PAISAJES DEL HAIKU

Sierra de Gredos
Fotografía de Adela Sánchez Santana

PAISAJES DEL HAIKU

   Debo mis primeros estudios del haiku al poeta lucentino Manuel Lara Cantizani. Con él aprendí a mirar los paisajes de esta forma poética de aparente sencillez y severa pauta métrica, cuyo origen se remonta hacia el siglo XVI, aunque es previsible que existieran precedentes en el cauce oral de la literatura japonesa. Con Fernando Rodríguez Izquierdo, el investigador más perseverante, fui sondeando la contingencia temporal de la estrofa y su evolución en las voces mayores, Matsuo Bashoo, Yosa Busson e Issa Kobayhashi. Otro poeta, Josep Maria Rodríguez me escribió una afectuosa misiva para pedirme algunos haikus de mi autoría para una antología de contemporáneos; no puede corresponder a su empeño por falta de material de calidad en aquel momento, pero su petición soliviantó mi taller de escritura y un par de años después el editor Francisco Peralto en su imprenta malagueña, me dejó en las manos Nubes, una compilación de cincuenta haikus.
  Este blog, “Puentes de papel”, activo desde el treinta de diciembre de 2010, ha reanimado mi práctica del esquema versal, a la vez que ido acumulando lecturas clásicas y de contemporáneos, estudios ensayísticos y antologías de la fértil cosecha de haikus producida por  las últimas hornadas.
   Mi inclinación afectiva hacia esta forma lírica se debe a varias razones que resumo de inmediato: la brevedad que asegura una intensidad gozosa, una pupila abierta para cobijar argumentos, mucho más allá de la supuesta condición de lírica estacional; la discreta carencia de artificio retórico y, por último, la condición de cruce entre intuición y pensamiento.
  Así que es previsible que estas líneas que elogian el haiku no sean más que un síntoma temprano de otro libro. Esperemos.


lunes, 6 de enero de 2014

CON CATALUÑA (APUNTES DE CLASE)


CON CATALUÑA  (APUNTES DE CLASE)
 
" Fulgor Sedano, hombre de 54 años, soltero, de oficio administrador, apto para entablar y seguir pleitos, por poder y por mi propio derecho, reclamo y alego lo siguiente..."

Pedro Páramo, pág. 50
 
    Aclaro: no soy nacionalista español –ese supuesto estigma con el que los nacionalistas de periferia pretenden anular los argumentos de la razón- pero me desasosiega que el máximo mandatario de una comunidad, garante legal de la constitución como marco convivencial, sea el más obstinado impulsor de su incumplimiento. Por eso anoto aquí estas impresiones, junto a mis apuntes de clase de Geografía e Historia, la asignatura que imparto desde hace veinte años. Nací en España, pero me hubiese encantado haber nacido en Canadá, Australia, Estados Unidos, Suecia, Italia, Gran Bretaña o Argentina… casi en cualquier sitio de ese mundo en progreso que ofrece a sus pobladores unas condiciones existenciales dignas.
   Me causa pánico que España se balcanice y que los muchos siglos de convivencia dependan de los intereses electorales del nacionalismo segregacionista. No quiero que España se quiebre, porque si la consulta independentista se celebra, sea cual sea el resultado, todos los demás territorios peninsulares e insulares también tienen derecho a esa consulta. Ser catalán no es ser más que ser castellano, andaluz, canario, murciano o extremeño. Ahora soporto a diario titulares de prensa y declaraciones que se barajan para prodigar estupideces. Hace unos años, en la Feria del libro de Madrid, tuve que soportar en una mesa victimista y quejicosa a un Jordi “algo”; rubricaba que no  leíamos la poesía de Cataluña y que se condenaba al ostracismo a sus poetas, por ser catalanes. Escuché perplejo; yo preparaba una edición crítica de Joan Margarit, leía con fervor de neófito a Jaime Gil de Biedma y anotaba datos para un largo artículo sobre Carlos Barral… además dos de mis libros se habían publicado en una edición catalana y adquiría las novedades de la editorial apenas salían al mercado; y uno de los más jóvenes poetas catalanes, Josep Maria Rodríguez, me parecía una de las perlas literarias del siglo XXI. Aquel sujeto, desaforado y pueblerino, negaba mis lecturas, mis vínculos, mis querencias y pretendía apartarme de mis poetas, alegando que eran inexistentes, como su propia obra.  Son poetas de casa, huéspedes fijos de mis estanterías; nunca fueron ni serán extranjeros para mí porque no son un territorio, una excusa bélica, un desagüe para ensuciar la convivencia con réditos electoralistas que disimulen corrupción, populismo y pésima gestión económica. 
   Que 2014 venga sosegado en el quehacer diario de todos, sin que marquen la convivencia himnos, banderas y esa historia reinventada a la medida de un ego deforme. Que sigamos juntos y en paz. Con Cataluña, claro; somos lo mismo.